EL ORIGEN DE LOS BURGUESES

(Francisco Miguel Perrone Coronel)

Con afecto para mi amigo
Dr. Leopoldo Quirós Castro

UNAS POCAS PALABRAS

El presente trabajo es parte de otro, un estudio de la revolución francesa, que para comprender las relaciones de producción del llamado “antiguo régimen”, fue necesario realizar y remontarnos hasta el siglo V de nuestra era con la disolución del Imperio Romano.
Casi todas las fuentes se buscaron por la Internet, utilizando el servicio de la Wikipedia, a más de otros enlaces y páginas que contenían información sobre los tópicos consultados.
Espero que la lectura de estas líneas permita tener un idea un poco más clara de una época que ha sido catalogada como el “oscurantismo”, de la que poco a poco van saliendo evidencias de la existencia de una realidad más amplia y rica que permite entender la evolución de la organización social de la especie humana.

Francisco Perrone Coronel.

I
En sus orígenes, la estructura social de los sedentarios pueblos germanos que las legiones de César encontraron al norte del Rin, respondía a un orden de clanes en línea materna, con una economía primitiva agrícola comunitaria. Los jefes de tribus repartían anualmente a los clanes la tierra para su labranza y sembrío, distribuyéndose el producto del trabajo al interior del clan. La propiedad privada existía sólo para los rebaños de animales que generalmente eran propiedad de los jefes de tribu. Este equilibrio sería roto por el contacto romano que estimuló el fortalecimiento de una aristocracia hereditaria que agrupara bajo un mando único a todas las tribus germanas. En poco tiempo, el reparto comunal fue sustituido por asignaciones personales que se volvieron hereditarias, fraccionando la propiedad comunitaria, favoreciendo a los jefes de tribu, que les permitió a éstos rodearse de un “séquito” de guerreros, excluidos de las labores agrarias, que recibían tierras a cambio de los servicios militares prestados. Este modo clientelar, nacido en el seno de las tribus bárbaras germánicas, es el germen del modo de producción feudal.
Mientras el Imperio romano, que desde el siglo III se desmoronaba lentamente carcomido por el colapso del sistema esclavista, la Iglesia Cristiana escalaba posiciones y se hacía del dominio entero de la sociedad integrando en la nueva religión a los antiguos patricios convertidos de sus prácticas paganas y a la masa esclava cambiada a la condición de sierva. En el edicto de Tesalónica, Constantino legaliza las prácticas cristianas y casi obliga a todos los ciudadanos aceptar la religión conocida como "cristianismo" de la misma forma que él, su gobernante, lo hacía. Tiempo después sería sancionada como religión oficial del imperio por Justiniano VI. Desde ese momento el dogma religioso, convertido en política, se interpuso en el proceso del conocimiento llenando de oscuridad el cerebro de los hombres, fenómeno que aún perdura en la actualidad, manteniendo en la ignorancia al inmenso rebaño de votantes.
El cristianismo fue la doctrina de la liberación de los esclavos desde que inició su labor insurreccional en las catacumbas, difundiendo una concepción más humana con su máxima de "amar al prójimo como a sí mismo", que censuraba veladamente la explotación esclavista, base del sistema imperante. Era una liberación moral que rechazaba la práctica de las costumbres paganas, en especial la de las virtudes cívicas romaas que fueron la base del estado esclavista y con las cuales construyeron el mayor Imperio de la Antigüedad.
Hay una larga lista de causas que se conjuraron para la desaparición del Imperio Romano y a ninguna se le puede atribuir la responsabilidad absoluta pues todas y cada una contribuyó a la fragmentación y desaparición del poder imperial que se extendía alrededor del Mediterráneo, incluyendo Britania por el oeste y más allá de la tracia por el este.
El siglo III fue un siglo especialmente frío, con inviernos muy rigurosos y veranos menos cálidos que propiciaron malas cosechas en casi todo el planeta, generando escasez de alimentos y hambruna general lo que provocó una movilización de todas las tribus asentadas al norte y al este del imperio en busca de alimento, iniciando una guerra de rapiña por la existencia. Las tribus del Caúcaso empujaban a las tribus germanas y éstas presionaban sobre Roma, lo que significaba para ella aumentar sus gastos de defensa incrementando el número de efectivos de sus legiones, mejorar sus salarios, invertir en armas y fortificaciones, lo que le representaba un gran egreso en el gasto público que agudizaba la crisis económica que también se sentía en el Imperio. Desde Septimio Severo se cubre el déficit envileciendo a la moneda, quitando el contenido de plata y sustituyéndolo por otros metales, práctica que se la realiza por más de cuatro décadas, que provoca en el corto tiempo una hiperinflación que terminaría en una recesión general del sistema. Cuando llega al poder el joven emperador, casi un niño, Alejandro Severo, regentado por su madre, ésta ordena rebajar los salarios al ejército provocando un malestar general en las legiones romanas; sin embargo, apremiados por la inminente invasión persa en el 235, el emperador se pone al frente de este insatisfecho ejército y logra detenerlos. La movilización de tropas debilita las guarniciones del Rin de lo que se quieren aprovechar los germanos que intentan cruzar la frontera y para detenerlos Alejandro Severo les envía costosos presentes lo que causa indignación a los soldados descontentos, pues mientras le recortan sus salarios se gasta dispendiosamente en “aquellos bárbaros”, desencadenándose finalmente un motín del ejército que termina dando muerte al emperador y a su madre, proclamando a Maximio de Tracia, hijo de campesinos y procedente de una zona de la actual Bulgaria, que se convierte en el primer emperador de los romanos puesto por los soldados. Esta crisis política, que se suma a la crisis económica, duraría cincuenta años, período que se caracteriza por una larga sucesión de emperadores que tratan de contentar las apetencias castrenses. Para el año 250 el Imperio está al borde del derrumbe total, incluso ya habían declaraciones de secesión y fraccionamiento de estados, los bárbaros habían penetrado y se asentaban al otro lado del Rin, las rutas comerciales estaban abandonadas, ya no circulaban las especias de oriente, los minerales de Germania, los cereales del valle del Danubio, Egipto y Siria, el estaño de Britania, el aceite de Provenza y Alquitania, el mármol del Egeo. Todo parecía indicar que el Imperio moría, pero un movimiento de restauración cobró fuerza, sustentado con varias victorias militares que se sucedieron, que renovó el espíritu romano y por el año 285, se pudo recobrar los territorios y reordenar el imperio Fue solo una recuperación momentánea pues para esa época, no solo la moneda se había envilecido sino también el ejército, integrado ahora por gran cantidad de bárbaros contratados ante la escasez de soldados romanos, que ocuparon los mandos oficiales (alguno hasta fue nombrado emperador) lo que cambió la eficiencia de las legiones romanas, pilar fundamental del imperio. Sí, fue solo un tiempo extra que duró un poco más de cien años pero en cuyo ínterin se fue perfilando la nueva sociedad que emergía de entre los restos de la que moría.
