EDUARDO DUHALDE Y SU HISTÓRICA FRASE: LOS ARGENTINOS ESTAMOS CONDENADOS AL ÉXITO.

(Hernán Andrés Kruse)

En una entrevista concedida a Jorge Fontevecchia el ex presidente de la nación Eduardo Duhalde rememoró una frase que quedará registrada en los libros de historia: “los argentinos estamos condenados al éxito”. Lamentablemente lo que aconteció en el país desde la caída de De la Rúa a la fecha desmiente semejante afirmación. En realidad, la frase debería ser la siguiente: “los argentinos estamos condenados a cometer los mismos errores” o, si se prefiere, “los argentinos estamos condenados a suicidarnos periódicamente”.

Duhalde fue elegido presidente de la nación el 1 de enero de 2002 luego de una maratónica sesión en el Congreso. Llegó a la Casa Rosada de la mano del ex presidente Raúl Alfonsín cuyos legisladores le garantizaron al bonaerense los votos necesarios para obtener una cómoda victoria en la Asamblea Legislativa. En ese momento la Argentina era un polvorín. Es bueno recordarlo porque esa tragedia no sucedió en el siglo XIX sino apenas 18 años atrás. Durante diez días tuvimos cinco presidentes, signo elocuente de la profundidad de la crisis que nos agobiaba. La convertibilidad, inaugurada por Menem y respetada por De la Rúa había estallado por los aires. El peso se había evaporado y los bancos eran el blanco predilecto de la furia de los damnificados por el “corralito”. Una buena parte de la dirigencia política no podía salir a la calle. En ese entonces el pueblo responsabilizaba a los políticos por el descalabro al grito de “que se vayan todos que no quede ni uno solo”. Ni siquiera el ex presidente Alfonsín se salvó del repudio popular. La Justicia, especialmente la Corte Suprema, gozaba de una pésima imagen, al igual que el Congreso, los sindicatos y los partidos políticos. Muchos gobernadores habían impreso sus propias monedas, signo inequívoco de la tragedia económica de ese momento. La desocupación era altísima, al igual que la inflación. El mundo había dejado de confiar en el país condenándolo a un grave aislamiento.

Ese fue el escenario del arribo de Eduardo Duhalde al poder. Pese a que jamás congenié con su ideología política, que siempre lo consideré un emblema del peronismo ortodoxo, corporativo y patotero, debo reconocer que tuvo las agallas para sentarse en el sillón de Rivadavia en el peor momento de la Argentina contemporánea. Es probable que haya sido el único dirigente político de peso que aceptó el desafío de ser presidente en medio de semejante volcán. Lo primero que hizo Duhalde fue blanquear el fin de la convertibilidad, extenderle su certificado de defunción. Primero pesificó la economía y luego licuó los pasivos de los grandes grupos económicos, tal como lo hizo Cavallo en 1982. La feroz devaluación se tradujo en una inflación que rápidamente se comió el poder adquisitivo de los trabajadores. La consecuencia fue inevitable: se incrementaron geométricamente la pobreza y la indigencia. En el terreno estrictamente político el presidente llamó a un gran acuerdo nacional bajo el auspicio de la Iglesia. Terminó en un rotundo fracaso, como todos los acuerdos nacionales convocados con anterioridad. Afortunadamente, tuvo a su lado a un ministro de Economía que, a mi parecer, tiene una gran virtud: sabe lo que hace y, fundamentalmente, es incapaz de cometer esos errores que provocan terremotos sociales y políticos: Roberto Lavagna. Mientras tanto, trató de tejer alianzas con los gobernadores peronistas, fundamentales para apuntalar su débil presidencia.

