A 54 años del triunfo de la revolución cubana

Comunicado de la Juventud del PSUV por el 54 Aniversario de la Revolución Cubana
Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela - www.aporrea.org
02/01/13 - www.aporrea.org/ideologia/a156842.html

La Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JPSUV), felicita a nuestra hermana y aliada Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC) y a todo el glorioso pueblo cubano por el 54 Aniversario de la Revolución Cubana, un proceso que desde sus inicios ha sido un faro para los pueblos que han asumido el camino del socialismo.

Como se conoce cariñosamente a los valiosos guerrilleros de la Sierra Maestra y el Escambray, los “barbudos”, con apenas un puñado de combatientes, dio una lección no sólo militar, sino de heroicidad, auto-convencimiento, y constancia, al derrotar a una dictadura que, como las de la época, eran lacayas de los intereses de los Estados Unidos, lo que conllevó a una situación de pauperización alarmante de las condiciones de vida del pueblo de Cuba.

Progresivamente, con un trabajo arduo y constante y resistiendo permanentemente los ataques militares, diplomáticos, económicos, culturales lanzados desde los centros imperiales del poder, la Revolución Cubana logró revertir esa situación y hoy el pueblo cubano tiene logros indiscutibles en educación, salud, ciencia y tecnología, entre otros. Como genuinos socialistas, la Revolución Cubana ha llevado esos logros a decenas de países, incluyendo a nuestra querida República Bolivariana de Venezuela, donde los misioneros cubanos han hecho posible avanzar a pasos agigantados, en el cumplimiento de los objetivos de nuestra Revolución Bolivariana.

De manera que, queda entendido que la Revolución Cubana y la Bolivariana son procesos tan hermanados como el pensamiento bolivariano y martiano y es la razón por la cual asumimos que las relaciones entre nuestras organizaciones hayan crecido exponencialmente y que nos invita a seguir trabajando indeclinablemente para que se sigan fortaleciendo.

Finalmente, queremos expresar nuestro infinito agradecimiento con Cuba, por darle la mejor atención médica y humana posible a nuestro Comandante Presidente Hugo Chávez Frías y al mismo tiempo, nos unimos al coro mundial de voluntades que se expresan a favor de su plena recuperación para que siga liderando la construcción del otro mundo posible que tanto necesita la humanidad.

Viva el 54 Aniversario de la Revolución Cubana
Viva Cuba y Venezuela
Viva la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña
¡Independencia y Patria Socialista. Viviremos y Venceremos!

Dirección Nacional de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela

República Bolivariana de Venezuela; 1º de enero de 2013

http://juventud.psuv.org.ve

Por Manuel Guerrero*

Cuba conmemora hoy el aniversario 54 del triunfo de la Revolución y, junto al recuento de los avances, enfrenta el futuro con la actualización del modelo económico y social establecido tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista.

En la madrugada del 1 de enero de 1959 una flotilla de cuatro aviones, con Batista y sus allegados a bordo, salió del capitalino campamento de Columbia, la principal instalación militar del país, con destino a República Dominicana, donde fue acogido por su colega Rafael Leónidas Trujillo.

Una exitosa ofensiva de la guerrilla dirigida por Fidel Castro, en la antigua provincia de Oriente, y de Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, en el territorio central de Las Villas, liquidó un régimen que dio muerte a unas 20 mil personas.

El ex general había derrocado al presidente Carlos Prío Socarrás, el 10 de marzo de 1952, cuando se preparaban unas elecciones generales, en las cuales no tenía ninguna posibilidad de ser electo.

Mientras los partidos políticos opositores aceptaron con pasividad el rompimiento del orden constitucional, Fidel Castro comenzó a organizar un movimiento insurreccional que, el 26 de julio de 1953, fracasó al intentar ocupar la segunda fortaleza militar del país, con un centenar de jóvenes.

Condenado a 15 años y amnistiado por presión popular, marchó a México en mayo de 1955, de donde regresó el 2 de diciembre de 1956 en el yate Granma para iniciar la lucha guerrillera que, en diciembre de 1958, hacía imposible la permanencia del tirano en el poder.

El gobierno de Estados Unidos, que brindó a Batista apoyo económico y militar desde el primer momento, al final comprobó que la suerte de éste estaba echada y comenzó a buscar una solución que no fuera la victoria rebelde.

Con ese propósito el embajador estadounidense en La Habana, Earl T. Smith, le comunicó el 17 de diciembre de ese año que "el Departamento de Estado miraba con escepticismo cualquier plan o intención de su parte que significara permanecer indefinidamente en Cuba".

En su libro "El cuarto piso", el diplomático reconoce que "los Estados Unidos, diplomática, pero claramente, le había dicho al presidente de la República que debía irse de su propio país".

Smith revela que le recomendó "una ordenada transmisión de poderes" y Batista, a partir de la conversación con el diplomático, comenzó a maniobrar para proteger su partida y los intereses que él representaba, mediante la formación de una junta militar que impidiera el triunfo guerrillero.

En una reunión con el jefe del Estado Mayor Conjunto, mayor general Francisco Tabernilla, y otros altos oficiales, el gobernante les ordenó que buscaran "una solución nacional".

Tabernilla dispuso que el general Eulogio Cantillo, jefe de Operaciones en Oriente, pidiera una entrevista a Fidel Castro, en la cual el alto oficial se comprometió a iniciar un movimiento militar el 31 de diciembre que depusiera a Batista y diera apoyo incondicional a la victoriosa guerrilla.

El hoy líder de la Revolución informó el 1 de enero en Santiago de Cuba, tras la rendición de la ciudad luego de la fuga del tirano, que Cantillo incumplió su palabra al participar en la formación de una junta en La Habana, al frente de la cual situaron al magistrado más viejo del Tribunal Supremo de Justicia, Carlos Manuel Piedra.

Aquella efímera junta cívico-militar, con Cantillo como jefe del Estado Mayor del Ejército, murió prácticamente al nacer pues incluso el pleno del máximo tribunal se negó a legitimarla por su carácter espurio.

El líder insurrecto denunció que esa maniobra, que calificó de golpe ambicioso y traidor, se dio de acuerdo con Batista para dejarlo escapar y, ese mismo día, en alocución radial planteó: "¡Revolución, sí; golpe militar, no!".

El contundente rechazo del jefe guerrillero paralizó la acción y Cantillo, en un último intento mandó a buscar a Isla de Pinos, al sur de esta capital, a militares presos por una conspiración el 4 de de abril de 1956, y le entregó el mando del ejército al coronel Ramón Barquín.

Este oficial tampoco pudo controlar la situación y el 2 de enero Camilo Cienfuegos ocupó el campamento de Columbia, donde en la noche del 31 de diciembre Batista dio los últimos toques a un plan que consideraba salvador.

El pueblo cubano despertó el primer día del año 1959 sin conocer que el dictador se había marchado furtivamente en horas de la madrugada anterior, y con la sorpresa de ver en las calles a jóvenes revolucionarios, que se apoderaron de estaciones de policía y dependencias oficiales.

La primera noticia de la fuga fue dada por el periodista Carlos Lechuga a las 10 de la mañana por el canal 2 de televisión pues antes emisoras radiales solo se habían referido a que trascendentales hechos estaban ocurriendo.

Salvo algunos combates esporádicos con elementos paramilitares en lugares céntricos de La Habana, la normalidad imperó tanto en la capital como en el interior del país, donde las milicias rebeldes tomaron el control.

El panorama capitalino fue descrito por la popular revista Bohemia de la siguiente forma: La ciudad se volcó a las calles, tanto tiempo ausentes del calor popular; repicaron las campanas y de los balcones y ventanas colgaron banderas cubanas y la enseña rojo y negra del M-26-7 (Movimiento 26 de Julio, la organización que dirigía Fidel Castro).

"Milicianos fidelistas surgieron de todas partes, armados de pistolas, revólveres y escopetas de caza […] un ejército civil se había adueñado de la calle, frustrando toda posibilidad de un contragolpe y anulando las posibilidades políticas de la traición de Eulogio Cantillo", comentó la Sección en Cuba, la más importante de la publicación.

Mientras esas acciones se desarrollaban en La Habana, Fidel Castro entraba en Santiago de Cuba y en su primer discurso tras el triunfo dijo que "la Revolución empieza ahora […] no será una tarea fácil […] será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo en esta etapa inicial".

Más de medio siglo después, en el país se desarrolla un proceso de actualización del modelo económico y social, que busca consolidar lo alcanzado y avanzar hacia mayor productividad y eficiencia dentro del socialismo, mediante formas de gestión que incluyen el aporte del sector privado.

El presidente Raúl Castro dijo en diciembre ante el parlamento que "valoramos que la actualización del modelo económico cubano, tras las medidas iniciales de supresión de prohibiciones y otras trabas para el desarrollo de las fuerzas productivas, marcha con paso seguro y empieza a adentrarse en cuestiones de mayor alcance, complejidad y profundidad […].

Agregó que esa acción parte de la premisa "de que todo lo que hagamos va dirigido a la preservación y desarrollo en Cuba de una sociedad socialista sustentable y próspera".

*Periodista de Prensa Latina

Vea Infografía en
http://www.radioflorida.icrt.cu/infografia/54-revolucion-cubana.jpg

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Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
Moderadora Lista Cuba coraje, Coord. Red Social Hermes para Cuba y A. Latina y miembro fundador de la Red de Trincheras Amigas

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"A todo ello habría que añadir el efecto moral de este desenlace y su trascendencia en la marcha de la guerra: a partir de ese momento, la iniciativa estratégica quedaba definitivamente en manos del Ejército Rebelde, dueño absoluto, además, de un extenso territorio al que el enemigo no intentaría siquiera volver a penetrar. La Sierra Maestra, en efecto, quedaba liberada por siempre.

La victoria sobre la gran ofensiva enemiga del verano de 1958 marcó el viraje irreversible de la guerra. El Ejército Rebelde, triunfante y extraordinariamente fortalecido por la enorme cantidad de armas conquistadas, quedó en condiciones de iniciar su ofensiva estratégica final.

Con estos acontecimientos se abrió una nueva y última etapa en la guerra de liberación, caracterizada por la invasión al centro del país, la creación del Cuarto Frente Oriental y del Frente de Camagüey. La lucha se extendió a todo el país. La gran ofensiva final del Ejército Rebelde condujo, con la fulminante campaña de Oriente y de Las Villas, a la derrota definitiva del Ejército de la tiranía y, en consecuencia, al colapso militar del régimen batistiano y la toma del poder por la Revolución triunfante.

Las columnas del Che y de Camilo, avanzando por las llanuras del Cauto y de Camagüey, llegaron al centro del país. La antigua Columna 1 de nuevo entrenó más de 1 000 reclutas en la escuela de Minas de Frío, y con jefes que surgían de sus propias filas, tomaron los pueblos y ciudades en la Carretera Central entre Bayamo y Palma Soriano. Nuevas tanquetas T-37 fueron destruidas, los tanques pesados y la aviación de combate no pudieron impedir la toma de ciudades cientos de veces mayores que el pobladito de Las Mercedes.

Exactamente el 1ro. de enero de 1959 —la fecha señalada en carta a Juan Almeida antes de iniciarse la última ofensiva de la dictadura contra la Sierra Maestra—, la huelga general revolucionaria, decretada a través de Radio Rebelde desde Palma Soriano, paralizó al país. El Che y Camilo recibieron órdenes de avanzar por la Carretera Central hacia la capital, y no hubo fuerzas que hicieran resistencia."

LA VICTORIA ESTRATÉGICA
El balance final de la batalla

(Capítulo 25 y final)

Fue una victoria rotunda de nuestras fuerzas guerrilleras.

Con la retirada de las últimas unidades del Ejército de la tiranía de Las Mercedes quedó derrotada de forma aplastante y definitiva la gran ofensiva enemiga contra el territorio rebelde del Primer Frente de la Sierra Maestra, durante la cual el mando militar de la dictadura lanzó sus más poderosos recursos, en un intento final por destruir el núcleo central guerrillero.

El valor, la tenacidad, el heroísmo y la capacidad de los combatientes rebeldes en la férrea y organizada defensa de las posiciones, y la aplicación contundente de todas las formas tácticas de acción de la guerrilla, desbarataron la ofensiva en 74 días de incesante e intenso batallar.

Dentro de esa brillante actuación de todos nuestros combatientes, contribuyeron en particular a este desenlace victorioso, un grupo de aguerridos y eficientes capitanes que actuaron en la primera línea de combate, con inteligencia y coraje, al frente de sus hombres.

En este balance final es obligado destacar, en primer lugar, al Che y Camilo, quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis principales lugartenientes en diferentes momentos, así como a Andrés Cuevas, Ramón Paz, Daniel, Angelito Verdecia, Ramiro Valdés, Guillermo García, Lalo Sardiñas y Pinares, entre otros.

Como escribí en el parte leído por Radio Rebelde el 7 de agosto, apenas al día siguiente de concluida la Batalla de Las Mercedes:

La ofensiva ha sido liquidada. El más grande esfuerzo militar que se haya realizado en nuestra historia Republicana, concluyó en el más espantoso desastre que pudo imaginarse el soberbio Dictador, cuyas tropas en plena fuga, después de dos meses y medio [de] derrota en derrota, están señalando los días finales de su régimen odioso. La Sierra Maestra está ya totalmente libre de fuerzas enemigas.

La derrota de la ofensiva enemiga, después de 74 días de incesante combate, significó el viraje estratégico de la guerra. A partir de ese momento la suerte de la tiranía quedó definitivamente echada, en la medida en que se hacía evidente la inminencia de su colapso militar.

Ese mismo día redacté una carta dirigida al mayor general Eulogio Cantillo, quien dirigió toda la campaña enemiga desde el puesto de mando de la zona de operaciones, asentado en Bayamo. Le confirmé a Cantillo que se encontraban en poder de nuestras fuerzas alrededor de 160 soldados prisioneros, entre ellos muchos heridos, y que estábamos en disposición de establecer de inmediato las negociaciones pertinentes para su entrega. Tras complicadas gestiones, esta segunda entrega de prisioneros se efectuó varios días después en Las Mercedes.

En el curso de esos 74 días de intensos combates para el rechazo y la derrota de la gran ofensiva enemiga, nuestras fuerzas sufrieron 31 bajas mortales. Las noticias tristes no amilanaron nunca el espíritu de nuestras fuerzas, aunque la victoria nos supo amarga muchas veces. Aún así, la pérdida de combatientes pudo ser muy superior, teniendo en cuenta la intensidad, duración y violencia de las acciones terrestres y los ataques aéreos, si no lo fueron se debió a la extraordinaria pericia alcanzada por nuestros guerrilleros en la agreste naturaleza de la Maestra y por la solidaridad de unos rebeldes con otros. Muchas veces, heridos graves salvaron su vida, en primer lugar, porque sus compañeros hicieron lo imposible por trasladarlos a donde pudieran asistirlos los médicos, y todo, a pesar de lo abrupto del terreno y el silbido de las balas en medio de los combates.

A lo largo de estas páginas he ido mencionando los nombres de los caídos, pero quiero relacionarlos de nuevo a todos aquí para ofrecer de una sola vez el cuadro completo de nuestros mártires, merecedores del eterno recuerdo de respeto y admiración de todo el pueblo. Ellos son:

Comandantes: Andrés Cuevas, Ramón Paz y René Ramos Latour, Daniel.

Capitanes: Ángel Verdecia y Geonel Rodríguez.

Tenientes: Teodoro Banderas, Fernando Chávez, El Artista, y Godofredo Verdecia.

Combatientes: Misaíl Machado, Fernando Martínez, Albio Martínez, Wilfredo Lara, Gustavo; Wilfredo González, Pascualito; Juan de Dios Zamora, Carlos López Mas, Eugenio Cedeño, Victuro Acosta, El Bayamés; Francisco Luna, Roberto Corría, Luis Enrique Carracedo, Elinor Teruel, Juan Vázquez, Chan Cuba; Giraldo Aponte, El Marinero; Federico Hadfeg, Felipe Cordumy, Lorenzo Véliz, Gaudencio Santiesteban, Nicolás Ul, Luciano Tamayo, Ángel Silva Socarrás y José Díaz, El Galleguito.

Colaboradores campesinos: Lucas Castillo, otros miembros de su familia, e Ibrahim Escalona Torres.

Honor y gloria eterna, respeto infinito y cariño para los que cayeron entonces.

El enemigo sufrió más de 1 000 bajas, de ellas más de 300 muertos y 443 prisioneros, y no menos de cinco grandes unidades completas de sus fuerzas fueron aniquiladas, capturadas o desarticuladas. Quedaron en nuestro poder 507 armas, incluidas dos tanques, 10 morteros, varias bazucas y 12 ametralladoras calibre 30.

A todo ello habría que añadir el efecto moral de este desenlace y su trascendencia en la marcha de la guerra: a partir de ese momento, la iniciativa estratégica quedaba definitivamente en manos del Ejército Rebelde, dueño absoluto, además, de un extenso territorio al que el enemigo no intentaría siquiera volver a penetrar. La Sierra Maestra, en efecto, quedaba liberada por siempre.

La victoria sobre la gran ofensiva enemiga del verano de 1958 marcó el viraje irreversible de la guerra. El Ejército Rebelde, triunfante y extraordinariamente fortalecido por la enorme cantidad de armas conquistadas, quedó en condiciones de iniciar su ofensiva estratégica final.

Con estos acontecimientos se abrió una nueva y última etapa en la guerra de liberación, caracterizada por la invasión al centro del país, la creación del Cuarto Frente Oriental y del Frente de Camagüey. La lucha se extendió a todo el país. La gran ofensiva final del Ejército Rebelde condujo, con la fulminante campaña de Oriente y de Las Villas, a la derrota definitiva del Ejército de la tiranía y, en consecuencia, al colapso militar del régimen batistiano y la toma del poder por la Revolución triunfante.

En la contraofensiva victoriosa de diciembre de ese año, se decidió el triunfo con alrededor de 3 000 hombres equipados con armas arrebatadas al enemigo.

Las columnas del Che y de Camilo, avanzando por las llanuras del Cauto y de Camagüey, llegaron al centro del país. La antigua Columna 1 de nuevo entrenó más de 1 000 reclutas en la escuela de Minas de Frío, y con jefes que surgían de sus propias filas, tomaron los pueblos y ciudades en la Carretera Central entre Bayamo y Palma Soriano. Nuevas tanquetas T-37 fueron destruidas, los tanques pesados y la aviación de combate no pudieron impedir la toma de ciudades cientos de veces mayores que el pobladito de Las Mercedes.

En su avance, a la Columna 1 se le unieron las fuerzas del Segundo Frente Oriental Frank País. Así ocupamos la ciudad de Palma Soriano el 27 de diciembre de 1958.

Exactamente el 1ro. de enero de 1959 —la fecha señalada en carta a Juan Almeida antes de iniciarse la última ofensiva de la dictadura contra la Sierra Maestra—, la huelga general revolucionaria, decretada a través de Radio Rebelde desde Palma Soriano, paralizó al país. El Che y Camilo recibieron órdenes de avanzar por la Carretera Central hacia la capital, y no hubo fuerzas que hicieran resistencia.

Cantillo, en reunión conmigo, con Raúl y Almeida reconoció que la dictadura había perdido la guerra, pero poco después desarrolló en la capital maniobras golpistas, contrarrevolucionarias y pro imperialistas e incumplió las condiciones pactadas para un armisticio. A pesar de ello, en tres días estaban a nuestra disposición las 100 000 armas y los barcos y aviones que poco antes habían apoyado y permitido la fuga del último batallón que penetró en la Sierra Maestra.

Pusimos en libertad, sin condición alguna, a los prisioneros de guerra, a quienes respetamos la vida, cuidamos su salud cuando estaban heridos y protegimos en medio de los combates.

Entramos en la capital el 8 de enero de 1959, me hubiera gustado que muchos de aquellos militares profesionales que no eran culpables y tenían cualidades se hubieran unido a nosotros, pero ya no fue posible. Una marea de pueblo revolucionario se incorporó a nuestra tropa y, junto a los veteranos del Moncada, el Granma, el llano y la Sierra, nutrió de gente sana, nueva y pujante las filas de lo que poco tiempo después serían nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias. La vida, al fin, desbordaba predicciones y sueños.

El 11 de noviembre de 1958 había salido de La Plata con 30 hombres armados y 1 000 reclutas desarmados a conquistar la patria anhelada por los mambises, con el propósito de que esta vez sí entraríamos a Santiago. El 1ro. de enero de 1959, tras la epopeya escrita en montañas, campos y ciudades, nada pudo impedir el triunfo de la independencia definitiva y la justicia en Cuba.

Salvas de artillería en homenaje al aniversario 54 de la Revolución

Como parte de la tradicional ceremonia militar que se realiza cada 31 de diciembre, a las 12 de la noche, en homenaje al triunfo de la Revolución, fueron disparadas 21 salvas de artillería desde la antigua fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en la capital cubana.

Una batería de cadetes, entre ellos diez jóvenes muchachas, de la Escuela Interarmas de las FAR General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo, ejecutó con seis piezas de artillería las salvas conmemorativas, que anunciaron la llegada del nuevo año. Los estudiantes de ese centro militar sintieron orgullo de participar en la singular ceremonia.

Che Guevara

Proyecciones sociales del Ejército Rebelde

(27 de enero de 1959)

En la noche de hoy se impone la evocación martiana, como ha dicho oportunamente quien me ha presentado ante ustedes, y creo que al hablar de la proyección social del Ejército Rebelde, nos estamos refiriendo concretamente al sueño que Martí hubiese realizado.

Y como ésta es una noche de recuerdo, antes de entrar de lleno en el tema, en su significación histórica, haremos una breve reseña de lo que ha sido y es este Movimiento.

No puedo iniciar mis palabras desde el momento en que fue atacado el Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Quiero referirme solamente a la parte que me corresponde por mi actuación en la serie de sucesos que dieron por resultado el triunfo de la Revolución el primero de enero pasado.

Comencemos, pues, esta historia como yo la empecé en México.

Para todos nosotros es muy importante conocer el pensamiento actual de quienes componen nuestro Ejército Rebelde: el pensamiento de aquel grupo que se embarcó en la aventura del Granma y la evolución de ese pensamiento nacido en la entraña del Movimiento 26 de Julio; y sus cambios sucesivos a través de las etapas de la Revolución, para llegar a la enseñanza final de este último capítulo con que la parte insurreccional ha terminado.

Les decía que trabé conocimiento con los primeros miembros del 26 de Julio en México. Era muy diferente la proyección social que tenían aquellos hombres antes de la etapa del Granma, antes que se produjera la primera escisión en el 26 de Julio, cuando estaba en él todo el núcleo sobreviviente del ataque al Cuartel Moncada. Recuerdo que en una discusión íntima, en una casa en México, exponía la necesidad de ofrecer al pueblo de Cuba un programa revolucionario; y uno de los asaltantes del Moncada -que afortunadamente se separó del 26 de Julio- me contestó con unas frases que siempre recuerdo, diciéndome: «La cosa es muy sencilla. Nosotros lo que tenemos que hacer es dar un golpe. Batista dio un golpe y tomó el poder en un día, hay que dar otro para sacarlo de él. Batista le ha hecho a los americanos cien concesiones, vamos a darles nosotros ciento una.» La cosa era tomar el poder. Yo le argumentaba que teníamos que dar ese golpe basados en principios, que lo importante era saber lo que íbamos a hacer en el poder. Esa era la idea de un miembro de la primera etapa del 26 de julio, que como yo les dije, por fortuna para nosotros, él y quienes mantenían ese criterio se fueron de nuestro movimiento revolucionario y tomaron otro camino.

Desde ese momento se fue perfilando el grupo que vendría más tarde en el Granma, formado con muchas dificultades, pues sufrimos la persecución continua de las autoridades mexicanas, que llegaron a poner en peligro el éxito de la expedición. Una serie de factores internos, como individuos que al principio parecían querer ir a la aventura y después, con un pretexto u otro, se iban separando de ella, fue limitando la cantidad de expedicionarios. Al final quedaron los 82 hombres que tomamos en Granma. Lo demás es bien conocido del pueblo cubano.

Lo que a mí me interesa y lo que creo importante es el pensamiento social que teníamos los sobrevivientes de la Alegría de Pío. Este es el primero y el único desastre que las armas rebeldes tuvimos en el transcurso de la insurrección. Unos quince hombres destruidos físicamente y hasta moralmente, nos juntamos y sólo pudimos seguir adelante por la enorme confianza que tuvo en esos momentos decisivos Fidel Castro, por su recia figura de caudillo revolucionario y su fe inquebrantable en el pueblo. Nosotros éramos un grupo de extracción civil que estábamos pegados pero no injertados en la Sierra Maestra. Andábamos de bohío en bohío; cierto que no tocábamos nada que no nos perteneciera, incluso no comíamos nada que no pudiéramos pagar y muchas veces pasamos hambre por este principio. éramos un grupo al que se veía con tolerancia pero que no estaba integrado; y así pasó mucho tiempo... Fueron varios meses de vida errante en los picos más altos de la Sierra Maestra, dando golpes esporádicos y volviendo a hacer alto. Ibamos de uno a otro picacho, en donde no había agua y en donde vivir era extraordinariamente difícil.

Poco a poco en el campesino se fue operando un cambio hacia nosotros, impulsado por la acción de las fuerzas represivas de Batista, que se dedicaban a asesinar y a destruir las casas y que eran hostiles en todas las formas a quienes, aunque fuera ocasionalmente, habían tenido el más mínimo contacto con nuestro Ejército Rebelde, y ese cambio se tradujo en la incorporación a nuestras guerrillas del sombrero de yarey, y así nuestro ejército de civiles se fue convirtiendo en un ejército campesino. Simultáneamente a la incorporación de los campesinos (de los guajiros) a la lucha armada por sus reivindicaciones de libertad y de justicia social, surgió la gran palabra mágica que fue movilizando a las masas oprimidas de Cuba en la lucha por la posesión de la tierra: por la Reforma Agraria. Ya estaba así definido el primer gran planteamiento social que sería después la bandera y la divisa predominante de nuestro movimiento, aunque atravesamos una etapa de mucha intranquilidad debido a las preocupaciones naturales relacionadas con la política y la conducta de nuestro gran vecino del Norte. En esos momentos era más importante para nosotros la presencia de un periodista extranjero, preferiblemente norteamericano, que una victoria militar. Era más importante que la incorporación a la lucha de los campesinos que venían a traer a la Revolución sus ideales y su fe, el que hubiera combatientes norteamericanos que sirvieran para la exportación de nuestra propaganda revolucionaria.

Por ese tiempo en Santiago de Cuba sucedió un acontecimiento muy trágico, el asesinato de nuestro compañero Frank País, que marcó un viraje en toda la estructura del movimiento revolucionario. Respondiendo al impacto emocional que produce la muerte de Frank País, el pueblo de Santiago de Cuba se echó a la calle espontáneamente, produciéndose el primer conato de huelga general política, que aunque no tuvo dirección, paralizó totalmente a Oriente, repercutiendo en parecida forma en Camagüey y Las Villas. La dictadura liquidó este movimiento surgido sin preparación y sin control revolucionario. Este fenómeno popular sirvió para que nos diésemos cuenta que era necesario incorporar a la lucha por la liberación de Cuba al factor social de los trabajadores e inmediatamente comenzaron las labores clandestinas en los centros obreros para preparar una huelga general que ayudara al Ejército Rebelde a conquistar el poder.

Fue ese el inicio de una campaña de organizaciones clandestinas llevada a cabo con una mentalidad insurreccional, pero quienes alentaron estos movimientos no conocían realmente la significación y la táctica de la lucha de masas. Se las llevó por caminos completamente equivocados al no crearse el espíritu revolucionario ni la unidad de los combatientes y tratar de dirigir la huelga desde arriba sin vínculos efectivos en la base de los huelguistas.

Las victorias del Ejército Rebelde y los esforzados trabajos clandestinos agitaron el país creando un estado de efervescencia tan grande que provocó la declaración de una huelga general el 9 de abril pasado, la que fracasó precisamente por errores de organización, entre ellos principalmente la falta de contactos entre las masas obreras y la dirección, y su equivocada actitud. Pero la experiencia fue aprovechada y surgió una lucha ideológica en el seno del Movimiento 26 de Julio que provocó un cambio radical en el enfoque de la realidad del país y en sus sectores de acción. El 26 de Julio salió fortalecido de la fracasada huelga y la experiencia enseñó a sus dirigentes una verdad preciosa que era -y que es- que la Revolución no pertenecía a tal o a cual grupo sino que debía ser la obra del pueblo cubano entero; y a esa finalidad se canalizaron todas las energías de los militantes de nuestro Movimiento, tanto en el Llano como en la Sierra.

En esta época precisamente empezaron en el Ejército Rebelde los primeros pasos para darle una teoría y una doctrina a la Revolución, dándose demostraciones palpables de que el movimiento insurreccional había crecido y, por tanto, había llegado a su madurez política. Habíamos pasado de la etapa experimental a la constructiva, de los ensayos a los hechos definidos. Inmediatamente se iniciaron las obras de «las pequeñas industrias» en la Sierra Maestra. Sucedió un cambio que nuestros antepasados habían visto hace muchos años: pasamos de la vida nómada a la vida sedentaria; creamos centros de producción de acuerdo con nuestras necesidades más perentorias. Así fundamos nuestra fábrica de zapatos, nuestra fábrica de armas, nuestro taller en el que reconstruíamos las bombas que la tiranía nos arrojaba para devolvérselas a los propios soldados de Batista en forma de minas terrestres.

Los hombres y las mujeres del Ejército Rebelde no olvidaron nunca su misión fundamental en la Sierra Maestra ni en otros lugares, que era la del mejoramiento del campesino, su incorporación a la lucha por la tierra y su contribución llevada a cabo por medio de escuelas que los maestros improvisados tenían en los lugares más inasequibles de esa región de Oriente. Se hizo allí el primer ensayo de reparto de tierras con un reglamento agrario redactado fundamentalmente por el doctor Humberto Sorí Marín, por Fidel Castro y en el cual tuve el honor de colaborar. Se dieron revolucionariamente las tierras a los campesinos, se ocuparon grandes fincas de servidores de la dictadura, distribuyéndose, y todas las tierras del Estado se comenzaron a dar en posesión a los campesinos de esa zona. Había llegado el momento en que nos identificaban plenamente como un movimiento campesino ligado estrechamente a la tierra y con la Reforma Agraria como bandera.

