Diana Ávila, 8 de Junio de 2018.

(Rosina Valcarcel Carnero)

Diana Ávila, con flores de acacia, decidió zarpar

en un navío blanco el 2 de diciembre del 2017

para pasar por La Habana y no volver más.

Su navegación fue paralela a las montañas

que se dispersan en las nieblas de las cimas cual cometas.

A bordo llevó mujeres desaparecidas, temblorosas de miseria y de miedo,

sin saber por qué la vida había sido injusta.

En tierra, Diana nos dejó huérfanas con un puñado de lecciones-tréboles:

Solidaridad, libertad, cantos, optimismo, alegría y dignidad.

Ningún proyectil pudo alcanzar a Diana.

Sólo un cangrejo traidor trepó por su bello cuerpo de obsidiana.

Su senda ha sido larga y fatigosa, pero hoy descansa jugando

con las piedras del río, con las plantas y los árboles.

Se la pasa tallando piedras y una vez al mes las tira

y caen entre barquitos de papel en la playa de La Punta.

Hoy a las 6 de la mañana le llegó un rubí al compañero Rolando

y lo ha ocultado entre las flores que cuida cada alborada.

(Diana Ávila decidió nacer el 8 de junio del año de la Luna)