Democracia o Dictadura genocida del poder financiero.

Julio-Agosto de 2015.
Grecia no fue sólo la cuna de la filosofía o de la democracia en tiempos antiguos. También resultó en tiempos modernos paradigma de luchas nacionales y populares por causas muy justas; como la emprendida por la independencia contra el imperio otomano (en la cual pereció el célebre poeta británico Lord Byron, comenzando una larga serie históricas de bardos militantes que pagaban con su vida su trayectoria consecuente) y contra la ocupación nazi, respectivamente en los siglos XIX y XX. Fue también el país en el cual el gran compositor Mikis Theodorakis compuso parte de sus mejores temas golpeando con sus manos en los barrotes de las mazmorras en las que lo confinaba la dictadura que asoló al noble pueblo heleno en las décadas del ’70 y ’80.
Durante la moderna democracia comenzó a gestarse una contradicción: entre poder político y poder económico, que se escenifica de manera casi dantesca (por el descenso a los infiernos) en los tiempos que corren en Grecia. La historia es bastante conocida: en tiempos de generosa liquidez la economía helena fue alentada a endeudarse profusamente; entre otras causas para resultar mercado para las manufacturas provenientes de Alemania. Producida la crisis, la troika (la comisión europea, el Banco Central de la Eurozona y el F.M.I.), el verdadero poder económico mutaron desde la “generosidad” recién descripta a exigir ajustes que condenaban a la muerte por inanición a franjas sustanciales del pueblo. La dirección política de la citada Troika es ejercida por el gobierno alemán, país que casi nunca pagó sus deudas, pero exige como si se tratare del mayor pagador de la historia. Así se fueron consumiendo las posibilidades y los consensos con que gobernaban el (no muy consecuentemente) socialdemócrata P.A.S.O.K. y el conservador Nueva Democracia. Con los comienzos de este 2015 la coalición de las nuevas izquierdas Syriza llegó al gobierno y, respetuoso de la voluntad popular, reafirmó la voluntad de negociar con la Unión Europea, pero desde el respeto por las soberanías nacional y popular y por el bienestar presente y fututo del pueblo. En el marco de una negociación muy compleja por una deuda; que todo el mundo económico reconoce como impagable recurrió a un recurso que fue considerado como herético por parte de la troika: consultar al pueblo griego si aceptaba las condiciones genocidas urgidas por la troika. El veredicto popular fue irrefutable, lo cual no amilanó a los terroristas financieros de la burocracia europea, que en días recientes logró un “acuerdo”, equivalente al que obtienen los gangsters con su víctima secuestrada. Así tenemos desplegada la contradicción entre democracia (vigencia de la voluntad popular) y poder económico. En un proceso que de ningún modo está cerrado, Grecia en los tiempos venideros necesitará la pericia de sus gobernantes, el temple y la movilización de su pueblo y la solidaridad de los movimientos sociales de todo el orbe, que deberán reencarnarse como modernos lord Byron para proteger al pueblo heleno y salvaguardar así la llama de esperanza abierta en América Latina con las parciales y provisorias derrotas que hemos infligido al neoliberalismo.