CARLOS MARX Y EL SALARIO POR PIEZAS. EL SALARIO POR TIEMPO Y EL SALARIO A DESTAJO.

(Hernán Andrés Kruse)

Así como el salario por tiempo es la forma transfigurada del valor o precio de la fuerza de trabajo, el salario por pieza lo es de aquél., dice Marx al comienzo del XIX capítulo (“El salario por piezas”) del Libro Primero (“El proceso de producción de capital”) de “El capital” (Ed. Fondo de Cultura Económica, México, octava reimpresión, 1973).

Daría la impresión de que en el salario por piezas el valor de uso que vende el trabajador asalariado fuese el trabajo que se materializa en el producto y no la propia función de su fuerza de trabajo. También daría la impresión de que en el salario por piezas el precio del trabajo ya materializado no se determinase, como en el salario por tiempo, por la fórmula “valor de un día de fuerza de trabajo” sobre “jornada de trabajo de un determinado número de horas” sino por la “capacidad del rendimiento del productor”. En nota al pie de página Marx cita el siguiente párrafo presente en el libro de John Watts “Trade Societies and Strikes, Machinery and Cooperative Societies” (Manchester, 1865): “El sistema del destajo caracteriza a una época en la historia del obrero; este sistema ocupa un lugar intermedio entre la posición del simple jornalero, supeditado a la voluntad del capitalista y la del obrero cooperativo (artisan), que en un porvenir no lejano promete aunar en su persona al capitalista y al obrero. Los obreros destajistas son, en realidad, sus propios maestros, aun cuando trabajen con el capital de su patrono”. Al respecto Marx señala con evidente fastidio: “Cito esta obrilla porque es un verdadero albañal en el que se encuentran revueltos todos los viejos y podridos lugares comunes apologéticos. Este señor Watts es el mismo que hace algunos años propagaba el owenismo, habiendo publicado en 1842 otro libejo titulado “Facts and Fictions of Political Economy”, en el cual, entre otras cosas, se declara la “property” como “robbery”. Pero él ya no se acuerda de esto”.

Sin embargo, enfatiza Marx, la realidad indica que ambas formas de salario (el salario a destajo y el salario por tiempo) conviven en el ámbito industrial. Dice al respecto T.J. Dunning (“Trades Unions and Strikes”, Londres, 1860, p. 22): “Los cajistas de Londres trabajan generalmente a destajo, y el salario por tiempo es, entre ellos, una excepción. En cambio, en provincias el salario por tiempo es la regla, y la excepción es el destajo. Los carpinteros de barcos del puerto de Londres cobran por piezas; en los demás puertos ingleses, por tiempo”. En los talleres londinenses de talabartería, los obreros de Francia y los de Inglaterra realizan la misma tarea: sin embargo, a los franceses se les paga a destajo mientras que a los segundos se les paga por tiempo. Según Marx que ambos tipos de salarios coexistan no hacen más que favorecer la angurria de los patronos. Según el “Report of Insp. Of Fact. 31 st Oct.” 1860, p. 9 “una fábrica emplea a 400 hombres, la mitad de los cuales trabajan a destajo, estando por tanto directamente interesados en trabajar el mayor tiempo posible. Los otros 200 cobran por días, trabajan la misma jornada que los primeros, pero sin cobrar las horas extraordinarias…el trabajo realizado por esos 200 hombres en media hora al cabo del día equivale al trabajo de una persona durante 50 horas o a las 5/6 del rendimiento semanal de trabajo de una persona, representando una ganancia palpable para el patrón”. Por su parte Leonard Horner (en Reports of Insp. Of Fact, 30 th April 1859, pp. 8 y 9) considera que “las horas extraordinarias siguen imperando en gran extensión; y en la mayoría de los casos, acogiéndose a las garantías de clandestinidad e impunidad que concede la propia ley. En muchos de mis anteriores informes, he señalado…las iniquidades que se cometen con todos los obreros que no cobran a destajo, sino por semanas”.

