El Estado en la Transición al Socialismo

(Felson Yajure)
01/10/2017.

Conocido es que la contradicción entre los que viven de su trabajo y los que viven del trabajo de los demás, es antagónica (capital vs trabajo), es decir, irreconciliable, mientras más gana uno menos gana el otro, e históricamente esa contradicción se ha resuelto mediante la violencia, y/o el potencial para realizarla (y aún es así). Podemos considerar como una etapa de esa lucha; desde la antigüedad, desde la aparición de las clases sociales, desde las luchas de los esclavos hasta la aparición de la lucha por el Socialismo hasta la desaparición del llamado Bloque Soviético; con la caída del muro de Berlín, cuando ya los pueblos que luchaban por construir un nuevo tipo de sociedad, no contaron más con el apoyo de ese bloque. Lo anterior trajo el afianzamiento de la llamada “globalización”, con la consolidación de un mundo unipolar, con un hegemon (como lo llaman algunos afamados analistas) que hace de policía mundial del capital trasnacional (a riesgo de cometer una perogrullada, claro me refiero al Gobierno de Estados Unidos); como el fin de esa etapa de la lucha de clases. Ello ocasionó la afirmación de Fidel, de que la época de las revoluciones violentas y armadas, por el socialismo había finalizado.

Si consideramos cierta esa afirmación, ese fin de época, abre una nueva, la de las revoluciones o transiciones al socialismo, principalmente, pacíficas, o de acceso al poder político de los pueblos por vía electoral, como en la República Plurinacional de Bolivia, o el segundo período de los Sandinistas en Nicaragua, iniciado en el 2007. Y digo principalmente pacífica, porque en toda lucha de clases, cuando las clases dominantes, ven amenazado su dominio, recurren en forma masiva y descarada a la violencia, que antes ejercía en forma más solapada. Así, aunque el pueblo trate de realizar un proceso democrático, pacífico, el asesinato de líderes campesinos o dirigentes sociales, para los privilegiados y sus mercenarios, está a la orden del día, es decir, no hay transición completamente pacífica o democrática, hay son formas dominantes de lucha. Y la coyuntura internacional es altamente influyente, en la definición de los métodos de lucha. Pero, en política el momento es crucial, lo que no se logra en un momento político, bien puede lograrse en otro. Este tipo de transiciones principalmente pacíficas se originan con la asunción del poder político por vía electoral por parte del pueblo. Y es que en el mundo actual no hay otra. La existencia de un mundo unipolar y capitalista hace prácticamente obligada la necesidad de recurrir a la vía electoral para asumir un proceso de transición al Socialismo.

Ahora lo intentamos en Venezuela. Donde la conocida afirmación de que la transición al Socialismo es un largo período de lucha cruenta, pacifica y no pacífica, legal, semi-legal e ilegal, de avances y retrocesos, de zig zags, rodeos, asedios, guerra de cualquier generación y tipo, etc., está más vigente que nunca. En la praxis social es cuando toma mayor vigencia eso de la combinación de las distintas formas de lucha. Y siempre teniendo claro, que ante la arremetida violenta del capital nacional y trasnacional, una cosa es llegar y otra mantenerse. La vía predominantemente pacífica es más difícil, larga y ardua, lo vemos en Venezuela donde las trasnacionales, en una lucha de doble cara, como siempre ha usado, por un lado negocian, y por otro dictan a la oposición “venezolana” la suspensión del diálogo.

En esta época o etapa, al igual que en cualquier otra, debemos tener presente que la sociedad socialista, y consecuentemente, la transición hacia ella, no sucede espontáneamente, es una construcción consciente de las masas, o sea, del pueblo y su vanguardia política. Lo cual, implica una acción consciente, irrealizable sin formación. De allí que, la formación político-ideológica es el eslabón al que bien podría aplicarse el dicho de Lenin, en su indispensable obra “¿Qué hacer?, al señalar: “Todo el arte de la política se reduce a encontrar y agarrar tan fuerte como se pueda el eslabón que menos pueda ser arrancado de nuestras manos, el que en un momento dado es el más importante, el que por encima de todo garantiza a su poseedor la posesión de toda la cadena”. La formación política es ese eslabón que permite avanzar en la construcción de un nuevo tipo de sociedad, no hay otra.

