EL KIRCHNERISMO, NUEVA ETAPA PERONISTA.

(OMAR DALPONTE)

Con el kirchnerismo nacido en el año 2003, aún vigente y en el centro de la escena política, se ha iniciado una nueva etapa en la historia del movimiento nacional peronista. A partir de aquella fecha el desarrollo de esta corriente orientada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, fue recuperando las mejores tradiciones sintetizadas en las tres banderas históricas del peronismo : Justicia Social, Soberanía Pólítica e Independencia Económica.

Con el advenimiento del kirchnerismo llegó un aire fresco que cambió el clima de nuestro país hasta entonces sumergido en la desesperanza. Un salto de calidad en todos los ámbitos de la República comenzó a notarse ni bien encarnó la impronta de Néstor Kirchner.

Felizmente, debido a diferentes acontecimientos ligados a la acción de los dos gobiernos kirchneristas, nos toca vivir un momento excepcional. Este instante, por cierto, anuncia la posibilidad de una profunda y fenomenal transformación política, social y cultural en la Argentina. La tragedia que significó el fallecimiento del ex presidente también tuvo una influencia decisiva en el despertar de amplios sectores de la sociedad que comprendieron , valoraron su liderazgo y tomaron conciencia de la necesidad de cambios en nuestro país. Esta actitud asumida por muchísimos argentinos es, en la actualidad, comparable -salvando las diferencias - con el ánimo colectivo de los días posteriores al glorioso octubre de 1945.

Este proceso de repolitización (valga la palabreja) luego de sucesivas frustraciones ocurridas durante décadas, no es ajena a la aparición en escena de un presidente militante y transgresor capaz de concitar la atención de adolescentes entusiastas, veteranos que no se resignaron a terminar en el "almacén donde van los que tienen pérdida la fe " y de sectores de la sociedad que no veían otra salida alternativa a los aeropuertos. Sin dudas este tiempo marca un punto de inflexión estética que no figuraba en los libros de ningún analista. Ni siquiera en aquellos que, por años, sirvieron de consulta a los más optimistas "pronosticadores".

Es innegable que ha renacido un fervor participativo inimaginable en épocas del "que se vayan todos". Entusiasmo que se ve alimentado por la presencia de un gobierno que, en contraposición a los anteriores, impulsa a la acción contra resortes fundamentales de la dominación, le da consistencia ideológica a su gestión y revive la mística en las masas casi quebradas por la enfermedad terminal que trajo el neoliberalismo, hijo dilecto de la tenebrosa dictadura militar y sus socios civiles que reinaron hace tres décadas.

Ese neoliberalismo, otrora con anclaje fuera de nuestro país, desplazado del poder formal en el año 2003 sigue en acecho pero tropieza con dos escollos no menores: (a) La existencia de un gobierno fuerte que expulsó al Fondo Monetario Internacional y decidido a no aflojar en la profundización del proyecto nacional en marcha. (b) La situación internacional completamente diferente a la de la década de los años noventa. Hoy el mapa político latinoamericano no es el mismo de los tiempos del Consenso de Washington. Están afirmados varios gobiernos progresistas, la OEA (Organización de Estados Americanos) carece de la influencia y el poder de antaño y la presencia de la UNASUR posibilita la integración entre nuestros pueblos hermanos.

No obstante el marcado avance que algunos países latinoamericanos hemos logrado en el transcurso de esta última década, debemos tener en cuenta que aún estamos en el principio de una larga lucha por la liberación definitiva de nuestros pueblos. El sistema capitalista, a excepción de Cuba, sigue intacto en todo el continente y todavía estamos lejos de resolver temas centrales como la reforma agraria, por ejemplo.

En nuestro caso particular estamos a escasos meses de una elección que será fundamental para el desarrollo futuro de la Argentina. Si bien en estos días el peronismo kirchnerista está plantado en la escena nacional como una fuerza con grandes posibilidades electorales, advertimos que necesita fortalecer determinados flancos aún no suficientemente galvanizados para afrontar los tiempos que vienen.

Creemos que a once años de iniciado el siglo veintiuno nuestro peronismo requiere el estudio profundo de su ideología - cuya matriz se halla en las Veinte Verdades Peronista - y un conocimiento acabado de su doctrina: EL JUSTICIALISMO. La juventud, como sujeto político vital y activísimo que actualmente se suma al punto de partida de un nuevo proceso histórico, requiere los elementos teóricos para elaborar las ideas, el discurso y la acción que deberán oponerse a las ideas, el discurso y la acción de las clases hasta ahora dominantes.

(próxima nota: De Kichner a Díaz Pérez)

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