BARRUINUEVO INTERVENTOR: HACIA LA DESKIRCHNERIZACIÓN DEL PERONISMO

(Hernán Andrés Kruse)

El peronismo está que arde. La decisión de la jueza Servini de intervenir el PJ nacional y designar como interventor nada menos que a Luis Barrionuevo asestó un golpe letal a los esfuerzos de algunos referentes del PJ para lograr la tan ansiada unidad. Si había un dirigente capaz de provocar un gigantesco revulsivo en todo el arco peronista identificado con Cristina Kirchner es, precisamente, el jefe eterno del gremio de gastronómicos. Es por ello que cuesta creer que la jueza haya tomado semejante decisión por su cuenta. Lo más probable es que doña María sea tan sólo un títere manejado por el gobierno nacional, secundado por varias espadas del peronismo anti K. Lo que es seguro que semejante decisión no fue tomada de un día para el otro. Se trató, obviamente, de una operación política cuidadosamente planeada desde hace tiempo en las más altas esferas del poder.

Luis Barrionuevo no fue escogido al azar. Por el contrario, quienes tomaron la decisión de intervenir el PJ seguramente se tomaron su tiempo para elegir la figura que más escozor causara al kirchnerismo. Y esa figura no podía ser otra que Barrionuevo. Este veterano dirigente sindical es un emblema del peronismo ortodoxo, de la patria sindical. Es un auténtico “pesado”. Su carrera sindical comenzó en el lejano 1975, año crítico para el país. El gobierno estaba en manos de “Isabel” y López Rega y la derecha e izquierda del movimiento estaban en guerra. Ese año Barrionuevo asaltó a mano armada la sede de la Unión de Empleados Gastronómicos. Dos días más tarde, obligado por la justicia, repuso en el mando a su legítimo jefe, Ramón Elorza. En ese entonces Barrionuevo demostró su escaso apego por las normas democráticas y su predilección por la acción directa. En 1980 acompañó en la lista peronista a otro pesado, Herminio Iglesias, famoso por quemar un ataúd con la bandera radical en el acto de cierre de campaña del peronismo en 1983. Durante la década menemista fue socio político de Enrique Nosiglia. En aquel entonces, la interventora del PAMI, Graciela Rosso, los denunció por ser partícipes de numerosos negocios espurios vinculados con dicho organismo. Según la interventora Barrionuevo y Nosiglia eran dueños de varias prestadoras de salud del PAMI y tenían vinculaciones con diversas asociaciones de clínicas y sanatorios. Más adelante, Eugenio Semino, en ese entonces Ombudsman, señaló que ambos dirigentes eran dueños del PAMI en el Gran Buenos Aires. Mientras tanto, Barrionuevo había sido nombrado presidente del club de sus amores, Chacarita Juniors. Se lo acusó de haber tejido estrechos vínculos con su barra brava, una de las más violentas del fútbol argentino. En 2003 ocupó el centro de la escena política al quemar urnas en las elecciones por la gobernación catamarqueña, luego de conocer los resultados que no lo favorecieron. Al poco tiempo la entonces senadora Cristina Kirchner, opositora al gastronómico, visitó esa provincia y recibió huevos de parte de los barrionuevistas cuando hablaba en un acto partidario. Desde 2006 Barrionuevo está imputado en una causa judicial por presuntas irregularidades en el PAMI, a raíz de una contratación directa para la provisión de prótesis, otorgada a una empresa fantasma. En 2008 provocó un sismo en la Confederación General del Trabajo, creando a posteriori la CGT Azul y Blanco. En 2017, la jueza federal Arroyo Salgado ordenó un buen número de allanamientos en busca de información de facturas apócrifas pertenecientes al sindicato conducido por Barrionuevo, con las cuales se produjo una defraudación al fisco por 1000 millones de pesos durante 2014 y 2015. Barrionuevo dejó para la posteridad estas frases: “A éstos que robaron el país habría que meterles la picana para que canten todo”; “hay que dejar de robar por dos años”; “nadie se hizo rico trabajando”; “soy recontra alcahuete de Menem”.

