Dimensión universal de la elección en Venezuela

(Luis Bilbao)

Hay un punto donde el resultado de la elección venezolana tiene alcance mundial. Puede parecer una afirmación exagerada; pero no lo es.
Con la Revolución Bolivariana se produjo el Renacimiento del socialismo, entendido esto más allá del llano sentido de resurrección, en analogía con el Renacimiento que simbólicamente puso fin a la oscuridad medioeval.

Eso y nada menos fue el significado de la decisión de Hugo Chávez al proclamar la transición al socialismo y respaldar su propuesta con el 63% de los votos obtenidos en las presidenciales de 2006. Al unirse a Cuba y luego afirmar un punto de encuentro en el Alba (Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América), quedó trazada una estrategia común para un conjunto de países. Así, la revolución venezolana puso fin al período oscurantista que cubrió dos décadas desde la caída de la Unión Soviética y replanteó frente a explotados y oprimidos del mundo ideas y métodos sepultados desde mucho antes, con la degeneración de la Revolución Rusa.
Para el Medioevo contemporáneo, esa losa impuesta por el aparato cultural/informativo y el poderío militar del imperialismo, Venezuela es el Renacimiento de un ideal emancipatorio, forjado científicamente en la teoría y en la práctica desde mediados del siglo XIX, realizado como grandioso ensayo en 1917, corrompido desde fines de los 1920 y rescatado en la gesta bolivariana del siglo XXI.

El dilema es cómo se consolidará y desarrollará en Venezuela la transición al socialismo en el próximo período. Aunque tamaño rumbo histórico no se reduce a una elección, el saldo efectivo del recuento de votos pesará en el devenir inmediato.

La relación de fuerzas entre las clases resultante de los comicios gravitará en la resolución de aquella incógnita. De ésta dependen, en gran medida, ritmo, contenido y forma de la transición. Pero esto a su vez gravitará sobre el curso del acontecer político en toda Suramérica.

Faro en la tormenta mundial
Por ceguera, por temor o conveniencia, el grueso de los análisis políticos elude insertar ese devenir en el cuadro general determinado por la crisis estructural y sin precedentes del sistema capitalista, la cual a su turno determina una secuencia de ruptura de equilibrios, en la ya frágil arquitectura geopolítica del imperialismo.
Basta observar el desproporcionado activismo de los portavoces del capital en todo el hemisferio -y más allá- para tomar nota de que en los cenáculos de la estrategia imperialista el papel de Venezuela en el próximo período histórico es considerado un factor clave.
"Venezuela se prepara para una elección decisiva para la región", dice en titular destacado en el portal del diario argentino La Nación en víspera de los comicios. (De paso: tres veces la voz ‘para’ en un título de diez palabras, acaso indica que el nerviosismo paraliza incluso a los editores de un medio venerable como éste). "Una elección crucial, más allá de Venezuela", insiste el mismo diario en editorial principal de su versión impresa, en el cual afirma: "Al cierre de las campañas no parecería haber un resultado inevitable o seguro. Es más, las encuestas sugieren que el triunfo de la oposición unificada no es descartable, en un escenario que luce reñido. La trascendencia de estos comicios venezolanos radica en que su resultado repercutirá inevitablemente en toda la región en momentos particularmente peligrosos, en los que América latina sufre tres males tan graves como infecciosos en aquellos países que pertenecen a la órbita 'bolivariana' o son ya sus compañeros de ruta".
Allá quienes dudan sobre el resultado de la elección. O simulan duda. La esperanza no debería negársele a nadie. Como sea, vale la confirmación de una visión común respecto de la trascendencia de la Revolución Bolivariana “en momentos particularmente peligrosos”, como subraya el editorialista.

A despecho de las magnitudes físicas del país (territorio, población, PIB), pequeñas en relación con el conjunto de la economía mundial, Venezuela se eleva ante el mundo y el futuro por haberse convertido en un faro visible por miles de millones de seres humanos lanzados a la deriva en la tormenta capitalista.
Durante mucho tiempo ante situaciones análogas -aunque incomparablemente menos graves- la única voz audible convocaba a salvar al capitalismo. Hoy se vislumbra nuevamente el horizonte socialista. Y la voz de mando que apunta al objetivo.
Con epicentro en los centros metropolitanos del imperialismo el sistema capitalista se derrumba. Es la lógica intrínseca de su funcionamiento la que lo arrastra al abismo.

En el caos predominante, el curso de la revolución Bolivariana será mucho más que el aleteo de una mariposa. La dimensión universal de la transición bolivariana al socialismo es algo que no necesita argumentación.

Caracas, 6 de octubre de 2012