CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº47.

DIRECTOR: ALBERTO J. FRANZOIA

EDITOR: RAÚL ISMAN
AÑO 3 - 2014
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AGOSTO DE 2014

Cuaderno nº47 (agosto 13 de 2014)

I. Editorial: Grandes causas que convocan a la unidad nacional. Por Alberto J. Franzoia

II. Mitre: pluma, espada, impunidad. Por Juan Carlos Jara

III. El intenso camino andado por Plutarco Chacho Schaller. Por Guillermo “Yiyi” Alfieri.

IV. La visita de Hobsbawm no trajo claridad política. Por Jorge Enea Spilimbergo

V. Video: “Infancia Clandestina” (película completa). De Benjamín Ávila

VI. Correo de lectores

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I. EDITORIAL

GRANDES CAUSAS QUE CONVOCAN A LA UNIDAD NACIONAL

Por Alberto J. Franzoia

Hace unos pocos días comenté en Facebook una comparación que se hizo entre la situación creada en 1982 por la guerra de Malvinas y la surgida recientemente por la decisión nada neutral, del Juez estadounidense Griesa, en relación a los fondos buitre. Situación límite (en ambos casos) que ha favorecido la gestación de condiciones objetivas para forjar la unidad nacional. Pero no la que pregonan las clases dominantes con el único objetivo de evitar toda confrontación con sus mezquinos intereses, sino la unidad de los mayoritarios sectores populares para la liberación. Ahora bien, teniendo en cuenta que todo comentario realizado en una red social debe ser lo más sintético posible para que los lectores promedio le dediquen alguna atención, me ajusté en dicha ocasión al tipo de demanda de ese medio. Pero a punto de escribir mi editorial nº 47 de nuestro Cuaderno, pretendo extenderme con mayores precisiones sobre el tema, contando para ello, a priori, con la buena predisposición para la lectura de nuestros numerosos seguidores. Como muchos ignoran el comentario al que estoy aludiendo comienzo entonces por lo primero: comparto su fragmento esencial.

…“Cuando el enemigo se vuelve tan evidente para la Nación como en la guerra de Malvinas o ahora con la embestida de los fondos buitre, las condiciones para que las fuerzas todas del campo nacional se unan y enfrenten con decisión ese enemigo son muy favorables. En otras circunstancias el enemigo sigue estando, pero como no se llega a estas situaciones límites, muchos no lo ven, lo ignoran, lo niegan o lo subestiman, y entonces la unidad nacional para la liberación se posterga para un futuro indefinido. Desde luego y me adelanto a su posible réplica, no estoy diciendo que Galtieri tuviese ninguna intención (ni aptitud) de conducir un frente de liberación nacional, sino que las condiciones objetivas que se gestaron podían conducir a ello. Luego ya sabemos lo que algunos hicieron con dichas condiciones. Esta es una nueva oportunidad y Cristina puede encarar esa conducción que no tuvimos en 1982”.

La Guerra de Malvinas ha dado lugar a todo tipo de equívocos, en ocasiones mal intencionados, ya que el enemigo tiene fronteras adentro más aliados de los que uno pueda imaginarse. Lo primero que se impone aclarar es que fue conducida por hombres formados en las enseñanzas que las clases dominantes de adentro y de afuera elaboran y difunden con indiscutible eficacia. De allí que de personajes como el dictador Galtieri no se podía esperar que fuese el conductor consciente de un proceso de emancipación nacional. El objetivo principal que cabía en su limitada cabeza, diseñada para pensar exactamente como sus amos, era demasiado doméstico (salvar un régimen que se desmoronaba sin contar con la más que probable respuesta inglesa y de su aliado estadounidense) como para soñar con un general en clave sanmartiniana y bolivariana. Hecha la aclaración pertinente sigamos entonces con lo esencial.

