ANTONIO GÁLVEZ RONCEROS: LA VOZ DE CHINCHA PARA EL MUNDO.

(Miguel Pachas Almeyda)

“El afrodescendiente como personaje estaba muy desdibujado en la literatura. Por lo general, si aparecía, era para denigrarlo”. Antonio Gálvez Ronceros”.

Si César Vallejo pudo transmitirnos con hondura el sentir de la gente de su querido Santiago de Chuco, y Ciro Alegría con José María Arguedas la profundidad del alma indígena; Antonio Gálvez Ronceros tradujo de manera fidedigna el sentimiento y el lenguaje muy particular del campesino afrodescendiente de Chincha.

Antonio Gálvez Ronceros, nació en Chincha el 14 de octubre de 1932. Estudió en el colegio José Pardo y, a partir del tercer año de secundaria, sintió una atracción por el dibujo y la pintura, aunque, a pedido de su madre, estudió la carrera docente en la hoy llamada Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle”. Pronto ejerció la docencia en colegios nacionales y luego en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Nació en el distrito de El Carmen, pero creció en la ciudad capital de nuestra provincia, y desde muy pequeño sintió una gran admiración por las campiñas aledañas, así como una fascinación por escuchar la forma como hablaban los campesinos afrodescendientes que en los fines de semana venían a tomarse unos tragos en los tambos de la ciudad. Por esta época habría escuchado diálogos que en algunos casos le causaban alegría, y en otros, una honda tristeza. He aquí el sustrato fundamental de su obra, que lo llevó a erigirse como una de las “voces más originales de la literatura peruana”, según el crítico literario Ricardo González Vigil, y como el “más notable cuentista de la Generación del 50”, después de Julio Ramón Ribeyro, según el escritor Miguel Gutiérrez.

Necesario es recordar y valorar sus inicios literarios, cuando siendo un estudiante universitario y teniendo como maestros a Manuel Moreno Jimeno, Luis Alberto Ratto y Abelardo Oquendo, se inició en la narrativa, publicando su primer artículo titulado “De perros” en el diario El Comercio en el año 1956. También es importante recordar que en sus inicios formó parte del Grupo Narración, fundado en los años 60, al lado de Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso, dos hombres de letras fundamentales en nuestra literatura nacional.

Luego de este importante recorrido biográfico de Antonio Gálvez Ronceros, necesario es analizar su obra "Monólogo desde las tinieblas", publicada en 1975. Si César Vallejo logró en su obra El tungsteno denunciar los abusos que sufrían los indígenas de parte de la oligarquía peruana en plena República Aristocrática, Gálvez Ronceros denuncia por medio de Monólogo desde las tinieblas, la cruda realidad de los afrodescendientes en nuestra provincia y, por ende, de nuestro país y el mundo.

Esta apreciación tiene relación con la entrevista que realicé al escritor hace pocos días en Lima. Cuando le pregunté si a través de sus obras había no solamente difundido sino defendido la condición social y económica de los campesinos afrodescendientes de Chincha, me respondió: "En efecto, a través de mis obras, en especial en Monólogo desde las tinieblas, hago notar por medio de mis cuentos la forma como la sociedad ha relegado e incluso ha puesto en condiciones de inferioridad a los afrodescendientes chinchanos".

Esto significa, que si bien los relatos mencionados nos hablan de las costumbres, creencias, anécdotas y la forma particular del lenguaje de los campesinos negros de nuestra provincia; en el fondo hace evidente la condición humana de los afrodescendientes, quienes todavía son incomprendidos y rechazados por nuestra sociedad hasta épocas actuales. Sin duda, el autor nos llama a la reflexión en cada uno de sus relatos.

Un claro ejemplo viene a ser el cuento “Burra negra”, en el cual se evidencia que una mujer afrodescendiente, molesta porque el animal no avanzaba con rapidez, de acuerdo con sus requerimientos, y, sabiendo que era una burra blanca, llena de cólera le dijo que era una “burra negra”. Leamos:

Por el callejón de Condorillo pasaba una negra montada en una burra. La negra iba peleando con el animal y, ¡chajuí!, ¡chajuá!, le golpeaba las orejas con una rama.
- ¡Arza, bura! – Le decía- ¡Arza te digo, bura mardrita!
Más adelante le dijo:
- ¡Bura negra!

