Día del militante en la Argentina: a 42 años de uno de los retornos de Juan Domingo Perón (dos textos).

PASARON 42 AÑOS. DIFERENTES TIPOS DE MILITANCIA
Hernán Andrés Kruse

El 17 de noviembre de 1972 se presentó lluvioso. Ese día lejos estuvo de ser una jornada común y corriente. En efecto, ese día fue el elegido por Juan Domingo Perón para regresar momentáneamente a la Argentina luego de casi 18 años de ausencia. El 16 de septiembre de 1955 había sido eyectado del gobierno por la Revolución Libertado, una insurrección cívico-militar que contó con el apoyo de un importante sector de la sociedad. Perón hizo pie en el aeropuerto internacional de Ezeiza y el por entonces poderoso secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, utilizó su paraguas para proteger a Perón de la persistente llovizna. El líder arribó al país para bendecir la fórmula presidencial del Frente Justicialista de Liberación Nacional, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, perteneciente al sector popular del conservadorismo. El año 1972 señaló las postrimerías de la Revolución Argentina, el frustrado proyecto político de las Fuerzas Armadas que, con el apoyo del círculo rojo, había comenzado inmediatamente después del derrocamiento del radical del pueblo Arturo Illia, en junio de 1966. En ese año gobernaba el país el general Alejandro Agustín Lanusse, emblema del gorilismo militar. En su gabinete estaba el radical del pueblo Arturo Mor Roig quien, como ministro del Interior, estaba convencido de que la única salida que tenía el país era el rápido retorno a la democracia. Lanusse comprendía perfectamente la situación económica, política e institucional reinante, jaqueada por el accionar subversivo de Montoneros y el ERP, organizaciones guerrilleras que contaban con la bendición del propio Perón. Aunque a regañadientes, finalmente aceptó la sugerencia de Mor Roig y convocó a elecciones presidenciales para marzo de 1973, sin ningún tipo de proscripción, con excepción de Perón. El líder, remarcó Lanusse, no estaba autorizado a ser candidato presidencial porque no residía en el país desde hacía un largo tiempo. Y agregó, en tono desafiante, que no le daba el cuero. Las elecciones presidenciales se llevaron a cabo como estaba previsto: el 11 de marzo de 1973. El FREJULI sacó un poco más del 49% de los votos, relegando a un lejano segundo lugar al binomio radical, compuesto por Ricardo Balbín y Raúl Gamond. Más atrás se ubicó la fórmula integrada por Francisco Manrique y Martínez Raymonda. Balbín rápidamente entendió el cuadro de situación y decidió no competir en el ballottage. En consecuencia, el FREJULI ganó en primera vuelta y Cámpora asumió como presidente de la nación el 25 de mayo de 1973. El fervor militante estaba a full. La Plaza de Mayo se cubrió de militantes del peronismo combativo y flamearon las banderas alusivas a la organización Montoneros. El peronismo de izquierda estaba exultante. Finalmente, Cámpora habló ante la Asamblea Legislativa. El clima era festivo. Es probable que los jóvenes que estaban en la plaza hayan creído sinceramente que por fin el socialismo era una realidad en la Argentina. Por la noche el flamante presidente decretó la liberación de los presos políticos, decisión que fue convalidada por el parlamento a través de una ley de amnistía. Pero no todo era algarabía en el flamante gobierno. El ministro de Bienestar Social, José López Rega, era un furioso anticomunista dispuesto a no permitir que la izquierda del peronismo se adueñara del gobierno. Muy pronto afloraron las contradicciones dentro del gobierno camporista, las que hicieron eclosión el 20 de junio cuando Perón regresó definitivamente al país. Ese día los campos de Ezeiza se transformaron en un campo de batalla donde los sectores antagónicos del peronismo dirimieron sus diferencias a balazos. Perón ya había tomado la decisión fundamental: gobernaría con la derecha del movimiento, es decir, con López Rega y Rucci, su principal abanderado. El 21 de julio se produjo un hecho trascendente: Cámpora y Solano Lima renunciaron. Con ellos se fueron todos los integrantes del gabinete, con excepción de López Rega y algún otro funcionario. Cámpora fue inmediatamente reemplazado por Raúl Lastiri, yerno de López Rega y presidente de la Cámara de Diputados. Lastiri llegó a la Rosada con un único propósito: convocar lo antes posible a elecciones presidenciales para permitir a Perón ser nuevamente presidente de la nación. El dueño de más de trescientas corbatas cumplió con la orden y el 23 de septiembre cerca del 62% del pueblo eligió a la fórmula Perón-Perón. Segundo salió nuevamente Ricardo Balbín, esta vez acompañado por una joven promesa del radicalismo: Fernando de la Rúa. Dos días después, montoneros asesinó a Rucci. El anhelo de paz del pueblo argentino se hizo añicos. Ese asesinato constituyó una afrenta para Perón. Su hombre de confianza, el hombre que lo había protegido de la lluvia un año antes en Ezeiza, era acribillado a balazos por un sector del peronismo que había decidido empuñar las armas para instaurar en el país el socialismo.