Más tarde recogimos las consecuencias de la fracasada huelga del 9 de abril, pues la represión bárbara de Batista se hizo sentir a fines de mayo, provocando en todos nuestros cuadros de lucha un decaimiento muy serio que pudo ser de consecuencias catastróficas para nuestra causa. La dictadura preparó su más fiera ofensiva. Alrededor del 25 de mayo del año pasado, diez mil soldados bien equipados atacaron nuestras posiciones centralizando su ofensiva sobre la columna número 1, que dirigía personalmente nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. El Ejército Rebelde ocupaba un área muy pequeña y casi es increíble que a ese grueso de diez mil soldados le opusiéramos solamente trescientos fusiles de la libertad, pues eran los únicos que había en la Sierra Maestra en ese momento. La dirección táctica adecuada de esa campaña dio por resultado que sobre el 30 de julio finalizara la ofensiva de Batista, pasando los rebeldes de la defensiva a la ofensiva y capturamos más de 600 armas nuevas, más del doble de los fusiles con que habíamos iniciado esta acción y le hicimos al enemigo más de mil bajas entre muertos, heridos, desertores y prisioneros.

El Ejército Rebelde salió de esta campaña preparado para iniciar una ofensiva sobre el llano, ofensiva de carácter táctico y psicológico porque nuestro armamento no podía competir en calidad y menos aún en cantidad con el de la dictadura. Esta fue una guerra en la que contamos siempre con ese aliado imponderable de tan extraordinario valor que es el pueblo. Nuestras columnas podían burlar continuamente al enemigo y situarse en las mejores posiciones, no sólo gracias a las ventajas tácticas y a la moral de nuestros milicianos, sino en un grado muy importante a la gran ayuda de los campesinos. El campesino era el colaborador invisible que hacía todo lo que el rebelde no podía hacer; nos suministraba las informaciones, vigilaba al enemigo, descubría sus puntos débiles, traía rápidamente los mensajes urgentes, espiaba en las mismas filas del ejército batistiano. Y esto no se debía a ningún milagro, sino a que ya habíamos iniciado con energía nuestra política de reivindicaciones agropecuarias. Ante la amargura del ataque y del cerco de hambre con que rodearon la Sierra Maestra, de todos los terratenientes de las zonas limítrofes, diez mil reses subieron a las montañas; y no sólo fueron para abastecer al Ejército Rebelde, sino que se distribuyeron entre los campesinos y, por primera vez los guajiros de la Sierra, en esa región que está particularmente depauperada, tuvieron su bienestar; por primera vez los niños campesinos tomaron leche y comieron carne de res. Y por primera vez, también, recibieron los beneficios de la educación, porque la Revolución trae en sus manos la escuela. Así todos los campesinos llegaron a una conclusión beneficiosa para nuestro régimen.

Del otro lado, la dictadura les daba sistemáticamente el incendio de las casas, el desalojo de la tierra y la muerte; y no sólo la muerte desde la tierra, sino también la muerte desde el cielo con las bombas de napalm que los democráticos vecinos del Norte dieron graciosamente a Batista para aterrorizar las poblaciones civiles, esas bombas que pesan 500 kilos y cuando caen abarcan en su área de destrucción más de cien metros. Una bomba de napalm arrojada sobre un cafetal significa la destrucción de esa riqueza -con los años de labor acumulados en ella- en un área de cien metros y se necesitan cinco o seis años para reponer lo que en un minuto es destruido.

En este tiempo se abrió la marcha sobre Las Villas. Es importante señalarlo, no por el hecho de ser actor de ella, sino porque al llegar a Las Villas nos encontramos con un panorama políticosocial nuevo de la Revolución. Llegamos a Las Villas con la bandera del 26 de Julio, en donde ya luchaban contra la dictadura el Directorio Revolucionario, grupos del Segundo Frente del Escambray, grupos del Partido Socialista Popular y pequeñas agrupaciones de la Organización Auténtica. Había que realizar una tarea política importante y entonces más que nunca se vio que la unidad era un factor preponderante de la lucha revolucionaria. El 26 de Julio con el Ejército Rebelde al frente tuvo que gestionar la unidad de los distintos elementos que estaban disgustados y que se encontraron como único aglutinante la obra de la Sierra Maestra. Primero hubo que planear esa unidad, que no debía hacerse sólo entre los grupos combatientes sino también entre las organizaciones del Llano. Tuvimos que hacer la labor importantísima de clasificar todas las secciones obreras que había en la provincia. Fue una tarea realizada frente a muchos opositores aun dentro de las filas de nuestro movimiento que todavía padecía la enfermedad del sectarismo. Acabábamos de llegar a Las Villas y nuestro primer acto de gobierno -antes de establecer la primera escuela- fue dictar un bando revolucionario estableciendo la Reforma Agraria, en el que se disponía, entre otras cosas, que los dueños de pequeñas parcelas de tierra dejaran de pagar su renta hasta que la Revolución decidiera en cada caso. De hecho avanzábamos con la Reforma Agraria como punta de lanza del Ejército Rebelde. Y no era una maniobra demagógica, sino simplemente que en el transcurso de un año y ocho meses de Revolución, la compenetración entre los dirigentes y las masas campesinas había sido tan grande que muchas veces ésta incitaba a la Revolución a hacer lo que en un momento no se pensaba. No fue invento nuestro, fue conminación de los campesinos. A ellos los convencimos de que con las armas en la mano, con una organización, y perdiendo el miedo al enemigo la victoria era segura. Y el campesino, que tenía en sus entrañas razones poderosas para hacerlo, impuso la Reforma Agraria a la Revolución, impuso la confiscación del ganado vacuno y todas las medidas de carácter social que se tomaron en la Sierra Maestra. En la Sierra Maestra se dictó la Ley número 3, en los días de la farsa electoral del 3 de noviembre, que establecía una verdadera Reforma Agraria, y aunque no era completa tenía disposiciones muy positivas: repartía las tierras del Estado, la de los servidores de la dictadura y las de quienes las poseyeran con títulos de propiedad adquiridos mediante maniobras dolosas, como los geófagos que se han engullido miles de caballerías en los deslindes; otorgaba la propiedad a todos los pequeños colonos de no más de dos caballerías que pagaran renta. Todo gratuitamente. El principio era muy revolucionario. La Reforma Agraria beneficiará a más de doscientas mil familias. Pero no está completa la revolución agraria con la Ley número 3. Para ello es necesario dictar reglas contra el latifundio como preceptúa la Constitución. Hay que definir exactamente el concepto de latifundio que caracteriza nuestra estructura agraria y es fuente indiscutible del atasco del país y de todos los males para las grandes mayorías campesinas y aún no ha sido tocado.

Será la obra de las masas campesinas organizadas imponer la ley que proscriba el latifundio, como compelieron al Ejército Rebelde a dictar el principio de la Reforma Agraria contenido en la Ley número 3. Hay otro aspecto que debe tenerse en cuenta. La Constitución establece que toda expropiación de tierra debe de pagarse con dinero antes de hacerse la misma. Si la Reforma Agraria se acomete de acuerdo con ese precepto quizá sea un poco lenta y onerosa. También es necesaria la acción colectiva de los campesinos que se han ganado el derecho a la libertad desde el triunfo de la Revolución, para exigir democráticamente la derogación del mismo y poder ir derechamente a una verdadera y amplia Reforma Agraria.

Estamos ya en las proyecciones sociales del Ejército Rebelde, tenemos una democracia armada. Cuando planeamos la Reforma Agraria y acatamos las demandas de las nuevas leyes revolucionarias que la complementan y que la harán viable e inmediata, estamos pensando en la justicia social que significa la redistribución de la tierra y también en la creación de un mercado interno extenso y en la diversificación de los cultivos, dos objetivos cardinales inseparables del gobierno revolucionario que no pueden ser pospuestos porque el interés popular está implícito en ellos.

Todas las actividades económicas son conexas. Tenemos que incrementar la industrialización del país, sin ignorar los muchos problemas que su proceso lleva aparejados. Pero una política de fomento industrial exige ciertas medidas arancelarias que protejan la industria naciente y un mercado interno capaz de absorber las nuevas mercaderías. Ese mercado no lo podemos aumentar más que dando acceso a él a las grandes masas campesinas, a los guajiros que no tienen poder adquisitivo pero sí necesidades que cubrir y que no pueden comprar hoy. No se nos escapa que estamos empeñados en la persecución de fines que demandan una enorme responsabilidad por nuestra parte, y que no son los únicos. Debemos esperar la reacción contra ellos de parte de quien domina en más del 75% nuestro intercambio comercial y nuestro mercado. Frente a ese peligro tenemos que prepararnos con la aplicación de contramedidas, entre las que se destaca el Arancel y la multiplicación de los mercados exteriores. Necesitamos crear una flota mercante cubana para transportar el azúcar, el tabaco y otras mercaderías, porque la tenencia de ella influirá muy favorablemente en el tipo de los fletes, de cuya cooperación depende en alto grado el progreso de los países subdesarrollados como Cuba.

Si vamos al desenvolvimiento de un programa de industrialización, ¿qué es lo más importante para lograrlo? Pues las materias primas que la Constitución sabiamente defendía y que están entregadas a consorcios extranjeros por la acción e la dictadura de Batista. Tenemos que ir al rescate de nuestro subsuelo, de nuestros minerales. Otro elemento de la industrialización es la electricidad. Hay que contar con ella. Vamos a asegurar que la energía eléctrica esté en manos cubanas. Debemos también nacionalizar la Compañía de Teléfonos, por el mal servicio que presta y lo caro que lo cobra.

¿Con qué resortes contamos para que un programa como el expuesto se lleve a cabo? Tenemos el Ejército Rebelde y éste debe ser nuestro primer instrumento de lucha, el arma más positiva y más vigorosa y destruir todo lo que queda del ejército del batistato. Y entiéndase bien que esta liquidación no se hace por venganza no sólo por espíritu de justicia, sino por la necesidad de asegurar que todas esas conquistas del pueblo puedan lograrse en el plazo más mínimo. Nosotros derrotamos un ejército numéricamente muy superior con el concurso del pueblo, con una táctica adecuada, con una moral revolucionaria. Pero ahora tenemos que afrontar la realidad de que nuestro ejército no está aún capacitado para las nuevas responsabilidades adquiridas, como defender íntegramente el territorio cubano. Tenemos que ir rápidamente a la reestructuración del Ejército Rebelde, porque al paso hicimos un cuerpo armado de campesinos y de obreros, analfabetos muchos de ellos, incultos y sin preparación técnica. Tenemos que capacitar este ejército para las altas tareas que tienen que arrostrar sus miembros y capacitarlos técnica y culturalmente.

El Ejército Rebelde es la vanguardia del pueblo cubano y al referirnos a su progreso técnico y cultural tenemos que saber el significado de estas cosas en un sentido moderno. Ya hemos comenzado simbólicamente su educación con un recital presidido casi exclusivamente por el espíritu y las enseñanzas de José Martí.

La recuperación nacional tiene que destruir muchos privilegios y por ello tenemos que estar apercibidos para defender la nación de sus enemigos declarados o embozados. En ese sentido el nuevo ejército tiene que adaptarse a la nueva modalidad que ha surgido de esta guerra de liberación, pues sabemos que si somos agredidos por una pequeña isla, lo seríamos con el apoyo de una potencia que es casi un continente; tendríamos que soportar en nuestro suelo una agresión de proporción inmensa. Y por esa razón debemos prevenirnos y preparar nuestra avanzada con un espíritu y una estrategia guerrilleras, al efecto de que nuestras defensas no se desintegren al primer embate y mantengan su unidad central. Todo el pueblo cubano deberá convertirse en un ejército guerrillero, pues el Ejército Rebelde es un cuerpo en crecimiento cuya capacidad sólo está limitada por el número de seis millones de cubanos de la república. Cada cubano ha de aprender a manejar las armas y cuándo deberá usarlas en su defensa.

A grandes rasgos he expuesto la proyección social del Ejército Rebelde después de la victoria y su papel impulsando al gobierno a hacer patentes las aspiraciones revolucionarias.

Hay algo más interesante que decir para acabar esta charla. El ejemplo que nuestra revolución ha significado para la América Latina y las enseñanzas que implican haber destruido todas las teorías de salón: hemos demostrado que un grupo pequeño de hombres decididos apoyados por el pueblo y sin miedo a morir si fuera necesario puede llegar a imponerse a un ejército regular disciplinado y derrotarlo definitivamente. Esa es la enseñanza fundamental. Hay otra que deben de recoger nuestros hermanos de América, situados económicamente en la misma categoría agraria que nosotros y es que hay que hacer revoluciones agrarias, luchar en los campos, en las montañas y de aquí llevar la revolución a las ciudades, no pretender hacerla en éstas sin contenido social integral. Ahora, ante las experiencias que hemos tenido, se plantea cuál será nuestro futuro, que está ligado íntimamente al de todos los países subdesarrollados de la América Latina. La Revolución no está limitada a la nación cubana pues ha tocado la conciencia de América y ha alertado gravemente a los enemigos de nuestros pueblos. Por eso hemos advertido claramente que cualquier intento de agresión sería rechazado con las armas en la mano. El ejemplo de Cuba ha provocado más efervescencia en toda la América Latina y en los países oprimidos. la Revolución ha puesto en capilla a los tiranos latinoamericanos, porque éstos son enemigos de los regímenes populares igual que las empresas monopolistas extranjeras. Como somos un país pequeño necesitamos el apoyo de todos los pueblos democráticos y especialmente de la América Latina. Debemos informar cabalmente sobre las nobles finalidades de la Revolución cubana a todo el mundo y llamar a los pueblos amigos de este continente, a los norteamericanos y a los latinoamericanos. Debemos crear una unión espiritual de todos nuestros países, una unión que vaya más allá de la palabrería y de la convivencia burocrática y se traduzca en la ayuda efectiva a nuestros hermanos brindándoles nuestra experiencia.

Por último debemos abrir nuevos caminos que converjan a la identificación de los intereses comunes de nuestros países subdesarrollados. Debemos estar apercibidos contra todos los intentos y propósitos de dividirnos, luchar contra quienes pretendan sembrar la semilla de la discordia entre nosotros, los que amparados en designios conocidos aspiran a sacar partido de nuestras discordias políticas y azuzar prejuicios imposibles en este país.

Hoy todo el pueblo de Cuba está en pie de lucha y debe seguir así unido para que la victoria contra la dictadura no sea transitoria y sea éste el primer paso de la victoria de América.

Cuba, 1 de enero de 2013: logros y retos de la Revolución 54 años después

Martes, 01 de Enero de 2013
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Yeanny González Peña * - Prensa Latina.-

A 54 años del triunfo de la Revolución, Cuba se encuentra inmersa en la actualización de su modelo socio-económico, proceso diseñado para garantizar la continuidad y el fortalecimiento del sistema socialista adoptado en la isla.

Para los cubanos, la llegada de un nuevo año ofrece razones adicionales para celebrar, porque la victoria del 1 de enero de 1959 y el inicio de una etapa de transformaciones pusieron fin a un sistema favorecedor de elites políticas y económicas a fin de de comenzar a crear un país avocado al beneficio de la mayoría de la población.

El nuevo gobierno se propuso superar la pobreza heredada de más de 400 años de colonialismo, y una de las primeras medidas fue la Ley de Reforma Agraria, que proscribió el latifundio con la nacionalización de las propiedades de más de 402 hectáreas y entregó la tierra a decenas de miles de campesinos.

Le siguieron otras, entre ellas una campaña que en poco más de un año convirtió a Cuba en el primer territorio libre de analfabetismo de América Latina.

Cifras oficiales indican que en 1959 solo había en el país caribeño 25 mil titulados, faltaban escuelas para más de medio millón de niños, 10 mil maestros estaban sin trabajo; era casi inexistente la enseñanza media y un 30 por ciento de los cubanos no sabía leer ni escribir.

En cambio, el curso escolar 2012-2013 arrancó en septiembre con una matrícula estimada de dos millones de estudiantes, y entre los centros educativos abrieron sus puertas 60 universidades.

Las políticas emprendidas desde el propio 1959 hacen posible que Cuba muestre hoy logros de cara a los objetivos de Naciones Unidas para 2015.

El país que cierra 2012 con 11 millones 163 mil 934 habitantes -según datos preliminares del reciente Censo de Población y Viviendas- presenta una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco por cada mil nacidos vivos, la más baja de las Américas, y una esperanza de vida próxima a los 80 años.

También sobresalen programas de vacunación contra más de una decena de enfermedades infecciosas y una retención docente de 98,7 y 97,9 por ciento en las enseñanzas primaria y secundaria, respectivamente, lo que ratifica el bajo escenario de deserción escolar en la isla.

De acuerdo con el viceministro primero de Salud Pública, José Ángel Portal, Cuba dispone de una red de más de 12 mil instalaciones destinadas a la atención médica, que se caracteriza por la accesibilidad y gratuidad de los servicios y su orientación profiláctica.

El sector cuenta con casi 500 mil trabajadores, ubicados en un sistema que incluye 11 mil 492 consultorios, 152 hospitales, 452 policlínicos, 126 clínicas estomatológicas, 126 hogares de ancianos, 142 hogares maternos, 228 casas de abuelos y 13 institutos que ofrecen servicios asistenciales, docencia e investigación, precisó.

Según Portal, Cuba presenta un médico cada 143 habitantes, un estomatólogo por cada 878 y una enfermera por cada 117, personal formado en el sistema de salud doméstico.

"En Cuba, las metas previstas en la Declaración del Milenio han sido cumplidas prácticamente en su totalidad, y en algunos casos superadas con creces", afirmó el canciller Bruno Rodríguez en la ONU.

Rodríguez señaló además que el compromiso rebasa las fronteras del país, al contribuir al desarrollo social de otras naciones, con miles de colaboradores de la salud, la educación, el deporte y la cultura diseminados por el planeta.

Las transformaciones se enmarcan en un escenario hostil, considerando que siete de cada 10 cubanos han nacido bajo los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero aplicado por Estados Unidos durante más de medio siglo.

Obstáculos al comercio, la libre navegación y el acceso a inversiones y créditos, persecución a las operaciones financieras cubanas por todo el mundo, prohibición de viaje a los ciudadanos norteamericanos y el estímulo a la subversión, son algunos de los componentes de una política que mantiene su vigencia, pese al rechazo casi unánime de la comunidad internacional.

El 13 de noviembre de 2012, una cifra récord de 188 países -con solo tres en contra- demandó en la Asamblea General de las Naciones Unidas el fin del bloqueo impuesto por Washington.

PROYECCIONES Y ACTUALIZACIÓN ECONÓMICA

Cuba proyecta para 2013 un incremento del 3,7 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB), progresión económica que coincide con el promedio trazado por la Cepal y agencias calificadoras para América Latina y el Caribe.

En este crecimiento se mantendrá un nivel similar para los servicios sociales que por su calidad y carácter universal y gratuito han distinguido a la Revolución Cubana, mientras el resto de la economía debe aumentar un 5,4 por ciento, con metas significativas en la agricultura (4,5) y la industria manufacturera (4,7).

Sobresalen además el propósito de lograr una zafra superior en más del 21 por ciento a la del 2012, año con datos alentadores pese a los incumplimientos y deficiencias, y de sobrepasar por primera vez la llegada de tres millones de turistas con el aumento del 12,5 por ciento de los ingresos brutos en ese sector.

El 13 de diciembre, en su discurso de clausura de la VII Legislatura del Parlamento, el presidente Raúl Castro calificó de "con paso seguro" la marcha de la actualización económica en la isla. De acuerdo con el mandatario, las transformaciones empiezan a adentrase en cuestiones de mayor alcance, complejidad y profundidad, luego de la adopción de medidas iniciales encaminadas a suprimir prohibiciones y trabas para el desarrollo de las fuerzas productivas. Entre las acciones de 2013 están la entrada en vigor de una nueva Ley Tributaria, metodologías para la implantación de precios mayoristas y minoristas y pasos en función de lograr la unificación monetaria y cambiaria.

También destacan el impulso a las cooperativas no agropecuarias, en sectores como la construcción, el transporte, la gastronomía y la recuperación de materias primas, y la realización de experimentos para fortalecer a la empresa estatal socialista, dotándola de mayor autonomía y poder de gestión económica.

Además, se aplicarán nuevas medidas para flexibilizar el trabajo por cuenta propia, como llaman en la isla a las formas no estatales de empleo, sector que agrupa a casi 400 mil cubanos, más del doble de los existentes en octubre de 2010.

Según el vicepresidente Marino Murillo, se abrirán figuras no estatales suspendidas por las dificultades en el acceso a los recursos necesarios para ejercerlas y se incorporarán otras como el gestor de permutas, el agente postal, los anticuarios y el vendedor de productos agropecuarios.

En una intervención ante los diputados de la Asamblea Nacional, adelantó que las entidades estatales, entre ellas las del turismo, podrán pagar a privados en moneda convertible (CUC).

Aunque no son el sector determinante en la economía nacional, los trabajadores privados van ganando espacio en el país caribeño, afirmó Murillo.

*Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.

Mensaje de los Cinco Héroes

Querido pueblo cubano:

Ya culmina este arduo año 2012, con sus tremendas batallas, importantes victorias, con la experiencia difícil que nos dejó "Sandy", de cuyas consecuencias ya nos vamos recuperando, pero sobre todo con el ejemplo tremendo de que la unidad de todos los cubanos, la fidelidad a nuestros ideales patrios siempre nos llevará a vencer cada empeño, cada reto.

Los importantes ajustes económicos ya comienzan a dar sus primeros frutos, y somos optimistas de que este es el camino correcto, que lo mejor está aún por venir, y que el bienestar pleno de toda nuestra nación saldrá beneficiado de este proceso.

En el campo de la batalla legal por los Cinco, se ha peleado duro en este año, la solidaridad crece y se fortalece, las simientes de la verdad de Cuba, de nuestra inocencia, germinan en cada rincón del orbe.

¡Y así será hasta la victoria siempre!

En este fin de año y año nuevo, queremos hacerles llegar a nuestro pueblo, a nuestros hermanos y hermanas en el mundo, todo el amor y gratitud de los Cinco, que sea un año pleno de éxitos, salud, paz y felicidad. ¡Que siempre triunfe el amor por sobre todas las cosas!

A nombre de nuestros familiares, de toda Cuba, de los Cinco:

¡Viva el 54 Aniversario del Triunfo de nuestra Revolución!

¡Feliz año 2013!

¡Venceremos!

Gerardo
René
Fernando
Antonio
Ramón

En estos días en que se destacan en todos los medios de comunicación las noticias sobre el "abismo fiscal" del imperio yanqui volvemos a publicar las "Reflexiones de Fidel" del 4 de enero del 2012. Como se podrá constatar, las mismas conservan toda su actualidad. Para desgracia de la humanidad.

Reflexiones de Fidel, Especiales, Fidel Castro Ruz

La marcha hacia el abismo

5 Enero 2012 Cubadebate

No es cuestión de optimismo o pesimismo, saber o ignorar cosas elementales, ser responsables o no de los acontecimientos. Los que pretenden considerarse políticos debieran ser lanzados al basurero de la historia cuando, como es norma, en esa actividad ignoran todo o casi todo lo que se relaciona con ella.

No hablo por supuesto de los que a lo largo de varios milenios convirtieron los asuntos públicos en instrumentos de poder y riquezas para las clases privilegiadas, actividad en la que verdaderos récords de crueldad han sido impuestos durante los últimos ocho o diez mil años sobre los que se tienen vestigios ciertos de la conducta social de nuestra especie, cuya existencia como seres pensantes, según los científicos, apenas rebasa los 180 mil años.

No es mi propósito enfrascarme en tales temas que seguramente aburrirían a casi el ciento por ciento de las personas continuamente bombardeadas con noticias a través de medios, que van desde la palabra escrita hasta las imágenes tridimensionales que comienzan a exhibirse en costosos cines, y no está lejano el día en que también predominen en la ya de por sí fabulosas imágenes de la televisión. No es casual que la llamada industria de la recreación tenga su sede en el corazón del imperio que a todos tiraniza.

Lo que pretendo es situarme en el punto de partida actual de nuestra especie para hablar de la marcha hacia el abismo. Podría incluso hablar de una marcha “inexorable” y estaría seguramente más cerca de la realidad. La idea de un juicio final está implícita en las doctrinas religiosas más extendidas entre los habitantes del planeta, sin que nadie las califique por ello de pesimistas. Considero, por el contrario, deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar para posponer y, tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento en el mundo actual.

Numerosos peligros nos amenazan, pero dos de ellos, la guerra nuclear y el cambio climático, son decisivos y ambos están cada vez más lejos de aproximarse a una solución.

La palabrería demagógica, las declaraciones y los discursos de la tiranía impuesta al mundo por Estados Unidos y sus poderosos e incondicionales aliados, en ambos temas, no admiten la menor duda al respecto.

El primero de enero de 2012, año nuevo occidental y cristiano, coincide con el aniversario del triunfo de la Revolución en Cuba y el año en que se cumple el 50 Aniversario de la Crisis de Octubre de 1962, que puso al mundo al borde de la guerra mundial nuclear, lo que me obliga a escribir estas líneas.

Carecerían de sentido mis palabras si tuviesen como objetivo imputar alguna culpa al pueblo norteamericano, o al de cualquier otro país aliado de Estados Unidos en la insólita aventura; ellos, como los demás pueblos del mundo, serían las víctimas inevitables de la tragedia. Hechos recientes ocurridos en Europa y otros puntos muestran las indignaciones masivas de aquellos a los que el desempleo, la carestía, las reducciones de sus ingresos, las deudas, la discriminación, las mentiras y la politiquería, conducen a las protestas y a las brutales represiones de los guardianes del orden establecido.

Con frecuencia creciente se habla de tecnologías militares que afectan la totalidad del planeta, único satélite habitable conocido a cientos de años luz de otro que tal vez resulte adecuado si nos movemos a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo.

No debemos ignorar que si nuestra maravillosa especie pensante desapareciera transcurrirían muchos millones de años antes de que surja nuevamente otra capaz de pensar, en virtud de los principios naturales que rigen como consecuencia de la evolución de las especies, descubierta por Darwin en 1859 y que hoy reconocen todos los científicos serios, creyentes o no creyentes.

Ninguna otra época de la historia del hombre conoció los actuales peligros que afronta la humanidad. Personas como yo, con 85 años cumplidos, habíamos arribado a los 18 con el título de bachiller antes de que concluyera la elaboración de la primera bomba atómica.

Hoy los artefactos de ese carácter listos para su empleo ─incomparablemente más poderosos que los que produjeron el calor del sol sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki─ suman miles.

Las armas de ese tipo que se guardan adicionalmente en los depósitos, añadidas a las ya desplegadas en virtud de acuerdos, alcanzan cifras que superan los veinte mil proyectiles nucleares.

El empleo de apenas un centenar de esas armas sería suficiente para crear un invierno nuclear que provocaría una muerte espantosa en breve tiempo a todos los seres humanos que habitan el planeta, como ha explicado brillantemente y con datos computarizados el científico norteamericano y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Alan Robock.

Los que acostumbran a leer las noticias y análisis internacionales serios, conocen cómo los riesgos del estallido de una guerra con empleo de armas nucleares se incrementan a medida que la tensión crece en el Cercano Oriente, donde en manos del gobierno israelita se acumulan cientos de armas nucleares en plena disposición combativa, y cuyo carácter de fuerte potencia nuclear ni se admite ni se niega. Crece igualmente la tensión en torno a Rusia, país de incuestionable capacidad de respuesta, amenazada por un supuesto escudo nuclear europeo.

Mueve a risas la afirmación yanki de que el escudo nuclear europeo es para proteger también a Rusia de Irán y Corea del Norte. Tan endeble es la posición yanqui en este delicado asunto, que su aliado Israel ni siquiera se toma la molestia de garantizar consultas previas sobre medidas que puedan desatar la guerra.

La humanidad, en cambio, no goza de garantía alguna. El espacio cósmico, en las proximidades de nuestro planeta, está saturado de satélites de Estados Unidos destinados a espiar lo que ocurre hasta en las azoteas de las viviendas de cualquier nación del mundo. La vida y costumbres de cada persona o familia pasó a ser objeto de espionaje; la escucha de cientos de millones de celulares, y el tema de las conversaciones que aborde cualquier usuario en cualquier parte del mundo deja de ser privado para convertirse en material de información para los servicios secretos de Estados Unidos.

Ese es el derecho que va quedando a los ciudadanos de nuestro mundo en virtud de los actos de un gobierno cuya constitución, aprobada en el Congreso de Filadelfia en 1776, establecía que todavía los hombres nacían libres e iguales y a todos les concedía el Creador determinados derechos, de los cuales no les quedan ya, ni a los propios norteamericanos ni a ciudadano alguno del mundo siquiera el de comunicar por teléfono a familiares y amigos sus sentimientos más íntimos.

La guerra, sin embargo, es una tragedia que puede ocurrir, y es muy probable que ocurra; más, si la humanidad fuese capaz de retrasarla un tiempo indefinido, otro hecho igualmente dramático está ocurriendo ya con creciente ritmo: el cambio climático. Me limitaré a señalar lo que eminentes científicos y expositores de relieve mundial han explicado a través de documentos y filmes que nadie cuestiona.

Es bien conocido que el gobierno de Estados Unidos se opuso a los acuerdos de Kyoto sobre el medio ambiente, una línea de conducta que ni siquiera concilió con sus más cercanos aliados, cuyos territorios sufrirían tremendamente y algunos de los cuales, como Holanda, desaparecerían casi por entero.

El planeta marcha hoy sin política sobre este grave problema, mientras los niveles del mar se elevan, las enormes capas de hielo que cubren la Antártida y Groenlandia, donde se acumula más del 90% del agua dulce del mundo, se derriten con creciente ritmo, y ya la humanidad, el pasado 30 de noviembre de 2011, alcanzó oficialmente la cifra de 7 mil millones de habitantes que en las áreas más pobres del mundo crece de forma sostenida e inevitable. ¿Es que acaso los que se han dedicado a bombardear países y matar millones de personas durante los últimos 50 años se pueden preocupar por el destino de los demás pueblos?

