Dos nuevas reseñas de Winston Orrillo acerca de Arturo Corcuera.

ARTURO CORCUERA MAS SOBRE BALADAS DE LA VIDA ETERNA
“Balada de la brevedad de la vida” `Ahí está el poema, /destellando esta mañana. Lo concluí después de paciente escritura./ Icé la luz en su gema./ Diviso desde mi ventana/ la silente hermosura/ de una rosa levemente/ doblada que besa la tierra./ Admiro la altivez de su muerte infinita./ escribo sobre su sombra:/ como la rosa y desteñida/ el poema también se marchita.”
A.C.

Por WINSTON ORRILLO
¿Por qué una segunda reseña sobre un libro muy reciente, calientito? Obviamente porque este cronista cree –está seguro- que no lo ha dicho todo, y asimismo, porque, además, una reseña es un espacio muy reducido para, especialmente en este caso, relevar las altísimas cualidades de un poemario que tiene de todo…y para todos.
Se halla esa sensación de entronque con el paso del tiempo, ese exorcizar la caducidad de todo lo terreno, así como el sentido –muy de Arturo Corcuera- de cantar a la naturaleza, pero no solo ello, sino aprehender los secretos de la misma, premunido como está, siempre, de su humor y esa capacidad de observación que llega hasta los metalenguajes de lo que existe.
Su amor por lo vivo –que no necesariamente se circunscribe a lo humano- se encuentra, verbi gratia, en el siguiente poema:
“Balada del árbol que añora” `Tiempos aquellos/en que los árboles caminaban.// Impedidos de moverse/ ven hoy pasar ríos,/ trenes, pájaros,/ hombres en sus carretas,/ mujeres con sus azadones.// Amarrados a la tierra/ los árboles añoran/ aquellos años maravillosos,/ y en el otoño aprovechan/ para echar a volar sus hojas.´
Siempre, permanentemente, aquello que hogaño ignoran muchos que se dicen poetas: el estar atentos a la naturaleza, a nuestro entorno:
“Balada del río que ama! `Discurre el río cantando, / está enamorado/ ´ de una muchacha/ que se miró en sus ondas/ y se bañó en sus aguas.´
Arturo es un gran lírico, un artista que nos pone, ante los ojos de la sensibilidad, del alma, ese mundo que, muchas veces, por la baraúnda de la vida moderna, por su trepidante discurrir, perdemos lamentablemente:
“Balada de una noche de estrellas” `Busquemos esta noche/ un tímido recodo,/ un hueco,/ una cueva olvidada.// Se ocultan las raíces/ y se abrazan/ debajo de la tierra;/ para besarse, amor mío,/ bajan ardiendo/ a los pozos las estrellas.´
Otro de los aspectos que no relevamos lo suficiente, es la vastedad cultural del poeta: ese dominio de metáforas, imágenes, ritmos, no vienen de la nada, sino de un cúmulo de lecturas, lo que, mutatis mutandis, se denomina la cultura, con lo que le dice –especialmente a los aprendices de liridas- que nada nace de la nada: que existe una tradición, necesaria de aprender, de dominar: en nuestro caso –para muchos ahítos de poesía de allende los mares, la mayoría de las veces en precarias traducciones-, él parece indicarles: lean a los clásicos españoles, aprendan y aprehendan de ellos (lo que repite este cronista).
Por eso, frecuentar a Quevedo – D.Francisco de Quevedo y Villegas, señor de la Torre de Juan de Abad: a quien Vallejo, sí, Vallejo, adoraba. Quevedo el de “polvo será, mas polvo enamorado”. Espigar en Góngora, el alarife de la metáfora; en Garcilaso de la Vega –“corrientes aguas, puras, cristalinas,/ árboles que os estáis mirando en ellas”, para no mencionar sino a algunos, sin olvidar a la inmensa Sor Juana Inés: “Hombres necios que acusáis a la mujer…”
Y, por cierto, a los señeros maestros de Nuestra América: Neruda, Huidobro, Vallejo; y, más recientemente, para solo citar a un inabarcable bardo peruano: Alejandro –Xano- Romualdo, impertérrito maestro de la forma y del compromiso, al que no podrán matar los que nos quieren matar:
“amado por todas las desgracias,/ duerme su voz/ sonando/ fuerte aun amortajado,/ atado al silencio de su corazón/ que resiste sin una sombra que lo alumbre,/ el enemigo se empecina en callarlo,/ arrodillarlo/ silenciarlo y olvidarlo,/ desbarrancarlo,/ intentos vanos,/ lo sazonarán/ ¡Y no podrán comerlo los gusanos”.
Romualdo, maestro eximio de la forma –a la que constantemente transformaba- fue un conocedor exhaustivo de la poesía de nuestra lengua.