Lo esencial es que las condiciones objetivas que comenzaron a gestarse aquel 2 de abril de 1982, ni bien las tropas nacionales desembarcaron en las islas apropiadas en el siglo XIX por los piratas del Norte, nos conducían inexorablemente a forjar esa unidad de las fuerzas nacionales que se manifiesta más potente que nunca cuando se trata de enfrentar a un enemigo común y perfectamente reconocible: el imperialismo usurpador de nuestro territorio. Un imperialismo que, aunque no lo veamos, siempre está. Pero que en una situación límite como es una guerra, se vuelve tan evidente hasta para el más distraído, que resulta imposible permanecer despistado. Y cuando procesos semejantes han comenzado andar, ponerles freno a voluntad escapa a las posibilidades reales de quienes desataron (sin proponérselo) fuerzas emancipadoras; cuestión que muchos revolucionarios tan cercanos al manual como alejados del pueblo suelen desconocer. Por eso Malvinas, más allá de sus ocasionales conductores, fue y es una gesta nacional que permanece en la memoria de los nuestros a pesar de todos los intentos desmalvinizadores que se desataron antes y después de la rendición.

Esa unidad nacional en ciernes, y con posibilidades concretas de consolidación, vuelve a ponerse de manifiesto por estos días en una Argentina muy distinta, afortunadamente, a la de los años de plomo en el plano político-militar y de neoliberalismo en el plano económico-social. Ya no es un enfrentamiento armado como en Malvinas sino financiero, pero planteado por el enemigo imperialista en términos tan brutales como durante la guerra. Además, y tal como sucedió entonces (cuando países ajenos por completo a la dictadura oligárquica como Cuba y una Nicaragua sandinista dieron todo su apoyo), buena parte de América Latina se pone de pie para defender la soberanía de nuestra Patria Grande.

Aquellos que durante los noventa y primeros años de este siglo XXI nos vinieron “enseñando” que el imperialismo y la oligarquía nativa ya no existen, acusando de arcaicos a quienes sosteníamos lo contrario, se encuentran en aprietos. Si es verdad que los estados nacionales opresores han sido desplazados por un sistema global en el que el capital no tiene raíces ni banderas, y la oligarquía argentina es una clase social que el viento se llevó, cabe formularse entonces algunas preguntas. ¿Cómo es posible que una corte estadounidense tenga jurisdicción desde 1976 sobre nuestra deuda externa? ¿Es casual que el país que ha sido catalogado como el mayor imperialismo del siglo XX (y XXI) tenga poder de decisión jurídica, y desde ya política, para forzar un pago de deuda a buitres que viven de la usura en sus expresiones más visibles? ¿Es casual a su vez que una significativa parte de lo adeudado sea el producto de una criminal nacionalización de deudas privadas, llevada adelante durante la dictadura por un tecnócrata neoliberal como Domingo Cavallo, puesto por la oligarquía? ¿Es una actitud democrática y popular, ajena a la existencia de fuerzas externas e internas enemigas del interés nacional, la de aquellos políticos, economistas, periodistas y demás “argentinos honrados” que exigen el cumplimiento del pago de las deudas mal contraídas?

La respuesta es definitivamente NO. Todo lo que ocurre es posible porque el bloque oligárquico-imperialista no sólo existe (tanto en 1982 como ahora), sino que viene por uno de los países de la Patria Grande que desafío (aún con dudas y límites) sus imposiciones. Argentina no solicitó nuevos créditos a los organismos usureros del imperialismo ni sigue a rajatabla sus recetas, pero lejos de empeorar su economía logró revertir la crisis desatada en 2001. Claro está, los malos ejemplos de aquellos que intentan otro camino siempre deben ser sancionados, así como ocurrió con Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza en el siglo XIX, o en Cuba con su eterno embargo (desde inicios de los sesenta), por citar unos pocos y muy claros ejemplos.

