Argentina: Adiós problemas.

(Jorge Luis Ubertalli Ombrelli)

9/5/2018- Día de la Victoria

La Argentina no está hoy en problemas, está en problemas desde que un pueblo sordo y mudo y sus dirigentes boquiabiertos permitieron que tomase el cetro presidencial por ‘asalto electoral’ un cipayo y agente extranjero y sus compinches de la misma calaña.

Frente a las nuevas formas de invasión que el imperialismo lleva a cabo desde hace rato, a través de ideas, costumbres, arquetipos exitosos, etc. en el contexto de la Guerra Psicológica, los dirigentes ‘opositores’ locales no han sabido que hacer, y han permitido que sus dirigidos, ‘buenas personas y decentes ciudadanos’ acepten como tal, cual lluvia de verano, la irrupción de los cipayos y saqueadores actuales. Que este autor denunció desde un primer momento. Y que advirtió que si no se los arrojaba enseguida al basurero de la historia de cualquier modo - dejando de lado ‘legalidades’ e ‘institucionalidades’, impuestas por la clase dominante y el imperialismo que históricamente los prohijó y los prohija- terminarían con el país.

Eso es lo que ocurre, luego de más de dos años largos de desgobierno macrista- arangurista y tutti quanti, en el país que me vio nacer y en el cual descansan eternamente mis abuelos, mis padres, mis tios, amigos, vecinos, parientes, compañeros y otros que no lo fueron.

Como un tumor maligno- al que sugerí extraer del cuerpo nacional y de clase antes de que se expandiera- la comparsa siniestra de empresarios pomposos, arangurrientos de la riqueza ajena, ladrones, saqueadores, cipayos, narcotraficantes, uniformados sobornados por el dinero mal habido que estos canallas sustrajeron al pueblo y a otros que producen la riqueza con su trabajo, jueces, falsos periodistas, amanuenses, imbéciles de toda laya y resentidos, entre otras cosillas, ha profanado el vientre de nuestra madre tierra- patria y trabajadora. Y se mofa de todo el mundo que merece ser mundo, y nos hace participar del funesto corso que enrrumba el todo nacional hacia el abismo de la nada.

Ahora es nuevamente la divisa verde la que da que hablar. Esa divisa chantufística, que no se corresponde con la masa de valores – mercancías que se producen en el mundo, menos en el país donde se origina. Divisa inflada y que exporta inflación universal, solo papel pintado fetichizado por los estúpidos y pillos y sacralizado por los misiles atómicos y la infantería de marina que participa de la ‘legalidad’ del sistema monetario internacional porque, como diría el poeta Nicolás Guillén, ‘es útil a veces hacer fuego’, nos tiene atado a su vaivén irreal como al enamorado la foto de la mina que ‘está en Europa’, de la cual hablaba mi vieja jocosamente.

El aumento del este papel pintado- y la consiguiente desvalorización del peso- es a la invasión extranjera y sus lacayos locales como el pifido a la materia fecal. Parece un cuento de terror bizarro el que se narra cotidianamente en mi país. Un pedazo de papel sin valor real, aceptado como se acepta a un rey extranjero de morondanga en una comunidad local, es capaz de lograr el derrumbe de una nación y convertir a la clase trabajadora que la compone mayoritariamente en una legión de menesterosos pedigüeños en eso del sobrevivir al día. Con el dólar alto los extranjeros- y sus lacayos locales, que son su travestización ‘nacional’- pueden adquirir hasta los huesos de mis abuelos en este juego ‘legal’ del comercio libre y abierto al que todos, menos los que no tienen dólares o conservan unos pocos, pueden jugar. No sólo los basura aumentan servicios esenciales para la vida mientras se llevan los verdes mal habidos en aviones, tal como se sostiene hoy en la prensa, sino que con los que quedan pueden hacerse del país y derraparlo, cual líquido aceitoso y negruzco que bien conocen, en un garito, timba, prostíbulo o tierra de nadie, al servicio de los poderosos.

¿Que más decir?.

Las armas de la crítica hoy no sirven, ni han servido desde que estos malandrines tragicómicos asomaron su hocico y uñas largas por el territorio que habitamos los bien nacidos.

Pues bien.

Hay que hacer uso de la crítica de las armas. Unirnos en un solo haz los patriotas y hombres y mujeres de bien del país y hacerlos mierda. Con los dirigentes a la cabeza sería mejor. O con la cabeza de los dirigentes, lo mismo da. Y hablo de civiles, militares, mujeres, hombres, viejos y todo aquel que habite en este suelo que no quiero regalarlo a nadie, en nombre de nada.

La clase trabajadora deberá ir al frente con su vanguardia más combativa y esclarecida para dirigir, individualmente, a través de los líderes que surjan de la lucha, o colectivamente, a toda la Nación a la guerra contra estos enemigos del futuro que los buenos merecemos.

No hay más tiempo, ni queremos perderlo de aquí en adelante.

Organizarse ya para combatir, derrotarlos, liquidarlos y a los que sobrevivan hacerles pagar el daño que hicieron y hacen.

Y- recordando con ternura infantil del viejo Enrique Muiño y la vieja Amalia Sánchez Ariño- adiós problemas.