En el terreno internacional tuvo una obsesión: reinsertar a la Argentina en el mundo, demostrarle a los países más importantes que su gobierno era racional, sustentable, que él era un presidente confiable. Ese fue su gran problema porque ese mundo no le tenía la más mínima confianza ya que lo consideraba un emblema del peronismo de la década del cincuenta del siglo XX. A pesar de ello, el FMI decidió “ayudarlo” (stand-by mediante) y envió al país a un técnico llamado Anoop Singh. En los hechos actuó como un virtual súper ministro que directamente ordenaba al presidente qué decisiones debía tomar en el terreno económico. Fue tal su intromisión en los asuntos internos del país que llegó a presionar al Congreso para que sancione leyes y modifique otras según el paladar del FMI. Lo peor de todo, lo más humillante, era que cada vez que el gobierno satisfacía los “deseos” de Singh, éste le corría la cancha, es decir, le manifestaba que los esfuerzos del gobierno eran insuficientes, que debía ajustar más. Era obvio que el FMI no lo quería a Duhalde en la Rosada y, curiosamente, tampoco a Menem, a quien le había bajado el pulgar hacía tiempo. La tragedia de la estación Avellaneda obligó a Duhalde a acelerar los tiempos electorales. Se vio, pues, obligado a encontrar lo más rápido posible el dirigente político que tuviera una buena imagen a nivel internacional, que fuera del paladar de los burócratas del FMI y del presidente de Estados Unidos, W. Bush. Dueño de un fino olfato político Duhalde intentó por todos los medios convencer al entonces gobernador santafesino, Carlos Reutemann, que se hiciera cargo de la presidencia. El Lole era el más indicado: tenía una alta imagen positiva en el país y, además, era muy conocido a nivel internacional por su larga carrera en el automovilismo de la fórmula1. Por motivos que sólo el Lole conoce, no quiso saber nada con ser presidente. Debe haber sido un duro golpe para Duhalde la negativa de Reutemann, el hombre indicado para reemplazarlo. Intentó con el entonces gobernador cordobés, De la Sota, pero las encuestas desaconsejaban su postulación. Finalmente habló con Néstor Kirchner, por entonces gobernador de Santa Cruz, quien finalmente asumiría como presidente el 25 de mayo de 2003 debido fundamentalmente a la decisión de Carlos Menem de no presentarse al ballottage. El largo reinado de los Kirchner condenó a Duhalde al ostracismo, lo que no significó su retiro definitivo. Siempre estuvo presente, esperando el momento oportuno para reaparecer públicamente. Pero sólo lo consiguió esporádicamente a través de entrevistas como la de Fontevecchia, lo que pone en evidencia su escaso apoyo popular. De todas maneras, Duhalde sabe muy bien lo que significa acordar con el FMI un acuerdo stand-by, como el que supuestamente acordará en las semanas venideras Mauricio Macri. Duhalde experimentó en carne propia las humillaciones a las que fue sometido por un organismo impiadoso. Sería bueno que Macri lo consulte al respecto. Porque da toda la sensación que, por más que el presidente ahora sea un emblema del establishment argentino, el FMI seguirá adoptando respecto a la Argentina la misma actitud de prepotencia y menosprecio. Se equivoca, me parece, el ex presidente Duhalde: los argentinos no estamos condenados al éxito sino a repetir los errores que nos vienen condenando sistemáticamente al subdesarrollo económico, político e institucional.

Como era previsible Dujovne viajó a Estados Unidos a recibir órdenes de Christine Lagarde. Escribió Tomás Lukin (“Dujovne empezó a recibir instrucciones de Lagarde”, Página/12, 11/5/018): “El cortejo inicial con el Fondo Monetario Internacional concluyó ayer pero las negociaciones para solicitar el préstamo recién comienzan. “El FMI nos ayudará a preservar lo que hemos logrado”, afirmó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en medio del tembladeral financiero que llevó al Gobierno a pedir de urgencia el auxilio del organismo multilateral” (…) “El ministro Dujovne y yo nos reunimos para analizar cómo el FMI puede ayudar a las autoridades en el fortalecimiento de la economía argentina a la luz de la renovada y significativa volatilidad de los mercados financieros”, expresó la mandamás del Fondo al elogiar la política económica del gobierno de Macri” (…) “El proceso de negociaciones para los tradicionales créditos stand-by puede extenderse durante seis semanas en las que las partes acuerdan las condicionalidades y reformas que implementará el país para acceder a los desembolsos” (…) “Este acuerdo nos ayudará a preservar todo lo que hemos logrado en los primeros años de gobierno, avances que hemos obtenido con mucho esfuerzo de todos los argentinos”, consideró Dujovne” (…) “Los parámetros establecidos por el FMI habilitan a la Argentina a acceder a créditos stand-by por hasta 27.000 millones de dólares en tres años. El organismo prevé alternativas para eludir sus propios límites aunque las condiciones económicas argentinas, a priori, no alcanzan para habilitar esa excepción” (…) “Recalqué mi firme apoyo a las reformas de Argentina hasta la fecha y expresé la disposición del Fondo para seguir ayudando al gobierno”, expresó Lagarde al finalizar la reunión” (…) “El respaldo del gobierno de Donald Trump junto con el visto bueno de las autoridades chinas es necesario para inclinar la votación en el Fondo. Con ese objetivo Dujovne visitó por la mañana al Departamento del Tesoro para reunirse con el subsecretario de Asuntos Internacionales, David Malpass. Durante ese encuentro las autoridades estadounidenses informaron que el funcionario “reiteró su sólido apoyo hacia el programa de reformas orientadas al comercio implementadas por el gobierno de Macri con el fin de promover el crecimiento impulsado por el sector privado”, y “vio con beneplácito el diálogo entre Argentina y el FMI en relación al programa propuesto por Argentina” (…) “Los funcionarios del Palacio de Hacienda pretenden evitar un acuerdo tradicional. “Hemos pedido que se considere para Argentina un acuerdo stand-by de alto acceso. Este instrumento tiene la flexibilidad necesaria para cumplir el objetivo que estamos buscando”, consideró el titular del Palacio de Hacienda” (…) “Todos los créditos stand-by solicitados por Argentina desde 1985 contemplaron combinaciones de las habituales condicionalidades previstas por el FMI: recorte del gasto público, ajuste monetario, desregulación financiera y cambiaria, apertura comercial, flexibilización laboral y reformas de los sistemas de seguridad social. Desde el organismo multilateral respaldan los cambios impulsados por Macri aunque en cada documento sobre el país elaborado a lo largo de los últimos dos años señalaron la necesidad de profundizar el ajuste fiscal, avanzar en la reforma laboral y modificar el sistema de seguridad social. Existen matices pero por primera vez en quince años, la Casa Rosada y el Fondo comparten la visión sobre los objetivos y herramientas que debe asumir la política económica”.