Pero no basta la poesía, el gran poeta debe, tiene que poseer una cultura universal: y ella comienza, sin ninguna duda, en la filosofía. Por ello no resistimos la tentación de citar un texto en el que nuestro Arturo evoca al conocido como “El oscuro”:
“Balada con alusiones a Heráclito” `1 Solo el hombre se baña/ dos veces en el mismo charco/ de sangre.// 2 Con los mismos forados/ pasan los muertos/ en las mismas aguas del río/ de innumerables ciudades.´
En esta nueva reseña, no podemos dejar de relevar una de las características más singulares de nuestro poeta: su capacidad para internarse en los meandros de la modernidad, y, sobre todo, de ese mundo inevitable de los cómics, a los que, por cierto, desmitifica…poéticamente.
Veamos, pues, un personaje arquetípico, que le sirve para uno de sus “remates” paradigmáticos:
“Balada del llanero solitario” `La poesía es un caballo chúcaro, no hay vaquero que no quede magullado al primer corcovo por montarlo a pelo, aferrado a sus crines: es Rocinante cargando los delirios del Quijote, demasiado peso para su esqueleto anoréxico; es Babieca conduciendo al Cid Campeador en su lomo por los campos humeantes de Valencia;/ es Pegaso enseñándole a volar y lanzando a los aires a Christopher Revee (no a Clar Kent) hasta convertirlo en Superman; es aquel/ alazán de totora, remontando los atardeceres en las olas de los/ mares de Huanchaco; y es también mi menudo jamelgo de madera/ llevando en su montura mi infancia por sueños y praderas.// La poesía es el caballo blanco del llanero solitario que es el poeta.´
Solo haremos, a guisa de colofón, en esta nueva reseña, la cita de un soberbio poema a la finitud del propio poeta, algo así como aquello que llaman “premonición”, pero muy a la manera de Arturo: con su irrevocable, inexhaustible rebelión, sin bajar la cerviz.
Mas ahora, como una muestra de la gran poesía lírica del bardo, y con una originalidad a toda prueba, transcribimos un canto a una poco explorada zona de la geografía femenina: las rodillas. Por favor, ayúdenme,¿ quiénes han cantado a las rodillas?
Bueno, he aquí cómo lo hace nuestro liróforo:
“Balada a manera de Salmo” `No los contundentes poemas del egipcio Almada Aishawy,/ intensos y misteriosos,/ no la poesía completa de esta tarde/ recitada en la plaza de la Merced;/ nada se compara a la hermosura/ de tus rodillas/ modeladas por un leve rayo de luz/ que el viento, deteniéndose, las besa con devoción;/ tus rodillas en silencio como la mudez de las campanas, altivas como pequeñas cúpulas; /la noche sale con su mantilla oscura/ de la antigua iglesia de piedra/ y se inclina con ternura ante tus rodillas/ para decir su oración, mientras yo,/ tembloroso y tímido escribo este salmo/ que tú viste nacer, /pidiéndote que lo guardes o lo destruyas.´
El título es idóneo, porque tiene una vertiente religiosa, un matiz de culto al referirnos a esa poco frecuentada zona de la geografía femenina (y por cierto, pido disculpas, humildemente, a los que tengan otras “opciones”).
Y, lo prometido, solo un par de poemas en los que Arturo evoca a la de la guadaña, a la carcancha, a la renga…mas con ese humor que nos devuelve a la vida:
“Balada de la intrusa de las tinieblas” `No de viejo/ no en una acción heroica, no de muerte natural,/ a esta edad sólo se puede morir/ acunado en los brazos de la Venus del Milo/ o de una top model,/ forma que asume a veces/ la Huesuda.”
O, finalmente, un texto de altísima calidad lírica, donde la dilacerada condición humana, y la respuesta del bardo, van de la misma mano:
“Balada del juglar inmóvil” `Deshecho,/ pellejo pegado al hueso,/ carcomido por el musgo, el esqueleto hundido hasta las orejas; incinerado, emanando hedores,/ los oídos perforados,/ hecho cenizas,/ continuaré escuchando el canto de los ruiseñores´
Como hacíamos en las aulas –los que hemos consumido varias décadas de nuestras vidas en aquéllas: ¡levanten la mano quienes no están apremiados por leer Baladas de la piedra, del amor y de la muerte
(Ediciones El Nocedal S.A.C., Lima, diciembre, 1916), que hemos reseñado por segunda vez, pero nada nos dice que será la última.

