FERNANDO BARRANZUELA, POETA POPULAR, LA VOZ DE SU ETNIA DE ÉBANO.

(Roque Ramírez Cueva)
Fernando Barranzuela Zevallos, es natural de Yapatera un caserío de gente, como en Chincha, arraigada a las raíces de su etnia piel de ébano, situado en la Provincia de Morropón, a 6 minutos de la ciudad de Chulucanas. Pueblo de agricultores, sobrevivientes de una cruel e ignominiosa existencia de trabajo forzado en la ex hacienda. Allí creció él, de adolescente ya trabajaba en las tierras del latifundista. Desde su casa su labor consistió en aprender a sembrar y cosechar. No accedió allí a la escuela porque los hacendados no lo permitían, entonces migró joven a Lima, para intentar estudiar, razones económicas no le permiten avanzar más allá de los primeros años de secundaria. Regresa joven a su pueblo y se dedica al deporte, gran jugador de un equipo ganador en la región, el Deportivo Caysa es el Alianza Lima de Morropón, a menudo se va para campeón, pero a diferencia del equipo limeño, el símbolo de nuestra Yapatera negra está acostumbrado a ganar copas y copas. Ese regreso implicó, otra vez, enfrentar la chacra para el sustento. Y en ese transcurrir diario, donarse algo de dignidad, aprendió a mejorar su ejercicio de lectura, desarrollar una capacidad de retentiva poco común, lo cual le sirvió para ir perfilando su talento de repentista –improvisador de coplas-, y creador de dicha poesía popular primigenia, la copla, en Piura la llamamos cumanana. De allí se le conoce, como el último cumananero de Piura, a pesar de otros jóvenes ya perfilándose; a la vez, escribe canciones y cuando se animaba le daba a la décima. Y fue, hasta reciente despedida última, un creador de historias, con un estilo fabulador Vargasllosano, él ficcional de la verdad de las mentiras. Por eso mismo, Barranzuela fue el único que se permitió mandar a la misma m… al premio nobel, cuando imaginó le jugaban los amigos una bufonada. Se formó en la escuela de su chacra, de las calles de su amada Yapatera, en las conversas con los viejos amigos de las plazas, y en las lecturas que le caían a la mano, de vez en vez aprendía de los léidos que acudían a visitarlo, por eso aprendió todos los niveles del lenguaje, su cualidad era tomar el lenguaje del otro interlocutor. Y ya en el desarrollo de sus talentos, con decir que le hizo de actor cuando quería, la escuela formal, la de las universidades, de los institutos, de los secundarios, y de las ongs; digo esa escuela que le negó acceso, fue y va en su busca para aprender de su poesía popular, de sus ficciones y entender por qué las distinciones que él no les permitió le escamoteen. Sus espacios negados o estrechos los ensanchó, Así la historia y cultura de su etnia adquiere un poco el color de la luz visible. Valga el redunde, porque ya lo dijo con sarcasmo el legendario boxeador Mohamed Alí, esa sociedad segregacionista y dominante –de los occidentales- nos intentó ocultar de la historia. Fernando Barranzuela hizo lo suyo.
Algunas personas se atreven a preguntar por qué llamar intelectual popular a alguien que no se formó en una escuela oficial. Ante esta interrogante no cabe sólo responder “simple, es popular quien desconoce las normas académicas de un estudio de rigor”. Debemos sustentar que el conocimiento tiene sus cánones, tiene sus categorías. Los unos no aceptan a los otros por diferencia de rasgos, pero ambos hacen lo mismo adquirir conocimiento y generar cultura. Unos asimilan conocimientos de categoría empírica y otros del modo metodizado. Unos pueden refrendar lo aprendido con pergaminos de aceptación oficial; y los más, por aclamación universal.
Fernando Barranzuela fue acreedor y merecedor de la ovación de las tribunas, en el estadio y en los ámbitos culturales donde lo invitaron. ¿Quién lo dice? Basta leer las redes para ello. “personaje ilustre en la literatura piurana”, “gran poeta nacido en Yapatera”, “la cultura afro peruana está de luto, un fuerte abrazo a los amigos de Yapatera y el Perú entero”. Con lo cual nos sugieren que Barranzuela es un signo cultural de la región Piura y a nivel nacional. Y los poetas lo afirman, “digno representante de la poesía popular, además fue el único que le dijo a Vargas Llosa, ¡no jodas mierda!” (Julio Carmona dixit); “negro necesario, la biblioteca de Yapatera …continuaremos consultando” (Sociólogo Héctor Castro, UNP); “comenzando el año Yapatera perdió un gran artista…un mítico ser partió en medio de cantos propios” (poeta Zoila Capristán).
Y acerca de esto del canto propio, lo dijimos en entrevista, Fernando Barranzuela tiene voz propia, es la voz que silenciarle quieren a su etnia, es la voz del campesino negro. Un joven decimista, Rafaele Mejía, lo describe en una copla: “El gran negro campesino / que puso el mundo en un verso / se nos fue como se vino /siendo todo un universo”. Un maestro de historia, nacido también en el mismo seno de Yapatera, Nino Alzamora Arévalo, sustenta el legado del coplero campesino con gratitud, “Gracias por impulsar y defender el concepto de negritud, así como las tradiciones y costumbres del pueblo que te vio nacer”.
Nosotros nos sumamos a dicho reconocimiento, el dado con el corazón por las masas despiertas. Y lo de tener alerta las neuronas, Fernando no lo desconocía en su canto: “Soy descendiente de esclavo / yo no lo puedo negar / pero eso si yo no soy vago / se los puedo asegurar”. Y, bueno, terminando, un poeta es popular, como en la tradición griega, cuando el pueblo canta sus versos. Las chicas que lo lloraban, así mismo lo cantaban.