En sus ediciones del 9 de mayo La Nación y Página/12 publicaron artículos de Carlos Pagni (“La Argentina entre dos mundo: de ejemplo a destino tóxico”) y Luis Bruschtein (“Al fondo y a la derecha”) que reflejan dos posturas antagónicas sobre la decisión de Macri de retornar al FMI.

Escribió Pagni: “La vida pública está sumergida desde hace 15 días en un mar de perplejidad. Entre todas las incógnitas, hay una dominante: ¿por qué la Argentina de Mauricio Macri, que era señalada por el mundo como un ejemplo global, se transformó en un destino tóxico? La pregunta cobija una trampa. Es la palabra “mundo”. Desde que llegó al poder, Macri fue felicitado por los líderes políticos de orientación capitalista” (…) “Este “mundo” sigue apreciando a Macri” (…) “Hay otro “mundo”, que funciona con una lógica distinta. El de la inversión. Las empresas que producen bienes o servicios analizan oportunidades, calibran costos, y se comprometen o retiran según el atractivo de cada negocio. En el sector financiero esos movimientos son más veloces y repentinos. Y están regidos por el costo de oportunidad” (…) “La gestión de Macri fue fascinante para los expertos en finanzas en sus primeros meses: levantamiento del cepo, acuerdo con los holdouts, blanqueo. La excitación cedió después a la monotonía del gradualismo. Los hombres de negocios entendieron el corazón de esa receta: la sustentabilidad macroeconómica es una quimera si carece de sustentabilidad política. Por lo tanto, se deben alcanzar al mismo tiempo objetivos contradictorios. Sobre todo dos: reducir la inflación pero sin sacrificar el crecimiento. Un programa así…inspira una sensación de fragilidad permanente” (…) “En el contexto de estas preocupaciones, el Gobierno puso en tela de juicio la estrategia de Federico Sturzenegger al frente del Banco Central. Su táctica de tasas altas no doblegaba la inflación, pero amenazaba el crecimiento. El 28 de diciembre pasado, la Casa Rosada impuso una nueva política monetaria. Reemplazó la meta de inflación por una un poco más realista” (…) “Quedó sembrada una semilla venenosa: la incógnita de quién decide. Después de jurar por la libre flotación, Sturzenegger comenzó a intervenir en el mercado de cambios” (…) “El Central, o quien determina su conducta, comenzó a manipular el tipo de cambio como instrumento para frenar la carrera de precios. El giro produjo una confusión conceptual. Pero, sobre todo, ocasionó pérdidas” (…) “A partir de febrero empezó a conjeturarse una suba de la tasa de interés de la Reserva Federal y, por lo tanto, un fortalecimiento del dólar” (…) “Estas tensiones se desencadenaron el 25 de abril. Los mercados emergentes sufrieron una fuga de capitales hacia el dólar. El Banco Central argentino, a diferencia de instituciones similares, optó por resistirla vendiendo reservas. No hizo más que estimular la oleada” (…) “Esta secuencia de errores es insuficiente para saber por qué cambió el clima financiero con la Argentina. Por debajo de ella hay una fisura. La economía argentina padece un preocupante déficit de cuenta corriente. Le faltan dólares, en gran parte por el desequilibrio de la balanza comercial” (…) “Encerrado en una crisis grave que, en gran medida, fue autogenerada, Macri debió ir al Fondo Monetario Internacional” (…) “El recurso al Fondo fue una jugada audaz, sobre todo porque estaba poco preparada. Se sostuvo en las opiniones favorables de Christine Lagarde sobre la estrategia económica, durante su visita de marzo a Buenos Aires” (…) “Macri necesita desde anteayer encontrar una diagonal entre gradualismo y acuerdo con el Fondo” (…) “El Fondo sólo estaría dispuesto a conceder un acuerdo Stand-by clásico. Es decir, un préstamo que obliga a un programa de ajustes y reformas estructurales. La negociación puede llevar hasta seis meses” (…) “Sería la segunda paradoja de esta crisis: se pide asistencia al Fondo para evitar una devaluación; pero la condición que pondrá el Fondo para esa asistencia podría ser una devaluación” (…) “A la negociación con el Fondo aún le falta un entramado político. Macri deberá aprovechar la cordialidad que le dispensan Donald Trump, Angela Merkl, Emmanuel Macron o Mariano Rajoy, para mejorar su posición frente al staff del organismo” (…) “La otra red es doméstica. Es indispensable tejerla, porque las principales promesas del oficialismo son hoy de difícil cumplimiento. Los líderes de Cambiemos se reunieron con el Presidente el lunes por la tarde. Pero recién el martes a la mañana se enteraron de la gestión ante el Fondo. Simple: la noche anterior no estaba decidida” (…) “Todavía falta una explicación para el común de los mortales. Porque hace apenas 15 días el discurso del Gobierno se refería a que el gradualismo había triunfado: más crecimiento, más exportaciones, más empleo. Ahora la Argentina está negociando con el Fondo. La sociedad tiene derecho a estar desorientada. O se le había ocultado una grave enfermedad. O se está sobreactuando la terapia”.

