Alquimia y fuego de una amistad.

(Sandro Chiri Jaime)

Este libro me abruma. Me abruma porque al revisarlo, primero, y deleitarme con su lectura, luego, repaso, fundamentalmente, la vida cultural peruana de las últimas cuatro décadas. Y, entre otros asuntos, al repasar el tiempo transcurrido, me percato de que en él se han formado diversos tipos de lectores con permanentes preocupaciones dialogantes; prueba de ello son, por ejemplo, las distintas aproximaciones a la producción lírica de Rosina Valcárcel que los críticos entregan en estas páginas del libro que hoy presentamos.

Por ejemplo, el maestro Antonio Cornejo Polar, con el fino humor que lo caracterizaba, señaló, no exento de verdad y elegancia, lo siguiente: "Si Violeta y Gustavo no hubieran hecho a Rosina, hubiéramos tenido que inventarla entre todos. En estos tiempos de derrotas, desengaños y cinismo, de rendiciones y apatías, Rosina parece tener una fuente mágica e inagotable de energía". Y más adelante señala con certera pluma: "La poesía de Rosina es una entreverada mezcla de amor y rabia, de dulzura y encono, de esperanza que ya nada espera".

Alquimia y fuego: Antología critica de la obra poética de Rosina Valcárcel, la nueva entrega de Giovanna Minardi, publicado bellamente por la Editorial Horizonte, es muchas cosas a la vez. En primer lugar diré que es una muestra de amor por la tradición letrada de nuestro país, una señal de compromiso académico y ético con nuestra poesía, y una prueba irrefutable de respeto por la obra de una autora contemporánea de América Latina.

Minardi, con el rigor con que sus viejos maestros italianos la han formado, tributa merecido reconocimiento a Valcárcel a través de un volumen de 347 páginas, y tiene a bien ordenarlo en 3 grandes capítulos: Los Textos generales, las 20 Entrevistas y las nueve secciones que acogen los estudios y comentarios a cada uno de las nueve entregas literarias de Rosina.

Esta constelación de bellos textos que Giovanna Minardi rescata del olvido para avivar no solo el interés por la producción de nuestra autora limeña, sino también para que cada uno de nosotros se contagie de los contenidos y de las expresiones ahí vertidas, me animan a citar una que otra pincelada que extraigo al azar.

Charo Arroyo, verbigracia, es autora de estas magnífica líneas que escribe con el mismo ritmo y ánimo con que Valcárcel elabora sus versos. Cito: "La poesía de Rosina ha estado presente en las calles, en los recitales, presentaciones, antologías, tertulias. En la poesía de Rosina está el existencialismo, el surrealismo, la rebeldía; ella abraza diversas corrientes. La poesía de Rosina es integral: tiene fuego, montes, ríos, poblaciones. El amor la atraviesa, la soledad, el desamor, la historia".

Por su parte, la francesa Modesta Suárez acota: "La temática del cuerpo y la felicidad del amor es otra característica notable de la poesía amorosa de Rosina Valcárcel. Su primer libro, Sendas del bosque, nos ofrece una serie de imágenes donde las palabras dominantes en este registro son cuerpo, ojos, manos, con una excepción: el uso de brazos".

En 1996, Iván Ruiz Ayala difundía estas líneas en la página cultural de El Comercio: "Loca como las aves es un libro de dolor y reconvención al amor finito. Puede significar libre como los pájaros, pero también destrozada como las aves, en el sentido de no tener los pies en la tierra y hallarse a la deriva. Aunque en muchos de sus poemas suena una voz directa, en otros, la tesitura de su voz alcanza límites insospechados de profundidad y lirismo".

Pero acaso, esta rápida semblanza que nos regala el poeta Julio Nelson nos aproxime a la personalidad de Rosina adolescente. Cito: "En el advenimiento del otoño, comienza diciendo uno de los líricos poemas de Pablo Neruda que se leían por aquellos tiempos. Era, en efecto, el advenimiento del otoño la mañana en que me acerqué a la vitrina de horarios de los que habíamos recién ingresado a la Facultad de Letras. Buscaba el horario del curso de francés. Lo encontré. La clase se dictaba ya, pero no indicaba la vitrina dónde, en qué lugar, en qué aula. La joven parada a mi lado que también hurgaba en la vitrina me dijo: 'Se dicta en el aula de la Residencia Universitaria'. Fuimos caminando hacia allá. Era Rosina. Y era el año 1964. El camino hacia la residencia estaba bordeado de moreras. Y la Ciudad Universitaria era flamante como una moneda nueva. El camino era largo y mi nueva amiga no se iniciaba en las letras. Las conocía bien, no obstante sus 17 años".

Algo de ello me pasó a mí, el otoño de 1987, cuando una joven italiana me interrumpió en el hall principal de la Biblioteca Nacional de la avenida Abancay para preguntarme por los trámites que debía realizar para comenzar una investigación sobre los cuentos de Julio Ramón Ribeyro. Se llamaba Giovanna Minardi y era su primer viaje al Perú. Luego me enteré que sustentó su tesis doctoral sobre al autor de La palabra del mudo, que se casó con un profesor peruano, que viajó a México para estudiar su cultura y su literatura, pero jamás se olvidó de nosotros, de su gente, de sus rincones, de nuestras variadas culturas y costumbres.

Por lo visto, Giovanna encontró en estas tierras remotas —como el sabio Antonio Raimondi que recorrió todo el Perú para estudiar nuestra natura, o Giovanni Meo Zilio, estudioso de Vallejo; o Antonio Melis, acusioso investigador de la producción de José Carlos Mariátegui; o Riccardo Badini, de la Universidad de Cagliari, Cerdeña, interesado tanto por las culturas amazónicas peruanas como la poética de Gamaliel Churata; o los 11 bomberos italianos que fueron alevosamente golpeados y fusilados, en 1881, por defender Chorrillos mientras las hordas invasoras quemaban el balneario—, así, como todos ellos, poco a poco, Giovanna se adentró en nuestras letras, en nuestra tradición literaria, para quererla, estudiarla, traducirla o divulgarla por todo el planeta.

Gracias, Minardi, por esta entrega que celebra no solo la poesía de Rosina Valcárcel, sino también la vida, la amistad y la fraternidad entre los pueblos.

(Lima, 24 de mayo de 2018)