CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº51.

(2007-2014)

DIRECTOR: ALBERTO J. FRANZOIA

EDITOR: RAÚL ISMAN
AÑO 3 - 2014
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OCTUBRE DE 2014

Cuaderno nº51 (octubre 8 de 2014)

Cuaderno nº51 (octubre 8 de 2014)
I. Editorial. Jorge Abelardo Ramos, constructor de la Patria Grande. Por Alberto J. Franzoia

II. Así paga el diablo. Por Juan Carlos Jara

III. La obra monumental del doctor Carrillo. Por Guillermo “Yiyi” Alfieri
IV. Los medios de comunicación. Por Raúl Scalabrini Ortiz
V. Video. Entrevista a Perón sobre un viejo tema: la inseguridad

VI. Correo de lectores

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I. EDITORIAL

JORGE ABELARDO RAMOS, CONSTRUCTOR DE LA PATRIA GRANDE

Por Alberto J. Franzoia

Un 2 de octubre de hace 20 años nos abandonaba la presencia física de Jorge Abelardo Ramos, el teórico y político que tanto nos ayudó a entender. El orador de verbo deslumbrante, sonrisa pícara y mirada embriagada de lucidez. El que tanto nos dio con ese marxismo bolivariano que sirvió, por estas latitudes, para poner al socialismo revolucionario con los pies sobre la tierra; algo similar a lo que Marx y Engels hicieron con la dialéctica (hasta entonces idealista) gestada por Hegel. El que hizo escuela con su sabia obsesión por la Patria Grande, hasta encontrar en Hugo Chávez (aunque él ya había partido) al conductor político que más y mejor expresó el espíritu bolivariano y revolucionario que recorre cada página de buena parte de su obra. El que enseñó no sólo con sus libros sino con cada uno de sus discursos, convertidos en piezas oratorias de excelencia; y el que a veces también me enseñó con el enorme privilegiado de sostener algunos cara a cara hasta hoy imborrables en mi memoria. Como cuando caminamos juntos conversando sobre el alfonsinismo gobernante por la avenida 53 de La Plata, después de visitar Radio Provincia allá por 1985. O cuando para darme la mano por primera vez (presentados en 1983 por Néstor Fredes, Secretario General del FIP La Plata), mientras sostenía con la derecha una empanada, me extendió la izquierda, porque según dijo: “es una muy buena mano”. Así lo quiero recordar, dejando para el altillo de las cosas arrumbadas por carecer de utilidad, los años de equívocos que vinieron cuando extraviando sus pasos se precipitó hacia el abismo menemista.

Ramos fue el responsable de abrir mi cabeza, entre otras cuestiones, al entendimiento integral de una Patria Grande que balcanizada por la acción conjunta de las oligarquías nativas y el capital extranjero, sólo en la unidad encontrará un destino superador para tantas desdichas padecidas. Lo descubrí cuando a mis 20 años inicié el recorrido de las páginas de su “Historia de la Nación Latinoamericana”. Fue entonces cuando encontré las claves de un pasado que me permitiría entender nuestro presente y trabajar por un futuro alternativo para la Patria. Y cuando sobre el final del escrito apareció como conclusión “Bolivarismo y Marxismo”, que Ramos exponía como la joya más preciada de su magna obra, terminé de confirmar una sospecha que se manifestó constantemente a lo largo del recorrido realizado: había dado con la llave con la que abriría unas cuantas puertas. Desde entonces el Colorado se convirtió en uno de mis más influyentes y queridos maestros.