Estados Unidos es hoy no solo el promotor de esas guerras, sino también el mayor productor y exportador de armas en el mundo.

Como es conocido, ese poderoso país ha suscrito un convenio para suministrar 60 mil millones de dólares en los próximos años al reino de Arabia Saudita, donde las transnacionales de Estados Unidos y sus aliados extraen cada día 10 millones de barriles de petróleo ligero, es decir, mil millones de dólares en combustible. ¿Qué será de ese país y de la región cuando esas reservas de energía se agoten? No es posible que nuestro mundo globalizado acepte sin chistar el colosal derroche de recursos energéticos que la naturaleza tardó cientos de millones de años en crear, y cuya dilapidación encarece los costos esenciales. No sería en absoluto digno del carácter inteligente atribuido a nuestra especie.

En los últimos 12 meses tal situación se agravó considerablemente a partir de nuevos avances tecnológicos que, lejos de aliviar la tragedia proveniente del derroche de los combustibles fósiles, la agrava considerablemente.

Científicos e investigadores de prestigio mundial venían señalando las consecuencias dramáticas del cambio climático.

En un excelente documental fílmico del director francés Yann Arthus-Bertrand, titulado Home, y elaborado con la colaboración de prestigiosas y bien informadas personalidades internacionales, publicado a mediados del año 2009, este advirtió al mundo con datos irrebatibles lo que estaba ocurriendo. Con sólidos argumentos exponía las consecuencias nefastas de consumir, en menos de dos siglos, los recursos energéticos creados por la naturaleza en cientos de millones de años; pero lo peor no era el colosal derroche, sino las consecuencias suicidas que para la especie humana tendría. Refiriéndose a la propia existencia de la vida, le reprochaba a la especie humana: “…Te beneficias de un fabuloso legado de 4 000 millones de años suministrado por la Tierra. Solamente tienes 200 000 años, pero ya has cambiado la faz del mundo.”

No culpaba ni podía culpar a nadie hasta ese minuto, señalaba simplemente una realidad objetiva. Sin embargo, hoy tenemos que culparnos todos de que lo sepamos y nada hagamos por tratar de remediarlo.

En sus imágenes y conceptos, los autores de esa obra incluyen memorias, datos e ideas que estamos en el deber de conocer y tomar en cuenta.

En meses recientes, otro fabuloso material fílmico exhibido fue Océanos, elaborado por dos realizadores franceses, considerado el mejor film del año en Cuba; tal vez, a mi juicio, el mejor de esta época.

Es un material que asombra por la precisión y belleza de las imágenes nunca antes filmadas por cámara alguna: 8 años y 50 millones de euros fueron invertidos en ella. La humanidad tendrá que agradecer esa prueba de la forma en que se expresan los principios de la naturaleza adulterados por el hombre. Los actores no son seres humanos: son los pobladores de los mares del mundo. ¡Un Oscar para ellos!

Lo que motivó para mí el deber de escribir estas líneas no surgió de los hechos referidos hasta aquí, que de una forma u otra he comentado anteriormente, sino de otros que, manejados por intereses de las transnacionales, han estado saliendo a la luz dosificadamente en los últimos meses y sirven a mi juicio como prueba definitiva de la confusión y el caos político que impera en el mundo.

Hace apenas unos meses leí por primera vez algunas noticias sobre la existencia del gas de esquisto. Se afirmaba que Estados Unidos disponía de reservas para suplir sus necesidades de este combustible durante 100 años. Como dispongo en la actualidad de tiempo para indagar sobre temas políticos, económicos y científicos que pueden ser realmente útiles a nuestros pueblos, me comuniqué discretamente con varias personas que residen en Cuba o en el exterior de nuestro país. Curiosamente, ninguna de ellas había escuchado una palabra sobre el asunto. No era desde luego la primera vez que eso sucedía. Uno se asombra de hechos importantes de por sí que se ocultan en un verdadero mar de informaciones, mezcladas con cientos o miles de noticias que circulan por el planeta.

Persistí, no obstante, en mi interés sobre el tema. Han transcurrido solo varios meses y el gas de esquisto no es ya noticia. En vísperas del nuevo año se conocían ya suficientes datos para ver con toda claridad la marcha inexorable del mundo hacia el abismo, amenazado por riesgos tan extremadamente graves como la guerra nuclear y el cambio climático. Del primero, ya hablé; del segundo, en aras de la brevedad, me limitaré a exponer datos conocidos y algunos por conocer que ningún cuadro político o persona sensata debe ignorar.

No vacilo en afirmar que observo ambos hechos con la serenidad de los años vividos, en esta espectacular fase de la historia humana, que han contribuido a la educación de nuestro pueblo valiente y heroico.

El gas se mide en TCF, los cuales pueden referirse a pies cúbicos o metros cúbicos ─no siempre se explica si se trata de uno o de otro─ depende del sistema de medidas que se aplique en un determinado país. Por otro lado, cuando se habla de billones suelen referirse al billón español que significa un millón de millones; tal cifra en inglés se califica como trillón lo cual debe tenerse en cuenta cuando se analizan las referidas al gas que suelen ser voluminosas. Trataré de señalarlo cuando sea necesario.

El analista norteamericano Daniel Yergin, autor de un voluminoso clásico de historia del petróleo afirmó, según la agencia de noticias IPS, que ya un tercio de todo el gas que se produce en Estados Unidos es gas de esquisto.

“…la explotación de una plataforma con seis pozos puede consumir 170.000 metros cúbicos de agua e incluso provocar efectos dañinos como influir en movimientos sísmicos, contaminar aguas subterráneas y superficiales, y afectar el paisaje.”

El grupo británico BP informa por su parte que “Las reservas probadas de gas convencional o tradicional en el planeta suman 6.608 billones -millón de millones- de pies cúbicos, unos 187 billones de metros cúbicos, [...] y los depósitos más grandes están en Rusia (1.580 TCF), Irán (1.045), Qatar (894), y Arabia Saudita y Turkmenistán, con 283 TCF cada uno”. Se trata del gas que se venía produciendo y comercializando.

“Un estudio de la EIA -una agencia gubernamental de Estados Unidos sobre energía- publicado en abril de 2011 encontró prácticamente el mismo volumen (6.620 TCF o 187,4 billones de metros cúbicos) de shale gas recuperable en apenas 32 países, y los gigantes son: China (1.275 TCF), Estados Unidos (862), Argentina (774), México (681), Sudáfrica (485) y Australia (396 TCF)”. Shale gas es gas de esquisto. Obsérvese que de acuerdo a lo que se conoce Argentina y México poseen casi tanto como Estados Unidos. China, con los mayores yacimientos, posee reservas que equivalen a casi el doble de aquellos y un 40% más que Estados Unidos.

“…países secularmente dependientes de proveedores extranjeros contarían con una ingente base de recursos en relación con su consumo, como Francia y Polonia, que importan 98 y 64 por ciento, respectivamente, del gas que consumen, y que tendrían en rocas de esquistos o lutitas reservas superiores a 180 TCF cada uno”.

“Para extraerlo de las lutitas -señala IPS- se apela a un método bautizado ‘fracking’(fractura hidráulica), con la inyección de grandes cantidades de agua más arenas y aditivos químicos. La huella de carbono (proporción de dióxido de carbono que libera a la atmósfera) es mucho mayor que la generada con la producción de gas convencional.

“Como se trata de bombardear capas de la corteza terrestre con agua y otras sustancias, se incrementa el riesgo de dañar subsuelo, suelos, napas hídricas subterráneas y superficiales, el paisaje y las vías de comunicación si las instalaciones para extraer y transportar la nueva riqueza presentan defectos o errores de manejo.”

Baste señalar que entre las numerosas sustancias químicas que se inyectan con el agua para extraer este gas se encuentran el benceno y el tolueno, que son sustancias terriblemente cancerígenas

La experta Lourdes Melgar, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, opina que:

“‘Es una tecnología que genera mucho debate y son recursos ubicados en zonas donde no hay agua’…”.

“Las lutitas gasíferas -expresa IPS- son canteras de hidrocarburos no convencionales, encalladas en rocas que las guarecen, por lo que se aplica la fractura hidráulica (conocida en inglés como ‘fracking’) para liberarlas a gran escala.”

“La generación de gas shale involucra altos volúmenes de agua y la excavación y fractura generan grandes cantidades de residuos líquidos, que pueden contener químicos disueltos y otros contaminantes que requieren tratamiento antes de su desecho.”

“La producción de esquisto saltó de 11.037 millones de metros cúbicos en 2000 a 135.840 millones en 2010. En caso de seguir a este ritmo la expansión, en 2035 llegará a cubrir 45 por ciento de la demanda de gas general, según la EIA.

“Investigaciones científicas recientes han alertado del perfil ambiental negativo del gas lutita.

“Los académicos Robert Howarth, Renee Santoro y Anthony Ingraffea, de la estadounidense Universidad de Cornell, concluyeron que ese hidrocarburo es más contaminante que el petróleo y el gas, según su estudio ‘Metano y la huella de gases de efecto invernadero del gas natural proveniente de formaciones de shale’, difundido en abril pasado en la revista Climatic Change.

“‘La huella carbónica es mayor que la del gas convencional o el petróleo, vistos en cualquier horizonte temporal, pero particularmente en un lapso de 20 años. Comparada con el carbón, es al menos 20 por ciento mayor y tal vez más del doble en 20 años’, resaltó el informe.”

“El metano es uno de los gases de efecto invernadero más contaminantes, responsables del aumento de la temperatura del planeta.”

“‘En áreas activas de extracción (uno o más pozos en un kilómetro), las concentraciones promedio y máximas de metano en pozos de agua potable se incrementaron con proximidad al pozo gasífero más cercano y fueron un peligro de explosión potencial’, cita el texto escrito por Stephen Osborn, Avner Vengosh, Nathaniel Warner y Robert Jackson, de la estatal Universidad de Duke.

“Estos indicadores cuestionan el argumento de la industria de que el esquisto puede sustituir al carbón en la generación eléctrica y, por lo tanto, un recurso para mitigar el cambio climático.

“‘Es una aventura demasiado prematura y riesgosa’.”

“En abril de 2010, el Departamento de Estado de Estados Unidos puso en marcha la Iniciativa Global de Gas Shale para ayudar a los países que buscan aprovechar ese recurso para identificarlo y desarrollarlo, con un eventual beneficio económico para las transnacionales de esa nación.”

He sido inevitablemente extenso, no tenía otra opción. Redacto estas líneas para el sitio web Cubadebate y para Telesur, una de las emisoras de noticias más serias y honestas de nuestro sufrido mundo.

Para abordar el tema dejé transcurrir los días festivos del viejo y el nuevo año.

Fidel Castro Ruz
Enero 4 de 2012
9 y 15 p.m.

Debate sobre el Socialismo en Cuba

Presentación

En homenaje a un nuevo aniversario de la derrota de la dictadura de Fulgencio Batista por los guerrilleros del “Movimiento 26 de Julio”, el Colectivo del Blog Noticias Uruguayas reproduce dos artículos que reflejan el debate sobre el socialismo que se está dando en Cuba.

Uno es de Camila Piñeiro Harnecker y el otro de Aurelio Alonso.

Por el Colectivo de Noticias Uruguayas presenta Jorge Zabalza.

Cuba socialista

Me niego a alegrarme simplemente porque así lo indica un calendario que inventó el Papa Gregorio, para satisfacer a los mercaderes del templo católico, apostólico y romano; me niego a alegrarme simplemente porque el tipo haya fijado el día de un nacimiento que no se sabe si fué, o cuándo fué, o cómo fue. Ello autoriza a que cada cual se cree su propio calendario y a alegrarse cuando se le cante. En el mío el año se inicia los 2 de enero y ese día brindo con ron en recuerdo de aquél de 1959, con Fidel, el Ché y Camilo entrando a La Habana al frente de un ejército de desarrapados barbudos y sonrientes, carabinas en ristre, montados en tanques arrebatados al ejército de Batista. Un hecho real, comprobado, documentado, el comienzo de un período histórico cuyo desarrollo, lejos de agotarse, continúa siendo un determinante en la historia actual de América Latina.

Poco después del 2 de enero de 1959 nos lanzamos a hacer una revolución a imagen y semejanza de la que estaba haciendo el pueblo cubano, una generación entera de jóvenes latinoamericanos fertilizó con su sangre ciudades, selvas y montañas... y años más tarde, después de la derrota, ¿qué hubiera sido de la resistencia en cárceles y centros de tortura si la revolución cubana se hubiera derrumbado?. Cuba Socialista resistía invasiones, bloqueos y las consecuencias del copiar, su mensaje atravesaba rejas y se volvía principal rueda de auxilio en la resistencia de los calabozos. Impidió el derrumbe muchas veces.

Los muros caídos en los ’90 trajeron vendavales de neoliberalismo y pensamiento único, pero la revolución cubana se mantuvo firme en sus trece, un peñón de socialismo en medio del Caribe, inconmovible pese a las iras redobladas del imperialismo. Cuando un montón de sobrevivientes de los ’70 dobló la rodilla para abrazarse a las culebras, encontramos en la estaca cubana el ejemplo que desdecía el fin de la historia y convocaba a no torcer el brazo, a seguir firmes en nuestras convicciones y principios. Nuestro destino revolucionario está ligado para siempre con el de la revolución cubana.

Como señala Aurelio en su artículo, cuán sencillo habría sido ceder y conceder, cruzar a la vereda de enfrente y recibir diplomas y felicitaciones. Lo hicieron los custodios de otros santuarios de las ideas socialistas, lo hicieron ex-guerrilleros de los ’70, demasiados lo hicieron nos dice el corazón. Para los comunistas cubanos habría sido muy sencillo seguir la ruta emprendida por el PCUS y hoy estarían recorriendo el mundo dando conferencias pagas por alguna institución financiada por se sabe quién. Y, sin embargo, a pesar de los virajes y renuncias conque finalizó el siglo XX, parece estar llegando a su techo la reproducción capitalista y a las clases dominantes les resulta imposible resolver los problemas que plantean las consecuencias sociales del sistema... amplios sectores populares vuelven a sentir la necesidad imperiosa de la transformación revolucionaria...como en los ’60. En fín, valió la pena haber sido tozudos, porfiados, haber soportado la descalificación y la satanización. La gran diferencia con los ’60 es la experiencia histórica, la posibilidad de analizar críticamente el pasado y de saber por dónde no se debe caminar, hacia dónde no debe ir.

Para hacer la revolución en esta primera mitad del siglo XXI, quizás haya que sacarle punta a la teoría de “porqué sociedad luchamos”, adónde queremos llegar, algo que nos permite entreveer el camino. Discutir las bases de la sociedad socialista y el tránsito al comunismo es, en definitiva, un acto preparatorio de la lucha por la revolución. Y ésa es la discusión que contienen los artículos de Camila Piñeiro Harnecker y de Aurelio Alonso, un debate de vida o muerte tanto para el socialismo cubano como para quienes mantienen viva la intención revolucionaria. Pisando los setenta años y sin entrometerse donde no corresponde, ¡cómo no sentirse convocado, estimulado e involucrado por ese debate!. En última instancia, uno se recuerda imberbe aprendiz en herejías con Ernesto Guevara, un pensamiento que jamás aceptó recetas ni monolitismos de iglesia alguna.

En ese sentido de reafirmación de compromisos y voluntades, uno se permite el atrevimiento de compartir alguna reflexión acerca de los desafíos que esperan. Los experimentos revolucionarios del sigloXX no fueron derrotados en la competencia económica ni en la confrontación político militar, su derrota provino del fracaso en producir las columnas humanas que debían soportar y construir el comunismo por propia necesidad espiritual. Los mismos rasgos subjetivos que llevaron a dejar la vida por la revolución a los bolcheviques del 17 y a los guerilleros latinoamericanos del ’60, eran necesarios para conducir el tránsito al comunismo. No es suficiente que la necesidad histórico-social de la transformación revolucionaria, se precisan las mujeres y los hombres que la conviertan en hechos, hombres y mujeres conscientes de lo necesario y con el firme propósito de llegar al comunismo. El PCUS fue incapaz de encarar la reproducción en masa de los creadores de un nueva formación social. No le interesaba, no se lo propuso, ni siquiera se lo imaginaba como una posibilidad. Y en ese terreno germinó su autoderrota.

Quizás el desafío fundamental en los experimentos del siglo XX debió haber sido la erradicación de las “armas melladas” del capitalismo, abolirlas de la subjetividad popular. Tal vez esa lucha ideológica básica habría podido combinarse con los desafíos del desarrollo de la producción y de las guerras contra el nazismo y el imperialismo. Más que a la gestión y administración del Estado, el partido de la revolución podría haberse dedicado a la creación de conciencias libres del afán de lucro, el egoísmo y el amor a los bienes terrenales, a producir mujeres y hombres que desearan dedicar su vida al cultivo y reproducción de los valores morales del socialismo y a la ética de la solidaridad, la justicia social y la libertad. A una tarea de apostolado político e idelógico. Quizás el desafío del siglo XX pudiera haber sido generar, incentivar y moderar un debate crítico sobre las medidas que el Estado tomaba para afrontar los problemas de la producción y la guerra. Más debate sobre la planificación central de la produción, la alimentación, educación, vivienda y salud; sobre coexistencia pacífica o internacionalismo proletario. De manera que los elementos que determinaron las grandes decisiones trascendieran los límites del partido y se volcaran sobre la sociedad entera, que las mujeres y los hombres comunes tuvieran al alcance de su mano la posibilidad de discutir el desarrollo de la revolución. Sin temores a las herejías y a la lucha de ideas, sin imponer formas de pensamiento único destinadas a esclerosar. El partido de la revolución dedicado a producir los fenómenos de consciencia que transforman en comunistas a las mujeres y los hombres. ... ¿este debate habría debilitado o fortalecido a un pueblo en guerra con el imperialismo?

Separar el Partido del Estado. Por un lado, el Estado como disciplinado instrumento para la planificación central y la administración de la producción, el mercado y los servicios, donde predominan los estímulos materiales o, como decía el Ché, los desestímulos: si te portás mal te recorto el sueldo. Los funcionarios del Estado obligados a rendir cuentas y pasibles de revocación de su mandato, desde el primer ministro hacia abajo todos y todas. Por el otro lado, el Partido en el rol de estimulador de la crítica del proceso, de organizador del pensamiento hereje en la población y fuente de energía de un poder popular en permanente estado de asamblea. El Partido es el reino de la moral socialista, del espíritu necesario para la autogestión, del desinterés por lo material y el interés por la transformación. El Partido es la organización de los espíritus insurrectos. Está claro que condiciones de esa índole, la contraposición del partido al estado y el carácter asambleario del poder popular podrían ayudar muchísimo a resolver dos problemas esenciales de la democracia socialista: 1) la abolición de todas las formas de patriarcalismo, erradicar consciente y profundamente el sexismo y el machismo de la cultura socialista, un gérmen de autoritarismo oculto en la intimidad y la reserva de las relaciones entre los individuos; 2) la abolición del monopolio del uso de las armas, otro elemento que atenta contra la igualdad y la democracia proletaria, todas y todos conscientes del papel político del uso de las armas, el pueblo armado y organizado.

Dos cuestiones cuya resolución precisan de discusión muy profunda, de comprensión politica generalizada y de vocación democrática conscientes de las mujeres y hombres sobre los que se apoyará una sociedad de iguales, sin diferencias entre los géneros y todos y todas armadas y organizadas.

Tal vez en los experimentos socialistas del pasado siglo, los roles diferenciados del Partido y el Estado, la contraposición del poder popular al poder centralizado del aparato estatal podrían haber creado una dinámica de desarrollo de la consciencia individual que masificara la producción de los creadores de comunismo. Todas y todos poetas, artistas y filósofos de la praxis, todas y todos capaces de conducir un proceso de tránsito... ¿la separación del Partido y el Estado habría sido una debilidad o una fortaleza?- Como decimos en Uruguay, es muy fácil hablar de fútbol los lunes con los resultados del fin de semana a la vista pero, sin embargo, es imprescindible hablar de ellos antes de los partidos de la próxima fecha si se quiere ganar el campeonato..

Jorge Zabalza

Cuba 2012

Los Desafíos

Aurelio Alonso

Segunda Cita

Versión escrita de la conferencia inaugural del III Encuentro de Crítica e Investigación Joven «Pensamos Cuba», convocado por la Asociación Hermanos Saíz, el 9 de marzo de 2012, en La Habana.

Muchas gracias a ustedes por estar aquí. Muchas gracias a la Asociación Hermanos Saíz por invitarme. Me hacen un honor. Pocas cosas aprecio tanto como esto: la posibilidad de intercambiar con un grupo de jóvenes, sobre todo un grupo tan importante como lo son ustedes en nuestro país y para nuestro futuro.

Para definir desafíos

Al formularme esta invitación, los compañeros que organizan el ciclo me pidieron que hablara de desafíos, y desde entonces me pusieron a pensar en desafíos. Comienzo por advertir que no voy a dirigirles una conferencia magistral, ni esperen de mí respuestas acabadas. Les pido, además, que me escuchen con un poco de paciencia. Con permiso de ustedes, voy a comenzar por descargar aquí una agenda de provocaciones que tiene que ver con mi mirada al presente cubano y con mi apreciación de los desafíos. No voy a hacer historia; quizás, o con seguridad, en algunos momentos me tenga que remontar un poco, porque estos cincuenta años son claves, pero la perspectiva histórica no centrará mi presentación, sino la mirada al presente.

En estos cincuenta años, en los cuales nuestros enemigos critican siempre el inmovilismo cubano, en este país ha habido una dinámica social, política y económica mucho más movida que en el resto del mundo que nos rodea. Desgraciadamente, no siempre movida, o casi nunca movida a nuestro favor; quiero decir, movida mayormente, con un acento muy fuerte, a través de adversidades; las que nos han venido de afuera y las que nos han venido de adentro. Pero si me detengo en el curso de esta historia no acabaríamos nunca de llegar al tema de los desafíos de hoy. Solo subrayo que queda mucha tela por donde cortar y mucho por decir y por escribir a pesar de lo que ya se ha venido estudiando, discutiendo y escribiendo. Cuando hablamos de desafíos hay que entender que no nos referimos a resultados históricos, logros o fracasos evaluados. No estamos hablando de una realidad consumada: estamos hablando en presente, de propuestas, que son normalmente propuestas de cambio y, en general, de lo que tenemos por delante; la inmovilidad no es un desafío, salvo en circunstancias excepcionales, cuando la única alternativa sea peor. En un sentido amplio, quedarte como estás y seguir haciendo lo que hacías no implica desafío, como no sea el de la inmovilidad misma; un contrasentido, porque ¿cuál puede ser el desafío de algo que no nos rete, que no nos provoque, que no constituya un factor que movilice la imaginación humana?

De modo que al referirnos al «socialismo del siglo XXI» aludimos a un desafío, no a una realidad histórica, pues de este siglo nos faltan cerca de ochenta y siete años, y no podemos presumir que sean suficientes los trece vividos para arribar a caracterizaciones precisas. Claro que no podemos saber hoy con precisión como será el resultado. Se hace imprescindible operar en la esfera de las hipótesis, a diferencia de la connotación de los conceptos de «socialismo soviético», «socialismo cubano», «socialismo real» o «socialismo del siglo XX», que usamos con frecuencia, cuya connotación abarca una historia transcurrida.

Desafíos en tiempo de revolución: los sesenta

Los desafíos se dan en distintos tiempos. La historia cubana de los sesenta planteó sus desafíos, y los que afrontamos hoy no son los de entonces, porque las opciones, como se nos presentan hoy, no repiten las de los sesenta. Cada tiempo tiene sus condicionamientos. No obstante, hay que reconocer que, en buena medida, hay desafíos que se retienen, o se retorna a ellos, en tanto los resultados se hayan visto frustrados. Hay aspectos de nuestra realidad en el momento actual en los cuales el desarme de la economía y el estancamiento nos lleva a un punto de desafío que nos acerca a los sesenta. Aun si la Cuba de entonces y la del año 2000 son dos momentos claramente distintos de nuestra sociedad. En los sesenta había tres mil médicos y hoy hay más de setenta mil; el número de universitarios –no solamente de médicos– era muy bajo. El capital profesional con que contaba el país era mínimo. Casi nunca recordamos lo suficiente aquellas carencias al analizar nuestras limitaciones internas y, con frecuencia, se lo cargamos todo al bloqueo. Hay que cargarle al bloqueo el daño que el bloqueo nos ha causado, pero tenemos que aprender a cargarnos más a nosotros mismos, la culpa de nuestras limitaciones y de nuestros errores, que fueron y son muchos.

Los sesenta fueron años maravillosos, pero los errores entonces también fueron significativos. En este país no había economistas de carrera, no se formaban economistas en la universidad antes de la Revolución y los que se hicieron economistas eran normalmente abogados, o formados en otras carreras. Algunos muy capaces, como Carlos Rafael Rodríguez, a quien la Revolución debe mucho, y como Jacinto Torras, Raúl Cepero Bonilla, Oscar Pino Santos, Luis Álvarez Ron, Raúl León Torras, Regino Boti, fallecidos ya todos. Tenían otra formación y estudiaron y entendieron la economía. Llegaron a saber mucho de economía. El Che no era economista, era médico y no le tocó dedicarse a la medicina. Pero se reveló como una cabeza brillante que, en el breve lapso de cuatro o cinco años de su vida, logró desarrollar la mirada cubana más lúcida y crítica del modelo socialista del siglo XX, que al cabo fracasó. Miren si tenía razón en sus prevenciones.

No me atrevo a afirmar que tenía razón en sus propuestas económicas: puede que la tuviera en unas y en otras no. Pero no se trata de volver a mirar al Che pensando que las respuestas económicas de hoy las vamos a hallar en lo que él proponía, ¡no! Se trata de comprender que tuvo la enorme lucidez de darse cuenta de que aquel socialismo no funcionaba en clave socialista, y que estaba llamado al fracaso, cuando nadie creía que estaba llamado al fracaso; ni el resto de nuestra dirigencia. Seamos justos: no nos consta que el resto de nuestros dirigentes estuvieran tan convencidos como él de que aquel modelo estaba llamado al fracaso, porque nos involucramos y lo reconocimos como el único válido, después que la zafra del setenta certificó la bancarrota económica. En todo caso, estudiar al Che reviste, en Cuba, la mayor actualidad porque su pensamiento es el único que, desde la Revolución Cubana, nos pudo prevenir en cuanto a que el camino no debe ser el rescate del socialismo delineado por el modelo soviético. Y para Cuba, hoy, el único peligro no es el de errar el camino en la incorporación del mercado sino también en de errarlo en la salvación del socialismo. También es cierto que difícilmente hubiéramos contado en los sesenta con dos los elementos de la mirada retrospectiva, la cultura política y la madurez suficiente para formular las críticas que hacemos ahora. Una cosa es criticar con una visión histórica y otra es hacerlo al momento de asumir el desafío. Es algo que no podemos perder de vista: no podemos tener una visión de las opciones que tomamos hoy con la misma riqueza de elementos que las que sometemos retrospectivamente a la crítica. Y debe ser de la agudeza crítica sobre los fracasos y los errores cometidos por nosotros de donde partamos. Digo nosotros, por esta, mi generación, y por otras que les anteceden a ustedes, e incluyo especialmente a quienes han participado, de manera directa o indirecta, en la responsabilidad de decidir.

Pienso en ustedes, que van a tener que formar parte muy pronto de ese aparato decisional, deben tener en cuenta cuando tomen decisiones, con nuevas opciones ante nuevos cambios, nuevos pasos, un desafío, que no estarán realmente haciéndolo a partir del panorama completo –no es posible–, pues la visión completa solo se adquiere cuando las decisiones que fueron desafío en un momento se convierten en éxito o en fracaso, para poner los extremos. Normalmente nunca el éxito es absoluto ni el fracaso tampoco: la realidad siempre se mueve entre el éxito y el fracaso, pero la virtud y el aporte que el análisis del pasado nos puede hacer al presente es ponernos en condiciones de acoplar los desafíos con la comprensión de nuestros fracasos y la capacidad de ponderar con mesura nuestros éxitos. Con mesura y sin triunfalismo; no pensar que esos éxitos lo son todo en nuestra historia. Nuestros éxitos están ahí, pero no lo son todo; tenemos que aprender a evaluar también nuestros fracasos. El llamado de Fidel Castro a «convertir el revés en victoria» ante el fracaso de la emblemática zafra de 1970 se inspiraba precisamente en la comprensión de que no hay fracaso absoluto y que se imponía darle la cara sin derrotismo.

A las generaciones que vivimos los sesenta nos tocó afrontar el enorme desafío de cambiar radicalmente, en un plazo muy corto, la sociedad capitalista dependiente de la cual salimos, y eso no lo va a vivir a ninguna otra generación en Cuba. Fue en esa turbulencia del cambio cuando parte de esa generación también se opuso radicalmente al curso revolucionario, cuando cobró forma en la contrarrevolución. Podemos afirmar que la contrarrevolución también es un producto de la radicalidad revolucionaria, ante el cambio completo de un sistema periférico de explotación capitalista para ordenarse como otro de propiedad centralizada estatal (el cual identificamos como acumulación socialista, según los cánones del siglo XX). En aquel desafío irrepetible de demoler el sistema en que nos habíamos formado para hacer otro sistema distinto mostramos una radicalidad extrema, que se rebelaba a unos dogmas tratando de imponer otros, a veces de unos excesos que hoy nos alarmarían. Siempre convencidos de que teníamos la razón. Y aun en las ocasiones en que no la tuviéramos, aquella generación hizo cosas heroicas, que nunca podrán ser erosionadas ni por sus errores más graves. Pero heroísmos y errores no entran en el tema de hoy, que es el de los desafíos, y todavía no logro salir de la parte introductoria.

