CUENTO DEL GALLO PELÓN.

(Francisco Perrone Coronel)

¿Quieres que te cuente el cuento del gallo pelón? Preguntaba el abuelo. –Bueno- decían los nietos. El abuelo decía:- Yo no digo bueno ¿Yo digo que si quieres que te cuente el cuento del gallo pelón? –Sí- gritaban los niños. -Yo no digo sí– contestaba el abuelo- ¿Yo digo que si quieres que te cuente el gallo pelón? Y así se continuaba hasta el cansancio.

De esta suerte procede la oposición banquera, exigiendo imposibles para mantener ese ciclo de violencia y obstrucción. Ellos saben que han perdido, y por esa razón es fraude, porque si ganaban entonces no era fraude. ¿A qué lógica pertenece esta conexión de ideas? ¿Se podrá razonar, aunque sea desde la lógica formal, con estas personas? ¿Cómo entenderlos si aceptando la solución que ellos mismos proponen, le encuentran o le inventan, un problema?

Así, exhibiendo una enorme terquedad junto a una creativa fuente de rumores, van sembrando dudas continuamente. Han convertido a la duda de método científico a instrumento de manipulación, exacerbando la desconfianza de los ciudadanos hacia el gobierno, y tan hábilmente, que han logrado borrar de la memoria colectiva el descontrol y la podredumbre que reinaba en los tiempos no lejanos que gobernó la banca y acabó con el país.

Esta es la única y elemental estrategia que muestran los clanes oligárquicos que se sienten amenazados en sus privilegios por los cambios necesarios que exige la construcción de una sociedad menos desigual, más justa, equitativa y saludable. ¿Eso es lo que les molesta? ¿En qué queda todo ese amor cristiano que dicen profesar? ¿Y en verdad están tan mal económicamente o solo no les va como quisieran? ¿No es mucho egoísmo aquello?

Los orígenes de las actuales clases obesas latinoamericanas se remontan hasta los tiempos en que llegaron hordas salvajes de invasores europeos y sobre la sangre, el dolor, y el asesinato de millones edificaron sus patrimonios con las tierras de las que los despojaron, justificando ese dominio con títulos de nobleza que compraron con oro robado a los inocentes. Ahora, cosa de Ripley y para la historia, esos clanes se encuentran en las calles, empeñados en recobrar a las bravas el poder político perdido en las urnas por sus propios y crasos errores, usando de la violencia como su principal, y desde sus orígenes histórico, único argumento.

Sujetos como están estos clanes a los intereses foráneos, han ido perdiendo el rumbo en el transcurso del tiempo, y más claramente desde la década de los ochenta del siglo pasado, carecen de cualquier proyecto propio de desarrollo ya que se habían allanado a un proyecto extranjero que nos limitaba, en lo económico, a ser productores de materias primas e importadores de las manufacturas que con esas mismas materias primas nos llegan transformadas desde los centros industriales.

Por eso obstruyen y pretenden destruir el proyecto soberano de la Revolución Ciudadana insistiendo en volver al viejo modelo de exportar e importar que hemos tenido desde los tiempos de la colonia española, y oficialmente reimplantado desde el llamado Consenso de Washington, implementando de nuevo al neoliberalismo que contempla la minimización del estado y la eliminación de los organismos de control (que ellos llaman dictadura) lo que nos volvería a ese pasado envilecedor en el que dominó el poder bancario con una partidocracia que era parte de la nómina del capital financiero.

Su dogmatismo económico fundamentalista les impide entender que la sociedad está por encima del individuo y que los problemas de la sociedad son prioritarios frente a los intereses de los grupos fácticos. Esto se les vuelve más difícil de comprender por la estrecha visión de clase privilegiada que se mira a sí misma por sobre las demás, verdadero lastre heredado de la arcaica estratificación social de la colonia y que los tiene rezagados del proceso histórico y de los nuevos tiempos que se viven.

¿Será posible llegar a un acuerdo entre las clases? ¿Serán capaces de superar sus prejuicios y complejos? ¿Cómo tranquilizarlos para que predomine la razón? ¿Cómo hacerles entender que los verdaderos miedos no es si Lenin Moreno desdolariza o no sino el cambio climático que ya estamos enfrentando u otros graves asuntos que afectan a la sociedad entera como el consumo de estupefacientes de nuestros nietos? Estos son los temas que deberíamos ya estar trabajando en conjunto para resolverlos.

-No, que nuestra bronca es contra la corrupción- exclamarán airados cual modernos Savonarolas con sus índices extendidos. -De acuerdo- Pero que caigan todos, funcionarios y empresarios, desde el Retorno a la Democracia hasta el día de hoy tal cual una Purga General Contra la Corrupción. ¿Se atreverán a eso? ¿Aceptarán que algunas de sus fortunas son producto de la corruptela? ¿Superarán ese mito de seres impolutos y perfectos? ¿Entenderán que la corrupción es el cáncer de este sistema y si no se lo extirpa, la sociedad muere?

Vemos con preocupación los niveles de beligerancia y tozudez que presentan estos clanes que tensan la contradicción hasta el antagonismo, por eso, antes que lleguemos al punto de el no retorno, creemos viable sentarnos en una Mesa de Conciliación Nacional para ponernos de acuerdo en una Agenda Mínima de Desarrollo en la que en primer lugar, y el más importante, podamos abrazarnos como seres humanos y perdonarnos nuestras limitaciones. Sobre esa fraternidad universal podemos resolver nuestras diferencias y encarar la solución a los graves problemas de sobrevivencia que atraviesa tanto nuestra sociedad como la especie humana a la que pertenecemos. ¿Podremos hacerlo?

Francisco Perrone Coronel

DIRECTOR DE LA ESCUELA DE FORMACIÓN CIUDADANA DEL COLECTIVO CIUDADANOS POR EL BUEN VIVIR- GUAYAS

Guayaquil, 06 abril de 2017