Chaplin… eternamente.

(María Cristina Rosas)

27/12/2017

“Cuando la miras de cerca, la vida es una tragedia, pero desde lejos parece una comedia”. De las muchas frases de Charles Chaplin, esta es posiblemente la que mejor lo resume.

El legado de este personaje ha hecho las delicias de numerosas generaciones. De él se han dicho muchas cosas. Su vida personal fue turbulenta, trátese de su infancia, de la locura de su madre, su predilección por mujeres adolescentes, o bien su salida de Estados Unidos con motivo del macartismo. Pero más allá de la persona está el artista, cuya contribución al séptimo arte es insoslayable.

Charles Spencer Chaplin nació el 16 de abril de 1889 en el seno de una familia humilde, compuesta por Hannah Harriet Pedlingham Hill y Charles Chaplin padre. No se sabe bien a bien dónde nació dado que no hay registros oficiales, pero él mismo refería que el lugar donde vio la luz fue, posiblemente, East Street, Walwoth, en el sur de Londres. 1 Hannah era hija de un zapatero e incursionó brevemente y sin éxito en el teatro. Charles Chaplin, el padre, era hijo de un carnicero. Ambos contrajeron nupcias en 1885 y Chaplin padre asumió la custodia de un hijo que Hannah había tenido previamente. El matrimonio no duró mucho, si bien la pareja no se divorció.

La infancia de Chaplin estuvo llena de privaciones. En su niñez y adolescencia pasó hambre y durmió, en varias ocasiones, en la calle o en orfanatos. Su padre falleció en 1901, a los 38 años de edad a causa de cirrosis hepática, derivada de su alcoholismo. Su madre, eventualmente, perdió la razón a causa de la sífilis y fue remitida a un sanatorio para enfermos mentales. Una vez que Chaplin logró fama y fortuna, ordenó sacarla de ahí, llevándola a California, donde él residía, para quedar bajo todos los cuidados posibles. A partir de entonces, los encuentros entre madre e hijo distaron mucho de ser gratos. Ella no lo reconocía. Se sabe, por ejemplo, que Hannah reunía alimentos que envolvía en periódicos y que luego colocaba en los zapatos de su hijo. No se sabe qué hacía Chaplin con ellos, pero este episodio ratifica las privaciones a que la familia se había visto expuesta. Se cuenta que cada vez que Chaplin salía tras haber visto a su madre, se mostraba apesadumbrado. Hannah falleció en 1928, a los 63 años de edad. Esta etapa de su vida puede resumirse en una frase que, dicha por él, cobra un significado especial: “Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo”.

Su atribulada infancia y juventud muy posiblemente explican la protección y el auxilio que el genial artista prodigaba de manera recurrente a las mujeres protagonistas de sus películas: la florista invidente en “Luces de la ciudad”; la huérfana en “Tiempos modernos”; la bailarina suicida en “Candilejas”.

El cine insonoro

Estados Unidos se fundó, en buena medida, gracias a la migración, lo que explica su diversidad cultural. Desde los ocho años, Chaplin mostró interés por la actuación y a los 13, cuando abandonó la escuela tras participar en diversas obras de teatro, comenzó a llamar la atención de los empresarios en Inglaterra. En 1910 realizó su primera gira a Estados Unidos, misma que duró 21 meses. Su segunda gira comenzó en octubre de 1912, cuando la industria del cine estaba despuntando y buscaba nuevos talentos. Fue entonces que lo invitaron al mundo de la cinematografía y en septiembre de 1913 firmó un atractivo contrato con los estudios Keystone.

Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial y la industria del entretenimiento buscaba llegar a la mayor cantidad posible de espectadores y también llevar el “mensaje” que las autoridades del poderoso vecino país del norte deseaban transmitirles.

El cine en Estados Unidos fue pensado como industria para un país con un público cosmopolita, diverso, universal, masivo. Esta característica le abrió las puertas de las audiencias de todo el mundo, que aceptaban ese producto por la empatía con sus protagonistas y sus historias. Estas eran fácilmente asimilables, sencillas y estelarizadas por glamorosas estrellas a quienes los espectadores querían ver. Fue así que apareció el sistema de estrellas (star system), puesto que Hollywood tenía que crear estrellas para llegar a las audiencias.