Para buscar los desafíos de hoy

La cuestión sería, para mí, la de plantearnos una mirada realista de nuestros desafíos actuales, que ya sabemos que no son los de los sesenta, independientemente de cuánto veamos repetirse, por reiteración de opciones frustradas o por efectos de retorno. Para aterrizar por completo en la realidad cubana de hoy quisiera hacer tres observaciones que calificaría de metodológicas:

La primera tiene que ver con la relación entre lo universal y lo particular: debemos diferenciar entre los desafíos propiamente cubanos y los que nos plantea la opción socialista en el plano más general. No se trata de que nos hallemos ante dos inventarios distintos, sino de la necesidad de tener en cuenta que nuestros cambios no solo responden a fracasos domésticos, sino también a fracasos sistémicos, atribuibles al modelo socialista, o para usar una expresión que me satisface más que la de modelo, al experimento socialista del siglo XX.

La segunda observación se vincula a la necesidad de ponderar la presencia de los factores externos y los internos cuando analizamos el socialismo como propuesta, nuestro experimento, sus fracasos, sus logros, el laberinto presente, y cuando volvemos a repensar proyectos y a diseñar salidas. La búsqueda de una inserción en el sistema-mundo desde las condiciones de sitio económico-financiero que nos imponen los Estados Unidos se han convertido, para decirlo de algún modo, en el esqueleto sobre el cual Cuba tiene que generar el cambio interior y la construcción de un socialismo sustentable.

El corto y el largo plazo imponen también distinciones metodológicas, que incluyen la diversidad, que nos obliga a hablar del desafío en sentido integral y de los desafíos que supone, como inmediatos, el reto mayor. Se impone pensar en la relación entre desafío y utopía, expresión extrema del largo plazo. Este dimensionamiento temporal obliga a pensar igualmente en rectificaciones: no todas las opciones que tomemos hoy serán las acertadas y hay que estar preparado, previsoramente, para el revés y para la rectificación. Crítica y rectificación son dos conceptos que merecerían unirse como una consigna, y sobre todo como una práctica habitual.

Hechas estas observaciones preliminares, me propongo aterrizar en lo que estimo es el interés real de ustedes: cuáles son hoy nuestros desafíos como cubanos. Comienzo por anotar que descarto considerar como alternativa, en términos equivalentes, un desafío en sentido contrario: el que parte de plantearse que lo que hay que hacer en Cuba es mercantilizar por completo la economía y poner la política en manos de un régimen pluripartidista democrático. Dicho esto queda claro que hablo pensando de desafíos del socialismo. Técnicamente, la claudicación al proyecto socialista representaría la salida más fácil; ni siquiera entraña la complejidad del diseño. Basta con poner a la sociedad completa a merced de la privatización. Todo se subasta al mejor postor. Venderíamos las plantas de níquel a quien esté en condiciones de comprarlas, e igualmente los centrales azucareros, y la empresa eléctrica, y el Instituto de Ingeniería Genética y Biotecnología, e igualmente todo lo que resulte rentable o que el capital privado se sienta en condiciones de hacer rentable. La sociedad, la de los hombres y mujeres de a pie, que se encarame en el carro del mercado como pueda, y quede la población colocada atendiendo a la «supervivencia del más apto». Se acude entonces al Fondo Monetario Internacional y los demás árbitros de las finanzas mundiales y se pasa, de un tirón o de varios, por mecanismos que funcionan solos, del dominio de lo público en la economía, al de lo privado, y de la austeridad en condiciones de independencia a la austeridad dependiente, de la escasez con esperanzas a la escasez desesperada.

Como se experimentó en los sistemas de Europa del Este, y funcionó con rapidez, y además con el beneplácito del mundo occidental. Y hasta se modelizó por la academia norteamericana de los 90 como «transición democrática» ejemplar. Aunque se pase por alto, claro está, que la economía soviética declinaba del segundo lugar en la economía mundial al octavo o noveno que ocupa hoy Rusia. Sigue siendo una economía grande, pero atravesó un lapso de decadencia lamentable en el plano macroeconómico. Más lamentable aun, su recuperación se produce sobre un reordenamiento distributivo interno considerablemente desigual, con franjas de pobreza y desamparo propias de la lógica del capital. Y con presiones tercermundizadoras desde los centros occidentales. Todavía más lamentable, son reducidas las posibilidades de que una vocación rectificadora, que parece renacer ahora, implique una recuperación plausible, y mucho menos una reorientación estructural. En 1991 el sistema nacido de la revolución bolchevique perdió para siempre la posibilidad de liderar la alternativa al capitalismo mundial.

Este es un proceso que nos afecta, no solo por la caída sufrida por la economía, sino también porque nuestro desafío incluye definir, o descubrir, dónde y cómo nos insertamos en el mundo. Desafío cubano – desafío del socialismo Tenemos entonces que pensar en desafíos cubanos y desafíos del socialismo, sin que se trate, como dije antes, de dos inventarios separados. Debemos percatarnos de en qué medida encaramos problemas, carencias, limitaciones, fracasos locales, condicionados por nuestra situación de país periférico subdesarrollado urgido de una articulación mundial, precario en recursos naturales, etc., y en qué medida son desafíos que tocan al sistema que hizo crisis en el siglo XX, cuyos defectos nosotros hemos reproducido, y que tiene que ser renovado. O sea, que afrontamos cambios que no responden solamente a fracasos locales sino a fracasos del modelo socialista; es decir, de la experiencia socialista del siglo XX. Experimento que se cifró en una serie de equívocos, generados en su mayoría en el estalinismo. No solo en el dogma estaliniano sino en el sistema político institucional que Stalin estableció y los patrones de cultura política que generó su conducción.

Recientemente leí un largo ensayo sobre El capital que dedicaba sus doscientas primeras páginas a la necesidad de salvar a Marx del marxismo. Pareciera a veces que los economistas de la academia burguesa hubieran comprendido mejor a Marx que los economistas marxistas, y que mucho de la comprensión y de la implantación del esquema neoliberal haya tenido que ver con lo que Marx caracterizó como «vocación universal» del capital; del predominio, en su destino, de la ganancia a toda costa, anunciado desde el tomo I de El capital y que reitera en un plano demostrativo en el tercero. Lo puesto en práctica finalmente desde la década de los ochenta como modelo neoliberal: dejar que el capital se forme, crezca, se empodere, caiga quien caiga y empobrezca quien empobrezca. Que se derrumbe la humanidad si tiene que derrumbarse en aras de que la lógica de la ganancia siga su proceso de acumulación. Ellos han aplicado con éxito lo que Marx denunció como desgracia previsible, en tanto sus seguidores no hemos sido capaces de encauzar sus propuestas de solución.

Por nuestra parte, comencemos por no engañarnos cuando criticamos: no se trata de que estemos frente al despropósito soviético visto desde la virtud cubana. En primer lugar, nunca llegamos a arraigar del todo una lectura propia, crítica, nacional, diferenciada, y orgánica del marxismo, aunque esta necesidad haya estado tan impregnada, subyacente, en la mirada de los líderes, como para frenar el dogma. La visión marxista dominante, la que se mostró incapaz de sortear sus reveses, sirvió también para rechazar y castigar la herejía en Cuba, y esa visión reaparece en cada contexto renovado. Podemos percibir, incluso ahora, cómo nos movemos entre la reticencia con que nos lastra esa visión restando audacia e ingenio en las medidas que se sabe que tenemos que tomar; y al propio tiempo en el triunfalismo cuando se ha puesto de manifiesto un avance.

Reitero que nos hallamos ante un desafío cubano y, a la vez, un desafío del socialismo, que nos toca completo si queremos que nos toque. Si queremos atrevernos; si queremos tener incluso la audacia de pensar que podemos aportarle algo a la concepción de un socialismo sustentable. No la vanidad de creernos paradigmáticos, sino como un desafío. Y yo creo que tenemos derecho a aspirar a ello, porque está el Che en los comienzos de nuestra historia reciente, que hizo críticas profundas ya en los años sesenta, marcando una ruta revolucionaria de disenso. Y porque Martí nos iluminó desde temprano el horizonte y nos legó los instrumentos más agudos de la reflexión crítica, la resistencia coherente y la fe en las ideas. Sobre el bloqueo El segundo aspecto metodológico a tener en cuenta es que los desafíos incluyen lo externo y lo interno, que el país ha sufrido una política muy compleja de exclusión, no solamente bloqueado económicamente durante medio siglo, sino que hasta su manera de construir el socialismo se ha visto siempre bajo coyunturas de presión externa. Me atrevo afirmar que lo que ha significado el bloqueo para Cuba es distinto de lo que ha significado cualquier otro bloqueo económico en la historia. En el preciso instante en que se pusieron esperanzas en la exploración de petróleo off shore iniciada por la plataforma Scarabeo 9, las posibilidades de resultados positivos también se nos presentaron como desafío. Es evidente que una producción significativa de crudo inyectaría seguridad al proyecto de desarrollo nacional, pero también incidiría en la política de Washington hacia Cuba. Hasta ahora la contención de la variante militar de los halcones ha contado con el dato de que invadir a Cuba no reportaba ningún beneficio sensible, pero una producción importante de petróleo pone en la agenda dos opciones: o proveer facilidades de negocio a las transnacionales petroleras, flexibilizando el bloqueo, o implementar una coartada para una intervención militar (e incluso la combinación de ambas, si no tenemos la ingenuidad de pasar por alto la última década en el Oriente Medio). Apocalíptico, como puedo parecer, hablo de un riesgo real, aunque me gustaría creer que la salida sería buscada por la mejor vía.

Pero también el éxito petrolero puede entrañar, al interior, el desafío del triunfalismo: en la política cubana subsiste la idea de que el derrumbe socialista del pasado siglo fue coyuntural, producto de una conspiración, o de debilidades en la jefatura del Estado soviético de la época, y la reticencia a reconocer un problema estructural en el modelo mismo. Ignoro hasta qué punto es influyente esta visión. Probablemente sea cierto que el derrumbe pudo haberse evitado, dado que la pérdida de competitividad en la economía de la Unión Soviética no reportaba los sesgos de una crisis insalvable. Pero lo que la hizo estallar fue la falta de democracia con la cual había sido construido el sistema, por Stalin y por sus seguidores, incapaces de levantar un régimen de participación comprometida de todo el pueblo en lugar de un poder elitista, centrado en su autoridad, y en una deformación de las instituciones políticas. El desafío político: la democracia Una enseñanza que no debemos olvidar en nuestro proyecto: es el socialismo, y no el capitalismo, el que no podrá existir sin democracia. El poder del capital procura el sistema político que le sea más funcional, como lo demuestra el mapa político del mundo. El desafío de la democracia es el desafío definitivo del socialismo, que supone, para nosotros, un camino paralelo, o más bien correlativo, de cambios. Lo que hundió al sistema soviético fue el fracaso político, al no ser capaz de generar la institucionalidad ni la cultura democrática socialista desde donde tenía que ser afrontado y resuelto el retroceso de la economía y el anacronismo del «socialismo real».

El componente esencial de participación, que el modelo liberal de democracia representativa reduce al acontecimiento electoral, solo puede diseñarse y ejercitarse como democracia socialista. Por eso no me canso de repetir que el derrumbe del socialismo soviético se debió, sobre todo, al fracaso en generar una cultura democrática participativa, sin la cual la institucionalidad política se convierte en un andamiaje sin contenido. Poco significa hablar de «propiedad de todo el pueblo», una entelequia que acaba por enmascarar el dominio total del Estado y la desconexión completa de las masas del acceso a las decisiones, cuando no existen dispositivos que aseguren una participación sistemática efectiva.

Para Cuba, en el espíritu que prevaleció desde los sesenta, la desigualdad social fue condenada como anomia mayor, y se le hizo frente con medidas igualitarias que aseguraron por la vía administrativa el pleno empleo, invirtieron las proporciones entre la población rural y la urbana (despoblando el campo), y redujeron sensiblemente la brecha en la distribución de los ingresos. Podríamos calificarla como una política de igualdad subsidiada. Pero ni la propiedad estatal ni la igualdad subsidiada aseguran el socialismo. Los ingresos más altos llegaron a promediar cuatro veces los más bajos hacia los ochenta, lo cual representaba uno de los indicadores de equidad más logrados en su tiempo. Sin una formación ética madurada ni dispositivos de estimulación efectivos, este logro social se tradujo en un proceso de desincentivación sistémica del trabajo que desde entonces hasta nuestros días ha perdurado con diversas manifestaciones. La introducción del concepto de «hombre nuevo» había sido, en aquel escenario de los sesenta, un detonante ético para la utopía: el Che nos proponía otro ideal humano frente al hombre del mundo real, y yo diría que este ideal debe prevalecer en el horizonte de la cultura socialista.

Es evidente, sin embargo, que la urgencia de soluciones económicas se ha hecho tan apremiante en nuestro país que lleva al error de relegar la necesidad de la transformación política. El desafío de la democracia socialista se hace mucho menos visible en el VI Congreso del PCC, en la Conferencia del Partido y en el programa de nuestras instituciones políticas, que el de la economía. Corremos incluso el riesgo del espejismo de creer que con el petróleo –si apareciera en abundancia– tendríamos asegurado el apuntalamiento de nuestro socialismo, sin tocar otros resortes que los de seguir buscando la eficiencia económica. El hecho es que, en todo caso, tenemos que tratar de desarrollar el país y asumir los cambios que tengamos que asumir, en una sociedad que va a seguir bloqueada. Incluso el día que deje de estarlo, si es que llega a no estar bloqueada, va a estar superdeterminada por la presencia de los Estados Unidos, que no dejará de ser significativa. Noventa millas no solo significan peligros, podrían significar también oportunidades: el mercado natural de Cuba está allí; allí habrá que tratar de comprar y vender lo que, de lo contrario, tiene que comprarse y venderse a miles de millas. Desde el punto de vista económico la distancia es un mal negocio, pues los costos encarecen la inserción económica para nuestra Isla. La rectificación en la legalidad

Un tercer aspecto metodológico en los desafíos lo constituye la diferencia y la relación entre el corto y el largo plazo: es decir, tenemos que reconocer en su especificidad los desafíos a corto plazo, sin perder de vista el desafío estratégico, que se nos plantea en el largo plazo. Los riesgos son de varios géneros: confundir la naturaleza de los desafíos, confundir los plazos, descuidar la conexión de unos con otros. La tendencia al cortoplacismo ha sido tal vez la trampa más frecuente. Tampoco vamos a pensar que la mayoría de las medidas que estamos tomando ahora van a ser medidas para siempre. Tenemos que aprender a vivir en una dinámica de opciones, de asumir opciones ante los desafíos que tenemos que plantearnos ahora, y la posibilidad de rectificar en lo que hagamos cuando comprobemos las equivocaciones o los reveses. Y sobre todo la posibilidad de rectificar estructuralmente, y también legalmente. Subrayo la necesidad de dar forma legal a los cambios, porque en estos cincuenta años no siempre ha habido una correspondencia entre las decisiones de cambio y las modificaciones de legalidad que esos cambios suponen. Nuestra legalidad puede ser muy caprichosa, porque ingeniar una legalidad auténticamente socialista también es un reto. Existe una diferencia entre leyes que legitiman la visión oficial y las que aseguran la justicia, la equidad y el bien común de la sociedad.

En el año 1992 hicimos una reforma constitucional seria, con un proceso deliberativo y de amplia participación; tan seria que provocó una cantidad tal de cambios mayores que nuestros dirigentes pusieron un tope al abanico propositivo. Prevaleció la idea de que el cambio del 92, que era profundo, era suficiente entonces. Era profundo en verdad, como cambio legal, constitucional; y se argumentó que después podrían continuar haciéndose otros cambios y otras reformas. En realidad no hubo más cambios fundamentales en la legalidad después de 1992: ¿en veinte años no hubiera requerido la Constitución nuevos ajustes? Solo hubo otra reforma constitucional para adoptar una palabra, la expresión de un desideratum, una convicción retórica: que la revolución es irrevocable, como respuesta a demandas puntuales no deseadas. Como si al convertir una convicción en ley se le asegurara realidad; lo real no se materializa automáticamente al aparecer en la Ley. Nuestra Constitución todavía tiene amparo para posibilidades de cambio estructural, pero también contiene prescripciones que han sido pasadas por alto, y normativas que ya son anacrónicas. Es de esperar que lo que se está haciendo a partir del sexto Congreso del PCC conduzca también hacia una gran reforma constitucional o hacia una Constitución nueva, pues el desafío a corto y a largo plazo, en tanto incluye cambios estructurales, va a requerir rectificaciones de la legalidad. Crítica y rectificación, repito, debiera ser una base permanente de nuestro pensamiento revolucionario.

Lo que tiene que ser cambiado

Comenzamos esta presentación por recordar que el proyecto socialista cubano tiene cincuenta años, y ahora destaco que de ese medio siglo cuenta ya veintidós años sumido en una situación de crisis; lo que llamamos «período especial» ha generado una sociedad en estado crítico crónico, con una serie de anomalías que se han vuelto permanentes y hacen parte del escenario del desafío. Y los desafíos no pueden obviar el escenario del cual parten.

Nuestros dirigentes han reconocido que «hay que cambiar todo lo que tiene que ser cambiado», pero ¿quién puede cuantificar lo que tiene que ser cambiado y cómo identificarlo? Porque hasta donde alcanzo a ver, lo que tiene que ser cambiado no está cuantificado ni muy bien identificado siquiera.

No lo cuantificó ni lo identificó el VI Congreso, el cual se limitó a asumir una dinámica de discusión de lineamientos y lanzó (y yo lo creo un paso realmente importante) propuestas de cambio en los lineamientos. Pero, ¡ojo!: ahí no figura todo lo que tiene que ser cambiado. Además, sería iluso pensar que pudiera ser de otro modo. Ni el Congreso, ni la Conferencia, ni el Pleno del Comité Central pueden ir más lejos. No mucho más. No creo que un Congreso del Partido pueda definir en un momento todo lo que tiene que ser cambiado. «Lo que tiene que ser cambiado» ha atravesado veintidós años de una sociedad de anomalías, en estado crítico, pero además no se limita a esos años sino que tiene que ver con toda nuestra historia socialista. Construimos nuestra historia socialista desde los sesenta con modelos, instituciones, marcos teóricos y concepciones que dominaban en los sesenta y que hoy podemos ponderar en qué medida son parte de una mala versión del socialismo. Voy a limitarme a citar dos concepciones como ejemplo: una, la de identificar socialización de la economía con estatización de la economía; pensar que el socialismo estatal define la radicalidad socialista en la economía y mientras mayor sea la sujeción de la empresa al Estado, mejor, cualquiera que sea su talla. La historia muestra que la empresa estatal no es la única socializada, y que la organización unificada de la economía en manos del Estado no contribuye, por sí misma, a consolidar la eficiencia de la economía socialista. El otro ejemplo que quiero aludir es el de la confusión de la idea leninista de partido-vanguardia con la de partido-poder, la cual considero una construcción claramente estalinista, amparada en la sombrilla teórica de Lenin. La temprana muerte de Lenin permitió a Stalin implantar el principio que adoptó de dirección política del Partido sobre el Estado, como instancia de poder. No como la fuerza que forma, que educa, que le da cuadros, sino que manda y solo puede ser obedecida (disciplina partidaria).

De haber leído antes a Hobbes o a Maquiavelo algún delegado a un congreso del Partido tendría que haberse preguntado cómo es que el Partido dirige al Estado. O desde las notas sobre Maquiavelo, de Antonio Gramsci, para no salirnos de lo más riguroso de la tradición marxista, preguntarse: ¿es que el partido está por encima, y en consecuencia, fuera del Estado? ¿Puede existir algo fuera del Estado? Si la respuesta es que lo dirige desde dentro, habría que identificar al Partido como órgano supremo del Estado. Al final, el problema es que si nuestro destino es que el Estado sea dirigido por el Partido, nuestro Estado nunca va a ser un Estado democrático. Porque democrático no significa solamente que se gobierne para el pueblo, sino por el pueblo. Y, de no ser así, se me hace difícil entender que se pueda consumar como socialista. Puede ser más justo, más equitativo, más soberano, más solidario, expresivo incluso de atributos propios del socialismo, pero sin los mecanismos que aseguren al pueblo una participación competente y efectiva en la toma de decisiones, es decir, en el ejercicio del poder, no será socialista.

Es más, considero que esta deformación histórica sobre la naturaleza de la conducción partidaria, ingeniada por Stalin y mantenida por sus sucesores, está en el centro del fracaso socialista. Podría equivocarme, no lo excluyo en un asunto tan delicado. Pero a estas alturas no me quedan dudas de que Estado socialista consolidado será el que haya logrado encontrar los mecanismos que hagan que el poder emane efectivamente del pueblo, y no de un Buró Político, un Comité Central o un Congreso. Un Estado en que pueda afirmarse que el pueblo decide y el Partido –partido de vanguardia; ni formación electoral ni órgano de poder– retiene y concentra la misión de preparar al pueblo para dirigir. De conducir al pueblo –no por encima, sino como parte del pueblo ; no en el sentido de dar órdenes sino en el de ir delante–, capacitarlo, apoyarlo para que dirija el Estado. Y que ese sea el tono que marque sus congresos, sus órganos y su quehacer.

¿Cuál modelo?

Lo que afirmo se refiere a toda nuestra historia socialista y a la que nos antecede. Nosotros tenemos que adoptar cambios, no simplemente para arreglar unas cosas que se pusieron malas después que se cayó Moscú. Nuestro desafío va más allá; nuestro desafío se orienta a cambiar componentes de toda nuestra historia socialista.

Acudo a otra frase de nuestros dirigentes, que se proponen «actualizar el modelo». Personalmente estimo que si actualizar el modelo no implica abordar el desafío del cambio con esta profundidad no habrá solución socialista. Si queremos «actualizar» a fondo, creo que nosotros podemos, que Cuba puede, que las nuevas generaciones pueden asumir la profundidad de los cambios. Creo que la realidad cubana lo admite, que la conciencia nacional lo admite, que la formación de nuestros jóvenes los prepara para eso; creo que la ética revolucionaria, a pesar de más de dos décadas confrontando situaciones críticas, se mantiene. Aunque no sea el mismo el consenso en esta etapa que el de los sesenta, que estaba motivado por un heroísmo temprano de lucha contra la vieja sociedad. A pesar de todo eso, pienso que en muchos aspectos puede ser más fuerte hoy que en aquel entonces. Y que nuestra sociedad tiene la posibilidad de asumir ese desafío, de ensayar ese desafío. Y la necesidad, diría yo, pero ya eso sería otro tema.

Por eso me resisto a admitir que exista en Cuba, en el momento actual, un modelo socialista; percibo en las esferas de conducción un lastre conformista y una inclinación triunfalista, excesivos ambos. Pienso que los cubanos nos encontramos envueltos en un proceso transicional desde una economía muy desordenada, con rasgos estructurales dominantes del modelo socialista soviético, con un índice de riesgos enorme, externos e internos, y con una mezcla de perspectivas complejas y de virtudes explicables solamente en el contexto cubano. Pero todo esto dentro de una transición socialista, ahora hacia un socialismo que pueda sostenerse dentro de las adversidades y los reveses. Diría también que no reconozco la consecución segura del modelo socialista que Marx buscaba en ninguna latitud, ni en los saldos del siglo pasado ni en el momento actual. Ni en China, ni en Viet Nam, ni en Corea del Norte donde, como en Cuba, reconocerse como socialista responde más bien a una orientación que a la adopción de un modelo.

En transición

La palabra que con mayor precisión define lo que existe en Cuba hoy no es bienvenida en las esferas políticas, pero es la que considero acertada y no puedo dejar de usarla. Lo que existe en Cuba es un proceso de transición. Estimo que caemos en un pecado, una debilidad muy fuerte, al dejar que el enemigo nos manipule los conceptos. Durante muchos años el concepto de «transición» era un pecado para el capitalismo porque era el concepto que había introducido Marx, en su crítica al programa del Partido Socialdemócrata Alemán, con la intención de hacer entender a sus compatriotas que esa creencia de que podían remontar el capitalismo y hacer la sociedad nueva de golpe, no funcionaba. Introduce así la teoría de las dos etapas, caracterizando como transición a la inicial. Para Lenin, que afronta el desafío de la revolución socialista en el «eslabón más débil» de las potencias de su época, donde el 95% de la población eran campesinos que roturaban la tierra todavía con el arado de madera, se hace necesario introducir una nueva variante, más compleja y difícil de la idea de la transición. Todas estas respuestas que dieron lugar a una teoría socialista de la transición fueron polémicas y geniales y tienen un valor permanente. «Transición» es un concepto decisivo para la teoría y la praxis del socialismo y no un engendro de los defensores del carril neoliberal.

Si las estrategias de transición que siguieron en el experimento soviético fueron brutales y reportaron las deformaciones que lo hicieron desintegrarse (al margen de que lograran desarrollar al país de los mujiken la segunda potencia mundial), no implica que haya perdido el sentido. Si la politología norteamericana y euroccidental se apropió del concepto de transición para identificar el tránsito de los sistemas de Europa del Este al capitalismo, no es motivo suficiente para regalarlo. Es tan universal como concepto que admite muchos usos legítimos: transición del capitalismo al socialismo, del socialismo al capitalismo, de una modalidad de socialismo a otra; transiciones socioeconómicas, transiciones políticas y otros usos más específicos.

Entonces, nosotros estamos en una transición: una etapa nueva dentro de nuestra transición socialista; no en una transición al capitalismo; no como las transiciones vividas en Europa del Este. En esta transición hay rescate económico, ideológico, político, sociológico, permanentes, que no se han desarrollado aún. Estamos buscando el camino– seguimos buscándolo, nos está costando mucho trabajo encontrarlo– de un socialismo fracasado, de un modelo de socialismo fracasado, a un modelo de socialismo viable. Tenemos que encontrar un modelo de socialismo viable, sustentable, realizable. Un camino en el cual tenemos que aprender muchas cosas. Todavía nosotros no hemos superado suficientemente los criterios de desarrollo que el socialismo del siglo xx nos impuso.

En Cuba vivimos hoy un dilema; pienso que lo vive nuestra clase política, lo vive la academia, lo vivimos nosotros, lo tienen por delante ustedes, lo tiene por delante la juventud: un dilema entre la conciencia de una urgencia de cambio, la conciencia de una urgencia de encontrar en estos cambios el camino de nuestra transición hacia un sistema socialista viable y, por otra parte, el freno de la incertidumbre, de la cautela, de la duda, del letargo de la audacia revolucionaria impuesto por el rezago del dogma del socialismo del siglo xx como el modelo a buscar en el plano estratégico. Acompañado de la sensación subcutánea de que cuando se abra un poco a la iniciativa privada se va a derrumbar el sistema: el tema de la sospecha inmanente que va frenando y frenando. Y me aventuro a decirles que esto no es solamente una opinión, esto es lo que pasa.

Recapitulemos: después que las reformas de los noventa mostraron efectos de nivelación frente a la caída, pasamos el resto de esa década estancados. Ahora el cambio económico se nos presenta como una urgencia. Yo pienso que esto hay que encararlo, los desafíos de este cambio socialista hay que encararlos, en primer lugar, desde el punto de vista económico, que nosotros mismos lo hemos vuelto más urgente, y desde el punto de vista político –institucional y cultural– con pasos orientados al mediano y al largo plazo. Nuestras instituciones tendrían que proporcionar, mejor que la Asamblea Nacional, las asambleas provinciales y las municipales, el dispositivo de participación popular en la toma de decisiones. Cuando hablo de una cultura democrática, de participación, quiero decir una cultura de rendición de cuentas, efectiva y a todos los niveles. El idioma inglés tiene una palabra para llamar a este principio, la cual no tiene equivalente en español: accountability. Es una pena que las Academias de la Lengua no se hayan propuesto buscar un equivalente en lugar de invertir su tiempo en tanto formalismo convencional.

Tiene que ver con lo que hacen los delegados municipales: rendir cuentas a sus electores; nadie más lo hace en este país. Los pobres delegados municipales no tienen ningún poder efectivo y, sin embargo, se someten a todo el embate de los CDR, de la base, de la circunscripción, por los desastres que hay y que ellos no pueden resolver. Incluso han consagrado la clasificación diferenciada de «soluciones» y «respuestas». De modo que lo que no tenga solución debe tener respuesta. Bueno, en fin, que con respuestas no se resuelve nada. Se convierte la gestión en una quimera. Pero el concepto de rendición de cuentas no lo podemos subestimar por eso, no lo podemos desechar, no podemos hacer con «rendición de cuentas» lo que hemos hecho con «transición». No podemos dejarla en el limbo lingüístico que permita al enemigo monopolizarla. Rendición de cuentas es un concepto clave para la democracia socialista, pero rendición de cuentas de verdad. Rendición de cuentas de todo el mundo. Si el jefe del organismo central que es separado por problemas de corrupción tuviese que pasar periódicamente por un mecanismo efectivo de rendición de cuentas ante los trabajadores de ese organismo (trabajadores con participación en la toma de decisiones), posiblemente no hubiera llegado a corromperse.

Otro tanto sucede con la «revocación de mandatos», único principio que hasta ahora condiciona el tiempo y que nunca, que yo recuerde, ha sido aplicado. O, al menos, se ha seguido la mala política informativa de callar las revocaciones. Ha sido esperanzador que el presidente Raúl Castro proclamara la reducción de todo cargo de dirección a cinco años, renovables por una sola vez, aunque no se haya observado aún movimiento alguno para implementarlo.

La corrupción: un desafío

Si hablamos de los desafíos no podemos dejar de referirnos a la corrupción, señalado por el propio Fidel como el de implicaciones más graves. ¿Dónde se produce y se reproduce el efecto de la corrupción? ¿Es en la cabeza de los dirigentes y de los funcionarios que se corrompen? No lo veo tan simple: estimo que se genera y se reproduce en los desbalances que crea el sistema, y este sistema, este modelo, o esta deformación modélica, ha generado severos desbalances. Si tengo razón, la solución de la corrupción no radica solamente en castigar a los corruptos, porque en tanto subsistan las causas, los corruptos de hoy serán sustituidos por los corruptos de mañana. Va a ser así porque sigue existiendo la fuente de recreación de la corrupción.

