Apuntes Discontinuos II. El inefable año del cambio.

Selección del blog periodístico de Gustavo Rosa

Apuntes Discontinuos comenzó como la necesidad de participar de la batalla cultural que se estaba librando por abril de 2011. Más como una cuestión personal, casi una catarsis. Pero la discontinuidad inicial se transformó en una regularidad sorprendente y así conquistó a miles de lectores. AD combina la mirada periodística de los hechos, un análisis casi filosófico y la suavidad descarnada de la literatura.

Gustavo Rosa, periodista, Licenciado en Letras y casi filósofo; docente de Educación Media y Terciaria; rosarino, 53 años.

Introducción

Una recorrida por los apuntes del año pasado no provoca otra cosa más que dolor. El deterioro de todos los indicadores y la evidencia de una estafa electoral como nunca habíamos padecido son los elementos más destacables desde que se inició el gobierno de Mauricio Macri. Difícil seleccionar textos para sintetizar todo un año.
Sin embargo, me llevé una agradable sorpresa: el reencuentro con escritos olvidados después de su publicación. El lector no se imagina lo que es eso, la sensación de otredad que genera, como si se estuviera ante el hallazgo de un documento extraviado, ante la obra de un desconocido.
El objetivo de esta introducción no es el autobombo, pero podemos dejar pasar algunos "toques". A poco de andar la Ceocracia, ya olfateaba lo que se venía. Si bien esa precisión sensorial es la que condujo al 49 por ciento a rechazar la propuesta de Cambiemos, la construcción en palabras del porvenir bajo los rigores climáticos del verano debe tener su mérito. En esos apuntes, los de enero y febrero, está siempre presente mi asombro ante la prepotencia de Macri y sus funcionarios. Y también la prudencia, para que los deseos no invadan el análisis. Después vino la confirmación de esas presunciones y la seguridad de que este gobierno está empecinado en arruinarnos la vida.
Aunque todos los escritos son de 2016, decidí arrancar por uno previo al balotaje. La "Carta abierta a un votante confundido" es el único apunte en que dejo fluir las formas de un autor entrañable y casi incorporado a nuestro ADN: Enrique Santos Discépolo en su faz radial. Para mi pequeño rating personal fue un éxito de visitas en mi blog, con más de 1700 en un solo día. Todo un record.
Después de considerar criterios de selección complejos y variados, opté por elegir tres por mes y ordenarlos de esa manera, para que al lector le resulte fácil la contextualización. En este recorrido por la memoria de los apuntes, podemos encontrar el episodio de una bandera que golpeó la espalda de Macri, en pleno pago a los buitres o el revuelo que provocó el retorno de Cristina cuando fue convocada a Comodoro Py. Y siempre presente la malsana manipulación mediática tratando de confundir a los desprevenidos consumidores y de alimentar los prejuicios de unos cuantos convencidos. Este libro presenta un viaje tenebroso por el famoso túnel que propuso como perfecta metáfora la vice presidenta.
Como conclusión de este volumen, dejo el apunte 800, publicado en el blog a principios de julio, porque me pareció casi un ensayo sobre todo lo que el Cambio ha traido a nuestra vida. Nada más me queda que agradecer que tengan este libro en su pantalla y, si quieren compartanlo con amigos, familiares y confundidos. Los espero todas las semanas en Apuntes Discontinuos. Abrazo a todos y todas.

Índice
Introducción, 3
Carta abierta a un votante confundido, 6
Enero
La decretocracia neopatricia fundacional, 1o
Los amargos sabores del verano, 13
La continuidad de las falacias, 16
Febrero
El mito de la tan anhelada gobernanza, 19
La cáscara que debemos quebrar, 23
La sonrisa que no fue, 26
Marzo
El vuelo de los carroñeros, 29
Confusiones de siempre, 32
La Memoria no es un chiste, 35
Abril
El gobierno imposible, 38
CFK: una antorcha entre las sombras, 41
Los mensajes del símbolo, 44
Mayo
La libertad de las fieras, 47
Una escalera al infierno, 50
Una patria casi privatizada, 53
Junio
Amarillo desconfianza, 57
Más amarillo que nunca, 59
Lo que López nos dejó, 62
Julio
Las asperezas amarillas, 65
Fotos viejas de un álbum apolillado, 68
Dos manipuladores en la pantalla, 71
Agosto
El enemigo interior, 75
La soberbia de los necios, 78
Subversión en Macrilandia, 80
Septiembre
La gran ensalada argentina, 84
Recetas para un país perfecto, 87
La interminable campaña amarilla, 89
Octubre
Más allá de la boina, 92
Educación en la mira del PRO, 95
La desesperación de los amarillos, 98
Noviembre
Danza entre las llamas, 101
Soberanía con salsa amarilla, 104
A la sombra del gigante, 107
Diciembre
Las huellas de Cristina, 110
El peor de los magos, 113
Embusteros y estafadores, 116
Una despedida con ritmo
La verdad de esta milanesa (el apunte 800 no se amilana), 120

Carta abierta a un votante confundido
Modesto homenaje a Discepolín y un llamado a la coherencia
No sé qué te pasó el 25 de octubre, pero el 22 de noviembre espero que votés mejor. No te lo digo con soberbia, sino con sinceridad. Y con un poco de angustia, también. Ese domingo había demasiadas opciones y así es fácil confundirse. Pero ahora es distinto: sólo son dos. Así como ese infausto domingo era fácil equivocarse, el próximo será fácil acertar. Si todo está tan claro que hasta las mascotas se dan cuenta de que con Macri no degustarán alimentos Premium, Senior o Vital Age; se tendrán que adaptar a las baratijas vendidas al peso y algunas sobras de las sobras. Y vos también te vas a tener que acomodar a los batacazos de la macro economía, tan lejos en el tiempo que tal vez los olvidaste. ¿O no te acordás cuando de un día para el otro nos arrancaban con una firma un pedazo de dignidad?
Si te hicieron creer que estamos peor que en 2001, tratá de recordar qué te pasaba en esos días, cómo estaba la cara de tus familiares, tus vecinos o la de cualquier desconocido con que te encontrabas por ahí. Los mismos que te dicen que hoy todo es un desastre también te relataban las hecatombes de esos días. No confiés tu memoria a los amnésicos mediáticos. En aquellos tiempos había más del 25 por ciento de desocupados y más de la mitad de nuestros compatriotas estaban por debajo de la línea de pobreza; hoy, en cambio, la desocupación apenas alcanza el seis por ciento, el índice más bajo en décadas. En aquellos tiempos teníamos muchas monedas de fantasía pero ninguna valía lo que declaraba; las protestas callejeras, el club del trueque y las asambleas barriales se transformaron en nuestros escenarios habituales. Persianas fabriles bajas y locales comerciales vacíos completaban el paisaje. Una postal de desolación y tristeza que se extendía hacia todos los rincones del país. Si la crisis no te ahogaba, te rozaba el corazón con la mirada asfixiada de algún amigo.
¿No te das cuenta de que te hicieron la cabeza? Te pusieron en contra de los que están a tu favor. Te incrustaron problemas que no existen. Te hablan de una dictadura cuando todos sabemos lo que eso significa. Te tiran números amañados para que no entiendas nada. Te hablan de confrontación los que se la pasan denostando, deformando y mintiendo. Te cuentan de la corrupción del Gobierno los que fugaron divisas, se enriquecieron con nuestra deuda y evaden sus obligaciones fiscales. Te quieren vender como héroes a los que serán los villanos. Te pusieron de parte del que nunca va a estar a tu lado. Te metieron en el lado de la grieta del que te van a echar una vez que hayan conquistado un espurio triunfo.
Un recorrido enloquecedor
A lo mejor te convencieron con el latiguillo de la Cadena Nacional, con el Aló Presidenta de Nelson Castro. CFK tiene la obligación de utilizar esa herramienta para dar a conocer sus actos de gobierno, explicarlos y ubicarlos en un plan de acción llamado proyecto. Más aún cuando la agenda de los medios dominantes –esos que te tienen cautivo desde hace unos años- transita por una dimensión lejana a la nuestra. Cristina usa la Cadena para inaugurar hospitales, fábricas, escuelas, universidades, tramos viales, barrios, usinas, autopistas o para anunciar nuevos derechos y demás medidas de inclusión. ¿O preferís el silencio de los mandatarios de antaño, que sólo ponían la cara ante la cámara para decirte qué derecho recortaban o cómo tendrías que adaptarte al nuevo ajuste de la semana? ¿O te gustaban más aquellas cadenas que mostraban la entrega de nuestro patrimonio para pagar una deuda que en nada nos había beneficiado? Y no te explicaban nada porque el modelo ya estaba armado desde afuera. Tal vez Cristina habla mucho, pero si hicieras el esfuerzo de apartar la telaraña de prejuicios en que estás enredado, vas a ver que te van a gustar sus discursos.
Quizá te hicieron creer que Amado Boudou es el más corrupto de la historia, pero hasta el fiscal de la causa Ciccone dice que la acusación es muy confusa. De tantas cosas que escuchaste sobre él, seguro que ni sabés cuál fue su presunto delito, pero ya lo considerás culpable. Ni siquiera pensás en la posibilidad de que toda la historieta sea una venganza por la estatización de los fondos de las AFJP, que significó perder un negoción para Clarín y sus aliados. Tanto te indigna que Boudou no haya dado un paso al costado pero sos capaz de convertir en presidente a un empresario procesado por escuchas ilegales, involucrado en 200 causas, acusado de contrabando de autos y beneficiado por la deuda que estamos pagando entre todos. Por las dudas, te aclaro que Daniel Scioli no aparece denunciado por nada en ninguna tapa de Clarín. Si tanto te interesa la transparencia, tu voto no debería ir hacia Macri, que es el más turbio de los dos candidatos.
¿No me digas que te convencieron con las tonterías que dicen sobre La Cámpora? Que son tan violentos como las juventudes hitlerianas, que van armados amenazando a los que piensan distinto, que acarrean gente a los actos como si fueran ovejitas, que todos cobran para militar. Por favor, si los podés ver en tu barrio: son pibes entusiasmados con el desafío de recuperar un país que creíamos perdido ¿O te gustaban más los zombis de los noventa, que reían hasta babear con las cámaras cómplices –insolidarias y crueles- o los culos siliconados del programa de Tinelli? ¿O preferís esos juveniles rostros de mirada vaciada de futuro con que inauguramos el siglo, esos que buscaban horizontes en el Primer Mundo que se está desmoronando? ¿O no te suena extraño que los que tanto denuestan a los de La Cámpora son los mismos que declaman que no perseguirán a los que piensan distinto?
También te llenan la cabeza con la inflación y tanto te dicen lo terrible que es eso que cuando vas al supermercado y ves los precios la taquicardia no te deja dormir. Pero Cristina no pone los precios sino las grandes empresas que se encargan de comercializar lo que consumimos. ¿O no viste que con el programa Precios Cuidados al menos tenés el precio de referencia para que no te estafen mucho? Además, no es para tanto: en octubre hubo una diferencia de un 1,5 por ciento respecto a septiembre. Nada. Y ojo que éste no es un dato del demonizado INDEC sino de los diputados de la oposición, que hacen un promedio de las mediciones de las consultoras privadas. Esto quiere decir que si en septiembre gastaste 100 pesos, en octubre fueron 101,50. ¿Es para hacer tanto espamento, si en nuestra historia hemos tenido variaciones del 100 por ciento mensual? ¿O no te acordás de eso? Pero claro, si a toda hora aparecen periodistas, políticos, modelos, analistas que hablan hasta por los codos de la inflación es lógico que eso te altere. No te olvidés que la inflación es la trampa que siempre ponen para justificar un ajuste, un remedio que siempre es peor que la enfermedad.
En definitiva, te están pintando un panorama que no se parece en nada a lo que ves todos los días y vos te la creés. A nosotros, que somos expertos en crisis, esos medios destructivos nos vienen a decir que estamos en una crisis. Y vos te la creés. Hasta te convencieron de que con el control a la compra de divisas –el cepo- te están cercenando la libertad. Te hacen creer que la especulación con el dólar es un derecho constitucional.
¿Cómo vas a votar a los que te engañan tanto? Si todavía no advertiste que Macri es el candidato de los poderosos y que Clarín y todos sus satélites están allanando su camino a La Rosada desde hace años, es que no estás prestando demasiada atención. ¿Cómo vas a votar al que considera como gasto cualquiera de nuestros derechos? ¿Cómo vas a elegir como presidente a alguien que no se pone una escarapela y jamás usa el celeste y blanco en sus actos? ¿Cómo vas a sentar en el Sillón a quien quiere deshacer el sueño de la Patria Grande para retornar a la pesadilla del patio trasero del Imperio? Macri no te representa ni lo hará nunca. Para él –y sobre todo los que están detrás- sólo podemos ser sirvientes o indeseables; un número descartable, un estorbo para la acumulación de los que más tienen. No podés elegir eso, si ya sabés que es un desastre. A mí me la vas a contar.

Enero

La decretocracia neopatricia fundacional
A pocos días de cumplirse el primer mes de la asunción de Macri, el trastorno de indentidad disociativa que padece el Ejecutivo está alarmando a una parte importante de la población. Cualquiera se asusta cuando una entidad adopta múltiples facetas, más aún cuando muchas de ellas son peligrosas, antagónicas y hasta explosivas. Ya no estamos ante las divertidas contradicciones que emergían durante la campaña electoral: ahora no están montados en los Autos Chocadores de un parque de diversiones sino en un barco con 42 millones de pasajeros. Y, por lo que parece, nos están llevando directo al iceberg con el que nos hemos estampado varias veces. Decretos ilegales para salvar la República, innumerables despidos para preservar el empleo, transferencia de recursos hacia los que más tienen para alcanzar la Pobreza Cero y tarifazos y devaluación para bajar la inflación. Esto no es un dejà vu, sino el sinuoso camino de ripios al borde de un precipicio que el estalishment elaboró para que sea recorrido a todo trapo con el único objetivo de empujarnos al abismo del que nos ha costado tanto salir.
Desde siempre se conocieron los lineamientos generales del plan económico que Macri llevaba en carpeta: la libertad de mercado y el modelo del derrame, dos etiquetas que advierten sobre su venenoso contenido. La combinación de estos dos productos imperiales sólo desemboca en un capitalismo perverso que sólo puede producir más desigualdad. Y lo más riesgoso, un incremento de la deuda externa que siempre terminamos pagando entre todos, menos los que se benefician con ella. Pero lo más grave es que nos introduce en un círculo vicioso del que es muy difícil escapar y crea una dependencia del sistema financiero internacional. Gracias a este mecanismo, la deuda se multiplicó 17,5 veces entre 1975 y 2001 y todo para estar cada vez peor. De acuerdo a las medidas económicas tomadas hasta el momento, lo que se avecina es una destructiva bicicleta financiera: facilidad para el ingreso de capitales golondrina sin encaje, con altas tasas de interés y con un mínimo de 120 días de permanencia. Entran dólares, se multiplican y salen: esto es lo que llaman estar integrados al mundo.
Pero esto no es todo. En pocos días, se celebrará en la ciudad suiza de Davos el Foro Económico Mundial y después de doce años de ausencia, Argentina estará presente con Mauricio Macri a la cabeza, secundado por su casi ex adversario Sergio Massa. En ese cónclave donde se reúnen los más angurrientos del mundo para indagar sobre los lugares más jugosos donde hincar los colmillos, el tigrense está dispuesto “a demostrarle al mundo que estamos dispuestos a dar un salto de calidad. Que todos nos ponemos el overol para conseguir inversiones, que vamos hacia liderazgos democráticos”. En boca de estos representantes, ponerse el overol no significa más que servir en bandeja a los trabajadores y nuestros recursos para llenar las arcas de los que están más que empachados. Y lo de los liderazgos democráticos, es un eufemismo para disfrazar los atropellos institucionales que están dispuestos a cometer con tal de lograr una sonrisa de tan poderosos personajes.
A pocos pasos de la traición
Para justificar el tránsito por este potencial pantano primero hay que hacerlo imprescindible. Hablar de desequilibrios fiscales y despilfarro del Estado son los primeros pasos; las arcas vacías reclaman el endeudamiento y el exceso de gasto, los recortes. Si esto fuese real, harían cualquier cosa, menos reducir las retenciones a las exportaciones industriales y agropecuarias. Las primeras decisiones económicas tomadas por el empresidente Macri no son producto de una lógica indiscutible, sino de una indudable posición ideológica, que ellos se empeñan en negar. Total, tienen un potencial mediático para construir consenso en torno al discurso único que siempre ha intentado colonizarnos, muchas veces con notable éxito.
Eso les permite lanzar al ruedo los absurdos más insostenibles, como el cierre del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, también por decreto presidencial, para garantizar la “pluralidad ideológica”. Si quisieran lograr eso, no lo cerrarían porque la otra mirada sobre la historia, la corriente mitrista, la “oficial”, la descafeinada, está ampliamente difundida. Para el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, “lo cerramos en nombre del pluralismo porque es una mirada, no una mirada plural”. ¿Qué significa esta incongruencia? ¿Qué es una mirada plural? ¿Cómo es posible algo así? ¿Una mirada bifocal, en estéreo, psicótica, bipolar?
La única manera de garantizar la tan mentada pluralidad es que el Estado se haga cargo de potenciar las lecturas del pasado menos difundidas y no cercenarlas. Pero como la hipocresía es la norma, se toma la decisión que menos contribuirá al fin que se busca. Como cuando afirman que eliminar de un plumazo la ley de SCA garantiza la libertad de expresión. En realidad, este paso decidido por el Gobierno Amarillo traspasa los límites ideológicos para adentrarse en el terreno de lo institucional. Sobre este tema, nada justifica un DNU, salvo la premura por potenciar la enloquecedora voz dominante. Si querían modificar la ley, deberían proceder como corresponde, presentando un proyecto para debatir en el Congreso. Además de pisotear la constitución haciendo algo que está prohibido –legislar por decreto-, desoyeron una orden judicial, expresada en la precautelar firmada por el juez Luis Arias.
Todo este episodio está teñido por prepotencia, anticonstitucionalidad, ilegalidad y sobre todo, sumisión a los Poderes Fácticos. Desde la creación del Ministerio de Comunicación y el Enacom, el nuevo organismo de control -o de facilitación de negocios, en realidad- hasta la violenta intervención de la AFSCA, Macri está arriesgando parte de su legitimidad. Salvo los propios, beneficiados y asustados, nadie justifica semejante vandalismo. Martín Sabbatella, primer desplazado en esta avanzada sostuvo que ésta es la “necesidad y urgencia de las corporaciones y la complicidad de los sectores políticos que representan esos poderosos y una parte del Poder Judicial que está colonizada por los intereses corporativos”. Para Martín Becerra, destacado especialista en comunicación y en los procesos de concentración mediática, “en vez de gestionar la adecuación de los multimedios a la ley, el Estado adecua la ley a la estructura y necesidades de los multimedios”. Cynthia Ottaviano, Defensora del Público, por su parte, solicitó la intervención de la CIDH porque la eliminación de estas dos leyes “vulneran los estándares internacionales en materia de autonomía, independencia y pluralidad de este tipo de autoridades de medios audiovisuales”.
Con esta medida, Macri se sumerge en la ilegalidad porque actúa como un gobierno de facto, fundacional y autoritario. Para el público que aplaude estos gestos colonizadores, sólo está ejecutando una venganza deseada. Pronto, cuando el efecto de todas sus medidas se empiece a sentir en la vida cotidiana, su imagen impoluta comenzará a degradarse. Después, cuando la lógica de la entrega empiece a cerrar en las conciencias argentinas, se convertirá en un personaje deleznable con méritos suficientes para convertirse en un traidor. Finalmente, cuando observemos en torno los estragos del vendaval, será apenas un mal recuerdo y un incentivo para reconstruir, una vez más, el país equitativo con el que siempre hemos soñado.

Los amargos sabores del verano
Ya los pintorescos pregoneros de la playa y los cuerpos escaldados por el sol descansan en el recuerdo. Las olas que barren la arena, tan incansables como los decretos de Macri, quedaron allá, a más de 700 kilómetros. Las primeras producen un relajado placer; los segundos, mucho dolor. Los comerciantes comentaban que ésta será la peor temporada de los últimos diez años, más asustados que indignados. Algunos, también arrepentidos. En las paredes todavía persisten esas sonrisas angelicales que prometían un cambio y hoy tienen sabor a burla. Las noticias que se filtraban en el descanso son las predecibles: la continuidad del avasallamiento institucional, la persecución de opositores y la reafirmación del camino de entrega patrimonial y pérdida de soberanía. Como anunció la sorprendida Vidal el día que ganó la gobernación: “cambiamos futuro por pasado”. Si dudas, el futuro que ya está entre nosotros tiene las huellas de lo peor de un pasado que creíamos abandonado para siempre.
En orden cronológico, las vacaciones comenzaron con el humillante despido de Víctor Hugo Morales de La Mañana de Continental. Sin dudas, como afirmaron desde el macrismo, una decisión puramente empresarial empero, en sintonía con los esfuerzos amarillos de eliminar toda voz opositora de los medios más importantes. Claro, tan poco sustento tiene el accionar del gobierno nacional y tan nocivas son sus decisiones que el discurso oficial se quiebra con poco esfuerzo verbal. Tan atadas a las mentiras mediáticas están sus argumentaciones que cualquier desmentida desmorona el frágil andamiaje.
Como los despidos en las distintas dependencias del Estado, medida que requiere convertir a casi 20 mil empleados en ñoquis y militantes. ‘Grasa’, ejemplificó el ministro de Hacienda, ahora preocupado por el colesterol o algo así: "los ñoquis son parte de la herencia. Encontramos un Estado lleno de militantes. Queremos que al Estado no le sobre la grasa de los militantes". Como si los amarillos tuvieran intenciones de llenar las oficinas con extraterrestres que les pateen en contra de su ideario. No, también serán militantes y, en algunos casos, serán personajes que no moverán un dedo para el bienestar de los ciudadanos.
En la misma conferencia de prensa, Prat Gay aportó su granito de arena para la unión de todos los argentinos, como pregonaba el empresidente Macri cuando sólo era un candidato. Respecto a los fondos buitre, vomitó: “la basura no es nuestra pero no tenemos problema en empezar a limpiarla”. Tampoco esa basura es producto del kirchnerismo, sino de deuda tomada en los noventa, cuando el ideario neoliberal continuaba con la destrucción del país iniciada en la dictadura, cuando Prat Gay era un niño rico que hacía negocios con nuestros padecimientos.
El término ‘basura’ está muy bien aplicado porque esos fondos especulativos legitimados por el octogenario juez Thomas Griesa sólo quieren la destrucción de las economías donde clavan sus garras. Basura porque representan la peor cara del capitalismo y para satisfacer sus angurrias, las nuevas autoridades regalarán una parte importante de nuestro patrimonio, incumplirán leyes y pondrán en riesgo el canje de deuda construido con tanto esfuerzo negociador. Basura generada por el idolatrado Domingo Cavallo en cada una de sus apariciones como funcionario y del impune Federico Sturzenegger a comienzos de este siglo. Basura que no eliminarán las nuevas autoridades, sino que harán lo imposible para que se multiplique y contamine todo el país.
Cronología de locos
Después vino el encarcelamiento de Milagro Sala, que desde siempre ha estado en la mira del ahora gobernador Gerardo Morales. Con una justicia armada en pocas horas y a la medida de su desprecio, pudo concretar su venganza, a pesar del repudio tanto nacional como internacional. Presa política con todas las letras, la dirigente social padece el castigo impuesto por los más ricos por haber organizado a los más pobres. Desde hace una semana está en la cárcel, sin juicio, en base a prejuicios y mentiras y con la excusa de encabezar una protesta. Y desde Davos, Macri muestra su orgullo herido cuando un periodista le preguntó sobre el caso: “no me podés comparar a Leopoldo López con Milagro Sala. López no hizo nada malo para que lo comparés con Milagro Sala”. Ignorante y cínico, porque López fue condenado por una revuelta que provocó muertos y tenía como objetivo derrocar al gobierno bolivariano y asesinar al presidente Maduro. Si eso es no hacer nada malo, Macri es más peligroso de lo que pensamos. O menos racional que su perro Balcarce, que en estos días se exhibió sentado en el Sillón de Rivadavia y fue presentado como responsable del azar que llevó al PRO hasta La Rosada.
Y para coronar las irrupciones amarillas en las vacaciones del Autor de Estos Apuntes, reapareció Lodenisman, a un año de la tan manipulada muerte del fiscal. Aunque el episodio aportó bastante a la campaña de Cambiemos, aún intentan convertir en héroe al oscuro funcionario y, de ser posible, buscar su canonización. La prensa oficialista se sumó a la falacia con una hipócrita equidistancia al afirmar que hay tantos elementos para sostener la hipótesis del suicidio como la del asesinato. Mentira: las pruebas aportadas por la investigación y la opinión de los peritos son contundentes al concluir que en la muerte de Nisman no participó más que su mano. Sólo sus familiares tratan de alimentar la inasible posibilidad de un homicidio porque los seguros de vida no pagan por los suicidios. Y de haber un homicida, apuntan a Diego Lagomarsino, insospechado de ser kirchnerista. Sin embargo, en el desnutrido acto homenaje en la Plaza Alemania, todos los oradores hablaron de Nisman como una víctima, a tal punto que los pacíficos concurrentes coreaban cada tanto “Cristina, asesina”. Manipulación pura a la medida de los odiadores de siempre.
En el medio de este período vacacional, emergió la desobediencia presidencial a las órdenes de los jueces para dar marcha atrás con el desmantelamiento de la AFSCA. Martín Sabbatella, autoridad indiscutible del organismo, sigue clamando por la legalidad ante la sordera de Macri, producto de un enorme agradecimiento al Grupo Clarín. También, los nuevos billetes con animalitos en vías de extinción, víctimas de la avidez de los sectores económicos que Macri representa, muestran el futuro desideologizado que poblará nuestras billeteras. Episodio tan a-histórico como la felicidad de Prat Gay al anunciar el retorno de los monitoreos del FMI, porque “no tenemos nada que ocultar”, pero mucho que temer a sus recetas y recomendaciones.
El lado amarillo del país está mostrando su peor rostro, el más horripilante que hemos visto desde los tiempos de la dictadura. Sólo el engaño mediático y la paciencia de los que votaron por tanta oscuridad mantienen al empresidente con la banda conquistada en la legalidad pero con artimañas ilegítimas. Por ahora, la cautela disimula el miedo que muchos sienten por los días por venir y cuando las excusas ya no sean convincentes, comenzarán a advertir cuánto se han equivocado. Nunca es tarde para revertir un rumbo, pero es una pena el tiempo que nos harán perder por este nocivo antojo de cambiar.

La continuidad de las falacias
Si las mentiras y los absurdos difundidos por los medios de comunicación demostraron su potencial para instalar a un candidato impensable en La Rosada, ahora deberán esforzarse para mantenerlo durante el tiempo que requiera la aplicación del plan que tenían en mente. Nada complejo: llenar las arcas de unos pocos con el trabajo de la mayoría; someternos al conocido saqueo que hemos padecido en otros tiempos; succionar nuestra sangre hasta dejarnos secos. Si hasta hace unos meses construyeron consenso para elegir un cambio, ahora deben convencernos para padecer el sacrificio. El objetivo primordial no es alcanzar nuestro bienestar -algo aleatorio y casi innecesario para Ellos- sino enriquecer a los que son muy ricos y presentar la desigualdad generada como un crecimiento colectivo. “Estamos mal pero vamos bien” recitaba el Infame Riojano ante los números que indicaban un destacado crecimiento económico pero un desempleo en ascenso y una pobreza vergonzante.
Encima son tan hipócritas que los voceros de los que se enriquecieron con nuestras crisis intentan instalar una no tan nueva falacia: “los K se llevaron todo”. ¿Qué significa semejante estupidez, que Cristina y sus secuaces guardan en una cueva todas las riquezas del país, las escuelas, hospitales, autopistas, usinas eléctricas, universidades, aves y peces? Hay que ser muy ingenuo o prejuicioso para adoptar esa consigna como una idea seria. Y tonto para repetirla a los cuatro vientos, como si fuera una conclusión elaborada con inteligencia y datos certeros.
Nadie niega que en todos los niveles del Estado pueda haber corrupción, pero inducir a una idea tan generalizada ya es un juego muy perverso. Más aún cuando sólo está focalizada en los anteriores funcionarios, como si los recién asumidos fuesen ángeles purificados por el desinterés material. Cuando el honestismo se convierte en programa partidario, se corre el riesgo de caer en la hipocresía, además de renunciar a la política como herramienta de construcción. Un abandono de nuestra naturaleza, un camino a la deshumanización. Y de reducir el trabajo periodístico a un superficial denuncismo -cuyas causas se desmoronan en la mesa de entradas de Tribunales-, banalizar la profesión y conducir toda discusión a un intercambio de chismes. Los delitos deben tratarse como tales, pero este combo es una vetusta estrategia de distracción empleada a menudo por el patriciado internacional: mientras el público se indigna por las pocas gallinas que roba el ladronzuelo-funcionario, Ellos se llevan con pala mecánica cientos de fajos hacia paraísos fiscales. Por eso necesitan que los ciudadanos descrean de la política, para que deleguen en Ellos el mando del país, como estamos apreciando en la ceocracia que ha llegado de la mano de Mauricio Macri.
Mentime, que me gusta
Pero a pesar de los esfuerzos de los medios hegemónicos y el silenciamiento de voces opositoras, la imagen positiva de Macri ha caído unos puntos, de acuerdo a un reciente sondeo realizado por Management&Fit. Esta consultora es la favorita de Clarín y, además, una de las pocas que acertó con los resultados del balotaje. Sin embargo, las páginas del ex Gran Diario Argentino, los títulos de TN y los laderos radiales nada dijeron de los casi siete puntos que perdió Macri en la aceptación de los consultados: del 56,6 al 49,8 por ciento en algo más de 40 días. Si estos medios informaran en serio, un personaje como Macri jamás hubiera llegado a la presidencia. Pero su público -maleable, disperso y amorfo- sólo está expuesto a los ficticios contenidos que sólo son funcionales a los intereses de una minoría. Estos manipulados individuos jamás se enterarán de la multitudinaria concentración de repudio en la ciudad de Córdoba que obligó a la comitiva amarilla a cambiar el recorrido de las herméticas camionetas que trasladaban al mandatario y su séquito.
Como tampoco conocerán los argumentos de un nutrido grupo de intelectuales, investigadores, dirigentes políticos y organizaciones de la sociedad civil contra la grandilocuente Emergencia en Seguridad decretada por el gobierno nacional. Los integrantes del Acuerdo de Seguridad Democrática y el Grupo Convergencia –León Arslanian, Roberto Gargarella, Beatriz Sarlo, Hermes Binner, Nilda Garré, Dante Caputo, entre otros- alertaron sobre los peligros de la decisión presidencial que trata de instalar la idea de que el narcotráfico es la base del delito y la violencia en general. Esta decisión –que autoriza desde la revisión del equipaje en un viaje turístico hasta el derribo de aviones- no está fundada en ningún análisis o seguimiento concreto sobre el accionar del narcotráfico, de acuerdo al documento firmado por los cuestionantes.
Por el contrario, el ASD considera que la emergencia declarada es un “anuncio efectista”, una estrategia que sólo busca un “impacto comunicacional, pero carece de eficacia y conlleva el riesgo de multiplicar la violencia”. Además, continúa el documento, “ya se ha demostrado que este camino no tiene capacidad para desarmar el complejo mercado de las drogas ilegales, ni su tejido con las instituciones estatales involucradas en las redes de ilegalidad”. Gastón Chillier, director del CELS, sostiene que la Emergencia “no propone medidas para atacar el funcionamiento de los mercados ilegales, que apunten al lavado de activos proveniente del narcotráfico, que es un núcleo duro de esta actividad”. Contra toda lógica, Mauricio Macri decidió ubicar en la Unidad de Investigación Financiera a ex funcionarios de entidades privadas involucradas con énfasis en lavado de dinero.
Todo ciudadano tiene derechos, entre ellos el acceso a información veraz y completa, algo que ni el gobierno amarillo ni sus medios cómplices y acólitos están dispuestos a garantizar. Pero también obligaciones, como nutrir su intelecto con variados contenidos para poder tomar sus decisiones con cierto fundamento. Más aún cuando las herramientas que tenemos a nuestra disposición nos permiten picotear informaciones de las publicaciones más diversas. Ser ‘manipulado’ es más una voluntad del individuo que la consecuencia de un poder indestructible que somete al ciudadano. La gran esperanza es que, cuando los globos amarillos exploten en una ineludible crisis, los damnificados se esfuercen por recordar quiénes han sido los artífices de la catástrofe venidera.