Para Marx “la diferencia de forma en cuanto al pago del salario no altera para nada la naturaleza de éste, aunque una forma sea o pueda ser más favorable que la otra para el desarrollo de la producción capitalista”. Brinda el siguiente ejemplo. Una jornada laboral que se extiende por 12 horas (6 pagadas y 6 no). El producto de valor son 6 chelines, con lo cual cada hora laboral vale 6 peniques. El obrero sólo invierte para producir un artículo el tiempo de trabajo socialmente necesario, lo que significa que fabrica en una jornada laboral 24 piezas. En virtud de ello, destaca Marx, si se descuenta la parte de capital constante adherida a cada pieza, cada pieza costará 3 peniques (6 chelines las 24 piezas). Es así como el obrero cobra por cada pieza ½ penique, con lo cual al cabo de la jornada laboral habrá ganado 3 chelines. En el salario por unidades de tiempo el obrero trabaja 6 horas para su provecho y las otras 6 para el capitalista. Lo mismo sucede en el salario por piezas: el obrero paga la mitad de cada pieza y la otra mitad la trabaja por nada. En definitiva, para Marx “el precio de las 12 primeras piezas representa el valor de la fuerza de trabajo”, mientras “que las 12 piezas restantes encierran la plusvalía”.

Según Marx, el salario a destajo y el salario por unidades de tiempo tienen algo en común: su irracionalidad. Aunque dos mercancías tengan un valor, luego de una hora de trabajo, de 6 peniques, el obrero que las fabricó sólo recibe 3 peniques en concepto de precio. El salario a destajo no es capaz de expresar de forma directa ninguna proporción, destaca Marx. Para él, no es que lo que vale cada pieza sea función del tiempo que se empleó para producirla; es al revés: lo que el obrero tarda en producir la pieza se mide por la cantidad de piezas que produce. Al comparar ambos tipos de salarios, Marx dice que en el salario por unidades de tiempo la duración directa del trabajo es la clave para medirlo, mientras que en el salario a destajo el trabajo se mide en función de la cantidad de trabajo que el trabajo es capaz de condensar durante un período determinado. Para Marx el trabajo que realiza el obrero durante una jornada laboral es igual al valor diario de fuerza de trabajo. En definitiva, el salario por piezas implica una modalidad diferente del salario por tiempo.

A continuación, Marx analiza en profundidad la naturaleza del salario a destajo.

La empresa evalúa el rendimiento del trabajador, fiscaliza directamente la calidad del trabajo. El trabajador está, pues, obligado a alcanzar el grado medio para recibir íntegramente el salario a destajo. La empresa, acusa Marx, utiliza el salario por piezas para cometer todo tipo de fraudes. El salario a destajo le permite al capitalista efectuar la medición de la intensidad del trabajo, medida en función de la cantidad de productos que elabora el trabajador en un tiempo determinado, es decir, del “tiempo de trabajo socialmente necesario”, del tiempo que se materializa en una específica cantidad de productos que es fijada por la experiencia. La práctica es la encargada de enseñar cuál es el producto medio de una hora de trabajo. El obrero que no puede garantizar “el grado medio de capacidad de trabajo” es despedido. El obrero que no puede producir la cantidad de mercancías estipulada por la experiencia, queda en la calle. La forma misma del salario es la encargada de controlar tanto la calidad como la intensidad del trabajo. A raíz de ello, el salario torna inútil una parte de la fiscalización del trabajo. Ello explica por qué este tipo de salarios pasa a ser la base del moderno trabajo a domicilio y, a su vez, de un sistema de explotación y opresión. Según Marx, el destajo crea las condiciones para el surgimiento de “parásitos”, de intermediarios, entre el empleador y el obrero. Resulta por demás evidente que estos “parásitos” no se inmiscuyen entre ambos actores del régimen capitalista por amor al arte. Marx sostiene que los intermediarios obtienen su ganancia de la diferencia que existe entre el precio que abona el empresario por el trabajo realizado y la parte del salario que cae en manos del obrero. Además, el sistema de salario a destajo le permite al empresario negociar con el obrero principal un contrato a razón de X salario por pieza elaborada, a un precio que le permite a dicho obrero poder pagar el sueldo a los obreros que tiene a su cargo. De esa forma, emerge una explotación protagonizada exclusivamente por obreros (el obrero principal explota a sus dirigidos). En este sentido acota Watts: “Representaría un gran progreso en el sistema del destajo el que todos los obreros que trabajasen en una obra fuesen, en proporción a sus capacidades, copartícipes en el mismo contrato, en vez de haber uno interesado en recargar de trabajo a sus compañeros para su propio lucro” (Ob.c, p. 53).