Las repercusiones en la economía del proceso de descomposición del sistema se reflejan en la caída del comercio, lo que obliga a los grandes terratenientes a dejar de producir mercancías y a producir para su subsistencia, desarrollando una economía autárquica que contribuirá a profundizar la crisis comercial, que afecta con dureza a las grandes ciudades. De éstas sale hacia el campo un éxodo de desesperados hombres libres que huían asfixiados por los impuestos cada vez más altos, por la usura que les chupaba la sangre y la corrupción general que afectaba todos los órdenes de la vida. Junto a estos hombres libres se sumaba una multitud de medianos y pequeños propietarios campesinos que perdían sus hipotecadas propiedades, las que engrandecían los ya inmensos latifundios, que se sumaban a ese éxodo de gentes en busca de una tierra para vivir, la que se la proporcionó quien se había apropiado de ella, pero al costo de la renuncia a sus derechos de ciudadanos y de hombres libres. Estos “colonos”, como se los conoció, recibían en alquiler una parcela, que era para su manutención, y la obligación de trabajar en los campos del terrateniente. La legislación de Constantino les prohíbe macharse o casarse fuera del latifundio, además, establece que los hijos de los colonos serían considerados también colonos; en contrapartida, el terrateniente no podía echarlos ni subirles el arriendo, diferenciándose del esclavo en que no podía ser vendido, considerando al colono como parte de la propiedad que se transfería con ella. El poder político del imperio se fracciona en las circunscripciones territoriales de los grandes propietarios, dentro de las cuales, él es el amo y señor, el que tiene jurisdicción sobre hombres y cosas, proceso que se profundizaría con el tiempo. Como se ve, los parámetros de este período de formación determinarán el carácter agrario y de pequeña producción que tendría el modo feudal de producción.
La erosión del estado romano se acentúa en todo el siglo IV y se profundiza en el V, en el que una burocracia ávida e indolente, que sólo le interesaba satisfacer sus intereses particulares a través de la corrupción, chantaje y el abuso de poder, termina por debilitar la autoridad del estado provocando una crisis de gobernabilidad que le impide hacer frente a las invasiones bárbaras. Hacia el 395 muere Teodosio quien divide el imperio entre sus dos hijos, imperios que tendrán fines muy diversos y contradictorios, pues mientras el Imperio de Oriente viviría por más de mil años, el Imperio de Occidente no lograría derrotar a los invasores. En el 402, los visigodos, al mando de Alarico, sitian la capital Imperial, la que demanda en su auxilio las tropas que custodiaban la frontera norte, y aunque logran el retroceso de Alarico, los visigodos germánicos cruzan el Danubio aprovechándose de la debilidad de las guarniciones fronterizas y en las navidades del 406, una pléyade de vándalos, suevos y francos y en menor medida los gépidos, alanos, sármatas y hérulos, se desparraman como plaga de langostas saqueando las ciudades, robando, causando destrucción y muerte, apoderándose de grandes porciones de territorio. Hacia el 410 las cosas se agravan, pues vuelve Alarico pero esta vez saquea Roma y sus tropas se dedican al pillaje destruyendo casi todas las ciudades importantes. El Imperio de Occidente inicia una agonía que duraría hasta el 455 en qe queda dividido en multitud de reinos, que se correspondían con las circunscripciones latifundistas que se habían consolidado y que habían desarrollado una economía autárquica que satisfacía las necesidades de su propia jurisdicción. Este fue el final del Imperio Romano de Occidente.
Como la amenaza de las incursiones de los bárbaros fue una constante que se extendió por muchos años, el latifundista encontró la forma de defender sus tierras mediante un contrato que realizaba con los patricios y nobles desplazados de las ciudades destruidas, que se basaba en la forma de organización “clientelar” de los germanos cuyo modelo latinizado se expandió a toda Europa, hasta completar su forma jurídica en el Imperio Carolingio, hacia el año 843. En estos cuatro siglos se consolidad el modo de producción feudal en todos los reinos existentes que asumen una misma entidad política o forma de estado, dotados de una ideología igual y con una religión única que les permite enfrentar con éxito el expansionismo musulmán que inquietaba las fronteras del sur y mantener a raya el avance de los mongoles por el este. A la muerte del único hijo de Carlomagno, los nietos de éste se repartieron el imperio: Carlos el Calvo el oeste, Luis el Germánico el este y Lotario el centro. Las disputas por los límites se iniciaron prontamente, lo que dio excusas a numerosos enfrentamientos y la justificación de las guerras por aumentar el territorio, necesario para el crecimiento económico, dado el carácter expansivo del modo feudal cuyo crecimiento se refleja en el aumento de las áreas cultivadas.

II
La etapa de formación y consolidación del modo feudal se extiende, como hemos visto desde mediados del siglo V hasta comienzos del X, o desde la atomización del Imperio Romano de Occidente en múltiples reinos dispersos que se defendían como podían de las invasiones bárbaras hasta un poco más allá del fraccionamiento del Imperio Carolingio, hacia el 870 de nuestra era cuando se evidencia un afianzamiento del sistema en toda Europa que le brinda la necesaria estabilidad para el desarrollo. La etapa llamada del "florecimiento", que dura del X hasta el XIII, inicia un aumento en la producción y culmina con un movimiento cultural que muchos lo definen como un renacimiento pero que no es otra cosa que el indicador de la existencia de una conciencia social diferente, de una nueva clase económica que critica y cuestiona la concepción ideológica de lo existente y se atreve a pensar de otro modo. La tercera y última etapa es la del colapso que ocurre en el siglo XIV en el que, para evitar su extinción, el estado se reforma hacia una monarquía absoluta con la cual ejerce una mayor represión a los nuevos sectores emergentes, y somete el modo de producción a una larga agonía que duraría cuatro siglos.
En sus inicios, el feudalismo era un contrato por el cual un hombre libre juraba fidelidad y prometía servir, sea en una empresa militar o económica, a un noble señor, propietario de un latifundio, a cambio de lo cual, el señor se comprometía a sostenerlo y protegerlo, dándole en feudo una significativa porción de tierra si el servicio era militar o le asignaba unos "derechos señoriales" si el servicio era económico, pacto que se legalizaba con un rito que fue cambiando en el tiempo, pero que iba desde besar la mano del señor hasta el juramento sacramentado, con el se legalizaba el contrato. En los primeros tiempos, el contrato duraba hasta la muerte de alguno de los contratantes (vitalicio) debiendo pagar una multa quien lo rompiera. La persona que recibía la tierra se denominaba Vasallo, que no es lo mismo que siervo, y según la ubicación o dimensiones del territorio recibía un nombramiento: Conde si recibe un condado, Duque por un ducado, Marqués si el territorio era limítrofe con otro reino, al que se denominaba "marca" Esta relación contractual enfrentó con éxito la segunda oleada de invasiones vikingas que se produjeron en los siglos IX y X, época que los condes edificaron todos los castillos para la defensa del territorio, que sirvieron para dar refugio a los campesinos que huían de los bárbaros y que se convirtieron también en su prisión, pues quedaban sometidos a la jurisdicción del señor feudal, que se había convertido en el nuevo dueño de la tierra, con capacidad de heredarla a sus descendientes.
En este período de formación ocurren tres procesos paralelos: Primero: la cesión de la tierra por parte de los latifundistas a los vasallos que la reciben en usufructo hasta la muerte de uno de los contratantes, mas al terminar el período se evidencia una apropiación de esa propiedad que termina como una red de condados hereditarios formando la estructura económica del medioevo. Estos señores son la base social de la futura aristocracia. Segundo: El gran señor, dueño de todas las tierras, reconocido como rey, se rodea de una estructura palaciega conformada por un pequeño grupo de magnates llamados Missi y de otro grupo denominado Vassi, que conformaban su fuerza militar y que juntos forman la base de la futura corte y del poder real. Tercero: El aumento del poder eclesiástico y su expansión exponencial desarrolla una red de monasterios, conventos, órdenes religiosas y de caballería, que cohesiona una todopoderosa temporalidad que la convierte en la mayor terrateniente en todos los reinos, poder con el que interviene en el control, más que espiritual, policiaco de la sociedad feudal. A fines del período la influencia papal era totalmente determinante, a tal punto que tuvo la fuerza de convocatoria para iniciar la Primera Cruzada, cuya causa belli fue la reconquista de Jerusalén. También ya mostraba la degradación moral a causa del exceso material y la práctica del "hagan lo que yo digo y no hagan lo que yo hago".