Febrero

El mito de la tan anhelada gobernanza
La semana termina con una novedad un poco preocupante y bastante dolorosa: un grupo de diputados del FPV se apartaron para construir un bloque justicialista cuyo objetivo será garantizar la gobernabilidad de la gestión de Macri. Esto no quiere decir que los ochenta que quedan en el grupo original sean destituyentes, aunque queda sugerido en el documento de los escindidos. Que los doce se comprometan a ser una oposición responsable, parece sugerir que los kirchneristas no lo serán. Además, como si los que ahora son oficialistas hubieran sido responsables cuando fueron oposición. Por el contrario: gracias a su irresponsabilidad opositora conquistaron este arrasador oficialismo. De acuerdo a estos acomodamientos políticos, parece que la oposición tiene que garantizar una responsabilidad que el propio oficialismo no tiene. Porque lo que ha hecho el Gran Equipo desde el 10 de diciembre –incluso desde antes- es hacer imposible cualquier forma de gobernanza.
Así es: la institucionalidad del país ha sido alterada desde el mismo momento en que los caprichos del ahora empresidente y la complicidad judicial desterraron a La Presidenta doce horas antes del final de su mandato. Y eso no es nada; fue apenas el inicio de un aluvión de decretos e iniciativas, cuyo fin ha sido poner fin a la institucionalidad construida durante doce años. Los más memorables: la creación de un Ministerio de Comunicación que desechó a un basurero la ley de SCA y Argentina Digital y a las autoridades legalmente designadas en la AFSCA y la AFTIC, con episodios propios de un gobierno de facto; el nombramiento de dos miembros de la Corte Suprema de Justicia en comisión, algo inadmisible en la Constitución; el traspaso de las escuchas del Ministerio Público Fiscal a la Corte, contra lo que dispone la ley; la suspensión de la entrada en vigencia del Nuevo Código Procesal Penal; la persecución hasta la renuncia de funcionarios que debían permanecer por dos años más, como el director de RTA y del Banco Central; el pedido de renuncia de la Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, un cargo vitalicio al que se accede por concurso y con acuerdo del Senado. Nada de todo esto garantiza la gobernabilidad de un país que venía reconstruyéndose lentamente desde la explosión de 2001, la crisis más profunda de nuestra historia.
A todo esto se añade la eliminación de las retenciones, de los controles a la compra de dólares, de los cupos de exportación y la devaluación de la moneda, medidas que constituyen una distribución regresiva del ingreso hacia los sectores más ricos de la sociedad. Con estas cuatro medidas, la inflación se duplicó en pocos días y el salario perdió casi un 40 por ciento de su poder adquisitivo, además de augurar recesión, desempleo y reducción de las fuentes laborales. Nada de todo esto está orientado a gobernar un país, sino a provocar una crisis ingobernable. ¿Qué quieren esos diputados cismáticos, garantizar algo que no está en las intenciones del gobierno?
Una democracia muy particular
Por si todo esto fuera poco, durante la campaña electoral, el entonces candidato Macri y sus adláteres prometían eliminar de la TV Pública el programa 678, la gran pesadilla de los periodistas voceros del establishment. Un ciclo demonizado hasta la parodia porque logró desmontar operaciones y mentiras de los medios hegemónicos y poner en evidencia groseras contradicciones de los exponentes de la oposición. Sin dudas, un producto que quedará para la historia de los medios porque se animó a revelar las nocivas estrategias para manipular al público. Además, se convirtió en un emblema para un nutrido grupo de ciudadanos que se vio representado, por primera vez, en un programa de profundo contenido político. La multitud que coreó la combinación numérica en la despedida de Cristina será una insólita muestra de una adhesión difícil de vulnerar.
Pero la persecución a los periodistas no terminó con el fin de 678, sino que se extendió hasta el desconocimiento de los contratos de periodistas en la Radio Pública, que, gracias a la intolerancia macrista, han quedado fuera del aire. El clímax de este afán censor se dio con el despido de Víctor Hugo Morales de radio Continental que, si bien fue una decisión empresarial, quedó en sintonía con el deseo oficial de silenciar voces opositoras. La gobernabilidad que quieren garantizar los doce diputados que se apartaron del kirchnerismo incluye el brutal despido de más de 25 mil trabajadores en distintas dependencias del Estado, con la generalizada calificación de ñoquis.
Y también incluye la injusta e ilegal prisión que padece la dirigente social Milagro Sala, una decisión propia del Señor Feudal de una provincia que cuenta con el satisfecho aval del Ejecutivo Nacional. Un encarcelamiento sin causa que tiene como objetivo castigar a la organización Tupac Amaru por distribuir dignidad entre los habitantes más desplazados de Jujuy. Un secuestro inquisidor con formato de justicia exprés que logró despabilar a muchos ciudadanos de la modorra veraniega. Una oscura decisión represiva que mereció el repudio más allá de nuestras fronteras. ¿Merece esto garantizar la gobernabilidad?
Pero hay más: optimistas y festivos, los integrantes del equipo económico anuncian la proximidad de un acuerdo con los buitres, un puñado de angurrientos que extorsiona al país para multiplicar las ganancias de unos bonos de deuda comprados mucho tiempo después del default de 2002. Ellos no nos prestaron nada, pero los trataremos como si fueran nuestros benefactores. Con las condiciones de pago que aceptó el 93 por ciento de los bonistas ya obtendrían jugosas ganancias por lo que compraron a bajo precio, pero con la complicidad del juez Thomas Griesa, la indiferencia de la Justicia Imperial y la sumisión de las actuales autoridades, obtendrán un plus de más del 150 por ciento. Y esto lo van a presentar como una gran victoria: ser víctimas de una de las más grandes estafas que hemos padecido. Además, cierra las posibilidades de concretar cualquier acuerdo beneficioso con las deudas futuras y legitima el accionar de los especuladores.
Los diputados separatistas del FPV que quieren garantizar la gobernabilidad, ¿analizaron todo esto a la hora de tomar su decisión? Después dicen que piensan en el pueblo, algo que ni siquiera está entre los objetivos de la alianza gobernante. ¿Acaso no advierten que las promesas de campaña ya han sido incumplidas en los primeros dos meses después de haber asumido? ¿No sospechan que la invasión de CEOS empresariales en la administración del Estado no tiene como meta el beneficio público sino el corporativo? En el documento constitutivo de este nuevo bloque, los diputados declaran que el “objetivo fundamental será defender la vida en democracia, bregar por la paz social, arbitrar los medios para lograr acuerdos sociales, políticos e institucionales para la gobernabilidad de las provincias y el país”. ¿Para qué? ¿Para beneficiar a una minoría privilegiada?
Por eso, no sorprende que la diputada Juliana Di Tullio se muestre tan dolida: “que 12 ex compañeros le den la posibilidad al Gobierno de Macri de tener quórum es una pésima noticia para los que representamos el 49 por ciento que no votó a este gobierno. Bossio le hace el juego político al ajuste”. Por eso, más que oposición responsable, estos doce diputados comandados por el otrora angelical Diego Bossio se convertirán en peleles funcionales a un oficialismo irresponsable.

La cáscara que debemos quebrar
Gracias a la simulación, los amarillos conquistaron la presidencia y por ahora, con la misma estrategia se mantienen. Los medios hegemónicos –vale recordar- aportaron su granito de arena… o mejor dicho, sus toneladas para cegar el entendimiento de una porción importante del electorado. De no ser por eso, Mauricio Macri no hubiera traspasado los límites de la Bombonera o tal vez, ni siquiera hubiera conquistado ese primer escalón en su ascenso al poder. En realidad, sus primeros pasos datan de los tiempos de la dictadura, cuando la familia multiplicó la cantidad de empresas de siete a más de 40, con una estatización de deuda privada mediante. Desde ese momento a esta parte, una serie de episodios oscuros hicieron asomar cada tanto su cabeza, como el extraño secuestro y el contrabando de autos cuando presidía Sevel. A pesar de este prontuario, muchos lo eligieron por sus promesas de transparencia y honestidad, entre otras cosas. Pero la cáscara es tan delgada que está pronta a quebrarse y de sus fisuras comenzarán a filtrarse las sombras que quiere expandir a todo el país.
Su cinismo cada día es más evidente. Quienes se sientan cómodos con eso, será porque son tan cínicos como él. Los demás no lo advertirán, enredados por el clima entre festivo y distraído que instalan día a día los medios que hoy son oficialistas. El contraste entre sus promesas de campaña y las primeras medidas es una clara muestra de que no estamos sólo ante una andanada de contradicciones o desprolijidades de inexpertos, sino ante un plan diseñado desde mucho antes de soñar con la presidencia. Tanto para él como para sus adláteres, la hipocresía es más que una actitud: es esencia y como tal, se ha convertido en plan de gobierno. Eso es cinismo.
Que en campaña Macri haya dicho que quería terminar con “el curro de los Derechos Humanos” y en estos días se haya preocupado por mostrarse paseando por la ex ESMA es un ejemplo que pega donde más duele. Si esto fuera una toma de conciencia, vaya y pase, pero no lo es. Esto es más que una contradicción. Ahora necesita mostrarse interesado por estos temas tan profundos porque en los próximos días nos visitarán dos mandatarios que también son buenos simuladores. Porque Barack Obama quiere visitar ese Espacio de la Memoria, se acercó para conocerlo y como François Holland desea reunirse con Abuelas de Plaza de Mayo, ahora concede la entrevista que antes negó. Y a tanto llega su cinismo que en una entrevista con el Washington Post aseguró que está "listo para ser la voz en defensa de los derechos humanos en el mundo". ¿Sabrá de lo que habla? ¿Escuchará lo que dice?
Pero no es el único capaz de esto. La vicepresidenta, Gabriela Michetti, ocupa el segundo puesto en el podio: pontifica en contra de los ñoquis quien batió récords de inasistencia al Congreso, pregona el respeto al que piensa distinto y cuando abre su boca despide una catarata de improperios y pretende erigirse como modelo de transparencia y el episodio con la maleta de joyas debería dejarla fuera de juego. Además de todo esto, exhibe un desconocimiento sorprendente sobre cualquier tema que aborda.
Un país para los argentinos
En una rueda de prensa, Michetti realizó una revelación que asusta: “basta de industrias; el modelo de Macri es India”. Hay de todo en esta frase pero, sobre todo, abunda la desinformación. Si bien en ese país ha crecido el área de servicios y software, el desarrollo industrial tampoco se detiene. Por lo tanto, ‘India’ no se contradice con la industria. Pero la vice cae en la trampa de poner con liviandad un modelo extranjero como si fuera un cambio de camiseta. Sin embargo, en India, la desocupación alcanza el 20 por ciento, la pobreza, un 30 y la organización por castas de esa sociedad hace imposible el ascenso social. Y en nuestro país, como todos sabemos, las vacas no son sagradas, sino invitadas especiales en nuestra mesa, aunque las medidas económicas traten de alejarlas.
Este es el resultado de mirar más allá de nuestras fronteras. Después de años de machacar con la tontería del aislamiento del mundo, a menos de tres meses de asumido el gobierno amarillo, los presidentes del Norte hacen fila para visitarnos. Esta foto asusta un poco. El Primer Ministro italiano, Matteo Renzi fue el primero en visitar estas tierras. Los próximos serán Hollande y Obama. Ahora que está Macri en La Rosada, parece que advierten que nuestro país puede ser un terreno fértil para trasladar sus respectivas crisis, como han hecho en otras décadas. Y el Gran Equipo, en lugar de pensar en nuestros intereses, sólo prioriza las apetencias ajenas.
En lugar de repudiar la intromisión de Thomas Griesa en nuestra legislación, el empresidente presiona al Congreso para que derogue las leyes que nos protegen de los picotazos buitrescos. Esta será una discusión crucial. Allí se podrá apreciar quiénes están realmente comprometidos con la defensa de nuestra soberanía. Un repaso sintético: en medio de la injusta situación generada por el Juez Imperial, la actitud de la gestión amarilla no sólo es sumisa, sino que pone en riesgo nuestro futuro. La estructuración de la deuda lograda con tanto esfuerzo negociador y que ha servido como base para acuerdos futuros a nivel global, puede quedar aniquilada en el afán de satisfacer al siete por ciento de los acreedores. ¿Y todo para qué? Para incrementar una deuda que no servirá para impulsar nuestro desarrollo, sino para multiplicar las cifras que los fugadores seriales guardan en los paraísos fiscales. Si en estos días la fuga de capitales ha batido los récords que ya no bate el consumo interno en alimentos, indumentaria, vehículos y turismo. Y esto no es magia, sino pura perversión.
El primer día de marzo, cuando el gerente de La Rosada inaugure las sesiones ordinarias del Congreso, exigirá a nuestros representantes que contribuyan a la gobernabilidad. Esto significa que permitan que las grandes corporaciones internacionales y lo peor del sistema financiero hagan sus negocios en nuestras tierras, reeditando una remake del modelo del derrame en su más nefasta versión. Allí, en el Congreso, descubriremos quiénes son los cipayos y quiénes los patriotas; quiénes se desentienden de nuestro futuro y quiénes lo defienden; quiénes quieren que seamos una colonia, un granero, un supermercado o un prostíbulo para el mundo y quiénes quieren que nos convirtamos en un país soberano y equitativo para todos los argentinos.
El cinismo del gobierno amarillo se puede apreciar en cada uno de sus pasos: en afirmar que nos cuidan, que velan por nosotros, que nos aman, que no nos sacarán nada cuando, en realidad, están haciendo todo lo contrario. Lo más grave que puede pasarnos es que el resto de nuestros representantes se contagie de esa impronta. Por eso, en la calle debe estar nuestra voz, para defender lo que tanto nos ha costado recuperar y para conquistar lo que nos falta.

La sonrisa que no fue
Las burlas hacia la gestión amarilla y sus funcionarios proliferan por las redes sociales todos los días. Las fotos trucadas que muestran a un burro con traje o con banda presidencial, los disparatados diálogos que se reproducen -algunos reales y otros inventados- y demás muestras de la fructífera imaginación de los usuarios son divertimentos, pero no pueden constituir crítica. Si los colores de la bandera francesa estaban invertidos puede ser un problema de proyección y la enseña argentina con las franjas verticales también apareció en algunos actos de Cristina. Estos detalles entretienen y por eso, nos distraen del fondo del entuerto en el que estamos metidos. Pero no todas las fotos son distractivas: la imagen del encuentro entre Macri y Francisco vale –en serio- más que mil palabras. Y además muestra un fondo, la de una relación de cordialidad casi imposible. La ausencia de sonrisa en el rostro del Papa –que abunda en otras ocasiones- arruinó la foto que Macri más deseaba. Seguramente, el portarretratos al que esté destinada no tendrá un lugar muy destacado en la repisa donde se ubiquen estas cosas.
La excusa esgrimida por el opo-oficialista Juan Manuel Urtubey –convalecencia por unas líneas de fiebre- se desmorona con el siguiente encuentro que tuvo el Sumo Pontífice. Después de aburrirse con Macri, el ex Bergoglio mantuvo una reunión con el obispo de Quilmes, Carlos José Tissera, donde las sonrisas abundaron. Y los minutos también, porque duró 53, contra los 22 que le concedió a Macri. Sin dudas, ni ganas de fingir tuvo Francisco durante la visita del empresidente. Encima, que el ex Alcalde haya trasladado la interna del Justicialismo hasta el Vaticano fue un aporte para el malhumor papal. Y más aún cuando la gobernadora de Tierra del Fuego es sobrina del cardenal Tarcisio Bertone, con quien el Papa mantiene una relación tensa. En estas condiciones, cualquier foto puede tener interferencias.
Pero hay algo más que dibujó esa mala cara en el rostro de Francisco. Macri representa lo que el Papa condena: la angurria empresarial, el individualismo, la exclusión y el modelo del derrame. Si alguien duda de esto, basta hacer una rápida lectura de los dos textos que le regaló al empresidente: la exhortación Evangelii Gaudium y la encíclica Laudato si. Algunas frases pueden esclarecer más los motivos del gesto ceñudo del Pontífice: “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”; “así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”; “algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”. Si Macri leyera estas cosas, entendería que esa incomodidad del Papa expresa más que mil marchas en su contra.
Provocaciones, trampas y algo más
Además de los dos documentos, Francisco entregó a Macri un medallón con un olivo que “une lo que está separado”, un obsequio que acostumbra a hacer a los jefes de Estado. Después del encuentro, el Ocupante Temporal de La Rosada recitó uno de sus más emotivos hits: “con el Papa hablamos de la gran preocupación por unir a los argentinos, de dejar atrás los rencores, de la importancia que depongamos posiciones extremas”. Claro, para él y los que piensan como él, para llegar a ese objetivo hay que erradicar todo rastro K. Por eso sus intentos de dividir el PJ, derogar con decretos leyes sustanciales, desmantelar organismos y denostar con fábulas inverosímiles los grandes logros de la Década Ganada. Una vez que el país se deskirchnerice todos estaremos unidos y dominados.
Aunque se creen triunfantes, sólo han logrado un empate apenas inclinado. Aunque lograron enceguecer el presente individual, los PRO no podrán vulnerar la memoria colectiva. Aunque sueñen con quedarse el resto de la historia, apenas estamos viviendo un breve paréntesis. Aunque reciten las excusas de la pesada herencia, el afán destructivo de estas fuerzas de ocupación ya está en evidencia. Aunque muestren los colmillos, cada vez somos más los que queremos recuperar el país.
Sin dudas, la crisis que vamos a padecer en nada se relaciona con las condiciones pre-existentes: es pura creación amarilla. Si esgrimen el Estado quebrado para justificar los despidos, ¿para qué renuncian a la recaudación tributaria con el mercado externo? Si están preocupados por la inflación, ¿por qué toman medidas que, sin dudas, la disparan? Si el objetivo es la Pobreza Cero, ¿por qué sus decisiones acrecientan la desigualdad? Si quieren combatir el narcotráfico y la corrupción, ¿por qué desmantelaron la UIF y nombraron al frente a funcionarios de bancos sospechados de lavado de dinero? Si quieren unir al país, ¿por qué Milagro Sala sigue presa, a pesar de que no han formulado ninguna acusación judicial en su contra?
Tampoco quieren un país en paz. En tiempos del kirchnerismo, los medios hegemónicos hablaban de crispación para sintetizar la disputa del Gobierno con el Poder Económico; dramatizaban sobre divisiones y adoptaron la grieta como la mejor metáfora para graficar una realidad que atraviesa toda nuestra historia. De aquel lado está la oligarquía de siempre pero con trajes distintos; de éste está el pueblo, que aún no termina de despertar. De aquel lado están los enemigos, sus adláteres y los sirvientes de siempre; de éste, un colectivo solidario que ya encontró, una vez más, el camino hacia el país que nació en 1810. De aquel lado están los cipayos de otrora, después, neocoloniales y ahora, indisimulables agentes del Imperio Global; de éste, ciudadanos que comprenden el peligro que nos acecha. Pero en el medio, habita un número indeterminado que aún no ha encontrado con quién identificarse, que ha olvidado su raíz, que ha extraviado su rumbo. A veces, se inclina por un lado y otras, por otro. Un nuevo vaivén inicia este capítulo de Nuestra Historia.
Si será breve o eterno no depende de la voluntad divina, sino de la paciencia para soportar los golpes y provocaciones que nos destinan los amarillos. Los despidos, recortes, retrocesos, torpezas, mentiras, amenazas forman parte de las agresiones que día a día destinan, tanto a los que no votaron por ellos como a los que sí confiaron en las promesas del cambio. El paro de ATE fue una primera reacción; el tan peligroso protocolo de seguridad, la advertencia. La ilegal prisión de Milagro Sala, el castigo; las movilizaciones y protestas nacionales e internacionales, la respuesta. Las modificaciones en el impuesto a las ganancias, el cebo; el clima de impotencia y malhumor como caldo de cultivo para un descontento mayor.
En lugar de buscar la concordia, quieren provocar el caos. La visita de Obama parece una afrenta en plena conmemoración del 24 de marzo. El re estreno del culebrón de Nisman, semeja la burla de un mal vencedor. La citación de Bonadío a Cristina, una chispa sobre un polvorín. O una ostentación del más absurdo poder. Como si quisieran unirnos, pero todos de este lado. Como si quisieran que hagamos lío, para despertar la sonrisa de Francisco.

Marzo

El vuelo de los carroñeros
Ya van tres meses de la asunción de Macri y las cosas pintan para peor. No es ingenuo derrotismo, sino cruda realidad. El acuerdo con los buitres - que el oficialismo presenta como panacea y los opo-adherentes, como garantía de gobernabilidad- focaliza la atención de la opinión pública. Los despidos siguen y la locura represiva continúa. Como el cambio incluía un deterioro en nuestra vida, a partir de ahora, los globos deberían traer una advertencia en su superficie, como los cigarrillos. La actividad económica -que el año pasado mostró un crecimiento entre 1,5 y 1,7 por ciento- ahora está estancada y con amenaza de descenso. Y el Estado macrista es el principal artífice de esta situación. Si en la esfera pública la estrategia para crecer incluye recortes, despidos y desinversión, en la esfera privada ocurre lo propio. Eso, habría que avisar, no conduce al crecimiento, sino a la decadencia. Por eso el endeudamiento es la tabla de salvación que tienen a la mano. Salvación de la que no gozaremos, pero pagaremos dólar sobre dólar durante varias décadas.
Quien piense que con pagar a los buitres terminan todos nuestros problemas está mirando el canal equivocado. Al contrario, no sólo no terminarán sino que comenzaremos a saborear problemas nuevos. O viejos problemas que ya habíamos olvidado pero pintados de amarillo, como el de tener una vida condicionada por trajeados extorsionadores. Los buitres no nos prestaron nada, sino que compraron bonos en default a precio vil para después litigar y sacar una mayor tajada. Si les pagamos a ellos, los bonistas del canje estarán en todo su derecho de reclamar la totalidad de la deuda y al contado. Desde el oficialismo no creen que los holdin reclamen más de lo que les ofrece la ley Cerrojo. Pero, no hay que olvidar que Paul Singer, el buitre mayor, también tiene bonos en esa situación y como sus escrúpulos son inexistentes, ya debe tener elegido el juez que aceitará su saqueo. Aprobar el proyecto de ley presentado por el Gran Equipo no sólo es habilitar el drenaje de nuestros recursos, sino renunciar a la soberanía y a cualquier posibilidad de futuro.
Que ante una decisión tan crucial aparezcan sanguchitos entre Diego Bossio y Nicolás Massot enturbia el panorama. Y lo embarra totalmente la jugada del Ejecutivo para seducir a los gobernadores con la coparticipación. Raro que políticos con experiencia no sospechen que la gobernabilidad es imposible en un país sobre-endeudado. Que no hay economía que crezca si su deuda es mayor que el PBI, más aún cuando no contribuye al desarrollo sino al incremento de las cuentas bancarias de unos pocos. Esto ya lo sabemos todos. Todos. Sin embargo, gran parte de los que hemos elegido como representantes tienen decidido su apoyo para no poner palos en la rueda ni piedras en el camino, sin tener en cuenta que, cuando las papas quemen los palos y las piedras caerán sobre nuestras cabezas.
Clarín: un peligro para la democracia
Los resistentes diputados del FPV plantean un camino alternativo. En su dictamen de minoría, proponen que se pague a los buitres lo que recibieron los bonistas re-estructurados; un pari passu como corresponde y no a la inversa, como sugiere el juez Griesa con su fallo. Además, adhieren al pedido de una consulta popular vinculante de Myriam Bregman, del FTS-Frente de Izquierda, para que sea la sociedad la que diga la última palabra. Una idea interesante que pone en juego la potencia del pueblo en la toma de decisiones. La democracia en estado puro.
O Casi. Si vota el Pueblo –entendido como una mayoría beneficiada por su decisión- estaríamos ante una acción democrática en su máxima expresión. Si, por el contrario, la decisión, lejos de beneficiar, perjudica a un porcentaje importante de los votantes, estamos en el umbral de la demagogia. Esta deformación del sistema embelesa a los sufragantes con elogios, promesas tentadoras difíciles de cumplir, tergiversación del pasado, manipulación del presente, entre otros mecanismos de control social. Las estrategias de marketing, los engaños, la hipocresía y las falacias mediáticas transmitidas en cadena nacional hacen imposible la libre elección del ciudadano, más aún cuando se empecina en ser sólo un individuo. Peligroso definir el futuro por medio de un “SI o NO”, sobre todo cuando los medios hegemónicos exceden los parámetros para hacer posible la convivencia democrática. No sólo los establecidos por nuestra ley –pisoteada por la prepotencia macrista- sino los sugeridos por la Comisión Interamericana de DDHH y otros organismos internacionales.
Con un grupo económico como Clarín la democracia es imposible. No sólo por su tamaño mediático, sino por la expansión de sus intereses. En todas partes aparece el monigote de la cornetita. Basta con recordar el esquema que presentó, en uno de sus programas, el periodista Jorge Lanata cuando era otro, menos pudiente pero más comprometido con su profesión. La decisión de un ciudadano no está nutrida con información completa asimilada por su competencia, sino contaminada por una catarata turbulenta y confusa de lemas, falsedades y difamaciones que sólo pueden alimentar prejuicios. ¿Con qué tinte abordarán Clarín y todos sus medios el tema de los buitres si están asociados con los beneficiados? Además, estos medios de comunicación sólo se preocupan por conquistar público, no construir Pueblo. Todo lo que sale de ellos apuntala la demagogia, la deformación. Por eso es tan importante la distribución de la palabra, la diversidad de voces, el control del tamaño. Y por eso lo primero que desmanteló el Gobierno fue la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
¿Para qué?, preguntará el lector. Para retornar al discurso único que tanto conviene al establishment, ése que nos hace convertir en Mandato el interés de unos pocos. Para cercenar cualquier posibilidad de construir un país equitativo. Para mostrar como Verdad las fantasías que pergeñan. Para conducir la voluntad e impedir que el público se convierta en Pueblo. Para seguir pregonando que los K son todos chorros. Para convencernos de que nos conduce el Mejor Equipo de los últimos 50 años, aunque algunos de sus integrantes deban admitir el desconocimiento de las cosas sobre las que opinan.
Para seguir jugando con Lodenisman por unos meses más, hasta que los televidentes se cansen de esperar una culpabilidad inexistente. Consumidores que siguen pensando que a Nisman lo mandó a matar Cristina, aunque la fiscal Viviana Fein afirme que no ve “ninguna prueba objetiva, directa, precisa y certera que me permita decir que estuve frente a un acto homicida y no tengo nada para pensar que alguien entró al baño”. Manipulados que seguirán considerando contundente la denuncia del Fiscal contra La Presidenta, a pesar de que el juez Daniel Rafecas volvió a desestimarla por inexistencia de delito.
Clarín y todos sus medios quieren seguir convenciendo al público cautivo de que estábamos en una crisis profunda y que todo lo que hace el Gran Equipo nos alejará de ella. Después, cuando todo estalle en serio, se disfrazarán de preocupados, indignados y comprometidos, recitarán un par de qué barbaridad y así no se puede seguir, exigirán renuncias y buscarán un nuevo títere para el relevo. No, mientras exista el Grupo con este tamaño y estas intenciones no habrá democracia en Argentina. Por ahora, deberemos construir ciudadanía con los medios que tenemos a la mano, ganar la calle y luego, cuando volvamos a ser Pueblo, construiremos un país para todos y no sólo para un puñado de insaciables.