El filósofo francés Louis Althusser sostuvo en “Para leer El Capital” algo muy atendible; según él, Marx, con sus aportes fundamentales vinculados al estudio del modo de producción capitalista, había inaugurado el continente historia. Pues bien, Ramos inauguró en mi biografía (y seguramente en la de muchos compañeros) el continente América Latina entendido como una única Patria. Patria Grande que sólo a través de la lucha popular para conquistar la unidad superadora de décadas de balcanización, encontrará su realización plena. Otros ya habían incursionado en el problema con similar convicción, justo es reconocerlo, pero Ramos nos presentó una historia fundamentada de esas luchas, dotando de gran solidez teórica y política nuestra práctica transformadora. Un primer intento, con falencias que él mismo reconocería luego, lo hizo hacia fines de los años cuarenta del siglo pasado con “América Latina: un país”. Casi veinte años después llegará su obra cumbre sobre el tema, como sostuve en párrafo anterior: “Historia de la Nación Latinoamérica”

Un día ese texto desapareció de mi biblioteca. Historia repetida hasta el cansancio de libros prestados que nunca regresan. Originalmente se había publicado en abril 1968, con una reimpresión de la misma en junio de 1969, hasta que en agosto de 1973 aparece la segunda edición. Esa fue la que albergó mi biblioteca, primero en La Plata, luego en Madrid en forzadas “vacaciones” durante parte de los años de plomo, regresando conmigo nuevamente a La Plata hasta su partida sin retorno allá por 1989, cuando la presté. Agotadas las ediciones originales (aquellas que albergaban la visión ya madura del mejor Ramos, las que contienen su original y fundamentada versión marxista bolivariana de la unidad), no tuve oportunidad de reencontrarme con el texto por mucho tiempo. Hasta que en el transcurso de 2008, en el foro digital Reconquista Popular, observé con enorme satisfacción que el compañero Roberto Vera enviaba digitalizado el capítulo “Bolivarismo y Marxismo”. No pude entonces menos que hacer pública mi satisfacción y, a su vez, mi deseo de reencontrarme y de cualquier manera con esa versión original agotada. Pasó algún tiempo hasta que llegó a mi bandeja de entrada de mensajes electrónico uno de Roberto con la noticia que con ansiedad había esperado: “encontré en una librería de usados de Buenos Aires una “Historia de la Nación Latinoamericana”, si querés te la compró y después arreglamos”. ¡Maravilloso, no podía creerlo! Tiempo después viaje desde La Plata a Capital Federal a encontrarme con el cumpa y a reencontrarme con ese pedazo tan querido de mi biografía.

La obra general de Ramos es vasta, y sus aportes han sido esenciales en varias cuestiones, desde la gestación (junto con otros entrañables compañeros) de una izquierda nacional y de una corriente historiográfica afín a ella, pasando por la reivindicación de grandes hombres pero olvidados como Manuel Ugarte, hasta la larga batalla por gestar una conciencia de Patria Grande. También es cierto, si queremos superar todo enfoque apologista recurriendo a la mayor objetividad (aunque no imparcialidad) posible, que en la última etapa de su vida Ramos fue modificando esa visión de mundo que lo llevó a ser uno de los más grandes exponentes de la Izquierda Nacional. De allí que las más recientes ediciones de su “Historia de la Nación Latinoamericana”, al incorporar cambios concordantes con esta cuestión, no conservan el enorme valor original. Algunos compañeros, como el que escribe este homenaje al gran maestro, no acordamos con dicho cambio y lo hemos expresado en reiteradas oportunidades. Sin embargo, más allá del abandono del socialismo revolucionario, justo es decir que Ramos nunca expulsó su opción bolivariana para América Latina. Por eso, y más allá de las transformaciones que experimentó en el plano ideológico-político, no dejó de ser un gigante del pensamiento original latinoamericanista, que dedicó buena parte de su vida a construir una conciencia de Patria Grande imprescindible para la concreción de la tarea. Ese inmenso mérito sólo puede merecer, más allá de las diferencias que el tiempo trajo aparejadas, un enorme agradecimiento a veinte años de su partida.