Hollywood ha sido también un modelo aspiracional. No sólo ha vendido, desde principios del siglo XX, la imagen del sueño americano. Hollywood es el sueño americano. Gracias a Hollywood se difundieron en todas partes la excepcionalidad estadounidense, sus valores, estilos de vida. A través de Hollywood, Estados Unidos ha llegado a las mentes y los corazones de millones de personas, vendiendo tanto la inevitabilidad del liderazgo estadounidense en el planeta, como el fracaso reiterado de regímenes y entidades que rechazan el American way. Hollywood seduce, atrapa, coopta, atrae. Es la fábrica de sueños y también de “realidades”. En su época de oro –y todavía en la actualidad–, atrajo inmigrantes que deseaban prosperar. Hacer una carrera en Hollywood llevó a que actores, directores, guionistas y productores de todo el mundo llegaran a Estados Unidos, asimilando esos valores, pero aportando también los propios. La lista de celebridades extranjeras que han hecho de Hollywood el emporio que es –y que muchos han tratado de replicar sin éxito–, resulta larga, inacabada y difícil de documentar.

En las primeras décadas del siglo XX, además de Charles Chaplin, Marlene Dietrich, Dolores del Río, Cary Grant, Ingrid Bergman y Greta Garbo fueron sólo algunos de los inmigrados que dieron brillo a Hollywood y que, asimismo, brillaron universalmente gracias a él. En los años mozos de Hollywood se delinearon los diversos géneros de las producciones cinematográficas, por ejemplo, el de aventuras, el cine negro, los musicales, el cine de terror, etcétera. Con ello el espectador tenía distintas opciones. Para cada género, los productores, guionistas y directores se aseguran de ofrecer un producto sencillo, fácilmente asimilable por las audiencias.

Chaplin irrumpió como vagabundo en la pantalla grande en 1914. Tan sólo en ese año participó en 35 películas bajo las órdenes de Keystone Studios, la empresa de Mark Sennett. En ese tiempo, las producciones eran cortas, de un solo carrete. Al vagabundo se le pudo ver por primera vez en dos películas que datan del 7 y el 9 de febrero de ese año. Este personaje, que portaba un bastón de bambú –generalmente en su mano izquierda, pues Chaplin era zurdo–, pantalones anchos en las caderas, chaquetín corto, zapatos enormes, sombrero bombacho, bigote y un estilo de caminar muy singular, sigue siendo hoy reconocido, a 103 años de distancia, como el vagabundo icónico con el que se identifica al histrión. Cabe destacar también, que si bien el vagabundo es una marca registrada de Chaplin, él encarnó también diversos personajes en sus películas, incluyendo borrachos, mandaderos, inmigrantes, presidiarios, etcétera.

El artista mejor pagado del mundo

Al trabajar en el séptimo arte, Chaplin se preocupó por aprender lo más posible sobre el cine, el rodaje de películas, su dirección, edición y musicalización. A lo largo de 1914 empezó a dirigir y a escribir los guiones de las películas en que aparecía –la primera ocasión en que hizo ambas cosas fue el 20 de abril de ese año–. Así, Chaplin fue ganando el favor del público y empezó a escribir su leyenda como el más grande artista del cine insonoro. En 1915, ya con un nuevo contrato, esta vez con Essanay, realizó 15 películas, todas escritas, dirigidas y protagonizadas por él. Entre 1916 y 1917, al signar contrato con la Mutual Film Corporation, realizó otros 12 largometrajes. En 1916 se convertiría en el artista de cine mejor pagado del planeta. Casi al terminar la Primera Guerra Mundial, Chaplin firmó un contrato con First National por un millón de dólares a cambio de comprometerse a realizar ocho películas en los siguientes cinco años. Así, entre 1918 y 1923 actuó, dirigió y protagonizó filmes memorables, como “Vida de perro”, “El chico” y “¡Armas al hombro!”, ésta última, una reflexión satírica sobre la guerra.