Este es Luis Barrionuevo. Un dirigente sindical de derecha, violento. Un matón que llegó a lo más alto del poder sindical. Un corrupto, un venal. Un hombre que no respeta a nadie. Es un barra brava químicamente puro. Pues bien, a este individuo la jueza Servini le entregó la conducción del PJ nacional. Inmediatamente después de haber sido designado, Barrionuevo se despachó con declaraciones altisonantes. Dijo: “Hace unos días yo estaba en la plaza de Tribunales cuando me sonó el teléfono y me dijeron que la jueza me quería ver. Fui y me preguntó si no quería ser el interventor del PJ. Todo el asunto se manejó en silencio. Me eligió porque soy un verdadero peronista. La sangre que me fluye es completamente peronista”. Luego remarcó que lo primero que hará como interventor es rodearse de gente de su extrema confianza. Reconoció que estará dispuesto a abrir “los brazos bien grandes” para darle la bienvenida a los peronistas en la sede del PJ porque su meta será que el justicialismo sea competitivo en 2019. “Ya estoy en contacto con la gente de los equipos de Eduardo Duhalde, con Julio Bárbaro, voy a hablar con todos los que son peronistas”, destacó. Expresó que está dispuesto a dialogar con el senador Miguel Ángel Pichetto, el diputado Diego Bossio y el jefe renovador Sergio Massa, los principales animadores del encuentro en Gualeguaychú. Respecto a los kirchneristas sentenció: “Ellos no tienen nada que hacer en el PJ. Ellos armaron su propio partido, Unidad Ciudadana. Ellos lo que quieren es usar al PJ de madriguera”.

Barrionuevo expuso de manera brutal la razón de fondo de la intervención al PJ: expulsar a los kirchneristas. Los argumentos dados por la jueza Servini en su fallo son, por ende, puras macanas o, como hubiera dijo Saadi, “pura cháchara”. La intervención no se debe a las derrotas sufridas últimamente por el peronismo ni a la supuesta escasa actividad partidaria en el local de la calle Matheu. La intervención se debe pura y exclusivamente a la necesidad imperiosa del gobierno nacional de “deskirchnerizar” el peronismo, de “curarlo” definitivamente de una “enfermedad” que azotó al país durante 12 años. El objetivo perseguido es amputarle al cuerpo peronista su pierna kirchnerista. Y para esa operación qué mejor que el carnicero Barrionuevo. Ahora todo está mucho más claro. El peronismo anti K es socio del gobierno nacional. Y muy importante por cierto. En efecto, Macri necesita contar con el apoyo de Pichetto, Bossio y Massa para aprobar un paquete de leyes que considera vitales, por ejemplo la polémica reforma laboral. Habrá que ver qué favores deberá retribuir el presidente a Pichetto, Bossio y Massa, quienes avalaron la intervención. Porque en política, se sabe desde siempre, nada es gratis, no hay amistades, no hay lealtades. Todo es un “toma y daca”, una negociación permanente. De esa forma se está reconfigurando una gran fuerza política de derecha conformada por Cambiemos y el peronismo colaboracionista. Es una fuerza que pretende imponer en el país una economía de mercado salvaje e inmoral y una política exterior basada en las más abyectas relaciones carnales. La pregunta que cabe formular es la siguiente: los referentes del peronismo colaboracionista ¿son realmente peronistas? Porque Perón siempre habló de la soberanía política, la justicia social y la independencia económica. Ah, y la tercera posición. ¿Qué tiene que ver la doctrina peronista con la ideología de Mauricio Macri, de un gobierno que obliga a los Granaderos a desfilar portando la bandera española? ¿Qué tienen que ver el endeudamiento y el ajuste infinitos con la justicia social? Muy poco, realmente. Sin embargo, ahí se los ve a Pichetto, Bossio y Massa muy cómodos saboreando las mieles del poder macrista. En la vereda de enfrente quedó el kirchnerismo. Para la fuerza política bendecida por el establishment el kirchnerismo es el hecho maldito de la política argentina del siglo XXI, un virus muy peligroso capaz de provocar la muerte del cuerpo social argentino. El kirchnerismo es la fuerza antisistema, la fuerza excluida, expulsada del orden constituido. Es por ello que lo primero que hizo Barrionuevo fue decir que estaba dispuesto a hablar con todos los peronistas, menos con los kirchneristas. No se trata de algo fortuito. A su manera, Barrionuevo expuso ante la opinión pública la razón de ser de la intervención. Su objetivo no es la proscripción del peronismo sino su deskirchnerización.