La Plata, 8 de octubre de 2014

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II. ASI PAGA EL DIABLO

Por Juan Carlos Jara
Una frase poco feliz de Perón, y por otra parte carente de todo asidero en la realidad, es aquella según la cual, al asumir su primer gobierno, los pasillos del Banco Central se hallaban colmados de pilas de lingotes de oro con los que el visitante se tropezaba a cada paso.
Ignoramos el sentido político de aquel comentario ingenuamente triunfalista de Perón, pero lo cierto es que si, al término de la guerra, la Argentina era acreedora de las dos máximas potencias del momento (Estados Unidos y Gran Bretaña), los millones y millones de libras y dólares adeudados por éstas no se hallaban precisamente en los subsuelos del Central, por lo que nadie debía temer una incómoda colisión con esos míticos lingotes. Se hallaban amorosamente depositados en bancos ingleses y norteamericanos, bloqueados y con riesgo cierto de devaluación e inconvertibilidad. En otras palabras, y como lo explicaba en 1951 el propio Perón: “el deudor se negaba a pagar, no cubría interés alguno y, entretanto, maniobraba con los precios en forma que ese crédito argentino bloqueado se ‘evaporaba’ a la mitad”.
Ese “inicuo despojo” –así lo calificaba el General-, obligó a nuestro país a emplear los saldos de la deuda norteamericana haciendo “compras apresuradas para satisfacer necesidades apremiantes” y sin posibilidades de apelación alguna, pues “si reclamábamos, nos decían que éramos ‘nazis’”.
A la vez por el lado británico, que a la sazón nos debía la bonita suma de 117 millones de libras (algunos la elevan a 140 millones), se logró un acuerdo “solemne” por el cual el gobierno inglés se comprometía a mantener la convertibilidad de la libra esterlina. De esa manera Argentina podía emplear esas divisas, convertidas en oro o en dólares, para efectuar sus compras en los Estados Unidos, único país en condiciones de cubrir las necesidades de bienes de capital de la industria argentina.
Cabe acotar aquí, como bien apunta Norberto Galasso, que “ los varios años de bajas importaciones entre 1939 y 1945 –en los cuales llegamos a quemar trigo como combustible por falta de petróleo y carbón extranjeros- habían provocado una sensible debilidad en maquinarias, equipos e insumos diversos, que necesariamente debían cubrirse con fuertes importaciones al terminar la contienda”.
Fueron dos los tratados rubricados con Gran Bretaña, los que al poco tiempo, en agosto de 1947, se convirtieron en mero papel mojado. Inglaterra declaró unilateralmente la inconvertibilidad de la libra, con acuerdo o por presión del gobierno estadounidense, según sospechaba Perón.
La medida británica obligó a la Argentina a realizar sus importaciones dentro del campo de la libra, amenazando así seriamente el plan de industrialización del gobierno. “Así paga el diablo”, dirá después Perón, a quien la actitud angloyanqui le permitía extraer una exacta y amarga conclusión: “Dentro del campo de la economía internacional, los métodos del imperialismo capitalista no difieren de su conducta habitual” (artículo firmado como “Descartes”, en “Mundo Peronista” N° 8, 1-11-1951).
Lo concreto es que el desvanecimiento de la clásica relación triangular entre nuestro país, Estados Unidos y Gran Bretaña tuvo en cierta manera efectos positivos porque posibilitó la nacionalización de los ferrocarriles, toneladas de “hierro viejo” para la oposición, y readquisición de “soberanía” para la mirada de un patriota como Scalabrini Ortiz.
De todos modos, es lícito preguntarse la razón del apoyo norteamericano a la medida de inconvertibilidad británica, teniendo en cuenta que de esa manera Estados Unidos obstruía las posibilidades de exportar su propia producción a nuestro país. Ocurre, como bien explican Mario Rapoport y Claudio Spiguel (“Relaciones tumultuosas”, 2009; p 251) que Estados Unidos había decidido asignar prioridad a la reconstrucción europea, más que nada por razones políticas y estratégicas, excluyendo a América Latina, y por ende a nuestro país, de su interés inmediato. Por otra parte, y no resulta un aspecto de menor cuantía, “los intereses norteamericanos partidarios de negociar con Perón –aprovechando la industrialización argentina para desplazar la competencia británica y europea- se oponían al ‘nacionalismo estrecho y egoísta’ de la política económica y, especialmente, a todos los aspectos que contradecían la estrategia de ‘puertas abiertas’ impulsada mundialmente por los Estados Unidos”. Esos aspectos eran: “estatismo, bilateralismo, IAPI, no incorporación al FMI y al Banco Mundial, restricciones para la expansión de las empresas y del capital financiero norteamericano dentro de la Argentina, y Tercera Posición en las relaciones diplomáticas”.
Es que pese a la escasez de dólares –“restricción externa” la llamaríamos hoy- el gobierno peronista no revirtió el rumbo de su política internacional y en lo interno acentuó los rasgos industrialistas y proteccionistas de su política económica, limitando, entre otras medidas, las importaciones de tipo suntuario y aplicando regulaciones sobre las empresas e inversiones de capital extranjero, al reducir la remisión de ganancias y regalías al exterior.
“En 1949 no nos quedaba una divisa”, reconocerá Perón. Pero se habían adquirido con ellas las principales bases de la recuperación nacional. Para 1951 la Argentina había “pagado la totalidad de su deuda externa, formado su flota mercante y aérea, modernizado sus fuerzas armadas, realizado y consolidado su independencia económica y justicia social, mantenido la plena ocupación, reactivado la economía y ejecutado más de 75. 000 obras públicas en todo el territorio”.
La oposición sin embargo no cejó en su papel puramente obstruccionista. “Los charlatanes que capitanean bandas políticas –se quejaba Perón- dicen que el gobierno peronista ha arruinado el país. Nosotros sabemos que el esfuerzo más grande ha sido realizado para pagar las deudas que ellos contrajeron y recuperar los bienes que ellos entregaron, por moneditas de coima, a sus amos de ayer y de hoy”.
Les suena, ¿verdad
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III. LA OBRA MONUMENTAL DEL DOCTOR CARRILLO
Por Guillermo Alfieri