Con todo, Chaplin buscaba la independencia que todo artista requiere para dar rienda suelta a su creatividad. Las productoras y distribuidoras controlaban las condiciones salariales y laborales de los actores. Por ello, el 5 de febrero de 1919 Chaplin creó, al lado de Douglas Fairbanks, Mary Pickord y David Wark Griffith la empresa United Artists.

El arranque de la empresa no fue sencillo: en la década de los 20, los largometrajes eran cada vez más caros y sofisticados, amén de que su duración promedio era de 90 minutos u ocho carretes. La United Artists inició operaciones entre 1920 y 1921 y la producción de filmes fue lenta, en parte por lo limitado del financiamiento disponible. Dependía, para hacerlas, de cuotas que comprometía por sus películas y que cobraba por adelantado a las distribuidoras, por lo que en sus primeros cinco años de vida sólo pudo crear cinco filmes. Chaplin, de hecho, comenzó a lanzar sus películas a través de la United Artists hasta 1923. Con esta empresa, el histrión realizó ocho cintas, actuando en todas ellas, excepto en una. Todas eran largometrajes y, a partir de “Luces de la ciudad”, Chaplin se hizo cargo de la musicalización. En plena depresión económica, la empresa tomó la decisión de comprar y construir teatros en los que podría exhibir directamente sus películas sin depender de otras distribuidoras. Sus operaciones se extendieron a México y Canadá. Ello ayudó a que se consolidara el trabajo del célebre británico.

Con la libertad creativa que logró a través de esta empresa, Chaplin sorteó un nuevo desafío: el cine sonoro. Las audiencias en todo el mundo, maravilladas al poder escuchar los diálogos y la música de las películas, rápidamente abrazaron esta nueva variante del séptimo arte. También se incrementó la competencia para Hollywood, toda vez que, resuelto el problema de la sonorización, los países podían ahora hacer sus propias películas para los mercados nacionales, buscando una menor dependencia respecto a la meca del cine. Pero Chaplin no sólo retardó la sonorización en sus filmes: con todo y la competencia internacional, viajó por el mundo y fue reverenciado lo mismo por Mahatma Gandhi que por Albert Einstein, príncipes, reyes y magnates.

Las películas que hizo Chaplin con la United Artists en estas condiciones fueron “Una mujer en París” (1923), “La quimera del oro” (1925), “El Circo” (1928), la ya citada “Luces de la ciudad” (1931), la icónica “Tiempos modernos” (1936), “El gran dictador” (1940), “Monsieur Verdoux” (1947) y “Candilejas” (1952). En “Luces de la ciudad” hizo un tímido acercamiento al cine sonoro, pero suplió la falta de diálogos con una partitura memorable de su puño y letra: el tema “Smile”.

Aunque muchos auguraban un fracaso estruendoso al Chaplin renuente a la sonorización, la refinación de “Tiempos modernos”, crítica social contra la explotación de los obreros en el sistema capitalista, o bien, la satírica “El gran dictador”, que culmina con un discurso memorable en boca del propio Chaplin, a favor de la paz, dejaban en claro que el histrión podía incursionar en el cine sonoro y que, si iba a abrir su boca, sería para decir algo digno de ser escuchado.

Para el gusto de quien esto escribe, una de sus mejores producciones es “Candilejas”. En ella, Chaplin encarna a Calvero, un cómico fracasado y ya casi retirado, que se bebe la vida y anda borracho por todas partes. Un día, al llegar a su departamento, percibe en el mismo edificio un fuerte olor a gas. Al detectar su procedencia, abre la puerta del departamento identificado, para encontrarse con una joven bailarina frustrada y suicida a quien decide cuidar y apoyar para que llegue al estrellato. Para muchos es una película autobiográfica en el sentido del artista que debe pasar la estafeta a las nuevas generaciones. En ese tiempo, Chaplin tenía 63 años de edad y ya no aparece como el icónico vagabundo, sino como un actor envejecido. Es también la única ocasión en que se puede ver al célebre británico compartiendo créditos con otro gran comediante: Buster Keaton. La película no se pudo exhibir en Estados Unidos en el momento en que vio la luz, debido a que las autoridades de aquel país iniciaron una cacería de brujas contra él en los tiempos del macartismo. La partitura de “Candilejas” es una de las más bellas melodías compuestas para cine y le valió un Oscar en 1972, cuando Nixon levantó las restricciones macartistas y Chaplin pudo regresar para recibir, así mismo, un reconocimiento por su trayectoria en la ceremonia de los premios Oscar.