Pero si bien tanto 1982 como en la actualidad se gestaron condiciones objetivas para la unidad de las fuerzas nacionales, resulta importante aclarar que las condiciones subjetivas en relación a los conductores actuales eran inexistentes en Malvinas. Ya no tenemos una dictadura dirigida por actores que se formaron en la actitud reverencial hacia “los civilizadores del Norte”, ni mucho menos vinculados al terrorismo de Estado que se practicó en nuestra tierra, sino a políticos que con la conducción de Cristina Fernández han creído desde 2003, cuando Néstor Kirchner fue elegido presidente, que otro país es posible. Si las condiciones objetivas para la unidad nacional de los sectores populares están dadas, y la conducción política existente en nuestros días (surgida del voto popular) alimenta expectativas favorables con respecto a esas otras condiciones que en 1982 faltaban, la profundización de una política de liberación nacional es una posibilidad concreta que está al alcance de la mano. Transitarla con la decisión que la hora requiere, es la mejor manera de sostener y profundizar un proyecto político que se venía debilitando y que carecía de un horizonte claro de cara al proceso electoral de 2015.

La Plata, agosto 13 de 2014

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II. MITRE: PLUMA, ESPADA, IMPUNIDAD

Por Juan Carlos Jara

“Falso profeta y escritor mediocre,

caudillo afortunado y turbulento,

General el más nulo de la América,

discípulo ejemplar de Maquiavelo;

tal es en miniatura el fiel retrato

del ídolo sin par de los porteños,

del inhábil y fatuo gobernante

que sólo dio ignominias a su pueblo”.

(“Mitre”, de Laurindo Lapuente, en “Meteoros”, 1867).

En la segunda mitad del siglo XIX para triunfar en política, según Lucio V. Mansilla (“Retratos y Recuerdos”, El Ateneo, 1927, p. 205), eran necesarias estas tres cosas: pasear por la calle Florida, dejarse “caricaturar” por los periódicos y no criticar la Divina Comedia traducida por Mitre. La ironía socarrona del autor de “Una excursión a los indios ranqueles” se refiere a la escasa baquía literaria, por lo menos en lo que a poesía se refiere, del polifacético general. También nos habla, sesgadamente, de la influencia periodística, de la que el diario creado y orientado por Mitre era principal representante, y de la necesidad de no enjuiciar los valores establecidos (culturales y de los otros) para poder abrirse paso en el arduo terreno de la lucha por el poder. Como vemos, las cosas no han cambiado demasiado, por lo menos para ciertos personajes hoy “candidateables”.

Pero volviendo al Mitre dantesco, al traductor traidor por excelencia, recordemos aquella chuscada que también menciona Mansilla en una de sus crónicas periodísticas o, como él las llamaba, “causeries”, reconociendo de ese modo el estilo conversacional y plagado de galicismos de su inigualable prosa. Dice Mansilla –tal vez con más verosimilitud que veracidad- que en el frente de la casona de Mitre, alguien había pintado la siguiente cuarteta:

En esta casa parduzca

vive el traductor del Dante.

¡Apúrate, caminante,

no sea que te traduzca!

Pero ¿tan mala era la traducción de Mitre para que la copla popular, real o imaginada por Mansilla, se ensañara con ella de ese modo? Veamos un par de ejemplos, sin salir del primer canto del Infierno:

Donde Dante escribe:

Allor fu la paura un poco queta

che nel lago del cor m'era durata

la notte ch'i' passai con tanta pieta.

(Entonces se calmó aquel miedo un poco,

que en el lago del alma había entrado

la noche que pasé con tanta angustia),

Mitre traduce, entre literal y gongorinamente:

Entonces, la pavura un poco quieta,

del corazón el lago, serenado,

pasó la angustia de la noche inquieta.

Pasemos por alto la pobreza de la rima “quieta-inquieta”, y continuemos.

Dice el Alighieri:

Mentre ch'i' rovinava in basso loco,
dinanzi a li occhi mi si fu offerto
chi per lungo silenzio parea fioco.

(Mientras que yo bajaba por la cuesta,

se me mostró delante de los ojos

alguien que, en su silencio, creí mudo),

Y Don Bartolo traslada:

Mientras que al hondo valle descendía

me encontré con un ser tan silencioso

que mudo en su silencio parecía.

Repasando este par de ejemplos, tomados al azar entre centenares en los que ripios, redundancias, grotescas contorsiones sintácticas y rimas notoriamente forzadas se dan la mano constantemente, no se nos ocurre otro comentario que dar la razón a Laurindo Lapuente cuando afirmaba que Mitre era un “escritor mediocre” o a Carlos D’ Amico cuando calificaba sus versos de “detestables” o a José Hernández cuando aseveraba que, además de “político inhábil” el Generalísimo de la Triple Alianza era un “literato ramplón”.