Confusiones de siempre
Que los asesores de Barack Obama llamen ‘guerra sucia’ al terrorismo de Estado no es casualidad, sino una posición sobre la estrategia aplicada en los ’70 para incrustar el neoliberalismo en nuestra región. El experimento comenzó en Chile y avanzó como una plaga artificial. Los Chicago boy’s desembarcaron en estas tierras y desplegaron todo su saber para sembrar desigualdad y cosechar fortunas. El ex presidente uruguayo, José Mujica, de visita en Argentina, se preguntó, respecto a los mega-millonarios, “¿para qué quiere un tipo tener tanta guita?” y después, la que deberíamos hacernos todos: “¿de dónde sacamos que tiene derecho a tenerla?”. En este mundo donde una minoría succiona la dignidad de la mayoría se inserta la discusión sobre el acuerdo con los fondos buitre. El SI a la propuesta del oficialismo es retornar a las dramáticas postales de nuestro peor pasado, no para resolver problemas sino para profundizarlos.
Para disimular la incomodidad que les provoca, los medios hegemónicos tratan de mostrar a Pepe Mujica como un personaje pintoresco. Su sincera austeridad se utilizó, muchas veces, como ejemplo para el populacho, aunque no para los encumbrados miembros del establishment. Las fotos de su chacra y sus modestas instalaciones aparecieron en incontables páginas como un contraste edificante destinado a los políticos. La hipocresía de siempre: la suntuosa vida de un empresario es sinónimo de éxito pero la de un político, en cambio, de condenable corrupción. Si el empresario especula, evade impuestos, estafa con sus precios y explota a sus trabajadores sólo responde a las leyes del mercado. Y si para facilitar su camino al éxito debe adornar varias manos es porque sabe que los cañones mediáticos y judiciales nunca apuntarán hacia él, sino hacia el dueño de esas manos. El discurso único está elaborado de tal manera que el repudio siempre embarra al funcionario, pero nunca salpica al avaricioso que apela a sus malas artes para acrecentar su fortuna.
Un sentido común que logra que el pobre idolatre al rico que provoca su pobreza. Que confunde tanto que consigue que el sometido avale los planes del opresor. Tanto enceguece el discurso único con sus nuevas tretas mediáticas que convierte al mejor exponente del Poder Económico en un representante del Pueblo. Mauricio Macri alcanzó La Rosada con la más verificada falacia convertida en verdad sagrada por las voces más amplificadas: se puede alcanzar la Pobreza Cero enriqueciendo más a los que más tienen. O dicho de otra forma, para combatir la desigualdad nada mejor que profundizar la desigualdad. Un modelo que llena incansablemente las copas de arriba a la espera de un derrame que nunca se produce. A veces, apenas logra un mísero goteo que no alcanza para aliviar la sed que el saqueo genera. Con la simpleza de un sabio, José Mujica derrumba esta mirada: “la igualdad tiene que ser un derecho de largada, no de llegada”.
La batalla cultural no se detiene
El término ‘igualdad’ puede sonar muy idílico para algunos oídos patricios. Y un poco amenazante para laderos, cómplices, idólatras y sirvientes. ¿O no encontramos jubilados entre los que protestan contra la moratoria previsional? ¿O no vemos algunas madres trabajadoras que denuestan la AUH? ¿O no había trabajadores apoyando la quita de retenciones a los grandes exportadores agropecuarios? El discurso del establishment es eficaz porque resulta muy fácil de asimilar y así, logra que las víctimas sean los principales defensores del sistema que los despoja. Por eso, los que más obstaculizan la igualdad son los que más se beneficiarían con ella. Hasta la palabra ‘equidad’ desata sus prejuicios y sólo la humillante caridad dibuja una emocionada sonrisa en rostros que simulan pertenencia de clase.
Con sus perversos mecanismos, el pensar hegemónico hace que un distraído integrante de la clase media sienta que quien está un par de escalones más abajo es mantenido con sus impuestos, en lugar de dirigir su mirada hacia la cima, donde están los principales succionadores de todos sus esfuerzos. Con sus reiterativos lemas, construyen un individuo con pretensiones de ciudadano que adopta como si fueran propias las ideas de la clase dominante.
Así va por la calle, justificando ajustes, despidos y tarifazos; culpando de todo a los K, que se chorearon todo; indignado por lo que ve en la tele, alimento de sus prejuicios, inspiración de sus charlas, motivo del ceño fruncido, fuente de todos sus conocimientos y origen de un malhumor permanente. Así va por la vida, convencido de que las deudas, aunque no sean tales, deben ser gpagadas. Así va, olvidado de su historia, despojado de experiencias y huérfano de memoria, aplaudiendo una vez más, el triunfo de los victimarios. Así va, aferrado a titulares, ignorante de los hechos; desbordante de consignas absurdas y contradictorias pero inmune a los argumentos sólidos y fundados. Así, tan vacío como una hoja recién sacada de la resma, se deja escribir el medio pelo para ser funcional a esa minoría que impide que nuestro país sea más justo, más desarrollado, más soberano. Ante todo esto estamos desde hace varias décadas. Ante todo esto estamos ahora, cuando nuestros Senadores se aprontan a votar el acuerdo con los buitres.

La Memoria no es un chiste
No fue un aniversario más. Si “20 años no es nada”, 40 es un montón. Pero no sólo fue por las cuatro décadas transcurridas que la conmemoración del jueves se convirtió en histórica. Las políticas de los primeros 100 días del Gran Equipo y la visita de Obama agregaron más calor a la jornada. Que muchos funcionarios macristas se hayan visto obligados a encabezar actos protocolares sobre un tema que los incomoda es un triunfo de la Memoria Colectiva. Y que Martiniano Molina haya confundido el centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Quilmes” con un bache en una de las calles de la ciudad que gobierna es un indicio de que –en este tema- los amarillos son como extraterrestres recién bajados de la Nave Madre. Con un formal “Nunca Más” pretenden simular compromiso, pero no mucho más. El fastidio del empresidente y la incomprensión de Obama en el Parque de la Memoria no se pueden disfrazar y la foto que los mostró en soledad contrasta con la festiva presencia de multitudes en casi todas las plazas del país.
Si muchos exponentes del neoliberalismo consideran esta fecha como una manifestación de nostalgia es porque la reducen al horror de los secuestros, la tortura y la desaparición. Este es el aspecto en el que todos coinciden –en apariencia- al cuestionar la dictadura del ’76 y si evitan avanzar un poco más es porque no les conviene. Por eso prohíben en los informativos de Radio Nacional hablar de dictadura cívico-militar, para que todo quede como la chifladura de unos generales desencajados. Cuanto mucho, pueden apelar a la teoría de los dos demonios, que interpreta al terrorismo de Estado como una excesiva respuesta a la violencia guerrillera y no como delito de Lesa Humanidad. Pero no van más atrás, a los bombardeos en la Plaza para matar a Perón, al golpe del ’55, los fusilamientos o la proscripción. Ahí, los verdaderos impulsores de casi todos los golpes de Estado construyeron una coraza que les permite gobernar el país a su antojo y operar la destitución cuando un gobierno popular debilita un poco su capacidad de daño.
La oligarquía de ayer y el establishment de hoy acusan a medio mundo de corrupción, pero sus integrantes jamás se han sentado ante un juez, aunque haya sobradas pruebas para que estén tras las rejas. Si hubo golpes de Estado fue para proteger intereses y privilegios de esa minoría que cree ser dueña de todo y pretende apropiarse de mucho más. Que Macri recuerde la dictadura como una “época de división entre los argentinos”, es como una confesión de parte. Eso que él llama división, en realidad es la resistencia a la inequidad que Ellos quieren imponer. Si el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay confiesa que “hasta ahora estuvimos acomodando la basura”, es porque están transformando al Estado en un facilitador del saqueo empresarial y financiero que se viene. Para Macri y su Gran Equipo, la basura son las barreras que nos protegen de la avidez del Poder Económico y el Estado como garante de la dignidad de los más vulnerables. La basura, para ellos, somos todos los que estuvimos presentes en la tarde del jueves, no sólo para conmemorar el aniversario del golpe del ’76 sino también para rechazar el ideario económico que lo impulsó, que es el que hoy están restaurando.
Otro ítem de la Pesada Herencia
Aunque los medios hegemónicos trataron de ignorarla, la marcha por el Día de la Memoria trascendió por su contundencia. Miles y miles de personas volcadas a la calle no pueden ocultarse con las vacaciones sureñas de la familia Obama. Tanta voluntad de movilización, tanto compromiso organizativo, tanto fervor en el encuentro no tenían como único objetivo conmemorar el golpe y repudiar el plan económico del Gran Equipo. Además de los despidos, la censura y la persecución política, la visita de Obama y el acuerdo con los buitres fueron también los blancos de las protestas de la multitud. Una señal de alerta para los senadores que tienen la posibilidad de revertir la entrega que ya se concretó en la Cámara de Diputados.
No puede ser que nuestros representantes no perciban la desconfianza que nos provoca la proximidad de los carroñeros. ¿O acaso no olfatean una trampa en la premura con que el gobierno de EEUU se presenta como amicus curiae en la Corte de Apelaciones para facilitar los pagos? ¿O también se muestran satisfechos, como Hernán Lombardi al decir que “la visita de Obama significa que volvemos al mundo”? ¿O quizá comparten el optimismo del embajador en el Imperio, Martín Lousteau que interpretó el hecho como un signo de que “Argentina está en la agenda internacional”? ¿O no les provoca cierta aprensión –para no decir repulsión- que el empresidente esté fascinado con tan ilustres visitantes?
La marcha del jueves interpela a la memoria: ¿cuándo nos benefició la proximidad con ese país? Si a comienzos de este siglo, cuando más necesitábamos ayuda, los que nos arrastraron a la crisis se burlaron de nuestras desgracias. ¿Para qué los senadores van a actuar como opositores responsables o razonables, para que el gobierno amarillo siga denostando a la fuerza política con la que accedieron a sus bancas; para que sigan ajustando, menospreciando, excluyendo, empobreciendo a la mayoría?
Si no entienden esto no entienden un pepino y no sirve de nada que repitan como loros Nunca Más una vez al año. Esta frase histórica incluye los propósitos macristas de convertirnos en una presa fácil de la avaricia financiera internacional, la que desmanteló nuestra industria en la dictadura, se apropió de nuestro patrimonio en los noventa y nos desintegró en 2001. En las Plazas del jueves no sólo estaban los que presenciaron esos momentos: además de abuelos y padres, también había hijos y nietos como la transmisión de un legado, como una garantía de continuidad en la Memoria. Muchas generaciones confluyeron para repudiar el pasado, rechazar el presente y garantizar el futuro. Un país que está a un paso de repetir sus peores errores, a punto de caer al abismo del que estábamos casi por salir.

Abril

El gobierno imposible
“Todo no se puede”, respondió el empresidente a un ex combatiente de Malvinas. ¿Todo? Si desde que comenzó la ceocracia amarilla no han tomado una sola medida a favor de los trabajadores. ¿Por qué no dio esa respuesta a los buitres? Después de haber coqueteado en el Imperio durante varios días para tramar la entrega del país y destinar menos de diez minutos a homenajear a los caídos, la contestación de Macri sobre la situación laboral de los familiares de los Héroes fue ésa: “todo no se puede”. Cuando la impronta es enriquecer a los que más tienen, el ciudadano de a pie queda desamparado ante un Estado injusto. En estos días, circuló la sensación del fin de la luna de miel con el flamante gobierno. Sin embargo, gran parte de los argentinos nos preguntamos cuándo comenzó tan idílico período, si desde mucho antes de asumir, Macri y su Gran Equipo sólo nos han destinado desprecio y mucha hiel.
Para las expresiones despectivas no tienen límites: grasa militante, vagos, ñoquis, chorros, basura. Para desechar voces críticas de los medios públicos y presionar para el silencio en los privados tampoco se contienen mucho. Menos aún para contribuir al llenado de las billeteras de agrogarcas, especuladores y fugadores. Hasta sorprendieron a las empresas mineras con una quita de retenciones que nadie había reclamado. El ocupante ocasional de La Rosada no respondió “todo no se puede” al Grupo Clarín, sino que desmanteló con un par de firmas las reglas para democratizar la comunicación y acondicionó el “Fútbol Para Todos” para que los medios dominantes se hagan un festín. No, para los sectores poderosos de la economía vernácula todo es posible porque la impronta empresarial ha colonizado el gobierno. Para el resto, hay imposibles de sobra.
Todo no se puede, aunque ya han batido los peores records desde que desembarcaron en la Casa de Gobierno, desde pisotear la Constitución a fuerza de decretos hasta incumplir con los más elementales derechos, desde las promesas de campaña que no pensaban hacer realidad hasta las mentiras más flagrantes que se puedan imaginar, desde el marketing embrutecedor hasta un silencio mediático que ensordece, desde el cinismo más evidente hasta el cipayismo más insultante. Desde que asumió Mauricio Macri la presidencia de la Nación, junto a su pandilla, no se ha privado de nada, pero a un soldado de Malvinas, en su día, responde todo no se puede.
Un listado que da miedo
Enumerar todas las medidas tomadas por el Gran Equipo en perjuicio de la mayoría resulta doloroso, pero a la vez necesario. La quita de retenciones, además de encarecer los alimentos, es una renuncia a la recaudación; la eliminación de los cupos de exportación también contribuye a despoblar nuestra mesa; la devaluación de la moneda y la supresión de los controles cambiarios facilitaron la fuga de divisas más alta de los últimos cuatro años; la eliminación de límites y aranceles a la importación no sólo desfinancia al Estado sino que amenaza la producción local y por tanto, generará desempleo; los masivos despidos en las áreas públicas empobrecen a los víctimas, ponen en riesgo el mercado interno, aplanan el salario y se convierten en una invitación al desempleo en el ámbito privado. Ningún funcionario dijo todo no se puede al tomar estas decisiones.
Mientras los medios cómplices nos aconsejan cómo espantar mosquitos con un diario viejo, la epidemia de dengue avanza ante la inacción de las autoridades. Lejos de iniciar una campaña para concientizar a la sociedad, desmantelan áreas del Estado que contribuyeron a frenar la expansión del brote en 2009, como las cooperativas del programa Argentina Trabaja. En lugar de apelar a la tarea comunitaria para descacharrizar los barrios, estigmatizan a la juventud militante mientras sus voluntarios siguen repartiendo globitos.
A la vez que las usinas de la alegría –que antes eran de estiércol- nos sugieren tretas para ahorrar energía, los funcionarios amarillos multiplican las tarifas de los servicios públicos. Y los verdaderos periodistas militantes ni se inmutan ante las absurdas justificaciones que dan los funcionarios. Por el contrario, se abrazan a la terminología amarilla y apelan a falacias como ‘sinceramiento’, ‘readecuación’ y ‘gradualismo’ sin que les tiemble la voz. Hasta son capaces de exaltar las bondades de la bicicleta antes y después de ir a trabajar porque contribuye a fortalecer nuestros músculos y bajar el colesterol, además de ahorrar las suculentas cuotas del gimnasio. Aunque ahora simulen ser críticos con el crecimiento de la pobreza, sólo están presionando para obtener más ventajas.
El ministro de Energía, Juan José Aranguren, apeló al latiguillo de la mirada a largo plazo para justificar los groseros porcentajes de incremento en las tarifas de su área. Esto es para “poder tener la energía necesaria para sostener la actividad económica”, aseguró el funcionario, sin pensar que con todas las medidas tomadas la actividad económica tenderá a la baja. Si en 2015 tuvimos un crecimiento de 2,1 puntos –reconocido por el actual INDEC- el primer año de Macri será de notoria decadencia. Los voceros mediáticos del establishment no se percataron de esta paradoja ni de la bestial defensa que el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, realizó de los aumentos en trenes y colectivos. “A la gente esto le impacta –expresó el funcionario- parte del populismo es esto de acostumbrarte a recibir cosas gratis”. En primer lugar, si bien las tarifas de transporte en CABA y el área metropolitana eran mucho más bajas que en el resto del país, no eran gratis. En segundo lugar, y esto es lo más preocupante, si para los funcionarios amarillos ayudar a que la población viva mejor es populismo, estamos al horno.
Nada de todo esto sorprendió a los apologistas de la prensa hegemónica. Ni siquiera las declaraciones de la siempre sorprendente –para mal- Gabriela Michetti. “El Estado se tiene que encargar de lo que se tiene que encargar –sentenció la vice presidenta- y las cosas que no puede hacerse cargo, porque en definitiva no le corresponde, las tiene que pagar el ciudadano”. Después apeló al nivel de atraso, locura, demagogia y populismo, pero no es eso lo importante. Ella dio en la tecla, aunque muchos no lo puedan comprender. No existe un parámetro universal y válido de lo que tiene que hacer un Estado por los ciudadanos: es la mirada ideológica lo que define ese punto. Mientras reniegan del Estado de bienestar, implementan uno que algunos consideran mínimo pero que está al servicio del enriquecimiento de una minoría. Mínimo para los de abajo, máximo para los de arriba. No hay pesada herencia, sino puro egoísmo.
Entonces, el todo no se puede de Macri no es imposibilidad, sino una decisión política. Querer es poder, dice un conocido refrán. Ellos no pueden porque no quieren. O mejor, porque no nos quieren. En el país con que sueña el Gran Equipo no caben 40 millones sino menos de la mitad. Como no pueden echarnos, tratan de excluirnos. Pero por más que provoquen los desastres más disparatados, no abandonaremos lo que es nuestro. La luna de miel que todavía no empezó está a punto de terminar. Y si continúan gobernando para una minoría en perjuicio de todos, lo más probable es que terminemos en divorcio. Como todo no se puede, habrá que hacer lo que quiera la mayoría, aunque en las urnas haya metido la pata.

CFK: una antorcha entre las sombras
Las fotos de la semana desconciertan al oficialismo. A pesar de todos los intentos de los últimos años para demonizarla a través de la agobiante cadena de los medios hegemónicos, CFK continúa convocando multitudes. Sin dudas, algo insólito en nuestra historia reciente. Desde el retorno a la democracia, ningún mandatario despertó tanta pasión, salvo Raúl Alfonsín, pero mucho tiempo después de dejar la presidencia. Desde que salió de su casa en El Calafate hasta que saludó en el balcón de su departamento en la CABA, Cristina no estuvo sola. Y, a pesar del mal tiempo, miles y miles estuvieron en Comodoro Py para acompañarla en esta incoherente y vengativa indagatoria judicial. Mientras tanto, el presidente off shore debe conformarse con actos en compañía de funcionarios e invitados obligatorios, vallas callejeras despobladas, casi nula repercusión mediática y algún que otro empujón de un ciudadano indignado. El contraste es evidente y demuestra que el tibio triunfo electoral no es más que una travesura numérica de la que muchos están arrepentidos.
Travesura que ya está dejando huellas de desigualdad y recesión. La Revolución de la Alegría es un verdadero bajón. En cuatro meses, el Gran Equipo no ha tomado una sola medida que pueda alegrar a nadie, salvo a esa minoría ahíta de riqueza, ésa que sólo ha producido angustia en la historia del país, ésa que hasta ahora ha gobernado con su mafioso poder de daño a través de cómplices o marionetas, civiles o militares. Hoy, uno de ellos ha desembarcado en La Rosada y transformó el país en una empresa más administrada que gobernada. En cuatro meses, no ha dejado promesa sin incumplir, derecho sin pisotear, conquista sin romper.
En algo más de 120 días, el Gran Equipo confeccionó una pesada herencia que será difícil desmontar. En poco tiempo hemos retrocedido muchos años porque la receta de manual que han aplicado no sirve para solucionar problemas, sino para generarlos. En lugar de Pobreza Cero, agregaron más de un millón de pobres nuevos; lejos del desarrollo, la caída del mercado interno está ocasionando cierre de fábricas y negocios; en lugar de cuidar el empleo, convierten los despidos en una práctica cotidiana; si el déficit fiscal era mínimo, ahora lo multiplicaron con la apertura de las importaciones; la inflación, que no era un problema, se transformó en acuciante. Encima su caballito de batalla –solucionar la deuda con los buitres- cada vez se complica más y amenaza con ser una de las más cruentas trampas en las que hemos caído.
Uno se pregunta, después de todo esto, si son sorprendentemente tontos o inevitablemente malos. Por si todo esto fuera poco, Macri intenta explicar y entusiasmar, pero sólo logra indignar. Pensar que estas medidas regresivas nos conducirán a “un proceso de crecimiento inédito” es no entender nada; creer que los tarifazos “duelen y desesperan” al empresidente es pecar de ingenuidad. En lo que seguramente no está mintiendo es en que está “haciendo lo mínimo posible” para que “todos lleguemos a buen puerto”. Claro, casi todos nos damos cuenta de que está haciendo lo máximo para estamparnos contra el primer iceberg que se cruce en el camino.
Ninguna igual
En medio de este tenebroso panorama, la venganza del establishment no salió del todo bien. Si el juez Claudio Bonadío pretendía humillar a CFK, consiguió todo lo contrario. Si Mauricio Macri venía a terminar con la Cadena Nacional, las pantallas del mediodía estuvieron con Cristina. Si querían el fin de ciclo, están haciendo todo para reiniciarlo. Los miles que se convocaron en los alrededores de Comodoro Py serán los encargados de hacerlo. La inconsistente causa en la que debió declarar se convirtió en la excusa para su reaparición; la comunión entre la oradora y su público hizo retroceder al frío y al final, invitó al sol para que se sume al reencuentro. Mientras Ella iluminaba las pantallas, Macri balbuceaba desde un rincón de Salta, en la casi soledad de siempre, con más tedio que épica.
Durante cuatro meses, se burlaron de su silencio. Después de que habló, las harpías bulleron de envidia. Cristina lo explicó con eso del “respeto a la voluntad popular”, que parece ser una obligación para los opositores, pero algo despreciable para el oficialismo. Cumplir con la voluntad popular no sólo es aceptar los resultados por parte de la oposición, sino también hacer realidad todo lo prometido por parte de los oficialistas. “Nunca vi tantas calamidades cometidas en 120 días”, lamentó Cristina, desde el improvisado palco.
Además de eso, se encargó de marcar el contraste de una protección mediática que blinda a un presidente inaceptable con la alegría y la esperanza que CFK inspira a sus seguidores. Una mujer que se enfrenta sin fueros a todas las patrañas mediáticas convertidas en denuncias judiciales, la persecución vengativa de una mafia que termina enalteciéndola. "Estén muy tranquilos –aclaró- me pueden citar 20 veces más, me pueden meter presa, pero no callar”. Y eso es lo que más temen las fieras que se acurrucan en rincones oscuros: Cristina tiene voz y sabe usarla mejor que nadie. Sin fueros, sin el aparato estatal, sin la parafernalia mediática, sin banda presidencial, Cristina convocó a más de 200 mil personas bajo una lluvia torrencial. Y el país, sin dudas, se detuvo por una hora y Ella volvió a estar en el centro de la escena.
La pavada por la que un juez la citó no la transformó en una rea ni en una mártir, sino en una indiscutible líder tanto para la política nacional como hacia el interior del Justicialismo. Desde ese escenario impensado, CFK se encargó de formular muchas críticas a la gestión de Macri, no sólo a su nefasta política económica sino a su colorido prontuario. “¿Se imaginan si yo hubiese sido presidenta con antecedentes de ser absuelto por contrabando agravado? ¿Se imaginan si me hubiesen encontrado cuentas offshore a mí?”, se preguntó. Cristina no tiene más fueros que el amparo de sus seguidores; Macri, en cambio, ostenta una nociva protección tanto judicial como mediática y en lugar de rendir cuentas ante la Justicia, juega a ser presidente. “Tanto que buscaron la ruta del dinero K, se encontraron con la ruta del dinero M”, ironizó Cristina.
Un detalle gracioso de la jornada del miércoles fue la confusión de noteros y comentadores mediáticos: por costumbre o por mérito omitían el ‘ex’ cuando hablaban de La Presidenta. Detalle despreciable o significativo. Como si el ‘ex’ desentonase con el cargo que ha ocupado durante dos períodos. Ineludible, indiscutible líder que hasta propuso la construcción de un gran frente ciudadano que pronto se volverá realidad. Por eso el ‘ex’ está de más. El deterioro de nuestra vida en estos cuatro meses hace que muchos empiecen a extrañarla. Con Ella, el ‘ex’ antes de ‘presidenta’ parece sobrar; en cambio, con Macri, no vemos la hora de agregarle un ‘ex’ gigante.

Los mensajes del símbolo
Un video circuló por la web y sus interpretaciones permitieron saborear una vez más la creatividad de los usuarios de redes. En la ciudad formoseña de Clorinda, justo cuando los miembros del oficialismo se mostraban exultantes por el pago a los buitres, una bandera con mástil portátil cayó sobre la espalda del empresidente Macri. Un incidente insignificante, risueño, fortuito. Aunque su trayectoria podría haber sido otra, finalmente fue ésa. Una muy oportuna travesura del viento. Como una metáfora diseñada por la casualidad, la bandera lo castiga por entregar tan dócil nuestro patrimonio. Una pavada o una señal para el único mandatario que asumió sin jurar con patriotismo. Un hecho despreciable o una venganza del símbolo. Un blooper entre tantos o un ejemplo a seguir por otras banderas que se crucen en su camino. O tal vez puede ser una advertencia sobre lo que será el futuro del país si el Gran Equipo continúa con sus planes de despojarnos de todo para beneficiar a unos pocos.
El día de su asunción, Macri decidió jurar con una honestidad en la que nadie cree, en lugar de hacerlo por un patriotismo que no siente. Estas dos palabras no le cuadran. En realidad, ninguna le sienta bien. Los vocablos se enredan en su boca, se atropellan, se amontonan, se confunden. Tanto él como la vicepresidenta no se caracterizan por la elocuencia, sobre todo cuando tienen que defender lo indefendible. Los intentos de Gabriela Michetti por atenuar el affaire de Costa Salguero no quedarán en la historia como las mejores muestras de sabiduría dirigencial. Después de su hit –ahora negado- “la droga mata tanto a los pobres como a la gente normal”, probó poner como excusa el tamaño de las pastillas. Por lo que parece, la pesada herencia no incluye una lupa para detectar el narcotráfico en sus propias filas.
Pero volvamos a la bandera y su gesto enmendador. En ese momento, el presidente Off Shore estaba protagonizando uno de sus innumerables furcios. A punto de decir ‘trabajadores de calidad’, corrigió y terminó prometiendo ‘trabajo de calidad’. Y entonces, actuó la bandera para llamar la atención sobre ese lugar tan común. En boca de un dirigente gremial, es obvio que la calidad es en beneficio del trabajador. Pero cuando un empresario jugando a presidente la utiliza, la cosa es distinta. Entonces, la calidad se refiere a las ganancias que genera para el empleador. La bandera nos advierte que el trabajo de calidad que Macri promete es el que permita sacar la mayor cantidad de jugo posible de un trabajador. Eficiente, laborioso, sumiso y sobre todo muy barato será el ‘trabajador de calidad’ que se escabulló de su balbuceante aparato fonador. La bandera nos avisa que se vienen tiempos de explotación y no hay que desdeñar su mensaje.
El amarillo vs la Celeste y Blanca
No sólo la bandera nos alerta sobre esto: el pasado nos muestra las heridas de un país al servicio de una minoría. Cuando el establishment gobierna, nos convertimos en piezas de un juego siniestro, en variable de sus ganancias y en obstáculos para su avaricia. Todo junto o secuenciado. Ahora, el Poder Económico administra el país a través de sus ceos que nos ajustan, nos sinceran, nos ‘modernizan’. Muñecos insensibles y desangelados nos prometen un paraíso a largo plazo mientras nos hacen andar por un inexplicable sendero repleto de escenas tortuosas, perversas, inhumanas. Las excusas abundan y son contradictorias, desde la pesada herencia hasta el bienestar inmerecido, desde un sacrificio imprescindible hasta un castigo ejemplar. A veces, hasta llegan a negar las consecuencias de sus decisiones y burlarse de nosotros como Prat Gay con la ‘sensación térmica’ en el tema de los despidos.
Después de haber abonado a los buitres todo lo que requerían y algo más, Macri y su Gran Equipo están clamando por inversiones para generar empleos de calidad que, como ya vimos, no es lo que parece significar. Lejos de redundar en desarrollo, esos capitales que caerán sobre nuestras tierras sólo provocarán más desolación porque serán especulativos. Como en décadas pasadas, succionarán mucho más de lo invertido y nos dejarán en la ruina. Si desde que asumió Macri, la fuga de divisas fue de casi mil millones de dólares por mes, ahora que no tendremos restricciones externas, el torrente fugador será imparable. Para que caiga esa lluvia ácida, hay que garantizar una rentabilidad tentadora y el salario forma parte de esa tentación. Cuanto mayor desempleo haya, más bajos podrán ser los sueldos. Mientras más fácil sea el despido, más condicionado estará el trabajador. Extorsionado, además.
Por eso Macri y su Gran Equipo están contra el proyecto de emergencia laboral, que por fin unifica a gran parte del arco opositor. Con el veto presidencial ya preparado, el Ocupante Temporal de La Rosada consideró que la iniciativa opositora “va a favor de la arbitrariedad y aleja las inversiones”. Más arbitrariedad con la que el Estado Amarillo expulsó a sus empleados no vamos a encontrar en nuestra historia reciente. El trabajo es un derecho y es en esas condiciones en que deben darse las inversiones. Pero para Macri y su pandilla, el trabajo es “una bendición” y los inversores serán los enviados divinos que la distribuyan.
Y después, el empresidente –en un abuso de la desmemoria de sus seguidores- consideró que “no podemos repetir errores con fórmulas que ya probamos en el pasado”. Justamente él dice eso, cuyas recetas gubernamentales hieden a naftalina y nos han conducido a la peor crisis de nuestra historia. Insistente en sus inconsistencias, aconsejó no hacer “cosas que no sirven”, aunque en realidad esa ley que se aplicó desde 2002 permitió una notoria disminución del desempleo. Y en su mayor expresión de cinismo, propuso trabajar juntos “en lo que suma”, que debe ser la ausencia de controles a los más grandotes para que sigan fugando a cuentas off shore. Eso, para él, es sumar.
Entonces, apareció la bandera, con los colores que le imprimió Belgrano, con la valentía que le insufló San Martín y con la Independencia que deberemos refrendar dentro de un par de meses. El símbolo que nunca vota, el viernes dio su veredicto. Si hoy estamos en dificultades es por decisión del Gran Equipo. Y no vamos bien, al menos para la mayoría. Tampoco nos espera ningún paraíso al final de este camino. El modelo cruel que están restaurando no está pensado para 40 millones. No habrá desarrollo ni pobreza cero en los planes de esta ceocracia. Las cuentas off shore están dispuestas para resguardar el botín y Ellos están en todo. Si la bandera hablara, nos diría todo esto, pero en su mudez celeste y blanca, sólo pudo dar una oportuna advertencia con forma de travesura.

