Fallece a los 93 años Jack Fuchs, sobreviviente del Holocausto.

Fuente: Radio JAI (25-08-2017)

Jack Fuchs, un hombre que fue sobreviviente de la Shoa, falleció en las últimas horas a los 93 años. Nació en Lodz, Polonia, en 1924, y durante el genocidio nazi pasó por los campos de Auschwitz y Dachau. Fue pedagogo y escritor.

Cuando tenía quince años, los nazis encerraron a los judíos de Lodz en el guetto hasta que fue enviado a Auschwitz, donde finalmente fue "seleccionado" para trabajar en Dachau, donde permaneció hasta el fin de la guerra. Luego de vivir durante un tiempo en Estados Unidos, en 1963 se radicó definitivamente en Buenos Aires, Argentina.

Fue socio del club Hacoaj, donde le gustaba jugar al tenis, tomar café y discutir sobre cine y literatura. En sus conversaciones mezclaba palabras en idish, inglés, francés y alguna que otra en alemán.

Un día de 1991 su historia, una historia que había guardado muy dentro de sí por más de cuarenta años, salió a la luz. Jack, el papá de Marianne, el hombre del humor ácido y rápido para los retruques, el de la mirada intensa de brillantes ojos negros y de silencios a veces enigmáticos, Jack Fuchs, el amigo de tenis, era un sobreviviente de la Shoá. No sin conflictos, no sin dolor ni fuertes contradicciones internas, sobrecogido por el sentimiento de culpa por haber sobrevivido su silencio de cuatro décadas fue encontrando un cauce. El hombre que había perdido todo, su familia, sus amigos, sus posesiones, el hombre que había atravesado el infierno nazi, ese hombre tan cercano a nosotros y que guardó dentro de sí un rescoldo de humanidad, pudo transformarse, reinventarse, encontrar un sentido a su segunda vida: El de dar testimonio.

Pero no sólo eso, que de por sí es más que valioso. El de Jack fue un testimonio que conmueve, pero que fundamentalmente nos incluye porque nos interroga, nos obliga a reflexionar y, de muchas maneras, nos transforma.

Con el tiempo fueron surgiendo de su boca (y de sus manos, su cabeza y su corazón) centenares o miles de páginas en forma de libros, artículos periodísticos, colaboraciones, así como horas y horas de documentales, mesas redondas y, por sobre todo, infinitas charlas enmarcadas en el magnetismo que caracteriza la cadencia de su hablar.

Si tuviéramos que elegir una característica central en el testimonio de Jack Fuchs, podríamos hacer hincapié en el rescate que hacía de la vida judía en su Polonia natal, previa a la Shoá. Su infancia en Lodz, donde jugaba a la pelota en las calles e iba a la escuela y al jeder; su juventud, en la que descubrió un mundo intenso, de conflictos entre los dictados de la tradición y los nuevos vientos, confusos y arrasadores, de la modernidad. Lodz era una ciudad industrial, populosa y agitada. Más de un tercio de su población era judía. En ese contexto, Jack se sumó a la militancia juvenil en el Bund, partido de la izquierda judía, con fuerte protagonismo en la política de Polonia. En aquellos años juveniles, en los que se forma y consolida la personalidad, le nació ese espíritu inconformista, que no se queda en la superficie de las cosas, que busca llegar a lo más profundo. Y siempre, siempre, con un inconfundible rasgo de humanidad. Su casa estuvo abierta a quien quisiera charlar, intercambiar ideas, proponerle un proyecto o -simplemente- escucharlo hablar. Eso sí, era “obligatorio” compartir los panqueques del desayuno o su exquisito pan de carne. Y luego de unas horas, que siempre se pasaban volando, uno se iba a continuar con su vida muy bien alimentado, en cuerpo y en espíritu.

A más 70 años de la era más oscura, dolorosa y aún inexplicable que atravesó la humanidad, nos quedan sus palabras, sus enseñanzas, sus mensajes, sus preguntas. Incluso sus silencios

En los últimos años, Fuchs se ha dedicado intensivamente a la difusión del tema de la Shoá en numerosas instituciones, escuelas y universidades en varias ciudades del país. Escribió los libros Tiempo de Recordar (Editorial Milá, Buenos Aires, 1995) y Dilemas de la Memoria (Editorial Norma, Buenos Aires, 2006). Fue colaborador de la sección “Contratapa” del diario Página/12

En julio de 2010, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo nombró Ciudadano Ilustre por su lucha y compromiso con los derechos humanos.