El legítimo derecho a la insurrección. Trump santifica las protestas.

(Víctor Manuel Ramos)

La prensa nacional está lamentándose quejumbrosamente por los destrozos que se han cometido durante las manifestaciones pacíficas convocadas por la Alianza contra la dictadura y acuerpadas por el pueblo opuesto al fraude electoral montada en vivo y a todo color en la televisión y a la ilegal reelección de JOH. Ya la Alianza ha hecho múltiples explicaciones de que los violentos no son parte de los convocados por la Alianza, sino que se trata de infiltrados enviados por el gobierno, como se puede comprobar por las evidencias de las fotografías que circulan en las redes (La Tribuna publicó una fotografía de un exalumno mío, solapado en el BARM y que apareció en las panillas del General y le acusa de ser responsable de los destrozos). Pero la prensa alquilada insiste en hacer valer su falsedad, como es el caso del chico que va a ser extraditado, que los periodistas comprados por el gobierno insisten en presentarlo como excandidato de una de las planillas de La Alianza, muy a pesar de que se sabe es un militante del Partido Liberal inscrito en una planilla de integración entre los dos partidos.

Además, estos periodistas domeñados por las coimas que ofrece el gobierno muestran un dolor conmovedor por las pérdidas en este o aquel negocio, en el Hotel Marriot, pero no sueltan ninguna lágrima, ningún lamento por los más de treinta jóvenes hondureños asesinados por los militares durante las manifestaciones. Lo otro es que las protestas devienen en violentas luego de que los militares arremeten en contra de los manifestantes para impedir, de esta manera violenta de irrespeto a los derechos humanos, el cumplimiento de la población a la protesta y a la insubordinación que le garantiza la Constitución de la República, porque tales protestas, pacíficas o violentas, no son más que la respuesta del pueblo en contra de la farsa electoral y de la violación de la Constitución mediante el irrespeto a la voluntad expresada en las urnas y a la prohibición de la reelección. Pero sobre todo en respuesta a la violencia ejercida por el Estado.

Si el señor Juan Orlando no hubiese violado la Constitución y si el señor Matamoros Batson no hubiese ejecutado un fraude evidente en las elecciones, Honduras estaría en paz, con tranquilidad, esperando la toma de posesión del nuevo presidente legítimamente electo Salvador Nasrralla y lleno de esperanza para superar muchos de los problemas que aquejan a Honduras y que se han profundizado durante el gobierno tiránico que preside JOH.

Con motivo de estas manifestaciones populares algunos sectores, ligados a la elite corrupta gubernamental, están horrorizados por la respuesta valiente y patriótica del pueblo frente a la arbitrariedad y el fraude electoral y claman por la paz. Pretenden, empresarios acomodados, curas y pastores subvencionados por el Estado represor, militares traidores a la Patria, ONGS traficantes con dineros destinados a los pobres, que los hondureños nos callemos y aceptemos lo inaceptable para tener la paz que ellos desean y que les permitiría seguir pegados a la teta de la corrupción, de la cual no mana leche sino pus.

Un empresario sensato, en un documento interesante publicado en las redes, ha advertido, con buen tino, lo que pasará en Honduras si no hay rectificación; si las iglesias siguen bendiciendo el fraude y la ilegalidad, si los militares siguen cometiendo asesinatos e incumpliendo el mandato que les da la Constitución, si los sindicatos dirigidos por seudo líderes corruptos siguen descalificados por sus bases, si los partiduchos sin militantes siguen plegados al poder que los corrompe. Dice Fito Facussé, si todo esto ocurre, la conmoción será mayor y no habrá ejército ni policía que la detenga.

Entonces la ley, la ignorada por jueces y fiscales arribados a esas posiciones también por la vía de la deshonestidad, caerá pareja y justiciera, como está ocurriendo en muchos países del mundo, con el apoyo de la comunidad internacional (la parte de esa comunidad que ya arribó al estamento de la decencia).

Toda esta violencia, repito, no sería posible si no hubiese barricadas de militares oponiéndose al avance de los marchistas; si los militares, en vez de estar en los cuarteles o tras la pista de JOH por su delito de lesa Constitución, no estuvieran en todo el país con retenes militares para obstruir la libre expresión del pueblo a la que, reitero, tiene legítimo derecho. Honduras no es un país en guerra y los militares (ya demostraron su incapacidad para defender al país durante la guerra del El Salvador y que tuvieron que inventar historias falsas de heroísmo, pues quien realmente detuvo a las tropas invasoras fue la OEA mediante un alto al fuego), ahora vuelven a perder el respaldo del pueblo porque se han convertido en sus enemigos, en los custodios no de la patria, la Constitución y el pueblo, sino de la camarilla que nos gobierna al margen de la ley.

No puedo dejar de destacar la doble moral que en todo esto aplican los tiranos y la prensa adocenada. Si somos asiduos de las noticias internacionales, ya sean en los medios hondureños o en los internacionales, casi todas las manifestaciones de protesta en contra de los gobiernos terminan en violencia en el mundo. Y la violencia se desata cuando intervienen los policías: ahí están los ejemplos en Panamá, en Guatemala, en México, en Brasil, en Argentina, en USA, en España, en Francia, en Irán, en Chile, en Venezuela, en Rusia. Ah, pero lo que ocurre en Venezuela y en Irán si es patriótico, a esos que causan destrozos, que incendian a personas, que destrozan bienes del Estado y autobuses hay que apoyarlos. Eso incluso lo ha dicho Trump con motivo de las protestas en Irán, como lo ha dicho en sus twits, y abiertamente, el mismo presidente norteamericano, apoya las protestas de los guarimberos en Venezuela; de estas expresiones de apoyo a la violencia en esos países están colmados nuestros medios de prensa. Pero aquí en Guaymuras eso no es admisible, según estos medios domeñados, aquí lo que queremos es la paz que imponen las bayonetas, los gases lacrimógenos, los garrotes y el uso indebido de los fondos nacionales del pueblo destinados a reprimir al legítimo dueño de los destinos de Guaymuras como es el pueblo, pues es de sus bolsillos que salen los impuestos.

En qué quedamos, entonces: en que las protestas, pacíficas o violentas, como respuesta a la represión son un derecho del pueblo que ha dicho basta al terror, a la violación de la ley, al fraude electoral y a la tozudez de un presidente que quiere seguir desgobernando a pesar del rotundo no que le ha dado el pueblo en las urnas. Y en uso de ese sacrosanto derecho el pueblo continuará en las calles hasta lograr su objetivo de ver al tirano fuera.