El contrasentido de la memoria: asesinatos en Colombia y Paz?

(María Fernanda Quintero Alzate)
La lista de los muertos el fascismo no la cierra. Las instituciones del Estado y la alta criminalidad en Colombia hacen parte de esta ideologización. El número de asesinados, desgraciadamente aumenta como espuma de río, pero a diferencia de esta corriente la memoria no se desvanece. La memoria de los asesinatos, numerosos políticos, ministros y militares quisieran borrarla. El pueblo nombra los muertos de ahora, de ayer y los que estaban antes; estos nombres de líderes, ciudadanos aún viven en la memoria social.
El estado colombiano es un catalogador por el desorden de la vida, de la muerte, rantelizando las emociones. En su estilo estandariza la muerte y los registros de cifras sobre los crímenes realizados, bajo la cúpula de sus instituciones que van en un cauce: legitimización del mercado político con los grupos económicos. Esta homogenización de imponer el miedo, el terror se extiende para la construcción del escenario en las lecciones que se avecinan de alcaldes y gobernadores hacia el año 2019. La señal política es comprometedora en crímenes terribles y de graves violaciones de Derechos Humanos, Colombia muestra un rumbo político de régimen represivo en un primer lugar, una continuidad paramilitar nada disimulada y en segundo lugar, un proceso de paz quebrado bajo un estado que no cumplió el acuerdo de paz con los combatientes de las Farc-Ep. Un remedo de paz, de traición, odio y de segregación política por parte del estado. El pueblo en Colombia tendrá grandes retos y las opciones son duras, será un gran desafío a la oposición política en Colombia, en relación a lo que asegura el nuevo presidente Ivan Duque con su agenda de política pública y sus reformas sectorizadas en la justicia y las aplicaciones gubernamentales del territorio en relación al extractivismo, la fumigación de las plantaciones de hoja coca. El plan guerrerista Uribe-Duque, contra los planes de vida de los campesinos, afros, indígenas y ciudadanos trabajadores está apoyado por poderosos grupos económicos, facciones de partidos tradicionales y sectores de la población ligadas al “pater family” de su jefe Alvaro Uribe Vélez. Sin duda, la intervención extranjera en nuestro territorio por parte de Estados Unidos crece gradualmente; para los “facios criollos” en su condición nacionalista de derecha, el pueblo tendrá una revelación: la resistencia cívica de la población será urgente, ante ese fascismo ecléctico abonado por el malandraje, la delincuencia y la corrupción política.