CEMENTERIO GENERAL: Tulio Mora.

(Rosina Valcárcel)

Cementerio general de Tulio Mora (Huancayo,1948) llegó a su quinta edición gracias a la labor conjunta de las editoriales chilenas independientes Ajiaco editores y Editorial Desbordes, las cuales lograron una financiación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Gobierno de Chile para ese fin.

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CEMENTERIO GENERAL: Tulio Mora

Este libro fue divulgado primeramente en 1989 y tal como su título apunta es un conjunto de monólogos de personajes que hablan desde la muerte. Una aparición que va desde el hombre de Toquepala hasta los tiempos presentes. En sus páginas, nuestro compañero Tulio Mora desarticula la iconografía que sirve de alivio y exhibe un país alzado como un cazador que lleva a cuestas "un puma vivo".

Héctor Béjar, líder querido del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Enrique Polanco, gran artista plástico y esta cronista, coinciden con el amigo Miguel Gutiérrez, valioso novelista nacional, quien considera que "Tulio Mora alcanza una dimensión eminente y plena, sobre todo en Cementerio general, que es uno de los grandes libros de la poesía peruana de la segunda mitad del siglo pasado y sin duda el mejor y más intenso como reflexión histórica de la violencia en el Perú".

En esta quinta edición, la obra contiene la selección en lengua inglesa, "A mountain crowned by a cementery" (que viene del año 2000). Leamos las páginas notables que le inspira el caro héroe popular emblemático:

Juan Pablo Chang (1930 – 1967)

Por muchos años lucí los mismos lentes

y tuve el mismo abrigo

Y un pasaporte ajado por el uso

con un enorme sello: Prohibido

para viajar a los países socialistas.

Hoy todo eso no es más real

que la emboscada en que habré de morir.

Lejos de las universidades, de sus huelgas

y reuniones clandestinas,

Lejos del huerto de mi padre

-emigrante que embarcó en una playa de Shangai

para oír en el Perú

el relato de una vieja rebelión de chinos-,

Veo al Che detrás de un gran cedro

Disparando su M-1 contra la hojarasca

donde se esconden los soldados bolivianos.

Una guerrilla no se mide según el número de hombres,

Así como una esponja nunca se pesa en seco.

No empieza aquí mi historia

Sino mi distancia con la vida

que me agolpa y me sangra por los pantalones.

Gordo y angustiado por buscar empleo

-en una casa de familia numerosa-

fui mecanógrafo y auxiliar de contador.

Bajo mi almohada guardaba

libros de Mariátegui y Haya de la Torre.

En el 48 me enviaron al Frontón

por la insurrección de los marinos.

El cielo de Lima se aquietó, las gaviotas

se alejaron, las olas de humedad

me reventaron los pulmones.

Antes que ciudadano del mundo

me confieso ciudadano de las cárceles.

Si viajé fue porque

Odría me expulsó a la Argentina.

Perón me expulsó a Bolivia,

Paz Estenssoro me expulsó al Perú.

Por la prisa con que me corrían

también me confieso gitano antes que chino.

Algo más tarde reconocí al enemigo

y sin ganar (y sin perder) una batalla

me encontré en todas partes

con los mismos trotamundos:

Fidel, el Che, Raúl, Haydé.

Y juntos ellos arañaron la utopía:

la revolución no está en los libros

Que han de leerse en hoteles de tercera.

Un camino de tierra poco transitable,

Fueron extinguidos, el zumbido de las cigarras,

El polvo suspendido en el aire tibio

Y el silencio. Medianoche en la montaña,

De repente un silbido, un grito murmurado,

Los matorrales empiezan a crujir, las piedras ruedan,

Y tres, cuatro, cinco hombres

-fusil en mano- se levantan.

Se acabaron los deseos inconcretables:

En Cuba el hombre sueña.

Mas Sudamérica no es Cuba

(ni América Latina es un murciélago

de alas extendidas

como escribió un ácrata español).

Aquí las dictaduras paren infiernos inmortales.

Contra ellos nos metimos a la selva

(casi) los mismos trotamundos,

un poco viejos, con los mismos libros de Neruda

y una canción de la república española.

Y así emprendimos la última aventura

y así nos encontraron: al Che, con su morir de Cristo,

a Debray, con sus teorías muy francesas

(Un foco guerrillero puede acelerar

la crisis nacional y agudizar la lucha de clases),

a Tania, los Peredo

y a cubanos peruanos bolivianos argentinos.

Diez intelectuales de ciudad

Valen menos que un solo campesino.

Pero pocos campesinos encontramos.

¿Volaron de los textos

o fue la realidad más terca que nosotros?

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