El Gobierno ha promovido una Asamblea Nacional Constituyente, como una opción de avance, que pone en las manos del pueblo la continuidad del proceso, pero tal medida, si bien luce en lo inmediato acertada, sin formación no es comprendida plenamente por amplios sectores populares. Y ha estipulado que el apoyo y acompañamiento a dicha Asamblea, y la formación política, sean actividades transversales de toda acción. Creo que, acertadamente, se ha ayudado a amplios sectores populares a entender el carácter de clase de la lucha, se ha creado algo de conciencia, pero se ha generado una conciencia inmediatista, que no permite asimilar aspectos de la lucha más mediatizados por la conciencia capitalista que se ha incubado por décadas en la población a través del Estado capitalista, de la familia, las amistades, así como de los medios de comunicación o de deformación (principalmente tv y prensa). Y esa conciencia no es duradera, no esta consolidada, sustentada en un conocimiento de fondo, y en mucho, se sigue estimulando la vinculación emotiva con el proceso.

Es necesaria una formación sistemática de conciencia social en los sectores avanzados de la población, que no se ha hecho. En esta materia se ha designado a más de un responsable, en el PSUV, y ninguno ha dado pié con bola. Los programas de Chávez (aló Presidente teóricos) no eran la solución a un problema que requiere la formación sistemática territorial y sectorial (en las instituciones del Estado). Un programa no lo ven todos. Tal parece que intereses diversos han influido en que no se cree verdadera conciencia política sobre el socialismo científico y sus principios (valores éticos y teóricos) en las mayorías. Así como consciente debe ser la construcción del Socialismo, metódica y continua debe ser la formación política de los sectores avanzados.

Otra línea transversal a toda actividad por la construcción de una nueva sociedad, la socialista, debe ser la creación de Poder Popular, es decir, de Poder Constituyente permanente. Como permanente debe ser la Participación Protagónica del pueblo. Lo cual, debe estar en la nueva Constitución, una Constitución que debe ser carta de navegación hacia la construcción del Socialismo. Que en forma clara y taxativa garantice el no retorno al capitalismo, y eso sólo puede garantizarlo un Poder Popular con formación política revolucionaria.

No puede existir participación protagónica popular sin crear un nuevo Estado. Una bicicleta puede destruirse a martillazos o desarmándola. Es en ese Estado heredado donde se apertrecha una parte esencial de la ideología capitalista, y del burocratismo, los traidores y traidoras, a lo Velásquez Alvaray, Rafael Isea, Luisa Ortega y paremos de nombrar. Es ésta la dificultad de toda Revolución: acabar con un Estado que funge como separación entre el poder y el pueblo, al mediatizar las posibilidades de un efectivo Poder Popular. Un Estado que casi no participa en la formación política, más allá de un programita de tv aquí o allá, es un Estado que no está plenamente al servicio de la construcción del Socialismo.

El Estado, como bien lo señaló Lenin, es un instrumento de dominación de clases, entonces usémoslo. Soy completamente, contrario (aunque la respeto porque en ello les va la vida) a la visión Zapatista de un pretendido “cambiar el mundo sin tomar el poder”. El Estado es un instrumento, y como tal, puede ser usado de diversas maneras, dependiendo de la visión de quienes lo dirigen. No creo que un Estado de nuevo tipo, deba ser sólo para que sus funcionarios o Servidores Públicos, sólo marchen y acudan a actos. Fui delegado electo al Congreso Fundacional del PSUV, y allí hubo discusiones sobre cuál debía ser el papel de las llamadas patrullas sectoriales y su relación con las territoriales. Pero esas discusiones no llegaron a donde debían llegar. He venido lanzando la propuesta de que así como existen Oficinas de Atención al Ciudadano o al Usuario, en cada institución pública, existan espacios de formación política, sin la cual, toda ayuda material será asistencialismo, repartición de cemento, cabillas, canaimas, becas, etc., a veces necesaria por urgencia, pero no deseable como política. Y la conciencia, bien gracias. El día que falten los regalos vendría el voto castigo por no dar más regalos, la única manera es crear conciencia política. Así los Servidores Públicos serán integralmente eso, Servidores del Pueblo, un verdadero ejército

al Servicio no del Estado en si mismo, o de alguna clase dominante, al servicio de un sistema, sino, al Servicio del Público, del Pueblo.