Y precisamente, hablando de la Triple Alianza o Triple Infamia como la llamó Alberdi; según la tradición, Mitre tradujo muchos de los tercetos de la Comedia en su tienda de campaña, durante aquella infausta guerra contra el Paraguay. Cuenta la anécdota que cierto día, un oficial, que en algunas versiones es el propio Mansilla, ingresa a la tienda y sorprende al general enfrascado en su tarea literaria, entre documentos, diccionarios y papeles esparcidos por el suelo.

-¿Qué anda haciendo, mi general? –le pregunta su subordinado.

- Aquí me ve, traduciendo a Dante.

- ¡Hace bien, a esos gringos hay que joderlos!

En los momentos en que su concentración en el conflicto se lo permitía Mitre se dedicaba a jo…robar a Dante, o tal vez sería mejor decirlo a la inversa: en el vacío que le dejaba su faena de traductor, Mitre hacía, a su manera, la guerra contra el Paraguay de Solano López. Una guerra, también dantesca, que en sus planes previos no duraría más de tres meses y que no terminó, sino cinco años más tarde. Con el hermano país arrasado y ya sin Mitre al mando, hay que aclararlo, porque después del intento de toma de la fortaleza de Curupaytí (22-9-1866), debió abandonar el cargo por “amable sugerencia” de sus propios aliados y porque su propio país se incendiaba a raíz de la oposición popular al conflicto. En la acción de Curupaytí, baldón de las armas argentinas, como todas las de esa guerra, murieron alrededor de 10.000 aliados (argentinos, brasileños, uruguayos) y menos de medio centenar de paraguayos. Mitre se justificaría de la derrota y de lo interminable del conflicto acusando a sus compatriotas: “Si casi todos los contingentes incompletos de las provincias no se hubieran sublevado, si una opinión simpática al enemigo no hubiese alentado la traición”… Claro, a razón de 10.000 víctimas contra 50, ¡es natural que necesitara mucha gente!

Como se ve Mitre manejaba la lógica con mayor destreza pero con la misma impunidad que la pluma y la espada.

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III. EL INTENSO CAMINO ANDADO POR PLUTARCO CHACHO SCHALLER

Por Guillermo “Yiyi” Alfieri *

“Aquí también estuve yo”, estampó con su cuchillo Plutarco Chacho Schaller, en el hielo permanente de la cumbre del Famatina, a más de 6.200 metros de altura. La inscripción podría ser marcada en infinitos lugares del país, que Chacho recorrió de punta a punta. En el andar, gozó y aprendió de la naturaleza, con variados oficios que pusieron a prueba su inteligencia, sentido común y capacidad física. El manifiesto interés por el bien colectivo, resultó sospechoso para los represores, que le impusieron cárcel, exclusión laboral y exilio voluntario. Plutarco volvió a La Rioja. Con 86 años de edad, su lucha a favor de las causas justas mantiene el vigor de siempre.

La cuna entrerriana

Plutarco pertenece a la numerosa familia de los Schaller, de Entre Ríos. Nació en 1928 y creció en Villa Crespo (Paraná Campaña), en el Barrio Azul, al otro lado de las vías del ferrocarril. Las tareas rurales le restaron grados al ciclo de la escuela primaria. Apenas adolescente, dejó la casa paterna y a los 17 abriles emigró de la provincia litoraleña. El servicio militar lo ancló en la Capital Federal, hasta que inició el peregrinaje., con la combinación de aventura y trabajo. Como operario de una empresa de perforaciones llegó a La Rioja, donde el agua es oro en polvo.

El llano y la montaña, la flora y la fauna, la minería y la agricultura, explotados y explotadores, el sol y las tormentas, seres humanos desafiando condiciones adversas. Nada fue ajeno a Chacho Schaller. Tipo fuerte, sin alardes desubicados. Lo que vio y sintió lo expuso en piezas periodísticas y en libros con ricas narraciones, como las acumuladas en El Corcino.

