El poder de la palabra.

(Antonio Rengifo)

Al poeta Marco Martos,
dilecto amigo y presidente
de la Academia Peruana de la Lengua

Al iniciar el juego amoroso, mi pareja,con su mano milagrosa, tomó diligentemente mi sexo, que estaba flácido. Pero, no daba señales de vida.¡Ingrata sorpresa! ¿Será por la senectud o por el tiempo que estoy con la misma pareja? Ante esta situación embarazosa y para no hacer un papelón, se me ocurrió ganar tiempo. Le musité al oído: ya que tienes a Lázaro en tu mano, dime dos palabras mágicas, alusivas al momento; pero, que sean de la Biblia.

Abanicando mi rostro con sus pestañas, inmediatamente respondióconel entusiasmo inocente de quien cree haber acertado:

¡Abra, cadabra¡

En ese momento le dispensaba cualquier desatino. Le dije: mi gordita rica, ese conjuro no figura en la Biblia. Inténtalo otra vez:

SÉSAMO, ¡ÁBRETE!

Sin dejar de sonreír, le advertí: esas palabras mágicas no son de la Biblia; sino del cuento, Alí Babá y los cuarenta ladrones.

Mientras tanto, ella seguía acariciando a Lázaro; esta vez, con su boquita de rosa en capullo y, emitiendo gemidos, interpretó La Balada de la Trompeta; pero, Lázaro, aún no despegaba.

Volví a insistir en mi propósito: has un esfuerzo y recuerda cuáles son esas dos palabras mágicas de la Biblia. Pero, no se acordaba o no había leído la Biblia.

Entonces, tal como en una lid ajedrecística, me concentré mentalmente, y con todo mi fervor pronuncié las palabras taumatúrgicas que figuran en la Biblia:

LÁZARO, ¡LEVÁNTATE¡

¡Oh, prodigio!¡Aleluya! ¡Aleluya! Empezó el take off de Lázaro y enarboló con brío el gallardete del Amor para disfrutar jubilosamente de la existencia. Luego de la satisfacción desenfrenada sobrevino el reparador miskipuñuy.

Moraleja: ¡lea la Biblia!

Sociedad Bíblica “Los Testículos de Jehová”.