Por eso debo añadir que creo poco en la eficacia del «llamado» para producir soluciones estables. No creo que resuelva el problema que un dirigente se pare ante las cámaras –por mucho prestigio que tenga, y por hondo que sea el impacto que nos haga– y diga hay que acabar con la corrupción. Si no acabamos con los mecanismos que la crean, no acabamos con la corrupción. Como cuando aparece un dirigente en la televisión visitando una fábrica, exhorta a producir más, felicita a los trabajadores, o señala deficiencias a superar y metas a cumplir. Todavía no he sabido de un modo de producción que logre crecimiento productivo ni desarrollo a partir del llamado de sus líderes, por indispensable y justo que sea este. La sociedad tiene que crear los mecanismos que generen la incentivación de la producción, el compromiso consciente de los que participan. Si esos mecanismos no se crean, difícilmente tendremos resultados estables. El dirigente visita la fábrica hoy, sale en la televisión, y los dirigentes de la fábrica se esfuerzan por complacer a los dirigentes que van a visitarlos. Se alimenta así una ideología de la complacencia. Si usted trata de evaluar la economía del país por las visitas de nuestros líderes, de nuestros dirigentes a las fábricas, a los municipios, a los centros económicos; si trata de evaluarla por los premios y reconocimientos, y por la imagen que los medios masivos nos devuelven, el país no tiene problemas. Estamos en el mejor de los mundos posibles. Terminamos, sin proponérnoslo, engañándonos los unos a los otros.

Revolución agraria

Visto de manera sectorial, es posible que el mayor fracaso de la Revolución cubana haya sido el fracaso en alcanzar una revolución en la agricultura. A pesar de que la primera transformación radical fue la reforma agraria de 1959, de una segunda reforma en 1963, y de todos los impulsos organizativos implementados desde entonces, hasta la creación de las UBPC en 1993, estos no desembocaron en una revolución agraria, porque no propiciaron seguridad alimentaria para la población. Al margen de los cambios en la estructura de la propiedad, la organización de la producción, la mecanización y otros, al cabo de cincuenta años el país tiene que importar más del 70% de los alimentos que consume –un 20% más de lo que importaba en 1958– con el agravante de que cerca del 25% de la tierra agraria se mantiene improductiva. Quizá no comprendimos que en las condiciones específicas de subdesarrollo y dependencia en que la Isla vivió la revolución socialista, tenía que comenzar por asegurarse como una revolución agraria. O, tal vez sea más exacto decir que lo comprendimos pero no supimos como hacerlo. Alcanzar un nivel cualitativamente elevado de suficiencia alimentaria para toda la población es ahora una tarea pendiente en lo inmediato, un desafío de primer orden en la agenda de cambio. Y significa la disponibilidad de millones en recursos que hoy se tienen que emplear en comprar alimentos.

Descentralización y socialismo

Las ciento setenta y ocho variantes aprobadas de cuentapropismo se muestran como un avance porque en los años noventa fueron ciento cuarenta y pico, o ciento cincuenta. Pienso que lo que correspondía al cambio en marcha no era ampliar variantes de oficios por cuenta propia, sino legitimar, autorizar la iniciativa privada en sentido genérico, a condición de que no viole la legalidad, y a partir de ahí regularla. Que se atenga, por supuesto, al sistema fiscal, que es un elemento esencial de esa legalidad. De manera que se le deje a cada cual pensar qué es lo que puede inventar para sobrevivir por su cuenta y no tener que buscar en una lista para ver si va a elaborar comida para vender, va a forrar botones, o va a proponer sus servicios como «dandy». Me parece que subsiste una falta de confianza en el ingenio de la población para encontrar respuesta a las urgencias que vive. Es evidente que las nuevas reformas tienen sus propias trabas, sus propias rémoras, aun si quieren cambiar esta sociedad y constituyen el paso más importante que se ha dado para reinventar el camino cubano al socialismo. No de transitar hacia el capitalismo en un torbellino mercantil, sino hacia una sociedad que logre articular, en un esquema eficiente, la economía estatal socialista, la economía socializada no estatal y la economía privada, y logre avanzar progresivamente. Todo esto no se logra con una ley, un decreto, una constitución, pero requiere transformar marcos legales. Hay eslabones ineludibles, como el de lograr reducción racional del sector estatal en la economía. Tenemos un sector estatal disparatadamente cargado. Cuando se calculó que sobraban millón y medio de puestos de trabajo, lo que significaba en realidad es que sobra un 40% de sector estatal en la economía. Quizá debimos comenzar por anunciarlo así. Es necesario descentralizar por diversas vías: descentralizar hacia cooperativas, descentralizar hacia la iniciativa privada, descentralizar hacia una mayor autonomía económica territorial.

La cooperativa no la inventamos los comunistas, ni la inventa el capital para acumular. La inventan los trabajadores y los pequeños empresarios en las sociedades capitalistas para defenderse del peso del gran capital. «Yo no puedo solo porque me hundo, tú no puedes solo porque te hundes, el otro no puede solo porque se hunde; vamos a asociarnos si hacemos más o menos lo mismo, y formamos una cooperativa». La economía estatal tampoco es por naturaleza un desastre. Puede ser un desastre y puede ser muy efectiva. Creo poder afirmar que nuestra economía estatal ha mostrado eficiencia para administrar algunos sectores productivos, otros no. Incluso el sistema de inversiones del turismo me parece que ha sido en más de un aspecto un sistema inteligente, porque ha garantizado un reciclaje de inversiones que crean un colchón para el crecimiento del sector estatal. Pienso que podría ser incluso modélico para otras experiencias de socialización. La economía estatal puede ser eficiente, y el mundo capitalista –el capitalismo de Estado– también tiene muchos ejemplos.

La fórmula para un proyecto socialista eficaz no existe. No hay receta común para todas las sociedades, ni pueden todos los países avanzar por el mismo camino. De ahí las limitantes del concepto de modelo. No es que desechemos el concepto sino que seamos capaces de evitar la tentación de dogmatizarlo. Hoy nosotros tenemos que liberalizar en tanto los venezolanos, o los ecuatorianos, necesitan nacionalizar. Es decir, en el caso de sus proyectos, y de cualquier otra sociedad que se plantee un curso de soberanía económica sostenible, habría que fortalecer progresivamente el sector público, a nivel nacional y local. Y paralelamente a la economía, el comprometimiento participativo popular en la toma de decisiones. En el caso de Cuba, no cabe duda de que tenemos que aligerar progresivamente el sector estatal, dentro de una lógica integral en la cual el Estado mantenga el dominio de la economía, en sectores descentralizados mediante los controles fiscales, y en las ramas estratégicas de la economía como el inversor principal. La concentración del poder económico en manos del Estado es lo único que puede asegurar que los recursos básicos no caigan bajo el dominio de transnacionales ni queden sujetos a la lógica de la ganancia, y se garantice la prioridad del bien común de la sociedad. Pero más allá de estas ramas lo que necesita la economía socialista es funcionalidad.

Hay que prepararse para la asociación con transnacionales, que ya se ha dado en Cuba en el sector de la producción de níquel, y en el turismo con resultados positivos. No abrir las puertas a las transnacionales no puede ser una consigna: lo que importa es que su participación no adquiera el control de la empresa o del sector en el cual se asocia.

Otro tema sería el de la economía informal, la cual aporta al cambio porque presiona, y la respuesta no siempre puede ser el castigo. Hay actividades que posiblemente tengan que ser castigadas, pero el grueso de la economía informal tiene que ser analizada con vistas a formalizarla en la medida posible. Incluso en los noventa hubo dos casos muy característicos en que se hizo así. El «paladar» no estaba en las ciento y pico de formas de cuentapropismo codificadas a mediados de los noventa; el «paladar» surgió porque familias que tenían las condiciones hicieron «paladares». Lo mismo sucedió con el alquiler de habitaciones, que se legalizó y se sometió a impuestos cuando la sociedad habanera encontró un modo de vida en alquilar una habitación de la casa que le sobraba. O no le sobraba, pero la familia se iba a dormir a la sala y alquilaba el cuarto. Cuando eso se generalizó y el Estado se percató de que no podía pararlo, lo legalizó. Observar los designios de la economía informal debiera servir siempre como indicio para un buen olfato formalizador.

Pero además tendremos que pensar en una descentralización aplicable en toda la Isla. Los municipios requieren una gestión económica mucho más autónoma. Desarrollar la propiedad comunal, aplicar impuestos municipales y crear una economía local propia. No pueden mantenerse dependiendo de un presupuesto nacional, todo eso ha resultado contraproducente. Hay que flexibilizar, descentralizar, sin dejar de mantener socializada la economía del país y aumentar la democracia, que es también democracia económica. Paralelamente, hacer que las formas de participación popular vayan aumentando en esta vía.

Más vale tarde

Para terminar –porque tenemos que terminar–, quiero decir que estos no son problemas nuevos. El de hoy es un desafío que asumimos con dos décadas de atraso, y eso lo vieron muchos ojos en Cuba y fuera de Cuba. Recuerdo que a principios del 2000, en una entrevista de la cual fui testigo, Danielle Mitterrand nos comentó con pesar que Fidel había perdido la oportunidad de hacer una segunda revolución en Cuba. Tenía razón y no la tenía. Pienso que la oportunidad no se ha perdido, pero también pienso que la agenda de cambio que hemos emprendido ahora – comenzando por este nivel de debate abierto– y las acciones que se inician, tenían que haber surgido desde el mismo año 1990. El desafío de hoy no es ya el mismo porque no partimos de la Cuba que entraba en la última década del siglo sino con las incidencias de veinte años de efectos críticos en la economía. Tampoco voy a decir que todo es peor ahora para emprenderlo. No es exactamente así. Pero salta a la vista que el punto de partida es distinto.

En cierta medida hubo una esperanza a principios de los noventa, cuando el cuarto Congreso del Partido fue convocado con un llamamiento para el cual el Congreso mismo resultó ya un retroceso, porque predominaron las reticencias, los temores a la pérdida del control, a la pérdida del socialismo, a que la reversibilidad soviética nos contagiara. Y ya después, las reformas de los años 1993 y 1994 no fueron parte integral de una propuesta. La principal diferencia de las reformas actuales es decisiva porque se han adoptado articuladas dentro de la convicción de la necesidad de un cambio integral, lo cual es por lo menos un gran paso de avance. Las precedentes fueron reformas adoptadas para confrontar problemas concretos. Fueron reformas realizadas con vistas a afrontar anomias, irregularidades concretas, como si estas fueran manifestaciones inconexas y no parte de una misma crisis. Por tal motivo, las reformas no estaban integradas en un propósito total, no había una visión de cambio dentro del sistema socialista, de «cambiar todo lo que tenga que ser cambiado». Eso, que no estaba en la visión de entonces, ahora parece estar.

Finalmente, no hay que olvidar que, como para cualquier país pequeño, para nosotros es clave la inserción en el mercado mundial. Los Estados Unidos lo saben y por eso han mantenido, sin escrúpulos de tipo alguno, el bloqueo. Washington nunca ha mostrado disposición a flexibilizar su política y no hay motivo sólido para esperar señales de cambio. Para nosotros es esencial esa comprensión. La esperanza de un crecimiento significativo en la producción de hidrocarburos se incorpora al desafío, porque de producirse podría elevar rápidamente los recursos para un despegue de la economía cubana. Tengan en cuenta que a finales de los ochenta, cuando Cuba cayó en un bache de disposición de divisas y se nos cerraron los créditos occidentales –es decir, en divisa convertible– la Unión Soviética autorizó a Cuba a vender sus ahorros petroleros en el mercado occidental, y estas ventas se convirtieron, en esos años, difíciles ya (aunque no críticos aún) para nuestra economía, en los principales ingresos en divisa.

No es un exceso afirmar que el petróleo podría transformar la realidad económica cubana. Pero esto que ahora digo y que ustedes conocen también –o al menos lo deben inferir– se sabe en la Casa Blanca perfectamente. El petróleo, tan deseado, significaría para nuestra economía un aporte sustantivo, como subrayé antes, aunque no podemos pasar por alto que planteará nuevos desafíos al proyecto nacional.

Me detengo aquí, y dejo en el tintero todavía varios temas, pero el tiempo obliga. Muchas gracias.

Visiones sobre el socialismo que guían los cambios actuales en Cuba

Camila Piñeiro Harnecker

Profesora, investigadora y consultora de empresas. Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

La forma que tome el nuevo modelo cubano dependerá de la influencia relativa de maneras diferentes de entender el socialismo y visualizar el futuro de Cuba. Aunque estas posiciones o corrientes de pensamiento, por lo general, coinciden en que el principal objetivo a largo plazo debe ser una sociedad más justa y liberada de las dificultades económicas que hoy enfrentamos, difieren notablemente en su manera de entender la justicia y la libertad, y, por lo tanto, el socialismo. Comparten en gran medida el diagnóstico sintomático de la situación actual, pero identifican distintas causas de fondo y soluciones para esos problemas. Asimismo, tienden a establecer disímiles metas a corto y mediano plazo, y, más importante aún, a proponer diversos medios para alcanzar esos objetivos, por lo que —aunque no siempre se reconoce— nos conducen hacia diferentes estadios.

Este trabajo identifica las tres principales posiciones o visiones del socialismo en Cuba que están influyendo en los cambios actuales: la estatista, la economicista y la autogestionaria. Estas no son más que herramientas de análisis para caracterizar a grandes rasgos los enfoques existentes en la Isla sobre lo que es necesario para salvar el proyecto socialista cubano.(1) El único propósito de su uso es señalar las ideas que más los identifican, pues en realidad aun las personas que pueden caracterizarse más claramente por una de las posiciones, comparten algunos puntos con las otras. Los contrastes de las tres corrientes de pensamiento pueden observarse cuando se analizan los objetivos que persiguen sus visiones de socialismo. Ello se refleja en los problemas fundamentales que identifican en la sociedad cubana de hoy y en las soluciones que proponen, al evidenciar sus disímiles estrategias para la construcción socialista.(2)

Las observaciones expuestas aquí se basan en el análisis desprejuiciado del discurso público —declaraciones oficiales, debates formales e informales, afirmaciones en medios de comunicación— y publicaciones —académicas, periodísticas— de cubanos en los últimos años. El objetivo de este trabajo es contribuir al debate esclareciendo las posiciones más importantes, para así facilitar consensos sobre cuestiones tan centrales como cuáles son los objetivos de los cambios que se están experimentando y qué medios son más efectivos para lograrlos.

Visiones que emergen de varias corrientes de pensamiento

Estatistas: Perfeccionemos el socialismo de Estado

El principal objetivo del socialismo para los estatistas es un Estado representativo bien administrado, que controle la sociedad. Su énfasis está en lograr un Estado fuerte; no uno más grande, sino uno que funcione correctamente y asegure que los subordinados cumplan con las tareas asignadas. Los representantes de esta corriente hacen hincapié en que el cubano es un Estado distinto del de los países capitalistas: que es «socialista» porque responde a los intereses de los trabajadores y no a los de los capitalistas.

Según los estatistas, la forma más adecuada para proporcionar los bienes y servicios que todos los ciudadanos necesitan para satisfacer sus necesidades básicas es un Estado centralizado a través de una estructura vertical. Para ellos, la coordinación horizontal de actores autónomos, individuales o colectivos, no es posible y genera caos. Aunque, ante las deficiencias de la planificación autoritaria, algunos han aceptado cierta presencia de las relaciones de mercado como algo inevitable. Las organizaciones autónomas —sobre todo las gestionadas democráticamente— generan conflictos y promueven la desintegración social. Según esta vertiente del socialismo, los ciudadanos no están preparados para administrar sus propios asuntos, y si se les da la oportunidad de participar en la toma de decisiones únicamente tendrán en cuenta sus intereses individuales estrechos y cortoplacistas, lo que resultaría en ineficiencia económica y desintegración social.

Al centro de los cambios propuestos por los estatistas está llevar el control y la disciplina a la sociedad cubana y en particular a la economía. La reducción del déficit fiscal y comercial parece ser la prioridad número uno. Esto se ha traducido en la tendencia a imponer impuestos demasiado altos, tanto para las empresas estatales como no estatales, y a reducir gastos mediante el recorte de servicios sociales o el cierre de empresas sin considerar si las comunidades afectadas y los colectivos de trabajadores pueden asumir su gestión y, por lo tanto, disminuir su necesidad de subvenciones.(3)

Esta corriente de pensamiento no considera necesario hacer cambios profundos: con mayor control y exigencia por los directivos y el Partido,(4) junto con cierta descentralización y consulta con las masas, las instituciones actuales pueden funcionar adecuadamente; sobre todo si el Estado se descarga de la gestión de pequeñas y medianas empresas y los gobiernos locales tienen sus propios recursos para resolver problemas en sus territorios. En su opinión, si los salarios estatales pudieran satisfacer las necesidades básicas, la mayoría de los problemas estarían resueltos.(5) Repiten el llamado del presidente Raúl Castro de «cambiar los métodos de trabajo», pero no incluyen en ello permitir a las instituciones ser más autónomas y democráticas, y ni siquiera establecer niveles mínimos de transparencia que posibiliten hacer público el presupuesto de los gobiernos locales y las empresas estatales.(6)

Según los estatistas, los principales problemas de la sociedad cubana son la indisciplina y la falta de exigencia por los administradores, funcionarios de ministerios y miembros del Partido. Ello ha resultado en bajos niveles de productividad y calidad, descontrol y desorganización, lo que ha permitido que el desvío de recursos del Estado se haya hecho natural y que se haya expandido la corrupción. Ciertamente, el control, la disciplina y, más aún, la sistematicidad son realmente necesarios para que cualquier proyecto tenga éxito, y estas prácticas no han sido comunes en los trabajadores y administradores cubanos durante décadas.

Sin embargo, aunque las tres posiciones coinciden en lo dañino que es el descontrol en las instituciones estatales, difieren en cuáles son sus causas de fondo, así como en el tipo de métodos de control que consideran eficaz y justo y, por lo tanto, que debería ser implementado. Los estatistas insisten en el carácter cultural del problema, que podría ser resuelto con educación por medios tradicionales directos o indirectos. Un «cambio de mentalidad» es presentado como la solución de fondo sin precisar cómo se va a llevar a cabo. Mientras que los economicistas señalan como causa del problema los bajos salarios y proponen instaurar incentivos materiales adecuados; para los autogestionarios se trata de la forma en que las instituciones cubanas están organizadas, y proponen establecer modelos de gestión con relaciones sociales menos alienantes que permitan el sentido de petenencia y liberen las capacidades creativas de las personas.(7)

Es decir, la solución para los estatistas es un mayor control y supervisión en la estructura vertical, y algo —tan poco como sea posible— de autonomía para los administradores.(8) Se piensa solo en órganos de control externo al grupo que debe ser supervisado, como los directivos sobre los trabajadores, o la recién creada Contraloría General de la República sobre los directivos. Parece no reconocerse los límites de la supervisión externa y vertical, ni las ventajas del control interno o autosupervisión por parte de los colectivos —de trabajadores o comunidades— que realmente se ven como dueños, y del control social de las personas sobre sus superiores mediante una real rendición de cuentas —transparente, directa y permanente— en las instituciones públicas.

Sería un error suponer que la mayoría de los funcionarios del aparato estatal se identifica con la posición estatista. En todos los niveles del Estado cubano hay quienes están realmente interesados en reducir la intervención de este en la vida de las personas;(9) se acercan más a las tendencias economicista o autogestionaria, en dependencia de su experiencia de vida y su exposición a ideas alternativas. Sin embargo, el estatismo tiene una buena representación en los administradores y funcionarios estatales de nivel medio que temen perder sus puestos de trabajo y por tanto su vida profesional (estatus, reconocimiento social) y/o su capacidad de beneficiarse del Estado a través de la corrupción.

Esta posición es además respaldada por muchos cubanos que, cansados de burócratas incompetentes, quieren que regrese el orden. También por aquellos preocupados por el descontrol social de las últimas décadas que se manifiesta en comportamientos antisociales dañinos económica y culturalmente. Algunos cubanos rechazan cambios más sustanciales por temor a perder los logros sociales de la Revolución. Además, hay unos cuantos intelectuales educados en el marxismo de tipo soviético que se oponen a cualquier tipo de descentralización y a la apertura a organizaciones que no estén directa y estrechamente controladas por el Estado, tanto privadas como colectivas. Aunque se podría pensar que los oficiales de las Fuerzas Armadas están más cerca del estatismo, algunos —en especial, gerentes de empresas militares— consideran la posición economicista como más pragmática, mientras que otros entienden las ventajas de la participación y los riesgos de promover lo privado y el mercado para la cohesión social.

Economicistas: el socialismo de mercado es el único camino factible

De acuerdo con los economicistas, el objetivo principal del socialismo debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas, entendidas como la capacidad tecnológica para crear más riqueza material, es decir, crecimiento económico.(10) El socialismo es entendido como redistribución de la riqueza; por lo tanto, los representantes de la corriente economicista sostienen que la construcción de este no es posible hasta que las fuerzas de producción se hayan desarrollado lo suficiente: si no hay riqueza no hay nada que distribuir.(11) De ahí que los actuales cambios en Cuba deban buscar, sobre todo, un mejor desempeño de la economía cubana con el fin de poner al país en una senda de desarrollo capaz de satisfacer las necesidades materiales crecientes de la población. Además, argumentan que, con una redistribución efectiva de la riqueza, todas las instituciones y modelos de gestión eficientes y productivos son útiles para la construcción del socialismo: «no importa el color del gato mientras que cace ratones».(12)

Según los economistas, la privatización y mercantilización son esenciales e imprescindibles para el desarrollo económico de cualquier sociedad, socialista o no; mientras que para los estatistas las empresas privadas y las relaciones de mercado son males riesgosos pero necesarios, que pueden ser domesticados por el Estado, y para los autogestionarios estos pueden ser superados gradualmente con la expansión de organizaciones alternativas que fusionen objetivos económicos y sociales.

Los economicistas identifican las principales causas del bajo rendimiento de la economía cubana en la centralización, el monopolio estatal del comercio y la producción de bienes y servicios, las restricciones blandas de presupuesto y la ausencia de incentivos materiales resultantes de la iniciativa privada y las relaciones de mercado. Aunque no siempre es reconocido públicamente, consideran que el modelo de gestión privada capitalista (empresa autónoma, autoritaria, guiada por intereses privados) es la forma más efectiva de dirigir una empresa, y que los mercados son la más eficaz de coordinar las actividades económicas. Asimismo, subrayan la importancia de la eficiencia y argumentan, con razón, que la ineficiencia del sector empresarial estatal, al hacer insostenible las conquistas sociales alcanzadas por la Revolución, afecta a todos los cubanos.

Según esta postura, para que los agentes económicos se comporten de manera óptima —es decir, para que los gerentes tomen las decisiones correctas y los trabajadores aumenten la productividad— son ineludibles, y en gran medida suficientes, los incentivos materiales y la «disciplina del mercado».(13 ) Los productores y los consumidores deben sufrir las consecuencias de sus acciones en la forma de mayores/menores ingresos, incluso si no tienen control sobre sus propias opciones. Los economicistas están en contra de las relaciones paternalistas entre los cubanos y las instituciones del Estado, que han provocado que muchos esperen que sus problemas se los resuelvan otros. Pero los representantes de esta tendencia parecen olvidar que el papel del Estado —aun en una sociedad capitalista— es proteger a sus ciudadanos; no satisfacer directamente sus necesidades, sino asegurar que cuenten con las condiciones y capacidades para hacerlo, si fuera posible, por sí mismos.

Esta posición resta importancia a las preocupaciones de que la privatización y mercantilización resultarán en aumentos en la desigualdad, la marginación de grupos sociales, la explotación de los trabajadores asalariados, y el deterioro del medio ambiente. Tales inquietudes sociales, se nos dice, deben dejarse para más adelante, y no interferir en el avance de los cambios. Las consecuencias colaterales de las reformas son naturales, y se pueden tomar algunas medidas para reducirlas, arguyen los economicistas. Además, hacen un llamado a aceptar el hecho de que habrá «ganadores» y «perdedores» en función de sus capacidades de lidiar con las nuevas reglas del mercado.(14) La justicia social parece ser una expresión incómoda. Para los economicistas, los objetivos sociales son demasiado abstractos, y será suficiente con un sistema de impuestos que controle la brecha de ingresos junto con legislaciones que proteja a los clientes, los trabajadores asalariados y el medio ambiente.

Buscando la manera de lograr un crecimiento económico acelerado, defienden la necesidad de insertar a Cuba en el mercado internacional y atraer la inversión extranjera. Insisten en el hecho innegable de que Cuba no puede prescindir de financiación externa, y apuntan hacia el éxito de China y Viet Nam en promover el crecimiento mediante la atracción de inversión extranjera directa. Pero no mencionan los efectos negativos de las reformas en esos países: la creciente desigualdad, el abuso de empresarios y gobiernos locales, el descontento social, la degradación ambiental y el vacío espiritual.
Influenciados por el pensamiento económico hegemónico neoclásico, los economicistas han aceptado muchos de sus reduccionismos y supuestos, así como su inclinación a ignorar las condiciones y demandas sociales, y a pasar por alto las ventajas de la asociación y la cooperación sobre la privatización y la competencia de mercado. Al rechazar el argumento marxista central de que el trabajo asalariado es una relación donde hay explotación, evitan llamar como lo que son a los cuentapropistas que contratan mano de obra: empresas privadas, porque ello les permite ignorar también los efectos sociales de este tipo de empresas.(15) No teniendo en cuenta que las fallas de mercado no se deben a la falta de competencia, sino que son inherentes incluso a los mercados competitivos, esperan que una mayor competencia y una menor regulación solucionen el comportamiento cortoplacista, cuasi-cartel y antisocial que muchos cuentapropistas ya manifiestan.(16)

Esta tendencia tiende a desestimar los argumentos que apuntan a la complejidad del comportamiento humano y los componentes sociales de la individualidad que explican la eficacia y la viabilidad de las empresas gestionadas democráticamente. La democracia es buena, pero es un extra; no es realmente esencial para una sociedad mejor: los expertos deben ser los que tomen las decisiones. Las llamadas a utilizar otros instrumentos de realización humana además de los bienes materiales, como las relaciones armónicas con los demás, el desarrollo profesional o el reconocimiento social, y las advertencias sobre los peligros del consumo irresponsable y compulsivo, les parecen retrógradas, opresivas a la libertad individual y, por tanto, limitadoras del avance de la economía cubana.

Al igual que con los estatistas, sería un error identificar como suscriptores de esta posición a todos los académicos o profesionales graduados de Economía o que ejercen ocupaciones afines. Hay economistas que no subvaloran las metas sociales porque reconocen la necesidad de mirar integralmente todo el sistema social y ver las actividades económicas como interdependientes y, por tanto, responsables de sus efectos sobre él.(17) Por otra parte, el economicismo tiene un terreno fértil en los tecnócratas estatales y burócratas a cargo de diseñar nuevas políticas, pues es más fácil para ellos asumir que los agentes privados se van a auto-regular a través del funcionamiento de las leyes del mercado, y, por lo tanto, pueden pasar por alto las preocupaciones sociales. Los economicistas más fervientes seguramente son aquellos administradores de las empresas estatales que esperan que se les transfiera su gestión —saben que la propiedad legal, al menos inicialmente, seguirá en manos del Estado—(18) para finalmente poder administrarlas según sus intereses, así como evitar todos los obstáculos y el sin sentido que el sistema de «planificación» actual significa para ellos. Más autonomía y menos control, menos seguridad laboral y solo participación formal de los trabajadores, les parece una situación casi perfecta.

Sin embargo, el economicismo no solo está presente entre los economistas, tecnócratas y directivos estatales. Muchos cubanos, expuestos a la idea de que los objetivos sociales son irreconciliables con la eficiencia y la sostenibilidad económica, así como a que el crecimiento económico de China y Viet Nam se basa en su amplia privatización y mercantilización, ven las propuestas economicistas como las únicas soluciones posibles a las deficiencias actuales de la economía cubana.

