Botellas de náufrago (WIE nº 456) (Spanish Edition) Kindle Edition de Julio Carmona.

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Bajo el título Botellas (en plural)de náufrago recojo en esta oportunidad cinco libros de versos. El primero, que asume el mismo título (en singular) Botella de náufrago. Y es el cuarto de una serie en la que he usado la forma tradicional del soneto, aunque muchos de esos poemas a veces se desvían de la constitución clásica de esta especie lírica, y solo se ajustan al número de versos, catorce.
El primer libro en el que usé esta forma fue A orillas del amar (1976, Trujillo, Cuadernos Trimestrales de poesía); el segundo, No solo de amor (1980, Lima, Grupo Intelectual Primero de Mayo), y el tercero Donde dice amor lluvia o pena (2002, Lima, Arteidea).
El segundo título que integra la presente edición es, Dar de sí más (que tuvo dos versiones anteriores: 2004 y 2006, Lima, Arteidea), libro en el que, como lo sugiere su título, trato de «dar décimas» o «dar de mí más», respetando, sí, en este caso, la estructura clásica de la especie. Aunque esta forma la usé también en su modalidad de «décimas de pie forzado», en el libro En honor a la verdad (1982, Lima, Lira Popular).
Algo similar de lo ocurrido con los títulos precedentes se dio con el tercero de la serie actual: Fuego en cenizas dormido, que tuvo dos entregas previas (2005 y 2009), y en ellos recojo una selección de las cuartetas que por varios años he difundido en la red social Facebook, bajo el epígrafe de «Epístola moral».
En el cuarto título, Trioletario o Pruebas al canto, recurro a otro tipo de estrofa tradicional: el triolet, que fuera cultivada —en nuestro medio— por don Manuel González Prada. Una composición poética de origen francés que, con singular maestría, ejercitó el Maestro. Es, sin embargo, una forma poco difundida entre nosotros.
Aparte —decía— de esa muestra práctica y ejemplar del Maestro, él también hizo un estudio histórico, crítico y estético del triolet (Ortometría. Apuntes para una rítmica, UNMSM, 1977). Y lo reivindicó de sus detractores y defendió de sus aduladores. Para don Manuel, el triolet es una forma poética tan respetable como cualquier otra. Idea que —desde mi modesto parecer— suscribo. Lo rescatable (como respaldo para una nueva puesta en escena de esta especie lírica) es que se trata de incentivar en los jóvenes el, es cierto «tedioso» aunque estimulante y necesario, ejercicio de la versificación tradicional, que prepara para la «moderna», como bien decía Borges (en un seminario en la Universidad de Columbia) que se debe escribir dentro de una armonía y un equilibrio; es necesario saber las reglas de la construcción de un soneto para poder deconstruir y —recién entonces— intentar el verso libre. Si no, se tendría que haber nacido Whitman. (2015, El aprendizaje del escritor, Lima: Debate: 74-75).
Y bien se sabe que Borges era gran admirador no solo de Whitman, sino también de Poe. Y este daba preferencia al poema breve, en el que se logra mejor el efecto poético deseado, el mismo que difícilmente se puede mantener en los trabajos literarios de mayor extensión, en la medida que tal efecto se consigue mejor en obras capaces de ser leídas de un «solo envión», ya que —según Poe— la atención del lector decae luego de acabado ese breve influjo, y para el autor, por otro lado, se le hace difícil sostener ese efecto en un texto extenso.
Esto no quiere decir que aquí esté intentando dar una receta. «Cada quien corta su palo y sabe cómo lo carga» —dice la sabiduría popular—. En todo caso, el decir esto en relación con mi preferencia por las composiciones breves (y, más aun, vinculadas al acervo de la versificación popular), no significa otra cosa que una reiteración de mi «profesión de fe» sostenida en el primer poema de mi segundo libro.
Y el último título de la serie, Mester de obrería, es el único que no tiene antecedentes. Escrito en los años ochenta (cuando vivía en el pueblo joven «El Milagro», de Lima). Y cuya publicación siempre postergué. O sea que con esta edición ensayo el intento de saldar esa deuda.