Es indiscutible que la militancia en una patrulla sectorial o institucional, es distinta a en una territorial, y es que en la sectorial, aunque se esté en un Estado de transición, debe garantizarse que el Estado funcione y cumpla su cometido. Al inicio de la transición al socialismo, estamos en una sociedad dominantemente capitalista, así de sencillo. Eso impone a las autoridades de las instituciones jerarquizar bien las tareas administrativas con las políticas, las cuales usualmente se solapan. Mientras no haya una emergencia de primer orden que atente contra la estabilidad del Estado, deben cumplirse las administrativas. Las instituciones deben cumplir las metas para las cuales fueron creadas. Pero, cómo armonizar la satisfacción de necesidades de la población, con el deber que tienen los integrantes de esa institución de transformar cualitativamente la institucionalidad de la cual forma parte. No es fácil, pero el quid de la cuestión está en preparar en todo momento posible, esa transformación institucional, creando conciencia política, abriéndole cauce a la participación protagónica popular, no de los opositores de la transición, ni siquiera a los llamados “ni ni”; deben abrirle cauce a la participación de quienes conformen patrullas revolucionarias y apoyen el proceso.

Cómo hacer eso. Como he señalado, deben crearse estructuras participativas para la formación de conciencia política, por pequeño que sean los grupos, debe apoyarse y motivarse su constitución, para que sean foco de irradiación de la conciencia (recordemos que al inicio de la transición, por estar en una sociedad dominantemente capitalista, el personal poseerá una ideología predominantemente capitalista), por lo cual, la experiencia o acción política debe ser constantemente sistematizada para irla adecuando a las exigencias. El desarrollo y crecimiento de las patrullas, y sus integrantes, no será en modo alguno lineal, al igual que en la sociedad, habrán avances y retrocesos, estancamientos, triunfos y derrotas. Lo importante es la constancia, la perseverancia, el no dejarse llevar o caer, en fatalismos o frustraciones (lo cual es estimulado por la ideología capitalista), sabiendo que así como a un árbol que se ve todos los días no se advierte su crecimiento, la nueva conciencia se irá abriendo paso, lenta pero constante, y en su momento, los cambios cuantitativos producirán cambios cualitativos.

Las patrullas sectoriales no deben ser sólo para la movilización, sino verdaderas columnas del nuevo Estado, y con el apoyo del Poder Popular, soporte de la Contraloría Social y Fiscalización, para la elaboración de los Planes Operativos Anuales institucionales, y su seguimiento, para la incorporación del pueblo organizado en la gestión del Estado. Los Consejos de Trabajadores no deben ser multitudes amorfas, pueden conformarse en patrullas sectoriales. Hay que ser creativos, crear formas organizativas según las necesidades de cada momento. La ley de los Consejos de Trabajadores es una tarea pendiente que bien puede abordar la Asamblea Nacional Constituyente.

Así, incorporando al pueblo al Estado, a su gestión, y con rendición de cuentas, no a superiores administrativos, sino al Poder Popular. Si no hay poder de decisión no hay verdadero poder. Tenemos que desarrollar la teoría y la práctica de nuevas formas de organización social, política y económica, tanto para la ruptura con el rentismo como para la creación socialista. Que esto generará resistencia, claro, siempre hay quienes se resisten al cambio. Pero, hacia allá debemos marchar y a paso redoblado. No podemos construir el Socialismo con pañitos tibios.

Esto si sería un profundo Golpe de Timón en el Estado.