Autogestionarios: solo un socialismo democrático es verdadero y sustentable

Al igual que los estatistas —y a diferencia de los economicistas más puros— los autogestionarios defienden la necesidad de un orden social más justo y sustentable (19) que el capitalismo. Sin embargo, prevén un camino diferente del «socialismo estatista» que ha marcado fuertemente la versión cubana y que los estatistas intentan renovar, y del «socialismo de mercado» que los economicistas presentan como el único factible. Los autogestionarios argumentan que no puede haber socialismo verdadero, sin solidaridad, sin igualdad —no igualitarismo—, sin participación sustantiva de las personas en la toma de decisiones en todos los ámbitos de organización social —política, económica, cultural, etc. Para ellos, la esencia del socialismo es la autogestión o autogobierno por las personas en sus lugares de trabajo y sus comunidades y hasta el nivel nacional; y eventualmente hasta abarcar toda la familia humana. Es decir, socialismo es control social, de la sociedad, sobre el Estado, la economía, el sistema político y todas las instituciones sociales.(20)

Inspirados en las conceptualizaciones del socialismo del siglo XXI, y reafirmando los ideales humanistas, emancipadores e igualitarios que han marcado la revolución cubana desde sus inicios,(21) los autogestionarios sostienen que el objetivo del socialismo debe ser el desarrollo humano integral de todas las personas.(22) Esta suprema felicidad, autorrealización, libertad plena puede lograrse, básicamente, permitiéndole a cada persona desarrollar todas sus capacidades mediante la participación activa en las actividades sociales cotidianas, sobre todo en la toma de decisiones que les afectan.(23)

Construir el socialismo es, por tanto, democratizar o socializar los poderes; es liberar a los individuos de toda forma de opresión, subordinación, discriminación y exclusión que interfiera en la satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales. Los autogestionarios buscan la emancipación tanto de un Estado opresivo, como de instituciones económicas no democráticas que no satisfacen las necesidades de las mayorías; como las empresas privadas y estatales convencionales, y los mercados o mecanismos de distribución verticales.(24)

Para ellos, el objetivo del socialismo cubano no debe ser cubrir las necesidades materiales crecientes de sus ciudadanos, sino también establecer las condiciones que les permitan desarrollar plenamente sus capacidades como seres humanos y así satisfacer sus necesidades materiales y espirituales; y asumen que las primeras van a cambiar cuando la vida cotidiana sea más liberadora. Aunque las relaciones de trabajo asalariado y de mercado son también formas de opresión, la mayoría de los autogestionarios concuerda en que no deben ser prohibidas, y que la sociedad puede avanzar hacia su gradual superación o eliminación —no absoluta— haciendo que las empresas gestionadas democráticamente y las relaciones horizontales socializadas (o «mercados socializados»(25) sean más efectivas y atractivas.(26)

El principal problema del socialismo cubano no es que la política haya superado a la economía, como plantean los economicistas, sino cómo esa «política» ha sido definida. Los autogestionarios argumentan que las decisiones, a nivel central del Estado e incluso en los gobiernos locales y las empresas, han sido tomadas muy a menudo sin una verdadera participación del pueblo, y que por ello los beneficios de la participación han sido perdidos.(27) Las condiciones para el éxito de la actividad económica —o las «leyes económicas» que siempre nos recuerdan los economicistas— habrían sido tenidas en cuenta si la toma de decisiones hubiera permitido la participación de todos los grupos sociales afectados por estas y los criterios de los expertos hubieran sido escuchados. Es la escasa o nula participación democrática en las instituciones políticas y económicas, el insuficiente control democrático de los órganos ejecutivos y de dirección, lo que —además de los bajos ingresos— resulta en la poca motivación hacia el trabajo, las decisiones gerenciales equivocadas y la corrupción en todos los niveles del Estado.(28)

Aunque los autogestionarios concuerdan con los estatistas en la necesidad de ejercer un mayor control y con los economicistas en la de establecer un sistema coherente de incentivos en las instituciones cubanas, identifican diferentes causas de fondo de los problemas y proponen soluciones diferentes. El magro desempeño de las instituciones del Estado es principalmente consecuencia del poco sentido de pertenencia de los trabajadores e incluso de los directivos. A diferencia de las otras dos tendencias, esta considera que los problemas en la realización del sentido de propiedad de las instituciones estatales se derivan, en esencia, de la naturaleza del proceso de toma de decisiones y de las relaciones sociales que se establecen dentro de ellos; y no fundamentalmente por la falta de educación (29) o la necesidad de incentivos privados estrechos.(30) Sin una verdadera propiedad —que no se equipara a la propiedad legal— de los trabajadores, no habrá motivación para asegurar que los recursos se utilicen correctamente.(31)

La posición autogestionaria subraya la necesidad no solo de redistribuir la riqueza, sino sobre todo de cambiar cómo ella se produce, de que las instituciones estén organizadas de modo que permitan el ejercicio de verdaderas relaciones socialistas. Esto desarrollaría la productividad y creatividad de las personas, y la riqueza se generaría desde el comienzo de manera más equitativa y justa.(32) Para los autogestionarios, «democratizar» o «socializar» es establecer las relaciones sociales de trabajo [libre] asociado y asociación en general, es decir, la propiedad social que Marx identificó como la base sobre la que descansa una sociedad que se propone trascender el orden capitalista.(33) Además, señalan que dichas relaciones, y no solo salarios más altos o mayor autonomía para los gerentes, son una fuente importante de incentivos para la productividad y la eficiencia, y que al mismo tiempo promueven el desarrollo de los hombres y mujeres «nuevos» sin los que la construcción socialista es impensable. Los autogestionarios enfatizan la necesidad de promover una conciencia socialista, solidaria y el compromiso revolucionario con los históricamente marginalizados, y agregan que ello solo se puede lograr como resultado de la práctica cotidiana bajo relaciones de asociación y cooperación.(34)

Según los estatistas y economicistas la democracia en el lugar de trabajo es en esencia una utopía incómoda que desafía la superioridad de sus cuadros, expertos o empresarios y resultaría en un caos que conduciría a la ineficiencia. Sin embargo, para los autogestionarios los niveles deseables de eficiencia y productividad (aunque no aquellos logrados mediante la sobrexplotación de los hombres y la naturaleza) se alcanzan precisamente democratizando la gestión de las empresas. Están convencidos de que la participación —aunque no es fácil de lograr— constituye un medio indispensable para alcanzar mayores niveles de desarrollo de las capacidades tanto de los trabajadores (manuales, intelectuales, espirituales) como de las fuerzas productivas en general, ya que el control social asegura el uso efectivo de los recursos y ofrece incentivos positivos para la productividad no disponibles de otro modo. Rechazan la falsa dicotomía propuesta por economicistas: hay que elegir entre la eficiencia con inevitable desigualdad y la justicia social con carencias materiales.(35)

Los que se identifican con esta posición advierten sobre los riesgos de la descentralización de los gobiernos locales y las empresas estatales sin democratización, es decir, que les permita a las nuevas autoridades utilizar recursos según sus criterios y sin el control de los supuestos beneficiarios.(36)

Del mismo modo, llaman la atención sobre la liberalización de las muy necesarias relaciones horizontales entre agentes económicos, y sobre la necesidad de no reducir la coordinación a un conjunto de normas.(37) Algunos defienden la necesidad de establecer, además de un marco regulatorio bien diseñado, espacios de coordinación democrática entre productores, consumidores y otros grupos sociales (ecologistas, feministas, minorías, etc.) para que la economía local pueda ser orientada hacia intereses sociales en lugar de hacia la maximización de ganancias.(38) Mientras que otros reducen la coordinación macroeconómica a un mercado regulado y no explican cómo evitar el surgimiento de intereses grupales ajenos a los sociales.

Pero los autogestionarios son percibidos como voluntaristas cuando no tienen en cuenta que no todos los cubanos están interesados en asumir la responsabilidad de participar en la gestión de sus empresas y gobiernos locales. No han argumentado claramente por qué la democratización es factible y cómo puede resultar en mayor eficiencia y productividad. No obstante, ello no niega la posibilidad de establecer políticas públicas que permitan un incremento gradual de la participación sustantiva en la toma de decisiones en esas organizaciones, y de educación sobre las ventajas de participar en la toma de esas decisiones que nos afectan.

Es difícil definir qué sectores de la sociedad cubana se identifican con esta tendencia. De hecho, ante los constantes mensajes en defensa de la privatización y la mercantilización a través de diversos medios nacionales y extranjeros, no es sorprendente que muchos cubanos vean la propuesta autogestionaria como utópica. En Cuba ha habido pocas experiencias de empresas y gobiernos locales gestionados democráticamente, antes y después de 1959. Además, la idea de la participación democrática puede haber perdido su significado entre los cubanos porque las autoridades han repetido que el sistema político cubano y las empresas estatales son lo más participativos posible, y también porque la autonomía de gestión e incluso de operación de las «cooperativas» agropecuarias han estado seriamente limitadas. De ahí que es comprensible que los defensores más convencidos de esta postura sean intelectuales y profesionales que han leído acerca de la forma «alternativa» de pensar y construir el socialismo, o que han estado expuestos a los discursos sobre el socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, la preferencia por la gestión democrática de organizaciones sociales es intuitiva (resulta de la intuición o instinto humano) para todos los cubanos que perciben que la mejor manera de resolver algunos de sus problemas más apremiantes es mediante el trabajo colectivo, o cooperando con aquellos que sufren las consecuencias del autoritarismo en sus empleos y sus comunidades, o los que comienzan a sufrir las consecuencias negativas de la privatización y mercantilización —incremento de precios, evasión de impuestos, relación de subordinación de los trabajadores contratados, etc.(39)

Además, los trabajadores estatales, ante la vinculación de los salarios al desempeño de sus empresas, están cada vez más interesados en tener control sobre ellas, e incluso han planteado poder elegir a sus directivos.(40) Algunos incluso están llamando a crear cooperativas en las empresas estatales no estratégicas.(41) En determinadas localidades (Cárdenas, en Matanzas, y Santos Suárez, en La Habana), los ciudadanos han intentado resolver de forma autónoma ciertos problemas de la comunidad.

Consideraciones finales

En Cuba se define actualmente un nuevo camino para la nación. Se tratará de un socialismo estatista mejor organizado, uno de mercado, uno realmente democrático, o —más probablemente— una combinación de los tres. Predecir qué visión va a prevalecer en los cambios actuales es un mero ejercicio de especulación. Sin embargo, algunas evidencias permiten evaluar el peso que hoy tiene cada postura, y las posibilidades de la fluctuación de su influencia.

Sin dudas, el economicismo es lo que predomina tanto en el Estado como entre la mayoría de los cubanos. Al presentar la empresa privada y el mercado como los más eficientes, ante el fracaso de las empresas estatales convencionales y la planificación autoritaria, y ante el desconocimiento de la factibilidad de otras formas de socialización de la economía, muchos no creen que existan mejores alternativas. Sin embargo, muchos cubanos no ven el funcionamiento de la empresa privada y los mercados como algo natural, y desean poder evitarse sus irracionalidades —precios diferenciados y variables, más beneficios para el comercio que la producción, explotación, etc.— y efectos negativos —desigualdades, contaminación, discriminación, etc.

El estatismo es abiertamente reconocido como la corriente de pensamiento que nos ha conducido a la situación actual, y por tanto de la que tenemos que alejarnos. No obstante, sobre todo debido a un instinto de conservación, esta todavía goza de importante apoyo dentro del Estado y entre aquellos que temen perder los logros sociales de la Revolución. De hecho, la versión final de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución es menos economicista y más estatista que la inicial.(42) Otra evidencia de la pérdida de influencia de la tendencia economicista es la moratoria en el plan que pretendía reubicar o despedir 10% de la fuerza laboral cubana.(43)

De la visión autogestionaria hay muy poco en los Lineamientos... y los cambios actuales. Estos no reflejan ni los objetivos —satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de las personas, es decir, las relativas al desarrollo humano—, ni los medios —democracia participativa, control democrático de la sociedad, en particular, de la política y la economía— propuestos por los autogestionarios.(44) Aunque el presidente Raúl Castro y otros altos funcionarios del Estado han mencionado varias veces la importancia de la «participación», el documento partidista solo lo hace tres veces, y realmente en el sentido de consulta o implementación de decisiones tomadas por otros.(45)

El único acercamiento a la posición autogestionaria está en el reconocimiento de las cooperativas como una forma socialista de empresa, aunque no se declara una intención de darles prioridad sobre las empresas privadas. La decisión de otorgar una mayor autonomía a las empresas estatales y gobiernos municipales es un paso positivo, pero aún no se reconoce el imperativo de democratizarlos. Tal ausencia refleja el hecho de que los autogestionarios están en minoría —al menos en los actuales espacios de poder—, lo cual en gran medida es resultado de la cultura verticalista, autoritaria y patriarcal que ha caracterizado la sociedad cubana antes y después del triunfo revolucionario.

Sin embargo, el imaginario de justicia social y emancipación sigue presente en la identidad de muchos cubanos. Aunque los nietos de la «generación histórica» están menos familiarizados con los ideales socialistas y revolucionarios, un gran número también valora la dignidad y la justicia, e incluso rechaza posiciones de subordinación. La cultura de la solidaridad cultivada por la Revolución aún perdura, por lo que las diferencias sociales resultan incómodas e injustas para muchos. Algunas personas han advertido que sin participación y control social de empresas y sin gobiernos locales autónomos, Cuba está allanando el camino hacia el capitalismo.(46) Recientemente han surgido ciertas señales sobre la creciente presencia de la posición autogestionaria, en artículos que defienden la necesidad de los trabajadores de participar realmente en las decisiones de gestión para poder asumir el papel de verdaderos dueños.(47)

Las tres posiciones analizadas no pueden reducirse a opciones «buenas» o «malas». Todas plantean preocupaciones legítimas que deben ser consideradas en cualquier decisión estratégica. No obstante, la conveniencia de la democracia —no la representativa liberal, sino una «real» o «participativa»— es ampliamente aceptada en el mundo de hoy. De ahí que, desde una perspectiva normativa, la visión que busca mayores niveles de democracia debe ser más deseable. Parece más justo que la sociedad decida democráticamente su destino, en lugar de colocar este poder en funcionarios estatales que se comprometan a representar los intereses de la sociedad, o —peor aún— en actores económicos bien dotados para dirigir desde las sombras «una mano invisible» que nos afecte a todos.

En el actual proceso de definición del tipo de socialismo que los cubanos estaremos construyendo por las próximas décadas, debemos saber que hay opciones entre el socialismo de Estado y el de mercado. Si nuestro objetivo continúa siendo alcanzar una sociedad lo más justa posible, debería abrirse más espacio a las ideas autogestionarias en los medios de comunicación; y los líderes deberían retomar el énfasis en el valor de la igualdad, la justicia y la solidaridad. También habría que tener en cuenta la importancia que otros procesos revolucionarios actuales en América Latina le han otorgado a la democracia participativa en todas las esferas de la sociedad. Así como las empresas privadas han sido autorizadas, debería suceder con las cooperativas, de manera que más cubanos puedan experimentar con la autogestión. Ahora que los gobiernos locales y empresas estatales tendrán más autonomía, al menos se deben experimentar métodos más democráticos, como el presupuesto y la planificación participativos. Es necesario ser pragmáticos, pero desde una noción menos simplista de nuestra sociedad y una visión menos condescendiente de nosotros mismos. Los cubanos dispuestos a experimentar con la autogestión deberían poder hacerlo, para así decidir, a partir de su experiencia, si es un camino preferible o no.

Una estrategia centrada solo en sostener un crecimiento económico y en mejorar el desempeño del Estado cubano puede mejorar las condiciones de vida de una parte de la población y podría ayudar a mantener el apoyo al proyecto socialista cubano. Sin embargo, en la medida en que el crecimiento económico venga fundamentalmente de la privatización y la mercantilización —en lugar de la democratización o socialización de la economía—, los intereses de los nuevos empresarios inevitablemente se van a alejar de los sociales, y van a encontrar el modo de contribuir con menos impuestos, cobrar precios más altos, externalizar los costos a la sociedad tanto como sea posible. No demasiado tarde, como ocurre en los países capitalistas y con economías de mercado, ellos buscarán que el Estado responda a sus intereses privados. Del mismo modo, en la medida en que los administradores de los gobiernos locales y empresas estatales tengan más autonomía sin democratización, se harán comunes los abusos de poder y los trabajadores más capaces y revolucionarios se van a mover desilusionados hacia el sector privado u otros países. Por lo tanto, si los cambios se concentran solo en «perfeccionar la economía», no solo no se logrará el objetivo de mejorar las condiciones materiales de la población cubana, sino que la cohesión social que ha sostenido a la Revolución se verá afectada. Sus principales defensores estarán menos inclinados a apoyar un proyecto que no tiene en cuenta sus necesidades y expectativas de justicia y dignidad.

Notas

1. Estos nombres no han sido utilizados por personas o grupos para identificarse como tales. Por ejemplo, Oscar Fernández («El modelo de funcionamiento económico en Cuba y sus transformaciones. Seis ejes articuladores», Observatorio de la Economía y la Sociedad Latinoamericana, n. 154, Málaga, agosto de 2011, disponible en www.ecumed.net) identifica dos formas «alternativas» de lidiar con el proceso de cambio actual en Cuba: el dogmatismo y el pragmatismo, que coinciden en gran medida con lo que llamo estatismo y economicismo. Fernández también sugiere la existencia de una tercera posición cuyos objetivos y propuestas parecen estar en consonancia con la tendencia autogestionaria.
2. El término «construcción del socialismo» se entiende de manera diferente por las posiciones existentes debido a que sus conceptualizaciones de «socialismo» o «sociedad socialista» son distintas. Se destaca que el avance hacia ese orden social es un proceso inevitablemente gradual y no lineal. Algunos consideran el «comunismo» (el concepto propuesto por Carlos Marx, no el asociado a países gobernados por partidos comunistas) como la etapa más avanzada del socialismo; mientras que otros lo ven como un horizonte al que nunca se puede llegar, pero sirve para indicar la dirección del proceso de transformación poscapitalista.
3. Véanse Gabino Margulla, «Peligra el verano en el CSO “Marcelo Salado”», Trabajadores, La Habana, 6 de junio de 2011, disponible en www.trabajadores.cu; y D. Matías Luna, «Yaguajay: aprovechar lo que tenemos con disciplina, organización y control» (carta a la dirección), Granma, La Habana, 30 de septiembre de 2011, disponible enwww.granma.cubaweb.cu/secciones/cartas-direccion. En lo adelante, todas las cartas a la dirección de Granma serán citadas de esta página web y se indicará solo la fecha.
4. Véase la carta de J. P. García Brigos, «Propiedad y socialismo: un binomio inseparable» (8 de noviembre de 2011), donde sostiene que lo que hizo una panadería mejor que otras en su municipio fue que los delegados del gobierno local y otros funcionarios «controlaron y exigieron» fuertemente a los trabajadores un buen producto. Similarmente, E. Broche Vidal («Falta de sistematicidad y control: el factor común», 16 de septiembre de 2011) dice que «si los directores son mejores, entonces sus subordinados serán mejores». Véase también la carta de Borges Mujica (8 de enero de 2010).
5. Véanse las cartas de López Pagola y Berger Díaz (4 y 12 de febrero de 2010).
6. Véanse Anneris Ivette Leyva, «El Derecho al estilo de información», Granma, La Habana, La Habana, 7 de agosto de 2011; y la carta de E. González (15 de julio de 2011).
7. Pedro Campos, «Cooperativa, cooperativismo y autogestión socialista», Kaos en la red, disponible enwww.kaosenlared.net/noticia/cooperativa-cooperativismo-autogestion-socialista, 21 de julio de 2008; y la carta de Rodríguez de Pérez (7 de mayo de 2010).
8. La carta de Fleites Rivero (5 de septiembre de 2011) culpa a los administradores de no controlar y plantea que tienen que estar motivados por sus ingresos. Véase también la de Osorio Fernández (30 de abril de 2010). Por su parte, Joaquín Ortega (Tribuna de La Habana, La Habana, 24 de julio de 2011, disponible en www.tribuna.co.cu) afirma que es posible «resolver esta situación desde la raíz, con control, exigencia, rectitud y combatividad».
9. Raúl Castro, en el discurso de clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 18 de diciembre de 2010, expresó que «el Estado no se tiene que meter en nada que sea pretender regular las relaciones entre dos individuos». Disponible en www.cubadebate.cu/raul-castro-ruz/2010/12/18/raul-castro-discurso-en-la-....
10. Véase Omar Everleny Pérez Villanueva, «Notas recientes sobre la economía cubana», Espacio Laical, n. 3, La Habana, 2010, p. 81.
11 . Julio A. Díaz Vázquez («Un balance crítico sobre la economía cubana. Notas sobre dirección y gestión», Temas, n. 66, La Habana, abril-junio de 2011, pp. 124) afirma que fue utópico intentar construir el «comunismo», entendiendo este último como la redistribución de acuerdo con las necesidades. Él sostiene que China y Viet Nam, con su «puesta en práctica orgánica del mercado parecen confirmar que» no es posible construir el socialismo sin pasar por un «período mercantil». Véase también la carta de Labrada Fernández (23 de julio de 2010); y Orlando Márquez, «Sin miedo a la riqueza», Palabra Nueva, La Habana, n. 203, a. XIX, La Habana, enero de 2011, pp. 6-7.
12. Véase la carta de Cruz Vento (19 de febrero de 2010).
13. Pavel Vidal Alejandro sugiere emular a Viet Nam, donde la expansión del sector privado y las relaciones de mercado han sido las dos medidas más importantes («Desarticular el monopolio de la centralización estatal», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 48 y 52).
14. Félix López, periodista de Granma, sugiere que la justicia social puede ser «enemigo de la libertad y la eficacia» («Burócratas vs. cambios», Granma, La Habana, 30 de septiembre de 2011) y desestima la advertencia de que, aunque la apertura a la pequeña empresa privada ha sido una decisión correcta, sin medidas para socializarlas ello implica riesgos importantes sobre los cuales no se está actuando aún («Paisaje urbano y desafíos futuros», Granma, La Habana, 23 de septiembre de 2011). Omar Everleny Pérez Villanueva afirma que no debe haber «miedo a las distorsiones que necesariamente van a aparecer en la primera etapa de los cambios» (ob. cit., p. 81). Véase también Orlando Márquez, ob. cit., p. 6.
15. Incluso algunos funcionarios del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social no han reconocido que los trabajadores contratados se encuentran en una posición de subordinación ante los que les contratan, aunque ellos también trabajen, situación que va a agudizarse según disminuya la oferta de empleo estatal. (J. A. Rodríguez, «Casi se duplican los trabajadores por cuenta propia», Juventud Rebelde, La Habana, 4 de abril de 2011) Negar la relación desigual y en gran medida antagónica entre los propietarios de negocios y los trabajadores contratados, permite a los tecnócratas ignorar la necesidad de proteger a los últimos con un código del trabajo o algunas normas que garanticen sus derechos mínimos.
16. Iliana Hautrive y Francisco Rodríguez Cruz parecen confiar en que la competencia, más que las regulaciones, le enseñará a las empresas privadas a ser «más responsables». Véase «Seriedad define éxito en empleo no estatal», Trabajadores, La Habana, 12 de junio de 2011.
17. Véase Oscar Fernández, ob. cit.
18. Algunos gerentes de pequeñas unidades empresariales estatales están limitando su desempeño a propósito con la esperanza de que las unidades les serán arrendadas a ellos en condiciones análogas a lo que ha sucedido con las unidades de peluquería y barbería.
19. Mientras que «sostenible» implica que puede sostenerse a lo largo de cierto tiempo, el concepto de «sustentable» se refiere a la capacidad de tener en cuenta los intereses de las generaciones presentes y futuras.
20. Ricardo Ronquillo afirma que el socialismo «solo es posible donde prevalezca un transparente, democrático y real control obrero» («Decido, luego existo», Juventud Rebelde, La Habana, 24 de septiembre de 2011). Fernando Martínez Heredia hace hincapié en que el socialismo es el proyecto de liberación humana que requiere la acción consciente del pueblo («Socialismo», en Julio César Guanche, coord., Autocríticas. Un diálogo al interior de la tradición socialista, Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009, p. 37). Alina Perera y Marianela Martín coinciden con Martínez Heredia en que el socialismo no resulta automáticamente del desarrollo de las fuerzas productivas, y que la participación real es una de las «condiciones» para la aparición de la esperada «conciencia social» («La fuerza invisible que modela el mundo», Juventud Rebelde, La Habana, 25 de septiembre de 2011). Véase también Julio César Guanche, «Todo lo que existe merece perecer (o una pregunta distinta sobre la democracia)», en Autocríticas…, ob. cit., pp. 227-236, y Pedro Campos, «Democracia para controlar la burocracia», Kaos en la Red, 6 de julio de 2011, disponible en www.kaosenlared.net.
21. Baste considerar el pensamiento humanista de José Martí, así como las obras de Raúl Roa y Fernando Martínez Heredia que subrayan la esencia emancipadora de socialismo.
22. Véase Julio Antonio Fernández y Julio César Guanche, «Un socialismo de ley. En busca de un diálogo sobre el constitucionalismo socialista cubano en el 2010», Caminos, n. 57, La Habana, 2010, pp. 4, 10-11.
23. La idea de Marx sobre el desarrollo humano a través de la práctica revolucionaria ha sido destacada por Michael A. Lebowitz (El socialismo no cae del cielo. Un nuevo comienzo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009) y se evidencia en el análisis de cubanos como Pedro Campos («¿Qué es el socialismo?», 29 de septiembre de 2006, disponible en www.oocities.org/es/amigos_pedroc/Socialismo-1.htm).
24. La carta de Álvarez López (4 de agosto de 2011) advierte que «la ley de la oferta y la demanda ha sido cuestionada en los debates que ha participado» y se pregunta «¿qué es la demanda?, ¿lo que se necesita o lo que se puede adquirir en realidad?», y señala que los ricos siempre van a ser capaces de comprar, mientras que los que tienen mucho menos, no. Chávez Domínguez y Lugo Domínguez se quejan en sus cartas (20 de mayo y 11 de septiembre de 2011) de que los cuentapropistas compran en las tiendas estatales y acaparan para luego vender a precios más altos.
25. Los «mercados socializados» son aquellos espacios de intercambio horizontal controlados por representantes de intereses sociales; promueven que los participantes autónomos (vendedores y compradores) internalicen esos intereses. Existen varios modelos de planificación democrática o participativa que permiten institucionalizarlos.
26. Véase Camila Piñeiro Harnecker, «Empresas no estatales en la economía cubana: ¿construyendo el socialismo?», Temas, n. 67, La Habana, julio-septiembre de 2011, pp. 70-6.
27. Véase Mayra Espina, «Mirar a Cuba hoy: cuatro supuestos para la observación y seis problemas-nudos», Temas, n. 56, La Habana, octubre-diciembre de 2008, p. 137; y Carlos Alzugaray, en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 20-1.
28. Pedro Campos, ob. cit.
29. Para Fidel Vascós González, la conciencia socialista es resultado no de las relaciones sociales en que viven, sino sobre todo de la educación (Socialismo y mercado, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, p. 104).
30. Según José R. Fabelo (citado en «Trabajo. Llave maestra», Bohemia, La Habana, 13 de octubre de 2010): «Si no tengo posibilidad de decidir sobre lo que produzco, ni sobre su destino, ni intervengo en la gestión, en la planificación y muchas veces tampoco gano en dependencia de lo que hago, ¿qué sentimiento de propietario voy a tener...?». Fabelo propone armonizar incentivos morales y materiales y señala que los mecanismos económicos por sí solos no son adecuados.
31. Véase Rafael Hernández, Espacio Laical, n. 1, La Habana, 2011, p. 19; José Antonio Fraga Castro, director de la empresa estatal Labiofam, «llamó a establecer mecanismos y métodos que motiven a los trabajadores a que sientan que sus empresas son realmente suyas y participen de manera sustantiva en el proceso de gestión» como la mejor manera de resolver los problemas actuales («Orden, disciplina y exigencia», Tribuna de La Habana, La Habana, 12 de julio de 2011). La carta de Manso de Borges (23 de julio de 2010) advierte que la privatización no es la solución, y defiende socializar la propiedad con 1) la verdadera participación en la gestión de los trabajadores, 2) la educación económica y política, y 3) el desarrollo de sus capacidades guiados por los intereses colectivos y los individuales.
32. Véase Alina Perera y Marianela Martín, ob. cit.; Fernando Martínez Heredia, ob. cit., p. 33-4; Rafael Hernández, ob. cit., p. 4; Mayra Espina, ob. cit., pp. 134-5.
33. Véase Pedro Campos, «¿Qué es el socialismo?», ob. cit.
34. Véase Carlos Tablada, «El socialismo del Che», en Autocríticas..., ob. cit., pp. 141-5, 148-9; Mayra Espina, ob. cit., pp. 135-7. La carta de Aledo Roller (4 de septiembre de 2011) plantea que «es la forma en que organizamos nuestra vida económica y material lo que, en última instancia, determina la conciencia social», propone a las cooperativas, y explica que en el socialismo no debe haber trabajo asalariado y que la competencia de mercado y la anarquía no deben «gobernar nuestras vidas».
35. Julio César Guanche, «Es rentable ser libres», Espacio Laical, n. 2, La Habana, 2011, pp. 50-5; Armando Chaguaceda y Ramón Centeno, «Cuba: Una mirada socialista de las reformas», Espacio Laical, n. 1, La Habana, 2011, pp. 50-3.
36. Véase Ovidio D’Angelo, «¿Qué conferencia y lineamientos necesitamos? Conferencia del pueblo para la nueva sociedad», Compendio de la Red Protagónica Observatorio Crítico, 12 de julio de 2011, disponible en http://observatoriocriticodesdecuba.wordpress.com; y la carta de Martín (22 de octubre de 2010) que alerta que la incapacidad de los trabajadores de participar realmente en el proceso de disponibilidad podría dar lugar a que los jefes abusen de su poder.
37. Arturo López-Levy alerta sobre las limitaciones objetivas inherentes a los mercados reales (no los descritos en los libros de texto). Se pronuncia en contra de «las concepciones economicistas» y que el objetivo no debe ser el crecimiento económico, sino un desarrollo sostenible con objetivos sociales y ambientales (en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», ob. cit., p. 30).
38. La carta de Sandoval López (30 de septiembre de 2011) se queja de que los nuevos taxis privados no se preocupan por la gente, y sugirió que «incentivar la solidaridad» disminuyendo los impuestos para aquellos que cobren precios más asequibles y permitan la supervisión social de las personas. Véase también Camila Piñeiro Harnecker, ob. cit.
39. Véanse Fariñas Carmona, Granma, La Habana, 23 de septiembre de 2011; Pastor Batista Valdés, «Prestos para el disfrute, escurridizos en el aporte», Granma, La Habana, 4 de octubre de 2011; Lenier González, en dossier «Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?», ob. cit., pp. 22-3.
40. Véanse las cartas a Granma de González Cruz (7 de enero de 2011) y de Marichal Castillo (14 de mayo de 2011).
41. Véanse las cartas a Granma de Rodríguez Vega (23 de septiembre de 2011), Paéz del Amo (9 de septiembre de 2011) y Arteaga Pérez (20 de mayo de 2011).
42. De combinar la planificación y el mercado, se pasó a mantener la planificación como herramienta central y «teniendo en cuenta el mercado» (Lineamiento n. 1). De que las empresas del Estado pudieran fijar los precios libremente, se cambió a «revisar integralmente el Sistema de Precios» (Lineamiento n. 67), aunque sin decir cómo se va a hacer. Véase Partido Comunista de Cuba, Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (Resolución aprobada en el VI Congreso del PCC, junio de 2011, disponible en www.congresopcc.cip.cu).
43. De los quinientos mil trabajadores estatales que iban a ser declarados «disponibles» solo lo han sido menos de ciento cincuenta mil (Reuters, 10 de mayo de 2011).
44. Rafael Hernández, ob. cit., p. 29.
45. Lineamientos…, pp. 21-2 y 38.
46. La carta de Regalado García (12 de marzo de 2010) alerta sobre el riesgo de «volver al pasado».
47. Muchas de las cartas a la dirección de Granma ya citadas que proponen la creación de cooperativas defienden que es la mejor manera de lograr el sentido de pertenencia. Isabel Castañeda y Gonzalo Rubio («Una opinión: mirar adelante con sentido crítico y con ciencia», Granma, La Habana, 2 de septiembre de 2011) proponen la «co-propiedad» o cogestión en las empresas estatales.

Más de la mitad de los rusos lamenta el colapso de la URSS

Posted by Guest on Sábado, diciembre 29, 2012 · La República

Más de la mitad de los rusos lamentan la desaparición de la Unión Soviética que habría cumplido hoy 90 años, según una encuesta realizada por el centro VTsIOM.

