Argentina: policia asesina. (dos notas y un video).

Un paraguas político al gatillo policial

Por Esteban Rodríguez Alzueta*

Ayer a la tarde el Presidente Mauricio Macri, junto a la Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich y su par bonaerense, Cristian Ritondo, recibieron al agente de la Policía Local, Luis Chocobar, procesado y embargado con 400 mil pesos, por el juez de menores, Enrique Velázquez, quien lo investiga por el presunto delito de exceso en la legítima defensa, es decir, por homicidio doloso. Chocobar es el policía bonaerense que en el Barrio de la Boca de la Ciudad de Buenos Aires, el 8 de diciembre del año pasado, vestido de civil, cuando se dirigía a su trabajo, disparó a un individuo mientras huía después de asaltar a un turista norteamericano de 60 años. El disparo fatal al joven de 18 años, Pablo Kukoc, le alcanzó el cólon, el hígado y el intestino delgado. El peritaje determinó que ese balazo fue por la espalda, y eso fue lo que determinó la suerte judicial del policía.

Chocobar llegó en auto oficial, vestido con su uniforme, y acompañado por un oficial superior de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Es decir no era Chocobar el que estaba visitando al Presidente sino toda la Institución.

La reunión fue corta pero muy gráfica. Primero el presidente felicitó al policía: “Estoy orgulloso de que haya un policía como vos al servicio de los ciudadanos. Hiciste lo que hay que hacer, que es defendernos de un delincuente”. Y luego se solidarizó con él: “Quedate tranquilo porque hiciste lo que hay que hacer y te vamos a ayudar a resolver tu situación”. Para lo cual Bullrich agregó: “Ayudaremos a Chocobar con la defensa legal”. “Desde el principio de nuestra gestión lo hemos dicho, vamos a cuidar a los que nos cuidan”. “El agente Chocobar –agregó la Ministra- actuó en cumplimiento deber policial, frente a una situación en la que había una persona agredida con múltiples heridas, a los gritos, dio la voz de alto, persiguió al delincuente hasta hacer cesar el delito con el objetivo de que esa persona no agreda y mate a otro”.

Conviene no subestimar estas declaraciones. El estilo desacartonado del Presidente, su fraseo minimalista y simpático, casi infantil, y su entrenado espontaneísmo, no debe llevar a confundirnos. Tanto Macri como Bullrich saben perfectamente lo que dicen y la forma que eligen no es inocente. Las palabras tienen peso propio, más allá de la liviandad del estilo. Por un lado, son declaraciones a la altura de las expectativas de la vecinocracia que hace rato viene pidiendo mano dura a través de las prácticas de linchamiento, justicia por mano propia, escraches de distinto tipo y tomas de comisarías. Por el otro, es la oportunidad para seguir desplazando el centro de atención, transformando la cuestión social en un problema policial.

Pero no hay que apresurarse a leer en las declaraciones, un mero acto demagogia y de oportunismo político. Son además, la expresión de la íntima convicción de la actual gestión. En efecto, para el gobierno uno de los principales flagelos, junto con el narcotráfico villero y el terrorismo mapuche, es el delito callejero. Todos estos protagonistas han sido considerados enemigos públicos, actores que hablan un idioma ininteligible y, por tanto, al no poder dialogarse con ellos (puesto que tienen otros códigos y otros estilos de vida), lo único que cabe hacer es la guerra de policía.

En el caso del combate al delito (callejero) intervienen policías y vecinos con la misma puntería. Una alianza que se fue forjando desde hace mucho tiempo y que tiene múltiples factores que no hay espacio para desarrollar acá.

No es la primera vez que los funcionarios de Cambiemos salen a “bancar” la violencia letal protagonizada por policías o vecinos. Sin ir más lejos, recordemos las declaraciones de los funcionarios amparando la justicia por mano propia, cuando salieron a apoyar al carnicero y al médico por haber matado a diferentes ladrones. Para el gobierno, detrás de la violencia letal protagonizada por los vecinos o policías está el derecho a matar al ladrón. Como escribió alguna vez John Locke: “Quien intenta poner a otro hombre bajo su poder absoluto se pone a sí mismo en una situación de guerra con él; pues esa intención ha de interpretarse como una declaración o señal del que quiere atentar contra su vida. (…) Eso hace que sea legal el que un hombre mate a un ladrón que no le ha hecho el menor daño ni ha declarado su intención de atentar contra su vida, y se ha limitado, haciendo uso de la fuerza, a tenerlo en su poder arrebatando a ese hombre su dinero o cualquier otra cosa que se le antoje. Pues cuando alguien hace uso de la fuerza para tenerme bajo su poder, ese alguien, diga lo que diga, no logrará convencerme de que una vez que me ha quitado la libertad, no me quitará también todo lo demás cuando me tenga en su poder. Y, por consiguiente, es legal que yo lo trate como a persona que ha declarado hallarse en un estado de guerra contra mí; es decir, que me está permitido matarlo si puedo, pues ése es el riesgo al que se expone con justicia quien introduce un estado de guerra y es en ella el agresor.”