Ahora bien, ¿por qué tanta obsesión de parte del macrismo y el peronismo colaboracionista por deskirchnerizar al peronismo? ¿Por qué tanta obsesión por ver destruida a Cristina Kirchner? Para responder a tales preguntas conviene la lectura del artículo de Edgardo Mocca titulado “El golpe brasileño y los argentinos” que fue publicado por Página/12 el pasado 8 de abril. Dice el autor: “El hecho real es que las democracias globalizadas que sucedieron a las añejas dictaduras de signo militar, tienen algunos rasgos más o menos comunes. Son todas democracias de partidos. En todas ellas funciona la alternancia-es decir cambios periódicos pacíficos del signo político del gobierno-. Y funcionó hasta el final del siglo pasado una suerte de pacto no escrito en cuyo marco había cosas que no se podían hacer, particularmente afectar los intereses y los negocios del sector dominante del país” (…) “Este pacto no escrito de las democracias liberales se quebró a principios de este siglo. En nuestra región el repertorio de las democracias “controladas” dejó de ser el único juego que se puede jugar” (…) “El éxito de las transiciones democrático-liberales consistió en sacar del escenario central de la discusión y de la lucha política cualquier idea de transformación del carácter de nuestras democracias. “Aventuras antisistémicas”, “utopías trasnochadas” fueron los anatemas más habituales que la ciencia política oficial asignó a los programas revolucionarios y hasta los reformistas un poco más profundos. El idioma de la defensa de los recursos naturales, el repudio del colonialismo en Malvinas, la distribución justa del ingreso fue declarado caduco. Se impuso la democracia como el nombre de una maquinaria institucional cuyo funcionamiento estable y regular es el único bien al que podemos aspirar” (…) “Los gobiernos “populistas” sudamericanos de los primeros años son el signo distintivo de lo que las élites de la democracia neoliberal-locales u extranjeras-no pueden admitir. Naturalmente, por ahora, el asalto y la recuperación del poder no pueden asumir las formas antiguas de la intervención militar y la violencia sin reglas. Se recurre a sistemas judiciales corruptos, el aparato monopólico de comunicación, servicios de inteligencia que trabajan en redes de conexión internacionales y políticos dispuestos a alinearse” (…) “El mensaje del poder en Brasil tiene un enorme alcance regional. Es una declaración de guerra preventiva, es el aviso de que no se tolerarán hacia el futuro liderazgos y proyectos que pongan en juego la “paz de los poderosos” (…) “Es indispensable pensar la política en nuestro país en los años que vienen a partir de esta novedad que trae la experiencia brasileña” (…) “La historia argentina-particularmente desde la década del cuarenta del siglo pasado-consolidó la existencia de una roca dura de sindicatos, organizaciones sociales y, por sobre todo, una especial capacidad de movilización y de resistencia popular a proyectos antipopulares. La retahíla macrista tiene algo de cierto: Argentina es un país “menos confiable” para los grandes inversores globales (léase los grupos concentrados del poder financiero). Es demasiado igualitaria, demasiado sindicalizada, demasiado industrialista, demasiado “politizada” (…) “En nuestro país el objetivo oficial es la desarticulación y debilitamiento definitivo de la fuerza que gobernó al país entre 2003 y 2015. Si, y solo si, esa fracción política queda fuera de juego puede reconstruirse el juego de la alternancia pacífica y el pacto no escrito de la democracia neoliberal”.

La decisión de la jueza Servini de intervenir el PJ se inscribe dentro de este ámbito regional muy bien explicado por Mocca. Lo que se busca es eliminar definitivamente al kirchnerismo de la faz de la tierra para que nunca más una “patología” semejante vuelva a asolar el país. El objetivo del establishment es recrear el tradicional sistema bipartidista sumiso y obediente, incapaz de desafiar las “verdades reveladas”, es decir, de tocar los intereses de ese establishment. Lo que se persigue es la coexistencia pacífica de dos fuerzas políticas: a) Cambiemos (fuerza política no peronista); b) el Frente Renovador o como se llame (fuerza peronista “de centro”). Serían las dos ramas de una única fuerza política hegemónica cuya función esencial sería la de darle cobertura democrática a un sistema económico rapaz y depredador basado en el capital financiero nacional y transnacional. Para sepultar para siempre a la única fuerza política capaz de sacar los pies del plato fue que se tomó la decisión de intervenir el PJ nacional.