De medio término pero sin términos medios: una mirada no complaciente sobre las elecciones de Octubre

La ciudad de Buenos Aires parece, por ahora, un territorio irremediablemente perdido para el movimiento nacional, popular y democrático. A la vez, la diversidad de situaciones políticas en el interior del país y dentro de ellas el mosaico intrincado de nuestras propias fuerzas, dificultará extraer una conclusión rápida y clara de las elecciones de medio término.
En cambio la presencia de Cristina Fernández de Kirchner en la disputa electoral en la Provincia de Buenos Aires ha desatado una expectativa sin igual por el resultado del 22 de Octubre en ese territorio. La escasa diferencia a su favor en la primera vuelta es vista, y con razón, como un triunfo de magnitud que excede lo cuantitativo y bonaerense, aunque no se proyecte por ello como un triunfo indubitable en este Octubre transformado en poco menos que un ballotage. La razón: las fuerzas coaligadas de la derecha esperaban que la intensa campaña de demonización y desprestigio orquestada, nacional e internacionalmente, sepultara toda esperanza de reinicio del ciclo transformador, latinoamericanista y autónomo de los grandes centros del poder imperialista mundial. Salvo una catástrofe poco previsible y sin depender estrictamente de los resultados electorales, es evidenció que Cristina y el kirchnerismo concentran en sus manos todos los atributos de la oposición en la Argentina. El kirchnerismo es la única oposición, nítida y con perspectivas, al plan de “reorganización nacional” al servicio de la globalización neoliberal, un plan que va más lejos que una simple y llana restauración conservadora.
El revanchismo clasista que expresa la mayoría del antikirchnerismo, se inscribe en la vasta ambición de una transformación estructural, económica y social, que tiene en la reforma laboral tan sólo un capítulo, paradigmático pero inicial. Suscribo por ello, la afirmación de Itai Hagman: el equipo de los CEOS se propone construir en su totalidad un nuevo sistema político, con oposición incluída y por ahora eligieron al complaciente Sergio Massa. Pero Massa, triturado por la polarización se extravió en el camino del medio y entonces fue el pueblo y no Macri quien construyó la oposición. Son el movimiento popular y las fuerzas antineoliberales las que se encaminan a ocupar el lugar central de la oposición, sosteniendo en ese camino y aún de manera inestable, a Cristina y al kirchnerismo en los lugares más destacados de su construcción.
A pesar de las dificultades creadas por la catarata de difamaciones y acusaciones -no sólo de corrupción- hasta el alucinado extremo de acusar a la ex presidente del asesinato de Nisman, de operaciones de todo tipo y envergadura y de la difusión continua de encuestas desfavorables para minar la disposición de lucha del movimiento nacional y popular, se ha hecho evidente que los de éste lado de la grieta continuaremos dando batalla hasta el último minuto.
Estamos convencidos que la instalación ya producida del kirchnerismo como el bastión fundamental de la oposición y de Cristina como la única perspectiva cierta de reconstrucción de un liderazgo nacional, constituyen en sí mismos un triunfo que afianza el rumbo para derrotar al neoliberalismo, hasta el momento encabezado por Macri, en las elecciones de 2019.
Apenas transcurrido el 22 de Octubre y desde el cierre mismo del comicio comienza la batalla por el sentido del voto emitido. Un triunfo mínimo de Bullrich será, para los medios hegemónicos, una victoria aplastante de alcance nacional y de trascendencia histórica no coyuntural. Una victoria mínima de Cristina será mostrada como una mera elección local, decepcionante y sin trascendencia nacional. Los análisis sobre el sentido y contenido del pronunciamiento de la ciudadanía serán el territorio de la disputa política en su lanzamiento hacia 2019.
Retomando la afirmación de que se proponen construir una oposición complaciente a su imagen y semejanza, seguramente la lectura del débil triunfo de Cristina o de la aplastante victoria de Bullrich - Vidal serán el elemento indispensable para construir el reemplazo del ya escasamente útil Massa.
Viejos y nuevos caudillos del pejotismo del interior ya están anotados no sólo para reemplazar al tigrense sino principalmente a Cristina, buscando dar su ciclo por terminado y revivir desde allí un peronismo aterciopelado y domesticado que venderán de aggiornado.
Encerrados en castillos feudales de nuevo tipo, rodeados de desmontes sojeros y conteniendo estribaciones mineras, los viejos caudillos peronistas, adalides de la reprimarización de nuestra economía al servicio de la globalización imperialista, se disponen a reconstruir un tren fantasma como en la época de Duhalde con la ilusión de suplantar a Cristina. Enfrente de ellos y de un mundo que por momentos parece revuelto y desquiciado nosotros vamos por la construcción de esa patria grande que con Hugo, Néstor y los restantes líderes latinoamericanos tanto hemos soñado. Y nos va la vida en ello. Y la de nuestros hermanos.
Lido Iacomini - Octubre 3 de 2017 –