El sitio adecuado

En 1960, Plutarco se incorporó al diario El Independiente, dirigido por Alipio Tito Paoletti. “Cazó” imágenes y redactó impecables Fotocrónicas. Por su mérito, se divulgó que las formaciones geológicas de Ischigualasto, con su Valle de la Luna, padecían el saqueo de científicos piratas, con tarjeta de universidades extrajeras. Chacho se especializó en “leer” el desierto fosilizado, de millones de años.

Un acuerdo de límites determinó, entre 1967 y 1969, que el Valle de la Luna correspondía a San Juan y que, como consuelo a La Rioja le quedaba Talampaya. La decepción riojana la reflejó la revista humorística El Champi: el mapa de la provincia de Ángel Vicente Peñaloza quedó reducido a la plaza principal de la ciudad capital.

Schaller fue rastreador honorario en los intentos de que La Rioja reabriera el paso cordillerano a Chile, escaló El Bonete, rozando los 6.900 metros de altura, conoció Los Andes que no ven los turistas. Fue periodista de la travesía a la Antártida, liderada por el coronel Leal. Guió a Arturo Jauretche y a Daniel Moyano en viajes por el interior remoto de la provincia. Hizo de auxilio del corredor Raúl Sufán en un gran premio de turismo carretera, con la particularidad de ser más veloz que los consagrados volantes en la compleja Cuesta de Miranda. Claro que tanta audacia provocó accidentes, quebradores de huesos y dibujadores de cicatrices que tatuaron el cuerpo de Plutarco.

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Los habitantes de la capital de La Rioja, sufrían la endémica falta de agua suficiente para atravesar el rigor de los ardientes veranos. La solución se pensaba con forma de obra faraónica, como la del faldeo del Velasco, cadena montañosa que es parte del paisaje. Con su experiencia en la materia, Plutarco proponía perforaciones de larga longitud para extraer el agua subterránea. El Independiente planteó el público debate y se escuchó la opinión de Schaller. En el primer tramo de la década de los ’70, se licitó y realizaron los agujeros extensos, con un éxito que perdura hasta el presente.

Represión y despojo

Fui compañero de Plutarco en El Independiente, con línea editorial crítica del autoritarismo y de apoyo a la pastoral de Enrique Angelelli. Participamos con alma y vida de la fundación de la cooperativa que imprimió el matutino. Allí detuvieron a Schaller, en la madrugada del 24 de marzo de 1976. Lo torturaron. Lo liberaron en 1983, en el patagónico penal de Rawson. La dictadura consiguió cómplices civiles para que Chacho y otros siete socios fueran excluidos de Copegraf, por “abandono de trabajo”.

Tanteó ocupaciones e intentó reagrupar a la familia. En Cuba surgió una chance de empleo, sin perder contacto con su país. Denunció que Jagüé, pueblo riojano al pie de la cordillera, fue vendido en 1990 a un holding italiano, a un costo de 340 mil pesos, a razón de un peso la hectárea e involucrando a 500 habitantes y a la impresionante Laguna Brava.

Plutarco Schaller volvió a La Rioja. La muerte le arrebató seres amados. Testimonió en causas por delitos de lesa humanidad. Armó un dossier con el nombre de cientos y cientos de represores. Acompaña los actos con reclamos populares, aunque las rodillas protesten. Chacho no afloja. Querelló a los que robaron El Independiente. Sigue dando pelea a la impunidad