Cuando impera el salario a destajo el obrero trata de producir la mayor cantidad de piezas posible. De esa forma, el empresario responde elevando “el grado normal de intensidad del trabajo”. Emerge, por ende, un espantoso y cruel círculo vicioso. Dice Marx: “Este resultado espontáneo se procura estimular, además, por medios artificiales. Así, por ejemplo, en el Engineering Trade de Londres se considera como un truco usual el “que el capitalista elija para jefe de un equipo obrero a un hombre de fuerza y destreza superiores a lo normal. A este obrero se le paga trimestralmente o en otros plazos una prima de jornal, con el compromiso de hacer todo lo posible por…excitar por todos los medios el celo de sus compañeros, a quienes sólo se les paga el salario normal…” Sin necesidad de más comentarios, quedan explicadas así las quejas de los capitalistas acerca de las tradeunions, a las que atribuyen la “paralización de la actividad y de la destreza y fuerza de trabajo superiores (Dunning, Trades´ Unions and Strikes, pp. 22 y 23). Cuánto más trabaje el obrero, cuanto más larga sea la jornada para él, mejor será su salario diario o semanal. “Todos los que trabajan a destajo…se benefician con que se rebasen los límites legales del trabajo. Esta propensión a trabajar horas extraordinarias se puede comprobar sobre todo en las mujeres que trabajan como tejedoras o devanadoras” (Rep. Of Insp, of Fact. 30th April 1858, p. 9). “Este sistema del destajo, tan ventajoso para el capitalista…aspira directamente a animar a los jóvenes alfareros a que se maten trabajando durante los cuatro o cinco años en que se les paga por piezas, pero a un precio irrisorio. Es ésta una de las causas principales a que se debe la degeneración física de los alfareros” (Child Empl. Comn. I rep., p. XIII). Como se puede observar, la flexibilización laboral no es un fenómeno propio del siglo XXI.

Al estar vigente el salario por tiempo los obreros que cumplen iguales funciones perciben iguales salarios. No sucede lo mismo cuando rige el salario a destajo. El obrero recibe un salario diario o semanal en función de su capacidad individual. Cuanto más produzca, más gana. Hay obreros que producen lo estrictamente necesario durante un período, otros producen la cantidad media y otros rebasan la media. Los últimos ganan, obviamente, más que los primeros. Los ingresos reales de los obreros dependen, pues, de su destreza, energía, perseverancia. En el salario a destajo hay una relación directamente proporcional entre la fuerza, energía y perseverancia del obrero y el nivel del salario percibido. Cuanto mayor sea la destreza, la energía y la perseverancia del obrero, más alto será el salario que percibe, y viceversa. “Allí donde el trabajo, en una industria, se paga según el número de piezas, es decir, a destajo…pueden darse grandes diferencias cuantitativas entre los salarios…En cambio, en los jornales reina generalmente un nivel igual…que el patrono y los obreros reconocen como salario medio por la capacidad media de trabajo de los obreros de una industria” (Dunning, Trades¨Unions and Strikes, p. 17). La relación entre productividad del obrero y el salario no modifica los vínculos generales que existen entre el empresario y el obrero, el capital y el trabajo asalariado. Ello se debe, dice Marx, por dos motivos: “En primer lugar, porque las diferencias individuales se compensan y contrabalancean en el régimen general de la fábrica, que en un determinado tiempo de trabajo arroja el producto medio; a su vez la suma total de salarios abonada representa el salario medio de esta rama industrial”. Vale decir que por más que haya trabajadores que se sobre-exijan, la inmensa mayoría trabajará normalmente, sin esforzarse demasiado pero también sin haraganear; en consecuencia, el empresario siempre pagará un salario medio. “Y, en segundo lugar, porque la proporción entre el salario y la plusvalía permanece invariable, ya que al salario individual de cada obrero corresponde la masa de plusvalía que produce este obrero individual”. Por más que el obrero trabaje todo el día produciendo y produciendo, por más alto que sea su salario siempre un porcentaje del mismo se lo queda el empresario. El trabajo a destajo permite que el obrero tenga un cierto margen de autonomía para desplegar todas sus potencialidades, y también a fomentar la competencia entre los obreros (competencia que puede desencadenar un estado de naturaleza en el interior de la fábrica).