Este largo período de quinientos años, tiempo en el que el modo feudal de producción organizó a la población europea en sus concretas y específicas relaciones de producción, la Santa Madre Iglesia, se convirtió en la estrella de la película, en la protagonista principal, en la única institución que controlaba integralmente la vida en la feudalidad, barnizando con su ideología dogmática, con su espíritu conservador y tradicionalista, con su visión elemental, cargada de culpa semita, con su doble moral filistea, con una aversión perversa hacia el sexo, a toda la sociedad de la época.
La Iglesia cumplió un rol importante, especialmente en su papel embrutecedor de las masas campesinas, a las que acostumbró asumir un comportamiento sumiso, servil y pusilánime, frente a la despiadada explotación que representaba el régimen feudal. Se calcula que el 80% de la producción campesina se destinaba a cubrir los derechos señoriales, las tasas reales, los diezmos, sin contar las contribuciones extraordinarias en tiempos de guerra, cargas que aumentaban con las prestaciones extraeconómicas a que estaban obligados los siervos, como trabajar la tierra del señor, hacer caminos, levantar muros, etc. por las que no recibían pago alguno. Ante esa realidad intervenía la indolente SMI (Santa Madre Iglesia) y les ofrecía la felicidad absoluta después de la muerte, les hablaba de Job, de mostrar la otra mejilla, de aceptar los designios del "señor” y aprender a resignarse mientras cobraba el diez por ciento de toda la producción que iban a las arcas de voraces obispos y cardenales. Fue habilidad política de la iglesia la de ocultar a los ojos de una mayoría ignara que era la principal beneficiaria del sistema, con un discurso de fe, esperanza y caridad, con el que buscaba fortalecer a un campesino apegado por ley a la tierra y cohesionar al mismo tiempo a una clase dominante inculta, analfabeta y de mente estrecha y violenta
Varios son los controles de la SMI sobre la sociedad feudal en formación: a) Temporal: uno inmediato al establecer el calendario, los tiempos de trabajo y descanso, las fiestas religiosas, etc. y uno histórico, al establecer el año cero como el nacimiento de su dios, que es único hijo del único dios, que son tres pero que en total hacen uno solo. (Aún hay gente que cree a pie juntillas estas galimatías). b) Un control directo del espacio con su estructura administrativa que dividía al territorio en diócesis, parroquias, campos santos, monasterios, y otro indirecto, que señalaba las fronteras de la cristiandad. c) Control social al llevar el registro de bautismo, confirmación, matrimonio, defunción. Etc. d) Control ideológico, tenía a su cargo todo el sistema de enseñanza, desde las escuelas parroquiales hasta las universidades. e) Control policial al aplicar in extensus el sacramento de la confesión a través del cual se enteraba de la vida, pasión y muerte de todos los cristianos ingenuos. La iglesia era más que el poder tras la sombra, era la que movía los hilos ocultos, la que legalizaba al rey y avalaba el mito del poder por la gracia de dios. Era una estructura parecida a la del partido único, que lo controla todo, pues tenía bajo su control todos los monopolios, en especial el del conocimiento ya que era la que dominaba toda la memoria escrita existente en todos los reinos. La iglesia era un súper estado que cobijaba a los demás de la misma forma que en la actualidad las transnacionales cobijan a todos los estados de la tierra, sujetándolos como un cinturón invisible a través de su ideología del consumismo depredador que penetra a por todos los medios de comunicación.
Al final del IX se inicia una ola de construcciones de castillos motivadas por la amenaza externa de las invasiones de los Vikingos por el norte, los húngaros por el este y los sarracenos, musulmanes, por el sur. Por estas épocas, los señores condes habían acumulado mucho poder y son ellos quienes realizan la construcción de burgos o castillos defensivos que contemplaban la elevación de una gran torre sobre una planta rectangular o cuadrada, rodeada de un grueso muro de piedra en una superficie que variaba entre media a una hectárea y media. Bajo la torre habitaba la guarnición militar. Los civiles estaban distribuidos al interior separados por calles, en casas con techo de paja, alrededor de una pequeña plaza que servía de mercado con una iglesia y la casa parroquial. Los castillos constituyeron fronteras vivas que terminaron por favorecer a los señores, quienes vivían en su interior, pues, además de la propiedad, se apropiaron de las funciones jurisdiccionales sobre el territorio, sojuzgando a la población civil que buscaba refugio en los castillos, cobrando directamente las rentas señoriales de la comarca y una tasa en especie por el uso del molino, de la almazara, de la fragua. Esta fue una época de guerras entre los distintos reinos, guerras por apropiarse de los dominios de señor feudal vecino o por recuperar territorios perdidos.
La Caballería fue la forma militar de acceder a los privilegios de una nobleza que consideraba innoble el trabajo manual y un absurdo el pagar impuestos o ser juzgados como la plebe. Estaban exentos de la pena capital y gozaban del derecho de realizar sus guerras privadas. Las Ordenes de Caballería aparecen a comienzos del siglo X y representan la consolidación de la propiedad de hecho de los vasallos, a una propiedad de derecho, institucionalizada por ritos que manifiestan una nueva forma de vida, la forma medieval de existencia, dotada de una moral, una ética caballeresca y elitista, con código propio del que estaban excluidos los campesinos pobres y los burgueses ricos. La caballería se constituyó en la afirmación armada de la aristocracia en ascenso. Estas Órdenes fueron estimuladas por la Iglesia quien las dotó de valores éticos, aunque generalmente los caballeros no los cumplían en su afán de obtener nuevos territorios, recibiendo, como tapadera un fin religioso que consistía en la defensa de la fe cristiana, por la que debían luchar, incluso, hasta la muerte. Las Órdenes de Caballería nacieron con una mixtura de religiosidad y militarismo, habiendo dos tipos de miembros, los monjes que se pasaban rezando en los conventos y los Caballeros que “asumían la defensa de la fe”, sujetos también a ritos religiosos como el ayuno, la penitencia y los propios de cada Orden. Su poder llegó a ser enorme como enorme era su patrimonio formado por gran cantidad de tierras, conventos, villas, castillos y fortalezas. Fueron conocidos como Le Gens d´armée que con el tiempo derivó en el vocablo gendarme. Para ingresar a cualquiera de ellas se debían cumplir con determinados requisitos como ser cristiano, ayudar a los débiles, jurar fidelidad a un señor, vivir noblemente (demostrando que no realizaba trabajos manuales), ser gentil, honorable y montar un Rocinante acompañados de un fiel escudero salvando viudas, protegiendo a los huérfanos y resolviendo entuertos.