El torneo de primera división, organizado por la Asociación del Fútbol Argentino, se denomina “Doctor Ramón Carrillo”. De tal modo, el nombre se popularizó pero, supongo, la vida y obra del médico santiagueño no son conocidas en la misma medida. Lo deduzco, porque mientras mirábamos el anodino encuentro de turno, en la programación televisiva, un miembro de la familia comentó que tenía vagas referencias del personaje homenajeado. En consecuencia, por si el bache de información es compartido por buena parte de la audiencia, reconstruimos la semblanza de Ramón Carrillo.

Exilio, pobreza y difamación
El doctor Ramón Carrillo sabía que pronto iba a morir, pero no perdía el humor: “Con los píes para adelante, no. Todavía no”, dijo a los enfermeros, que en complicada maniobra trataban de acomodar la camilla a una escalera del pequeño hospital de Belem do Pará, ciudad puerto de Brasil. Allí se exilió, acosado por el golpe militar de 1955, aunque sus desventuras habían comenzado un año antes, cuando la puja interna en el gobierno peronista, provocó en 1954 su renuncia al cargo de ministro de Salud Pública y Asistencia Social, que desempeñó desde 1946.
El deceso ocurrió el 20 de diciembre de 1956, a los 50 años de edad, por hipertensión crónica y mal atendida, que lo sumergió en un coma profundo de veinte días. En Brasil, con su mujer, subsistieron por la caridad de la gente. El precario ingreso fijo provenía del trabajo como médico rural y de los clandestinos envíos de dinero que desde Buenos Aires efectuaba su colega y amigo Salomón Chichilnisky.
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Carrillo nació en la capital de la provincia de Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. Fue el mayor de diez hermanos. Se doctoró en la Universidad de Buenos Aires, con medalla de oro al mejor estudiante de la promoción 1929. Con una beca se perfeccionó en Europa y su abanico profesional abarcó las especializaciones en neurocirugía, neurobiología, sanitarista, investigador y académico en cátedras ganadas por concurso.
Alguna velada porteña lo reunió con otro santiagueño: Homero Manzi. Compartiendo ideales y esperanzas, que el autor del tango “Sur” canalizó en la Fuerza Radical de la Joven Argentina (FORJA) y en el apoyo al rumbo del primer gobierno peronista. Arturo Carrillo, autor del libro “Ramón Carrillo. El hombre, el médico y el sanitarista”, contó que su hermano y el poeta mantuvieron una entrañable camaradería hasta el final de los días de Manzi, en 1951.
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Los recopiladores de la carrera de Ramón Carrillo, como Marcos A. Ordoñez, mencionan su identificación con la Escuela de la Neurobiología Activa. En 1939 ingresó en el Hospital Militar, donde se trataba a conscriptos con insuficiencias físicas, con un patrón común en el diagnóstico: enfermedades de la pobreza contraídas en zonas marginales del país.
En el nosocomio castrense, Carrillo conoció a un coronel que insinuaba capacidad de liderazgo, desde el golpe de Estado de 1943. Cuando Juan Domingo Perón lo invitó a ser miembro del equipo de gobierno en 1946, el médico entrevió la posibilidad de llevar a la práctica el objetivo de que la salud se entendiera como un primordial derecho humano y un componente esencial de la justicia social que se pregonaba.