Para Locke, el derecho a matar al ladrón es un derecho natural que, según Macri, habría que transformar en derecho positivo. Cuando la vida de los individuos (sean los vecinos, los turistas o policías) corren peligro en manos de un ladrón (el famoso pibe chorro), hay que liberar a la violencia de cualquier formalidad. Se trata de una excepción hecha a la medida de aquellos ciudadanos-soldados (los vecinos alertas) que decidieron armarse para defender la propiedad privada. ¿Qué es la legítima defensa sino el derecho de los vecinos a matar al ladrón? El arma viene con un mandato: matar al ladrón.

En el caso de los policías también se buscará exceptuarlos a que tengan que rendir cuentas frente a los tribunales. La “guerra al delito” pone al estado de derecho entre paréntesis. No hay protocolos y tampoco justicia ordinaria para aquellos que maten al ladrón cuando la propia vida o la de las personas que están defendiendo corren peligros. A los delincuentes hay que matarlos en el terreno donde cometen sus fechorías. El gatillo policial es una justicia a la altura de las demandas de la vecinocracia: una justicia veloz, sumarísima, difamatoria, contraria a las puertas giratorias, sin garantías ni derechos humanos para los victimarios. Una justicia brutal, con un plus de crueldad, que será festejada tanto por la gente como uno, como por los sectores sociales que se sobreidentifican con aquellos.

Las declaraciones de Macri constituyen otra señal que hay que leerlas al lado de otras tantas señales que seguramente el lector tendrá en mente en estos momentos. Señales que llegan en un contexto de incipiente conflictividad social. Las declaraciones son un mensaje que aviva y ampara a la tropa, pero también una manera de reclutar las adhesiones para profundizar las reformas económicas, mientras se van probando los rudimentos de legitimación para abrir fuego contra los actores que más sufrirán las políticas de ajuste y desinversión.

Se entienden entonces las palabras de Chocobar en la explanada de la Casa Rosada apenas salió de la reunión: “Quiero agradecer la atención del Presidente conmigo. Estuvo escuchando mis palabras. Sabe que actué como todo policía tenía que actuar. La verdad que muy feliz de haberme recibido él personalmente. Muy agradecido, muy agradecido”.

*Docente e investigador de la UNQ. Integrante del CIAJ. Autor de Temor y control y La máquina de la inseguridad.

Los vecinos del barrio de la Boca cuestionaron a Macri por recibir al policía homicida

Por La Boca Resiste y Propone*

En el barrio de la Boca sucede un robo, primera víctima, un cineasta norteamericano quien sufre varias puñaladas que lo hieren de gravedad. Dos sospechosos implicados, uno de ellos porta el arma blanca, éste huye de la escena luego de un grito de “alto”. Aparentemente era un policía. Juan Pablo, segundo sospechoso en la escena, sorprendido gira, corre y recibe tres impactos mortales en la espalda, segunda víctima. Hoy quisieron convencernos de que el oficial Luis Chocobar, quien disparó seis veces, es la tercera víctima. Sin embargo la tercera víctima es la verdad, y él un homicida culposo condecorado.