III
Para que un sistema económico sea perfecto debe tomar en cuenta el desequilibrio constante que se producen en las fuerzas productivas, en especial de la fuerza humana de trabajo, y ser lo suficientemente flexible para incorporarlas a la producción, asegurando que el crecimiento económico sea equitativamente distribuido en el seno de la sociedad humana. El capitalismo, que es un sistema dinámico y muy maleable, ha demostrado que puede adaptarse a las circunstancias reformándose continuamente, como lo hizo en 1789, fecha de su inscripción en el registro político de la historia. Recordemos el compromiso que la alta burguesía de filosofía liberal, con su libre empresa y su ley del mercado, realizó con la aristocracia francesa y con la persona de Luis XVI, por la cual la proponen, y votan a su favor en la Asamblea Constituyente, la creación de una monarquía constitucional censataria que mantenía los privilegios de la nobleza y discriminaba de la ciudadanía a los pobres. Hubo de pasar tres años para que las clases pobres de Francia, lideradas por Robespierre, ejercieran al extremo la soberanía popular volcando la situación a su favor y constituyendo la I República Francesa que desmantela la vieja institucionalidad y la sustituye por las nuevas instituciones revolucionarias, ampliando los derechos ciudadanos a todos. Luego de otros tres años, y por razones que se estudiarán en otro momento, los liberales de la alta burguesía retoman el poder político, pero no retrocedieron a la monarquía constitucional, sino que continuaron sobre el estado reformado, institucionalizando las reformas políticas implementadas por el gobierno revolucionario, generando al mismo tiempo lo que podría denominar “antígenos sociales” o formas de respuesta del estado para aplicar frente a la repetición de cualquier acción subversiva similar que quisiera volver a utilizarse. Ésa es la maleabilidad del capitalismo que se opone a la rigidez del feudalismo que requiere de mucho tiempo para incorporar reformas que hagan frente a cambios traumáticos. La mentalidad feudal es totalmente tradicionalista y conservadora, es un sistema en el que se da la contradicción que no hay desempleo, que todos sus integrantes tienen trabajo, que todos realizan un oficio, y, sin embargo, reina una gran pobreza. Todos los campesinos poseen, en forma de propiedad útil, un pedazo de tierra, un medio de producción, es decir, todos tienen asegurado, dentro de los límites del sistema, el sustento. En el feudalismo se produce una apropiación privada del trabajo de productores privados mientras que en el capitalismo se produce una apropiación privada del trabajo colectivo, sistema en el que es parte esencial la existencia del desempleo pues el mismo empuja a la baja el valor de la fuerza de trabajo, tendencia que, mientras más pronunciada, mayor rédito le produce al capitalista.
Volviendo a nuestra historia, la ruina económica y la devastación que quedó Europa luego de las invasiones bárbaras del siglo V la hizo retrotraer a formas de intercambio primitivas como el trueque, porque la pobreza era tal, que no existía ninguna clase de moneda, lo que no ocurría en el Impero Bizantino que gozaba de una salud excelente, ni en los monasterios cristianos de Siria y Egipto que atesoraban grandes cantidades de oro en su interior o en las antiguas ciudades persas que guardaban, por siglos, inmensas riquezas. Todo este oro cayó en manos de los musulmanes alrededor del siglo VII, quienes habían extendido sus dominios desde Hispania y el Magreb hasta más allá de Kabul, reduciendo al Imperio Bizantino a su mínima expresión. Algo de ese oro empezó a entrar a la economía de estos reinos, que comerciaban la tan preciada madera de la que carecían los musulmanes para construir sus naves de guerra o para el comercio, o vendiéndoles esclavos del norte de Europa y algunos minerales del centro del continente, comercio que fortaleció el proceso de formación feudal y que se continuó hasta bien entrado el siglo X.
Junto con el oro musulmán llegaron reproducciones de los clásicos antiguos que se encontraban en las bibliotecas de las ciudades que pertenecían al Imperio Bizantino y que ahora, gracias al intercambio, llegaban para despertar de ese sueño centenario en que la SMI había arrullado con sus cánticos el razonamiento de las gentes. Con la lectura de esas reproducciones recordaron antiguas y mejores técnicas agrarias que se difundieron con rapidez desde el año 1000 aproximadamente y se incorporaron a la producción en toda Europa. Fue así que se reinventa el uso del arado múltiple de hierro con sus arneses, el uso trienal de la tierra: cereal de verano, cereal de invierno y tiempo de barbecho, la combinación de la ganadería con los campos abiertos, el molino hidráulico, las mejoras en la construcción de carruajes, mecanización de la forja, el telar, los batanes y sierras, sirvieron para aumentar la producción agraria en beneficio de la naciente aristocracia y de todas los estamentos privilegiados del régimen feudal. Como era de esperarse, es significativo, sin embargo, señalar que no solo la burguesía es codiciosa e insensible al dolor humano, los señores feudales se apropiaron también de las nuevas tecnologías para beneficiarse con el cobro de una tasa, en especial de fraguas y molinos. Las mejoras de las técnicas agrarias provocaron un crecimiento económico sostenido hasta que, como un globo que recibe aire y se dilata hasta el punto de reventar, el sistema colapsó irremisiblemente.
Como efecto del mejoramiento de las condiciones de vida, la especie se vuelve más fecunda y más resistente, más fuerte, lo que se refleja en el aumento de la tasa de nacimientos y en la disminución de las defunciones, de lo que resulta en un aumento demográfico. En el feudalismo, el crecimiento económico se basa, en la expansión de la tierra cultivada lo que se justifica con el aumento demográfico. Pero esta dupla, crecimiento poblacional y aumento de tierra cultivada, tiene el límite que le impone la productividad media, pues al aumentar las manos, la producción promedio por campesino disminuye reflejándose en un aumento de los precio de los productos y en el descenso en el valor de la fuerza humana de trabajo. Generalmente estas crisis se resuelven con la guerra de conquista y la anexión de nuevos territorios, que fue la tónica del segundo período, que va desde el X hasta el XIII, en la que se observa una línea de aumento sostenido de la producción, aunque no uniforme pues hubo altas y bajas, pero que muestra un incremento general de la riqueza que pronto generaría los excedentes necesarios para el comercio, tiempo en que hace su aparición el burgués, o habitantes de los burgos, quien es el que se dedicará al intercambio.
Este excedente pasaba en forma directa de las manos de la aristocracia a las manos de los mercaderes, asentados en las ciudades medievales, en especial en los puertos, convertido en metálico luego de las transacciones mercantiles que se realizaban. Estos mercaderes era el resultado directo de la explosión demográfica que empujaba a nobles segundones y hombres libres a liberarse de las ataduras del vasallaje o del trabajo agrícola, dedicándose a comerciar, primero con los pequeños excedentes locales, en las ferias y mercados que ellos mismos inauguraron, y luego con especias y mercancías exóticas de oriente, que satisfacían la vanidad de nobles y prelados: Esta actividad de intercambio convirtió el excedente agrícola en capital comercial. Pero el estímulo comercial no crea riqueza pues ésta es el resultado de la producción de bienes de uso; el sobre valor que beneficia al comerciante es tomado del producto bruto del sistema, ocasionando una inflación en el valor de cambio que altera periódicamente el sistema, aumento del costo de la vida y devaluación de la fuerza de trabajo que se expresa en la baja de los salarios.