Las mujeres de Chaplin

Chaplin era un Don Juan y cortejaba a mujeres jóvenes. A lo largo de su vida, contrajo nupcias con cuatro de ellas. La primera fue Mildred Harris en 1918 (ella tenía 16 años cuando Chaplin la empezó a cortejar). Este matrimonio sólo duró dos años, de manera que en 1920 sobrevino el divorcio. Lita Grey se convirtió en su segunda esposa, tenía 15 años cuando conoció a Chaplin, y debido a la sospecha de un embarazo y el escándalo que sobrevendría de confirmarse, se casaron el 26 de noviembre 1924, en una discreta ceremonia celebrada en un pueblito de Sonora, México, en tanto el divorcio se produjo tres años después. Su tercera esposa fue otra actriz, una de las más famosas en las películas del británico: Paulette Goddard, recordada, entre otras caracterizaciones, como la huérfana a la que protege Chaplin en “Tiempos modernos”. Con Goddard se casó en 1936, presumiblemente en Cantón, China, y el divorcio ocurrió en 1942, cuando las autoridades mexicanas le concedieron a ella el finiquito del vínculo nupcial.

La cuarta esposa de Chaplin, y con quien permaneció hasta el final de sus días, fue la hija del dramaturgo Eugene O’Neill, Oona. Cuando se casaron, ella tenía 18 y él 53 años de edad. Se conocieron cuando Oona O’Neill buscaba hacer una carrera como actriz. Una vez casada, abandonó esos planes y se dedicó a cuidar de su esposo. El matrimonio escandalizó a muchos, en particular, al propio Eugene O’Neill, quien desheredó a su hija y se negó a verla desde entonces. Como producto de sus matrimonios, Chaplin tuvo 11 hijos. Con Oona procreó a ocho de ellos, incluyendo a Geraldine Chaplin, la primogénita, quien siguió una carrera histriónica que le ha valido diversos reconocimientos en varios países.

El legado

En su lecho de muerte, Walt Disney, quien había enfermado de cáncer pulmonar –era un fumador empedernido–, escribió una carta que envió a Suiza, donde se exilió Chaplin para escapar de la persecución anticomunista imperante en Estados Unidos. Algunos de sus biógrafos sostienen que el anticomunismo de Disney era parte de una estrategia para ganar el apoyo de las autoridades a favor de la expansión de su enorme imperio del entretenimiento. 2 Para otros fue el contexto anticomunista imperante tras la Segunda Guerra Mundial el que forzó a Disney a colaborar con la Oficina Federal de Investigación (FBI) y con el tristemente célebre Comité de Actividades Anti- Norteamericanas presidido por el senador republicano por Wisconsin, Joseph McCarthy, en la identificación de presuntos comunistas en Hollywood. 3

Fue así que Disney se convirtió en una especie de “soplón” al servicio del FBI –al punto de que algunos biógrafos refieren que era verdaderamente un agente encubierto de esa corporación en Hollywood–4 y del Comité de McCarthy, denunciando a colegas, productores, actores, animadores, guionistas e, inclusive, al mismísimo Charles Chaplin. En la mayoría, si no es que en todos los casos, las acusaciones contra estas personas eran infundadas, pero es evidente que a través de ellas Disney se ganaba el aprecio de las autoridades, aun cuando él sabía que la “cacería de brujas” destruía las vidas de aquellos a quienes acusaba.