Uno de cada dos entrevistados, el 56%, sienten que la URSS se haya desintegrado en 1991. El sentimiento de nostalgia es especialmente fuerte entre personas mayores de 45 años (70-83%), gente de pocos estudios (72%), habitantes de Moscú y San Petersburgo (64%) y rusos que no usan Internet (75%).

El 33% de los rusos no lamentan el colapso de la URSS. Básicamente, son jóvenes (54%), egresados universitarios (37%) e internautas activos (43%).

La URSS fue creada mediante un tratado suscrito el 29 de diciembre de 1922, en una conferencia a la que asistieron representantes de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia. Se disolvió el 26 de diciembre de 1991.

Cooperativismo socialista y emancipación humana

por Iñaki Gil de San Vicente

La Haine

La historia de la lucha de clases rezuma reflexiones y experiencias en las que el cooperativismo socialista aparece como una fuerza emancipadora pero muy perseguida

Nota: esta ponencia ha sido publicada en el libro “Cooperativas y socialismo. Una mirada desde Cuba”, compilado por Camila Piñeiro Harnecker.

1. AUTOGÉNESIS HUMANA Y COOPERACION SOCIAL

2. COOPERATIVISMO BOLCHEVIQUE

3. UTOPIAS E IMAGINARIO ANTIIMPERIALISTA

4. OCUPACIÓN, COOPERACIÓN Y PODER DE CLASE

5. AUTOGESTIÓN, PODER Y SOCIALISMO

6. AUTOGESTIÓN, DETERMINISMO Y COMUNISMO

7. ALIENACION, MIEDO Y ANTICIPACION COMUNISTA

8. REVOLUCIÓN CULTURAL Y RELACIONES COMUNISTAS

1. AUTOGÉNESIS HUMANA Y COOPERACION SOCIAL

¿Por qué Lenin optó por el cooperativismo desde el inicio de su vida revolucionaria y fortaleció esta convicción desde el inicio de la revolución bolchevique e insistió cada vez más en este sistema como una de las soluciones definitivas para avanzar al socialismo? Por dos razones estrechamente unidas. La primera, porque asumía la teoría marxista sobre el cooperativismo de producción y de consumo como uno de los métodos de avance al socialismo, método opuesto a la opción reformista del cooperativismo solamente de consumo, o solamente de producción, y siempre dentro de la dictadura del mercado burgués. Para Marx y Engels la autogénesis humana, o sea, que nuestra especie se crease a sí misma mediante el trabajo social, era una de las bases del materialismo histórico desde sus inicios, aunque advirtieron que esa autoconstrucción estaba rota internamente por el surgimiento de la propiedad privada ([1]). Bien pronto avisaron de que la escisión social abría la posibilidad de la autodestrucción de las clases en lucha ([2]) de no triunfar la revolución, aviso que entonces produciría risa pero que ahora está al borde de ser una tragedia.

La deriva de la autogénesis a la autodestrucción responde al irracionalismo de la propiedad privada que destroza lo esencial de la especie, la cooperación entre productores asociados que recorre la historia humana, al rebajarla a simple disciplina militar burguesa ([3]). La acumulación originaria de capital lleva el saqueo y expolio de la propiedad comunal y colectiva a sus expresiones más terroristas ([4]), originando resistencias desesperadas de los pueblos precapitalistas basada en la solidez de sus relaciones comunales, y que Marx definió “sistemas nacionales de producción precapitalista”([5]). Su admiración hacia estas luchas no le impedía admirar a las de los trabajadores occidentales, y a sus experiencias cooperativistas vistas como “primera brecha” ([6]) en el sistema de explotación a pesar de sus limitaciones muy comprensibles.

En la Comuna de París de 1871 Marx confirma la dialéctica entre cooperación, poder comunal, cooperativismo y comunismo: “Los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta que la imposibilidad de que el actual sistema continúe –y no son pocos– se ha erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo «realizable»?”([7]).

Engels hace en esta época tres aportaciones decisivas: Una, propone a Bebel utilizar las expresiones “Comunidad”, “Gemeinwesen” y “Commune” ([8]) en vez de Estado, porque reflejan mejor el ideal socialista. Dos, plantea a Lavrov una cuestión vital para el cooperativismo que ha sido deliberadamente marginada por un marxismo mecanicista: la producción de placeres no sólo como medios de existencia sino también como medios de desarrollo humano “producidos socialmente” ([9]). A partir de un determinado momento, la sociedad puede dar el salto de la producción para las necesidades a la producción para los placeres, aunque sean en principio para la minoría dominante. Luego, la lucha por la producción de placeres liberadores azuza la lucha revolucionaria. Esta concepción es de una actualidad innegable donde el “placer” burgués es una poderosa arma reaccionaria. Y tres, describe el papel del trabajo social, en cooperación, de la “ayuda mutua”, de la “actividad conjunta” en un contexto de “transformación del mono en hombre” ([10]) indicando cómo la “cooperación de la mano, de los órganos del lenguaje y del cerebro” y la “acción planificada” permiten avanzar en un primer momento, pero bajo la propiedad privada generan efectos negativos, incontrolables y desastrosos, y demuestra cómo la búsqueda del beneficio individual burgués “al privar de toda propiedad a la inmensa mayoría”, al destruir la propiedad común, acelera la ruptura con la naturaleza y la “venganza” de ésta contra la especie humana.

2. COOPERATIVISMO BOLCHEVIQUE

La segunda razón es que el cooperativismo socialista debía servir de puente de unión a las diferentes fracciones de las clases trabajadoras, desde el campesinado hasta los obreros de las grandes fábricas, pasando por los trabajadores de las pequeñas empresas arruinadas, y debían a la vez racionalizar, ahorrar, evitar costos y tiempos muertos, y llevar los productos vitales directamente de la producción al mercado. Para que esto se lograse era necesario que el cooperativismo socialista estuviera hegemonizado por los comunistas más formados teórica y políticamente. Al inicio de la revolución Lenin habla de las “comunas de consumo” ([11]) que han de integrar a las de producción, y al final de 1918 asume la necesidad de recuperar la cooperación rota por la disciplina laboral burguesa y por su división del trabajo: “Todos convenimos en que las cooperativas son una conquista del socialismo. Por eso cuesta tanto lograr las conquistas socialistas. Por eso es tan difícil triunfar. El capitalismo dividió intencionadamente a los sectores de la población. Esta división tiene que desaparecer definitiva e irrevocablemente, y toda la sociedad ha de convertirse en una sola cooperativa de trabajadores”([12]). Por debajo del lenguaje está presente la teoría y la filosofía marxista de la cooperación humana y de la comuna como bases de la autogénesis, y de la necesidad de reconstruir esa unidad rota por el capitalismo mediante el trabajo en cooperación, cooperativo, de “toda la sociedad”.

En 1919 el Partido editó un Manual de formación de la militancia en el que se explica lo esencial del cooperativismo en aquellos años cruciales. Se sostiene que antes de la revolución el cooperativismo estaba controlado por la derecha y por el reformismo, y que la mayoría de las cooperativas optaron por el zarismo ([13]), pese a esto se insiste en la necesidad de fortalecer el cooperativismo obrero, de que integre a toda la clase trabajadora, de que sea de producción y de consumo, de que esté muy unido a los sindicatos, de que los comunistas sean hegemónicos en su interior “que consigan en él un papel dominante” ([14]), y que integre también a la pequeña industria urbana, la artesanía y los trabajadores a domicilio([15]). Si el cooperativismo y en menor medidas los gremios, son imprescindibles para atraer a la revolución a estas clases y capas sociales urbanas tan propensas a la ideología pequeño-burguesa, en el campo sucede otro tanto pero con diferente complejidad porque “aquí se mezclan la agricultura urbana y suburbana, las comunas campesinas, los gremios, el cultivo cooperativo y la cooperación agrícola, espacios muy aptos para que “el pequeño capitalismo se atrinchere contra el poder soviético y la gran explotación socialista”([16]).

A la vez, desde este 1919 Lenin insiste en fortalecer el cooperativismo aumentando la participación proletaria, semiproletaria y de comunistas en su interior([17]), planteando que la lucha contra la burguesía en las cooperativas ha de debatirse públicamente en la prensa([18]), y explicando la urgencia de aumentar el control de las cooperativas mediante la intervención de comisarios([19]), pero respetando los niveles de conciencia, no nacionalizando por la fuerza a las cooperativas reaccionarias sino ganándolas con el ejemplo comunista y con el apoyo estatal([20]). Lenin sabe que proliferan los fraudes, abusos y ocultaciones en su funcionamiento pero: “En ningún caso deberán poner trabas a las cooperativas, sino ayudarlas por todos los medios y colaborar con ellas”([21]). La tolerancia hacia las cooperativas no socialistas es parte de la política de concesiones a la burguesía, y Lenin debe explicarlo dentro del Partido ([22]) y también en la Internacional Comunista ([23]), volviendo a hacerlo al proponer la autogestión financiera de las industrias, que fortalece las tendencias proburguesas pero reafirma el deber del sindicalismo en defender a los obreros contra esos explotadores ([24]).

A finales de 1921 Lenin sabe que la lucha sindical aislada serviría de poco porque, además de la corrupción interna al cooperativismo burgués y de la posibilidad de recuperación de la burguesía, también hay que tener en muy en cuenta los tres “enemigos principales” del Partido: la altanería comunista, el analfabetismo y el soborno ([25]). Sabe que el Partido está pudriéndose y burocratizándose internamente y comienza una lucha cada vez más desesperada para impedirlo. Propone que la militancia ha de actuar con el resto del pueblo, entre los no comunistas, atrayéndoles; para eso es necesaria la formación teórica, política y filosófica ([26]). Apoya que el cooperativismo se internacionalice ([27]). Sostiene que los mejores comunistas cooperativistas entre a dirigir el Banco Cooperativo ([28]), y al final decide hace público el problema: “Nuestra administración sigue siendo la vieja, y nuestra tarea consiste ahora en transformarla a lo nuevo. No podemos transformarla de golpe, pero necesitamos organizar las cosas de manera que estén bien distribuidos los comunistas con que contamos. Es preciso que estos comunistas manejen las administraciones a las que les han enviado, y no, como ocurre a menudo, que sean las administraciones las que les manejan a ellos. No hay por qué ocultarlo y debemos hablar de ello con claridad” ([29]).

Los “últimos escritos” de Lenin, del 23 de diciembre de 1922 al 2 de marzo de 1923, luchan contra cuatro peligros crecientes: la burocratización; el ascenso del nacionalismo gran-ruso; el desprecio del cooperativismo; y los síntomas de desmoralización. Lenin era muy consciente de que los cuatro formaban una unidad y que era imposible resolverlos uno a uno, separadamente. El escrito titulado “Sobre las cooperativas” fue terminado el 6 de enero de 1923, y concluye así: “Se nos plantean dos tareas principales que hacen época. Una es la de rehacer nuestra administración pública, que ahora no sirve para nada en absoluto y que tomamos íntegramente de la época anterior; no hemos conseguido rehacerla seriamente en cinco años de lucha, y no podíamos conseguirlo. La otra estriba en nuestra labor cultural entre los campesinos. Y el objetivo económico de esta labor cultural entre los campesinos es precisamente organizarlos en cooperativas. Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies en terreno socialista. Pero esta condición, la de organizar a toda la población en cooperativas, implica tal grado de cultura de los campesinos (precisamente de los campesinos, pues son una masa inmensa), que es imposible sin hacer toda una revolución cultural”([30]).

3. UTOPIAS E IMAGINARIO ANTIIMPERIALISTA

¿Nos sirve ahora la propuesta de una “revolución cultural”? ¿Qué podemos aprender de una sociedad como la rusa de 1918 con una compleja interrelación de modos de producción y de formaciones sociales tan diferentes como la que nos transmite Lenin ([31])? ¿Y de la China de 1927 tan bien estudiada por Mao ([32]) y de sus propuestas sobre las asociaciones de todo tipo, el cooperativismo, la integración social de los sectores reaccionarios y criminales, etc.? ¿Y qué decir sobre las aportaciones de Mariátegui, de Mella y de tantas otras personas revolucionarias que han estudiado minuciosamente las realidades de las Américas, o de África, y no sólo sobre los “clásicos” ([33]) marxistas europeos? Otro tanto debemos preguntarnos sobre la extremadamente rica experiencia mundial consejista, comunalista y sovietista, asamblearia, y en general sobre el proceso totalizante que engloba la autoorganización, la autogestión, la autodeterminación y la autodefensa.

El cooperativismo es una de las expresiones particulares de lo que e marxismo define como “el ser humano-genérico”, el que posee en abstracto las potencialidades implícitas en nuestra especie, decisivas en la autogénesis, y que I. Mészáros llama “poderes esenciales” desvirtuados por el “trabajo forzoso” y la propiedad privada ([34]). El humano genérico se materializa en los distintos modos de producción, en las diferentes formaciones económico-sociales, pero bajo la propiedad privada los “poderes esenciales” son sumergidos en la represión y en la alienación burguesa, desapareciendo de la vida pública, refugiándose en la lucha revolucionaria y, en parte, en el cooperativismo y en otras prácticas asociativas. Pero siempre dejan un poso, un rastro expresado en un “ideal social”, utopías igualitarias que alimentan lo que E. Bloch llama la “materia de la esperanza”, que impulsa a las gentes explotadas a levantar la bandera roja: “derrocar todas las realidades en las que el hombre es un ser humillado, esclavizado, abandonado, despreciable” ([35]). Desde otra perspectiva pero diciendo lo mismo sobre el fondo de la lucha por la recuperación de lo común, S. Neuhaus habla de la “reserva simbólica”([36]) transformadora acumulada en la historia de las luchas sociales y que mantiene una visión crítica de la realidad.

Entre otros muchos, M. Beer ([37]) investigó este ideal en el marco europeo pero llegando sólo hasta la década de 1920. Estudios más recientes han investigado esta dialéctica en Oriente ([38]) confirmando la existencia de un poso socializante en lo remoto de las tradiciones y de la cultura popular. La importancia de valores igualitarios antiguos defendidos por las sociedades secretas en la historia de las luchas de clases y de liberación nacional en China no se le escapa a nadie, y su fuerza era tal en las revueltas campesinas que en el siglo XII del calendario occidental, el emperador Zhen Zong decidió propiciar el budismo y el taoísmo, además del confucianismo ya dominante, para crear una ideología oficial capaz de adormecer al pueblo ([39]). Por ejemplo, la desesperada guerra defensiva china de 1899-1900, que tanto impresionó a Lenin, fue organizada y dirigida “por la sociedad secreta místico-religiosa Ihetuanes” ([40]). En África tropical la solidaridad comunal y las tradiciones sociales explican por qué la penetración del imperialismo originó luchas desde 1906, y por qué la capacidad de resistencia de las tribus a la explotación capitalista se asentaba en “las organizaciones tribales de ayuda mutua, culturales y religiosas existentes en muchas ciudades de África Occidental” ([41]).

Parte de la cultura europea se formó sobre el componente milenarista e igualitarista que sobrevive muy reprimido dentro de las diversas versiones de la religión cristiana “polifacética” ([42]), que refleja las contradicciones clasistas en las que late el resto muy tergiversado de un ideal comunista ([43]). Otras versiones del cristianismo apuestan brutalmente por el poder imperialista más salvaje en base a la idea del “reconstruccionismo cristiano” dirigido mundialmente por la extrema derecha neofascista norteamericana ([44]). Otra parte de la cultura europea que ha sido muy bien descrita por N. Cohn, estuvo influenciada por la utopía grecorromana del “Estado natural igualitario” ([45]) que terminaría dando cuerpo ideológico al “Milenio igualitario” después de integrar algunos componentes de la utopía comunitarista cristiana. Por un lado, actuaba el principio cristiano de “vivir así en la tierra como en el cielo” desde una visión colectivista, y por otra parte, se recuperó el mito de la “Edad de Oro”, del reino de la abundancia, etc., del que forman parte entre otros los mitos del Paraíso, del Maná, etc. Según N. Cohn hay que datar en 1380 el momento definitivo de irrupción del “Milenio igualitario” ([46]), cuando las luchas campesinas, artesanas y burguesas irrumpen definitivamente. Dentro de estas corrientes existían grupos político-religiosos, como los husitas radicales, los anabaptistas y otros, o los niveladores, etc., que reivindicaban abiertamente la primacía de la propiedad común, si bien con muy diferentes formas expositivas.

Con respecto a las Américas, cuando los españoles invadieron Cuba, una de sus primeras atrocidades fue atacar y destruir la “casa grande” ([47]) que guardaba el excedente social, matando a la mayoría de sus ocupantes. La “casa grande” era como el templo en el modo de producción asiático o tributario. Los grandes imperios maya, azteca e inca, tenían sus respectivas “casas grandes”, templos y palacios, que pueden asemejarse, salvando las distancias, a las salas de asamblea en las cooperativas, en donde se debaten las decisiones. Pese a las diferencias pervive ([48]) una conexión de fondo: lo comunal y su defensa no ha desparecido del todo aunque esté desvirtuado; el dinero y el valor de cambio no dominan absolutamente sobre el trueque, la reciprocidad y el valor de uso; el fetichismo y la alienación no se han impuesto exterminando a otras formas de intercambio. Siendo esto significativo, tanto más lo que el sincretismo religioso andino y afro-indio e indio-europeo, se basó y se basa en una revalorización de lo comunal, como se aprecia en la “Teología de la esclavitud” ([49]) de la mitad del siglo XVI en adelante. La Teología de la Liberación solamente podía haber surgido en las Américas porque era en estos pueblos en donde la realidad comunal de las sociedades precapitalistas conectaba muy fácilmente con los restos del comunismo primitivo de la religión cristiana.

Veamos dos casos que nos ilustran sobre la complejidad de las interacciones entre lo comunitario precapitalista y la lógica mercantil. El primero es el de las Encomiendas de la Compañía de Jesús como medio de “civilizar” a los irreductibles guaraníes ([50]), y como medio de explotación económica muy rentable ([51]), gracias a la síntesis entre el comunitarismo guaraní y la disciplina económica jesuítica. Su éxito fue tal que provocó la envidia y la guerra corta pero durísima ([52]) con otros poderes cristianos. Gracias a su creciente poder, se convirtieron en una fuerza represiva muy eficaz que, pese a todo, no pudo impedir el surgimiento de resistencias que darían forma a los “comuneros” ([53]) de Paraguay en la mitad del siglo XVII y a las rebeliones indígenas y comuneras de comienzos del siglo XVIII ([54]). El segundo, muy actual, es el debate sobre el “Buen Vivir” que entronca con las tradiciones comunitarias de las culturas andinas y que da pie a muchas versiones diferencias, desde la socialdemócrata ([55]) hasta la que sostiene que “El marxismo tenemos que indianizarlo” ([56]), pasando por otras más ([57]). Las tradiciones y prácticas comunitarias están divididas socialmente en su interior, lo que permite que se impongan las versiones ideológicas creadas por las castas y/o clases dominantes en esos pueblos. Todo ello exige a los marxistas un esfuerzo teórico imprescindible en el que no podemos extendernos ahora ([58]), pero que tiene conexiones directas con el tema que tratamos aquí.

La conexión de fondo que recorre a las luchas por la recuperación de lo común, tiene en la experiencia de la sublevación de Oaxaca una de tantas confirmaciones. M. Juárez sostiene que: “La Comuna de Oaxaca es continuidad de un proceso que se inicia en América Latina con “la guerra del agua” en Cochabamba y la lucha heroica del pueblo boliviano, de las jornadas revolucionarias de 2001 en Argentina y las fábricas ocupadas como Zanon y Brukman, entre otros momentos claves de la lucha de clases en el continente. Y enfrenta a uno de los gobiernos “neoliberales” más pro yanquis de la región, que en los años previos estuvo a la delantera de la aplicación de los planes del FMI y el Banco Mundial” ([59]). Como vemos, el autor recorre luchas básicas en defensa del agua realizadas por pueblos originarios con una muy fuerte praxis comunitaria hasta los más ultracapitalistas proyectos del BM y FMI pasando por las ocupaciones argentinas.

Simultáneamente a estas movilizaciones y combates, también se sostenían otros igualmente importantes para el debate sobre el cooperativismo y la autogestión. Nos referimos a las crisis del cooperativismo neutral y hasta crítico bajo las presiones de la ofensiva neoliberal lanzada por el imperialismo con el apoyo de las burguesías locales: “Durante la implantación del modelo neoliberal, el cooperativismo fue uno de los medios sociales más afligido. Esto se debe, en primer lugar, por su debilidad doctrinaria e ideológica. En segundo lugar, a la agresiva competencia entre cooperativas por ganar clientela, y por último, la falta de cambios estructurales para institucionalizar al cooperativismo” ([60]). La triple razón expuesta sintetiza no sólo el problema del cooperativismo en las Américas, sino a escala mundial desde el siglo XVIII, como iremos viendo.

No hay duda, pensamos nosotros, que estos y otros combates han ayudado a crear lo que G. Cieza denomina “imaginario de una América Latina unida contra el imperialismo” ([61]), que se ha formado a pesar de las derrotas y que ahora aumenta en fuerza y conciencia. La “reserva simbólica”, los “poderes esenciales”, el “ideal social” y la “materia de la esperanza”, el “imaginario antiimperialista”, etc., sin olvidarnos del cristianismo con su mensaje de “liberación y esperanza” ([62]), actúan como “fuerzas materiales” que enlazan constantes recurrentes en diversas fases históricas de lucha de clases. Y la pregunta es: ¿no apreciamos el nexo entre la “revolución cultural” propuesta por Lenin y la recuperación de la esperanza humana en este comienzo del siglo XXI en el que, entre otras propuestas idénticas destaca la de la “lucha de ideas” lanzada por Fidel Castro?

4. OCUPACIÓN, COOPERACIÓN Y PODER DE CLASE

La importancia de lo anterior para nuestro debate es que en los capitalismos “desarrollados” también laten estas fuerzas dormidas que en situaciones de crisis profunda remueven la dictadura del mercado burgués llegando a cuartearla por la recuperación de formas alternativa. La dictadura del mercado burgués no es absoluta ni total, no puede exterminar la tendencia a la recuperación de resistencias colectivas basadas en la cooperación no mercantilizada. De hecho, las primeras cooperativas modernas surgieron simultáneamente a los primeros efectos terribles de la protoindustrialización en Gran Bretaña, a finales del siglo XVIII. Según explica F. Bedarida, en 1760 surgió una cooperativa de molineros para realizar ellos la molienda y para vender la harina con precios más baratos rompiendo el monopolio de la industria harinera. Poco a poco aumenta el cooperativismo al calor del aumento de la explotación, y lo hace con ideas socialistas y hasta comunistas tal cual se pensaban en aquella época. Desde 1826 se puede hablar de un cooperativismo asentado y con fuerte crítica moral al capitalismo ([63]), pero resultó un fracaso económico y en 1844 se inicia una nueva fase más centrada en la búsqueda de la rentabilidad que garantice una mejora de los cooperativistas aunque sea ablandando o abandonando la lucha ético-moral contra el sistema. Los Pioneros de Rochale inician esta segunda fase que culmina 1863 con el Congreso de las cooperativas al por mayor, y con la imagen neutral y aséptica del cooperativismo oficial.

La contradicción entre la rentabilidad económica del cooperativismo y su eficacia como medio emancipador, recorre toda la historia de este movimiento desde finales del siglo XVIII, como hemos visto. Hemos visto arriba cómo “la agresiva competencia entre cooperativas por ganar clientela” es una de las razones que explican la crisis del cooperativismo oficial bajo los ataques del neoliberalismo, sin olvidarnos de su debilidad doctrinaria y de su poca adaptabilidad a los cambios. Pero estas razones deben ser completadas con otras más profundas, ancladas en la lógica misma del modo de producción capitalista, siendo una de ellas la primacía del mercado sobre la planificación, como iremos viendo, así como en el papel del reformismo político-sindical que, como sucedió a finales del siglo XIX bajo el dominio de la socialdemocracia alemana, dejó que se fortaleciera la tesis del “socialismo gremial como medio para la supresión pacífica del capitalismo” ([64]), a pesar de la declaración grandilocuente del Congreso de Hannover de 1899 sobre el cooperativismo.

Ahora queremos estudiar con algún detalle qué contradicciones irreconciliables del capitalismo reactivan la tendencia a la cooperación y a la autogestión obrera. Y pensamos que la mejor forma es la de ir a las entrañas del monstruo imperialista, EEUU, en donde en diciembre de 1936 los trabajadores ocuparon de la fábrica de automóviles de Flint, de la General Motors en el Estado de Michigan: “La personas eran distintas después de la misma. “El trabajador se convirtió en un ser humano distinto (…) Las mujeres que han participado activamente se convirtieron en un tipo diferente de mujer, sus cabezas se mantenían altas y tenían más confianza. La naturaleza de la ciudad ha cambiado. Los capataces, que solían amenazar a los trabajadores, ahora caminaban sobre cáscaras de huevo. El miedo de los trabajadores se había esfumado. A través de su sindicato, los trabajadores ganaron otras cosas. En las dos semanas siguientes, 87 ocupaciones tuvieron lugar en Detroit. Se había extendido la sindicalización en todo el sector del automóvil” ([65]).

Con todo propósito, hemos recurrido a esta cita porque nos demuestra el papel de las mujeres en los momentos decisivos de la lucha revolucionaria. Desgraciadamente, no podemos dedicar toda la atención necesaria a la liberación de la mujer como logro imprescindible de la emancipación y de los logros de las revoluciones socialistas al respecto ([66]), y esta cita, además de descubrir su presencia, nos abre a otro panorama cruel: el del cargar contra la mujer trabajadora los cosos sociales de las crisis capitalistas. Muchas de las huelgas y recuperaciones de empresas han surgido por la previa movilización de las mujeres que han presionado a sus maridos para que se enfrentaran a la patronal, o han empezado ellas mismas. La respuesta del sistema patriarco-burgués yanqui, para seguir dentro del monstruo, se ha endurecido con el neoliberalismo, atacando furiosamente los derechos de las mujeres y reactivando lo peor de la ideología patriarcal ([67]), como lo demuestra S. Faludi en su valiosa investigación.

Más de setenta años después, a finales de 2008, la fábrica Republic Doors & Windows, en Chicago, fue ocupada por los trabajadores al enterarse que la empresa la iba a cerrar ([68]). Las sobreganancias imperialistas explican en buena medida, además de otras razones, porque el movimiento obrero yanqui ha estado relativamente dormido –aunque no tanto como dice la propaganda burguesa ([69]) – durante este tiempo, pero todo indica que algo se mueve en las clases explotadas, también en EEUU ([70]). Mientras tanto, entre 1936 y 2008, y como hemos dicho, las luchas resurgieron periódicamente y siempre iban unidas de algún modo a formas de vida que debemos incluir en aquella sabia afirmación de Lenin de que la revolución es la fiesta de los oprimidos, y a aquella otra tesis de Engels, arriba citada, de que en un momento preciso la lucha por placeres emancipadores se convierte en un fuerte impulso revolucionario. No hay duda de que las mujeres en huelga

La ocupación de fábricas, que muchas veces es el primer paso para fundar una cooperativa, es una práctica recurrente en el movimiento obrero del capitalismo más “desarrollado”, como lo demuestra I. García-Perrote ([71]) cuando hace un recorrido minucioso por Europa y EEUU hasta comienzos de la década de 1980. La experiencia latinoamericana se inscribe en esta dinámica: “¿Combatiendo al capital?”([72]). En contextos de crisis estas fuerzan emergen e impulsan el cooperativismo ([73]) y la lucha por lo comunal y por la cooperación, aumentando las ocupaciones de empresas ([74]) y las transformaciones en cooperativas de muchas de ellas: “El responsable de un banco al que pedimos dinero cerró el portafolio cuando escuchó la palabra cooperativa. ¡Debía de pensar que estaba ante el mismísimo Lenin!”([75]). En la situación presente, el cooperativismo no integrado puede distanciarse de las medidas que el Estado capitalista ([76]) impone a la clase trabajadora para descargar sobre ella los enormes costos sociales, mientras que otro cooperativismo, más integrado, también puede capear la crisis con menos pérdidas, como reconoce la OIT ([77]).

En Argentina, grupos se organizaron en economía de trueque para satisfacer necesidades básicas: “De todas formas los clubes del trueque pueden rescatar muy rápidamente valores de participación, y cooperación presentes también en la historia un poco olvidada en los últimos años (mutualistas, cooperativas, cooperadoras escolares, uniones vecinales, sindicatos, sociedades de fomento, etc.) y dar impulso, en un momento tan grave, a la imprescindible necesidad de cada familia de lograr con el esfuerzo y la solidaridad el pan de cada día y un horizonte a la esperanza” ([78]). En Venezuela la clase trabajadora empezó a crear cooperativas –“islas socializadas en un mar capitalista” ([79])– en defensa de la revolución. En el capitalismo español la economía de trueque ([80]) empieza a ser practicada por personas que se organizan en cooperativa para liberarse algo de la dictadura del mercado burgués, y aumenta un debate sobre los “bancos de tiempo” y otras tácticas que no podemos exponer aquí, por lo que nos remitimos a un texto ya publicado en Internet ([81]). Ahora bien, debemos ser muy críticos ([82]) con las promesas tramposas que la burguesía hace con respecto a las virtudes del “autoempleo” y otras formas de “iniciativa social”.

La “materia de la esperanza” también se activa en los países más individualizados en apariencia –véase la oleada de huelgas en el Estado imperialista francés, ese “arrebato social” ([83]) en defensa de los servicios y bienes públicos, de los derechos colectivos, etc.– porque estas fuerzas latentes bullen en las contradicciones irreconciliables surgidas cuando la cooperación y la propiedad común fueron rotas por la disciplina explotadora y por la propiedad privada. La recurrencia histórica del cooperativismo y del resto de expresiones de la cooperación humana asentada en los “poderes esenciales” de nuestra especie nace del potencial creativo de la fuerza de trabajo ([84]), del trabajo vivo y del valor de uso, que tarde o temprano choca de nuevo con el capital, con el trabajo muerto y con el valor de cambio. La experiencia obrera reciente actualiza la histórica capacidad de aprendizaje del movimiento obrero, demostrada en una triple conflictividad: por la “fuente” del conflicto que ahora se centra en la resistencia a las exigencias de aumento salvaje de la productividad; por las “formas”, que son los modos brutales y autoritarios con los que se impone la superexplotación, y por los “ejes”, por el aumento de nuevas frentes de lucha alrededor de la defensa de lo común, de lo colectivo, de lo público, cada vez más privatizado y expropiado por el capital ([85]). Esta experiencia replantea el valor de los métodos organizacionales “desde una perspectiva autogestionaria” ([86]) para, entre otros logros, superar las formas dirigistas con altos contenidos de “obediencia y sumisión” inherentes a la disciplina burguesa.

