EL 19 DE ENERO DE 1906 MORÍA BARTOLOMÉ MITRE Y NOS DEJABA EL DIARIO LA NACIÓN.

(Osvaldo Vergara Bertiche)
“El hombre que hizo de la historia y la política la razón decisiva de su existencia no podría permitirse la licencia de renunciar a seguir gravitando con sus ideas”, así lo señala el artículo de hoy, en su homenaje, el medio que fundara, aquél general que no ganara una sola batalla.
No hablaremos de Mitre, ya lo hicimos. Pero sí de su “guardaespalda”, cuyo director en tiempos del Proceso genocida se apropiara de Papel Prensa, junto a “Clarín” y “La Razón”.
Lo ocurrido el 2 de noviembre de 1976 sigue impune. En las oficinas del diario La Nación, Florida 343 de la C.A.B.A., un grupo empresario que estaba construyendo una fábrica de papel para diarios fue obligado a “ceder” sus acciones a los tres diarios más importantes del país, aliados en ese proyecto a la Dictadura militar más sangrienta de nuestra historia. Una historia escalofriante de robo, tortura y muerte y que diera origen a la hegemonía monopólica comunicacional.
Señala Ari Lijalad que “entrado el siglo XX Argentina era uno de los países con mayor circulación de diarios del mundo, pero llevaba décadas importando su insumo básico: el papel. El mismo Roberto Noble, fundador de Clarín, planteaba la cuestión en 1960, cuando publicó su libro Argentina Potencia Mundial. Allí, Noble trazaba seis de prioridades (siderurgia, caminos, transportes, carbón, energía y petroquímica) que consideraba necesarias para que la Argentina fuera potencia mundial en 1985, año para el cuál vaticinaba una población de 65 millones de habitantes y una tirada de diarios de 6 millones de ejemplares. Ni estas ni otras previsiones de Noble para 1985 se cumplieron, pero en el mismo texto advertía que para ese entonces los diarios argentinos serán abastecidos de papel por la propia industria papelera argentina. Noble falleció el 13 de enero de 1969. Pero esa obsesión, repetida en editoriales de Clarín y compartida por otros dueños de diarios, comenzó a tomar forma a los pocos meses de su muerte, cuando el 11 de agosto de ese año el dictador Juan Carlos Onganía dispuso, por medio de la Ley 18.312, la creación del Fondo para el desarrollo de la producción de Papel Prensa y Celulosa, al que todos los diarios tenían que aportar un impuesto del 10% aplicado a la importación de papel. La dictadura llamó a licitación de una fábrica de papel, pero ningún oferente cumplió los requisitos. Los militares, ya con Alejandro Agustín Lanusse al mando, decidieron adjudicarles la obra directamente a la firma Papel Prensa SACIFyM, integrada por César Augusto Civita, César Alberto Doretti, Luis Rey y la Editorial Abril”.
Agregando que “A finales de 1973 entró en escena el grupo Graiver, a través de Rafael Ianover”.
Este comienza a comprar acciones de Papel Prensa. Todo con el apoyo de José Ber Gelbard, por entonces ministro de Economía del tercer gobierno peronista. Para agosto de 1976 el grupo Graiver tenía el control absoluto de Papel Prensa.
Para validar la transferencia se realizaría una Asamblea el 3 de noviembre de 1976. Un día antes, todo cambiaría. Dudi Graiver murió en un dudoso accidente de avión el 7 de agosto de 1976, mientras viajaba de Estados Unidos a México. En medio de aquel drama familiar, Lidia Papaleo, viuda de Graiver, pidió una reunión con Videla, pero se la negaron. Los genocidas tenían otros planes para Papel Prensa.
Entre la muerte de Graiver y el robo de Papel Prensa hubo un juego de pinzas orquestado entre los diarios y los militares. Los medios comandaron una feroz campaña contra Graiver y sus negocios.
En un importante aporte, Ari Lijalad, dice: “El gobierno militar atormentaba a la familia para que vendiera la empresa con misivas que llegaban a través del capitán de navío Francisco Manrique, ex ministro de Bienestar Social de Lanusse, y de Pedro Martínez Segovia, a quien Graiver había colocado como Presidente de Papel Prensa y que era socio del ministro de economía dictatorial José Alfredo Martínez de Hoz. A Lidia Papaleo también le llegaron mensajes por medio de su abogado, Miguel de Anchorena: los militares querían que vendiera Papel Prensa a Clarín, La Nación y La Razón”.
La dictadura quería deshacerse de un socio incómodo para así usarlo como prenda de cambio para el silenciamiento de sus crímenes.
Papel Prensa fue el pilar fundamental para que Clarín, La Nación y La Razón, reingresaran al mercado con solvencia económica, y con un poder mediático para ser un actor fundamental en la política antinacional y al servicio de los intereses oligopólicos y oligárquicos.
Desde hace bastante tiempo el mensaje de estos medios se realiza mediante una “guerra psicológica” contra el Pueblo, pero en el caso de “La Nación” sigue siendo, además, una “Tribuna de Opinión” reaccionaria, que fundamenta la historia mitrista, que desde siempre han sido falaz y de ocultamiento.

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