EN EDUCACIÓN, CULTURA Y TANTOS OTROS ASPECTOS. Entre Martí y Macri la diferencia es mucho más que una letra.

(EMILIO MARÍN)

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Aquí hubo un quinto paro nacional docente, con reclamos salariales y ante hechos represivos. Las concepciones de José Martí y Mauricio Macri, opuestas por el vértice.

Sobre 25 distritos, en 9 se mantienen paros y marchas docentes ante la falta de soluciones en paritarias con sus gobernadores. ¿Acaso piden un dineral? Nada que ver, pero tampoco aceptan migajas como las del chubutense Mariano Arcioni, quien después de más de cien días de acampe los ofendió con su oferta de 1.200 pesos. Al ser rechazada esa migaja, el gobernador la aprobó por decreto y, fiel al apotegma sarmientino de que “la letra con sangre entra” los hizo reprimir con la policía el 26 de junio.

Esa historia patagónica ilustra el conflicto. Una canasta básica de 28.000 pesos, pero un sueldo promedio docente de 18.000 (inicial 8.400). Un gobernador asumido en 2015 por fallecimiento de Mario Das Neves, que comparte la línea del ajuste nacional aunque proviene de línea justicialista-massista. Y que al igual que su predecesor, no tiene pruritos en ordenar a la Guardia de Infantería golpee a los docentes, en su gran mayoría mujeres.

Sin embargo tanto atropello no ha logrado quebrar a esa docencia ni a su gremio Atech. Al cruzarse ese límite democrático con la represión en Rawson, Ctera decidió el paro nacional del 3 de julio. El otro motivo de la convocatoria fue la represión policial a los maestros en Corrientes, confirmando el aserto: el ajuste es acompañado por la represión.

Siendo esos dos puntos álgidos del reclamo, hay 9 distritos con paros docentes por falta de acuerdo en paritarias. El gobierno de Mauricio Macri ya era responsable del fondo del conflicto, por su libreto nacional de ajuste y topes a las paritarias, ahora lo es más porque se le reclama que apoye a las administraciones provinciales para que puedan satisfacer a las paritarias docentes. Pero Poncio Pilatos, de Balcarce 50, se lava las manos.

Y si esa es la demanda de los maestros de 9 distritos, la de los 25 expresados en la Ctera de Sonia Alesso, le exige que deje de violar la ley de paritaria nacional docente, incumplida este año. Pilatos sigue gastando agua y jabón…

En Chubut hay una razón extra para la indignación docente. No se trata de una provincia sentenciada de “inviable” por los economistas neoliberales. En el primer trimestre del año tuvo un superávit de 1.400 millones de pesos y un número similar sellará el segundo trimestre, debido al aumento de sus regalías petroleras y gasíferas, con la suba del precio del barril.

Para el Arcioni esos números superavitarios deben solventar deudas de la administración, antes que mejorar la situación de sus docentes y empleados estatales. Confía en que si crecen las huelgas podrá contar con la policía empleada el 26 de junio y también con el Comando Unificado Patagónico de la Gendarmería, bajo la orientación de Patricia Bullrich. Cantaba María Elena Walsh: “piden queso le dan hueso que se atora en el pescuezo”.

Martí versus Macri

La problemática de Educación no es privativa de aquella provincia. Tiene que ver con el ministerio de Educación antes conducido por Esteban Bullrich, el apologista de una nueva “Campaña del Desierto”, y ahora por el abogado Alejandro Finocchiaro, quien rechazó el quinto paro con el rótulo de ser una medida política para afectar al gobierno nacional.

Por encima de los ministros, como responsable política, está la gobernadora María E. Vidal. Se sinceró en su disertación ante el Rotary Club, en marzo pasado, al decir que “todos aquí sabemos que quien nació pobre no estudia en las universidades”.

Y arriba de todo, míster Macri, que al comentar los mediocres resultados de la Prueba Aprender, en marzo de 2017, se tiró a fondo contra la educación pública. Habló sobre “la terrible inequidad entre aquel que puede ir a una escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública”.

Dos comentarios sobre ese examen. Primero: en Matemáticas los flojos resultados fueron parejos entre las escuelas públicas y privadas. Segundo: si el rendimiento del sector público es menor y estuviera influido por días perdidos por huelgas, el responsable no es el docente que para sino el gobernador y el presidente que no afecta fondos para Educación y no pone al docente en un lugar elevado.

En lo educativo-cultural se puede comparar Argentina y Cuba. El 23 de marzo pasado la Representante de la UNESCO, Katherine Müller Marín, felicitaba a la isla socialista por buscar siempre elevar la calidad de la Educación en el cumplimiento de las metas de la Agenda 2030. “Cuba es un modelo a nivel global de excelencia en la educación, mantiene un esfuerzo de continuo mejoramiento exitoso como es el caso del actual perfeccionamiento del sistema educacional, que está siendo experimentado en más de 100 escuelas” declaró Müller.

La diferencia no radica en lo presupuestario y plata, que también inciden. Ante todo es un asunto cultural y político-ideológico. La revolución cubana tiene de referencia, como Héroe Nacional, a José Martí, quien enfatizó en “ser cultos para ser libres” y que “un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres”.

Martí aspiraba a la educación como palanca del conocimiento y la cultura, al servicio primero de la lucha por la independencia y luego la soberanía.

Unos 130 años más tarde Macri paga miserias a los docentes, los reprime, cierra escuelas, quita gabinetes escolares, finaliza el Conectar, cierra muchos Fines, no hay más computadoras para chicos, achica becas y el Conicet y reduce presupuesto universitario. “Gente ignorante para la fidelidad al FMI” sería su apotegma. Entre el cubano y el jefe del PRO hay mucho más que una sola letra de diferencia en apellidos.

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Sergio Ortiz
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