Mayo

La libertad de las fieras
Un conocido escritor latinoamericano –“de cuyo nombre no quiero acordarme”- visitó en estos días el país para respirar los “nuevos aires de libertad” que soplan con el gobierno de Macri. Después de celebrar con “simpatía y alegría” el regreso a “la razón, la sensatez y la cordura”, pronunció una frase que puede inspirar miles de ironías: “el paraíso no es de este mundo”. Como uno de los involucrados en los Panamá Papers, debe conocer muy bien la localización de los paraísos, aunque se resista a revelarlo. Y con la investidura de intelectual que ostenta debería sospechar que el modelo económico que defiende ha sido responsable de desatar varios infiernos en distintos puntos del planeta. ‘Libertad’ y ‘paraíso’ en el imaginario de personajes como éste sólo pueden provocar una opresión infernal en los pueblos que padecen la lógica del derrame que vuelve a invadir estas tierras.
En esas bocas, ‘libertad’ se transforma en palabrota, pues no es más que la pulsión de especular y vaciar los países en donde se instala. El Escribidor festeja la cordura de que el Banco Central eleve a cinco millones la adquisición de dólares para favorecer la fuga de capitales, que ya está batiendo un récord. Y la fuga –ya sabemos- se transforma en deuda. Entre todos financiamos la acumulación de unos pocos con la precarización cotidiana a la que nos someten los que venían a distribuir alegría. La claudicación con los buitres permitirá tomar dinero afuera a bajo costo, colocarla en pesos a tasas altas –el 38% anual- convertirla a dólares y enviarlas a algún paraíso inexpugnable. La famosa Bicicleta Financiera de Martínez de Hoz que funcionó con altibajos hasta entrados los noventa. Bendita libertad para una minoría que empobrece a millones.
“El retorno de la razón”, festejó el Premio Nobel; una razón que no tiene que ver con el raciocinio, sino todo lo contrario. Razón que es el retorno de un discurso único destructivo, la imposición de los argumentos de los poderosos, siempre latentes en el sentir de los colonizados. Razón que significa satisfacer sin límites la avaricia de los que más tienen a costa de sumergir al resto, como hemos experimentado muchas veces en nuestra historia. Una razón que obliga a arreglar con premura el conflicto con los empleados bancarios y que deja correr el tiempo con los docentes universitarios: un banco no puede estar cerrado, pero nada importa lo que ocurra con una universidad. Razón que es desplegar un vocabulario razonable cargado de cinismo, en el que bajos salarios, nulos impuestos y cero controles significan ‘competitividad’. Razón que es calificar como republicano a un Estado cómplice y como corrupto a uno benefactor. Pero la razón que ellos impulsan no es más que un desenfrenado latrocinio que sólo produce desolación.
La venda que tapa el bosque
Mientras la Pluma del establishment pondera al nuevo gobierno argentino desde un atril consagrado, la oscura realidad que subyace pugna por volverse tapa. Nada es lo que dicen que es y, peor aún, lo que será. El sacrificio que estamos ofreciendo en el altar del Mercado no nos traerá el bienestar prometido. Como en otros momentos de nuestra vida, siempre nos exigirán nuevos sacrificios para llenar una copa que nunca se llena, que jamás derrama, siempre sedienta. El Gran Equipo despide empleados, elimina subsidios, cercena organismos y paraliza la obra pública, sin embargo el Banco Central ha girado al Tesoro 42 mil millones de pesos en estos cuatro meses, cinco veces más que en el mismo período del ciclo kirchnerista. El Gobierno dice que ahorra, pero en realidad gasta mucho más haciendo mucho menos. Y encima no recauda tanto porque ha renunciado a las retenciones y a los aranceles por importación, entre otras cosas. La maquinita tan denostada debe estar emitiendo a su máxima potencia, aunque para el Gran Equipo eso ya no es problema.
Esta extraña libertad también celebra el silencio y alienta el ruido mediático que ensordece. Como los medios dominantes no pueden transformar desempleo, inflación y tarifazos en alegría, intentan justificar un presente nefasto con un colorido combo conocido como pesada herencia. Entre sus principales ingredientes, está la corrupción por entregas que, con el título la ruta del dinero K, entretiene al público cautivo y explica el deterioro de sus días. Voluntarios judiciales disfrazados de jueces ponen su grandilocuencia a disposición de las hipótesis más disparatadas. Pero cada línea de investigación que persiguen los aleja de la ficción que quieren demostrar y los acerca cada vez más a los prístinos gobernantes.
Durante meses, el nombre de un empresario se ha convertido en el símbolo de la corrupción gracias a titulares insistentes y malintencionados. Lázaro Báez hasta en la sopa, como el principal beneficiario de las obras públicas del gobierno kirchnerista. Además, es presentado como el lavador oficial y un video con whisky y billetes apareció como la prueba más contundente. Sin embargo, más allá de los ilícitos que pueda haber cometido, el Grupo Austral recibió apenas el 0,3 por ciento del presupuesto destinado a la obra pública, unos 1019 millones de pesos y ocupó el puesto 40 de las firmas contratistas del Estado. Además, el 90 por ciento del trabajo fue terminado y el resto está en ejecución. Si la preocupación fuera investigar la malversación de los fondos públicos en serio, también deberían estar en la mira las 39 empresas que la anteceden, entre ellas Techint (4,81 por ciento), Electroingeniería (4,61) e Iecsa (4,18), de la familia presidencial, que encabezan el listado.
Pero no les interesa la transparencia, como puede comprobarse con la presencia en los ministerios de ceos que favorecen a las empresas de las que provienen y la suculenta participación de muchos integrantes del Gran Equipo en empresas off shore. Con el estigma de la corrupción sólo atacan un modelo político desde el lenguaje que mejor manejan: la desideologización. Con el denuncismo patológico de periodistas y políticos sólo quieren tapar el país que nos están dejando, la verdadera pesada herencia con la que tendremos que lidiar dentro de poco. La propuesta electoral que se presentó como el cambio, en pocos meses multiplicó la deuda externa y habilitó un torrente que será interminable; convirtió en pobres a casi dos millones de argentinos; potenció la inflación y deterioró nuestros ingresos; destruyó puestos de trabajo con la importación indiscriminada, entre muchas otras tropelías que sería agotador enumerar.
El cambio que muchos encumbrados celebran es el retorno a nuestros peores momentos. Detrás de las palabras amables, casi susurradas, se esconden las peores intenciones. La cadena nacional de los medios cómplices se convierte en una venda que impide que algunos conciudadanos adviertan la estafa de la que han sido víctimas. Pero es tan frágil que no tardará mucho en deshacerse.

Una escalera al infierno amarillo
La meritocracia –tan debatida en estos días- porta más perjuicios que bondades. En principio, parece ideal un sistema que premie a los que demuestran tener méritos suficientes para el lugar que intentan alcanzar en la sociedad, aunque incluya competencia permanente y aliente posiciones individualistas. Hasta puede parecer tentadora una sociedad en la que cada miembro deba superarse a sí mismo a toda hora todos los días, más allá de lo agotador que resulte. Sin embargo, hay dos aspectos que convierten en imposible este peligroso ideal: el punto de partida y los encargados de establecer las metas. Si todos los participantes están en condiciones de igualdad al momento de comenzar la carrera y si las reglas fueron convenidas y no impuestas, podría empezar a discutirse la posibilidad de la meritocracia. Como el mundo es desigual desde hace mucho tiempo y está gobernado por una minoría insaciable, instaurarla no sería más que un intento de legalizar la explotación de una mayoría cada vez más empobrecida.
La meritocracia encierra la promesa de un ascenso social de escalones bajos pero muy difíciles de escalar. Las exigencias son ilimitadas y los premios, exiguos. Sumisión, obediencia, humildad y una dedicación rayana a la obsecuencia componen el entramado del sayo que debe vestir el aspirante. La única ambición es despertar la complaciente sonrisa del Amo Invisible representado por un igual que está apenas unos escalones más arriba. El mayor temor, que un fallo nimio provoque el escarnio de descender unos peldaños o quedar fuera del juego. A pesar de estos riesgos, la meritocracia destila un tentador aroma posmoderno y encierra una irresistible lógica mundana. Hasta parece un método justo y amable de ordenar la sociedad. Y, sobre todo lima las asperezas ideológicas que encierra toda relación laboral.
La meritocracia es muy PRO y como no podía ser de otra manera, el empresidente Macri firmó un convenio con Arcos Dorados-Mc Donald’s Argentina para concretar la promesa del programa Primer Empleo. Esta empresa imperial de comidas rápidas es el emblema del sistema de felicidad explotadora meritocrática y ofrece 5 mil puestos de trabajo para jóvenes de sectores vulnerables. Para el ministro de Trabajo Jorge Triaca, “a partir de este tipo de acciones, muchos podrán acceder al primer empleo y adquirir los conocimientos básicos para incorporarse al mercado del trabajo”. Siempre y cuando acepten trabajar 30 horas semanales por 4800 pesos al mes. Y además, el Estado se vuelve cómplice de la explotación al abonar casi un tercio del salario para beneficiar, una vez más, a los que más tienen. Como contrapartida, los amarillos dan la espalda a las cientos de cooperativas que se han formado en estos años para brindar dignidad a miles de trabajadores.
Excesos de los participantes
Pero la meritocracia PRO es todoterreno. En estos días hemos presenciado las más ominosas muestras de este perverso modelo. Algunos participantes hacen lo imposible para seguir en carrera, aunque deban ofrendar lo poco que les queda de dignidad. El establishment es severo a la hora de evaluar a los jugadores y nada puede atenuar su sentencia. Por eso, lo más conveniente es satisfacer sus exigencias, por más absurdas que sean. Margarita Barrientos, la militante mimada por los amarillos, tuvo que hacer una recorrida mediática para trepar un poco la escalera. La opereta tenía como objetivo horadar la figura del Papa que, según parece, no hace más que destinar su simpatía hacia el ideario K.
Cuando Bergoglio se transformó en Francisco, los miembros del Círculo Rojo esperaban tener en el Vaticano un aliado para la restauración. Pero no, lejos del Papa opositor que deseaban tres años atrás, se toparon con uno casi camporista. Después de encontrarse muchas veces con Cristina y manifestar un “especial afecto”, los voceros del Poder Real comenzaron a cuestionar sus gestos. Y a enloquecer con sus mensajes en contra del capitalismo salvaje y el consumismo enfermizo. El rictus malhumorado del Sumo Pontífice al recibir a Macri ya como presidente indignó a los que se desesperan por mostrarse oficialistas. Y ahora que recibirá a Hebe de Bonafini lo han convertido en el anticristo. Los pucheritos de Barrientos ante las cámaras intentaban evidenciar que Francisco ha tomado partido por un lado de la grieta y no el oscuro, precisamente. La fundadora del Comedor Los Piletones padece las consecuencias de sus contradicciones. Que un pobre apoye a un gobierno para ricos es mucho más que un error de clase, más aún cuando ella misma reconoce que desde la asunción de Macri se incrementó en un 50 por ciento los que van a comer a su institución.
Pero no es el único personaje que deja todo en pos del ascenso social. Otro que se inmola por la causa anti-K es el juez Claudio Bonadío, que no se inhibe de crear adefesios procesales con tal de brindar titulares al Grupo Clarín. Hasta sus superiores de la Sala II de la Cámara Federal admiten que el multi-denunciado magistrado siempre incurre en numerosas irregularidades en cada causa que cae en sus manos. Con el procesamiento a Cristina, Axel Kicillof y otros ex funcionarios está pidiendo a gritos su destitución, pues no hay delito en el caso del dólar futuro. Por el contrario, los sospechosos están del otro lado y son los actuales funcionarios que devaluaron la moneda para obtener enormes ganancias con esa operación. Si no hubieran tomado esa medida, el Banco Central hubiera ganado, en lugar de perder. Pero como el mamarracho de Hotesur se está desarmando y el lavado de dinero de Lázaro Báez se aproxima cada vez más a Macri, nada mejor que un bochornoso proceso para distraer la atención.
El juego de la meritocracia es muy cruel. Todos los participantes pierden una parte de sí mismos con cada escalón que superan. Los que llegan no son como eran y se transforman en seres viles, desconfiados, traicioneros, engreídos. Aunque se crean cerca de la cima, siempre les quedará un poco de ser para abandonar y algunas dignidades que pisotear. Y la mirada del Amo nunca los abandonará para premiar o castigar cada paso.
Como triste consuelo, Macri no es el Amo, sino apenas un participante destacado. Tanto él como sus funcionarios compiten en esta carrera por el mérito. La mirada que evalúa está más allá de nuestras fronteras. Por eso hacen buena letra y amoldan el país a los requerimientos del Norte; por eso hablan de libertad de comercio y supermercado del mundo; por eso buscan sancionar las huelgas; por eso fueron los primeros en reconocer el golpe de Estado en Brasil; por eso abren las puertas a la especulación financiera. Porque quieren obtener las caricias de los poderosos, aunque para ello deban someter al pueblo que dicen representar. De esta manera, alcanzarán destacados puestos en los cuadros de honor de alguna oficina en Wall Street, pero jamás conquistarán el corazón de los que confiaron en ellos. Engaños y traiciones sólo figuran en las peores páginas de los libros de historia y los amarillos ya tienen ganado su lugar.

Una Patria casi privatizada
La peor foto de la semana es la de la Plaza que Macri quiso. Lejos de las fiestas de los años anteriores, la conmemoración de este 25 de mayo estuvo sumergida en la paz de los cementerios. Vallas que impedían el paso de turistas, caminantes, vendedores y posibles protestones. El único brillo lo aportaron las botas de los uniformados. Las malas lenguas dicen que hubo más banderas durante la visita de Obama. La primera fecha patria de La Revolución de la Alegría se redujo a un puñado de selectos y al tedeum del que el empresidente no salió incólume. Volver a los actos solemnes con discursos vacíos es una señal indiscutible de que no hay mucho para festejar. Cuando unos pocos logran sus objetivos, los brindis se hacen en privado. Que en su jura de asunción haya omitido el ‘patriotismo’ no fue una muestra de rebeldía, sino de su sentir. Muchas señales se pueden apreciar en la postal de esta nueva plaza y entre todas, la más riesgosa: la grieta ya no separa a un gobierno de las corporaciones, sino del pueblo que le concedió el poder.
Gabriela Michetti, en el contexto de los gestos adversos vertidos por Francisco, consideró que la “situación es bastante complicada” y se debe a “una distancia en términos de comprender el proyecto político que estamos llevando adelante”. En eso, la vice está equivocada: tanto el Papa como muchos compatriotas comprendemos muy bien ese proyecto y por eso lo cuestionamos. Ella es la que no comprende por qué el jefe de Estado no salió al balcón a exhibir su cinismo coreográfico o no esté, al menos, “saltando en una pata”, como ella misma graficó. Desde diciembre a hoy, la relación de Macri con sus representados se ha deteriorado, a pesar de los esfuerzos de los medios apologistas. Cuando la peor realidad cruza el umbral de tu casa, no hay pantalla que te pueda distraer.
Si las promesas de campaña cayeron en saco roto, no fue por imposibilidad, sino por decisión. El Gran Equipo ha tomado medidas de catálogo no para bregar por el bien común, como suelen declamar sus integrantes, sino para satisfacer la angurria privada. Si las compras cotidianas se han convertido en un suplicio no fue por un error de cálculo, sino por una exigencia del modelo. Si las facturas nos aterran es porque ellos las han transformado en pesadilla. Nada de lo que han hecho era necesario si lo que buscaban era mejorar nuestra vida. La pesada herencia será la que dejarán ellos. La famosa bomba de la que ahora habla Macri es la que están confeccionando para que estalle en breve. Ellos son los que están generando una crisis y si la Plaza estuvo vallada es por temor a la reacción. Por lo que parece, todos comprendemos lo que está pasando menos Gabriela Michetti, que sigue flotando en una nube de incongruencias y slogans de una campaña que ya ha terminado. Todos comprendemos el modelo que nos está llevando al abismo; lo que no logramos entender es cómo triunfaron en el balotaje.
La comprensión que despierta
Una de las excusas para prohibir el acceso al histórico espacio fue aportada por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que, en su delirio crónico, invocó a todos los fantasmas. Unos quemacoches capturados mutaron en peligrosos terroristas con la intención de provocar disturbios en la Plaza de Mayo. Por eso se sitió el predio, a pesar de la falacia de una funcionaria con tanta responsabilidad. Según Bullrich, “los niveles de violencia son muy altos” y “se quiere generar una situación de descontrol en la calle por grupos que están todos los días haciendo manifestaciones”. La mejor manera de desarticular una protesta es satisfaciendo la demanda, no invadiendo con policías. Pero como la restauración no se detiene en los noventa, los peores vientos setentistas empiezan a apestar el ambiente.
El intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, en su discurso por la fecha patria recicló el detestable ideario de los represores: enemigos de adentro y de afuera, grupos perfectamente organizados, sin patria ni bandera, quieren subvertir valores. No es el único integrante de Cambiemos que ostenta estos conceptos. Si rascamos un poco, no encontraremos muchas excepciones. Con la Plaza vedada, los fantasmas de Bullrich y los dichos de Gay, la foto se vuelve amarilla de tan vieja. Los PRO advierten lo que se viene y están preparando las excusas. Quienes se manifiesten en las calles no será porque están desocupados o hambreados, sino porque han sido cooptados por la subversión que viene a interrumpir tanta alegría. La ministra Bullrich, a tono con el futuro represor, advirtió que “debemos tener cuidado de no entrar en situaciones de provocación que buscan poner al gobierno en una situación límite”. Para ella, la situación límite no es el desempleo que este modelo produce sino la invitación a reprimir.
La vice habla de incomprensión mientras la ministra advierte sobre las provocaciones, aunque en realidad ambas cosas provienen de la misma fuente. Michetti se lamenta porque el Papa no comprende el proyecto amarillo y Bullrich veda la Plaza porque olfatea provocaciones. Ellos ganaron el balotaje con la promesa de Pobreza Cero, de no quitarnos nada de lo que tenemos, de no perseguir al que piensa distinto, de estar de nuestro lado. Si algunos no comprenden es porque están haciendo todo lo contrario de lo que han prometido. Y no nos pueden acusar de incomprensión si interpretamos el accionar PRO como una provocación. ¿O de qué otra manera se puede descifrar la descomunal transferencia de recursos hacia los sectores más poderosos? ¿Cómo puede entenderse que hablen de honestidad y transparencia mientras esconden sus fortunas mal habidas en paraísos fiscales? ¿O que denuncien a los empresarios amigos del gobierno anterior los que han pasado toda su vida succionando los recursos públicos desde la dictadura hasta acá? ¿O que hablen de los intereses del país los que operan para abrir nuestras puertas al Imperio?
Claro que los comprendemos. Mauricio Macri y sus secuaces han engañado a los votantes y nos están provocando desde el mismo momento de la asunción. Y el colmo de la provocación fue la privatización de la Plaza, un símbolo de que nos quieren privar de nuestra historia, de nuestro futuro, de todo. Claro que comprendemos que el engaño continúa. Si las promesas de campaña fueron incumplidas, las que hacen ahora también lo serán. Después de los experimentos tortuosos a los que nos someten no vendrán los gloriosos tiempos de mieles y flores. Si al gobierno de Macri le va bien al país le irá mal.
La Plaza del 25 estuvo vedada porque Ellos saben que empezamos a comprender cómo viene la cosa. La Argentina de Macri no será para todos. Las vallas avanzarán para resguardar a un puñado de privilegiados de una mayoría despojada y enardecida. El bicentenario de nuestra independencia inaugurará el tránsito hacia al país del Centenario: una minoría patricia que goza los bienes producidos por la mayoría empobrecida. Ese día sí debe ser de festejos. Los PRO intentarán copar las calles con protocolo superficial y actos desideologizados para simular patriotismo, un sentir que les es ajeno. El 9 de julio puede ser un día de celebraciones herméticas, reservadas a ceos, obsecuentes, cómplices y algunos confundidos o una jornada ideal para manifestar a la gerencia de La Rosada que estamos dispuestos a recuperar la independencia que en pocos meses comenzamos a perder.

Junio

Amarillo desconfianza
Entre el catálogo de imposibilidades para gran parte de los argentinos y las disculpas de Prat Gay a los empresarios que nos saquearon, los PRO no dejan de desalentar la adhesión. Con la caída de la actividad en diferentes sectores de la economía doméstica y las promesas con plazos postergables, la confianza se vuelve cada vez más frágil. Las excusas recurrentes de los referentes amarillos –la pesada herencia, la bomba y el sinceramiento- convencen a los que aún están enamorados o se obligan a conservar alguna esperanza. Si no disfrutamos de la Revolución de la Alegría es porque no estamos acostumbrados a su amargo sabor o porque no la comprendemos. Así trató de explicarlo Gabriela Michetti en estos días. Mientras el segundo semestre está cada vez más cerca y muchos empiezan a extrañar los años en que estaban mal, los medios apologistas prueban diferentes formas de distracción para tapar todo lo que en otros tiempos habría sido tapa.
La discusión sobre la prensa hegemónica no sólo está en la agenda de algunos intelectuales vernáculos. Desde distintas latitudes, llegan voces críticas sobre su nociva incidencia en la sociedad en favor de los sectores dominantes. Sus construcciones periodísticas distorsivas de la realidad resultan perjudiciales para cualquier democracia. Un par de siglos atrás, las primeras publicaciones contribuían a despertar la conciencia de los oprimidos y buscaban defender a los ciudadanos ante los abusos del Poder. Por el contrario, hoy representan con escaso pudor al Poder que antes combatían, aunque para eso deban fabricar prejuicios para consumidores extraviados y presentar obscenas fábulas como única verdad.
A mediados de los ochenta, el referente del alfonsinismo César Jarovlasky, sostenía que “Clarín ataca como un partido político y se defiende con la libertad de expresión”. Y eso que en aquellos tiempos, el Grupo no era lo que es hoy: un diario, una radio no reconocida, Papel Prensa y no mucho más. El histórico legislador encontraría ingenua su célebre frase si estuviera entre nosotros y seguramente modificaría la primera parte. Clarín ya no ataca como un partido político, sino como un ejército de ocupación dispuesto a conquistar o destruir lo que encuentra a su paso. Y de esta manera, logra imponer un sentido común adverso a los intereses de los ciudadanos que repiten sus conceptos.
Quizá nos hemos encontrado en estos días con algunos transeúntes que hicieron propios los conceptos de Javier González Fraga o Gabriela Michetti. El kirchnerismo “les hizo creer a los empleados medios que podían comprarse un celular o un plasma”, sentenció el primero; “les hicieron creer que podrían vivir de esa forma eternamente”, reforzó la segunda. Por lo menos, son creencias más tangibles que las religiosas. Mucho más creíbles que las promesas de campaña que el empresidente Macri no piensa cumplir. Más aún que la metáfora con que la vice pretende ilusionar a sus incomprensibles seguidores: “vamos a empezar a ver algunas luces este año que nos indican que estamos en un túnel y estamos yendo para la salida, y no para cualquier lado”. Por capricho, cipayismo o tozudez la gerencia amarilla nos ha embutido en un túnel que no es otro más que el del tiempo, cuyo destino es la estación donde se acumulan los peores momentos del pasado.
Golosinas envenenadas
En líneas generales, el discurso PRO es indigerible. Basado en falacias y lugares comunes, sólo busca justificar decisiones dolorosas para el presente y peligrosas para el futuro. También es contradictorio: por un lado prometen que vamos a estar cada día mejor, pero por el otro nos reprochan los disfrutes del pasado. El purgatorio de hoy es por el smart TV, el celular último modelo, el lavarropa, la heladera o el viajecito. Según ellos, nada de eso estuvo, está o estará a la altura de nuestras posibilidades. Todo lo de hoy es por lo de ayer y por eso nos castigan con despidos, tarifazos, devaluación y muchas provocaciones. El cambio se transformó en un castigo y la culpa es nuestro estigma.
El ministro Prat Gay brindó una lección de ignominia al pedir disculpas en España por recuperar el dominio sobre empresas mal manejadas por algunos empresarios. La pérdida de nuestra soberanía es menos importante que encantar a los conquistadores. Y para que no queden dudas, reiteró por dos veces su humillante muestra de sometimiento. Gracias a este personaje ya nos hemos doblegado con inusitada generosidad a la avaricia de los buitres. Seguramente, después de bombardear YPF y Aerolíneas, las entregará a sus antiguos destructores con moño y todo. Por si esto fuera poco, pidió un aplauso para Argentina por volver al mundo de los succionadores.
Unos provocan, otros guardan sus fortunas en paraísos y el resto recita explicaciones inverosímiles. Macri ordena al administrador del fideicomiso repatriar fondos que había negado tener y que no están incluidos en ese simulacro de transparencia. Aranguren compra gas a un país no productor al doble del precio boliviano para beneficiar a una empresa de la que es accionista. Otros especularon con el precio del dólar antes de decidir su nueva cotización. Las fuerzas de seguridad son alentadas para intervenir con ferocidad ante los desbordes por venir y los cuarteles empiezan a recuperar la autonomía perdida. Y todo esto oculto, minimizado o confundido en una parafernalia mediática que busca reforzar un consenso declinante.
Ya lo estamos experimentando: el cambio será tan profundo que, en breve, ni nos vamos a reconocer. Mientras más rápido reaccionemos, menores serán los daños. Y nos quedará bastante de la herencia para iniciar la reconstrucción.

Más amarillo que nunca
El otoño más frío de los últimos treinta años nos toca justo en estos tiempos de tarifas sinceradas. El cambio ha venido con tanto énfasis que ya dan ganas de despedirlo. El túnel en el que nos han metido tiene tantas sorpresas que parece más el de los parques de diversiones, poblado de monstruos, fantasmas y bichos espantosos. No es el del amor que prometieron en campaña, sino el del terror que muchos anticipamos. Encima, ni ellos saben cuál es la extensión del suplicio porque la luz del final ni se asoma. Y cuando se avizore, no sabremos si es la del país luminoso con el que todos soñamos o la pesadilla de la tierra incendiada que inició este siglo.
Por algunas postales de los últimos días, parece que es hacia esta tenebrosa estación donde nos encaminamos. Algunas consultoras señalan que muchos de los índices en la caída de la economía son similares a los de principios de 2002 y los demás no se habían dado nunca. El derrumbe es tan notorio que el cuento de la pesada herencia no alcanza para silenciar su estruendo, a tal punto que muchas bancas de inversión desaconsejan destinar fondos en nuestro país. El deterioro del mercado interno desalienta tanto que los mimados capitales no van a generar ni una mínima garúa de dólares. Además, sus dueños están desconcertados: el informe que recibieron del equipo económico no tiene mucho que ver con las patrañas que difunden puertas adentro: el primero es un país próspero ideal para invertir y el segundo, una tierra arrasada que sólo auspicia angustias.
Angustias, vale repetir, generadas por las medidas tomadas por el Gran Equipo desde su asunción. El combo conformado por la devaluación, la quita de retenciones y el desmedido incremento de las tarifas provocaron una inflación que no se daba en quince años. El encarnizado despido de empleados del Estado Nacional habilitó a otros estados a seguir el mismo camino y esto alentó a los privados a recortar personal, algunos con verdadera necesidad y otros, por pura angurria y maldad. Todo esto junto más la filosofía de González Fraga y Michetti –que genera culpa hasta por degustar un caramelo relleno- hace que el consumo sea, en algunos sectores, una práctica en vías de extinción. Desde los electrodomésticos hasta los alimentos, pasando por la indumentaria y el esparcimiento están cuesta abajo. Ahora, hasta el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reconoce que la pobreza cero es una meta inalcanzable, menos aún con estas recetas de distribución regresiva del ingreso. Si ese macanero fin está cada vez más lejos es por el tortuoso túnel en el que nos metieron sin ninguna necesidad.
Globos que explotan en el camino
En pocas palabras, engañaron al votante, tanto los candidatos como los apologistas mediáticos. La transparencia, la pobreza cero y la unión de todos los argentinos fueron los ejes de una campaña muy insincera. Con expresiones al estilo grasa militante, pesada herencia, los caudillos que provienen de provincias no hay posibilidades de unir ningún país, aunque tenga quince habitantes. Con funcionarios procesados y espadachines de sus empresas, cuentas off shore y declaraciones juradas por las que nadie juraría, la transparencia se vuelve muy opaca. Hasta los propagandistas disfrazados de periodistas simulan espanto.
En el nuevo acto de esta perversa tragicomedia, el sinceramiento se convierte en burla. Quienes creyeron que Macri tenía intenciones de cumplir con lo de pobreza cero merecen el Nobel a la ingenuidad. El resto de sus votantes sólo son cómplices. En toda sociedad siempre existe un grupo que menos tiene, salvo que estemos ante una que haya alcanzado la igualdad absoluta. Lo que todo Estado debe aspirar es que ese ‘tener menos’ incluya condiciones dignas de vida. Esto no tiene nada que ver con la célebre frase que sintetiza una cínica resignación: pobres siempre hay. La desigualdad es la impronta del capitalismo; lo que se debe extirpar es la crueldad que provoca.
De ahí a creer que Macri y el mejor equipo de los últimos cincuenta años tenían como objetivo desterrar la pobreza hay un paso enorme. Ni las intenciones tuvieron con sus primeras medidas, que sólo lograron ensanchar la brecha. Y menos con las segundas y las cuartas. Para distribuir el ingreso de manera equitativa el único camino es cobrar más impuestos a los que más tienen; para mejorar la vida de todos los habitantes el camino no es el modelo del derrame, sino un proyecto que distribuya desde la base de la pirámide; para atenuar los efectos del capitalismo hay que controlar a los grandes empresarios y desalentar la concentración en la economía; para cuidar el empleo, hay que facilitar el consumo y promover el ahorro, no privatizar el consumismo y favorecer la acumulación.
Que los funcionarios amarillos y los periodistas que hacen de coro comiencen a reconocer que la pobreza cero es inalcanzable es otra muestra de la hipocresía con que nos gobiernan. No es por accidente que estamos atravesando un “momento difícil con el sinceramiento de la economía”, como expresó el empresidente ante la crisis de los clubes de barrio. Si estamos mal es porque ellos decidieron realizar una grosera transferencia de recursos a los que no lo necesitan. Si el túnel nos está asfixiando es porque ellos decidieron meternos en él. Si no hay ninguna luz en el horizonte es porque ellos nos están conduciendo hacia el país de las tinieblas. Finalmente, si abunda el pesimismo en estas líneas es porque el optimismo no los incluye, salvo que decidan torcer el rumbo antes de que nos estampemos contra el iceberg. Y esto no es golpismo, sino puro sinceramiento.

Lo que López nos dejó
A partir de Lodelópez se fabricarán muchas excusas. Detrás de ese inverosímil episodio se tenderán miles de trampas. No sólo resulta funcional a los prejuicios que pregona el discurso hegemónico, sino que permitirá a la oligarquía gobernante saquear nuestro país a su antojo, como ya lo está haciendo. No es que sus integrantes no lo hayan hecho hasta ahora, sino que continuarán acumulando fortunas con mayor impudicia. Gracias a López, le sacarán el jugo al cheque en blanco que algunos distraídos han firmado y seguirán profundizando la desigualdad. Como buenos carroñeros, estas fieras olfatean la muerte del kirchnerismo, tantas veces anunciada. Durante un tiempo, podrán saciar su avidez y blanquear sus inmundicias con leyes a medida. Pero los que bregamos por un país para todos no abandonamos nuestros sueños, aunque debamos cambiar el nombre al proyecto que los convertirá en realidad.
Para sorpresa de muchos, a Macri le está yendo muy bien en su gobierno. Tan bien que hasta parece un espectáculo minuciosamente ensayado. Todos los actores entran al escenario y cumplen su papel sin fallar en una coma. Hasta los incidentes parecen piezas de un mecanismo complejo. Después de su apretado triunfo en el balotaje, nadie anticipaba tanto control. Con tan poca diferencia, el presidente impensable parece manejar los hilos de los tres poderes con una precisión de relojería. Por supuesto, no es por su capacidad ni por el 51 por ciento de los votos que ha logrado tal milagro. La facilidad con que Macri concreta sus planes se debe a que el establishment está bien representado y sus exponentes han copado La Rosada. Por eso nadie se preocupa por la grieta, aunque cada día se ensanche más. Ahora todas las instituciones se ordenan en función de las apetencias de los sectores más ricos del país.
Tan bien le está yendo a Macri que el escándalo de los Panamá Papers -que en otros países provocó renuncias y cimbronazos- pasó sin pena ni gloria. Tan bien le está yendo a Macri que sus omisiones maliciosas se transforman en inocentes olvidos. Como cuando uno encuentra unos pesos en un rincón del cajón, los 18 millones quedaron como la travesura de un playboy. Y la burla, siempre presente, como un abuso de la protección mediática: “soy el político que más transparencia ha tenido sobre su situación personal, siempre he declarado todo”. Salvo las cuentas off shore en paraísos fiscales, entre muchas cosas ocultas de su patrimonio; como si alguien pudiera creer que uno de los empresarios más ricos sólo tiene 110 millones de pesos.
Al gobierno de Macri le está yendo bien; mejor de lo que él mismo esperaba. Incluso las reacciones adversas no se hacen visibles y parecen episodios aislados: apenas respuestas de grupúsculos indómitos que se resisten al cambio. Sin embargo, aunque las pantallas entretengan con las locuras del ingeniero López o las siliconas del Bailando, el descontento crece y la alegría está cada vez más lejana.
La fiesta de unos pocos
Una atrocidad se convierte en hábito en estos tiempos amarillos: vallar los espacios públicos. La celebración del 20 de junio encontró al Monumento a la Bandera vedado para gran parte de los rosarinos. El empresidente –como buen clasista- no se lleva bien con la chusma y sus actos necesitan asistentes controlados, como extras examinados en un riguroso casting. Jamás se ha visto que efectivos policiales soliciten documentos y autorizaciones para permitir el acceso al lugar donde Belgrano izó por primera vez la Enseña Patria. Hasta estuvo prohibida la venta de choripanes en la zona. Aunque pueda parecer un exabrupto, ni siquiera en tiempos de la dictadura pasaban estas cosas. Claro, la poca asistencia de otrora era un rechazo a los uniformados que habían copado el mando. Ahora son muchos los que quieren estar ante Macri, pero no para expresar su amor, precisamente. Y eso es lo que temen los organizadores: que miles de rebeldes arruinen la postal del simulacro patriótico.
Entonces, a pesar de que al gobierno de Macri le va muy bien, a los que deberían ser sus representados no les pasa lo mismo. Algunos ya estarán padeciendo el desempleo, el deterioro de su salario o el tarifazo. Otros se sienten cercados por esas amenazas. Y los que están seguros con sus ingresos y la posición obtenida perciben un ambiente denso en su entorno. Sólo los confundidos pueden interpretar los padecimientos ajenos como un mal necesario para la salvación eterna y -enturbiado su entendimiento- aplauden junto a los insensibles que parecen disfrutar el tortuoso experimento amarillo.
Ensayo que incluye todas las recetas probadas en la dictadura, en los últimos tiempos del gobierno de Alfonsín, en la ominosa década del menemato y en la agónica farsa de la Alianza, todo en un comprimido diminuto y de una sola toma. La única dosis contiene una bestial transferencia de recursos hacia los sectores más beneficiados, a los que no necesitan ni un centavo si su deseo es contribuir al desarrollo del país. A pesar de que les sobra para hacer crecer a un continente, siempre piden más en pos de una promesa que ni piensan cumplir.
Los grandes empresarios, productores y financistas no hacen más que reclamar ventajas para sus negociados, subsidios, quitas de impuestos, devaluaciones, reducciones salariales y devaluaciones como condición necesaria para soltar algunas monedas cada tanto. Miserables que miran en su entorno, dispuestos a pisotear las cabezas que traten de elevarse más de lo admisible y estallan de rabia si el Estado destina recursos para los que menos tienen. Ellos, estafadores, evasores y fugadores seriales, envueltos en sus elegantes trajes y carísimas fragancias, califican como corruptos a los que intentan seguir sus pasos. Ellos, que no necesitan leyes porque tienen todo el poder, presionan al Congreso para que legitimen su vampírica acumulación y conminan a los jueces para que limpien sus prontuarios. Ellos, que no necesitan gritar porque son los patrones, tienen en sus manos todos los medios para convalidar su mezquino ideario. Ellos, que nunca pierden, siempre se muestran como víctimas. Ellos son los que festejan cuando el pueblo está más triste. Ellos explotaron, bombardearon, fusilaron, desaparecieron, reprimieron. Por Ellos, un país que produce alimentos para 400 millones de personas no puede alimentar a 40. Por Ellos, todo es desigualdad, miseria y corrupción. Por Ellos estamos a punto de vivir viejos dramas. Para Ellos gobierna Macri, que forma parte de ese nocivo Ellos.