La Secretaría de Salud fue elevada a la categoría de Ministerio, plataforma para que Carrillo aplicara sus principios de humanizar la medicina y pensar socialmente. Denominó “batallas” y se vistió con ropa de fajina, las emprendidas contra la tuberculosis, lepra, mortalidad infantil, mal de Chagas, sífilis, brucelosis y tifus. Lanzó campañas de vacunación y estimuló la conciencia sanitaria. Contó con recursos para que se construyera una desplegada infraestructura hospitalaria en todo el país.

La interna
Carrillo renunció el 15 de julio de 1954. Su hermano Arturo, brindó años después la versión de lo ocurrido: “La tarea de Ramón tenía un motor en Evita (María Eva Duarte). Cuando ella muere, todo eso pasa a un plano secundario. Había un desgaste, se empiezan a insinuar desestabilizaciones, el periodismo ignora los logros de Perón. Ya se estaba plasmando la Libertadora. Y esa revolución tenía sus propios personeros en el gobierno”.
Otra versión indica que Carrillo polemizó con el marino Alberto Tessaire, vicepresidente de la Nación, acusado de perturbar la gobernabilidad. Lo cierto es que Perón no respaldó a su valioso ministro que, al año siguiente, partió al exilio, pobre y difamado.
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Entre las variadas infamias que la comisión investigadora de 1955 derramó sobre la figura de Carrillo, está la de haber explotado laboralmente a enfermos mentales, en su quinta de Adrogué, provincia de Buenos Aires, y luego abandonarlos. El ex ministro escribió una larga carta a esa comisión, desmintiendo con datos e ironías las acusaciones.
Detalló: “Cuando me tuve que ir del país no los quise abandonar (a los pacientes) y corriendo los riesgos de retorcidas interpretaciones, los retuve en mi casa y a mi costa. Pude reinternarlos, pude alquilar la quinta y desentenderme. Pero quedaron allí, dueños de casa, sin pagarme pensión, pues me era suficiente su afecto y su misterioso agradecimiento, que se percibe como un resplandor entre las nubes de sus mentes oscurecidas”. El programa para alienados ejercido por Carrillo, permitió elevar del 6 al 40 por ciento el número de enfermos neuropsiquiátricos con aptitud de trabajar.
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Desenlace
Perón envió una carta a John William Cooke, con el siguiente comentario: “Al pobre Doctor Ramón Carrillo, que estaba trabajando en Belem, le ha dado un ataque muy peligroso. Se trata de un derrame cerebral, con parálisis de la mitad izquierda de su cuerpo… El pobre, como buen médico, no le ha dado importancia a su presión (26 y 15) y en aquel clima infernal lo ha golpeado”. Tres semanas después murió el mejor ministro peronista, el gran Médico Sanitarista, que dejó una incuestionable obra monumental.
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En 2006, a medio siglo de su deceso, se le rindió homenaje por decreto del Poder Ejecutivo. Su gestión fue inobjetable y superó las antinomias. Cómo no compartir su convicción: “Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si son accesibles al pueblo”