Escribió Bruschtein: “(…) El menemismo y la alianza habían creado las condiciones para la crisis del 2001-2002 por seguir los lineamientos del FMI, una crisis que destruyó la economía, la peor en la historia del país. Las crisis de ese período a nivel mundial tuvieron algunos ejemplos comunes. En primer lugar fueron precedidas de un boom que implicó la entrada masiva de capitales y en segundo lugar, estos capitales se fueron repentina y masivamente. Con las Lebac, Mauricio Macri convocó en masa a capitales especulativos. Y ahora su salida implicaría un derrumbe similar o peor al de 2001. Esto ha sido la crónica de una crisis anunciada” (…) “Otro elemento en común: Menem y De la Rúa coincidieron al buscar como tabla de salvación a Domingo Cavallo y al FMI. Fueron una verdadera garantía, pero para el desastre. Los dos gobiernos, entre la convertibilidad de Cavallo y los ajustes del FMI, cultivaron las condiciones para la explosión de 2001-2002. En 1998, el FMI ponía como ejemplo ante el mundo a la economía argentina y calificaba a Menem como “nuestro mejor alumno”, al mismo tiempo que la economía entraba en un pico de recesión-del que sólo se repuso varios años después con el kirchnerismo-y la deuda externa crecía en forma acelerada” (…) “Fue una forma de intervenir en política a favor de Menem. Cuando apenas asumió al año siguiente, Fernando de la Rúa demostró que no había ninguna diferencia con su antecesor y entonces el FMI le dio el blindaje y le permitió el maquillaje de una situación que ya era explosiva” (…) “En el 2004, después que la economía de su mejor alumno se fue al demonio, el FMI se hizo una autocrítica” (…) “Su autocrítica fue por no haber sido más exigente en el cumplimiento de sus condiciones. Quería más ajuste-en un país que ya estaba muy ajustado-y exigía que se cambiaran las leyes de jubilación” (…) “El retorno del Fondo a la Argentina es una victoria del mundo financiero internacional al que representa” (…) “Al igual que Lula en Brasil, en el 2006 Néstor Kirchner pagó la deuda de 9 mil millones de dólares con el Fondo y cortó cualquier intervención del organismo en la economía del país. Fue una derrota fuerte para el Fondo de la que ahora se recupera gracias al macrismo y los radicales” (…) “En la historia, el Fondo Monetario Internacional ha respaldado e impuesto dictaduras y gobiernos derechistas latinoamericanos y ha tratado de frenar las medidas de distribución del ingreso y las mejoras sociales a las que visualiza como un gasto innecesario. Este retorno del FMI es coherente con el pensamiento del macrismo y su campaña de desprestigio y difamación de las políticas populares. Seguramente se hubiera producido sin necesidad de esta crisis de inflación, devaluación, tarifazo y fuga de capitales. Y ¡ojo! Decir que el FMI no dejará caer la economía argentina porque no le conviene después de su fracaso del 2001 y del kirchnerismo, es lo mismo que decir que “estos no roban porque son ricos”. Al FMI tampoco le convenía la crisis que estalló en 2001 y sin embargo sucedió. Con esta decisión, Macri aprovecha el temor que se extendió en la sociedad por la crisis que provocaron las medidas de su gobierno, para disciplinar y ajustar aún más a los sectores de menos recursos. La vuelta del FMI confirma la vuelta a los ´90. Al Fondo y a la derecha: el inodoro”.