Biografía del Hombre Caviloso y de Chanzas: Vallejo.

X: Roque Ramírez Cueva
Existen hombres en el mundo cuya creación sirve para que otros, muchos, pigmeos pretendan alcanzar estaturas negadas, y no para reventarle cuetes, a la obra, como bien merecido lo tienen sus creadores. En ese propósito tales pigmeos, geniecillos se alucinan, osan emular al doctor Frankenstein e intentan construir su monstruo, sin poder entender que esos hombres de obra única y genial son ya “monstruos” en sí, si lo entendemos desde la visión desenfadada de los jóvenes. Los lectores conocemos, en este país, a varios remedos de creador del monstruo más popular salido del paraíso romanticista.

Desde esta premisa, vamos a percibir como nuestro poeta universal ha sido esquematizado de sufrido y taciturno por gente y poderes que lo hubiesen reconstruido –si pudieran- en un gentil hombre de letras, bohemio, sempiterno afligido y adusto, de triste figura como el caballero de Cervantes. Sin embargo, contrario a esa imagen, Vallejo fue un hombre mesurado, no locuaz como casi todo el clan de los hombres de la Sierra de antes de 1940, de vida aldeana aún, más la alegría andaba con él, por eso sonreía al describir los parajes y gente andinos en su mundo letrado, ese sonreír queda impregnado por siglos sobre todo en sus versos: “¡papales, cebadales, alfalfares, cosa buena” (poema “Telúrica y Magnética”); estas dos últimas voces ufanan a ese ser parco, sobrio hombre de sierra y lo hacen sino carcajear, sonreír, al simbolizar los histriónicos “¡Oh, patrióticos asnos de mi vida!”, y la broma coprolálica de los campesinos norteños “¡y los demás, me las pelan!”. Los indicados pigmeos, ignorantes de asuntos relacionados con la escritura vital, obedientes al mandato de los censores, pretendieron despojarlo de esa faz divertida, irónica y sagaz.

Estas percepciones divergentes, se evidencian en el libro de Stephen M. Hart, titulado César Vallejo. Una Biografía Literaria. Lima, editorial Cátedra Vallejo, 2014. Traducido de la versión original César Vallejo. A LiteraryBiography, Tamesis Book, 2013; única en su especie, como bien nos hace recordar el firmante de la presentación de este volumen biográfico, Marco Martos, por ser la primera biografía completa que registra los sucesos vitales de Vallejo desde su nacimiento hasta su posteridad. El poeta Martos también nos hace notar que los hechos conocidos y difundidos sobre la ida y obra del poeta del “Perú al pie del orbe”, hasta antes del trabajo de Hart, son fragmentos inconexos publicados por distintos autores, obviamente con diferentes puntos de vista al reconstruir la vida del predilecto de Santiago de Chuco, desde el testimonio del amigo europeo Juan Larrea, hasta los datos vertidos por su viuda Georgette, pasando por otros que en su investigación menciona Hart.

Esta relación acerca de la existencia de nuestro poeta universal y Chuco santiaguino, importante por ser –ya dijimos- la primera biografía integral de César Vallejo, nos plantea preguntas cuando no dudas por la información obtenida de fuentes no objetivas. Como aquello del niño César marginado por la maledicencia prejuiciosa de creyentes pueblerinos, supuestamente, por el hecho de ser descendiente de un abuelo sacerdote. Es difícil demostrar cuál habría sido la comprensión y la actitud psicológica con que el niño asume la noticia de tener un abuelo Cura, y ¿si el niño se sintió marginado? Además, sí hubo cuestionamientos a su descendencia no necesariamente sus efectos perdurarían a lo largo de su existencia; ejemplo, el hecho de acceder a la universidad, luego integrar y codearse con la élite intelectual trujillana, en su juventud, lo colocaba en una situación social y cultural privilegiada y envidiada, respecto de sus compañeros y vecinos marginadores.

Bien sabemos los peruanos que buena parte de los escritores y artistas provincianos provenientes de hogares humildes, han pasado y pasan por estas circunstancias, una vez que se consolidan por su obra, son cuando menos sino invitados, saludados por la élite provinciana que, a pesar de no interesarle el arte ni la cultura, los asumen como logros del orgullo de sus terruños. De esta manera, después de todo, sólo se trató –de ser cierta la objeción- de chanzas o burlas de niños, y estas se acabaron cuando terminó la escuela y parte a otro lar, Huamachuco, a estudiar la secundaria y luego a Trujillo. En todo caso, es dura y cruel, e incluso se vuelve un gran problema, la marginación socio económica generada por los latifundistas, la familia de éstos, por autoridades y funcionarios que respaldan el latifundismo antes, y hoy el capitalismo. Y de esto tampoco hay certeza que Vallejo la haya padecido en extremo.