No hay que perder de vista a la SMI, que ha logrado un afianzamiento importante hacia el año 1000, consolidando un Papado Poderoso que compite con la Iglesia Ortodoxa de Oriente, que se encuentra también en plena expansión hacia los territorios del este, en Rusia, imponiendo el cristianismo de una forma nada ortodoxa. Los cataros proviene de esos lejanos territorios y se asientan en Polonia, en Hispania y en Occitania. Para estos tiempos, la SMI ha caído presa de la codicia y la ambición. El lujo con el que vive contrasta con la pobreza de los diezmados, reflejando una institución corrupta, carcomida por el lujo y el dispendio de recursos. El poder de la Iglesia Romana se consolida con Gregorio VII, quien, a través de un Dictatus Papae, enlista varias proposiciones en las que argumenta la infalibilidad de Roma, la preeminencia del poder espiritual sobre el temporal, la dependencia del poder real a la Iglesia, la capacidad de deponer a los reyes o emperadores que atenten con la soberanía eclesiástica. Inocencio III retomó la posta magnificando su concepción teocrática del papado, manifestando que todos los soberanos europeos le debían sumisión. Este Papa recupera los derechos del Patrimonio de San Pedro con los que conformaría el estado Vaticano, convirtiéndolo en el eje de la política europea. Bonifacio VIII, continuador con la filosofía teocrática y amparándose en las proposiciones de Gregorio VII e Inocencio III emite una bula impidiendo que los reyes cobren impuestos o tasas a los curas, lo que molestó a Felipe el Hermoso, rey de Francia, que financiaba su campaña guerrera con impuestos de esa naturaleza. Esta bula motivó que por primera vez se reunieran los "Estados Generales" franceses, en los que los tres estamentos, nobleza, clero y el estado llano apoyaron unánimemente a su rey, decretando, en contrapartida, la prohibición de la salida de metales hacia Roma, impidiendo el flujo de los diezmos que regularmente iban al Vaticano. El Papa excomulga a Felipe y Felipe, con la sangre en el ojo, irrumpe en Roma y obliga al Papa, arrinconado en Boloña, a desexcomulgarlo. Finalmente el asunto se resuelve con los sucesores de los protagonistas cuando el hijo de Felipe el hermoso, acepta sumiso la autoridad del papa, que evidencia el poder terrenal con el que estaba investido el representante de Cristo en la tierra.
Hacia finales del siglo XI se nota un mejoramiento general de la economía que ha creado ya los excedentes necesarios para ir a la guerra, para expandir el territorio de los reinos que, como se ha asentado atrás, en el modo feudal es una necesidad vital para su reproducción. Son las clases dominantes las guerreras, y son guerreras porque la guerra es un buen negocio; el pueblo sano y trabajador, generalmente de naturaleza pacífica y conciliadora, debe ser convencido con buenas razones para ir a matar prójimos. Por eso se les vuelve necesario, a las clases dominantes, crear en el pueblo un entusiasmo, una pasión, un sentimiento, crear una causa que justifique la violencia y la muerte, porque son los pueblos los que mueren en las batallas, los anónimos seres que llevados con engaños a la lucha, enfrentan a otro ser humano, de la misma condición, motivado de igual manera, pero con vestidos diferentes, al que tiene que sacarle la madre antes que se la saquen a él. Para la Primera Cruzada, se difundieron las “perversas” intenciones que tenían los musulmanes, a la sazón dueños del mayor imperio de la época, de destruir la Ciudad Santa de Jerusalén. La propaganda, realizada desde los púlpitos de todas las iglesias de la cristiandad, les dio excelente resultado generando un clamor general entre los pobres e ignorantes campesinos de salvar la santa ciudad donde vivió Jesús; y la guerra por aumentar territorio se vistió de guerra religiosa. Pero no fue la única. Fueron en total ocho las Cruzadas y la última terminó en el 1268, totalizando ciento sesenta y seis años de dolor y muerte para el común de la gente, ciento sesenta y seis años de buenos negocios para el clero, la nobleza y la nueva clase de burgueses, principales beneficiarios de los conflictos. ¡Cuándo no!
Las cruzadas, impulsadas por la Iglesia y los nobles, generaron algunos cambios políticos, especialmente en lo que respecta al fortalecimiento de las ciudades y del poder de las monarquías, que aumentaron sus posesiones al comprar o heredar el patrimonio de los muchos nobles que murieron en las cruzadas, concentrando la propiedad en sus reales manos con el que afianzaban su proyecto centralizador, proyecto que beneficiaba a la emergente burguesía que ampliaba su horizonte comercial hacia el crédito y las finanzas ofreciendo el metálico necesario para realización de las empresas bélicas, las que a su vez abrieron otros mercados y afirmaron nuevas rutas comerciales que fortaleció el proceso de acumulación originaria del capital. Esto se evidencia desde la Primera Cruzada, allá por el siglo XI, la que estimula ampliamente el comercio entre Oriente y Occidente favoreciendo a los comerciantes de Venecia, Génova y Pisa, únicos ganadores de las mismas, que incrementaron sus arcas negociando con fieles e infieles, lo que les permitió a estas ciudades convertirse en centros de poder de la burguesía en ascenso que financiaron el naciente movimiento comunal italiano e iniciaron el desarrollo de las artes y las ciencias, previo a lo que sería el renacer del pensamiento humano que se daría en el siglo XV.
El fortalecimiento de los agentes burgueses aumentó rápidamente y muy pronto se organizaron en corporaciones como gremios, guildas, cofradías, artes, nombres diversos según la región o la actividad, con los que corporativamente defendían sus intereses al interior de los burgos contra el poder señorial, tanto civil como eclesiástico. Estas nuevas instituciones fueron instrumentos políticos que le servían a esta clase social obtener mejores condiciones y reconocimiento a sus derechos y a las que la SMI se oponía tenazmente porque competían con el control que ella tenía sobre la sociedad feudal. Estas instituciones se vislumbraban como grandes enemigos ideológicos que le disputaba el espacio, pues difundían ideas tan subversivas como "libertad de pensamiento, de acción, y cuestionaba los privilegios de las clases dominantes al condenar las obligaciones feudales, hasta planteaba una autonomía en la administración de justicia, propuesta que resultaban especialmente peligrosas para la cohesión del modo de producción feudal.

IV
Un tipo de empresa agropecuaria, se generaliza a partir del siglo VII, en especial en las regiones francas, llamada "curtis" en italiano, "corte" en español, que consistía en la división de dos partes de la tierra de cultivo. La parte llamada "pars dominica", que es la parte del señor, generalmente la de mejores condiciones agrícolas, era trabajada por los "masaris" o aparceros a quienes les era entregada la otra parte, denominada "pars massarica", generalmente la que estaba en peores condiciones, subdividida en un gran número de parcelas llamadas mansos que servían para la manutención de los aparceros. Además de los trabajos en la pars domine, el dueño de la tierra se reservaba el derecho de exigir otros tipos de trabajos o "corvées", cuya traducción literal quiere decir "trabajos molestos", obligaciones extraeconómicas no remuneradas a las que estaba sometido el trabajador agrario. Estas “corvées” eran de carácter privado o real, según lo solicitare el señor feudal o el rey, a las que tenían que concurrir con sus aperos de trabajo, yunta de bueyes, canastos para la recolección de las cosechas, etc
Las ciudades tuvieron su propia dinamia y se construyeron siguiendo diversos modelos, pero en todas se edificaba una catedral, símbolo del poder eclesiástico, un palacio de administración civil, símbolo del poder feudal y un mercado, símbolo de la nueva clase que ascendía.
Las ciudades del centro norte italiano y la Provenza manifestaron un desarrollo particular y contrario al desarrollo netamente agrario del resto de Europa, pues eran urbes con gobiernos locales que respondían a una estructura más "democrática" conocidos como Gobiernos Comunales, en la que intervienen varios estamentos: obispos, que son los dueños de la propiedad y reparten la misma entre los miembros de una aristocracia militar convirtiéndolos en sus feudatarios, junto a gran cantidad de comerciantes, mercaderes y cambistas más de los "intelectuales" detentadores de los principios jurídicos que asesoraban con sus tesis a los demás estamentos. Al interior de las comunas se discriminaban a los hebreos, musulmanes no convertidos, pobres que no podían pagar el impuesto a la ciudadanía, personas sin propiedad raíz, mujeres y sirvientes.