Julio

Las asperezas amarillas
Los chistes sobre la llegada del segundo semestre naturalizaron el fiasco del cambio y la lluvia de dólares que no se produce desespera al Gran Equipo. Las metáforas que tratan de ilusionar, de tan creativas resultan absurdas y los pronósticos de las principales consultoras económicas obligan a estirar la caña que sostiene la zanahoria. Como no pueden ocultar los números del fracaso, alteran a medida las cifras del pasado, las del crecimiento, del empleo o de los desaparecidos. Hasta los pares del empresidente se impacientan por la extensión del túnel y lo chiquita que se ve la luz a la distancia. Y quizá se angustien porque la luz que tienen a su espalda, esa que acaban de abandonar por pura tozudez, brilla mucho más y producía menos estrechez. Y menos angustias para los que confiaron en promesas que ninguno de los que las realizaban pensaba cumplir.
El video de Miguel Ángel Broda –uno de los asesores de Macri- resulta ilustrativo, además de patético. Si durante la campaña se excitaba al explicitar las medidas necesarias para sacar al país de la decadencia, ahora se muestra decepcionado por la debacle que han provocado. Ni el shock de confianza ni las sucesivas concesiones –baja impositiva, devaluación, quita de retenciones- han sido suficientes para que los que más tienen larguen un mango. Quizá el establishment económico espera algunos regalitos más o se resista a invertir en un país cuyo mercado interno ha disminuido tanto en pocos meses. Más allá de estas especulaciones, Broda parece sorprendido porque las recetas de ajuste que tanto idolatra no han dado el resultado esperado. No sólo hay sorpresa en su expresión, sino incomprensión.
No es para menos, si en estos seis meses todos los sectores están a la baja en su actividad y el déficit, en lugar de disminuir con las medidas aplicadas, se ha triplicado. La claudicación ante los buitres, el endeudamiento que supera los 30000 millones de dólares, la apertura de importaciones y exportaciones, los recortes y despidos en el Estado y los tarifazos han provocado un desequilibrio que no estaba en el manual que siguen a rajatabla. Como toda respuesta, los miembros del Gran Equipo elaboran cínicas metáforas y se disculpan con la inexperiencia. A la manera de Aranguren –que esbozó un “estamos aprendiendo”- experimentan con nuestras vidas como si fuéramos cobayos de laboratorio.
El único que se muestra confiado y exultante es Macri, que parece estar mirando otra película. El guión que debe recitar en sus apariciones incluye frases de posters, adagios de autoayuda y parábolas que ni él mismo comprende. Aunque luzca el uniforme de capitán en este barco pronto a estamparse, no es él quien conduce sino otro que está siempre en las sombras.
Ella ilumina el túnel
Tan confiado está Macri, que se extralimitó en el sinceramiento. Esta semana, una frase recorrió la memoria colectiva, esa que alguien atribuyó al Infame Riojano: “si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Aunque no sea de su autoría, se convierte en la síntesis perfecta de su primer triunfo electoral. En la última campaña, la Revolución Productiva y el Salariazo mutaron en la Revolución de la Alegría y la Pobreza Cero. Distintas palabras aunque la intención engañosa persiste. A partir de ahora, que nadie ponga en duda que el Cambio es una estafa y que el empresidente conquistó la gerencia de La Rosada por medio de mentiras, algunas propias y muchas mediáticas. Que nadie proteste cuando señalamos que no ha cumplido ninguna de sus promesas. Que no nos acusen de destituyentes cuando denunciamos la ilegitimidad del gobierno nacional.
Macri mismo lo ha confesado: engañó a su electorado en la campaña. "Si yo les decía a ustedes hace un año lo que iba a hacer y todo esto que está sucediendo, seguramente iban a votar mayoritariamente por encerrarme en el manicomio". Mucho hay para analizar en esta frase y como incluye la ‘locura’, nada mejor que remitirnos a Michel Foucault. El célebre pensador sostenía que la calificación de loco es un mecanismo de exclusión del discurso hegemónico en dos sentidos: como incoherente o como iluminado. De cualquier modo, el loco debe encerrarse, apartarse para que no distorsione la normalidad en la convivencia cotidiana. Por eso el Poder inventó los manicomios. Macri, además de confesar su estafa, reconoce que no debería estar donde está, sino excluido. Pero la locura que dice padecer no es, como muchos suponen, la incoherente, sino la iluminada.
El loco Mauricio cree que todo está muy bien y de ahí viene su incomprensible optimismo, a pesar de su rostro cada vez más avejentado. Macri cree que “todo esto que está sucediendo” es lo mejor que podría pasarnos. Macri actúa como si todo lo realizado hasta ahora fuera la obra de un iluminado, esos locos que, al decir de Foucault, deben ser apartados porque revolucionan el equilibrio en la sociedad. Macri cree estar haciendo una revolución, aunque está aplicando las recetas conservadoras que se han aplicado siempre y que no provocan el efecto deseado porque la situación preexistente no era la que suponía. El Ocupante Ocasional de la Rosada arriesga su estabilidad al confesar su engaño y su locura porque sabe que el Poder no está en él.
Aunque vivimos en una Democracia Republicana, las cosas están un poco distorsionadas. Nuestra Constitución Nacional establece que el Estado que administra está conformado por tres poderes, dos de ellos designados por voto popular. La teoría dice que es el Pueblo quien asigna poder a sus representantes y es allí donde está la distorsión. En casi todo el mundo hay un poder que ninguna constitución incluye pero que gobierna todo. Un poder supra estatal que debilita a los otros, que los somete, los digita y los destruye cuando no son funcionales a sus intereses. Del Poder Económico estamos hablando. De las grandes corporaciones globales y sus expresiones locales. De ese uno por ciento de la población que acumula en sus bóvedas los lingotes que producen con el empobrecimiento del resto. Esa minoría gobierna el mundo a través del poder que asignan a los presidentes de turno.
Por eso el poder no está en Macri, sino en los que se lo han prestado. Por eso Macri realiza esa extraña confesión, porque no está arriesgando gobernabilidad. El escritor Jorge Asís –insospechado de kirchnerista- lo ha sintetizado muy bien esta semana: el que gobierna es Héctor Magneto, la cara visible del poder vernáculo. Mientras el poderoso y avariento capitán del Grupo Clarín vea en Macri su mayordomo no importarán su prontuario, sus cuentas off shore, sus torpezas o sus pasos de baile. Y, también afirmado por Asís, Magneto quiere ver presa a Cristina. Sus alfiles judiciales lo están intentando por todos los medios, aunque no han encontrado nada hasta ahora.
Magneto quiere ejecutar su venganza contra La Presidenta porque es la primera que lo ha desafiado y puesto en evidencia su vileza. Y quiere lograr su propósito más allá de las consecuencias. Desde su enloquecedora cadena mediática mintió, difamó, demonizó el proyecto K hasta el ridículo y sin embargo apenas logró imponer a su candidato por un puñado de votos. A pesar de que la feroz campaña contra la década ganada continúa, Cristina es recibida por miles de seguidores y cosecha fervientes apoyos. Magneto sabe que si toca a Cristina, se producirá el ‘quilombo’ tantas veces prometido por los militantes. Y a pesar de eso, quiere hacerlo, quiere ensanchar la grieta como si estuviese ante una batalla final. Magneto sabe que ninguno de sus mayordomos lograría despertar tanta pasión ni en diez vidas. Aunque no tenga ningún cargo, Cristina sigue siendo el adversario más temido del establishment porque su poder no viene desde arriba, sino desde abajo, desde las entrañas de un pueblo que sabe que Ella es la única que puede y quiere ser su legítima representante. Ella es la loca iluminada de Foucault que el poder concentrado no sólo quiere encerrar, sino también destruir.

Fotos viejas de un álbum apolillado
La ostentosa austeridad de la celebración por el Bicentenario de la Independencia deja una paradoja: en 2010, cuando estábamos aislados del mundo, muchos presidentes asistieron a los festejos por la Revolución y ahora, que estamos muy integrados, sólo vinieron dos vices y un ex rey somnoliento. El cambio tiene condimentos que dejan amargor en algunos paladares exigentes. Por ejemplo, ahora nos enteramos que nuestros héroes estaban angustiados por la decisión de romper con la corona española. Y eso que en esos tiempos no existía la amenaza de las facturas de los servicios públicos que si no, más que para luchas independentistas hubieran estado para el diván. El discurso presidencial, además de esas delicias de la historia, nos deja un consejo: consumir menos energía. Y también una advertencia: nada de conquistas laborales. Por lo que parece, el futuro nos espera con una austeridad que estará más allá de las fiestas patrias.
Las palabras del empresidente no escaparon del relato oficial: venimos de doce años de mentiras, derroche y corrupción y ahora debemos atravesar un purgatorio de mesura para arribar a un paraíso de pujanza y bienestar. Los abusivos goces del pasado serán pagados con la estrechez del presente y de esa manera demostraremos ser un país serio merecedor de una lluvia de inversiones que contribuirán a nuestro desarrollo. Palabras más o menos, todos los miembros del Gran Equipo, apologistas y adláteres ordenan sus declaraciones en torno a esa lectura amañada de las cosas. El sinceramiento, la austeridad y la transparencia son los antídotos para erradicar el virus kirchnerista que nos atacó en estos años.
Sin embargo, la primera gran mentira es la de la pesada herencia: si no resolvemos nuestros conflictos con el pasado reciente, siempre andaremos por la historia a los tropezones. Muchos presidentes quisieran asumir en un país desendeudado, con un crecimiento superior al dos por ciento, una desocupación inferior al siete, una industria en aumento y un desarrollo en tránsito. Quizá lo que pese no sean estos tópicos sino el alto nivel de consumo, el mayor nivel salarial de la región o la alta cobertura previsional. Al menos, el ideario oficial parece apuntar hacia allí sus medidas de ajuste. El Ocupante Temporal de La Rosada no sólo recomendó consumir menos energía, sino trabajar más. Eso sí, de incrementar salarios, ni hablar. Por el contrario, parece que el nuevo hashtag oficial se enfocará en la reducción de los costos laborales para tentar las ansiadas inversiones. Al menos, eso es lo que está hablando con algunos parlamentarios de procedencia sindical: una ley de flexibilización, que no es otra cosa que precarización laboral. El tortuoso pasado en una nueva copa llamada ‘competitividad’.
Un discurso trastocado
Aunque Macri quiso descansar el día del desfile, sus críticas a las licencias del día anterior le hicieron desistir. Su ausencia en los festejos en la CABA hubiera caído tan mal como la presencia de Aldo Rico junto a los Héroes de Malvinas. “Cada vez que un gremio consigue reducir una jornada horaria –explicó el pedagogo Mauricio- eso todos los demás argentinos lo estamos asumiendo como parte de un costo y no está bien”, opinó. En su lógica empresarial, billetera mata humanidad y un trabajador en su puesto es más importante que su salud física o emocional. La memoria evoca esas imágenes de docentes brindando clases en estado febril porque el presentismo significaba el 40 por ciento del salario y se perdía por nada. Hacia allí nos quiere conducir Macri en su afán de atraer inversiones, a garantizar la mayor rentabilidad por cada centavo que ingrese al país, a costa de lo que sea.
En su reciente gira por el mundo empresarial que tantos idolatran, el Gerente de La Rosada auguró que en los próximos años llegarán a Argentina “100 mil millones de dólares” de inversiones. No en su visita a la tambaleante Europa, donde pidió ser recordado como gran bailarín antes que como buen presidente sino en la 34° edición de la Sun Valley Conference, un paraíso estadounidense donde se juntan empresarios, ceos y políticos para planear sus negocios. Allí fue donde explicó que aceptamos los tarifazos: “le expliqué eso a los ciudadanos y entendieron. Estoy muy orgulloso de ellos. Es asombroso cómo nos acompañan en este esfuerzo de volver al crecimiento, volver a ser parte del mundo”. En Macrilandia, todos consentimos gustosos los alocados números de las facturas del gas y del servicio eléctrico; en el mundo real, un juez tuvo que frenar los incrementos que están fuera de toda razón.
Por supuesto, el empresidente salió al mundo a vender la feliz restauración de la Argentina neoliberal, donde los ricos se hacen más ricos y los pobres deben resignarse a seguir siendo pobres; donde el Estado alienta la invasión del mercado en todos los aspectos de nuestra vida; donde las únicas garantías son para los que no las necesitan. Macri vendió un país con un pueblo manso, dispuesto a renunciar a todo con tal de pertenecer a un mundo que nos ve sólo como un coto de caza. Macri pudo celebrar la rebaja a los impuestos a las exportaciones y el retorno de un Banco Central independiente para reducir una inflación que no para de crecer. Independencia que, de ninguna manera, es similar a la que estuvimos celebrando en estos días. En el ideario neoliberal, el Banco Central debe estar más al servicio de los beneficios particulares que de los intereses colectivos. En el vocabulario PRO, el sentido de las palabras se dispara hacia lo opuesto de lo que pretenden significar.
En la visión amarilla de las cosas, todo parece al revés. El Bicentenario de la Independencia se conmemora con el retorno al mundo que nos quiere someter. La unión de los argentinos incluye demonizar a los que se fueron. La pluralidad de voces es unificar el discurso. Generar trabajo es forzar el desempleo. Decir la verdad es mentir hasta el hartazgo. Mejorar es estar peor. Desde que asumió Macri, el poder adquisitivo del salario cayó más de un seis por ciento, se cuentan por miles los emprendimientos caídos y el mercado interno está declinante. La austeridad llegó a nuestras vidas y, a la manera del “estamos mal pero vamos bien” del Infame Riojano, el mantra amarillo parece ser “duele, pero estamos en el camino correcto”. Aunque digan que nos aman, parecen despreciarnos.
El futuro que viene de la mano del cambio trae fotos añejas que unos pocos deseaban. Discursos de Billiken y desfiles militares, anhelos de reconciliación y patotas nocturnas, promesas incumplidas y deudas impagables. La desesperanza que crece y el desamparo que avanza. Lo previsible en un gobierno de ricos para ricos que se acuerda del resto sólo cuando necesita votos. Mientras tanto, sólo palabras vacías para una campaña que nunca termina.

Dos manipuladores en la pantalla
En el umbral de la crisis que el propio gobierno está creando, el conflicto de Macri con Marcelo Tinelli parecería un tema menor si no fuera por algunos puntos oscuros. Lo más evidente es la utilización de twiteros rentados que operan para desorientar a usuarios desprevenidos. Así lograron organizar los cacerolazos contra Cristina y propalar muchas patrañas de los medios hegemónicos. Si la inversión de los dineros del Estado para distorsionar la percepción ciudadana de la política es un delito será decisión judicial, pero por ahora es un dato para prestar más atención en las redes. Lo más sutil sería pensar si este enojo del empresidente por las imitaciones en el show televisivo no es un nuevo artilugio para reducir a esa pantomima las críticas al accionar del Gran Equipo.
La funcionalidad está servida: el conductor televisivo se posiciona como combativo y los amarillos aparecen como “tolerantes con el que piensa distinto”. La pantalla seguirá mostrando caricaturas superficiales como ácidas críticas ante la aceptación democrática del Gerente de La Rosada. Con este nuevo acto, quieren convencer al público de que están ante un duro contenido anti gubernamental cuando en realidad consumen una píldora de catarsis para hacer más pasable el creciente malestar. Y el gran ganador es Canal 13 –Clarín- que pretende apropiarse de la diatriba al gobierno que desde todas sus usinas ha creado. Con esta maniobra, quieren ubicarse ante la sociedad como críticos y apologistas a la vez. Todo controlado para mantener el equilibrio en el futuro que pergeñan.
Entonces, a no entusiasmarse. Las observaciones que realizarán entre bailes y bulla no pondrán en peligro la restauración amarilla ni perturbará el sueño de sus principales beneficiados. Apenas serán comentarios de ascensor con actores maquillados y risas alentadas en las tribunas. Macri tendrá que acostumbrarse a exageraciones de algunos tics a cambio de televidentes hipnotizados con curvas insinuantes y rítmicas siliconas. Con este combo, los seguidores de Tinelli podrán reírse de la inflación, los tarifazos y el deterioro gradual de sus días como un camino inevitable para llegar a la República de los Globos.
En esas caricaturas televisivas no existirán porqués que incomoden a nadie sino simpáticas enumeraciones de los dramas cotidianos. Un poco de azúcar para pasar el mal trago. La risa enfermiza que atenúa el malestar. La naturalización de las limitaciones que el cambio nos impone. Un entretenimiento banal que contribuye a la conformación de un votante desatento.
Un negocio redondo
El chiste fácil sobre el precio de las cosas jamás se convertirá en un cuestionamiento al abuso que significa. De la charla cotidiana sobre las cifras que enloquecen desde las góndolas nunca surge cómo se conforman ni cuánto gana el que las pone. Jamás sabemos cuánto debería costar un kilo de tomates o un litro de aceite: sólo debemos aceptar el número que nos imponen y calcular si nos alcanza con lo que tenemos en la billetera para adquirir el producto. Nunca conocemos los motivos de lo que nos cobran; siempre escuchamos el lamento de los formadores de precios y nos dejan la sensación de que los abusadores somos los consumidores. O peor: que nos hacen un favor vaciando nuestros bolsillos a cambio de menos artículos.
La libertad de mercado que se instala de la mano de Cambiemos se ha convertido en un libertinaje que nos aleja cada vez más de los productos que forman parte de nuestra vida. La estrategia de abrir las importaciones para que la competencia baje los precios se transforma en un salvavidas de plomo. Más aún en medio de la recesión que el Gran Equipo ha provocado con todas sus decisiones. El arribo de productos extranjeros a precios de dumping, con bajos salarios y sin aranceles generará una situación más precaria que cualquiera de las heredadas por gobiernos anteriores. Claro, el proteccionismo es, para la ideología gobernante, una mala palabra y, ya no hay dudas, lo que menos quieren proteger es lo que hemos conseguido construir en estos doce años.
La industria, que tuvo un crecimiento superior al 100 por ciento, ahora acusa un retroceso que no se soluciona con leyes ni créditos, sino con compradores. Pero éstos son saqueados desde todos los flancos por aumentos extorsivos de consumos esenciales por decisión gubernamental y especulación comercial. Cuando todos quieren salvarse, los que más padecen son los indefensos. Y de ésos, el Gran Equipo no se preocupa. Por el contrario, el empresidente se enfada con aquellos jueces que toman decisiones en contra del empresariado cómplice. En una entrevista con Joaquín Morales Solá, Macri reconoció que hace falta “una justicia laboral más equitativa, no tan volcada a encontrarle siempre la razón a una parte”. Con esta declaración demuestra su incomprensión del sentido de la Justicia. En un conflicto laboral, el más débil es el trabajador y nuestro representante quiere que la Justicia falle en su contra.
Lo mismo piensa del freno al descomunal incremento de las tarifas, aunque muchos jueces han actuado en defensa de los usuarios. ¿Qué país está diseñando para nuestro futuro? ¿Uno en el que estemos expuestos a la avaricia ilimitada de los grupos concentrados de la economía? Pero su desprecio obnubila su razón: “el kirchnerismo se fue, pero Justicia Legítima sigue ahí”, sintetizó Macri en la misma entrevista. Fallar a favor del más vulnerable es ser un juez kirchnerista. De ahí a calificar como ‘kirchnerista’ a todo aquel que se pronuncie en defensa de jubilados, trabajadores, desocupados y excluidos hay un solo paso. Que el Gerente de La Rosada hable de Pobreza Cero es una de sus mayores hipocresías, sobre todo porque su objetivo es enriquecer a los más ricos y suplicar, cuando las papas empiecen a quemar, por algunas gotitas.
Y esto se evidencia, vale reiterar, con cada una de sus medidas. Nos quiere convencer de la pesada herencia cuando todos los problemas que hoy tenemos son consecuencia de sus propias decisiones. Si Macri acepta la caricatura del programa de Tinelli es porque jamás insinuará que no está de parte de los que, con mucha ingenuidad, creyeron en sus promesas de campaña. Ningún mandatario que piense en la mayoría decidirá incrementos tarifarios irracionales. Ningún representante considerará siquiera flexibilizar las leyes laborales si su objetivo es crear “empleo de calidad”. Ningún presidente seguirá ajustando la vida de los ciudadanos mientras 400 mil millones de dólares de argentinos descansan en paraísos fiscales.
Como Macri toma sus decisiones pensando en las corporaciones a las que representa, cualquier crítica acertada puede diluir la tambaleante luna de miel. El empresidente no se reunió con Tinelli para retarlo por las imitaciones de su programa, sino para que le invente un alica alicate que despierte una empatía temporal para seguir obnubilando a sus votantes y continuar con su plan de saquear el país.

Agosto

El enemigo interior
El número es lo que más interesa a los ocupantes ocasionales de La Rosada. Todo pasa por las cifras, más aún cuando van acompañadas de signos monetarios. Las demás no importan: pobres, desaparecidos, desocupados son variables que arruinan el paisaje neoliberal que el empresidente sueña para nuestro futuro. Su mira está puesta en un pasado distante, muy lejos del siglo XXI que tanto incluye en sus recitados. Un mundo de patrones absolutos, trabajadores sometidos y millones de sumergidos en un mar de miserias y de indiferencia. Un país sin ley gobernado sólo por la prepotencia de unos pocos que se creen dueños de todo. Un coto de caza a disposición de depredadores desenfrenados. Y lo más peligroso de todo: un gobierno al frente de un Estado fuerte presto a defender los intereses de esa minoría a costa de horadar los derechos de la mayoría.
A Macri no le quedan máscaras. En ocho meses, se sacó todas y su verdadera fisonomía ha quedado al descubierto. El rostro relajado de la campaña se transformó en el inflexible semblante de un cerbero. Las frases de autoayuda van dejando lugar a definiciones más severas. Los sutiles simulacros se convierten en obscenas patrañas. Las conmovedoras invitaciones a la unidad quedan demolidas por las constantes provocaciones que saturan sus tartamudeos. Ahora ya no quedan dudas de su ideario respecto a todo y lo que estamos padeciendo no es consecuencia de ninguna pesada herencia, fatalidades o designios divinos, sino de las medidas tomadas por su nefasto Gran Equipo.
Algunos consideran que ya se sabía lo que Macri pensaba sobre el salario, los controles, el comercio exterior, la dictadura, la patria, como si la sorpresa estuviera fuera de lugar. Esta es una manera de naturalizar el engaño del candidato. Si uno revisa los spots de campaña o el debate previo al balotaje no encontrará promesas de tarifazos, ajustes, despidos, inflación o deterioro abismal de nuestras vidas. Al contrario, negaba hacer lo que finalmente hizo. Y para peor, hizo mucho más de lo que pensábamos. Sin el maquillaje que ya no existe y el blindaje mediático que perdura, Macri no hubiera pasado la primera vuelta. Un contrafáctico que los recientes sondeos alientan: una tercera parte de los que votaron por él, hoy no lo harían.
No es para menos: el que no perdió su empleo, se siente amenazado por esa posibilidad; quien no cerró su negocio, está pensando en hacerlo; quien no redujo sus compras cotidianas está planeando vacaciones más económicas. Muchos de los que consideraron el cambio como alternativa de gobierno experimentan su error en el creciente deterioro de sus vidas y el optimismo que los encandiló en el cuarto oscuro contrasta con las sombras que enturbian el futuro.
El peor rostro al descubierto
El insostenible episodio de las tarifas de los servicios pone en evidencia el lado en que se sitúan. Lejos de defender nuestro bienestar, nos invitan a renunciar al lujo de calefaccionar nuestros hogares o pagar las consecuencias tarde o temprano con gran parte de nuestros ingresos. Con porcentajes de más de tres cifras, preservan a capa y espada la rentabilidad de las empresas distribuidoras de energía. Y los discursos oficiales nos llenan la cabeza con excusas y falacias: si hay problemas con la energía eléctrica, no es en su generación, sino en la distribución que está a cargo de un puñado de inescrupulosos que no ha invertido en proporción con sus ganancias; si no producimos el gas necesario para nuestro consumo, ¿por qué YPF aumenta la distribución de dividendos y deja de explotar pozos rentables?; exhiben como zanahoria el cuidado del medio ambiente cuando en realidad quieren reducir el consumo interno para generar saldos exportables.
Para fundamentar el saqueo de nuestros bolsillos, el empresidente afirma que en ningún lugar del mundo se subsidia la energía o que pagamos menos que en otro país. En casi todos los puntos del planeta la energía se subsidia porque los servicios no deben quedar en manos de las angurrias del mercado. Que el Estado garantice el acceso al confort a un precio razonable demuestra preocupación por los ciudadanos. Si su prioridad es llenar las arcas de las empresas, estamos ante un serio problema de representatividad. El operativo Hacer más ricos a los ricos incluye un simulacro de audiencia pública sólo para explicar por qué debemos aceptar facturas saqueadoras. Eso sí: ni durante el gobierno anterior ni en éste lograremos conocer cuáles son las ganancias reales de esos empresarios que siempre parecen estar perdiendo plata.
Y este hueco informativo no existe sólo en este tema porque los números enloquecedores se extienden a todo lo que consumimos. Desde la asunción de Macri, la inflación se ha disparado a niveles históricos y ha dejado muy atrás el incremento logrado en los salarios. Distintos gremios exigen la apertura de las paritarias para recuperar poder adquisitivo, pero ya sabemos que eso habilitará una nueva escalada de los precios. Mientras no sepamos qué racionalidad hay en los precios y el porcentaje de rentabilidad de cada uno de los actores de la cadena de comercialización nunca podremos encauzar nuestra economía doméstica.
Menos aún si el gobierno está empecinado en preservar los privilegios de los que no están dispuestos a invertir las inasibles cifras que fugan de manera incansable. Los candidatos de rostros angelicales se han convertido en guardianes del egoísmo ilimitado del Poder Económico. Ya está claro que no representan a la mayoría y eso constituye una distorsión de nuestra vida democrática. El consenso logrado en el balotaje es producto del fraude de una campaña insincera que escondía las verdaderas intenciones del cambio.
Para ocultar todo esto, los jueces cómplices buscan traición a la Patria en la desechada denuncia de Nisman en lugar de hacerlo en el gobierno amarillo. Esta es la verdadera traición que estamos padeciendo: la de un conjunto de gerentes que ha copado La Rosada para desangrar el país. La Revolución de la Alegría resultó ser la restauración conservadora más bestial que hemos experimentado. No sólo desde lo económico sino desde lo conceptual. A la extemporánea idea de la guerra sucia y la calificación de desquiciada a Hebe de Bonafini, se suma la concepción de la dictadura como “algo que nos pasó”. A él no le pasó porque estuvo del otro lado.
La dictadura no pasó sino que fue una herramienta del establishment para tomar el control de la economía y poner el país al servicio de su enriquecimiento. La empresa familiar de Macri fue una de las principales beneficiadas y creció gracias a la alianza con los dictadores. Por eso habla con tanta liviandad sobre el tema y trata de instalar la desmemoria en los distraídos. El sinceramiento tan cacareado deja al desnudo las verdaderas intenciones del Gran Equipo. Que en otros tiempos hayan recurrido a un golpe de Estado y ahora hayan apelado a las más sofisticadas estrategias de manipulación es sólo un detalle. La oligarquía de siempre está otra vez al frente del destino del país con los más modernos disfraces del siglo XXI y, si no nos despabilamos a tiempo, nos someterán a sus angurrias para hundirnos en las angustias de un pasado no tan lejano.