El destajo crea las condiciones para que los salarios superen el nivel medio, para que los trabajadores, si se esfuerzan, ganen más, con lo cual logra que dicho nivel medio baje. Es por ello que en aquellos ámbitos laborales donde el salario a destajo se había instalado, provocándole al empresario serios problemas para rebajarlo, éste decidiera valerse de la coacción para imponer los salarios por tiempo. Dicho accionar provocó la gran huelga de los cinteros de Coventry en 1860. “El trabajo de los oficiales se cotiza por días o por piezas…Los maestros saben, sobre poco más o menos, la cantidad de obra que cada obrero puede ejecutar al cabo del día en cada métier, razón por la cual les pagan muchas veces a razón de la obra que entregan, de este modo, los oficiales, por la cuenta que les trae, trabajan todo lo que pueden, sin necesidad de que nadie los vigile” (Cantillon, “Essai sur la Nature de Commerce en Général, edición de Ámsterdam, 1756, pp. 185 y 202). Para Marx el salario a destajo es uno de los basamentos fundamentales del sistema de horas de trabajo. “¡Cuántas veces hemos visto que en ciertos talleres se meten muchos más obreros de los necesarios para el trabajo! Muchas veces se contratan obreros en la esperanza de conseguir un trabajo incierto o incluso puramente imaginario: como se les paga a destajo, el patrono entiende que no arriesga nada, pues todo el tiempo perdido pesa sobre los hombros de los obreros parados” (H. Gregoir, “Les Typographes devant le Tribunal Correctionnel de Bruxelles”, Bruselas, 1865, p. 9).

Marx concluye afirmando que el salario por pieza es la forma de salario que mejor se adecua al régimen capitalista de producción. Este salario tuvo su esplendor a partir del período manufacturero. El desarrollo de la gran industria (1797-1815) creó las condiciones para prolongar la jornada laboral y reducir el salario. Marx ilustra este período citando los libros azules titulados “Report and Evidence from the Select Committee on Petitions respecting the Corn Law” (legislatura parlamentaria de 1813-14) y “Reports from the Lords Committee, on the state in Growth, Commerce and Consumption of Grain, and all Laws relating thereto” (legislatura de 1814-15). Estos documentos ponen en evidencia la baja constante de los salarios que comenzó a tener lugar a partir de la guerra antijacobina. La baja salarial en el ramo textil fue particularmente pronunciada. “El salario real de un tejedor es hoy mucho menos que antes: la superioridad de este operario sobre el obrero vulgar, que antes era muy grande, ha desaparecido por completo. En general, la diferencia entre los salarios de los obreros diestros y los de los obreros corrientes es en la actualidad mucho menor que en ninguna de las épocas anteriores” (“Remarks on the Commercial Policy of Great Britain”, Londres, 1815, p. 48). La situación de los trabajadores del campo tampoco era la mejor. “La mayor parte de las faenas agrícolas, con mucha diferencia, las ejecutan personas que trabajan por días o a destajo. Su salario semanal viene a representar unos 12 chelines; y aunque se puede afirmar que, trabajando a destajo y muy acuciado, un jornalero llega a sacar 1 chelín y acaso 2 más que cobrando por semanas, si calculamos sus ingresos globales vemos que este superávit queda contrabalanceado al cabo del año con el tiempo que permanece parado…Además, se advertirá en términos generales que los salarios de estos hombres guardan cierta proporción con el precio de los artículos de primera necesidad; un hombre con dos niños se halla en condiciones de sostener a su familia sin recurrir al socorro parroquial” (“Defence of the Landowners and Farmers of Great Britain”, Londres, 1814, pp. 4 y 5). En los talleres donde está vigente la ley fabril, dice Marx, el destajo pasa a ser la norma general por una sencilla razón: en este ámbito el capital sólo puede alargar el día de trabajo de manera intensiva. “Los obreros a destajo representan probablemente las cuatro quintas partes de todos los obreros fabriles (“Reports of Insp. of Fact.” for 30th April 1858, p. 9).