*Guillermo “Yiyi” Alfieri respondió a los Cuestionarios de nuestro Cuaderno de la Izquierda Nacional el año pasado y colabora en nuestra publicación por primera vez con un artículo. Es periodista de larga y prestigiosa trayectoria. Ejerció el oficio en El Independiente de La Rioja, El Diario de Paraná, La Voz de Buenos Aires, El Pueblo de Villaguay y en la Agencia DyN. Creó la propuesta Honrar la Vida para radio y televisión y el programa radial Fútbol, Tango y otras Yerbas. Es autor de “Coloquios de la Comarca” (2011). Entrevistas de Guillermo Alberto Alfieri, realizadas en Radio Cualquiera de Paraná. Pero antes Escribió “El Libro de Alipio Tito Paoletti” (primera edición 2008; segunda edición 2009) que contiene la microhistoria protagonizada por su amigo en la vida y compañero de trabajo en la enjundiosa redacción del matutino riojano, invadido por la dictadura el 23 de marzo de 1976. La represión forzó la clandestinidad y el exilio de Paoletti y encarceló a Alfieri. Se reencontraron en 1983, con la expectativa de reintegrarse a la cooperativa editora de El Independiente. Lo impidió la maniobra de exclusión consumada para desvirtuar la razón de ser del diario.
En la actualidad Guillermo Alfieri desarrolla el microprograma Calidoscopio en FM Nueva Litoral de Paraná.

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IV. ARTÍCULO DE JORGE SPILIMBERGO SOBRE ERIC HOBSBAWM

Nota de la Redacción

Eric Hobsbawm fue un historiador marxista británico (1917-2012) que visitó Argentina durante la década del 90 generando gran revuelo en el ambiente intelectual del país. Jorge Enea Spilimbergo, un marxista de excepcional talento y referente de la Izquierda Nacional, escribió entonces un breve pero muy claro artículo para dar cuenta del hecho. El mismo fue publicado en “Izquierda Nacional” (nº15) de diciembre de 1998. Nos parece interesante ponerlo a la consideración de todos los compañeros que siguen nuestro Cuaderno en este medio virtual por algunas enseñanzas contenidas que conservan plena vigencia.

LA VISITA DE HOBSBAWM NO TRAJO CLARIDAD POLÍTICA

¿Un Carlos Marx convertido en analista económico sin
socialismo?

Jorge E. Spilimbergo

La visita del historiador Eric Hobsbawm a Buenos Aires
fue un acontecimiento académico de masas con amplia
repercusión periodística. Casi puede decirse que volcó
agua hacia la candidatura de la señora Fernández
Meijide. Muchos celebraron que la presencia del gran
historiador suscitara movilizaciones como las que
acostumbran a disfrutar los héroes futbolísticos o
televisivos. Por supuesto, no es propósito de esta
nota analizar la ópera magna de Hobsbawn, algo que
excede nuestras fuerzas y capacidades, respecto a la
cual sólo podríamos aspirar al papel de alumnos.
Valen, sí, alguna consideración sobre el
acontecimiento político.

Es curioso, en primer lugar, que un marxista oficial
como el profesor Hobsbawn se siente en lo más alto de
la cátedra para abordar problemas cruciales de este
agónico siglo XX. La satanización del marxismo por los
militares gorilas de la guerra fría lo convertía en un
capítulo de la tortura y el genocidio. Los sucesores,
el fundamentalismo neoliberal, lo arrumbaron
despectivamente en el museo de la guerra fría, junto
al hacha de sílex y otras antigüedades. Pero el
marxismo -ya lo anunciaba hace tres décadas Jean Paul
Sartre- es la forma más general y empinada del
pensamiento contemporáneo. Renunciar a él es como
renunciar a la vista, el oído y el olfato, todos a
uno.

Pero este marxismo de Eric Hobsbawm tiene muy precisos
límites, ya que el gran historiador es también parte
de la historia contemporánea; su vigía, ciertamente,
pero también su producto. Lo recorremos en el
reportaje que tres periodistas de "Clarín" le publican
el domingo 22 de noviembre. “Tal vez hubiera sido
mejor no hacer la revolución de Octubre", se le escapa
de pronto. Esta tardía reivindicación de Kautsky y la
II Internacional vale por todo un tratado. Tal vez
hubiera sido mejor que Prometeo no asaltara el Olimpo,
vaya uno a saber.

Cabe recordar que Hobsbawm fue durante muchos años
afiliado al Partido Comunista inglés con suficiente
manga ancha como para sobrevivir a la crisis desatada
por la invasión soviética a Checoslovaquia.