La soberbia de los necios
El desparpajo con que el empresidente Macri manifiesta su desprecio a gran parte de los argentinos ya no tiene límites. Esta semana esputó que son los trabajadores los que “ponen palos en la rueda” de los empresarios al tomar licencias por enfermedad, hacer paros por mejoras salariales o iniciar juicios laborales. La lógica capitalista en su extremo más enfermizo. Los que fugan divisas, los que evaden, los que saquean nuestros bolsillos con sus confiscatorios precios son presentados por el Gerente de La Rosada como víctimas de sus empleados. Si esto fuese una comedia, hasta caería simpático un personaje con semejante barbarie discursiva. Pero las postales del Cambio son las de una Argentina que vuelve a vivir sus más atroces pesadillas: las del hambre y la desesperación. Si en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, miles hacen cola por unas frutas gratis no es porque quieran poner palos en la rueda a la ceocracia amarilla. En nueve meses de gestión, el Gran Equipo nos ha hecho retroceder más de diez años y si sus integrantes se enorgullecen de esto, deberíamos prepararnos para escenas peores.
No hay que ser muy memorioso para recordar que el Ingeniero acusó muchas veces a Cristina de soberbia y poco dialoguista. En verdad, un proyecto que puso en pie a un país después de la crisis de 2001 merece ser más ponderado que denostado. De un 25 por ciento de desocupación se pasó a menos de un seis; la industria duplicó su incidencia en el PBI; la pobreza pasó de más de la mitad de la población a menos de un 20 por ciento; el plan energético permitió incorporar más de 4,5 millones de hogares a la red eléctrica y otros tres millones a la de gas; la explosión del turismo permitió recuperar destinos olvidados y desarrollar otros impensables; concretó casi 2900 km de autovías y autopistas, 5165 km de nuevas rutas y más de 600 puentes nuevos; el mercado interno fue el motor de un crecimiento sostenido durante doce años, algo insólito en nuestra historia. Macri y su banda de saqueadores hablan de soberbia, cuando en sólo nueve meses llevaron la desocupación a casi el diez por ciento, pusieron en agonía a Pymes y economías regionales, despoblaron supermercados, negocios y lugares de esparcimiento, mientras transfirieron millones a los que no necesitan un centavo. Ellos se erigen como expertos en diálogo cuando sólo recitan un monólogo de incongruencias, falacias y promesas que no se convertirán en realidad si continúan por este oscuro túnel del tiempo.
La soberbia macrista no está basada en logros sino en pertenencia de clase. La oligarquía es sorda y ciega cuando toma el poder y arrasa con todo lo que está a su paso. Y en lugar de reconocer que fueron sus recetas las que nos han llevado a la recesión en la que estamos, afirman que las catastróficas cifras que reveló el INDEC forman parte de un sinceramiento. Como en “1984”, la novela de George Orwell, que plantea una perfecta armonía con la historia, pues el pasado se re-escribe de manera permanente para justificar las angustiosas transformaciones del presente.
Jugando con el palo
Como tienen casi todos los medios en sus manos, pueden decir cualquier cosa. Como el blindaje mediático es tan grosero, pueden hacer las trapisondas que quieran. Como necesitan demostrar que estamos cada día mejor –con un enérgico golpe del puño derecho- diseñan un ayer con forma de pesada herencia. Hasta pueden darse el lujo de negar sus promesas respecto al segundo semestre del año. Tanto añorar los tiempos del Centenario, que olvidan que existen formas mucho más sofisticadas y accesibles de archivar voces que entonces. Tanto confían en el poder mediático para instalar sus fábulas que cada vez que algún hecho puede opacar la fantasía Pro, inventan alguna amenaza de bomba o una piedrita contra un funcionario para distraer la atención de un público cada vez más asechado por las monstruosidades del túnel.
Y si aparece algún dato nuevo sobre los Panamá Papers o investigan el extraño robo a la casa de la vicepresidenta, difunden alguna denuncia anti K hiperrecontrachequeada que se destiñe apenas se convierte en titular. Eso sí, a pesar de su inconsistencia no deja de zambullirse en los interminables laberintos de Comodoro Py para abortar cualquier retorno. Porque en eso también fallaron: se presentaron como impolutos paladines de la transparencia y están más salpicados que los demonios que fabrican. Empresas fantasmas, conflictos de intereses, 200 mil pesos junto a la cama, grandes favores de manera ostentosa, contrataciones digitadas, acomodados costosos son algunos ítems de una larga lista.
Desde el 10 de diciembre, los miembros del Gran Equipo incluyen en todas sus declaraciones y discursos algunos vocablos que suelen caer bien: diálogo y consenso son las que encabezan las preferencias. Pero para ellos, el diálogo es monólogo y el consenso, obediencia. También intentan mostrarse como humildes servidores, inexpertos funcionarios que están aprendiendo junto a nosotros. Y por si esto fuera poco, el maquillaje amarillo incluye una abundante capa de victimización. Pero, aunque traten de mostrarse así, no lo logran: suenan soberbios, prepotentes y bestiales.
Más aún con los resultados de sus experimentos. Nada de lo que han hecho resultó beneficioso para la mayoría. La concreción de las promesas de campaña queda suspendida hasta nuevo aviso. El cada día mejor se transforma en lo contrario y el golpe de puño optimista nos da de lleno en la trompa. Macri habló de palos en la rueda pero Ellos son los dueños de todos los palos: los que ponen para que tropecemos, los que usan para abollar nuestras ideas y los que fugan a paraísos fiscales. Sin dudas, los palos están en las manos equivocadas.

Subversión en Macrilandia
Que el propio Macri cuestione a los trabajadores por la inasistencia o abuso de licencias fue blanco de incontables bromas en las redes sociales. ¿Cómo se le ocurre hablar de ausentismo a quien asistió sólo al 20 por ciento de las sesiones cuando era diputado y se tomó más licencias de las habituales como Jefe de Gobierno porteño? Tan inapropiado como si criticara a los empresarios que tienen empresas fantasmas o cuentas en paraísos fiscales. Su pasado lo condena, la hipocresía lo inunda y el cinismo lo atraviesa. Mientras más trata de disfrazarse, más al desnudo queda. Nada conserva del personaje encantador de la campaña, ni siquiera las ganas de bailar. La alegría ya no tiene lugar en esta revolución y si nos descuidamos, pronto será un buen recuerdo. Si insiste por este camino, los dramas serán mayores. Y no son pocos los que se están dando cuenta de esto: la convocatoria para apoyar al empresidente apenas logró rodear el Obelisco. Si se está quedando solo no es por una confabulación o intento destituyente, sino porque ha decidido dar la espalda a gran parte de los que prometió representar.
Desde su asunción, todas las decisiones apuntan a llenar los copones superiores a fuerza de vaciar los vasitos de abajo. Más que el modelo del derrame, aplica el flagelo del drenaje. Hacia arriba dirige los mimos y hacia abajo, los sopapos. Y nada de protestas, que serán consideradas palos en la rueda o desestabilización. Hay que aguantar mansos y tranquilos el saqueo para que los inversores extranjeros aprecien el paraíso que pueden tener en sus manos. Ningún comensal acepta un bocado que se resiste a ser comido, salvo que sea adepto a la cacería. Pero el Gran Equipo se topó con el peor escenario para la lluvia de dólares: el de un pueblo que se resiste a renunciar a sus derechos.
La resistencia a retroceder varias décadas es un obstáculo que los Amarillos no esperaban. Los globitos no son tan convincentes cuando el desempleo amenaza y el hambre es el pan de cada día. Las frases de auto-ayuda no alcanzan cuando la caída en las ventas y la invasión de importados obligan a bajar las persianas. Las sonrisas zen ya resultan monstruosas de tanto postergar la bonanza. Después de nueve meses de gobierno PRO, la resistencia no es confabulación, sino supervivencia. Más aún cuando no hay señales de recuperación y la reacción gubernamental es inexistente. Por el contrario, los Gerentes de La Rosada avanzan a toda máquina hacia el iceberg a pesar de las advertencias de los pasajeros. Las malas lenguas dicen que Balcarce –la mascota del partido gobernante- podría hacerlo mejor o, al menos, sus decisiones tendrían más humanidad.
Una palabra de ayer
Las ganas no faltaron pero sobraba el pudor. Durante la década pasada se escapaba cada tanto el vocablo montoneros como insulto o etiqueta por parte de los nostálgicos de la dictadura. Hasta pareciera que no han ganado para gobernar, sino para usar esa palabra que algunos ya están modulando. Lo que faltaba: sacaron del viejo arcón el tan extrañado ‘subversivo’ para calificar cualquier disidencia. Los que prometían no perseguir al que piensa distinto no cesan de demonizar cualquier voz opositora. Como las mentiras mediáticas y los adefesios jurídicos no alcanzan, ahora invocan los fantasmas del pasado que más añoran.
Sobre todo ahora que viene la peor parte. Prat Gay no fue tan sincero hace unos meses cuando declaró que el “trabajo sucio ya estaba hecho”. Si bien la transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados se produjo, esencialmente, con la devaluación, la quita de retenciones, la baja impositiva y la inflación, todavía falta el más preciado botín. Que Macri se refiera en esos términos a los trabajadores indica que está pensando en serruchar derechos. Ya sabemos que un empresario de su calaña considera el salario como un costo y lo ha dicho muchas veces. El ministro de Producción, Francisco Cabrera lo reafirmó ante los invitados al Council of the Americas: “tenemos que bajar el costo del empleo”. Lo dicen los voceros del establishment cuando sentencian que se debe mejorar la competitividad. La idea es que los trabajadores rindan más por menos plata y para eso hay que flexibilizar las condiciones laborales.
Para que la mesa esté servida falta el plato principal: el Poder Ejecutivo presentó un proyecto de ley para modernizar los contratos que deja los incrementos salariales a la buena voluntad de los patrones. En breve, veremos que los apologistas mediáticos comenzarán a presentar la iniciativa como una herramienta para bajar el desempleo. Un verso noventoso que provoca malos recuerdos. Una claudicación que jamás ha dado buenos resultados. No hay que olvidar que las copas de arriba no se llenan nunca porque sus dueños son insaciables. Siempre exigen más antes de soltar algunas salpicaduras. Y muchas lágrimas, porque siempre simulan estar al borde del quebranto aunque posean cuentas bancarias de incontables dígitos. Eso sí: nunca muestran sus libros y jamás revelan cuánto ganan.
En el discurso de apertura del Council off the Americas, Jorge Di Fiori, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, quizá haya dado en la tecla. El problema es el costo argentino. No sólo el de los insumos, la carga tributaria o los salarios, como estamos acostumbrados a incluir bajo ese tópico. Todo eso está a la vista y regulado. De lo que nunca se habla es de la ganancia empresarial. Jamás entra en discusión la tasa de rentabilidad de los que siempre se lamentan por las pérdidas que nunca han tenido. Antes de discutir precarización laboral o reducciones impositivas para reactivar la economía podríamos poner sobre la mesa los números de todos los actores.
Pero eso jamás pasará bajo un gobierno de este color: un amarillo intenso que sólo protege a los poderosos. Aunque para eso deba someter a gran parte de la población a condiciones de vida lejos de toda dignidad. A pesar del blindaje mediático y de las simulaciones permanentes, de los rostros angelicales y las palabras bonitas, muchos han advertido hacia qué abismo nos encaminamos. El hechizo terminó y todo comienza a verse tal como es. Como debe ser, para Ellos. Como no queremos que sea. Por eso hay tanto movimiento en las calles: porque no estamos dispuestos a renunciar a una vida digna.
Lo que Ellos llaman subversión, para nosotros es resistencia al hambre, la explotación y la exclusión. Ellos que venían a unir al país, dejaron la grieta más expuesta que nunca. Los que votaron por Macri y los que no votamos por él queremos el país que prometió y no el que sale de sus más egoístas anhelos. Si insiste por este camino hacia la profundización de la desigualdad, que no espere el consentimiento de sus víctimas. Si más de esto será el Gobierno PRO, más resistencia tendrá, aunque más de la mitad del país sea tildada de subversiva.

Septiembre

La gran ensalada argentina
En estos tiempos amarillos, todo está trastocado. La normalidad macrista altera los conceptos y desorienta las conciencias. Mientras un funcionario fundamenta su experticia en “El rincón del vago”, la ministra de Seguridad alienta la justicia por mano propia. Mientras el ministro de Hacienda considera que un desempleado debería sentirse feliz por contribuir al cambio con su infortunio, demonizan a un propio para después salir a defenderlo, en una auto-operación incomprensible. Tan confusa es esta revolución que la alegría parece tristeza y algunos opositores, oficialistas. Tanto que hasta los chinos se confunden de foto en los folletos de la Cumbre del G-20. No es para menos, si los que antes hacían campaña por el PRO ahora no paran de cuestionar sus medidas. Hasta Miguel Ángel Broda augura que vamos camino al desastre y desmiente la cantinela de la pesada herencia. Hasta el diario El País, de España, que otrora fotocopiaba los titulares anti K de Clarín, ahora sentencia que “Macri está poniendo a prueba la paciencia de los argentinos”. Y sí, tanto desconcierto vulnera la paciencia más resistente y la nuestra no parece ser de esa clase.
En medio de tanto barullo fáctico, los actores de este culebrón no saben dónde situarse. La itinerante Margarita Stolbizer estacionó su progresismo en el Frente Renovador, una especie de sala de maquillaje para los que no les da la cara para ser oficialistas ni les alcanza el cuero para ser opositores. Como una heroína decimonónica, pasea su humanidad por tribunales y estudios televisivos en pos de una transparencia supra mundana. El único problema es que su foto-fóbica mirada sólo dirige sus sospechas hacia el kirchnerismo y no a la fuerza gobernante, donde encontraría casos más sólidos. Su contribución a la causa republicana se sintetiza en su último libro, en el que pone toda la carne en el asador y se inmola para destruir a Cristina.
Su contenido debe ser tan trascendente que entregó, de manera ceremoniosa, un ejemplar al empresidente antes de su partida a China, para que alimente su veneno durante el largo trayecto. La elección del título del libro es lo que desconcierta: “Yo acuso”, afanado sin pudor de un testimonio del heroísmo de Emile Zola, que denunciaba al presidente de entonces una injusticia cometida por el propio oficialismo al condenar por traición a un inocente. En el libelo de Stolbizer se trastoca todo porque ella forma parte del sistema que quiere poner tras las rejas a alguien a quien no le han encontrado culpabilidad en nada de lo que la acusan. Así es el cambio, tan cambiante que ahuyenta su comprensión.
Promesas que no fueron
Extraña confusión la de los chinos en la cumbre del G-20. ¿Cómo van a poner la foto de Franco como si fuera el presidente? Un error muy sospechoso; comprensible si compartieran nombre de pila, como suele ocurrir en las familias ilustres. O una venganza muy pueril, por todo lo que Macri ha denostado la alianza estratégica con China durante los últimos años. Hasta el swap de monedas que terminó usando para financiar la fuga de divisas fue blanco de sus diatribas. El pez por la boca muere, decían los abuelos y, en este caso, el castigo fue una cara equivocada. La sorpresa que se habrán llevado los asistentes cuando el que veían hablar como presidente de los argentinos tenía un aspecto diferente al que aparecía en los folletos. El fraude PRO trasciende las fronteras.
Más sorpresa habrá sido escuchar la tontería del aislamiento del mundo en la cumbre de un organismo del que Argentina participa desde hace años. Puertas adentro puede haber funcionado para indignar a los incautos, pero ante personajes que han tratado con nuestro país sobre múltiples asuntos no es más que un absurdo. En una mini-cumbre con empresarios, el Ocupante Temporal de La Rosada declaró que “Argentina empezó una nueva etapa porque dejamos atrás una década de aislamiento”. Entre la confusión de la foto y esta brillante apreciación, los miembros del auditorio debieron creen que nuestro país se sitúa en una galaxia muy lejana.
Y mientras Macri trataba de vender las bondades del Cambio, los miembros de la Cumbre recibían las noticias sobre la Marcha Federal, una contundente manifestación contra esas bondades. Explicar a un observador extranjero la actualidad argentina sin alterar su equilibrio emocional es trabajo para nigromantes. Una masiva movilización opositora desde todos los puntos del país para rechazar las medidas tomadas en los primeros meses de un gobierno que ganó con el 51 por ciento de los votos ya es difícil de comprender. Si a eso agregamos que para las voces oficiales la organización estuvo a cargo de la minoritaria fuerza política que perdió las elecciones, nuestro oyente ya está listo para el diván. Añadir que la imagen positiva de la ex presidenta trepa en proporción a la demonización obsesiva de los medios dominantes sería condenarlo al chaleco de fuerza. De pura maldad, uno podría aportar que la imagen positiva de Macri está en picada desde hace meses y que hoy pende de un cuarenta por ciento menguante. Así, nuestro oyente internacional se lanzaría por la primera ventana que encuentre.
Ante este enloquecedor panorama, la lluvia de dólares no se hará realidad aunque el empresidente suplique por inversiones y cuando vengan, las concesiones para tentarlas habrán sido tantas que no producirán ningún beneficio para nuestro país. De todas formas, aunque Obama felicite a Macri, los potenciales inversores no soltarán un centavo hasta después de las elecciones legislativas. Y para nosotros, pensar en las elecciones es un lujo que no nos podemos dar porque hay muchos derechos que son amenazados ahora. Porque el túnel en el que nos metieron no nos conduce al lugar a donde queremos llegar. Porque en lugar de combatir la pobreza están multiplicando a los pobres, en lugar de defender nuestros intereses nos están poniendo una bandera de remate, en lugar de proteger a los más indefensos gestionan para incrementar el poder de los poderosos.
La Argentina del cambio es una pesadilla recurrente que desconcertaría a Freud. A pesar de que todos los números son preocupantes, los miembros del Gran Equipo se muestran exitosos y optimistas. Y los que no se someten al purgatorio inevitable, son tildados de intolerantes y destituyentes. Una locura: los que apoyan el golpe de Estado en Brasil pontifican sobre democracia. Si la vida en Argentina está tumultuosa no es por abundancia de subversivos, sino porque las encantadoras máscaras de la campaña ya dejan de ocultar el verdadero rostro del cambio. La única promesa que se está convirtiendo en realidad es la de unir a los argentinos: cada vez somos más los que resistimos la ceocracia gobernante. Eso es todo un logro.

Recetas para un país perfecto
La perfección debe ser un embole. Por suerte, ningún ser humano podrá experimentar jamás ese estado ideal, inventado por algunos iluminados en el Medioevo para generar un complejo de inferioridad en los mortales. Algunos dirán que sólo la Naturaleza es perfecta, aunque tenga asperezas, fealdad, caducidad y fallas. ¿En qué sentido es perfecto el irregular, rugoso y multicolor tronco de un árbol? Nada es perfecto porque ese concepto es una abstracción que sólo busca degradar lo humano. Empero, a pesar de su imposibilidad pragmática, siempre está presente como una comparación despectiva. No para que mejoremos, sino para que nos revolquemos en nuestra perpetua imperfección. Porque la perfección no es como la utopía que, como decía Galeano, nos ayuda a caminar. La perfección humilla porque nunca estará a nuestro alcance.
Si lo sabremos nosotros, educados en el lejano Sur para orientar nuestra mirada hacia el mundo del que nos independizamos, como europeos condenados a padecer el exilio en tierras bárbaras. ¡Qué lejos estamos del país del querido Rey!, aunque esté sumergido en una crisis peor que la nuestra. ¡Qué horribles nos vemos en el espejo que imponen los que quieren someternos! Antes, desde el gobierno de la CABA, se buscaba denostar al kirchnerismo, con la amplificación monstruosa de los medios dominantes. Desde la asunción de Macri, esa impronta se propala a todo el país para flagelarnos por los últimos doce años de nuestra historia.
Ahora, la mitad del país debe observar atentamente cómo se construye la Argentina PRO para que en el futuro no cometa el error de elegir caudillos provincianos que portan populismo en todos sus poros. Aunque el kirchnerismo redujo a la mitad la pobreza recibida, bajó el desempleo hasta batir un récord, duplicó la capacidad industrial y realizó obra pública como ningún otro gobierno desde el retorno a la democracia, el arrepentimiento por votar esos proyectos debería ser eterno. Aunque no se pueda comprobar ningún delito cometido por Cristina y sus secuaces, el Círculo Rojo representado por Macri decreta que son todos corruptos y no merecen ocupar cargos públicos en el futuro. La pantalla se encarga de mostrar ejemplos demoledores: bolsos, bóvedas y dragones son los contenedores habituales de dineros mal habidos que nunca se encuentran. Y un puñado de jueces y fiscales consustanciados con el oligárquico ideario se dedican día y noche a dibujar alucinantes causas para potenciar sospechas infundadas. Los angelicales Ceos han descendido a estas tierras profanadas para iluminar el sendero hacia el paraíso neoliberal, donde todo es tan perfecto que hasta la pobreza tiene brillo.
La revolución de los incompatibles
Los gerentes de La Rosada nos enseñan que un país perfecto se construye en inglés. El empresidente Macri inauguró el mini Davos con un video en el que maestras, obreros y trabajadores hablan en inglés. Él mismo dirigió unas palabras en esa lengua, tartamudeadas y mal pronunciadas como cuando lo hace en castellano. Los concurrentes recibieron un libro en donde se explica las bondades de Argentina que, en inglés, no incluye pesada herencia alguna. Hasta los periodistas debían formular preguntas en inglés para no incomodar a los visitantes. El Centro Cultural Kirchner, construido para difundir las expresiones artísticas de estas latitudes, se transformó –ceocracia mediante- en una sucursal del Norte para rematar nuestros bienes al mejor postor.
Los PRO desplegaron su normalidad foránea sin subtítulos para que no entendamos lo que se cocinó en la Ballena Azul, el impresionante auditorio inaugurado el año pasado por Cristina y vedado por los amarillos para el público hispanoparlante. Allí, los ministros pusieron a disposición de los empresarios extranjeros los ministerios que tienen a su cargo. Hasta Aranguren, de Energía, prometió el autogobierno para el sector que debería gestionar. Aranguren, que ahora se ha convertido en un ejemplo por desprenderse de las acciones de Shell. En realidad, nunca debería haber asumido un personaje así en la función pública. Sin acciones es lo mismo: patea a favor de los intereses empresariales y no del conjunto de los ciudadanos que paga su sueldo superior a los 200 mil pesos.
La Ley de Ética Pública establece que hay un conflicto de intereses desde el momento mismo en que Aranguren fue elegido. Y no es el único. Casi todos están en conflicto porque sus intereses no son los nuestros. El mini Davos fue organizado por Richard Attias, un empresario marroquí tan off shore como Macri y muchos de sus funcionarios. Attias está en contra de los impuestos, al igual que Macri y todos los grandes empresarios. Ellos siempre se manifiestan contra el Estado y ahora que lo administran el resultado es predecible: simulan reclamar su retirada, aunque en realidad pretenden convertirlo en facilitador de sus negocios. Un clamor del mini Davos se convertirá en un objetivo de los Ocupantes Ocasionales de La Rosada: la precarización laboral será una nueva condición para desplegar la lluvia de dólares que aún no se asoma. ¿Cuántas zanahorias más pondrán delante de nuestras narices mientras horadan nuestra dignidad y se llevan nuestras riquezas?
El país perfecto que nos imponen los PRO no derramará su perfección a todos los argentinos. Sólo es un plan para trasladar la crisis del Norte hacia estas latitudes y hacer que nos convirtamos nuevamente en una colonia. Macri nos integra al mundo para que volvamos a ser los mejores alumnos, aunque las condiciones de vida sean deplorables. La pesada herencia no es lo que van a corregir, sino lo que debemos olvidar. La pesada herencia es el botín que ofrecen a cambio de inversiones que sólo engrosarán cuentas en paraísos fiscales. La compatibilidad no debería medirse por la cantidad de acciones en una multinacional, sino por la intención de gobernar para todos los argentinos. Por eso, todos los PRO son incompatibles.

La interminable campaña amarilla
Cada vez que el empresidente Macri se enreda en sus inconsistencias discursivas o la realidad opaca la Revolución de la Alegría, los amarillos destinan sus esfuerzos a lo que más saben: el simulacro de proximidad con los vecinos. Ni bien llegado del Imperio, Mauricio trepó a un colectivo para acompañar a los desprevenidos pasajeros durante algunas cuadras. Una puesta en escena, como se descubrió a los pocos minutos. No conforme con el nuevo papelón, funcionarios y militantes –perdón, voluntarios- se calzaron las pilchas más informales que encontraron para irrumpir en la cotidianidad de los barrios de todo el país con el clásico timbreo. Una pantomima que, además de incluir a la Hija Presidencial, requirió la selección de los sorprendidos receptores de tan ilustres visitas. Como nada de lo que prometieron se convertirá en realidad salvo que medie un milagro y la incapacidad o la tozudez del Gran Equipo impide torcer el rumbo, lo único que se les ocurre es convertir una campaña que ya debería haber terminado en la principal obra pública de un Estado amorfo.
Algo de coherencia hay en medio de este embrollo: como el mandatario off shore cuestionaba las cadenas nacionales de Cristina porque interrumpían la telenovela, ahora ofrece un culebrón de 24 horas que hasta incluye la boda de un gobernador. Una inverosímil tira dramática que tiene a La Presidenta como la principal villana y culpable de todos los males que los argentinos estamos padeciendo. Una historia épica con espadachines judiciales que con sus estocadas desequilibran la balanza siempre para el mismo lado y convierten las leyes en piedras para lapidar ex funcionarios. Tan variado es este espectacular adefesio que intercala deslumbrantes cuadros musicales con periodistas que cantan la misma canción y ejecutan una sincronizada y monótona coreografía.
Una superproducción que tiene como objetivos ocultar la tragedia que muchos están viviendo y disimular la hecatombe que se está gestando. Los datos recientes del INDEC señalan que una familia necesita más de 13 mil pesos para no caer en la pobreza y unos 5400 pesos para no estar en la indigencia. Números que sitúan a gran parte de la población en un escenario de precariedad que puede empeorar si la ceocracia gobernante persiste en continuar por este camino. La misma fuente indica que la actividad económica cayó 3,4 por ciento en el segundo trimestre respecto del año pasado y el PBI se contrajo 1,7 por ciento en la primera mitad del año. Y lejos de la confianza que cree destilar el Gerente de La Rosada con sus nuevas reglas de juego, las inversiones se contrajeron un 4,9 por ciento –contra una expansión del 4,7 del año pasado- y en el período enero-agosto la demanda de dólares para atesoramiento, ahorro y turismo fue de 23106 millones. Y, como en tiempos nefastos, el endeudamiento crece para financiar semejante vaciamiento.
Cuesta abajo
Además de los estragos económicos que ya comienzan a ser visibles, otras sutilezas enrarecen el clima. Si los aliados judiciales apelan a sus tretas más vergonzantes para sostener las sospechas sobre Cristina y algunos de sus ex funcionarios, las fuerzas de seguridad despliegan su potencial represor ante la más mínima muestra de resistencia. Los que prometían unir a los argentinos y no perseguir al que piensa distinto han convertido el encarcelamiento en la herramienta más eficaz para disciplinar a los díscolos. Ante el silencio cómplice del Gobierno Amarillo, Milagro Sala y muchos de los integrantes de la agrupación Tupac Amaru siguen presos en Jujuy sin que haya siquiera una acusación concreta. La venganza y la prepotencia de clase habilitan que sean los primeros presos políticos desde la vuelta a la democracia.
Inocentes amenazas vía redes sociales hacen de sus autores víctimas de un castigo ejemplar. Ya son más de cien los episodios de violencia de las fuerzas de seguridad denunciados por los organismos de derechos humanos. Hasta diputados y senadores se sienten presionados por temor a quedar enredados en absurdos judiciales o que las provincias de las que provienen reciban menos recursos para obras. Por ser la cuna del kirchnerismo, Santa Cruz será la provincia más perjudicada si el presupuesto presentado por el gobierno se convierte en ley: recibirá un 86 por ciento menos para infraestructura; Jujuy, en cambio, se beneficiará con un incremento de casi el 300 por ciento. El cambio que prometía el angelical Ingeniero durante la campaña se ha transformado en una institucionalidad endeble donde abundan más los castigos que los premios.
Muy difícil esconder tanta oscuridad. Ni con las luminarias de los estudios televisivos se puede disimular tanta sombra. Ni los más histriónicos y falsarios periodistas pueden elaborar editoriales que logren continuar con el engaño. Ni los mejores directores cinematográficos pueden transformar a los Gerentes de La Rosada en funcionarios responsables dedicados al desarrollo de nuestro país. Ni reciclar la denuncia de Nisman ni utilizar su cadáver logran que los globitos vuelvan a tomar una forma atractiva. La imagen presidencial ha caído más de veinte puntos y la esperanza de muchos argentinos ya es declinante. El cambio es un fiasco: una de las peores estafas perpetradas en nuestra vida democrática.
Las movilizaciones y protestas se multiplican por todos los rincones. Estatales y docentes ya están de pie mientras la CGT le pone fecha a un paro general. La reapertura de las paritarias será una excusa pero poner un freno a estos falsos representantes debe ser el objetivo fundamental. Detrás de cada manifestación están los puestos de trabajo perdidos y en riesgo, la caída del poder adquisitivo del salario, el incremento de la pobreza, el cierre de industrias y negocios, el aumento de las tarifas, el enriquecimiento de unos pocos, el vaciamiento y entrega del país, la mentira permanente, el retorno de un discurso único imperial, la pérdida de derechos…
En cada protesta se denuncia la hipocresía de los que ganaron con malas artes, prometiendo lo que no tenían intenciones de cumplir. En las calles se siente el rechazo a la mentira convertida en la forma en que nos gobiernan los que parecen ser nuestros peores enemigos. Frenarlos no es poner palos en la rueda ni intentar destituirlos, sino responder al mandato de defender la Patria y todo lo que hay en ella. Nosotros incluidos.