"Estoy orgulloso de que haya un policía como vos al servicio de los ciudadanos. Hiciste lo que hay que hacer, que es defendernos de un delincuente". Con estas palabras el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, decidió intervenir en el caso que involucra a un Oficial de la Policía Local de Avellaneda por la Muerte de un sospechoso durante el robo a un cineasta estadounidense en el barrio porteño de La Boca. Gracias a estas intervenciones oficiales, ya son de masivo conocimiento las imputaciones que sufre el Oficial Luis Chocobar por parte de un juez de Familia competente por uso desmedido de la legítima defensa por lo que se embarga al oficial con la suma de 400 mil pesos y con la posibilidad de cumplir 5 años de prisión. Cumpliendo con su manto constante de hipocresía, el presidente de la Nación, (acompañado por los dichos de Horacio Rodríguez Larreta, Cristian Ritondo y Patricia Bullrich), recibió al oficial de la Policía Local en la Casa Rosada para no solo ofrecer apoyo logístico y moral, sino para felicitarlo con frases como la descripta anteriormente. Nuestro máximo mandatario decidió silenciar todos los argumentos expresados por la justicia y sembrar una versión útil a sus intereses de gobierno. Como Observatorio por los derechos de la Niñez y la Juventud en el Barrio de La Boca, venimos realizando un seguimiento respetuoso del caso analizando paso por paso del proceso. La prudencia que adoptamos como colectivo social para el manejo de la información fue avasallado por los actos imprudentes del Presidente. A lo cual nos vemos en la necesidad de manifestar algunas cuestiones en torno a todo lo que se decidió ignorar en el día de la fecha.

Al contrario de Macri, El Juez competente en la causa investigó los hechos, recaudó testimonios, consideró los peritajes realizados por la Policía Federal que determinan el accionar desmedido e injustificado de Chocobar ante un hecho consumado en donde sólo quedaba como prioridad la atención de la víctima. Macri en ningún momento se detuvo a manifestar que Chocobar fue detenido en un calabozo durante 48hs luego de que la Policía Federal hiciera un sumario al acudir a los hechos. En toda esta tarde de ataque mediático a la verdad nunca se mencionaron siquiera los argumentos por los cuales el oficial sufre semejante imputación, a pesar de que al lado sucedió otro hecho de gravedad como el apuñalamiento de una persona en medio de un robo. Macri oculta los seis disparos (no uno, ni dos, ni tres; sino seis) que emitió Chocobar desde su arma reglamentaria por fuera de su horario de servicio; y peor aún, fuera de su jurisdicción de competencia. Nunca se mencionó que los testimonios recolectados por la causa judicial y la detención de un segundo sospechoso confirma que Juan Pablo nunca portó un arma. Y que los disparos se realizaron con los sospechosos ya distanciados del cuerpo de la víctima del robo. Son explicaciones que aún están por darse, pero que nuestro presidente “respetuoso de las instituciones y los procesos” decidió ignorar debido a que en este momento es más prioritario bajar un mensaje ejemplificador para con las fuerzas de seguridad. Su respaldo será contundente para defender a todo policía que actúe como Chocobar.

Hablemos de Juan Pablo. Era un joven del barrio de La Boca, que tomó sus propias decisiones para participar de un robo. Muchos dirían que merecía ser juzgado por ello. Pero dadas estas circunstancias, tres tiros por la espalda y arrojar su vida sobre el asfalto no representan actos de justicia. Consideramos que nuestras autoridades al avalar este tipo de accionar están mirando para otro lado. “Servir y proteger” no es lo mismo que “apuntar y disparar”, y tampoco “juzgar” significa “eliminar”. Advertimos desde nuestro lugar de lucha que el actuar asumido por nuestras autoridades poco colaborar con la idea de una sociedad justa, ni mucho menos pacífica. Al contrario, los actos de condecoración del Presidente de la Nación hoy han demostrado altos sesgos de violencia e intolerancia, preocupantes para una persona que embiste la máxima autoridad ejecutiva de un país.

Muchas cosas quedan por esclarecer, pero nuestras autoridades decidieron adelantarse a los hechos futuros y alimentar la apología de la mano dura y el gatillo fácil ofreciendo ayuda logística y apoyo moral al oficial imputado. Desde nuestro lado optamos por mostrar nuestro respeto a todas las familias y amigos que buscan oportunidades para sus seres queridos ante sus decisiones desacertadas, ante sus carencias, ante aquellas injusticias que suelen colocarnos en una situación hostil con la sociedad. Por ello llamamos a todas las organizaciones sociales, políticas y barriales a emprenderse en la búsqueda de la verdad y la justicia. Nosotros y nosotras, desde el Observatorio por los derechos de la Niñez y la Juventud en el Barrio de la Boca, optamos por ofrecer nuestro apoyo y solidaridad a la familia de Juan Pablo en su búsqueda de Verdad y justicia.

Ni un pibe menos.

*Observatorio por los Derechos de la Niñez y la Juventud en el Barrio de la Boca
Comisión de Niñez y Juventud
La Boca Resiste y Propone

Video de un programa radial conducido por Reynaldo Sietecase.
Desde https://www.youtube.com/watch?v=CStoJy766s8&t=693s

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