Cuando el rendimiento laboral sufre cambios, una misma cantidad de productos representa un tiempo laboral distinto. Lo mismo sucede con el salario ya que el mismo no es más que la expresión en dinero de un determinado tiempo laboral. Marx retorna a su anterior ejemplo para clarificar estos conceptos. En 12 de horas de trabajo ( se producen 24 piezas), el producto de valor de las 12 horas laborales es 6 chelines mientras que el valor de un día de fuerza de trabajo es 3 chelines, el de la hora de trabajo es 3 peniques y el salario pagado por cada pieza es de 1 penique y medio. Explica Marx: “Cada pieza absorbía media hora de trabajo. Ahora bien, si en la misma jornada de trabajo, al doblarse el rendimiento de éste, se pueden producir 48 piezas en vez de 24, sin que las demás circunstancias varíen, el salario descenderá de 1 y medio peniques a ¾ de penique, puesto que ahora cada pieza sólo representará ¼ de hora en vez de media hora de trabajo. 24 X 1 ½ peniques =3 chelines, lo mismo que 48 X ¾ de penique= 3 chelines”. Vale decir “que el salario por piezas se reduce en la misma proporción en que aumenta el número de piezas producidas durante el mismo espacio de tiempo. Estos cambios de salario, aun cuando sean puramente nominales, provocan luchas constantes entre el capitalista y los obreros. Unas veces, porque el obrero se deja engañar por la apariencia del destajo, creyendo que se le paga lo que produce y no la fuerza de trabajo, y se rebela contra una reducción de salario a la que no corresponde la reducción en el precio de venta de la mercancía”. Según H. Fawcett (The Economic Position of the British Labourer”, Cambridge y Londres, 1865, p. 178), “los obreros vigilan de cerca el precio de las materias primas y el de los géneros fabricados, pudiendo calcular con toda precisión lo que ganan sus patronos”. Son, pues, conscientes de la explotación a la que los somete el empresario. En consecuencia, “los capitalistas ponen el grito en el cielo ante esta osadía que supone el imponer un tributo a los progresos de la industria y declaran en redondo que al obrero le tiene sin cuidado el mayor o menor rendimiento del trabajo”. La explotación en su máximo esplendor. Marx acota al pie de página: “En el Standard de Londres, número de 26 de octubre de 1861, aparece reseñado un proceso ventilado por la Casa John Bright et Co. ante los jueces de Rochdale. Se trata de una “denuncia judicial por intimidación contra los representantes del sindicato de tejedores de alfombras. Los socios Bright habían instalado una nueva maquinaria, con la cual se podían producir 240 yardas de alfombra en el mismo tiempo y con el mismo trabajo que antes eran necesarios para producir 160 yardas. Los obreros no tenían ningún derecho a reclamar una parte en las ganancias que se derivasen de la inversión de capital hecha por sus patronos para mejorar la instalación técnica. Entendiéndolo así, los señores Bright propusieron rebajar el tipo de salario de 1 penique y medio por yarda a 1 penique, sin que con ello se alterase en lo más mínimo el jornal que los obreros venían percibiendo por el mismo trabajo. Pero, era una reducción nominal de salario, para la que, al parecer, no se había contado antes, honradamente, con los obreros”.