Entrevista a Marco Teruggi.

(Cathy Dos Santos)

VENEZUELA – “Una revolución inconclusa que enfrenta una contrarrevolución total”.

6 febrero, 2018 en América Latina

Venezuela. Mientras que el gobierno venezolano y la oposición derechista podrían llegar a un acuerdo político hoy, Washington está redoblando sus esfuerzos contra Caracas. El sociólogo argentino Marco Teruggi descifra los motivos del conflicto.

En vista de la futura elección presidencial que se llevó a cabo a finales de abril, el sociólogo argentino especialista en Venezuela, Marco Teruggi, considera que el chavismo, unido en torno al candidato y actual presidente, Nicolás Maduro, debería restaurar todo su lugar a las organizaciones populares locales para resolver el conflicto político-económico, en un momento en que la derecha no puede superar sus profundas divisiones internas.

El diálogo entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la oposición de la derecha podría terminar el lunes con un acuerdo político. ¿Puede poner fin al conflicto en Venezuela?

Este diálogo permite aclarar las reglas del juego democrático, después de meses durante los cuales la oposición intentó tomar el poder por la fuerza. Entre los puntos discutidos, hay un reconocimiento por la oposición de la legalidad y la legitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), la resolución de los problemas económicos agravados por las sanciones impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea (UE), y cuyas consecuencias en primer lugar perjudican a la población. Finalmente, la Mesa de Unidad Democrática (MUD, coalición de partidos de derecha – Ed) reclama un cambio total del Consejo Nacional Electoral.

¿Por qué ciertos componentes de la derecha cuestionan este diálogo?

La oposición está experimentando una crisis interna. Su base social cree que sus líderes son traidores porque negocian con el gobierno. Parte del liderazgo del MUD es duro ante el chavismo para no ofender esa base social. Y mientras el diálogo está a punto de terminar, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, recorre América Latina para crear un frente anti Maduro. Esta es una señal de que la oposición está más subordinada a los Estados Unidos de lo que parece. El conflicto venezolano es, por supuesto, nacional, pero los Estados Unidos y sus compañías participan. El Secretario de Estado Rex Tillerson hasta hace poco dirigía ExxonMobil (una compañía estadounidense de petróleo y gas). En el corazón del conflicto venezolano, siempre está el problema del petróleo. Washington busca romper el proceso bolivariano porque reclama el socialismo en el siglo XXI, pero también porque defiende una política soberana a través de los recursos naturales. La alianza de Venezuela con Rusia y China representa una amenaza para Estados Unidos en América Latina.

¿Y con respecto a las recientes sanciones dictadas por la Unión Europea?

La política europea resulta extrañamente similar a la de los Estados Unidos, con las declaraciones de Gran Bretaña que quiere prohibir el comercio con Caracas, la intervención del Partido Popular en España y Francia, que denuncian una deriva autoritaria. El objetivo es aislar a Venezuela, pero también trabajar a la opinión pública, construir un imaginario de que existe una dictadura que reprime a su pueblo. Al demonizar a Venezuela, buscan crear un consenso para justificar una acción de envergadura contra Caracas.

La Asamblea Constituyente anunció una elección presidencial antes del 30 de abril. Este cambio en el calendario también estaba en la agenda de las conversaciones. ¿Es una forma de salir del conflicto?

Sí. El gobierno chavista enfrenta una estrategia de revancha política y económica por parte de la clase dominante. La oposición busca cansar a la población privándola de alimentos, al aumentar los precios, en resumen, al transformar el día a día en una batalla permanente. Esto cuestiona el significado de la democracia y la naturaleza del conflicto: la gente vota pero le quita el pan de la boca para que cambie de opinión. Lo que está sucediendo en Venezuela no es una alternancia política como la conocemos en Europa. Nos enfrentamos a una revolución inconclusa que enfrenta una contrarrevolución total, con el apoyo del extranjero.

En términos de decisiones económicas, ¿el gobierno no tiene una gran responsabilidad?

El cerco económico tiene como objetivo evitar que Venezuela renegocie su deuda y, por lo tanto, crear las condiciones para que el default por falta de pago. A nivel geopolítico, Caracas busca construir un bloque alternativo articulado alrededor de Rusia y China para garantizar las importaciones. La idea de una criptomoneda es emanciparse del peso aplastante del dólar. A nivel nacional, asuntos como la corrupción en PDVSA (la compañía petrolera nacional) son muy importantes. Las fronteras terrestres y marítimas también son motivo de preocupación. Sumado a la corrupción está la caída en los precios del petróleo. Las empresas productoras de alimentos están en manos del sector privado. Porque, al contrario de lo que se afirma, el chavismo no controla la economía. Los oligopolios alimentarios son muy reales. El estado genera el 95% de los dólares de la economía a través de la industria petrolera, pero estos dólares van al sector privado importador, que está en la raíz del sabotaje económico. ¿Cómo, en este contexto, continuar el proyecto político de salida del capitalismo con una mayor intervención de los asalariados en los medios de producción? Este problema ha sido relegado a un segundo plano.

¿Cómo ves las próximas elecciones?

El chavismo se presenta unido alrededor de un solo candidato, Nicolás Maduro, mientras la derecha está muy dividida. Pero espera capitalizar el descontento popular provocado por la guerra económica que engendró. Porque, no debemos olvidar que la revancha de la oposición es ante todo una revancha de clase. La fuerza del chavismo reside en el movimiento popular y se organiza como las comunas o los comités locales de suministro y producción. El conflicto político solo se puede ganar si las organizaciones populares ponen manos a la obra, porque son la fuente de resistencia y de construcción de la democracia y del proceso de transformación. Si el gobierno olvida objetivos tácticos con fines políticos, entonces el oponente ganará terreno. La oposición sueña con un pueblo estrangulado por el precio del petróleo y no por el significado del socialismo, porque esta supervivencia implica una despolitización que le permitiría reorientar la historia de Venezuela.

*L’Humanité, traducido por PULSO