Fernando Birri, patriarca del Nuevo Cine Latinoamericano.

(Pedro de la Hoz)

A los 92 años de edad, en Roma, murió Fernando Birri en las últimas horas del miércoles. Patriarca del Nuevo Cine Latinoamericano, dedicó su vida y obra a la fundación de una imagen fílmica de contornos propios y originales que agradecen los pueblos de Nuestra América.

Las inquietudes sociales y artísticas siempre anduvieron juntas en su sensibilidad política y poética. Escribió versos e hizo teatro en la ciudad argentina de Santa Fe, donde nació, y luego de descubrir el cine y estudiarlo donde mejor podía de acuerdo a sus intereses, el Centro Experimental de Roma, cuna del neorrealismo (1950 – 1953).

Al regresar a su país, fundó el Instituto de Cine de la Universidad del Litoral, embrión de la llamada escuela documental de Santa Fe, cuyo título más emblemático lo aportó él mismo con Tire Die (versión definitiva 1960).. Esa línea de indagación social se prolongó con su primera película de ficción, Los inundados (1961) y La Pampa gringa (1963).

Pronto encontró aliados para la idea de sustentar una transformación en la creación y el imaginario visual del continente: hitos como el encuentro de cineastas de Viña del Mar 1967, la concertación en el seno del Comité de Cineastas de América Latina, y los intercambios con los más adelantados realizadores de la región en diversos festivales, fueron territorios abonados por Birri, quien al desandar esa ruta gestó, más adelante, el Laboratorio de Poéticas Cinematográficas de la Universidad de Los Andes, Venezuela, en 1982, y, junto a Gabriel García Márquez, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, en 1986, institución que dirigió hasta 1991, en la que el día de la apertura con el abrazo de uno de sus promotores, el Comandante en Jefe Fidel Castro, recibió, según recordó después, “el flujo de energía más grande que jamás pude imaginar”

En esa ocasión Birri dijo una frase indeleble no solo para los que entonces, después y ahora, transiten por la EICTV, sino para todos los cineastas comprometidos con la justicia y el arte: “Para que el lugar de la Utopía, que por definición está en ninguna parte, esté en alguna parte”.

Esa fue la divisa del propio Birri al emprender proyectos fílmicos como Rafael Alberti, retrato del poeta (1983), Mi hijo el Che (1985), Un señor muy viejo con unas alas enormes (1988), Che, ¿muerte de la utopía? (1997), El siglo del viento (1998) y El Fausto criollo (2011).

Fue honrado en 1986 con un Coral de Honor del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Al cumplir 90 años, la entonces presidenta de Argentina, Cristina Fernández encabezó un homenaje nacional en la sede del gobierno.

Co motivo de su deceso, la EICTV de San Antonio de los Baños emitió un comunicado ampliamente compartido que expresa: “La vida te alcanzó para saberlo todo, y para crear cuanto tu talento y tu tiempo te exigieron. La palabra fundador es tal vez la que te define con mejor precisión. Como todo fundador, estabas, estás, tan cuerdo como loco: ejerciste una irreverencia comprometida con el destino de los pueblos y las artes de este continente; actuaste desde una lucidez que te permitió ver más allá y más acá que al común de los mortales”.

La obra quedó. La leyenda de su ejemplo es inagotable.

Granma - 28 de diciembre de 2017