Octubre

Más allá de la boina
Algunos radicales cómplices de la ceocracia gobernante se mostraron molestos porque Cristina se probó una boina blanca en el acto de Atlanta. Si después del desastre del gobierno de De la Rúa, de bailar al ritmo de las corporaciones durante estos doce años y de facilitar el triunfo de los adversarios históricos del radicalismo se preocupan por una boina, esta fuerza política corre peligro de extinción. O de ser fagocitada por los amarillos, que no son demasiado generosos a la hora de retribuir los favores recibidos con tan incomprensible alianza. El enojo no estuvo basado en la defensa de las ideas, sino en la obediencia ciega al estigma de corrupción construido por el establishment mediático. Si la coherencia los guiara, jamás hubieran considerado estar junto a Macri y menos aún refundar el apoyo a un gobierno que tiene a su principal conductor enriquecido en connivencia con la dictadura, por la evasión y el contrabando y que cuenta con empresas en paraísos fiscales. Si todo pasara por la boina, el enojo estaría justificado.
Pero no lo está, por supuesto. La UCR en su rol oficialista no está para celebrar los cien años del primer gobierno popular de don Hipólito Yrigoyen. Hoy están con la oligarquía a la que derrotó el fundador de ese partido en aquella contienda electoral. La famosa boina blanca es el emblema de un movimiento revolucionario que se había levantado en armas contra los conservadores en las últimas décadas del siglo XIX y no la inmaculada pieza de museo en que la quieren convertir los integrantes de Cambiemos. No es Cristina quien mancilla el símbolo, sino los radicales de hoy que se han sumado al PRO para no caerse del mapa político.
Y en pos de eso son capaces de recitar un guión que los deja cada vez más desdibujados. Tanto es así que se han convertido en lo que Raúl Alfonsín no quería: en conservadores. O en algo peor, como Gerardo Morales que, desde su feudo en Jujuy atropella todo sentido de justicia para ejecutar su venganza contra Milagro Sala y los integrantes de la agrupación Tupac Amaru. Si el retorno a la democracia tuvo a los radicales como protagonistas para reconstruir la república después de la dictadura, hoy los tiene como arlequines para facilitar la restauración de ese ideario. Otro aporte del más que centenario partido es el ministro Oscar Aguad, que además de batir el récord por cobrar más de 250 mil pesos, es el funcionario que demuestra más desconocimiento del área que gestiona.
Los radicales oficialistas se preocupan por la boina y de esa manera se suman a una persecución similar a la que padecieron después del primer golpe de Estado de nuestra historia. Para no perder pantalla, se suman a cuanta denuncia aparece y seguramente apoyarán la iniciativa de eliminar el nombre Néstor Kirchner de los edificios públicos, como un intento pueril de impulsar la amnesia colectiva.
¡Adelante radicales!
Los radicales que protestan porque Cristina se puso la boina blanca olvidan que están apoyando un gobierno cuyo ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay recibe elogios del FMI por llevar la economía del país a un desastre innecesario. Una fuerza política que nació representando a las clases medias y populares avala un proyecto que enriquece a los más ricos y empobrece a los más pobres. Mientras caen las ventas en los productos de primera necesidad crece el consumo de autos de alta gama, gracias a la renuncia tributaria por importación y la transferencia de recursos a los que no lo necesitan. Y de la mano de esta descomunal profundización de la inequidad, permiten el ingreso de artículos que producimos en abundancia con el único fin de desmantelar no sólo la industria sino las economías regionales. Con las protestas por la boina están alentando la concentración de la riqueza en pocas manos, un modelo de país que dejaría afuera a gran parte de los argentinos.
Esto puede apreciarse en el presupuesto presentado por el Poder Ejecutivo para 2017. En las casi mil páginas del mamotreto, las áreas más recortadas son aquellas destinadas a los sectores de más bajos recursos. Aunque el discurso macrista está lleno de palabras prometedoras sobre salud y educación, el ajuste que proponen dice todo lo contrario. La atención primaria en territorio, la distribución de medicamentos y preservativos, la leche maternizada, el mantenimiento de los edificios, las becas estudiantiles entre otras variables serán víctimas de la tijera amarilla. La hipocresía, el cinismo y la mentira gobiernan argentina desde hace diez meses y los aliados radicales se preocupan porque Cristina se puso una boina blanca.
Tanto hablar del respeto a las instituciones, aportan consenso a una gerencia que dio sus primeros pasos a fuerza de palos y decretos, pisoteando leyes y derechos como si fueran maleza. Lejos de ser un gobierno de expertos y pese a las felicitaciones del establishment los indicadores macroeconómicos empeoraron hasta para los paladares más ortodoxos. El brutal ajuste que gran parte de la población está padeciendo no ha servido para equilibrar los números porque el déficit fiscal se ha incrementado y el PBI está declinante. Lo que crece es la deuda externa, además del desempleo y el desamparo. Los radicales, que gobernaron el país con las presiones de los acreedores externos, avalan una gestión que rifa nuestras riquezas a los peores especuladores. En diez meses nos endeudaron tanto como la dictadura en siete años. Y sólo para facilitar la fuga de divisas. Todo esto están apoyando los aliados radicales del oficialismo, pero ellos se preocupan sólo porque Cristina se puso la boina blanca.
Claro que no son los únicos que contribuyen a brindar legitimidad a la estafa de los globitos. Además de los radicales, los seguidores de Sergio Massa, los pejotistas anti kirchneristas, los kirchneristas anti cristinistas y demás combinaciones producidas por la no-política han acompañado las iniciativas legislativas en el Congreso para satisfacer a los buitres y desmantelar derechos. Y la CGT ahora unificada también aporta su granito de arena. Los sindicatos que en años anteriores convocaban paros para la eliminación del impuesto a las ganancias, ahora que son más los afectados, que los despidos se incrementan y el salario se achica, la defensa de los trabajadores pasa por el pago de un exiguo bono de fin de año.
Si todo pasara por una boina blanca, el rumbo de nuestro país sería sencillo. La pesadilla del presente, además de la renuncia voluntaria a toda búsqueda de equidad, incluye persecución política, represión, tortura, amenazas y espionaje a periodistas y dirigentes sociales, entre otras tantas delicias de esta derecha desaforada. El establishment mediático abona el terreno simbólico para que estas atrocidades se naturalicen. El desafío es enorme para saltar el cerco y dejar de ser carneros pero la recompensa vale la pena: recuperar el país que nos fue escamoteado por las quimeras de campaña que los usurpadores de La Rosada no tenían intenciones de cumplir.

Educación en la mira del PRO
Cuánto cambiamos en estos meses. De no creer. Cuando Cristina viajaba al exterior era infaltable una nota en los diarios hegemónicos sacando cuentas de lo que llevaba puesto. Ahora, en cambio, hasta se embelesan con la elegancia de Juliana Awada y destacan el eficaz adorno que significa para la insípida figura presidencial. Aunque la Primera Dama sea ahorrativa con los salarios de sus empleados, no debe vestir pilchas de saldo. Antes, la marca de una cartera era objeto de críticas rayanas al machismo y hoy despierta admiración. La distinta vara, esa idea difundida por 678, programa prohibido por el dialoguismo macrista. O será que la falsa sangre azul de la élite gobernante los hace más aptos para gastar cientos de planes sociales en una cartera o una corbata, como señaló el sacerdote Rodrigo Zarazaga, cálculo que hizo rabiar a los asistentes del Coloquio de IDEA en Mar del Plata. O será que la famosa grieta, lejos de sellarse, se profundiza gracias a los esfuerzos del presidente off shore y su Gran Equipo.
No es para menos. Muchos de los funcionarios amarillos hacen sus diarios aportes para despertar la antipatía de gran parte de los argentinos. Esteban Bullrich, ministro de Educación, tiene dificultades cuando sus metafóricas declaraciones trascienden la cápsula en la que vive. Unas semanas atrás había sorprendido –para mal- con una frase que no serviría para ningún poster: “esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas, con educación”, dijo en Choele Choel como si fuera una genialidad.
Pero el Coloquio de IDEA parece producir una incontenible excitación de clase y después de un colorido desayuno americano con huevos revueltos y tocino, Bullrich utilizó una fábula imperial para hablar de la educación. La gallina pone los huevos, pero el cerdo pone su vida para hacer realidad el plato. En esta bestial analogía, el cerdo representa a los docentes, que deberán despellejarse para mejorar su tarea de educar. No conforme con esa comparación, caracterizó la educación argentina como una “fábrica de chorizos”, por lo que los chicos también son vistos por el ministro como cerdos. Y su gran propuesta es “ir a jornada extendida, basta, no hay más discusión”. ¿Esa es su gran propuesta educativa: dar más horas de clase? ¿Para qué? ¿Para fabricar embutidos más refinados? ¿No hay más discusión? ¿El diálogo y el consenso ya terminaron?
Como el público presente pedía un bis, el ministro interpretó el hit favorito de los empresarios: basta de planes. Inspirado en la clásica canaleta del juego y la droga de Ernesto Sanz, Bullrich aseguró que los planes no terminarán con la pobreza porque “a ese pibe le podés dar un plan social, pero esa plata la va a usar para comprar balas”. Sin datos ni pudor, sin coherencia ni verosimilitud. Prejuicio puro de las clases más ricas. En algo tiene razón: los planes no terminan con la pobreza, sino que la eternizan. Lo único que puede terminar con la pobreza es distribuir mejor la riqueza que hay en el país y Ellos, los Bullrich, los Awada, los Macri, los Ratazzi y un puñado de familias más son los que impiden que eso suceda.
Los llorones de la élite
Desde que Macri asumió la presidencia conquistada con falsedades, engaños y argucias, puso el país a disposición de los más ricos, con la promesa de un derrame reparador de los daños ocasionados. Las principales medidas tienen como objetivo transferir recursos al Poder Económico pero, en lugar de inversiones –derrame- sólo producen una sequía cada vez más acuciante. Mientras despidos y suspensiones se multiplican día a día, la fuga de divisas está por batir un peligroso record. Las reglas de juego claras tan prometidas por el Gran Equipo, lejos de inspirar confianza no hacen más que alentar la pulsión acumuladora. La libertad de mercado sólo es libertinaje especulativo. Un sistema económico basado en la restricción del consumo de la mayoría no puede tener un final feliz.
No estamos viviendo una crisis económica, sino padeciendo una succión fenomenal de una minoría privilegiada. Mientras gran parte de los argentinos renuncia a vacaciones, vestimenta, entretenimiento y hasta insumos básicos, un puñado de avarientos no para de comprar autos de alta gama, perfumes importados y vinos de colección. Por si alguno no entiende demasiado esta paradoja, la Revolución de la Alegría no está destinada a todos sino a esos que obtienen sus lujos a costa de nuestras penurias. Lo que Ellos pueden gastar de más es lo que nos falta a nosotros para consumir lo esencial. Explotando un razonamiento que no es propio, esa vida VIP la pagamos entre todos.
Sobre que están engrosando sus arcas más que nunca, no quieren soltar un centavo. A la vez que crece el número de viajes a EEUU y Europa, el poder adquisitivo de los salarios cada vez es más exiguo. Los que gozan de las mieles sólo están dispuestos a compartir amarguras. Mientras planean un fin de año con champagne a 3000 dólares la botella, se niegan a pagar un mísero bono de 1000 pesos a los trabajadores. Los cálculos del cura Zarazaga enojaron a los empresarios en Mar del Plata porque constituyen un sinceramiento inaceptable para la élite gobernante. El sinceramiento de verdad, no el de mentira que ofrecen los PRO desde todas sus usinas.
Y encima quieren más, porque el ministro Esteban Bullrich se inmola en pos de reducir los gastos en educación y asistencia social para que los ricos paguen menos tributos. En la concepción egoísta de la vida que están convirtiendo en programa de gobierno, la mitad de la población no merece salud, desarrollo, comida ni nada. El país es una franja productiva y el resto, un agujero negro que sólo ocasiona dolores de cabeza. Por primera vez en nuestra vida democrática, un gobierno de minorías conquistó las preferencias electorales de la mayoría. Los que antes accedían al mando con fraudes patrióticos y golpes de Estado, ahora coparon La Rosada por medio de los votos. Un episodio insólito en la historia. Un capítulo en el que tendremos que improvisar para encontrarle un buen fin. Un desafío para pensar en el nuevo aniversario del 17 de octubre.

La desesperación de los amarillos
Que los dichos de Jorge Lanata contra Cristina han sido poco profesionales fue reconocido hasta por él mismo. Que la proximidad con el primer paro de mujeres permite que se encuadren como violencia de género es indiscutible. Que contengan la catarata de mentiras y prejuicios con que apuntaló la campaña del candidato del establishment no sorprende a nadie. Pero a lo que debe prestarse atención es a su tono exasperado, impotente, irritado. Después de todo lo hecho para contribuir a la causa restauradora con demonizaciones casi paródicas para confundir al electorado, La Presidenta no sólo está libre sino que encabeza las preferencias para el recambio parlamentario. No sólo no es repudiada por la ciudadanía sino que convoca multitudes en todo acto público, sus videos se replican en las redes y hasta recibe elogios y condecoraciones en otros países. En ese contexto, hasta es razonable un exabrupto como muestra de su desesperación.
A esta altura de la vida, las palabrotas no deberían provocar ningún escándalo. Si no saturan, son tan expresivas como cualquiera de las palabras que el lenguaje pone a disposición del usuario. Ese no es el problema, por supuesto. Si apela al insulto tal vez sea porque no tiene argumentos. O lo desborda un rencor inexplicable. Como sea, el pintoresco Lanata explotó en cámara –o simuló hacerlo- y recitó un monólogo más propio de un envidioso que de un analista político. Hasta minimizó la tan ponderada oratoria de CFK y la culpó de prostituir “todo lo que tocó”, de fomentar “el odio y el resentimiento” y de hacer “retroceder el país como nunca antes”. Afirmaciones tan inconsistentes como poco profesionales. La frase más destacada fue “usted sin nada es solo una pobre vieja enferma y sola peleando contra el olvido y arañando desesperadamente un lugar en la historia que ojalá la juzgue como la mierda que fue”. Cómo la juzgará la Historia es difícil de predecir, más aún si se reconstruye a partir de los matutinos de mayor tirada. El presente, en cambio, la mantiene en un lugar que altera los nervios de los que más la detestan.
Y tanto los altera que hasta dejan traslucir algo de verdad en medio de tantas mentiras. Días atrás, Margarita Stolbizer aseguró que Cristina no irá presa porque a la gerencia amarilla le conviene polarizar con ella. Lanata recicló la misma idea: “tuvo suerte con contar ahora con un gobierno especulador, chiquito, medio miserable, que espera que su libertad lo favorezca en las urnas”. Por si no se entiende: ambos afirman que Cristina está libre porque el gobierno quiere y no porque sea inocente de todo lo que la acusan. Los paladines de la institucionalidad y la transparencia no se indignan al asegurar que el empresidente Macri tenga tanta influencia en las decisiones de algunos jueces: les molesta que no use esa influencia para ejecutar la venganza tan deseada.
¿Mala praxis o malas intenciones?
Pero Stolbizer y Lanata no son los únicos desesperados. Los gerentes de La Rosada están ansiosos por mostrar los buenos resultados de su destructiva gestión. Pero como no existen, hay que seguir manipulando. Tanto cuestionar la alteración de los números del INDEC en el pasado, que ahora deben apelar a tretas similares y en 3D. Una aclaración pertinente: los datos estadísticos son más valederos por su metodología que por sus resultados, como si de una fotografía importase más el punto de vista y los modos de producción que lo que aparece en la imagen. El sinceramiento amarillo incluye un relato fundado en un pasado que cada vez resulta menos funcional para el presente. No sólo el incremento del desempleo, la baja del consumo, el cierre de negocios y fábricas opacan la panorámica que quieren exhibir, sino los tópicos que siempre están en la mira de la experticia neoliberal, como la inflación, el déficit fiscal y el crecimiento.
Este no será el primer gobierno que dibuje los números para insuflar optimismo ni será el último. Pero sí merecerá el podio por rescribir el pasado amañando los números que resulten desventajosos. Si el número de desocupados se ha incrementado en los últimos meses, nada mejor que manipular el informe laboral del Ministerio de Trabajo. Si el desequilibrio se profundiza, lo ideal es alterar la metodología de contabilidad fiscal para inflar el déficit de la anterior gestión. Si el consumo ha caído, la única treta es denostarlo. El sinceramiento PRO es maquillar los fracasos. La decisión de camuflar el declive producido casi en exclusividad por las principales medidas muestra la desesperación del Gran Equipo.
Hasta Macri parece haber perdido la paciencia ante la avaricia de sus pares. “Ustedes tienen que dar el ejemplo, tienen que ser los primeros en plantear una agenda superadora –suplicó a los empresarios- Llamémoslo competitividad, productividad o romperse el traste, como lo quieran decir. Este país crece en el trabajo de cada uno”. Después de todas las concesiones y transferencias realizadas desde su asunción hacia los sectores más concentrados –unos 25 mil millones de dólares- lo único que recibe a cambio son despedidos, cesanteados, fuga de divisas, inflación. Y encima, la generosa amnistía fiscal conocida como blanqueo ni amaga convertirse en el logro tan cacareado. Lo que sorprende es que se sorprenda por tanto egoísmo. Si él es uno de ellos y ha actuado así durante toda su vida. Y si se desespera no es por las angustias que está expandiendo, sino porque las encuestas muestran una peligrosa caída en su imagen positiva.
No es para menos: la vida real irrumpe en la virtualidad que construyen los medios acólitos. Ni los periodistas más obsecuentes pueden ocultar las oscuras sombras que nos acechan. Ni las fábulas demonizadoras sobre el pasado pueden justificar los dramas del presente. Si están desesperados es porque saben que el engaño con el que usurparon La Rosada tiene corta vida. Si la cara de póker de todos los funcionarios ya no transmite optimismo a sus receptores es porque gran parte de ellos empieza a vislumbrar el cinismo que la atraviesa. Las buenas intenciones de los spots publicitarios han dejado lugar a las malas intenciones que traían bajo el poncho. Si están desesperados es porque no las pueden disimular y cada vez son más los que reconocen haber sido estafados.

Noviembre

Danza entre las llamas
Macri baila en Córdoba. Eso sí, a pedido del público infantil que lo rodeaba. Otra vez niños arengados para un momento de demagogia. Eso es populismo: que un presidente baile mientras todas sus medidas sumergen al país en una crisis histórica. Macri baila mientras los números indican el declive inevitable al que nos conduce el Gran Equipo. “No me arrepiento de este amor” cantaba Gilda desde el más allá que se materializaba en los parlantes. La canción que mejor baila. ¿De qué amor no se arrepiente Macri? ¿Amor a qué? ¿Al que demuestra en sus decisiones? ¿A las mentiras con las que ganó o a las que sigue diciendo? ¿Al votante que se dejó engatusar con el amoroso discurso del paraíso amarillo? ¿A los que siguen esperando que un mezquino goteo aminore los golpes de la succión del presente? Macri hace lo que mejor sabe: continuar con el personaje construido por el marketing. Lo que hay detrás del disfraz era conocido por muchos y amado por algunos. Si conquistó la mayoría fue porque el resto creyó en el disfraz y ni se preocupó por espiar lo que se ocultaba. Ahora que lo están conociendo, no piensan más en bailes.
Algunos sí se arrepienten y otros encuentran en las pantallas apologistas la justificación de su voto. Los rostros que desfilan en los canales muestran el alivio que se siente al salir del régimen, el enojo que genera la corrupción K y la alegría que producirá la luz que nos espera al final del túnel. Las voces amigas de la tele se deleitan cuando narran los episodios del culebrón de Cristina y sus secuaces. Periodistas tan independientes que hasta llegan a aplaudir cuando un fiscal juega de arqueólogo o un juez imputa a un ex funcionario a partir de las denuncias de un programa dominguero. Tan comprometidos con la verdad y la transparencia que se montan de un salto a esta disparatada persecución de delitos inexistentes. Estos personajes lograron instalar el absurdo “se llevaron todo” como explicación a los descalabros que el televidente padece. Ellos hicieron posible el sueño de Macri y la felicidad que expresa con sus palmípedos pasos. El espectador mira, sonríe, se enoja, se ilusiona, protesta, pero ya no baila como su presidente.
Si él baila y los demás no, algo raro ocurre. Cristina también bailó en muchos de sus actos, pero el desempleo iba a la baja, la industria crecía, el consumo asombraba y gran parte del pueblo bailaba junto a Ella, feliz. Ella bailaba porque había logros colectivos y porque cada día estábamos mejor. Macri baila sólo acompañado por aquellos que pueden comprar champagne francés, autos importados sin aranceles y dólares sin rendir cuentas de dónde han sacado el dinero. Macri y unos pocos bailan porque han eliminado los impuestos a la riqueza y las retenciones ya son un mal recuerdo. Ellos bailan porque han puesto a uno de los suyos al frente de la UIF y pueden lavar y evadir lo que quieran. Por eso baila Macri, porque está a punto de cumplir el sueño de entregar el país, aunque eso provoque pesadillas en gran parte de sus gobernados. Su baile es nuestra pesadilla.
En busca de un motivo
Macri baila porque Gerardo Morales no piensa liberar a Milagro Sala, a pesar de lo que reclaman la ONU y otros organismos internacionales. O tal vez la amenaza que recibieron tres militantes de la agrupación Tupac Amaru sea la música que inspira sus danzarines pasos. Quizá la obediencia ciega de la justicia independiente hace que su felicidad desborde. Tal vez el ritmo que marcan las botas de las fuerzas de seguridad -destinadas más a repartir palos entre los militantes que a proteger a los ciudadanos- haga mover sus pies.
A lo mejor Macri baila porque logró que Miguel Ángel Pichetto se ubique a su derecha al hablar de la inmigración descontrolada. El senador que obtuvo su banca por el FPV se expresa ahora como un perfecto alumno de la escuela del PRO. Y como en muchos de los asistentes a las aulas amarillas, el desprecio emerge cuando suelta la lengua. Que diga “hay peruanos que trabajan que son buenos” es la forma positiva que enmascara la discriminación en el habla cotidiana, como el “tengo un amigo judío que es muy generoso” o “la chica que limpia en casa vive en una villa y jamás me robó nada”. Macri baila porque de las filas de sus enemigos surgió alguien que piensa peor que él.
Si Macri baila porque la canasta básica se incrementó un tres por ciento en octubre y la inflación interanual supera el 47 estaríamos ante el extraño caso de un sujeto que festeja sus propios fracasos. Quizá el motivo del alborozo sea que sus medidas ocasionaron una pérdida en la capacidad de consumo de la población en un 6,6 por ciento. Ya sabemos que, en el ideario PRO, los sectores de ingresos medios y bajos sólo son merecedores de consumir lo esencial y que ya no compren ropa, dejen de comer afuera o no planeen vacaciones en el exterior produce cierta satisfacción por la exclusividad de clase. Mezquino motivo para bailar.
A lo mejor Macri baila porque se convirtió en el mandatario que más endeudó a un país en menos de un año de toda la historia. O porque el caso de los Panamá Papers no perjudicó su imagen como reclaman los investigadores que los revelaron. O porque la protección mediática lo mantiene tan inmaculado como un arcángel. O porque logró obtener una mayoría parlamentaria que no expresa la voluntad popular. O porque el incremento de la desocupación permitirá que el salario se convierta más en una dádiva que en una participación de la renta nacional. O porque podrá transformar el trabajo en un castigo por haber gozado de las mieles durante la Década Ganada.
Cuando un presidente baila en un acto es porque logra convertir en realidad sus promesas de campaña: distribuir felicidad entre sus gobernados. Si no es así, estamos en problemas. Sólo la locura o la burla pueden producir algo así. Ni una ni otra nos conducirá a un buen final. Para aliviar el tránsito por este oscuro túnel y en pos de alentar la esperanza, nada mejor que alterar un conocido refrán: el que baila último, baila mejor. Y por motivos más dignos y solidarios.

Soberanía con salsa amarilla
Los integrantes de las fuerzas gobernantes comenzarán diciembre con un retiro espiritual en Chapadmalal para encontrar excusas más contundentes que la pesada herencia o el clásico “ésa te la debo” para los fracasos de este año. Tal vez retiren los espíritus para acomodar mejor sus cuerpos de cara a las elecciones legislativas o para acondicionar la piel para un mes que promete ser muy caliente. Ellos le llaman retiro espiritual a lo que será, en realidad, una reunión no política donde definirán las estrategias y distribuirán los versitos que funcionarios, legisladores, voluntarios y laderos deberán memorizar para recitar en los estudios televisivos. En los días que quedan hasta entonces, afrontarán la vida real con las incongruencias de siempre: la patraña de que Argentina no creció en los últimos cuatro años, respetar las reglas del juego, integrarnos al mundo, entre muchas otras. Un creativo menú de consignas e indefiniciones para distraer a los atónitos votantes que aún esperan la Revolución de la Alegría.
Y seguirán esperando porque las inversiones no llovieron ni los brotes verdes se asomaron en esta extraña primavera del cambio. A pesar de las condiciones que se fueron cumpliendo por etapas, sólo el capital especulativo visitó nuestras tierras. Lo que el diario El país de España -otrora muy crítico del gobierno de Cristina- llamó el festival financiero y, en tiempos de la dictadura, la prensa vernácula bautizó como bicicleta financiera. Desde el 10 de diciembre, el empresidente Macri devaluó la moneda, eliminó retenciones, quitó aranceles a las importaciones, liberó exportaciones, finiquitó los controles cambiarios, saldó la usurera deuda con los buitres, batió récords de endeudamiento y terminó con el impuesto a la riqueza para que se produjera la tan prometida lluvia de inversiones. Pero no llovió. La sequía obligó a apelar a un blanqueo de divisas que apenas produjo algunas míseras gotas, a pesar de las tentadoras concesiones. Ahora, hasta permiten que familiares de funcionarios puedan acogerse a esta amnistía para fulleros monetarios. Y sigue sin llover.
Uno de los ideólogos de esta ceocracia, Javier González Fraga, autor del célebre apotegma “Los sectores medios gastaban más de lo que sus sueldos medios permitían”, aportó una novedosa explicación al fenómeno meteoro-monetario. Aunque algunos puristas de la academia consideren insulsos sus métodos de análisis, el apologista de Cambiemos encontró la manera de culpar al kirchnerismo por la recesión del futuro. “Nadie quiere invertir en el país porque no saben si no vuelve el populismo dentro de dos años”, aseguró, aguardando un aplauso que no se produjo. O el economista del establishment enloqueció o sugirió una forma de proscribir a los K sin demasiados costos institucionales. Además, dentro de dos años, en 2018, no hay elecciones a la vista, salvo que algún imponderable las vuelva necesarias.
Esperando a Godot
Premonición o fallido, pero esto sugiere que no se tienen mucha fe, a pesar de los caricaturescos intentos de Macri por insuflar optimismo. Porque las condiciones para el arribo de los tan ansiados capitales para el desarrollo no terminan ahí. La semana pasada, el Congreso aprobó el esquema de Participación Público-Privada para que las empresas realicen grandes obras de infraestructura con nulos riesgos y muchas ganancias. Estos PPP o APP no dieron buenos resultados en los países en donde se aplicó. David Hall, director fundador de la Unidad de Investigación Internacional de Servicios Públicos de la Universidad de Greenwich analizó la experiencia de Alemania, Indonesia, Francia, Dinamarca y Brasil, que son ejemplos para los PRO. Los escándalos por la multiplicación de los montos iniciales, la postergación de los plazos y abusos hacia los usuarios invitan más a rechazar este esquema que a aplicarlo. Pero, debemos integrarnos al mundo aunque para ello debamos adoptar su resaca.
No la “resaca” que mencionó el senador seudo kirchnerista Miguel Ángel Pichetto al hablar de la inmigración; postura que permitió que los amarillos desplieguen su natural hipocresía. En una economía que se des-globaliza para fortalecer el mercado interno, el Gran Equipo se abre, no para ser el supermercado del mundo –como declaró Macri muchas veces-, sino su resumidero. La genialidad de permitir importaciones sin aranceles de artículos que producimos en el país no sólo facilita la fuga de divisas –casi sangría- sino que debilita las industrias locales, más aún en un escenario de consumo declinante. Si este experimento tenía como objetivo que los precios tiendan a la baja, el fracaso es notorio. Si, en cambio, pretendían aniquilar pequeños y medianos productores, el éxito es rotundo porque podrán concentrar la economía en pocas manos.
Y los que prometían en campaña generar millones de puestos de trabajo, han dejado en la calle a casi 700 mil argentinos. En estos once meses padecimos un combo de nuestras peores crisis: inflación, recesión, desempleo, desindustrialización, incremento de la pobreza, endeudamiento. Si Macri concibe al país como una gran empresa, es un pésimo gerente porque nos está llevando a la quiebra. Si los miembros de gabinete salieran mañana a decir “perdón, nos equivocamos; pensamos que de esta manera podíamos corregir lo que estaba mal y mejorar lo que estaba bien pero aplicamos mal la receta”, todo bien. Pero no se equivocaron: éste es el plan.
Todavía quedan algunas condiciones más que cumplir antes de que comience la tan mentada lluvia. Aunque intenten poner paños fríos con algunas limosnas con forma de bono, no torcerán el camino hacia el abismo. Esas sumas que destinarán a los beneficiarios de asignaciones y a los empleados del Estado, apenas será una gota en el desierto que será succionada por los formadores de precios, que han abusado de su posición dominante ante la inacción del gobierno. Apenas quieren atenuar el descontento que ya está comenzando a evidenciar sus síntomas. Porque el Plan PRO nos necesita pobres, desamparados y sometidos, suplicantes de migajas y muy agradecidos.
Pero eso no es todo. Además quieren trabajadores flexibles. Desde hace años escuchamos hablar de los salarios como un penoso costo para los grandes empresarios. Ahora, el empresidente cuestiona las licencias por enfermedad y otros derechos que siempre están en peligro cuando el neoliberalismo gobierna. Incrementar el desempleo para extorsionar a la clase obrera. Esa es la otra condición para que las inversiones vengan. Entonces, cuando lleguen, con bajas impositivas, libertad para fugar y facilidad para explotar a los obreros y cobrar lo que se les antoje por sus servicios, el derrame será apenas un insignificante goteo que no logrará mover el amperímetro del desarrollo tan prometido.
Y si el nuevo presidente del Imperio, Donald Trump logra tentar a los capitalistas norteamericanos que pululan por el mundo, veremos partir muchas empresas que casi creíamos propias. Por lo tanto, la pregonada esperanza para el año que viene no será más que una falsa ilusión. Como el panorama no es muy auspicioso, están pergeñando las tretas de cara a las elecciones legislativas, desde los lemas para eludir preguntas incómodas hasta las bombas distractivas de los medios cómplices. Quizá por eso están un poco desesperados para incrustar la reforma política con voto electrónico incluido, empantanada en el Senado por sus múltiples vulnerabilidades. Tanto denunciar fraudes inexistentes, ellos están defraudando antes de cumplir el primer año. Y lo van a seguir haciendo.