Originalmente el gobierno comunitario era la Asamblea de todos los ciudadanos, la que deliberaba las cosas de trascendencia para la comuna: alianzas, leyes, ordenanzas, pero con el tiempo se escindió en dos consejos, uno restringido integrado por notables de la ciudad y otro mayor, integrado por seiscientos ciudadanos, que cumplían con la función legislativa que confiaban la ejecución de las leyes a un "gobierno comunal" cuyo jefe de gobierno se denominaba "cónsul", cargo rotativo de corta duración. Este salto que se nota, de lo amplio a lo restrictivo, de lo comunitario a lo privado, resulta de la dirección vertical en la estructura del poder político del que se apropian las minorías y se erigen en asociaciones por encima de la sociedad que usufructúan de ese poder en beneficio de sus intereses privados. Así ocurre en todos los tiempos, cuando la natural pasividad de los pueblos afloja su participación política, dejando a los ratones el cuidado del queso.
A diferencia de las urbes italianas que incluían en su gobierno al poder señorial, las urbes del norte y sur de Francia, de la Renania y Flandes, estaban conformadas totalmente por burgueses comerciantes que habían obtenido del poder Real la autorización para la gobernabilidad de sus Burgos. limitada a los linderos urbanos. En otros lugares, como en la Europa oriental e incluso en Inglaterra, que por aquella época el desarrollo comercial era mucho menor, la autoridad monárquica hacía sentir todo su rigor sobre las urbes de las que sólo Londres gozó de algunos privilegios.
El éxito de la ascendente clase de los comerciantes, la presencia del dinero, ausente por algunos siglos de la cotidianeidad europea, y el sistema nuevo para poseerlo, corroyó el espíritu feudal creándose una corriente codiciosa por acumular riquezas, especialmente en las clases altas, y más que nada, en los altos círculos del clero, extendiéndose lentamente a todas los demás estamentos sociales, junto a una exaltación del esfuerzo individual que subvertía el concepto de cuerpo colectivo sujeto a la obediencia o servidumbre. Era un esfuerzo con el que se rompía la rígida estructura estamental y por el que le permitiría al individuo ascender de posición social con la presentación de una bolsa llena de dinero, convirtiendo este aspiración en el fin de la existencia. Pero cuando el fin de la vida no es otro que el de acumular materia a la que arbitrariamente se le ha asignado un valor simbólico que funciona solo a escala humana, y cuando lo humano es un infinitesimal despreciable a escala cósmica, entonces ese comportamiento refleja un estado patológico, una desconexión del ser humano con su realidad, finita y mortal, al buscar la felicidad en la acumulación indefinida de materia. Si alguien ha encontrado la felicidad de ese modo, entonces esa persona está doblemente enferma. Está loco de atar. Solo así se explica que esta relación fetichista es la que determina el comportamiento inmoral del burgués, que lo lleva a enarbolar el lucro personal y el enriquecimiento como objeto de vida, elevando al interés del capital como razón suficiente para destruir y matar. Esta nueva clase social tiene una concepción hedonista de la vida, apegada a la satisfacción material privada y opuesta en general al interés social, con lo que se oponía también a la concepción idealista de la sociedad feudal que concebía esta vida como un tránsito a otra futura y eterna, y al cuerpo como una prisión del alma, opuesta, por último, al milenario sueño de la humanidad de vivir en una sociedad justa y equitativa, similar a la primitiva sociedad comunitaria, gregaria y solidaria. El capitalismo, que es un sistema que exacerba el lado oscuro de las naturaleza humana, el lado irracional, que busca satisfacer al individuo a costa de los demás, atrajo la atención de muchos nobles que no se resistieron a la tentación de sumergirse en los siete pecados capitales, en especial en los de la avaricia y la codicia, e incapaces de desafiar el juicio moral de la colectividad, enmascararon sus acciones en empresas comerciales bajo la forma de sociedad en comandita, en la que ellos arriesgaban el capital que le prestaban a altas tasas de interés los mismos burgueses que aparecían como los administradores de esas empresas. De esta forma, el excedente agrario transformado en capital comercial termina por convertirse en capital financiero con el que los burgueses amasan inmensas fortunas, naciendo ya, en ese lejano horizonte, la actividad bancaria.
Paralelamente a la circulación de las mercancías suntuarias que satisfacían los caprichos de la ya robusta aristocracia, otras mercancías de mayor volumen y de corta vida circulaban satisfaciendo las necesidades alimenticias de la población: cereales y vino se intercambiaba cada vez a mayor escala, junto a mercancías del orden de los tejidos, prendas de vestir y de la materia prima para su confección, la lana; en menor volumen: madera, brea, cuerdas y velas La expansión del comercio, que inicia desde el siglo X, fortalece las sociedades mercantiles como la Hansa, asociación de los alemanes que dominaba el comercio en el norte de Europa, o las comunas en el sur, dominado por los italianos y asentados en las poderosas ciudades de Génova y Pisa. Los italianos penetraron casi todo el comercio europeo hacia en el siglo XII, siendo conocidos como los "lombardos" en Francia donde muchos habían asentado sus centros de operación.
El aumento de la actividad comercial genera el florecimiento de centros comerciales que concentran, por su posición estratégica, el grueso de la circulación comercial y donde se asienta también, el grueso de los mercaderes: Génova, Pisa, Venecia, Florencia, destacan entre las ciudades italianas que tomaron la posta comercial de los siglos XI al XIV. Florencia aparece como la más importante, emprendedora y opulenta, que le permite acuñar en 1252, por primera vez en muchos siglos, el florín, moneda de oro que fue muy apetecida en el mundo comercial medieval. La emisión de moneda devela inequívocamente la existencia de un excedente del capital comercial convertido en capital financiero y manejado por comerciantes-banqueros que aumentaron su patrimonio usando de la usura. Flandes es otra ciudad en el noroeste de Europa, que destaca por su monopolio en la comercialización de tejidos y lana inglesa, rivalizando con las ciudades italianas que se dedicaban a los tejidos suntuarios de seda.
Inicialmente, el comerciante, el burgués, era un nómada que se desplazaba con su mercancía para ofrecerla en los diferente mercados, quienes, condicionados por la concepción estamental de la sociedad feudal, se vieron obligados a integrar asociaciones y a vivir en localidades o barrios donde se conocían y, de entre ellos, elegían a sus representantes, llamados "cónsules", similar a las comunas italianas, quienes eran los voceros de los gremios que conformaban, más que nada, para defenderse del abuso de las autoridades. Con el tiempo, por el siglo XII, los comerciantes más adinerados se volvieron sedentarios, y en su lugar enviaban agentes comerciales para cerrar los tratos. El volumen de negocios había crecido de tal manera que gran cantidad de intercambios se lo realizaba a través de asociaciones o empresas comerciales que habían derivado de dos formas: la commenda, encomienda, que era una asociación temporal de varios comerciantes que se unían por un fin específico, eligiendo de entre ellos un delegado que se movilizaba y a su retorno se dividían las ganancias según lo habían convenido previamente; y la asociación llamada Compagne, Compañía, inicialmente de naturaleza familiar, que tenía filiales distribuidas en otras ciudades que respondían a una dirección centralizada de la compañía madre, y por esa rigidez que impedía un desarrollo autónomo según las circunstancias de cada localidad, cayó al poco tiempo es desuso cambiando por una estructuración en filiales independientes y no necesariamente familiares, que se diseminan en todos los centros importantes. Por esta época se desarrollan varios instrumentos comerciales como la partida doble en la contabilidad, las cartas comerciales, los balances semanales, que se fueron perfeccionando y cambiando su presentación incorporando la variación cambiaria y de precios, la letra de cambio que funcionaba como un cheque certificado.