El fervor militante condujo a miles de jóvenes a un fervor revolucionario que terminó en tragedia. Con el rostro del Che Guevara como emblema, la militancia juvenil de los setenta creyó sinceramente que la Argentina podía cambiar. Y utilizaron las armas para garantizar el cambio. Fue la militancia de las armas. Fue la militancia que rozó el fanatismo. Y cuando cunde el fanatismo, se nubla la mente. El accionar militante de los montoneros y el erp. (y el de las restantes organizaciones guerrilleras menores) terminó por enfrentarse con Perón, con el mismo líder que los había apañado durante el exilio. La militancia creyó que el Perón que aterrizó en Ezeiza el 17 de noviembre de 1972 era el líder revolucionario. Grueso y fatal error. Fue el Perón de siempre, carismático, maquiavélico y profundamente conservador. Por eso aceptó ser resguardado por el paraguas de Rucci y no por el de Cooke. Ya en ese momento seguramente tenía la decisión tomada: gobernaría la Argentina apoyado en la espalda del peronismo ortodoxo, sindical, de derecha. El desafío de la militancia a la autoridad de Perón trajo aparejadas nefastas consecuencias. El 1 de mayo de 1974 Perón insultó a la militancia juvenil y la guerra fue inevitable. La irracionalidad desembocó en el 24 de marzo de 1976, día en que la militancia recibió un duro golpe. La derrota en Malvinas obligó al régimen militar a transitar nuevamente el camino rumbo a la democracia. La militancia resurgió en 1983 pero a diferencia de las décadas de los sesenta y setenta, ya no se trató de la militancia peronista sino de la militancia del radicalismo, de la Unión del Centro Democrático y del Partido Intransigente. La juventud radical, encolumnada detrás de la Coordinadora, hizo flamear las banderas del radicalismo a lo largo y a lo ancho del país. Se trató de una militancia mucho más pacífica que la militancia montonera. Ésta hablaba de la lucha, la resistencia y la implantación del socialismo de la mano de Perón, visualizado increíblemente como el gran líder revolucionario. Aquélla enarboló las banderas de los derechos humanos, la igualdad, la libertad y la democracia, y se encolumnaron detrás de la figura de Raúl Alfonsín. La Ucedé, fundada por Alsogaray, tuvo una juventud militante activa y entusiasta, al igual que el Partido Intransigente fundado por el Bisonte. Aquélla enarbolaba los principios de la Constitución de 1853 y ésta proclamaba en buena medida los ideales de los setenta pero sin hacer apología de la lucha revolucionaria. Con Menem la militancia entró en un cono de sombras. La política se farandulizó y la Argentina se transformó en un mercado persa. El metafísico de Anillaco buscó a los estudiantes de las universidades privadas de Buenos Aires para conformar los equipos técnicos de su gobierno. La Unión Liberal, juventud de la Ucedé, había alcanzado la gloria. La militancia histórica resurgió con Néstor Kirchner. Ese fue, qué duda cabe, uno de los grandes legados. Se trata de una militancia similar a la de la época de Alfonsín. La Cámpora es muy similar a la Coordinadora y la juventud macrista es la continuación de Unión Liberal.

Hernán Andrés Kruse

Rosario-hkruse@fibertel.com.ar

Konfluencia Popular.

