El pueblo hondureño resiste el fraude. (dos notas).

Las alucinaciones de John Orland

Victor Ramos Rivera.

John Orland Hernandez (la j pronunciada como y para que suene como legítimo inglés y la a sin acento como en la lengua de Whitman) es un peón incondicional de Gringolandia. Un auténtico gringo de agua dulce, un malinche a carta cabal, como hubiera dicho Gautama Fonseca. Por eso luce más norteamericano que hondureño. Por eso, aunque rechaza la intervención venezolana en las elecciones hibuerenses del 26 de noviembre (sin portar que se trate de una pura fantasía que solo él se cree y que le han metido, a base de atorsonamiento, dos tristemente célebres enemigos del pueblo hondureño: Reich y Carmona, quienes, sin la menor duda, son ventrílocuos del régimen norteamericano), él si se concede la libertad de intervenir en la vida política del país bolivariano, al prestarse como corifeo para las malévolas intenciones de Norteamérica y del Ministerio de Colonias y su Ministro Almugre, en contra de la revolución del socialismo del siglo XXI que impulsó el Comandante Hugo Chávez.

Por andar en esas andadas impropias de un presidente de un país que debería respetarse, a quien los gringos le tienen puesta la pata encima, su ministra de Relaciones Exteriores fue exhibida en la Asamblea General de la OEA, cuando Delcy Rodríguez, canciller de la dignidad, le restregó en la cara las horrendas cifras respaldadas por organismos internacionales ligados a la ONU con que retratan el atraso hondureño.

La irresponsabilidad con que actúa John Orland es tal que, en base a chismes de mercader, tal son las aseveraciones de Reich y Carmona, ha arremetido en contra de la Venezuela Bolivariana acusándola de intervenir en el proceso electoral hibuerense. Tal intervención, según sus declaraciones, “la mirábamos venir desde hace mucho tiempo”. En este mismo desatino casi equizofrénico cayó Pinocheleti, quien incluso llegó, en sueños con pesadilla, a enfrentarse con las huestes venezolanas que pretendieron invadir estas irredentas honduras. Por hazaña tan valerosa, el alcalde de San Pedro Sula bautizó con el heroico nombre del golpista una avenida de San Pedro Sula, la ciudad más violenta del mundo según El País de España, en donde, seguramente le erigirán un Arco del Triunfo que dejará marchito el de París. Ah, pero resulta que el héroe resultó, no pocos días después, es descubierto como uno de los más grandes atracadores del fisco nacional. Coincidencias con John Orland si no olvidamos el atraco al Instituto Hondureño del Seguro Social, la venta de las carreteras y la oferta al mejor postor del territorio nacional.

Toda una fábula sin sustento: ¿Si esto que afirma John Orland fuese cierto, por qué no presenta los espías y terroristas detenidos que merodean desde hace mucho? ¿En dónde está la profesionalidad de las múltiples policías del presidente que no han podido dar con ninguno de esos bandidos a los que ya se les miraba desde hace mucho? ¿En dónde están escondidos los 145 venezolanos que entraron por pasos falsos al territorio nacional, según John Orland, apostados en diferentes puntos del país para atentar en contra de las elecciones? ¿Será que tendrá necesidad de que Mel dé lecciones para que John Orland ejecute una operación cusuco y sacar a esos fantasmagóricos terroristas de los más intrincados encuevamietnos en que pudieran estar refugiados?

“Nosotros no vamos a meter en las elecciones de otros países” ha aseverado mister John; pero no hace mucho, el gobierno de su señoría Hernandez conspira en contra de Venezuela, ha ido a despotricar en las sesiones de la OEA, ha participado su gobierno en reuniones lideradas por el presidente de Perú, quien autocalificó a los miembros de ese grupo como perritos falderos de TRUMP, bien portaditos y obedientes y ha firmado declaraciones en las que quieren que Venezuela celebre elecciones a la medida de la OEA, por las buenas o por las malas. ¡Ah! Hipocresía la de mister John.

Otra cachetada a las metirijillas de su señoría John es la publicación de una nota firmada por algunos venezolanos que aparecen en la lista de Carmona, pues ellos viven desde hace meses aquí y ninguno considera estar en la ejecución de actos ilegales o delictivos y mucho menos de intervención en las elecciones que, en todo caso, están intervenidas para asegurar el triunfo nacionalista en base al fraude. Y, las autoridades venezolanas han constatado que algunos de esos nombres de la lista Carmona, corresponden a humildes campesinos, guajiros venezolanos de los Estados más remotos de la República Bolivariana.

En respuesta a esa paranoia presidencial, las autoridades de migración han sometido a interrogatorio denigrante a varios observadores electorales y participantes de la Conferencia Permanente de Partidos de América Latina, con amenaza de que si no firmaban un compromiso de abandonar el país antes del día de las elecciones serían deportados ipso facto. Muchos de esos señores y señoras atropellados son miembros de partidos gobernantes en algunos países. La delegación venezolana se vio imposibilitada a llegar pues el temor de que en sus maletas trajeran camuflageadas poderosas armas de destrucción masiva puso a temblar a los intrépidos policías migratorios. ¡Ay! Cantinflesco gobierno.