Las fotografías de la familia Vallejo Mendoza muestran que la ropa vestida por sus miembros, no indica que hayan formado parte del último escalón en el ámbito social, visten sus mejores galas y no se les ve con pantalones, camisas y vestidos domingueros, propios de la usanza campesina. Usan trajes de librea y corbata michi, las mujeres no usan polleras de campesinas. Esta contradicción la deja advertir el mismo Stephen Hart al revelar que el padre de nuestro poeta tenía cierto estatus, llegó a ser gobernador del distrito, no se aclara si fue un Subprefecto (título dado a quien representa al estado), aparte de ser “abogado defensor”. Visto así, los niños Vallejo crecieron en un ambiente de resguardo económico –pequeña burguesía- que incluso les garantizaba acceder a la universidad, asunto difícil en la época por ser un nivel de estudios reservado a las élites latifundistas y mercantilistas, la pequeña burguesía accedió por el destacado talento de sus hijos, en contadas ocasiones.

Otro sustento dado al supuesto “trauma” padecido por Vallejo, es el hecho de que sus padres –por ser hijos de Cura- fueran enterrados fuera de los lindes del terreno del cementerio. Pudieron ser enterrados fuera del campo santo por diversos hechos; por un litigio de tierras que le restó extensión al terreno; por un fenómeno climático que reacomodó el espacio del cementerio, etc. Veamos, la familia no fue estigmatizada por la Iglesia, todos fueron bautizados incluso César; y si fueron bautizados los padres e hijos, y fueron aceptados en el seno institucional de la Parroquia, ¿Cómo explicar que a la muerte del padre, fuera marginado enterrándolo fuera del terreno del cementerio? El Párroco no pudo haber influido porque fueron aceptados en las ceremonias católicas, los poblanos no podían imponerse a las decisiones de la Iglesia en esa época. Parece ser una especulación subjetiva de las fuentes consultadas por Hart.

En su niñez, dice Hart, Vallejo fue estimado, cuando no querido, por los vecinos y las familias de los vendedores alrededor de su vivienda. Si era estimado por los padres, los hijos de éstos y sus compañeros de juego y de clase, también lo iban a estimar por el ejemplo que recibían de sus mayores. Luego, la figura de paria y acomplejado social, por ser nieto de Curas, no tiene solidez. Entonces, en la primaria realizada en Santiago de Chuco es estimado; y la secundaria la realiza en Huamachuco, ciudad que lo mantiene alejado de las “maledicencias” de los santiaguinos, aunque no de los propios familiares, fuente oral y escrita interesada en presumir de tales presunciones.

No obstante, la biografía de Hart es detallada en información recogida de escritores como Izquierdo Ríos y Esteban Pavletich, Ciro Alegría y Spelucín. Sus datos nos cuentan las andanzas de Vallejo trabajando de maestro en la Sierra Central, en Cerro de Pasco, donde trabaría relación amical con el anarquista italiano Américo España, la primera influencia de un pensamiento rebelde asida por Vallejo, si es que antes no conoció en la Universidad de San Marcos, algún amigo o maestro que le hablara de ideas revolucionarias, de trasformaciones sociales. Su primer soneto lo publica en 1911 en la revista “El minero Ilustrado; y en este poema –hace notar Hart- ya se percibe el sello de experimentación lingüística que distinguirá a Vallejo, entre versos formales incluye la voz “soledumbre” de nítido uso y raigambre popular.

Volviendo al perfil triste con que algunos esbozan su retrato, según se advierte al inicio de estos apuntes. Espejo A. y Ciro Alegría lo describen como alguien que emana tristeza, no sabemos si por influencia de ese clisé tendencioso de opacarlo con esa supuesta melancolía que “desde siempre” lo envolvió; tal vez por la errada observación de fotografías (sabemos sólo son expresión fugaz de un momento) que muestran, antes que una actitud una incierta pose. En el fondo, confunden la expresión de un hombre pensativo, caviloso, en tanto estaría preocupado e inquieto por los acontecimientos, por la cruda realidad que experimentaba de continuo, a diario; o simplemente ocupaba su mente en las labores y exigencias del estudio. No olvidar que Hart en probada información lo recuerda como un brillante estudiante; y todos sabemos que no se es capacitado y sobresaliente por inspiración y talento nato, sino por –como dirían los abuelos- machacarle a los libros, esto es leer y analizar de constante, por ejercitar la reflexión crítica, por entrenar la memoria (actualizarla). El trabajo riguroso que demandó la elaboración de su tesis, así lo evidencia.