La artesanía es el modo principalmente urbano de producción, con el que se obtenían objetos de uso para satisfacer determinadas necesidades. Los artesanos invertían su capital y el conocimiento particular que explotaban, el cual se heredaba como patrimonio familiar. En el taller se aceptaba uno o varios aprendices mediante un contrato verbal en el que el maestro se comprometía alimentarlo y enseñarle el oficio, y el aprendiz, que generalmente ingresaba muy pequeño, se comprometía hacer todo lo que le mandasen.
Se contabilizaban, en las urbes mayores, hasta cien clases diferentes de oficios, y cada oficio, en cada ciudad, tenía una asociación cuyos miembros juraban defender los intereses de su gremio. Las asociaciones eran propietarias de sus bienes y la mayoría de los artesanos ponían su capital para trabajar. Al interior, y desde sus inicios, da cuenta de la discriminación según el tamaño de la bolsa de sus asociados, por lo que la democracia se ejercía según la capacidad económica de los miembros, siendo los más adinerados, quienes eran reelectos en los cargos. Su estructura era similar a las de las comunas italianas.
En ciudades como Brujas, Ypres y Florencia, miles de trabajadores se ocupaban en la industria textil, en una forma de organización llamada industria dispersa, que consistía en varios talleres que realizaban tareas específicas al mando de un artesano, pero sujetos a la dirección de un empresario-comerciante, que era el dueño final de los productos. Se calcula que en estas industrias daban ocupación desde el 35% al 50% de la población urbana activa.
Las actividades más desarrolladas eran: la metalurgia, especializándose la zona de Lombardía que era productora y proveedora de casi todas las armaduras de Europa; la construcción era otra actividad altamente especializada en la edificación de castillos, catedrales, murallas; la industria textil estaba ampliamente instalada en Inglaterra, en Flandes, especializada en tejidos de lana y en Florencia, con prendas finas con la seda importada de oriente.
Junto al mejoramiento económico aparece un renacer de ideas que viene del Islam victorioso y generador de la cultura de la época, que le permite a Europa retomar el contacto con todos los clásicos de la antigüedad, ampliando los limitados textos griegos y latinos que le quedaron tras el colapso del Imperio Romano de Occidente. Este afluir de las ideas abrió las universidades medievales en las que se desarrollaría en el siglo XV el pensamiento humanista y se abriría el campo a las investigaciones científicas que terminarían desarrollando nuevas tecnologías convertidas después en otras tantas mercancías. Las universidades, en el siglo XII, recibieron los aportes de sabios extranjeros como Avicena, genio musulmán que escribió más de 450 libros entre ellos “el Canon de la Medicina” en 14 volúmenes, que se utilizó hasta bien entrado el siglo XVIII como guía para los médicos europeos; como tampoco hay que olvidar del aporte de Al-Jwarazmi en el área del álgebra y la filosofía, o los aportes de culturas más lejanas, como la de China, que se hallaba en plena Edad de Oro, de la que recibió la técnica para la fabricación del papel, de la pólvora que se aplicó para la guerra, la brújula que sirvió para la orientación diurna y nocturna a la que se le agregó después el astrolabio que permitió el mejoramiento de las cartas marítimas con la implementación de coordenadas, el grabado sobre madera del que se derivaron los tipos móviles para la imprenta; de los árabes, de quienes se recibe la destilación con la que se obtenía el espíritu de los fermentos (el alcohol) técnica que estimuló el desarrollo de la Alquimia y las ciencias naturales. De las universidades surge la escolástica, como corriente filosófica que se sustenta en el conocimiento empírico; aparece lo gótico, corriente artística que se convierte en emblemática del medioevo que reemplaza lo románico; en lo religioso, sustituyen la interpretación platónica y agustiniana por los preceptos aristotélicos, más afines al pensamiento dogmático de la iglesia.
A fines del siglo XII, (1198) se nota un agravamiento de las tensiones entre la institucionalidad del sistema y las nuevas formas, incipientes aún, que proclaman la nueva clase emergente y a las que se oponen tenazmente la SMI y los poderes señoriales. El problema se agudiza en la rica región de Occitania, identificada con una lengua diferente por lo que se la conocía también con el nombre de Languedoc (Langue d´ Oc, Oc por Occitania) cuya excelente producción e intercambio de productos hacía florecer a todas las ciudades de la región permitiéndoles cierto grado de autonomía y decisión. Junto a esta prosperidad, también florecía una nueva concepción religiosa que tomó fuerza en la población, más que nada, debido a la evidente corrupción y decadencia que mostraba la iglesia católica, la que había perdido toda su credibilidad. Es significativo que entre otras diferencias dogmáticas, los cataros que así fueron denominados y que se traduce como "los puros", afirmaban que a la salvación no se llega por medio de la fe sino a través del conocimiento, deduciendo, a través de esta afirmación, el nacimiento de una tendencia nueva, o la apertura de una puerta hacia la verdad, la verdad objetiva, la que se puede medir, la que se puede reproducir: la verdad científica. Esta postura significó, en el año 1204, una cruzada contra los infieles del interior, convocada por el "queridísimo santo padre" Inocencio III, que de inocente tenía muy poco, quien, despertando la codicia de los señores feudales del norte de Francia, les ofreció las posesiones de los muchos señores del sur que comulgaban con las propuestas cátaras. Por la posesión de esa tierra se realizó la masacre de Béziers, donde fueron muertos todos, cataros y no cataros, siguiendo la directiva del delegado papal, Arnaud Amaury: "matadlos a todos, dios reconocerá a los suyos". La convulsión guerrera duró hasta el 1244, año en el que los señores de sur son derrotados por Luis IX quien se anexa todos estos reinos para la naciente nación francesa. Sin embargo, la herejía catara continuaba, y para exterminarla, la SMI creó su policía Secreta, su CIA, su MI5, su servicio de inteligencia, la SI, mejor conocida como la Santa Inquisición, que inició sus trabajos desde el confesionario, para detectar las redes de herejes y quemarlos lentamente con leña verde, previo al efecto propagandístico del juicio, del suplicio, de la confesión delatora, del Auto de fe, y así, matando a Sansón y a los que no son, terminó con la amenazante herejía, quedando dueña y rectora del pensamiento social.

V
Inicia el siglo XIV como si fuese una belle époque del medioevo. Desde el punto de vista señorial todo marchaba de maravilla: el comercio aumentaba, la SMI amansaba al rebaño, la SI perseguía a todo desdichado que tuviera alguna buena idea, el negocio de la guerra marchaba de maravilla. Para esos años, el aumento de la producción había enriquecido y afirmado a la burguesía, la que daba ya sus primeros pinitos en la manipulación del mercado, en el juego de la oferta y la demanda, en cómo ganar dinero comprando a la baja y vendiendo al alza. En este juego también participaban muchos señores feudales, quienes incrementaron las siembras de productos “más comerciales” en detrimento de los cereales que eran el sustento de la población campesina, condenando a millones de seres humanos a una dieta insuficiente que produjo una generación endeble y enfermiza, fácil presa de las enfermedades. Tal era el distanciamiento entre las clases, tal la insensibilidad señorial, tal la ambición, la codicia de unos cuantos privilegiados encumbrados sobre el resto de miserables de la especie humana, que no les importó el sufrimiento humano. Notemos que esta insensibilidad no es patrimonio de la burguesía sino de todo grupo de “elegidos” que se toma la dirección de la sociedad.