Mister John, para no quedarse como lóbo solitario aullando en la loma, ha llamado a la dirigencia de sus huestes a emitir un pronunciamiento de lo más ridículo que se pueda imaginar. En él se repiten los mismos embustes de mister John y Richardini Álvarez junto con la prensa adocenada del país. La dirigencia cachireca va más allá: vio a los invasores venezolanos ingresar por puntos ciegos y por los puntos migratorios con pasaportes falsos. Algún polvillo adomecedor o atolondrante echaron a los policía que hasta horas más tarde se dieron cuenta de la felonía con que actuaron los terroristas del sur. No pierde la oportunidad para señalar que la policía adormilada allanó una casa, ex profesamente preparada por un sobrino de mister John, en donde implantó carteles de Nasrralla, banderas de libre y un manual para hacer bombas Molotov (vaya que se necesita manual para eso). Todos estos elementos de gran peligrosidad para la seguridad nacional según la dirigencia mancha-bravesca azul. En el mismo panfleto los cachos aseguran que se ha constatado la presencia de esos escurridizos venezolanos pero la inteligencia (será inteligente de verdad) policíaca no ha presentado a ninguno, incluso a impostores sacados del presidio como acostumbran para adjudicarse capturas tempranas y exitosas de asesinos. Y para hacer más grandiosa la chabacanada, los altos (en estatura que no en lucidez) dirigentes nacionalistas afirman que la policía ha constatado que los improperios que la población lanza en contra del violador de la Constitución provienen de Venezuela, cómo si ese pueblo no estuviese ocupado en sus propios asuntos y como si el pueblo hondureño fuese tan papo que no tiene ni capacidad para indignarse

Sin embargo, tanta charlatanería no debe movernos solo a la risa sino que también a la preocupación porque todo este tinglado quijotesco no es más que una campaña bien montada, diseñada en Gringolandia (vaya pequeño país el de honduras que quiere ser respetado) con el objetivo de burlar, a como dé lugar, los resultados de la expresión del pueblo en las urnas en favor de Salvador Nasralla. Pero que tengan bien claro, mister John, los payasetes del Comité Central y los demás corifeos que el pueblo ya está cansado de tanto atropello y que sabrá dar la respuesta definitiva al fraude y la imposición. No lo duden,

Honduras: el “golpe blando preventivo”

Por Atilio A. Boron, Resumen Latinoamericano, 3 de diciembre 2017.-

La interminable epidemia de “golpes blandos” propiciada por la Casa Blanca se ha ensañado una vez más con Honduras. Fue allí, en el año 2009, donde por vez primera se aplicó esta metodología una vez que fracasara el golpe militar tradicional ensayado un año antes en Bolivia. A partir de ese momento los gobiernos indeseables de la región serían barridos por un letal tridente conformado por la oligarquía mediática, el poder judicial y los legisladores, cuyo “poder de fuego” combinado supera el de cualquier ejército de la región. José Manuel “Mel” Zelaya fue su primera víctima, a quien seguirían en el 2012 Fernando Lugo en Paraguay y en 2016 Dilma Rousseff en Brasil. Bajo ataque se encuentran los gobiernos de Bolivia, Venezuela y, va de suyo, Cuba, mientras que en Ecuador el viejo recurso del soborno y la traición unidos a la técnica del “golpe blando” parecen haber detenido el rumbo de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa. El objetivo estratégico de Washington con sus “golpes blancos” es regresar América Latina a la condición neocolonial imperante en la noche del 31 de diciembre de 1958, un día antes del triunfo de la Revolución Cubana.

En el caso hondureño el golpe funciona preventivamente, a través de un escandaloso fraude electoral que sólo ha suscitado la crítica de algunos pocos observadores enviados por la Unión Europea. En cambio, la misión de la OEA, presidida por un demócrata de credenciales tan impecables como el boliviano Jorge “Tuto” Quiroga, ha consentido todas y cada una de las violaciones de la legislación electoral y las normas constitucionales del gobierno de Juan Orlando Hernández, heredero del golpe del 2009. Claro que Quiroga no las tiene todas consigo porque el Tribunal Constitucional de Honduras ha declarado que la re-elección es un derecho constitucional que no puede ser conculcado por ninguna norma de rango inferior lo que, aplicado al caso de Bolivia, consagra la legitimidad de la aspiración del presidente Evo Morales de presentarse a una nueva contienda presidencial.