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IV. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Por Raúl Scalabrini Ortiz

En un país empobrecido, los grandes diarios son órganos de dominio colonialista. El periodismo es quizás la mas eficaz de las armas modernas que las naciones eventualmente poderosas han utilizado para dominar pacíficamente hasta la intimidad del cuerpo nacional y sofocar casi en germen los balbuceos de todo conato de oposición. Su acción es casi in denunciable porque fundamentalmente opera, no a través de sus opiniones sino mediante el diestro empleo de la información que por su misma índole no puede proporcionar una visión integral y so1o transfiere aquella parte de la realidad que conviene a los intereses que representa. En su extraordinariamente documentado libro América conquers Britain (América conquista Inglaterra), Ludwell Benny nos relata la lucha silenciosa, públicamente disimulada, invisible para los pueblos, pero no por eso menos encarnizada y decidida, en que se trenzaron EE. UU. y Gran Bretaña durante el decenio 1920-1930 para conquistar mercados, el uno; y para evitar ser desplazada la otra.

Uno de los capítulos del libro esta dedicado a detallar aspectos desconocidos y a veces de carácter reservado de los procedimientos puestos en juego para lograr el predominio de; la información periodística en China. La técnica utilizada no se caracteriza por su corrección y quizás tampoco por su moralidad, pero no, eran esos valores el objetivo por los cuales pugnaban ni los británicos; ni los norteamericanos. La documentación de Ludwell Denny, es aparentemente imparcial y muy completa pues tenia todos los documentos a mano, en su carácter de Jefe de prensa del Departamento de Estado.

El pueblo chino no tuvo nunca conocimiento de esa lucha que se desarrollaba para decidir quien iba a ser el informante. Las acciones rivales aparecen como actos individuales, independientes los unos de los otros. La voluntad y la inteligencia central, que los dirigen en ambos bandos permanecen absoluta y totalmente ignorados por el pueblo chino.

Los grandes diarios cambian de propietario sin que la operación trascienda al público. Se establecen agencias informativas que compiten y desalojan con la modicidad y amplitud de sus servicios a las agencias locales y a las establecidas con anterioridad. Los directores y redactores de los periódicos influyentes y a veces de segundo orden son sobornados con tan hábil y distinguida urbanidad que el soborno aparece como un mezquino honorario de actividades profesionales. Hasta las transmisiones cablegrafías son monopolizadas. Cuando eso ocurre, el rival instala poderosas estaciones radiotelegráficas desde las cuales propala noticias que pueden ser reproducidas gratuitamente. A primera vista, sorprende la tenacidad y la amplitud de los medios puestos en juego para obtener el predominio en la información periodística china. Pero a poco de pensarlo se comprende que esa información es el único lazo que une el cuerpo nacional chino con el resto del mundo, es el equivalente nacional de sus ojos, de sus oídos, de su tacto.

El pueblo chino se enterara de los hechos mundiales que a las agencias les interese difundir. Esos conocimientos serán sus puntos de referencia para medirse a si mismo, para fundamentar sus pretensiones o para consolarse de sus desventuras. Si el pueblo chino cree que el resto del mundo come tan poco como el, nadie se quejara, si cree que el resto del mundo paga por el petróleo el mismo precio que el paga, no protestara. Si cree que para su arroz no se obtiene mas precio que el que el logra, no discutirá. Si cree que para progresar necesita recibir al capital extranjero, nadie podrá validamente oponerse a que recurra.