A la sombra del gigante
Festejar una muerte es de miserables. Alguien puede alegrarse en la intimidad de su baño y hasta alzar una copa en una mesa familiar por el fallecimiento de alguien detestado, pero salir a las calles y armar un jolgorio es una enfática exhibición de la oscuridad de su espíritu. Más aún cuando los mortuorios festejantes están asilados en las entrañas del Imperio que ha producido más asesinatos que cualquier dictadura del planeta. Eso, si consideramos que Cuba lo es. El estándar de democracia que se impone desde la hegemonía mundial no tiene como objetivo el bienestar de ningún pueblo, sino el sometimiento de todos. Que una pequeña isla bloqueada, demonizada y con escasos recursos logre el menor número de mortalidad infantil del continente, un elevado nivel en salud reconocido por la OMS y una bajísima tasa de delincuencia debería tomarse más como ejemplo que como blanco de diatribas. Y los que se llenan la boca con los DDHH, recuerden que el único centro de torturas de ese territorio está administrado por EEUU.
En fin, la hipocresía es ciega pero no muda. El final del documental Sicko, de Michael Moore, es muy ilustrativo de eso. El periodista se traslada a Cuba con un grupo de rescatistas con severas secuelas por sus tareas después del atentado a las Torres Gemelas, donde reciben la atención médica que la Nación que los considera héroes les niega. Entonces, que un país donde el presidente es elegido con apenas la mitad de sus votantes porque las elecciones se realizan en días laborables, las corporaciones gobiernan más que los políticos y los derechos se garantizan de acuerdo al tamaño de la billetera no puede ser la vara para medir la Democracia. Un país que genera guerras para facilitar los negocios de sus grandes empresarios tampoco es parámetro de Democracia y menos aún de humanidad. Que un gobierno democrático sólo genere desigualdad y destrucción no debería ser una buena publicidad de ese sistema. Y menos aún erigirse como juez supremo para ponderar o condenar las democracias del planeta.
Después de tantos intentos por terminar con su vida y de las muchas veces que anunciaron su muerte, murió Fidel, uno de los pocos nombres que no necesitan el apellido. Otros ni siquiera el nombre precisan: con el apodo alcanza, como el Che. Los dos emergen de la misma isla, como demonios para unos y ángeles para otros. Como oscuridad o como faro, pero inevitables. Ejemplo de lo que sí y de lo que no, todo a la vez. Un lugar indiscutible en la Gran Historia que sólo le niegan los que no dan ni para una historieta.
Hipocresía de los enanos
Las condolencias y las condenas inspiraron mensajes que recorrieron el mundo. Los medios internacionales recogieron las palabras de los principales líderes del mundo. De Macri, por supuesto, sólo los propagandistas locales se acordaron. Claro, un tibio pésame para el gobierno sin acordarse del pueblo no es para lucirse. Y que la canciller, Susana Malcorra dictamine el “cierre de una etapa” es buscar más las pullas que los aplausos en la interpretación de la política internacional. Pero los PRO son así: cuando se esfuerzan por disimular el desprecio, lo ponen más en evidencia. De estadistas no tienen ni una letra; de serviles mayordomos, varios alfabetos. Una recorrida por los twits que los amarillos y sus acólitos hicieron circular por las redes sería redundar en prejuicios y desinformación: más aportes para profundizar la grieta.
Muchos se rasgan las vestiduras por los exiliados de Miami sin recordar los millones de refugiados y migrantes que genera Occidente con sus bombardeos indiscriminados y la pobreza a mansalva. Como si el Capitalismo no excluyera a nadie de las tierras donde clava sus garras. ¿Acaso los mexicanos que arriesgan su vida para cruzar la frontera hacia EEUU no huyen de la exclusión que genera el neoliberalismo en su propio país? ¿Cuántos se fueron de Argentina a principios de siglo cuando la Alianza nos estaba llevando a la mayor crisis de nuestra historia? ¿Cuántos estarán preparando sus valijas ahora, que una nueva alianza nos conduce a un colapso parecido?
Los panegiristas de la Libertad ni piensan en la opresión que genera la desigualdad del capitalismo más salvaje. En inspirados análisis, hablan de ciudadanos que no pueden acceder al jabón, a la carne o a Internet a miles de kilómetros de distancia, sin tener en cuenta a los que están impedidos de hacer lo mismo a pocas cuadras de donde escriben. Y denuncian lujos desmesurados de mandatarios socialistas cuando los anunciantes que los mantienen los superan ampliamente. Y de gran parte de los políticos de la democracia burguesa, ni hablar. O muchos de los jueces de alto rango, que deben vivir holgados con sus altísimos sueldos libres de impuestos. Cuando los capitalistas logren incluir a todos los ciudadanos en una vida digna, recién podrán erigirse como modelo. Hasta ahora, el camino es a la inversa.
Y si la cuestión es que los cubanos eligen muchos cargos menos el de presidente, es lo mismo que en muchas de las democracias europeas que se ponen como ejemplo. ¿O acaso los españoles, ingleses, holandeses o suecos pueden elegir a sus monarcas? Aunque nadie los vote, los apologistas de la democracia jamás los llamarán dictadores. ¿Acaso Pinochet no fue recibido con honores en su amada Gran Bretaña y fue uno de los más emblemáticos dictadores de América Latina? ¿Cuántas dictaduras son bendecidas por el Imperio mientras sean funcionales a sus intereses? ¿Y cuántas fueron desmanteladas cuando se movieron un milímetro de los lineamientos imperiales?
Tan democráticos son estos defensores del capitalismo que conquistan sus cargos a fuerza de promesas que no piensan cumplir y se lo pasan mintiendo a sus propios votantes. Y hablan de la pobreza que hay en la Isla cuando en los barrios de las capitales que gobiernan la miseria desborda las calles. O se horrorizan con los que cruzan a Miami cuando en los países que padecen sus gestiones los habitantes cruzan las fronteras para escapar de la dictadura de las góndolas. Hipócritas, ignorantes y cínicos.
Bestiales, como el voluntario de Cambiemos, Walter Gutiérrez, que escribió “Murió Fidel, falta Cristina”. ¿Qué lecciones puede dar alguien así? Celebrar las muertes es de miserables pero desearlas en público evidencia un corazón despojado de toda humanidad. A la sombra de un gigante los pequeños se cobijan para buscar protección y los enanos refunfuñan con desesperación, perdidos en la oscuridad de sus oscuros espíritus.

Diciembre

Las huellas de Cristina
La Presidenta tocó el pianito por un capricho del juez que está acusado por haber permitido que se cometa el supuesto delito del que se la acusa. Por el mismo hecho hay dos causas: una con funcionarios del gobierno anterior y la otra, con funcionarios del actual. Los primeros, no se beneficiaron con la decisión política pero los segundos, sí, con el agravante de que tomaron la iniciativa de devaluar la moneda y determinar el monto de las ganancias. Si el juez Claudio Bonadío hubiera impedido que se liquide la operatoria del Dólar Futuro cuando el presidente del Banco Central le preguntó, no habría daño alguno en las arcas del Estado. Un conflicto de intereses que sólo involucra a muchos de los amarillos. Sin embargo, la única que aparece demonizada en las tapas es Cristina, víctima de una persecución judicial con tintes políticos. La promesa del respeto a las instituciones merecerá un nuevo te la debo, porque para seguir adelante con esta amarga Revolución de la Alegría es necesario pisotearlas a todas.
Cristina toca el pianito porque la prepotencia nos gobierna. El entusiasmo inicial que muchos sentían ante un nuevo gobierno comenzó a transformarse en pasmo apenas conocieron las primeras medidas. Los decretazos para desmantelar leyes lo convirtieron en un violador serial de las normas constitucionales. La minoría parlamentaria que parecía ser un obstáculo se trocó en una desconcertante mayoría a fuerza de sobornos y amenazas. Los uniformados de todos los colores y todo terreno comenzaron a poblar las calles para aplicar los silenciadores de toda protesta. Los desfiles que en tiempos de la dictadura adornaban las fechas patrias hoy es el espectáculo de todos los días.
La advertencia tomó forma con la captura de Milagro Sala, presa en cárcel común desde hace casi un año sin que se haya realizado una acusación concreta. A pesar de las protestas de organismos de DDHH nacionales e internacionales, el republicano gobernador de Jujuy asume el rol de juez y carcelero para ejecutar la venganza de un impune empresario de la zona: Pedro Blaquier. Una forma algo papelonera de integrarnos al mundo, pues los reclamos contra semejante atrocidad ocurren casi todos los días. Ni Macri ni Morales esperaban tanto revuelo por “una coya en cana”. Que la ONU, la OEA y la CIDH reclamen su inmediata liberación indica que la ceocracia amarilla ha traspasado un límite oscuro. En su visita al país, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau mencionó el tema y descolocó al Gerente de La Rosada. El secretario de DDHH Claudio Avruj también recibió demandas parecidas en su visita a Francia. Hasta funcionarios propios susurran sobre la incomodidad del asunto. Todos piden la liberación de la militante social indígena Milagro Sala pero la respuesta oficial es más que indignante: Morales se sienta sobre el emblema arrebatado y Macri sólo ofrece una visita guiada por las instalaciones carcelarias. Parafraseando un célebre dicho popular, son más peligrosos que un mono con navaja. O que un gorila con sable, sería más adecuado.
Yira yira: nada es amor
Mientras Cristina toca el pianito, las fuerzas gobernantes se preparan para atenuar las consecuencias de su penosa gestión. La desocupación creciente, la recesión y el cierre de negocios han dejado a muchos argentinos con poco para sobrevivir. Hasta la militante social Margarita Barrientos –villera estrella de los amarillos- describe con dolor y asombro cómo ha crecido el número de concurrentes al comedor que administra en el barrio Los Piletones. Pero el Gran Equipo, lejos de asumir toda responsabilidad en el incremento de la pobreza, habla del tema como si fuera una epidemia.
Para enfriar un mes caliente, los avarientos ceócratas decidieron acordar una Emergencia Social con las principales organizaciones de base del país. La cifra para paliar la miseria profundizada en este primer año es irrisoria: 30000 millones de pesos en tres años a cambio de que se abstengan “de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza”. Si hacemos unas cuentas no muy complejas, cada beneficiado sólo recibirá unos 3000 pesos hasta 2019. Una limosna. Y encima los firmantes aseguraron que este acuerdo fue bendecido por el Papa Francisco, una nueva mentira que se tropieza con sus cortísimas patas.
Además de mezquinos, ostentan un cinismo que irrita. Ya se ha dicho hasta el hartazgo que sus promesas de campaña fueron incumplidas a voluntad. Una de ellas –la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias- se convertirá en un proyecto de ley que incorporará a más contribuyentes. En lugar de pedir disculpas por no cumplir con uno de los tópicos que más votos debe haber conquistado, se justifican de la peor manera. Después de eliminar retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras, aranceles por importaciones y el tributo por bienes personales, Alfonso Prat Gay explica por qué no prescinden del descuento a los trabajadores: “a todos nos gustaría bajar impuestos, pero sepamos que la consecuencia es bajar recursos para las políticas sociales”.
Al cinismo, le agrega una insultante hipocresía, como si a él le importaran las políticas que tanto ha criticado toda su vida. Gran parte de los votantes del Cambio ha caceroleado contra los que cobran sin trabajar. Ahora usa los planes sociales –el asistencialismo tan denostado- para mantener el impuesto a las ganancias pero no dice cuánto más podría hacerse con todos los tributos que les han perdonado a los más ricos. Una hipocresía que se contagia a los dirigentes de la CGT, que hicieron cuatro paros generales durante el gobierno de Cristina y hoy guardan un vergonzoso silencio. No sólo se callan sino que patean una medida de fuerza al infinito; hoy, que la situación de los trabajadores está en la cuerda floja.
Si a este panorama sumamos el decreto simple con que Macri incorporó al blanqueo a familiares de funcionarios, además de hipócritas y cínicos, son tránsfugas con obscenidad. Precisamente a eso han venido: a indultar sus inmundicias y convertir el país en un coto de uso exclusivo. Tan transparentes que se nota a la legua que son unos estafadores. Corruptos históricos que se enriquecieron a costa del Estado y que ahora lo gobiernan para saquear a destajo.
Cristina toca el pianito mientras Macri califica su gestión con un ocho y el jefe de Gabinete, Marcos Peña asegura que no dedicaron “el primer año a hablar mal del gobierno anterior”. Con unas risas grabadas parecería un chiste, pero es la máxima burla a la que apela uno de los tantos funcionarios que ha agotado a sus oyentes con el verso de la pesada herencia. Hay que estar muy enceguecido para no sentirse estafado por estos piratas desbocados.
Pero es Cristina la que toca el pianito para satisfacer los caprichos de un vengativo juez. Este servidor del Enemigo ignora que Ella ya ha dejado sus huellas en el corazón de millones de argentinos que desde hace un año sueñan con su retorno a La Rosada. El Juez y muchos como él tratan de impedirlo pero no advierten que, con sus trapisondas y refunfuños, no hacen más que acelerar los tiempos para el reencuentro.

El peor de los magos
El Cambio está cumpliendo un año y en esto hay algo auspicioso: que falta menos para que la pesadilla termine. Eso sí, lo que quedará de nosotros cuando culmine el mandato de Macri es impredecible. Él prometía que íbamos a estar cada día mejor, pero los datos duros lo desmienten. Aunque sature su discurso con empalagosas metáforas, el universo simbólico que representa es por demás de amargo. Los logros que enumera en cada ocasión son pamplinas más propias de un embaucador que de un presidente. Que ahora hay más diálogo, que estamos más unidos o que se respira otro aire expresan el alivio de una clase privilegiada por haber recuperado el país para su exclusivo beneficio. Un puñado de angurrientos que se siente más libre para explotar, saquear, evadir, especular, acumular y fugar. En inversiones ni piensan porque el país que el empresidente sirve para ellos –y para él también- incluye un menú inagotable y por cuenta de la casa.
El retiro espiritual de Chapadmalal no relajó el talante del Ingeniero, sino que profundizó el gesto adusto del niño rico empecinado en romper la maqueta que recibió de regalo. Decepcionado por los resultados de un segundo semestre adverso y ante la perspectiva declinante de los próximos meses, el Macri de hoy ya no baila tanto, ni siquiera para burlarse de las víctimas de su gestión. Las arrugas de su rostro y la tensión de su ceño han alejado cualquier mueca de optimismo. Y junto al mar, dijo: “se generó una expectativa de cambio mágico y de eso hay que alejarnos”. Ahora dice que no es un mago, aunque de su boca salió el conjuro “sí, se puede” y anunció el truco del shock de confianza. Ambos produjeron el efecto contrario: cada vez se puede menos y el no-plan de gobierno genera más desconfianza.
Si Macri tuviera buenas intenciones, sería como aquel viejo personaje de Alberto Olmedo, el desventurado Mago Ucraniano, cuyos trucos divertían porque siempre fracasaban. El Gerente de La Rosada no es tan inocente ni tan divertido: sus trucos no fracasan porque producen el efecto deseado. No hay errores en el espectáculo que ofrece y el engaño sigue siendo efectivo para los que creen en él. Su gran acto está empezando y ya se pueden vislumbrar sus resultados: convertir un país rico capaz de albergar con holgura al triple de sus habitantes en un feudo desigual donde unos pocos gocen del esfuerzo de todos.
Abajo el telón
La magia de la televisión convirtió a Macri en presidente y los artilugios más oscuros transformaron su minoría parlamentaria en una mayoría funcional. Las peores leyes salieron de ese hechizo y la varita del decreto las empeoró. Lo que no pasó por el Congreso, corrió por cuenta de las decisiones de los funcionarios en la intimidad de sus despachos. El Boletín Oficial tomó la forma de un manual de embrujos para realizar los deseos del Poder Económico. Así como al aprendiz de hechicero se le descontrolaron las escobas, al Gran Equipo se le alborotaron los números, la lluvia de dólares se trocó en succión y la Revolución de la Alegría, en una lágrima. Con la magia PRO, la transparencia es opacidad, la verdad, mentira y los errores, pesada herencia; el diálogo es stand up, el consenso, imposición y la unión, disciplinamiento.
Macri dice que no es mago pero convirtió a una patota de ceos en un gabinete de gobierno; serviles mayordomos que no saben qué medida tomar para dibujar una sonrisa en la avarienta máscara de sus patrones. Y logró fabricar una crisis donde no había posibilidades, al punto de provocar la caída de los indicadores en todas las actividades imaginables. La venta de materiales de construcción, con una baja del 20 por ciento interanual, termina el año con un desempeño tan dramático como en tiempos del estallido de 2001. Las Pymes industriales bajaron su producción un 6 por ciento respecto al año pasado, de acuerdo a un informe elaborado por la CAME. La caída de las ventas en supermercados y autoservicios alcanza el 20 por ciento y menos de la mitad de los argentinos puede planear vacaciones. Macri dice que no es mago pero en menos de un año logró que las sombras del pasado sobrevuelen nuestras vidas, tanto que el Riesgo País empieza a asomar como un indicador cotidiano. Quizá por esto más del cuarenta por ciento de los argentinos ya considera que este gobierno es peor que el de Cristina.
La magia está terminando o las malsanas intenciones de esta ceocracia se están haciendo evidentes. Como sea, parte de la oposición comienza a comportarse como tal. El hechizo está perdiendo su efecto y los diputados asumen el lugar al que fueron destinados por el voto popular. El rechazo al proyecto oficial del mal llamado impuesto a las ganancias desató el descontrol de los amarillos. El empresidente inició un ciclo de declaraciones inconsistentes en una conferencia de prensa y desplegó un vergonzante rosario de mentiras: que es una actitud irresponsable, que es demagógica, que es una pesadilla. Ahora está preocupado por la recaudación, pero a pocos días de asumir renunció a recaudar con las retenciones a los sectores agropecuarios y mineros. Y es una falacia que crearon miles de puestos de trabajo: por el contrario, se produjeron casi diez mil despidos en esas actividades. Ahora habla de demagogia, pero prometía eliminar el impuesto a las ganancias y no afectar a más trabajadores como propone su proyecto. ¿Acaso no es demagogia eliminar impuestos para los más ricos? Y agregó –en ese tono de reproche tan propio- que no se creció en los últimos cinco años, con el absurdo de incluir el primero de su gestión en el paquete de la pesada herencia.
Además de sus mentiras, desplegó un desprecio muy lejano al diálogo y el consenso tan pregonados. Nada de lo dicho por él y sus laderos sirve para cerrar ninguna grieta. Encima, el desconocimiento por lo aprobado en la Cámara de Diputados los coloca en el escenario de los prejuicios más pueriles. El problema es que, para no desfinanciar al Estado, el proyecto con media sanción propone retenciones a la minería e impuestos al juego, a la renta financiera y a las propiedades improductivas. Estos ceócratas prefieren seguir empobreciendo a los trabajadores antes que incomodar a los más acomodados. Aunque son oficialistas, siguen actuando como opositores; aunque son los victimarios, reaccionan como víctimas. Ellos prefieren romper lanzas con los sectores políticos que garantizaron gobernabilidad en estos meses de destrucción antes que tomar una decisión que saque unas monedas a los que la levantan con pala mecánica.
La magia que los llevó al poder está dejando de funcionar. Sin magia, se aprecia mejor la torpeza política de los amarillos: amenazan con el veto en lugar de considerar que la ley puede incentivar el consumo al poner más dinero en los sectores medios. Sin hechizos, se los ve más cínicos: Macri exige poner más el hombro y se va a Alta Gracia para disfrutar del último feriado puente de la historia.
En estos días, Macri y sus secuaces abandonaron la expresión de feliz cumpleaños para adoptar una de condolencias. Ahora dice que no es un Mago pero las expectativas del cambio mágico las creo él en su campaña. Pero todos sabemos que en el mundo real, la magia no existe. Y, como quedó demostrado en la Década Ganada, no hace falta nada sobrenatural; sólo basta el compromiso para mejorar la vida de los ciudadanos.

Embusteros y estafadores
Que alguien le avise al empresidente Macri que su Jefe de Gabinete Marcos Peña aseguró, hace unas semanas, que “no dedicaron el año a hablar mal del gobierno anterior”. O que le sugieran que actúe de acuerdo a esa gran mentira, al menos por unos días. Nadie le pide que se convierta en un apologista del cristinismo, apenas que deje de enredarse en circunloquios incomprensibles para denostarlo. Que algún colaborador más o menos coherente le recuerde que no está en la fiestita de un club selecto, sino al frente de un país con más de 40 millones de personas adentro. Que sus burlas y patrañas lo que menos hacen es abonar la concordia tan prometida, el diálogo tan cacareado, la paz tan deseada: sólo despiertan el enfermizo aplauso de odiadores y prejuiciosos. Que alguien le recuerde que ganó el balotaje por menos de dos puntos y que, de seguir así, no obtendrá más adherentes, sino todo lo contrario.
El Ingeniero no pasará a la historia por sus dotes de orador y eso es indiscutible. De cualquier modo, lo recordaremos por algún tiempo gracias a sus frases más destacadas. No por su brillo, precisamente. Si en el Bicentenario del Día de la Independencia nos sorprendió con la estupidez de los héroes angustiados por romper con la corona y la obsecuencia del querido rey, cualquier cosa saldrá de su boca mientras arruina nuestra vida. Pero en estos días superó todas las expectativas.
Primero, elogió al ministro de Energía de la peor manera por haber favorecido a sus amigos con los tarifazos pasados y por venir. Uno es Nicolás Caputo, compañerito de banco desde la primaria, y el otro el británico Joe Lewis, dueño de una estancia con un lago de uso exclusivo y recientemente favorecido por un loteo de tierras en una reserva de la zona de El Bolsón. En esa frase puso en evidencia sus prioridades: “Juanjo –por Aranguren- este año te ha tocado bailar con la más complicada”. Claro, el baile más complicado le tocó al funcionario que multiplicó la tarifa de los servicios y operó para beneficiar a la petrolera Shell, de la que era gerente y accionista. Los usuarios, que tuvieron que ajustar sus cinturones para satisfacer a los más ricos, ya no pueden bailar con nadie.
Después, expelió una seguidilla de palabras cargadas tanto de originalidad como de desprecio. Aunque circuló por los medios y las redes, acompañada de ingeniosos chistes, vale la pena recordarla: “el aire acondicionado es uno de los elementos más disruptivos que ha venido a integrarse a este cóctel explosivo y siniestro que dejó el gobierno anterior”. Una extraña manera de definir un artefacto que no fue inventado por Cristina sino por Willis Haviland Carrier a principios del siglo XX.
Multiplicar la desigualdad
Macri sabe que el aire acondicionado no es un invento kirchnerista ni tampoco disruptivo. Lo disruptivo, lo que rompe con la lógica del Gerente de La Rosada es que no sea de uso exclusivo de las clases más acomodadas. Eso sí es disruptivo y, por tanto, lo que más molesta. Para Macri –y muchos como él- el confort debe ser un privilegio, como las vacaciones, los autos 0 Km, el lomo, los celulares y los televisores más novedosos. En esa frase, el presidente off shore sintetiza su pensamiento de clase, además de expresar el desprecio hacia sus predecesores por la osadía de expandir los disfrutes a los sectores medios y medio bajos. Para Él – y muchos como él- que un trabajador medio goce en una sociedad capitalista es inadmisible, explosivo, siniestro. Eso es lo imperdonable que debe ser castigado.
Y los exponentes de la oligarquía gobernante tienen todas las herramientas para hacerlo, además de La Palabra y los micrófonos para difundirla. La persecución política por esa osadía toma la forma de una justicia independiente. Jueces tan comprometidos con la justicia que perdonan delitos de Lesa Humanidad que involucran a los instigadores y beneficiados civiles de la dictadura, como Héctor Magneto, Ernestina Herrera, Bartolomé Mitre, Pedro Blaquier y muchos más. Una oportunidad que nos perdemos de condenar a los verdaderos artífices de la perversidad pasada, presente y futura. Tan independientes que excusan a los funcionarios del actual gobierno que compraron dólar futuro y decidieron la cotización para incrementar sus ganancias.
Tan razonables y juiciosos que suspenden un juicio de Lesa Humanidad para sentar en el banquillo a una militante social por arrojar huevos a un senador ocho años atrás. Aunque no haya estado presente ni haya alentado la afrenta, ese senador convertido en gobernador está decidido a vengarse. Milagro Sala explicó la escena que nos avergüenza ante el mundo: “siento que la molestia de él –Gerardo Morales- es que los negros nos pudimos organizar y que inculcamos a los compañeros que tenían que estudiar y prepararse y que no teníamos que bajar la cabeza por nada del mundo”. Construir casas, piscinas, polideportivos para los pobres es lo mismo que usar aire acondicionado o viajar: para la minoría que nos gobierna eso es disrupción o, como dicen cotidianamente, corrupción. Fugar, evadir, explotar no es corrupción; redistribuir el ingreso para dignificar la vida de los que menos tienen sí lo es.
Aunque digan lo contrario, no soportan la tan pregonada igualdad de oportunidades. Ellos, poseedores de todos los privilegios, detestan los derechos de los desposeídos y hacen lo imposible para cercenarlos, desde lo más elemental hasta lo más simbólico. Después de encarecer los productos de nuestra mesa y transformar en un lujo los servicios públicos, ahora van por los inmigrantes que vienen a estudiar a nuestro país. La comisión de Educación de Diputados pidió a los rectores de las universidades públicas que informen sobre la cantidad de estudiantes extranjeros, qué carreras cursan y de qué países provienen. “Queremos saber a quién le ponemos la plata”, explicó Eduardo Amadeo, uno de los impulsores PRO de la medida.
Los ciudadanos también tenemos esa preocupación, pero en un sentido bien diferente. Mientras este diputado se inquieta por los estudiantes extranjeros, nosotros deberíamos preguntarnos adónde van los recursos que el Gran Equipo dejó de recibir por las retenciones, los aranceles de los productos importados, el impuesto a la riqueza, las deudas perdonadas y los subsidios que benefician a las distribuidoras de energía, que todavía persisten. Eso también es dinero que ponemos entre todos para beneficiar a los que no necesitan ni un centavo pero quieren mucho más. Esos millones que hemos perdido en este nefasto año del cambio se explican en la fuga de divisas que bate el record de más de 30 mil millones de dólares, en la timba de las Lebacs con casi 300 mil millones de pesos y en el endeudamiento que es el más alto del mundo.
Ellos ostentan un cinismo tan obsceno que son capaces de denunciar al que se roba una moneda mientras ocultan millones en los paraísos fiscales que tan bien conocen. Ellos son tan viles que denuestan al que obtuvo una vivienda social o usa un aire acondicionado mientras viven rodeados de lujos de ensueño. Ellos son tan hipócritas que pontifican sobre la cultura del trabajo sin saber lo que eso significa. Ellos son tan crueles que exigen sacrificios a los que ya no tienen nada a lo que renunciar mientras transfieren cifras millonarias a los que les sobra de todo. Ellos son tan ajenos a la vida cotidiana que no se imaginan lo que es una carencia. Ellos provienen de una otredad para conquistar nuestras vidas y enajenarnos de todo. Por una perversa confusión en la conciencia popular nos gobierna la pandilla más impopular de la historia.

Una despedida con ritmo

La verdad amarilla de esta milanesa
El apunte 800 no se amilana
Las sorpresas no terminan. Del “si se puede” de la campaña pasamos al “por ahora no” de estos días. Contra lo supuesto, ninguna de las concesiones realizadas por el Gran Equipo a los sectores concentrados ha producido siquiera un mísero goteo. Por el contrario, la extorsión continúa. De los millones de las retenciones sólo se volcó una quinta parte; el pago a los buitres, en lugar de inversiones sólo provocó mayor endeudamiento; el desmantelamiento de la ley de medios más que pluralidad trajo monotonía discursiva. Mientras tanto, la voz dominante del oficialismo trata de convencernos de que, aunque estamos peor que hace unos meses, éste es el único camino para estar mejor de lo que estábamos. A la excusa de la pesada herencia se suma la idea del país pobre, que quiere instalar un complejo de inferioridad en un colectivo que empezaba a recuperar su autoestima. El cambio que seducía por su esplendor ahora se opaca por la mezquindad que porta y quienes creyeron en él, de a poco, se están decepcionando.
No bajaron la inflación y duplicaron el déficit; no unieron al país sino que insisten en dividirlo más; prometieron luchar contra la corrupción pero sólo buscan hacerla propia; aseguran que quieren el desarrollo pero aplican medidas altamente recesivas; juran que están recortando gastos, pero aumentan sus suculentos salarios; declaran que echan a militantes que vivían del Estado pero acomodan voluntarios que cobran el doble; dicen que combaten la pobreza pero multiplican la desigualdad; y como la lluvia de dólares se retrasa, presentan como esperanza el blanqueo, que no es más que una amnistía fiscal que perdona a los que nos estafaron. Todo es un doble discurso patológico y contagioso.
Aunque intentan inyectarnos optimismo, cada vez son menos convincentes. Y claro, si esta Revolución de la Alegría es más lacrimógena que una telenovela de los setenta. Las vacaciones de invierno nos encuentran tan magros que en los centros turísticos apenas contabilizan un 50 por ciento de ocupación hotelera. Ni el día del Amigo se topó con monedas en nuestros bolsillos. Según la CAME, las ventas registraron una caída del 7,4 por ciento respecto al año pasado y la mayoría decidió celebrarlo en casa, para no gastar tanto. Encima, la incertidumbre vuelve a instalarse en las decisiones cotidianas: uno no sabe si guardar plata para cuando decidan qué hacer con las tarifas de los servicios o poner unas botellas de aceite a plazo fijo.
¿Adónde está la luz?
Tanto cambiamos que ni nos reconocemos. Hasta hace un tiempo, en nuestra vida había sueños y hoy nos rondan las pesadillas. Antes podíamos proyectar mejoras, adquirir productos, programar viajes y ahora estamos contenidos, precavidos, cautelosos. La sensación de crisis a la vuelta de la esquina nos torna temerosos. Una guadaña amenaza recortar los disfrutes a los que muchos nos habíamos habituado. Las peores postales del ayer vuelven a estar ante nuestros ojos: los contenedores como fuente de alimento y la escuela como el único lugar donde muchos chicos pueden comer.
Las viejas discusiones nunca resueltas parecen revivir en esta restauración inaudita. También desmesurada, porque no es un retroceso a los noventa o a la llegada del neoliberalismo durante la dictadura. Ni siquiera a los tiempos del Centenario, con un trueque del concepto ‘granero del mundo’ por ‘supermercado’, como sugirió Macri varias veces. No, la mirada del empresidente está puesta más atrás para el futuro que pergeña. “Querido Rey, estamos tan angustiados por habernos independizado que queremos volver a ser colonia”, hubiera deseado decir Mauricio en el discurso del Bicentenario. Pero no lo dijo; apenas se atrevió a sugerirlo. Para él y sus secuaces, estamos tan abiertos al mundo que nos convertiremos en cualquier cosa, menos en lo que debemos ser.
Y por este camino, no seremos nada. Y no lo seremos hasta no resolver dudas sustanciales: ¿el país es para todos o para un puñado de privilegiados? ¿Por qué muchos viven ajustados o en la indigencia mientras otros se empachan de lujos obscenos? ¿Hasta dónde quieren incrementar sus fortunas a costa del empobrecimiento general? ¿Por qué tenemos que renunciar a nuestros derechos para obtener la gracia de una mezquina inversión? ¿Por qué los más ricos siempre privatizan sus ganancias y socializan sus pérdidas? ¿Por qué el Estado debe estar a favor de tanta ruindad?
Mientras los medios de comunicación eternizan la foto de López con el casco y el chaleco antibalas, los que están más arriba juegan con una perinola amañada con la que siempre ganan. La Argentina de hoy está en manos de empresarios avarientos que serían inaceptables en los países que siempre ponen como ejemplo. Y lejos de estar agradecidos por gobernar un país rico como pocos, embisten como salvajes para asolarlo. Y la angurria que los impulsa es tan incontenible que hasta despojan a los demás de lo poco que tienen. No les molestan los subsidios, quieren ser sólo ellos sus destinatarios. No quieren un estado mínimo, sino uno enorme al servicio de sus negociados.
Aunque cueste creerlo, los más ricos de nuestra economía envidian nuestros bienes, recelan de nuestros logros, condenan nuestro confort. Y creen que cada moneda les pertenece y estaría mejor en sus cuentas bancarias. En su mirada ombliguista, los sueldos son un gasto, los impuestos a la riqueza, un atropello a la propiedad y las leyes, una limitación de la libertad. Y ahora, que tienen un gobierno cómplice, están más desbocados que nunca.
Y apurados, también. Como si el tiempo les jugara en contra, no saben qué manotear. Si no es la suspensión silenciosa del programa Progresar es la amenaza de subir la edad jubilatoria. Todas las medidas que han tomado hasta ahora han sido para favorecer a los que más tienen. Y como son cínicos, las pocas que parecen beneficiar a los más vulnerables, son puro simulacro. Hasta lo de la transparencia es una pose: sólo codician el botín ajeno. Pero eso no les sale, pues tiran de los Panamá Papers y aparecen los Macri, prueban con Lázaro Báez y encuentran a Calcaterra y salen a cazar una morsa y se chocan con un Sanz.
Mientras Ellos nos entretienen con sainetes televisivos y nos entusiasman con promesas vanas, su ambición hace estragos con nuestro futuro. Mientras el Estado amarillo busca entregarnos al peor postor, tenemos que defender lo que consideramos propio. Y como primer paso, deberíamos diseñar un Estado celeste y blanco que dure para siempre y nos ponga a salvo de estas fieras.

Este libro fue preparado durante las vacaciones del autor en Santa Teresita entre el 18 y el 27 de enero de 2017.