En la carta en que Disney trató de hacer las paces con su pasado, señaló lo siguiente a manera de disculpa: “Querido Chaplin: le debo una disculpa desde hace catorce años, desde que usted abandonó Estados Unidos. Lo que hice y dije no se puede reparar. No va a poder usted perdonarme, lo sé. Tan sólo quería hacerle saber lo mucho que usted ha significado para mí. Sin su ejemplo nunca habría existido el ratón Mickey. Sin su inspiración, no habrían existido ‘Blancanieves’ ni ‘Pinocho’, ni casi ninguna de mis películas. Usted fue mi maestro y mi modelo. Sin usted, nunca habría existido Walt Disney”.5 Chaplin jamás le respondió. Walt Disney falleció el 15 de diciembre de 1966, a la edad de 65 años.

Como se sugería anteriormente, Chaplin se asentó en Vevey, Suiza, en una casa que a partir de 2016 se erigió en el Museo Chaplin (Chaplin’s World). En el lugar vivió con Oona y sus hijos. Renunció a su residencia en Estados Unidos y su fama empezó a decaer en aquella nación, en tanto se acrecentó en Europa y el mundo. En 1957 realizó su penúltima película, “Un rey en Nueva York”, y su última producción fue 10 años después, “Una condesa de Hong Kong”. En los últimos años de su vida, el genial artista se dedicó a reeditar sus películas al igual que a proteger las propiedades que tenía en Estados Unidos –su fortuna personal se calculaba en 25 millones de dólares.

La mañana del 25 de diciembre de 1977, Charles Spencer Chaplin falleció en su casa, en Suiza. Moría el hombre y nacía la leyenda. Un hecho absurdo aconteció poco después de su muerte: dos mecánicos polacos irrumpieron en el cementerio de Corsier-sur-Vevey y robaron el féretro con los restos mortales del histrión para pedir un rescate a su familia por 600 mil dólares. La policía suiza rápidamente investigó el hecho y el 16 de marzo, tras una vigilancia extrema en todas las cabinas telefónicas del lugar, identificó a los ladrones y recuperó el cuerpo de Chaplin.6 Lamentable epitafio.

Más allá de estos hechos, Chaplin se volvió eterno, y no sólo por las 75 películas que hizo a lo largo de su vida. Él mismo sentenciaba: el “tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto”. El cine, como bien apuntaba Disney, no sería lo que es sin Chaplin. Hoy en Estados Unidos y el mundo se reconoce su contribución a la industria del entretenimiento y su trabajo es conocido y revisitado por diversas generaciones. Con Chaplin es posible reír, llorar, conmoverse, divertirse, pasar un buen rato y también reflexionar sobre los problemas del mundo. Por ello, bien vale la pena recordar a Chaplin a 40 años de su partida, con la partitura de Smile –de la película “Tiempos modernos”–, esa que el espectador escucha mientras el vagabundo anima a la atribulada huérfana a seguir adelante.

Notas:

1 Kevin J. Hayes y Charles Chaplin (2005), Charlie Chaplin: Interviews, Mississippi, University of Mississippi.
2 Marc Eliot (1993), Walt Disney: Hollywood’s Dark Prince, New York, Birch Lane Press.
3 La célebre escritora Lillian Hellman, al contrario de Walt Disney, fue llamada a comparecer ante el citado Comité de McCarthy y se negó a denunciar a sus colegas por presuntas actividades comunistas o subversivas, por lo que fue castigada tanto en sus bienes como en su fuente de trabajo. En 1972 escribió Scoundrei Time –que el Fondo de Cultura Económica publicó con el título Tiempo de canallas– en que detalla los excesos del macartismo y denuncia, por supuesto, la colaboración de personajes como Disney con el Comité y la FBI. Véase Lillian Hellman (1972) Scoundrei Time, New York, Back Bay Books.
4 Marc Eliot, Ibid.
5 Susana Gaviña (10/12/2012), “Walt Disney, el americano (mi) perfecto”, en ABC, disponible en http://www.abc.es/cultura/musica/ 20121208/abci-biografi a-novelada-walt- isney-01212051844. Html
6 Israel Viana (27/02/2015), “El “ridículo” robo del cadáver de Chaplin”, en ABC, disponible en http://www.abc.es/20110328/ archivo/abci-cadaver-charlie-chaplin-201103251258.html

- María Cristina Rosas es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México

diciembre 26, 2017

https://www.etcetera.com.mx/revista/chaplin-eternamente/

https://www.alainet.org/es/articulo/190087