En una palabra, desposeído de sus medios colectivos de información, el pueblo chino queda a merced de sus infamantes extranjeros que poco a poco, insensiblemente, influirán hasta en sus sentimientos nacionales, en la jerarquía de sus apreciaciones y en la calidad e intensidad de sus gustos y apetencias.

*De "Bases para la reconstrucción nacional" , Editorial Plus Ultra, 1965
Fuente: http://ar.geocities.com/raulscalabriniortiz/esc02.htm

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V. Este 8 de octubre celebramos un nuevo un nuevo aniversario del nacimiento del General Juan Domingo Perón. Por dicho motivo queremos compartir con nuestros lectores un fragmento del reportaje televisivo que le realizaron el 3 de septiembre de 1973 los periodistas Roberto Maidana, Sergio Villarroel y Jacobo Timerman. El tema abordado es la inseguridad.

https://www.youtube.com/watch?v=FG8ChJP11LE

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VI. CORREO DE LECTORES
I.
VI. CORREO DE LECTORES

Ruben Dario Peretti

Mendoza, 30 de Septiembre de 2014

Colaboración para “Correo de lectores”

Estimo que la lectura de CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL induce a la reflexión y al mismo tiempo nos cuestiona. ¿Porque, nosotros, siempre tomamos el camino que nos lleva a la implosión o retroceso histórico del país?

Si bien va hacer muy difícil que nos pongamos de acuerdo del porque de nuestra decadencia, deberíamos, ya, entrar en un diálogo y ponernos de acuerdo para industrializar integralmente al país con justicia social.

Así del artículo EL OLMO NO DA PERAS por Alberto J. Franzoia, pienso que desde el tiempo de Arturo Jauretche a la actualidad, han pasado muchos años y muchas cosas han cambiado. Así, hoy, puede haber una “oligarquía” tradicional o añeja, pero la más riesgosa para el país, es la “oligarquía” que forma cada gobierno de turno. Esa “oligarquía” es la que conforma el gobernante enriquecido a costa del bienestar de los otros y los amigos patrocinados por el gobierno. Y se hacen cómplices los que teniendo los medios para denunciarlos no lo hacen.

Y con respecto a la “burguesía nacional” muchos la han nombrado con discursos muy bellos, pero desde el gobierno no ayudan a su consolidación. Se consolida, entre otras cosas, con las reglamentaciones impositivas. ¿Qué pasaría si las utilidades de una empresa al ser reinvertida no pagaran impuesto a las ganancias, no así las que no se reinvierten? Se pensó ¿Por qué no pagan impuestos las inversiones financieras?

Nuestra “dependencia total” la hemos reafirmado al no saber que los ilícitos económicos como nuestra deuda externa necesitaban de su “Memoria, Verdad y Justicia”.

Tal vez lo que ayer fueron “los contratos basura” de los trabajadores sean hoy lo que llamamos “trabajo en negro”, y que todos aplaudimos, aunque luego los montos jubilatorios sean miserables.

El artículo VIEJAS MELODÍAS por Juan Carlos Jara habla de “la explosión del 2001”. Pregunto ¿Cuánto habrá influido el no auditar la deuda externa?

Y también dice que “todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces”. Y en efecto eso lo estamos viendo en estos momentos. En el gobierno de Alfonsín, el Congreso Nacional creo, una comisión para investigar la deuda externa, y hoy el gobierno de Cristina Kirchner, también creo una comisión semejante.

La comisión creada en el gobierno de Alfonsín duró muy poca, espero que esta nueva llegue a su fin, porque más que “una farsa” vamos a tener un nefasto fin como país con independencia económica.

Ya hace 30 años que estamos eligiendo a nuestros gobernantes, así que los responsables, de las consecuencias de “las farsas” que nos puedan sobrevenir, están adentro del país, por lo tanto no podremos echarle la culpa a los otros, los extranjeros.

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