1972 - 17 DE NOVIEMBRE -2014

DIA DEL MILITANTE

CUANDO LA LUCHA POPULAR JAQUEABA A LA DICTADURA,

A PERON LE DIO EL CUERO…

“…no voy a admitir que corran más a ningún argentino diciendo que Perón no viene porque no puede. Permitiré que digan: porque no quiere; pero en mi fuero íntimo diré: porque no le da el cuero para venir”.

Gral. Alejandro A. Lanusse, a cargo del gobierno militar

Después de 17 largos años de exilio forzado por un golpe militar que la historia “gorila” llamo “Revolución libertadora” y que el pueblo peronista que sufrió en carne propia fusilamientos, cárcel, tortura, exilios, despidos y proscripción, le dio su verdadero nombre; “Revolución Fusiladora”

Después de la “resistencia”, con sus sabotajes, paros y caños, después de todos los intentos de destruir o domesticar el movimiento popular, después de 17 años de exilio de Perón.

Con la consigna de “LUCHE Y VUELVE” el pueblo fue recobrando esperanza y fuerza, comenzó a movilizarse en miles de acciones y actos en el camino para recuperar la posibilidad de un gobierno popular.

El “Tio” Cámpora desde Madrid, anunció que Juan Domingo Perón volvería a la Argentina antes de fin de año.

“…a pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia me impulsa a tomar la decisión de volver, con la mejor buena voluntad, sin rencores que en mi no han sido habituales y con la firme decisión de servir, si ello es posible”.

Solicitada firmada por Juan Domingo Perón (7 de noviembre de 1972)

Perón volvió, porque lo trajimos los militantes populares, los que nunca dejamos de resistir y combatir contra la injusticia y especialmente contra las dictaduras militares, confiados en ser los constructores de la historia, porque somos los actores principales de la política, de la justicia y de la vida.

…“Como en los viejos tiempos, quiero pedir a todos los compañeros de antes y de ahora, que dando el mejor ejemplo de cordura y madurez política, nos mantengamos todos dentro del mayor orden y tranquilidad. Mi misión es de paz y no de guerra”.

Juan Domingo Perón mensaje al Pueblo – Roma 15 de noviembre de 1972

El 16 de noviembre, el gobierno de la dictadura de Lanusse, rodeó el aeropuerto de Ezeiza con fuerzas militares para evitar que los militantes y el pueblo peronista recibiéramos a Perón.

A pesar de los cordones de soldados, ciento de miles de peronistas pasaron la noche en las casas del pueblo esperando el amanecer del 17 de noviembre. El día se pinto de pueblo celeste y blanco. Nos lanzamos a las calles bajo una fuerte llovizna, saltamos alambradas y unidos mano con mano cruzamos los dos brazos del río Matanza. Avanzamos hasta el cordón impenetrable en que los oficiales ordenaron a los soldados tirar ráfagas por encima de nuestras cabezas.

El 17 de noviembre se inicio en las luchas de Resistencia, se concreto con la gloriosa JP y fue el día en el que el pueblo consiguió torcer el brazo a los militares y recuperar la historia, el día del gran triunfo del Movimiento Popular, el día que volvía a pisar suelo argentino JUAN PERON.

Por todo esto, el 17 de noviembre es el “DÍA DEL MILITANTE” en homenaje a los miles de compañeros que sufrieron persecución, cárcel y exilio, que dieron sus vidas por traer a Perón de vuelta a su Patria y reconstruir un gobierno popular.

Hoy después de 36 años, de los 30.000 desaparecidos, los miles de muertos y exiliados, de la entrega del patrimonio nacional y la destrucción del aparato productivo, después de haber reiniciado el proyecto Popular conducido por Nestor y Cristina el “DIA DEL MILITANTE” debe ser el día en que reafirmamos nuestro compromisos con el Pueblo y con la construcción de un Proyecto Nacional con Justicia Social para todos los argentinos.

Para todas las Compañeras y para todos los Compañeros:

¡FELIZ DÍA DEL MILITANTE!

¡FELIZ DIA COMPAÑEROS!

El peronismo bautizó el 17 de noviembre de 1972 como “el día de la militancia”. Los jóvenes peronistas contemporáneos se emocionan en este día pese a que la foto histórica que simboliza ese día registra las figuras de dos políticos emblemas del peronismo que poco o nada tienen que ver con los ideales enarbolados por la juventud peronista de aquel entonces.