Si la información de Hart indica que Vallejo en su niñez fue parco, de apariencia adusta, a la vez que alegre, divertido y bromista; esta configuración no puede haber variado mucho de adulto, entendiendo que –tal como lo indica la psicología- la personalidad de las personas se forma y define hasta los 18 a 20 años de edad, y luego no se modifica, no cambia. Entonces la alegría se mantendrá junto con la adustez. Aparte que una persona puede ser de look (apariencia) adusto, parecer melancólico, a la vez que ser bromista, divertido con la familia y amigos más íntimos.

Esa expresión desgarradora que dicen percibir Ciro Alegría y Espejo A., son actitudes asumidas para respaldar un discurso oficial “políticamente correcto” que pretenden ver en la figura de César Abraham. Es una percepción sesgada como la de muchos que intentan establecer una relación entre el hombre caviloso y el desgarro de sus expresiones poéticas. Y, sí, en su poesía hay desgarro intenso pero sólo cuando la imagen poética lo necesita, como también hay optimismo, ironía y alegría, según el contenido y forma de sus versos lo exijan. Sin embargo, creemos que la opción de Ciro Alegría se aproxima más a la de un afecto solidario de querer compartir un desgarro humano cuya sensibilidad de escritor le obliga a condenar y entender, tal como las voces poéticas vallejeanas lo hacen.

La biografía de Hart incorpora la exégesis, la crítica literaria para ampliar desde otro ángulo, el de la lectura crítica, el dato histórico. Leamos, le dedica páginas, varias, al poema acerca la muerte de su hermano Miguel; y otras tantas, a los supuestos amores reales no ficticios del autor Vallejo, por lo cual intentan relacionar dichos amores reales con los personajes ficticios que mencionan sus voces poéticas. Esto es interesante para el lector no entrenado en la lectura de obras; sin embargo, por qué complacer en la presente biografía al lector llano, quien como el pedestre habitante de aldeas quiere esculcar la vida íntima del prójimo. ¿Por qué preocuparse de ser el descubridor de la identidad de los personajes ficticios que supuestamente el autor los trasladó desde la vida real? Difícilmente, el poeta haría esa permuta simple de trasladar sus reales amores femeninos al ámbito de la ficción, sólo cambiando su nombre, ¿esa es la genialidad del poeta que tanto aplauden?

Seguimos preguntando, ¿qué es importante, interpretar la expresión y sentimientos y emociones de las voces poéticas; o relacionar la identidad y castidad fidedignas de los personajes femeninos de entre el entorno de las mujeres y doncellas que frecuentó Vallejo? En nuestra opinión de lego, se prioriza un interés nimio de averiguar detalles superficiales del vecindario, y trasladarlos a los espacios relevantes de la literatura. Para muestra un botón: “…, y es probable que varios de los demás poemas de esa sección se refieran a su aventura amorosa con la misma mujer” (p.59). Acaso las biografías no se construyen en base a lo esencial y poco común de la vida de un hombre.

En ese interés pedestre por averiguar sobre las mujeres de carne y hueso que Vallejo conoció y pudo haber proyectado, rendido pleitesía en sus versos, se llega a dar un dato erróneo que Espejo Asturrizaga creemos no contrastó. Este habla de “una joven dama llamada Murguía” (citado por Hart, p. 59). Al respecto, nosotros sabemos que, de entre los posibles nombres de uso en la época y lugar, no se van a encontrar mujeres llamadas Murguía. En cambio, lo que si tenemos claro es que Murguía es el apellido de familias prominentes situadas entre la élite y la plebe de Trujillo. En las últimas décadas del S. XX, y las dos primeras del presente, muchos de sus miembros han dado que hablar en los periódicos; aparte que hay una referencia fonética con José Murgia, alcalde por 5 periodos y uno de gobernador en la Región La Libertad, 25 años en total. Esta información de las familias de apellido Murguía, puede habérsele pasado a Espejo A., porque en su época ella no fue comentario obligado de la comidilla de los trujillanos. Pero hace una década o lustro resulta difícil, por cuanto –para el caso de la investigación- el apellido de los Murguía sonaba de constante en la ciudad liberteña. Queremos creer que la omisión se deba a una dificultad del idioma español que no domina el investigador.

La exageración de una preocupación poco interesante en cuanto a ver plasmados los amores reales del poeta, en los versos de éste, la observamos al leer en varias páginas los lances y desazones que habría tenido César con una querida -amante- de Cura, quien fue su vecina del frente, llamada Gavina, y quien lo habría mantenido en angustias duplicadas por no conseguir sus favores sexuales y, luego, por la satisfacción de haberla gozado. Pero, el colmo se observa cuando el biógrafo inglés deduce, en su imaginario y no en los hechos, esas apetencias y goces sexuales en los versos del poeta, lo cual despertaría el desgarrador recuerdo del abuelo Cura amándose con su abuela laica, e incluso propone que si fue un suceso de repercusión empírica antes que literaria. (p.65) Y remata que los amores –supuestos para nosotros- del poeta con Otilia Vallejo (sobrina) y con Gavina Salamanca (la vecina) tienen una connotación enfermiza: “Ambas aventuras amorosas… confirmaron para Vallejo que el amor era algo ‘enfermo’ ” (pp. 67-68). Y al afán de informar sobre la relación entre Vallejo y su sobrina Otilia, se puede calificar que excede los detalles para aproximarse a lo obsesivo, se les menciona cuando no se les dedica largos párrafos desde la página 55 hasta la por lo menos 101.

