El vibrante FUERA JOH.

(Víctor Manuel Ramos)

Solo he intercambiado palabras, una sola vez en la vida, con Juan Orlando. Ocurrió cuando ambos estudiábamos en la UNAH, el derecho y yo medicina; sus primos Jacobo Hernández y Benjamín Cruz, me llevaron a la casa en donde vivía en el Barrio La Ronda de Tegucigalpa. En esa ocasión recuerdo me mostró su sistema solar de calentamiento de agua. Yo sabía perfectamente de su militancia en el FUUD y de que era parte de las huestes nacionalistas que aterrorizaban a la Universidad. De eso no hablamos.

No volví a enterarme de él hasta que comenzó a perfilar su figura en la política nacional. Su primera incursión relevante fue cuando le eligen diputado al Congreso Nacional a pesar de que su candidatura y su elección era ilegal por tiene parentesco con una de las Magistradas de la Corte Suprema de Justicia. Posteriormente, en su calidad de diputado, se suma al golpe de Estado de 2009, organizado, con la anuencia y orientación de la Embajada Norteamericana y de la misma Hilary Clinton, por el Partido Nacional, la cúpula de las iglesias -católica y protestante-, los empresarios y un grupúsculo de dirigentes del Partido Liberal. El golpe elevó a la presidencia al traidor y corrupto Micheleti.

Tras las elecciones desarrolladas en plena crisis generada por el golpe de Estado, JOH se hace reelegir diputado y como la Resistencia al golpe de Estado repudia las elecciones, el Partido Liberal sufre una desastrosa derrota y el candidato nacionalista, Pepe Lobo, gana con amplia mayoría y logra el control total del Congreso. JOH es elevado al solio de presidente del legislativo y es desde ese puesto que comienza a ejecutar el plan que le llevaría a la Presidencia y, por último, a la violación de la Constitución al aspirar a la reelección que solo podía lograr mediante el fraude electoral.

Con el control absoluto del Congreso, mediante un comportamiento dictatorial, JOH destituye a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia que integran la Sala de lo Constitucional, nombra ilegalmente al fiscal al hacerlo de manera anticipada, hace lo mismo al integrar el Tribunal Supremo Electoral. Estos golpes le aseguran que la nueva Sala de lo Constitucional, sometida a su mandato, declare inconstitucional la Constitución, para permitirle, en un acto a todas luces ilegal, la postulación a la reelección.

Se practican nuevas elecciones para sustituir a Lobo. JOH, con su Tribunal Supremo Electoral, Su Corte de Justicia y su Fiscal, gana las elecciones que arrojaron claras dudas porque fue evidente el fraude cometido.

JOH se hace con la presidencia y, para cerrar el círculo de su poder, hace que el Congreso elija una nueva Corte Suprema de Justicia, en un proceso marcado por la corrupción de algunos diputados desvergonzados, cuyo delito está pendiente de ser juzgado, vendieron su conciencia y sumaron sus votos en contra de la voluntad del pueblo que se manifestó por una Corte imparcial e independiente. Afianza su poder, igualmente represivo, mediante la cooptación de los militares y la organización de una policía militar.

Con esas armas en la mano (la Fiscalía, el Tribunal electoral, la Corte), JOH plantea su candidatura, va a las elecciones primarias, hace fraude a Ricardo Álvarez y se unge candidato, a pesar de la Constitución. Para respaldar su figura juega con la miseria del pueblo mediante el reparto de ayudad miserables, bolsas con alimentos para una semana, compra de conciencias por 50 lempiras, abultamiento de la burocracia para emplear a los activistas y a los grupos de choque. El signo fundamental de su administración es la corrupción.

JOH ya arrastraba una denuncia grave de corrupción cuando se le señala como uno de los autores del atraco al IHSS y, durante su gestión como presidente, vende las carreteras, los ríos ubicados en los territorios de las comunidades originarias, la Empresa de Energía Eléctrica y se alinea a la política de derecha e intervencionista de la OEA y de Los Estados Unidos.

Toda esta cadena de sucesos genera un rechazo casi total entre la población hondureña que acude a las urnas y vota masivamente por Salvador Nasralla a quien, mediante un fraude descarado, se le pretende burlar el triunfo.

La respuesta de JOH ha sido la misma mostrada durante su carrera política: violación de la ley, prepotencia, abuso de autoridad, limitación de las garantías individuales que lo llevan a plantear un Estado de Sitio en pleno proceso electoral, y a reprimir a la población con un saldo de casi una veintena de víctimas fatales.

Este es el JOH que he visto y que he seguido a lo largo de varias décadas. Ahora, es él el único que no puede deambular libremente durante el toque de queda porque las masas le repudian, pero su ambición de poder y, quizás esto es lo más seguro, su temor de ir a parar a las cárceles que el mismo construyó por sus acciones ilegales en el ejercicio de su mando, le están llevando a sentirse como fiera acorralada que le importa muy poco la vida de los jóvenes hondureños que hacen oír, en todo el territorio nacional, sus cacerolas y el vibrante FUERA JOH.