La hambruna generalizada se agravó por el cambio de clima, al trastocarse las cálidas condiciones que habían imperado en las últimas décadas, que incluso permitieron el cultivo de la vid en Inglaterra, por otras en las que el mal tiempo y el enfriamiento progresivo acabaron con las pocas siembras que quedaban para el sustento de los campesinos. Y como si esto no fuera poco, desde el año 1348 hasta el 1350, una peste, llamada la “peste negra” (la bubónica) se expande en toda Europa la que termina por matar a cerca de veintiocho millones de campesinos (la clase dominante, mejor alimentada y con mayores defensas, soportó casi inmune la enfermedad) que representaba cerca del 40% del total de la población europea. Como el motor de la economía feudal era la fuerza humana pues depende completamente del trabajo del hombre, al reducir ese motor su velocidad, se produjo un estado general de crisis que se manifestó en un aumento general de los precios, en un incremento del costo de las mercancías y del dinero, que en esencia es otra mercancía, en un derrumbe del poder adquisitivo del salario, lo que lleva finalmente al sistema a entrar en recesión.
La crisis social no demora en declararse. Los señores feudales terminan endureciendo sus exigencias sobre los campesinos sobrevivientes sobre quienes quieren recargar el total de las rentas señoriales que percibían antes de la crisis para mantener su nivel de vida. Esto desata levantamientos y revueltas como la Jaquerí, que fue un movimiento subversivo que estalló en la Isla de Francia, en el 1358, y que se extendió con rapidez por la Champagna, Normandía, Picardía y en París. Estor movimientos pretendían quitar del poder a los nobles por su incapacidad mostrada en la guerra y en el gobierno, pero fueron sangrientamente reprimidos. En 1381, hubo una sublevación similar en Inglaterra, dirigida por ciertos clérigos rebeldes que predicaban la igualdad social y la comunidad de bienes. También fue reprimida con sangre. En Italia este crack se manifiesta a través de la "compi" y en la Europa oriental con el movimiento de los "husitas". Toda esta convulsión termina por obligar a los señores feudales a renegociar las condiciones del contrato feudal ajustándolas a la nueva realidad económica logrando un entendimiento con los campesinos para continuar con el mismo modo de producción puesto que no existían en el momento, las condiciones objetivas ni sujetivas para legalizar al capitalismo. Sin embargo, era fundamentalmente la institucionalidad feudal la que sobrevivía, puesto que el capital, y los burgueses, afianzan su poder en la estructura floreciente de la corte real y del estado absolutista, tomando fuerza la empresa individual que incursionaba en el comercio y en las finanzas públicas.
En las ciudades los enfrentamientos entre nobles y plebeyos se refleja en el antagonismo entre el capital financiero en manos de una aristocracia liberal que prefería invertir en la compra de tierras, negocio de rentabilidad más segura, frente al crédito que requerían los artesanos y comerciantes, para la producción de valores de cambio, debido a la quiebra del mercado pues la escasez del medio de cambio determinaba una reducción del intercambio. Esta situación no mejoraría de inmediato, durando más de dos siglos en volver a tomar impulso.
En lo político, la realeza se quiere aprovechar del momento de debilidad del poder señorial para apropiarse de sus territorios que reclama como suyos, amparándose en el derecho romano. Inicia una serie de guerras para romper el monopolio político-cultural del señor feudal, con el apoyo de sectores de la alta burguesía que financian estas guerras consolidando una alianza que se mantendría vigente hasta los tiempos de la revolución francesa, y se evidencia en el voto de los girondinos en contra de la pena de muerte al rey, lo que los devela a los ojos del pueblo como parte de las clases dominantes. Estas guerras desangran más la economía que se sume en un largo período de recesión del que recién se saldrá a mediados del siglo XVI, revitalizado en gran medida por el oro y la plata de América. Por el momento, el poder real salió fortalecido apoyando las demandas populares contra el asedio señorial, convirtiendo a la corte y a la ciudad en los nuevos centros políticos y culturales de la economía feudal, consolidándose la centralización administrativa y la instauración de la monarquía absolutista, forma que asumirá el estado medieval, en la larga agonía del feudalismo hasta su muerte definitiva y violenta, a finales del siglo XVIII, bajo la afilada cuchilla de la guillotina.
Este nuevo orden absolutista es una primera victoria para la burguesía que, libre ya de las limitaciones morales, pero enmascarada todavía con el dogma cristiano, da rienda suelta a sus potencialidades, iniciando una batalla campal en el área de las ciencias naturales con el aporte de importantísimos pensadores, científicos e investigadores que van desbrozando el camino del conocimiento científico, para socavar, primero, el poder terrenal de la SMI y luego, por interés mercantilista, ya que nuevas mercancías son el resultado de los avances científicos y tecnológicos. Se beneficia del aporte de intrépidos exploradores que circunnavegan el globo terráqueo, dibujando una nueva cartografía que permite llegar a todas las regiones del planeta y descubrir otras tierras que son inundadas de mercancías, generando un aumento de la demanda que presiona en los centros de producción en los que se desarrolla una organización más eficiente del trabajo colectivo que retro alimentan positivamente el sistema y aumenta el poder de la burguesía, la que, empujada por la necesidad, termina desatando las gigantescas fuerzas productivas que tiene el ser humano, en base de las cuales, y luego de crecer geométricamente por tres siglos, reclama su derecho a la dirección política de la sociedad, derecho que lo toma con una violencia nunca antes vista, en un proceso de terror revolucionario que duró diez años. Hay que precisar que todos los adelantos tecnológicos son resultado del quehacer del hombre, de la cultura humana, y más que a la clase burguesa pertenecen a la humanidad entera. Por el momento la conciencia política se desarrolla sobre grupos humanos pues hasta ahora la humanidad no desarrolla su conciencia de especie; todavía no nos reconocemos como una especie natural en un universo, para nosotros, infinito, y por tal razón, aún mantenemos una organización social imperfecta, que no logra resolver con justicia las necesidades básicas de sus miembros.

BIBLIOGRAFÍA

Las siguientes son las palabras claves para acceder a las fuentes que sirvieron de base para el presente Ensayo Histórico

Avances Tecnológicos de la Edad Media
Revolución del Siglo XII
Burgo
Guilda
Cruzadas
Segunda Cruzada
Tercera Cruzada
Cuarta Cruzada
Quinta Cruzada
Sexta Cruzada
Séptima Cruzada
Octava Cruzada
Cruzada Albigense
Reconquista
Arte Románico
Avances Tecnológicos XI-XII
Tema 26
Regímenes Comunales
Italia en la Edad Media
Aproximación a los movimientos sociales en la baja Edad Media
Vida en Comunas
Hechos Societarios
Historia de la Economía
Historia medieval
Bizancio
Historia de Bizancio
El Imperio Griego de Bizancio
El Imperio Romano de Oriente
Imperio Romano de Occidente
Fin del Imperio Romano de Occidente
Imperio Romano
Imperio Sasánida
Guerras Romanos Sasánida
Crisis del Siglo XIV
Comunas Italianas