Gálvez Ronceros sostiene, de acuerdo con la entrevista, que esta actitud tiene una explicación: “los afrodescendientes utilizan su condición de ‛inferioridad’ para maltratar a un animal”.

Algunos relatos relacionados con las costumbres, contados con maestría y una prosa extraordinaria, nos llevan a la risa, inevitablemente. En esta categoría encontramos a los que llevan por título: “miera”, “Tre clase de só”, “Dile”, “Hacha”, “Murmuraciones en el portón”, “El mar, el machete y el hombre”, “Rezador”, “Ya ta dicho” y “Una yegua parada en dos patas”. Otros como “La cólera”, “El encuentro”, “El pino de Goyo Corrales” y “¡Ni que yo juera inorante!”, se centran en la discriminación de que son objetos los campesinos afrodescendientes.

Necesario es detenernos en el relato “El encuentro” porque, a mi criterio, representa la columna vertebral de la obra. Por medio de sus personajes, el autor deja en claro y de manera precisa su posición respecto a la discriminación que sufren los afrodescendientes. En este relato, como en otros, tiene como personaje a un niño, aquél que en la vida busca explicaciones para entender por qué mucha gente maltrata a los hombres de color; aquel infante que desconoce la famosa frase de Rousseau: “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”; aquél pequeño que en el camino de su prístina inocencia es invadido por múltiples temores, pensando que aquellos que pregonan la segregación tienen la razón. De ahí que el autor escribe:

"Pero ya irás aprendiendo que en eta vida hay gente a la que le moleta que haya gente con la coló nera. Son los que conjunden la ocuridá del día con la ocuridá e la noche. A veces el sol po un momentito deja de alumbá como debe sé poque la nubes lo tapan. Eso no tiene impotancia poquel día sigue ahí. Son como los animale, porbecitos, quial ve quel día ocurece, creen que e la noche y se asutan. Aesa porbe gente hay que ponele la lu en el corazón, paque susojos no le ocurecan el mundo".

Finalmente, nuestro destacado autor chinchano cierra con maestría su obra, y lo hace con el relato titulado “Monólogo para Jutito”, cifrando sus esperanzas en un niño, la única reserva moral de nuestra sociedad que podría cambiar la cruda realidad que pasan sus congéneres.

"Monólogo desde las tinieblas", sin duda, es una obra fundamental de nuestra literatura nacional; una obra maestra que debe leerse en nuestros colegios nacionales; una obra imprescindible en el proceso de concientización de las nuevas generaciones, quienes deben desarraigar la discriminación racial en nuestra sociedad. Una obra elemental, finalmente, que formará las bases de la anhelada unidad que requiere nuestro país.

He aquí Antonio Gálvez Ronceros, el escritor chinchano por antonomasia; aquel que sostiene que si un escritor piensa que está convencido de conocer un tema en particular, podría escribir una obra de calidad y trascendencia. Aquí nuestro hombre de letras que piensa que el racismo será difícil de erradicar, en un país donde el modelo de hombre para la sociedad es el blanco. Aquí nuestro eximio narrador, que afirma categóricamente que el escritor es “hechura de su época”, y, asegura, que si pretende evadirla, “su literatura se vuelve artificial”. Aquí, finalmente, nuestros cuentistas más importantes del Perú, que piensa que “con la gente humilde uno tiene que ser humilde, con las gentes que ignora muchas cosas, uno tiene que mostrarse como que ignora muchas cosas”.

Lima, 28 de abril de 2016.
•Artículo leído en el homenaje a Antonio Gálvez Ronceros -realizado por el Colectivo “Antonio Gálvez Ronceros”, liderado por Karen Chavez- en la Biblioteca Municipal de Chincha Alta.