EL CARACAZO Y SUS LECCIONES.

(Víctor Manuel Ramos)

Este 28 de febrero, los bolivarianos venezolanos, y el mundo entero debería hacerlo, conmemoran un año más del trágico caracazo. Se trata de una inusual protesta que se inicia en Guarena, una población cercana a Caracas, como protesta inicial por el aumento desmedido del precio del trasporte público. Esta medida era parte de un paquete de medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional a Venezuela, como medicina para superar la tremenda crisis económica derivada del endeudamiento que tenía con el agua al cuello al gobierno de Caracas y que era el resultado de la política antipopular y de sometimiento a los dictados del gobierno norteamericano que practicaba el bipartidismo con una fachada falsa de democracia, en la que solo contaban los de arriba, mientras los pobres y la gran mayoría de la población se debatía en una situación económica cada vez más desesperante.

Carlos Andrés Pérez, quien se había desempeñado como presidente populista, unos años antes, volvió a postularse y ganó las elecciones. El país estaba en quiebra y Carlos Andrés, que había tomado posesión e su cargo el anterior 2 de febrero de 1989, decide promulgar un paquetazo fiscal apoyado en las teorías neoliberales, cuyo impacto recaería, principalmente, en las capas populares de la población venezolana. Las principales medidas neoliberales anunciadas fueron: “someterse a un programa bajo supervisión del Fondo Monetario Internacional con el fin de obtener aproximadamente 4500 millones de dólares en los 3 años siguientes; liberación de las tasas de interés activas y pasivas en todo el sistema financiero hasta un tope temporal fijado en alrededor del 30%; unificación cambiaria con la eliminación de la tasa de cambio preferencial; determinación de la tasa de cambio en el mercado libre de divisas y realización de todas las transacciones con el exterior a la nueva tasa flotante; liberación de los precios de todos los productos a excepción de 18 renglones de la cesta básica; anuncio del incremento no inmediato, sino gradual, de las tarifas de servicios públicos como teléfono, agua potable, electricidad y gas doméstico; aumento anual en el mercado nacional, durante 3 años, de los precios de productos derivados del petróleo, con un primer aumento promedio del 100% en el precio de la gasolina; aumento inicial de las tarifas del transporte público en un 30; eliminación progresiva de los aranceles a la importación; reducción del déficit fiscal a no más del 4% del producto territorial bruto; congelación de cargos en la administración pública”.

El pueblo salió a las calles, principalmente en Caracas, pero también en otras ciudades importantes de Venezuela, para protestar por tales medidas y las protestas se fueron convirtiendo en violentas, pues los pobladores de las barriadas iniciaron el saqueo y el incendio de muchos negocios. El gobierno responde con la fuerza pública integrada por las Fuerzas Armadas, la Policía Metropolitana y la Guardia nacional. El Presidente Pérez decreta el estado de sitio y la represión provoca un saldo de unos 300 muertos, cifra que se supone es mayor por el ocultamiento de información por parte del régimen, de varios cienes de desaparecidos y más de un millar de heridos y lesionados.

El levantamiento popular se extiende hasta el 8 de marzo y solo fue posible calmar las aguas gracias a la tremenda represión ejercida por el recién instalado presidente Pérez y los cuerpos armados bajo su mando, en su calidad de presidente.

El gobierno se deteriora, se ve obligado a retroceder en gran parte de las medidas. A partir de ese acontecimiento heroico del pueblo de Venezuela, tan terriblemente reprimido, los bolivarianos fueron tomando conciencia de la necesidad de implantar cambios y reformas significativos en la administración del Estado para dirigir sus medidas fundamentales a superar la pobreza y la miseria y a elevar el nivel de vida de los venezolanos, que solamente miraban desde lejos los grandes beneficios que aportaba a la clase gobernante la explotación del petróleo, principal riqueza natural que, de acuerdo con la constitución, era pertenencia del pueblo. Debido a esta crisis política y económica agudizada, un sector del ejército, al mando del Coronel Hugo Chávez Frías, protagoniza en febrero de 1992 una rebelión con el fin de derrocar al presidente Pérez, intento que fracasa pero que pone en primer plano a su líder quien, como sabemos, más tarde será electo Presidente de Venezuela, República que fue rebautizada como República Bolivariana de Venezuela.

El gobierno del Comandante Hugo Chávez pone en práctica severas medidas para hacer partícipe al pueblo de sus derechos, para elevar su nivel social y económico y para hacerle participar en las grandes decisiones en la conducción del Estado.

Múltiples dificultades enfrenta el Presidente Chávez, dificultades provocadas por la oligarquía “pitiyanqui” que ha sido desplazada de la conducción del gobierno, pero sobre todo de parte del gobierno norteamericano que siente que ha perdido un socio fundamental que le suministraba petróleo con un margen de grandes ganancias, en detrimento de la economía de los venezolanos.

Fallecido Chávez, Comandante eteno, le sucede el presidente Maduro, contra quien arrecia la oposición y el gobierno norteamericano y algunos otros gobiernos latinoamericanos como europeos, mientras que algunos países de la región se hacen de la vista gorda, frente a la hostilidad en contra del gobierno legítimo de Caracas.

Sirva la conmemoración de este acontecimiento heroico del pueblo bolivariano de Venezuela para que nos sentemos a reflexionar sobre las graves consecuencias que ha traído a nuestros países la dominación que ejerce el Fondo Monetario Internacional sobre nuestras economías que ha conducido a la profundización de la pobreza de nuestros pueblos y al sometimiento de nuestros países al poderío de las finanzas internacionales.

Gloria al bravo pueblo…