El otro asunto en que Hart comulga con el discurso oficial de aquello llamado “políticamente correcto” junto a otros críticos de la obra y vida de Vallejo, es acerca de lo que el indagador inglés llama “angustia teológica”, a partir de concebir que Vallejo se inquieta por los designios y encarnaciones divinos, por la omnipresencia de las sentencias de Dios, y su involucramiento en los destinos humanos. Este juicio crítico acerca de las imágenes literarias relacionadas con las expresiones cristiano-católicas elaboradas en la poesía de nuestro poeta Chuco-santiaguino ya lo hemos sustentado en otro comentario (blogs, 2015), donde referimos dos circunstancias por las cuales el poeta recurre a las expresiones cristianas. Uno es porque hasta su juventud estuvo influenciado por la cultura campesina que se manifiesta a través de creencias religiosas –católicas-, y él responde a esa confesión de ideas. Dos, ya en Europa con su formación marxista Vallejo sigue apelando a imágenes poéticas de la interculturalidad donde se respalda en voces cristianas, con la intención clara de voltear sus significados y significantes y expresar una connotación si no distinta, opuesta al credo cristiano. Lo dijimos así:

“¿Cuál es la propuesta del creador? A partir de usar como recurso toda una simbología religiosa aceptada en todos los sub conscientes populares, por tanto en los lectores que tienen empatía con el cristianismo, que en América somos muchos o casi todos. Dichos símbolos son transmutados en sus acepciones, en su semántica, otorgándoles otras de tal modo que, connotativamente, expresen los temas ejes de dicho libro [España, aparta de mí este cáliz]: el sufrimiento del pueblo español (símbolo bisémico); y, siguiendo lecturas, lo comprendemos como la inmolación y rebeldía del pueblo hispano (símbolo polisémico).” Corchetes y negritas nuestros. (Blogs Redacción Popular y Creación Heroica, 2015).

Hart coincide con nosotros en ese transmutar las acepciones de las palabras, de que hace magia verbal Vallejo, sólo que el biógrafo habla de ponerla al revés, y la trasmutación implica una transformación de significados y significantes. Hart al interpretar el poema “El poeta a su amada”, en la p. 70 dice, “…el poema parece abordar la idea del amalgamiento de lo religioso y el amor sexual, de manera tal que casi pone la idea al revés”. Esta afirmación la complementa en p. 71, “Este sentido de Vallejo, de poner la retórica de su época al revés, se confirma con la estrofa final de ‘El poeta a su amada’, la cual –en un viraje iconoclasta- se retira de la representación de la sexualidad para evocar una castidad casi infantil”. Nosotros hicimos esta proposición por Junio de 1999, en que una entrevista a Carlos Fuentes, publicada en el suplemento Culturas del diario La República, nos motivó a redactar un comentario refutando la supuesta tradición cristiana en la poesía de Vallejo; mas la idea nos la había sugerido antes el poeta Víctor Mazzi Trujillo.

Pese a la insistencia del biógrafo inglés de describir los tiempos donde se apreciaría el desgarro, la tristeza que envuelven a César, se obligará a mostrar sus otros días de alegría y optimismo, ya asentado en Lima. Sabemos, es detallista en la descripción de los amores del poeta, y son correspondidos, sin martirios. En Lima se siente en una especie de “paraíso arcaico”, también se manifiesta “reidor” tal como le confiesa a su amigo Oscar Imaña (p. 85). Allí se ve con Valdelomar, conoce a Gonzales Prada, a Eguren, aun a Clemente Palma, ¿lo recuerdan? El que lo mandó a cosechar papas. Su buen ánimo es opacado sólo por la muerte de su madre. Y bueno, Hart insiste en relacionar los escarceos sexuales físicos de Vallejo con las referencias poéticas en Trilce.

Luego la biografía de Hart e extiende por varias páginas (de la 101 a 130) a relatar sucesos que lo llevarían a una injusta prisión; a la publicación de Trilce y otros textos; un capítulo a su experiencia en la Ciudad Luz; su colaboración en España con el bando republicano; publicación de sus obras mayores, y sus amores parisinos; y el último capítulo, a sus días finales. Temas que trata a detalle y solvencia, los cuales leeremos en voz alta y firmada en otra oportunidad.