Pero regresando al meollo de nuestra argumentación, el fraude perpetrado en Honduras remeda al que inaugurara en 1988 el PRI mexicano para birlar a Cuauhtémoc Cárdenas de la victoria que estaba claramente obteniendo en las urnas. En medio del recuento de votos se produjo un apagón que afectó a gran parte de la Ciudad de México y cuando finalmente el fluido eléctrico regresó se verificó un verdadero milagro, equivalente moderno al de la multiplicación de los panes y los peces de nuestro señor Jesucristo. En este caso los que se multiplicaron en medio del apagón fueron los votos de Salinas de Gortari, el candidato priísta, mientras que Cárdenas era relegado a un triste segundo lugar. En Honduras acaba de ocurrir exactamente lo mismo, lo que prueba que a la Santa Madre Iglesia le asiste la razón cuando afirma que los milagros existen y se producen casi a diario. Salvador Nasralla, el candidato del frente opositor llevaba cinco puntos porcentuales de ventaja al escrutarse algo más de la mitad de los sufragios y las tendencias eran muy claras. En ese momento el Presidente del Tribunal Superior Electoral declara que no se puede anunciar ningún resultado porque falta escrutar el resto de las actas, pese a que el candidato del tercer partido, Luis Zelaya, reconoce el triunfo de Nasralla. El TSE retoma el conteo selectivo de las actas en distritos en donde se presume que el candidato oficialista tiene alguna ventaja al paso que, simultáneamente, aparecen recurrentes desperfectos en el centro de cómputos del TSE y los consabidos apagones. Una vez subsanados los guarismos van ofreciendo una pequeña ventaja al presidente Juan Orlando Hernández, aunque las sospechas aumentan porque el Ministerio Público allanó una oficina del partido gobernante sorprendiendo a sus ocupantes en la preparación de actas comiciales falsas. Lo interesante del caso es que este fraude es tan rudimentario que dio pie a otro milagro sin precedentes en la historia política mundial: después de los desperfectos y los apagones subían los votos de Hernández en la candidatura presidencial, pero no así los de los alcaldes y diputados del oficialismo que se mantenían en sus registros anteriores. Todo esto, repetimos, ante el cómplice mutismo de la misión de la OEA encabezada por Quiroga, cuyo adn político reaccionario hacía que mirase con buenos ojos esta burla a la voluntad popular. No es de sorprenderse entonces que las bases sociales de los partidos de la oposición hayan ganado las calles exigiendo el respeto a la voluntad de la ciudadanía. Y que el gobierno fascista de Hernández, el mismo que ha prohijado junto a la “Embajada” el baño de sangre que se produjo en Honduras desde el golpe de 2009 y que el caso de Berta Cáceres es apenas el más conocido, haya declarado toque de queda entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana y estado de sitio. Ya suman unos diez los muertos por las protestas en Honduras pero el gobierno continúa su marcha impertérrito, con la abierta complicidad del “Canalla Mayor” de las Américas, Luis Almagro y sus enviados y el tácito aval de la “Embajada” que jamás consentiría que un opositor llegara al palacio presidencial.

Es que Honduras es una pieza de gran valor estratégico en el diseño geopolítico de Washington. Limita con dos países como El Salvador y Nicaragua que tienen gobiernos considerados como “enemigos” de los intereses norteamericanos y la base aérea Soto Cano, ubicada en Palmerola, tiene una de las tres mejores pistas de aviación de toda Centroamérica y, además, es escala obligada para el desplazamiento del Comando Sur hacia Sudamérica. Además, la base Soto Cano es la que alberga a la Fuerza de Tarea Conjunta “Bravo” compuesta por unos quinientos militares de EEUU dispuestos a entrar en combate en cuestión de horas. Hay que recordar que el ejército hondureño fue refundado por el embajador estadounidense John Negroponte y que, en los hechos, es un comando especial de las fuerzas armadas de Estados Unidos más que un ejército nacional hondureño. Todo esto es lo que está en juego en la elección presidencial de Honduras. Por ello Washington alentó el golpe contra “Mel” Zelaya y, en la actualidad, convalida la maniobra fraudulenta del presidente Hernández. La oposición jamás reconocerá la legalidad y la legitimidad de este proceso electoral, viciado desde sus raíces. La última aberración fue hace instantes comunicada por el TSE: procederá a contar los votos de las actas faltantes sin la presencia de los representantes de los partidos opositores. Es decir, el gobierno contará los votos y proclamará su fraudulenta victoria al margen de cualquier instancia de control independiente. Ante la monstruosidad de esta farsa electoral la oposición deberá exigir el llamado a nuevas elecciones pero bajo supervisión internacional porque está visto que el TSE es un apéndice del gobierno y que ni siquiera garantiza el correcto recuento de los votos, para ni hablar del entero proceso electoral. Y los gobiernos democráticos de Nuestra América deberán encolumnarse sin hesitar detrás de los reclamos de las fuerzas de la oposición para impedir la consumación de un “golpe blando preventivo” como el que está actualmente en curso hundiendo aún más a Honduras en una tremenda crisis nacional general. Por último, habrá que notificar al “Canalla Mayor” de las Américas que algunas anomalías están ocurriendo en el proceso electoral hondureño, sacándolo de su bien pagada obsesión por monitorear y desprestigiar al gobierno de Maduro y las elecciones venezolanas.