EL REENCUENTRO DE UN ESCRITOR Y MAESTROJ. A. OSORIO.

(Roque Ramírez Cueva).
Juan Alberto Osorio Ticona es un amigo, esencialmente un Maestro al que le perdí las huellas durante una de mis mudanzas inter ciudades obligado por los requerimientos económicos y los sueños de estudiar. Nato de la Provincia de Morropón –Piura- lié mis chivas para seguir a mis hermanos a la ciudad Capital; luego de un par de años, por el anhelo de tomar asiento en aulas universitarias, me fui a Huamanga, una ciudad inesperada ¿Qué chico abandona Lima por otra región? Allí me topé con la Universidad Nacional San Cristóbal (UNSCH), y dentro de sus patios con el poeta Juan Alberto. Antes, me lo habían presentado como profesor de la universidad citada, e informado de que me gustaba el teatro y las letras me conmina a que lo visitara de continuo.
En esas visitas nos volvimos Maestro (el primero) y pupilo sin que lo deseáramos. Lo trome era que no tuvimos aulas de cuatro paredes, sino todos los espacios, los patios y el café, la ciudad. Cuando digo mi primer Maestro, no estoy siendo desleal con mi padre quien con artilugios me habituó a leer con agrado, en el poeta aludo al mentor universitario que me orientó por el bosque denso y deslumbrante de la literatura. La formación secundaria en Castellano no fue digamos auspiciosa, y en Lima a los 19 años de pronto me encontré leyendo a Boal, a Brecht, y ¡cómo no! El foro de Yenan, El artista y la época, motivado por mi cariño al teatro y el arte, sin pasar por el ABC de la literatura. El maestro J.A. Osorio abrió esas perspectivas de libros y autores, me hizo saber que no todo era la literatura derivada de la impronta de los Carlos Mares –apellido acuñado por Julio Carmona- es decir Marx y Mariátegui.
En el café universitario me convertí en un discípulo invitado a una gran mesa donde departía con los profesores, algunos doctores, del Depto. de Lengua y Literatura (DLyL). Siendo estudiante de Economía supe entonces de los intelectuales peruanos catedráticos de la UNSCH, entre ellos J.R. Ribeyro, Luis Valcárcel, Luis Lumbreras, Camino Brent, Antonio Cisneros, César Guardia Mayorga, Oswaldo Reynoso, Miguel Gutiérrez, Marco Martos, Luis Millones, Lorenzo Huertas Vallejos; aparte de ilustres visitantes como el poeta chileno recién fallecido Nicanor Parra, los historiadores y antropólogos Tom Zuidema y John Earls, etc.
Con J.A. Osorio me ilustré de los poetas franceses Charles Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Flaubert (narrador); y lo hice mientras leía Signos la revista del DLyL.; o sino oyendo a poetas invitados a su casa en diálogos largos entre los visitantes y los anfitriones, él y la poeta Gloria Mendoza, su compañera, intercambiando información, ideas, nociones diversas. Allí supe de la gran labor realizada por Manuel Baquerizo en la Universidad del Centro (Junin) y las revistas que editaba “Caballo de Fuego” y el suplemento del diario La Voz de Huancayo, voceros con los cuales él colaboraba. Por cierto, supe que lo conocían maestros como Tamayo Vargas, en cuya revista “Garcilaso” publicó notas. Y en su biblioteca, curioseando vi la revista que dirigiera el ensayista uruguayo RodríguezMonegal en París, llamada Mundo Nuevo, en donde también publicara.
Como leen, era bastante conocido, siendo reservadoen su modo de relacionarse, su hoja de vida ya entonces de joven aspiraba a crecer su follaje. Con el grado de doctor intercambiaba experiencias con escritores como Francisco Izquierdo Ríos, Gregorio Martínez, Jesús Cabel, los ya mencionados Baquerizo y Tamayo. Este es un testimonio digamos in situ, de mi experiencia personal, las lecturas de su biobliografía me indican de escritores más reconocidos.
Mas el principal aprendizaje lo vengo sugiriendo provino del roce con su producción creadora y literaria, por ejemplo el análisis del poema de Baudelaire “Albatroz” y otros ensayos en la revista Signos, me introdujeron en el conocimiento de los poetas malditos y parnasianos, del autor de las Flores del Mal pasé a buscar a los parnasianos y me topé ya dije con Mallarmé. Por esos añosJuan Alberto Osorio publica la primera edición de su extenso poema Inaucis, cuyos versos me impactan y emocionan a primera lectura porque materializaba poéticas que el suscrito idealizaba como las de Javier Heraud o el Cholo Nieto, escritas en una manera diferente de decir ideas y sentimientos aproximados. Tanto así, dio movimiento a desconocidas impresiones desprendidas de su poesía que me inquietó a escribir.
Inaucis me hizo apreciar lo distante de su poema con el tono prosaico por contraste de otro poemario mostrando versos flamígeros que entusiasmaban en la circunstancia de un momento; me involucra en la nueva escuela de la poesía conversacional. No voy a decir más, le daremos espacio propio comentando aparte. Emocionado, entonces escribí mis impresiones y no me detuve hasta verlas publicadas en un diario local llamado “Paladín”, antes tuve que demostrarle al dueño don Prospero M. Núñez Bedriñana que podía redactar comentarios y notas culturales. De esa manera Juan Osorio me impulsó al análisis de la poesía, me inició a los 21 años en la crítica literaria, y sin quererlo obligó a pulir la redacción de mis notas. Pues, Don Prospero Nuñez antes de dar pase al comentario de Inaucis, me obligó a escribir dos notas sobre las labores en la Escuela de Bellas Artes (Huamanga), en la cual también estudiaba.
Después del Paro Nacional de 1979, que inició la caída de la dictadura de Morales Bermúdez, partí de regreso a Lima presionado por deudas derivadas de estructuras económicas. En ese lapso, generoso por costumbre solidariame envió publicaciones, y de pronto confundimos nuestro rastro, entre una y otra carta distante, mas siguió actuando de maestro con su texto acerca de la Literatura Española. Una vez en Lima, en una venta de Libro de Viejo, estando ya extraviados en ambas direcciones, encontré una huella indirecta de su magisterio, y adquirí varios números de la revista Mundo Nuevo, una de ellas traía el artículo que le publicaron. A ello se sumóotro interés, y fue que con la revista de Rodríguez Monegal me topé con decenas de ensayos, artículos y reseñas de libros, el gongorismo, escritores jóvenes de América Latina,las conversaciones de los escritores del mal llamado Boom, el estructuralismo y ene temas que debatían la literatura toda; el arte, la música, las discusiones sobre la cultura de la pobreza, los conflictos culturales motivados por la agresividad de la potencia Norteamericana, y las adhesiones a la Revolución Cubana.
La actual década, con la imprescindible tecnología de las redes se ha producido el reencuentro con el amigo escritor y maestro, quien en varios lustros ha publicado ensayo, poesía y narración. Y a modo de saludo, noble y desprendido me ha enviado seis de sus libros: Sobre Literatura en Arequipa (ensayos), Inaucis y otros Poemas, El Tercer Domingo (novela), Peregrinación de Pompeyo José (novela), Alto de la Luna (cuentos), La Frontera (novela), escritos en diferentes años desde la década de 1990. Libros que nos comprometen a su lectura obligada, porque forman parte de esa literatura nacional creada en las regiones y que sin mengua alguna se opone a la centralista de la región Lima. Desde estas líneas saludamos a Juan Alberto Osorio, al escritor prolífico de obra que estamos ciertos trascenderá.

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