Más explícito aún, Hobsbawm define la naturaleza de su
marxismo:

"Marx vuelve -manifiesta -en el sentido del análisis
crítico del modus operandi del capitalismo, que fue su
objetivo original y no como alternativa de
organización social".

En la Rusia finisecular, a estos "marxistas" se los
llamaba marxistas burgueses. Para decirlo en clave de
humor negro, utilizaban "El Capital" para acrecentar
su capital, algo que se ha visto no pocas veces,
incluso en la Argentina. Hobsbawm, pues, adscribe al
análisis marxista del sistema capitalista, pero no a
una perspectiva socialista de la humanidad, que fue
objetivo original y visceral de Carlos Marx (al revés
de lo opina Hobsbawm).

Puesto ahora a político, nuestro historiador formula
su propuesta, que en nada diverge de las que suelen
endilgarnos la socialdemocracia europea, el
progresismo vernáculo y el osado Clinton: tras los
excesos del periodo Reagan- Thatcher, "hoy es
acuciante volver a una combinación entre el control
público y el libre mercado",
etc., etc.

Adviértase que Hobsbawm habla de una perspectiva a
largo plazo. El es muy dueño de opinar que encaramos
todo un período de consolidación capitalista, eso es
un pronóstico. Lo importante es que él lo acepta sin
oposición. Ha perdido la esperanza.

Esto lo lleva a conclusiones que nos conciernen más
directamente, mezcla de lucidez y resignación. Por
ejemplo: "No creo que pueda existir tal cosa como una
justicia global, ya que los norteamericanos no lo
permitirían. Para hacer una reductio ad absurdum,
juzgar a Pinochet en Europa sería posible sólo si en
la Argentina se pudiera juzgar a Margaret Thatcher por
el hundimiento del Belgrano. Una vez abierto el
camino, sería difícil controlarlo".

Es resignación, en suma, ante aquello que un
representante directo del poder norteamericano,
Mariano Grondona, anuncia como umbral de la
consolidación del nuevo Imperio mundial, el de Estados
Unidos. Para Hobsbawm las luchas de los trabajadores y
los pueblos colonizados por cambiar el mundo son tan
extraterrestres como el paso del cometa Halley.

Este adocenamiento mental y hasta espiritual explica
por qué el establishment académico sahumó la visita de
Hobsbawm a Buenos Aires con toda la humareda que
despliegan sus fábricas de prestigio.

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V. VIDEO: INFANCIA CLANDESTINA

Nota de la Redacción

“Infancia clandestina” es una película argentina dirigida por Benjamín Ávila, estrenada en el año 2012. Aborda la historia de un niño de 12 años y su familia. Es historia de militancias, de clandestinidad y de amores. Donde los deseos se pueden convertir en palpable realidad o, de pronto, se pueden evaporar. Como dijo el compañero Jorge Gasibe, la identidad recuperada (tema de candente actualidad por la aparición del nieto de Estela el pasado 5 de agosto) “parece la secuencia de lo que en su estado anterior era Infancia clandestina”.

Cuenta con las actuaciones de Natalia Oreiro, Cristina Banegas , Ernesto Alterio César Troncoso y Teo Gutiérrez Romero; la produjo Luis Puenzo. Ganó varios premios, entre ellos “Mejor Largometraje de Ficción “en el Festival Internacional UNASUR Cine, y el Cóndor de Plata como “Mejo Película”. También fue elegida por Argentina para participar de la Mejor Película Extranjera en los premios Oscar, y nominada para los premios Goya.

Dijo de su obra Benjamín Ávila: “Me parece que las historias que se habían contado en relación a la dictadura olvidaron dar cuenta del costado más humano: la cotidianeidad de esos militantes que estaban dispuestos a dar sus vidas por sus ideales, y que tenían una vida detrás de esa lucha. Yo asumí el desafío y el riesgo de contar la Historia desde ese costado, y es plantarse y asumir ‘esto es lo que pienso, esto es lo que creo”.

Los invitamos a ver una película necesaria y recordándoles que no estaría nada mal que el 5 de agosto sea instituido como “Día de la Identidad Personal Recuperada”.

https://www.youtube.com/watch?v=MH0EmToOqx8#

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