ARTURO CORCUERA III: LA VERTIENTE IDEOLÓGICA
“…un acento personal y una agudeza poco frecuente en el hallazgo del símbolo; así como también que el lenguaje compone una textura de muy sutiles asociaciones formales y semánticas, e incluso de elegante humorismo; todo lo que hace luz sobre un universo poético original, sin desmedro de la postura militante que Corcuera asume frente a la realidad.”
Alberto Escobar

“Fábula del escarabajo” `Le huyen los saltamontes./ Las arañas detienen/ minúsculos talleres.// Las cigarras enmudecen/ mientras irradia sombras.// Burgués contaminado,/ escaravaro,/ escabizbajo,/ lleva un mundo en sus manos,/ maese escarabajo´
A.C.

Por WINSTON ORRILLO
Uno de los malhablados, que medran por allí, cuestiona lo que él llama mi “súbito interés” por la poesía del autor de Noé Delirante. Pues a él le respondo, y para información general, doy el dato que, en la Sección Cultural, que dirigía el suscrito, en la fenecida revista Oiga, de hace 49 años ( Nº 284, del 2 de agosto de 1968) escribí un artículo “Arturo Corcuera, un poeta de clase que habla con desparpajo”, en el que aludía a su polémico y revelador libro Poesía de clase y analizaba no solo su contenido, sino que me detenía en su continente: el lenguaje, los mecanismos expresivos, que el poeta ha ido madurando obra tras obra.
Sin demostrar fatiga alguna, sino, más bien, logrando una maestría que, sumada a su permanente y buido sentido del humor, nos hace arribar a la pequeña obra maestra (Baladas de la piedra, del amor y de la muerte) que, por tercera vez –y esperamos sea la última- comentamos.
Recuerdo que, en lo que hemos señalado en párrafos anteriores, el poeta hace uso no sólo del humor desenfadado, que divierte, sino de aquel que desmitifica y nos permite ingresar –vía maestro manejo de la lengua- al meollo de lo criticable. Cito de memoria: “En general, le gusto mucho el descanso, al general…” lo cual es un bofetón (literario) a la miríada de gobiernos en los que los milicos han medrado…con poco trabajo y oneroso dispendio del erario (me permito, por cierto, corregir el craso error en el que incurren los que perpetran aquello del erario nacional.)
En fin, Corcuera desarrolla una obra literaria que, amén del maestro uso del universo literario, se halla comprometida….y ya sé cómo saltarán aquellos que, piensan y sostienen, desvergonzadamente, que el término “compromiso” es como una suerte de mala palabra, obsoleta de toda obsolescencia, con lo cual –fieles discípulos del equívoco Fukuyama- remachan aquello del fin de la historia, que debe traducirse como el fin de las ideologías…(.claro, para que sólo medre la suya: la del capitalismo neoliberal o con cualquier súbito travestismo…. Mientras ellos gozan de becas, subvenciones y estancias muy bien pagadas en las metrópolis de moda, y, entre nosotros, medran en los suplementos culturales y lo mediático-basura).
Mas, la obra comprometida de nuestro gran poeta, no descuida un ápice su altísima calidad literaria, pero sabe asumir su militancia junto a las luchas, verbi gratia, de Nuestra América, y la suya se alínea con el Primer Territorio Libre en América, Cuba (un poema suyo dedicado a Fidel -es casi vox populi- constituye una de las preseas más esclarecidas en medio de los cientos de homenajes a quien –momentáneamente- acaba de dejarnos: la patria de Martí, “honrar, honra, ha condecorado reciente y muy justamente a A.C.). Asimismo, nuestro lirida ama y defiende a Nicaragua sandinista, a la República Multinacional de Bolivia; a la República Bolivariana de Venezuela: a la del inmortal comandante Hugo Chávez y a la del Presidente-Obrero Nicolás Maduro, amenazado por el imperio norteamericano y sus adláteres; al Uruguay de Pepe Mujica (no al de ahora); al Ecuador de la Revolución Ciudadana, de Rafael Correa; al Brasil en el que atropellaron a Dilma; a la hermana Argentina, a la que hoy está desvalijando ese agente trasnacional apellidado Macri, señor de las cuentas off-shore…
En fin, y en el mundo, ese ancho y vasto mundo, por cierto la Mater et Magistra, la entrañable URSS (de vacaciones by the moment), y la entonces República Popular de Bulgaria (y sus inolvidables Congresos Mundiales de Escritores en Defensa de la Paz Mundial: la patria del héroe nacional Jorge Dimitrov) , y Rumanía y Polonia…
En nuestro doloroso país, Arturo es una de las primeras voces (en medio, en muchas oportunidades, de un mutismo atronador) que se alza para las protestas, para la defensa de los derechos de las mayorías, para la denuncia de los desaguisados y las traiciones ad usum. Nuestro poeta cree, férvidamente, en que solo la unidad de los sectores de izquierda y progresistas, será el arma para derrotar a la podredumbre enquistada en el Gobierno, tanto en el Parlamento como en el Palacio de Pizarro.
Sólo bastaría citar sus defensas de la invicta memoria de Javier Heraud y de las luchas de Alejandro Romualdo y del compromiso de grandes bardos como Gustavo Valcárcel o Juan Gonzalo Rose o Mario Florián, entre varios otros mencionables.
Asimismo, es paradigmático su afecto y sus orientaciones a los poetas de las siguientes generaciones a los que invita a su dacha de la Avenida Santa Inés, en Chaclacayo que, seguramente, más temprano que tarde, será el vivo Museo de nuestro inabarcable poeta Arturo Daniel Corcuera Osores, paradigma de “gallo de pelea” en la lirica y en la vida.
Y queremos terminar, es un decir, con la cita completa de un texto del libro que reseñamos (por III vez) y que es, precisamente, una muestra del estilo desmitificador (político) del bardo:
“Balada de los poderosos” `Se disputan/ destrucción y muerte,/ lo arrasan todo./ El día que se vieron,/ cara a cará,/ torvos y luctuosos,/ codo a codo,/ se aliaron/ ojo a ojo:/ el ojo de la tormenta/ y el ojo del huracán´