ANA MARÍA INTILI ENCIENDE LA PRADERA DEL AMOR.

(WINSTON ORRILLO)
“Una crónica muy actual de nuestro tiempo, por cierto. Pero en el fondo o en el centro de la fábula, está el Amor, el amor como incendio. Khper, la protagonista, tiene algo de Caperucita, pero también de pez y de lobo, de bruja y devoradora.”
Óscar Gallegos Santiago

“Alguna vez seré completamente humana? ¿Qué será el amor? El verdadero, el que enciende la pradera”
A.M. I.

Ana María Intili, con su micronovela, El amor encendió la pradera (Editorial El gato descalzo. Lima, 2016) se viene convirtiendo en una de las más feraces escritoras de nuestro medio.
Nacida en Argentina, en San Miguel de Tucumán, reside, entre nosotros, desde 1975, y con El gato descalzo, sello editorial de su hijo ha publicado El hombre roto (2012-2015); Retorno y otros poemas (2013); Pesadilla de amor (2014) y El hombre que no paraba de reir y otros microrrelatos (2015). Como puede apreciarse, en el último quinquenio, su producción ha sido imparable, y no solo en la prosa mínima, sino en una poesía que acaba de hacerla merecedora de una Mención en el exigente Premio Cope de Poesía (2015) por su libro Flores para el oído.
Ha sido finalista en el Premio Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 2008), y como dato sui generis, su profesión civil es la de médica neuróloga, en cuya condición fundara la Unidad de Neuropediatría en el Hospital Edgardo Rebagliatti Martins, donde ejerció la Dirección hasta su cese. Como psicoterapeuta, su orientación es psicoanalítica. Pero no le basta con ella, sino, como se encuentra en el campo de la creación verbal, ha egresado del Programa de Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana, en nuestra primera Universidad, la Nacional Mayor de San Marcos.
Ellas fulge, igualmente, en el ámbito internacional, pues su importante obra, El hombre roto, fue presentada, en 2014, en Roma, donde está siendo traducida al italiano, por la relevante catedrática Giovanna Minardi. Además, un numeroso grupo de sus textos se halla en traducción al portugués, rumano y runasimi.
Entre sus más valiosas preseas, se encuentran las Palmas Municipales de la Universidad de Huamanga (Ayacucho, Perú, 2005). Ha obtenido, asimismo, una Beca de la conocida Fundación Mempo Gardinelli (Chaco, Argentina, 2009).
El presente libro lleva relevantes ilustraciones, de carátula e interiores, debidas al joven pero ya muy importante artista plástico, Hugo Salazar Chuquimango. Todo lo cual hace que este breve libro sea una joyita, lo que dice bien de su editor, Germán
Atoche Intili.
La protagonista de la obra que reseñamos es un personaje pura creación de Ana María: un cruce entre ser humano y fantasía feérica: es la historia de una niña llamada Khper, la identidad de cuyo padre –como gran parte del libro- era un misterio que la madre llevaría a la tumba.
Sin embargo,
“había algo en ella que llenaba de gozo a quienes la conocían. Con el correr de los tiempos, advirtió que sus ojos hacían crecer su mirada, anticipándose a los hechos, pero cuando las miradas se cruzaban, aterrorizaba. El ambiente se llena de figuras no humanas, como duendecillos del bosque.”
Algo que constituye, quizá el atractivo mayor del breve libro es cómo la autora ensambla la natural con lo fantástico, lo real con aquello que es, como si dijéramos, una remembranza de Alicia en el País de las Maravillas:

“ABU y Madre constituían una pareja ideal. Aunque dormían en cabañas separadas, criaban juntas a la niña. Abu era la anciana más reconocida, gran experta en coser muñecas. Las atravesaba con ponzoñosas agujas en los ojos, en el estómago o en cualquier otro lugar. Estaba dispuesta siempre a practicar cualquier tipo de encantamiento con estrategia y profundo secreto para el maleficio. Todos comentaban con asombro sus poderes. Al mirar sus hábiles manos, presumían que curaba males de los más extraños. “
Este es uno de los encantos del texto: la presencia de magia, hechicería y demás vericuetos que convierten, la historia de esta singular Caperucita Roja, en una renovada creación de Ana María Intili. Hay un conflicto amoroso entre el lobo que originalmente quiere devorar a aquella, y el leñador, cuya tarea es salvarla, pero cuyos propósitos son realmente distintos. Veamos el capítulo XIV, que tiene el nombre, precisamente, del volumen: “El amor encendió la pradera”
“Finalmente Lobo no era el único en despertar a la espinuda Khper. Leñador, buscando engatusarla, había ganado su amistad y se encontraron en la Disco. Ella trató de sentir el mensaje en su pecho, sin lograrlo. Se percibía distinta: como llegada de un lugar lejano. A veces desea no haber existido jamás. Le atormentaba la idea de no conocer a Padre. ¿Padre? En Aquitania, después de luna plena, sus ojos se encendían en llamativo cinabrio. ¿Sería el costo por desconocer su origen? O ese extraño sentimiento de tristeza? ¿Leñador sabría su extraña procedencia? ¿Cómo descifrar el mensaje?”
Hasta hay antropofagia en la micronovela, pero todo con un aire –digamos- donoso:
“Khper Voraz…en amena reunión familiar se engulló a Madre, a Abu, a Lobo:, los dulces de la canastita resultaron de postre. La niñata (su propia hija) se salvó pues dormía entre las cobijas y pasó inadvertida por su contaminada madre.”
En fin, esta micronovela es una muestra más del talento creativo de nuestra autora que, además, paralelamente, nos ha entregado un bello volumen de versos, editado en Colombia, cuyo comento, dejamos para más adelante.
Lo importante es que ella no para. Y eso se llama, ni más ni menos, que respeto al oficio literario, que es absoluto o no es…