Pero queremos dejar en claro un principio elemental que nunca debemos olvidar: la cuestión del poder político, del poder de clase y de Estado, como objetivo a conquistar y como realidad a vencer cuando se trata del Estado y del capitalista. Llevando esta cuestión a su inmediatez comunalista y de cooperación liberadora, A. Boron reprocha a quienes no ven o rechazan la importancia del poder revolucionario, que olviden la historia real de las luchas y de las formas políticas de autoorganización como partidos, soviets, consejos obreros, etc., y los programas de reforma agraria, nacionalizaciones, expropiaciones de los capitalistas, etc., ([87]) para aceptar, por el contrario, la historia oficial, dominante.

5. AUTOGESTION, PODER Y SOCIALISMO

El poder estatal es decisivo para todo, y en especial para la lucha de clases y para el cooperativismo en cualquiera de sus formas, pero adquiere su pleno sentido a favor o en contra cuando la clase trabajadora avanza en la autogestión, concepto relativamente reciente que debe ser precisado un poco antes de seguir adelante. Por ejemplo, mientras que para R. Massari Robert Owen debe ser incluido en uno de los primeros defensores de la autogestión ([88]) para F. Badarida es el pensador del “comunismo cooperativo” ([89]). En realidad ambos autores se refieren a lo mismo: la idea utópica de organizar la sociedad desde arriba aunque se hable en nombre de un pueblo al que se invita a autogestionarse o al “comunismo cooperativo” pero dentro de los límites marcados por R. Owen, entre los que destacan el interclasismo, el pacifismo y el intervencionismo estatal. Mucho más acertado está, sin embargo, I. Bourdet cuando demuestra por qué hay que introducir las ideas de Marx y Engels sobre el movimiento cooperativo dentro de la autogestión aunque esta palabra no aparezca en sus escritos ([90]). En su profunda investigación sobre las colectivizaciones obreras, que abarca hasta finales del siglo XX, V. Alba sostiene que si se recuperase la terminología del primer tercio del siglo XX en vez de hablar ahora de autogestión obrera emplearíamos el concepto de colectivización ([91]).

Si la autogestión o el “comunismo cooperativo” de Owen era pacifista y pedía subvenciones al Estado y a la banca filantrópica, no sucedía lo mismo con lo defendido por Marx y Engels y con las posteriores colectivizaciones autogestionadas de los trabajadores. El comportamiento del Estado era, por tanto, muy diferente, opuesto en todo, en el primer caso que en el segundo. La burguesía francesa veía como mucho menos peligrosa la autogestión reformista del socialismo francés que se limitaba en la década de 1970 a compaginar la lucha de masas, la autogestión en todas sus modalidades y la acción gubernativa socialista ([92]), pero en ningún momento plantea cruda y esencialmente el problema del Estado de clase, sino que lo silencia, lo esquiva. Pero esta misma burguesía, y su Estado, no podían permitir el llamamiento a la autodefensa armada autogestionada ([93]) de las clases explotadas en aquellos años tan convulsos.

Para avanzar en este magma de visiones diferentes, algunas de ellas antagónicas, debemos recurrir a M. Markovic que ha definido la autogestión mediante dos sentidos interrelacionados, uno, el restringido: “la autogestión es la incorporación directa de los obreros a los órganos básicos que adoptan decisiones en las empresas individuales”; y el otro, el sentido general: “autogestión es la estructura básica de la sociedad socialista en el campo de la economía, de la política y de la cultura” ([94]). Teniendo esto en cuenta, la autogestión “restringida” se produce en toda la sociedad capitalista de múltiples formas e intensidades, en muchas circunstancias y problemas de la vida, incluido el cooperativismo; mientras que la autogestión “general” solamente puede darse en una sociedad socialista que tiene, por serlo, un sistema político-democrático cualitativamente superior al burgués, un sistema que impulsa conscientemente la autogestión socialista.

En la sociedad capitalista, los poderes burgueses en su totalidad intervienen en contra de las luchas autogestionadas que, de algún modo u otro, amenazan con superar el sistema dominante. Volviendo al planteamiento de V. Alba de identificar autogestión con colectivización, la experiencia de los Consejos Obreros ([95]) en la Alemania de 1918 es demoledora: la socialdemocracia, la burocracia del Estado, la extrema derecha burguesa y los sectores militares reaccionarios se unieron para, aprovechando la debilidad teórica de los consejistas, vencerlos políticamente primero para luego masacrar en sangre al amplio sector revolucionario. Esta misma estrategia de liquidación fue aplicada en 1970 en Italia, cuando la autogestión fue liquidada soterradamente en la mayoría de los casos por las fuerzas reformistas interesadas en pactar con la burguesía, que les exigía castrar la autoorganización cooperativa que franjas obreras y populares expandían en el transporte, la vivienda, la sanidad, la educación, etc. Consciente de la amenaza de este movimiento, la burguesía legalizó los consejos de zona y otras formas de autogestión para facilitar el poder manipulador del reformismo en ellos ([96]). Al pudrimiento interno se unía a la feroz represión policiaco-militar y judicial contra los sectores más combativos mientras que, a la vez, se reestructuran fábricas y poblaciones industriales ([97]) para destruir las bases de las organizaciones armadas. Esta estrategia represiva aplicada tantas veces ha dado sin embargo un salto hacia otra estrategia global que simultanea el control y el terror ([98]), la vigilancia preventiva y el miedo inducido masivamente para abortar cualquier inicio de lucha no controlada obligándole a volver al redil o aplastándola.

Veamos un ejemplo actual de cómo un Estado supuestamente abierto a muchas de las formas de autogestión, cooperación, apropiaciones, etc., como el argentino, pretende integrar en la “normalidad apolítica” la autogestión obrera. La toma de la fábrica Zenón por sus trabajadores se inscribe de pleno en el proceso que analizamos. F. Aiziczon se pregunta:“¿Qué es Zanón?, o mejor, ¿qué es lo que tiene Zanón?” y responde: “En principio: – más de 450 obreros y obreras que ocupan una fábrica y producen sin resguardo legal; – que destinan gran parte de su producción a donaciones para hospitales, escuelas, barrios humildes y bibliotecas; – que aprenden a decidir todos sus asuntos en asambleas generales; – que incorporan a más de un centenar de trabajadores de organizaciones de desocupados; – que organizan festejos populares multitudinarios por el día del niño, o festivales de rock sin policías a los que asisten decenas de miles de jóvenes; – que planean una escuela para aquellos obreros que deseen terminar sus estudios; – que levantan una biblioteca dentro de la fábrica; – que realizan visitas guiadas dentro de ella para contingentes de estudiantes primarios y secundarios; – que gozan de la simpatía y el apoyo de vastos sectores de la sociedad neuquina; – y muchos etcéteras más” ([99]).

Más adelante volveremos a las cosas que puede hacer y hace la autogestión obrera en todas sus expresiones, ahora debemos explicar cómo el Estado argentino se obceca en desactivar esta impresionante lucha precisamente por sus efectos movilizadores. L. Meyer es autora de un excelente análisis de la cooperativa Zenón y de los esfuerzos del Estado para “evitar que la pelea de los trabajadores se convierta en una lucha política”. La autora explica cómo diversos poderes burgueses intervienen para hacer creer a la gente que el problema no radica en la explotación capitalista y en las contradicciones de este sistema, sino sólo en que hay “empresarios malos”, “personas desaprensivas”, etc., de modo que el “problema” es resoluble recurriendo a “jueces, abogados y políticos del régimen”, para lo que hay que “evitar que los trabajadores hagan política hacia fuera de la fábrica, tanto uniendo su lucha y sus reivindicaciones a la de otros conflictos de trabajadores, como hacia el conjunto de las clases subalternas. Y que sólo se dediquen a los problemas de la producción al interior de la fábrica”. De este modo, cuando con su sudor la hayan vuelto rentable, entonces los patrones la comprarán sin haber arriesgado sus capitales en épocas de crisis ([100]).

Esta misma autora había extendido su análisis sobre la pretensión del Estado y de la burguesía de “despolitizar” la autogestión obrera a una perspectiva más general, criticando algunas posturas que, siendo correctas según L. Meyer en muchos temas, sin embargo no insistían lo suficiente en la importancia decisiva de unir la lucha obrera dentro de la fábrica con la lucha política fuera de ella: “Cuando se separa la producción de la política, esta separación tiene su expresión en la organización de la fábrica en que mientras un sector que hace política con los organismos gubernamentales o cercanos a ellos, les dice a los trabajadores que lo que ellos hacen no es política y que los trabajadores deben hacer lo que mejor saben hacer que es trabajar, cuestión que cala muy hondo en sus prácticas porque quienes les hablan son muchas veces los que los asesoran legalmente en relación al Estado. Ayudado por el hecho de años de no participación política de los trabajadores en forma independiente, este elemento permite fortalecer la tendencia a que se cumplan cada vez más los riesgos que plantean los autores en el plano organizativo” ([101]). La autora advierte que no se puede separar el plano organizativo de y en la lucha por la producción en las fábricas ocupadas, del contexto político “externo” en el que mucha clase trabajadora permanece pasiva y creyendo en las promesas de la burguesía.

6. AUTOGESTION, DETERMINISMO Y COMUNISMO

La autogestión en general, o generalizada, existe en un país que avanza al socialismo, que ha superado barreras estructurales fortísimas que el capitalismo opone a la emancipación humana. Pero la autogestión generalizada ha requerido de las experiencias de las restringidas prácticas y luchas autogestionarias sostenidas en la fase previa a la toma del poder. Sin esta acumulación es imposible dar el salto a una nueva fase histórica. Ahora bien, ¿cuáles son las mediaciones prácticas y teóricas diarias que posibilitan el salto de la autogestión restringida a la generalizada, al socialismo? ¿Qué valores nos siguen enseñando las mujeres que ocuparon la General Motors en 1936? Sin estas y otras preguntas sobre prácticas reales no podremos responder a la cuestión decisiva de por qué y cómo tenemos que construir el futuro desde el presente aprendiendo del pasado. ¿En qué medida el cooperativismo de los comuneros parisinos de 1871, que adelantaba el comunismo ya entonces, sigue siendo efectivo hoy en día y hoy nos ilumina para el comunismo de mañana? La mediación práctica y teórica ha de poder anticipar el futuro de forma concreta.

Para comprender el meollo de esta cuestión no tenemos otra salida que estudiar las exquisitas páginas sobre “marxismo y anticipación concreta” de E. Bloch: “La miseria existente no es lamentada y dejada tal como es, sino que aparece cuando se es consciente de ella misma y de sus causas, como la potencia revolucionaria que va a acabar con ella al acabar con sus causas. De igual manera, que Marx no consintió nunca que su indignación subjetiva se presentara como un factor objetivo, haciendo así que uno se engañara sobre los factores revolucionarios verdaderamente existentes” ([102]). Bloch sigue explicando por qué Marx abandonó la utopía para centrarse en las fuerzas tendenciales insertas en las contradicciones del sistema, indicando sucintamente las dinámicas del futuro: “al obra entera de Marx está al servicio del futuro, más aún, sólo puede ser entendida y realizada en el horizonte del futuro, pero no como un futuro trazado utópica-abstractamente. Sino como un futuro que hace historia-materialísticamente, desde el pasado y desde el presente, desde las tendencias actuantes hoy y en el futuro, a fin de ser así un futuro inteligible y confortable” ([103]), y “El marxismo no una anticipación (función utópica) sino el «novum» de un proceso concreto (…) la unidad de la esperanza y el conocimiento del proceso” ([104]). Descubrir las tendencias actuantes ahora y luego, en el hoy y en el futuro, exige tener presente siempre en el ahora mismo el futuro como algo que late en nuestra esperanza y que germina en lo concreto como tendencia inacabada que necesita de nuestra praxis para materializarse, lo que “todavía-no-llegado-a-ser (…) y cuya decisión se halla en manos del hombre” ([105]).

Desde esta filosofía, la autogestión es el proceso por el que construimos nuestro futuro desde nuestro presente, empezando por materializar las tendencias germinales como fuerzas materiales presentes. Esto y no otra cosa es lo que sucede en el proceso que va de la organización de la huelga a la huelga, de ésta a la ocupación de la fábrica, y de la ocupación a la cooperativa y a la estrecha relación con la lucha sociopolítica fuera de la fábrica pero dentro de la sociedad. El futuro que latía en la organización de la huelga se hace presente en la autogestión. Pero lo decisivo de esta filosofía es que basa el futuro en la conciencia de lucha del presente. Ejercitemos “el conocimiento del proceso” y descubriremos que la autogestión es un proceso de “marcha y contramarcha (…) Donde la reivindicación por las fuentes de trabajo es el eje de la lucha; porque es a través del mismo que los hombres y mujeres pueden realizarse y constituirse en sujetos plenos. No idealizamos este proceso pero sí creemos que es un paso muy importante en lo que hace a la experiencia de lucha de los trabajadores argentinos” ([106]).

Dado que lo que “todavía-no-llegado-a-ser” está como posibilidad estructural en el presente y puede “llegar-a-ser” dependiendo de nuestra acción, por ello mismo debemos la dialéctica entre la necesidad y la libertad adquiere su pleno sentido: ¿estamos condenado a esperar pasivamente a que existan las suficientes “condiciones objetivas” o podemos y debemos impulsar desde ahora mismo las tendencias positivas ya existentes? La socialdemocracia criticó a los bolcheviques que se habían “adelantado” a las “condiciones objetivas” y uno de los últimos textos de Lenin está destinado a responder a un determinista denunciando que no había comprendido nada de la dialéctica marxista y de la existencia de variables nuevas que permiten acumular fuerzas para alcanzar a otros pueblos ([107]).

Descubrir las tendencias nuevas cargadas de futuro sólo puede hacerse si ampliamos el potencial de la autogestión, es decir, si creamos más y más espacios autogestionados, si estamos siempre a la ofensiva. No debemos esperar a que las fuerzas productivas crezcan por sí mismas sino que, mediante la planificación, debemos impulsarlas y, a la vez, debemos ampliar la autogestión en toda vida colectiva: desde el funcionamiento de un club deportivo o desde una asociación de vecinal o de mujeres, hasta las redes de coordinación de las empresas autogestionadas y de las múltiples formas de cooperación entre ellas, pero siempre dentro de una planificación estatal. El futuro comunista se va acercando al interactuar estas dinámicas y al debatirse mediante la democracia socialista y el control obrero ([108]) las dificultades y problemas que siempre surgirán, sobre todo en los períodos de crisis mundial ([109]). Se trata de una tarea a la vez personas y colectiva, nacional e internacional, estatal y mundial: por esto, el internacionalismo proletario lucho y lucha para que el cooperativismo y la autogestión sean mundiales.

El futuro comunista, como la misma autogestión generalizada, es mundial por su esencia, lo que significa que existe una base práctica que puede aportar lecciones esenciales. Por ejemplo, M. Lebowitz ha estudiado la autogestión yugoslava ([110]), texto que debe leerse atentamente, y ha propuesto algunas ideas para la Venezuela bolivariana que pueden y deben ser adaptadas a otros procesos revolucionarios. C. Samary también ha estudiado la autogestión yugoslava ([111]) extrayendo lecciones que no podemos ignorar. Sin entrar en tanta concreción, Mendizabal y Errasti han demostrado de forma general las conexiones irrompibles que tiene la autogestión con la “democracia social participativa”, con la lucha contra la alienación burguesa, con la planificación realizada por un poder transparente: “la autogestión articula la sociedad global con el modelo de desarrollo, la gestión participativa y la cooperación, en una realidad dialéctica y multidimensional en que los trabajadores – ciudadanos maduran con sus decisiones; tanto con sus aciertos como con sus errores y equivocaciones. Este proceso vital que exige sociedades vivas, activas, conscientes, con pensamiento propio, protagonistas de su destino y profundamente democráticas, es el gran proyecto de la autogestión” ([112]).

7. ALIENACION, MIEDO Y ANTICIPACIÓN COMUNISTA

“La anticipación concreta” del comunismo puede realizarse de múltiples formas en la autogestión restringida, la que tiene lugar bajo la explotación capitalista, siempre que se mantengan cuatro principios: el poder radica en el colectivo que se autoorganiza; las decisiones administrativas se realizan en el colectivo que se autogestiona; las decisiones estratégicas son tomadas por el grupo autoorganizado y autogestionado que se autodetermina; y la continuidad del grupo frente a las presiones burguesas de todo tipo se realiza mediante la autodefensa de la autogestión. Las cuatro condiciones exigen de ágiles y crecientes interacciones entre ese grupo autogestionado, desde una pequeña cooperativa hasta una coordinadora de fábricas recuperadas, pasando por una red de asociaciones populares, con el otras fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias. La experiencia brasileña ([113]) confirma la validez de estos cuatro principios. Pero éstos cambian obviamente en el caso de la autogestión socialista, en donde el poder popular y el Estado obrero dominan sobre la burguesía y abren expectativas de desarrollo socialista imposibles de materializar bajo la explotación capitalista.

En procesos revolucionarios en los que el pueblo tiene el gobierno y partes considerables y decisivas del Estado, pero en los que aún no ha sido expropiada y colectivizada la propiedad privada, y en los que la burguesía controla todavía grandes resortes socioeconómicos y alienadores, como es el caso de Venezuela, estos cuatro principios se adaptan al proceso de transición revolucionaria desde una estrategia de “poder comunal”: “Definimos el poder comunal como la cualificación ideológica y practica del poder popular, la concreción del nuevo Estado y la nueva estructuración social, no es el sexto poder, es la base de todos los poderes transferidos, reconfigurados y ejercidos por el pueblo convertido en Comuna, construyendo socialismo. Y al servicio de esos objetivos están orientados los otros motores, la Reforma socialista de la Constitución, Las leyes Habilitantes, Moral y luces y la Nueva Geometría del Poder, como dinamizadores de la aceleración, con fuerza y potencia transformadora, de los cambios, como elementos de empuje y viabilidad de las condiciones estructurales necesarias para el socialismo” ([114]).

Tanto en la autogestión restringida bajo el capitalismo como en los procesos de transición al socialismo, la resistencia burguesa va siempre en aumento, y una de las tareas de las fuerzas revolucionarias en descubrirla y combatirla ([115]) no solamente en lo político e institucional, sino a la vez en lo teórico y en lo cultural. Hemos insistido en la ligazón entre la esperanza y la emancipación autogestionada porque uno de los instrumentos más destructores de la cooperación humana es el individualismo desesperado que surge de la política del miedo, de la incertidumbre y de la inseguridad por el futuro. No por casualidad es el pueblo argentino, que aporta lecciones de autogestión socialista, uno de los más presionados por la estrategia de la inseguridad ([116]). Pero es toda la sociedad burguesa la sometida a un sistema global destinado a imponer el miedo a la libertad. Fromm demuestra que apreciamos los logros conquistados en el pasado, pero que tenemos miedo a conquistar más libertad en el futuro debido, fundamentalmente, a la alienación, al extrañamiento ([117]). Son los colectivos alienados y temerosos los más manipulables desde una jefatura dictatorial, de modo que el miedo a la propia debilidad fuerza una sobre valoración exagerada de la fuerza del poder explotador ([118]). Por último, el imperialismo planifica estas y otras tácticas para destruir los procesos revolucionarios con ataques simultáneos, como ha puesto al descubierto C. Lanz en Venezuela ([119]), pero que también se aplica contra Cuba y el resto de pueblos libres: criminalizar al poder revolucionario y a sus instituciones; desmoralizar y desunir al pueblo; y legitimar el terrorismo físico y/o simbólico contra la revolución.

Arriba hemos expuesto varios casos de exterminio y derrota de luchas consejistas y cooperativistas, de experiencias de autogestión, por la burguesía que ha recurrido a diversas formas represivas, y ahora nos hemos detenido un poco en lo que se denomina la “pedagogía del miedo” ([120]), e igualmente hemos insistido en el valor de la esperanza y de la libertad concreta como anticipaciones prácticas del comunismo. Pues bien, a las fuerzas revolucionarias se le presentan cuatro retos decisivos en los países capitalistas si quieren derrotar los ataques a la autogestión: uno, luchar por la democracia y sus valores como una necesidad diaria en todos los aspectos de la vida; dos, luchar por una forma de vida cualitativamente superior a la burguesa y que tenga en la cooperación su medio autoorganizativo de modo que busque siempre ir “más allá del capital” ([121]); tres, luchar por la autoconfianza del pueblo en sí mismo; y cuatro, la lucha por los placeres emancipadores y contra el consumismo capitalista.

8. REVOLUCIÓN CULTURAL Y RELACIONES COMUNISTAS

Lenin vio la necesidad de la revolución cultural orientada sobre todo al campesinado, pero una lectura detenida de sus textos en los últimos años de vida indica que esa su inquietud era más extendida, realista y crítica, consciente de que se necesitaba mucho tiempo y esfuerzo para superar la cultura reaccionaria, como insistió precisamente en el último escrito de su vida ([122]). Por su naturaleza, la revolución cultural no puede darse dentro del sistema capitalista sino sólo cuando el poder del Estado pertenece al pueblo trabajador. Antes, bajo el capitalismo, puede avanzarse en la conquista de parcelas liberadas y en un fortalecimiento de hegemonía social, pero la revolución cultural puede desplegar todo su potencial liberador si existe un Estado obrero porque la revolución cultural es imposible de materializarse si el valor de cambio, si el dinero y la mercancía, no van retrocediendo frente al ascenso del valor de uso. Dado que “la cultura es el modo como se organiza la utilización de los valores de uso” ([123]), la (re)construcción de una cultura socialista exige que el valor de uso vaya desplazando al valor de cambio. La revolución cultural, en este sentido clave, es una parte de la totalidad de la revolución socialista, de la autogestión social generalizada. Los gérmenes de la revolución cultural surgen dentro del capitalismo, en las luchas que hemos analizado, en esas mujeres cooperativas, en otras relaciones humanas y en otra forma de relacionarnos con la naturaleza.

El cooperativismo y la autogestión, los consejos o comités de pueblo y de zona, etc., han de decir quienes asumirán tareas de dirección, por qué y cómo, hacia dónde orientan el producto de su trabajo colectivo no alienado. En esta dinámica el individualismo es sometido a una crítica práctica radical dentro de la cooperativa y, destacadamente, en la vida “exterior”, en su inserción en la economía nacional. La ideología individualista aparece a diario como un freno para el libre desarrollo colectivo e individual –no individualista en el sentido burgués, sino individual-colectivo en el sentido socialista–, y como el enemigo interno a batir dos niveles dialécticamente unidos: la personalidad del/a cooperativista y la personalidad colectiva de la nación. Ya que el cooperativismo socialista no busca la ganancia burguesa sino la reinversión de lo obtenido en la emancipación humana, debido a esto, la dirección común de la cooperativa exige a sus miembros una permanente autogestión y autodeterminación en su práctica vital, que no se limita sólo a las horas de trabajo colectivo, sino a toda la vida, ya que la emancipación es siempre una praxis en espiral, ascendente pero inacabable. Por esto, individualismo y cooperativismo socialista son antagónicos.

Reaparece aquí un problema clásico en la transición al socialismo pleno, el de las tendencias a la recuperación de las relaciones burguesas al calor de las concesiones que se han tenido que hacer al capitalismo. C. Piñeiro es autora de un brillante texto en el que expone los verdaderos riesgos de recuperación de las relaciones burguesas si estas concesiones no son controladas por la democracia socialista: “orientación de la actividad económica hacia la ganancia en lugar de hacia la satisfacción de intereses sociales” ([124]). No podemos reseñar siquiera los debates sobre problemas idénticos habidos en el socialismo, reactivados en los últimos años, pero sí conviene referirnos al “eterno” problema de las relaciones entre autoadministración, abundancia y burocracia ([125]). El egoísmo individualista surge con dañina fuerza en los momentos de crisis, cuando amenaza el peligro de desempleo Es entonces cuando las limitaciones de las empresas privadas aparecen con toda su efectividad reaccionaria ya que, a la larga, no pueden librarse de estas leyes objetivas a pesar de ser controladas por la legislación estatal, que poco a poco tienden a presionar a la patronal de la empresa no estatal, y con ella a la fuerza de trabajo menos consciente. Si bien el monopolio del comercio exterior por parte del Estado es una garantía, pese a ello las tendencias inherentes a la lógica mercantil siguen minando las raíces del sistema.

Pero hay otros peligros también presentes en los períodos de “normalidad” y hasta de expansión: las ansias de más riqueza, de más dinero y de más consumo, lo que exige más competitividad mercantil, más despilfarro energético y más contaminación ambiental, acústica, climática, etc. Muchas cooperativas burguesas recurren al imperialismo ecológico, a la explotación de otras naciones trabajadoras sin apenas controles sanitarios, ecológicos y de recursos. Estas cooperativas, como el resto de las transnacionales, descargan sobre estos pueblos indefensos sus porquerías, suciedades y venenos, destruyendo su naturaleza y robando y expropiándose de sus recursos, sobre todo del recurso supremo que es la vida sana y plena. Es un expolio capitalista como otro cualquiera. Las cooperativas burguesas más pequeñas, las que producen para el mercado interno porque no tienen competitividad internacional, también incumplen las leyes proteccionistas porque asumen la dictadura del mercado, que es implacable contra la naturaleza. Por esto, la recuperación del medioambiente –del ambiente entero, en realidad–, es imposible desde el cooperativismo integrado en el sistema.

Sólo el cooperativismo socialista puede avanzar en esa decisiva tarea porque, al rechazar la dictadura del beneficio, puede reinvertir grandes partes de las ganancias en una tecnología limpia y blanca, y puede formar a los cooperativistas en esa tecnología, y puede buscar “mercados verdes” en donde únicamente se admiten productos no contaminantes, y puede relacionarse internacionalmente con otras cooperativas ecológicas, etc. Pero lo fundamental es que el cooperativismo socialista debe educar a sus miembros en otra manera de vivir que potencie la calidad antes que la cantidad, la naturaleza antes que el dinero, desde el objetivo de las necesidades humanas básicas. El debate sobre el “decrecimiento” ([126]) aporta muchas ideas a la autogestión ecologista. Nos encontramos ante el choque irreconciliable entre el individualismo consumista e irracional, egoísta, del cooperativismo burgués, y la autodeterminación de la autogestión socialista que buscaría el “ecocentrismo” especialmente apto para el cooperativismo socialista ([127]). O como dice J. Bellamy: “Hugo Chávez ha definido la lucha por el socialismo en el siglo XXI en términos del “triángulo elemental del socialismo”. De acuerdo con esta concepción, derivada de Marx, el socialismo consiste en: (1) la propiedad social; (2) la producción social organizada por los trabajadores; y (3) la satisfacción de las necesidades comunales. En mi opinión, también se puede hablar de un “triángulo elemental de la ecología”, derivado directamente de Marx, que lleva la lucha a un nivel más profundo. Esto puede ser definido como: (1) el uso social, no la propiedad, de la naturaleza; (2) la regulación racional de los productores asociados sobre el metabolismo entre los seres humanos y la naturaleza, y (3) la satisfacción de las necesidades comunales, no sólo de las generaciones actuales, sino también de las futuras” ([128]).

La historia de la lucha de clases rezuma reflexiones y experiencias en las que el cooperativismo socialista aparece como una fuerza emancipadora pero muy perseguida, y tras la toma del poder y la creación de un Estado obrero, como una fuerza vital para acelerar el tránsito al socialismo. Según sean las condiciones estructurales del tránsito, el nuevo poder obrero se organizará de un modo u otro, pero siempre manteniendo cinco señas esenciales:

Una, las cooperativas socialistas no deben ser “empresas independientes”, es decir, no deben reproducir el error garrafal de la ex Yugoslavia cuando cayeron en el “patriotismo de empresa”, cuanto las ganancias eran transformadas en beneficios empresariales absolutamente libres del mínimo control estatal, popular y vecinal, cuando podían hacer y deshacer a su antojo, pedir préstamos a la banca imperialista sin tener que responder ante el Estado obrero, y un largo etcétera.

Dos, por tanto, deben estar conscientemente sujetas a la planificación social y estatal de la economía en su conjunto, participando en los debates en los que se deciden las distintas ayudas que se reciben y las aportaciones que se deben hacer al país, evitando que el cooperativismo sea uno de los focos de formación de la “burguesía roja”.

Tres, en situaciones imprevistas o de aumento súbito de la demanda pueden contratar trabajadores a tiempo parcial con todos los derechos laborales y, sobre todo, con el derecho a integrarse en la cooperativa si se prolonga su contrato, y tampoco deben invertir en el mercado mundial con el criterio burgués arriba visto, sino que han de crear redes internacionales de cooperación cooperativista, ecologista y antiimperialista.

Cuatro, deben estar abiertas en todo momento a las investigaciones y chequeos de los poderes populares y de la transparencia que debe caracterizar a la dialéctica entre empresas autogestionadas y planificación estatal, para el seguimiento de las tareas encomendadas, asumiendo los criterios de justa revocabilidad de la dirección elegida mediante la democracia socialista interna a la cooperativa y comunicada a la vida pública exterior y a la instancias del Estado que, por los canales adecuados, tiene el derecho y deber de saber quienes dirigen y por qué, durante cuanto tiempo, etc., las empresas del país.

Y cinco, deben ser las instancias del poder estatal responsables de las áreas económicas de esas cooperativas las que, en última y decisiva palabra, decidan sobre las cuestiones de mayor trascendencia para la nación en su conjunto, no diluyendo ni cediendo su poder planificador y estratégico en niveles menores, zonales o regionales, que, por serlo, tienen sólo una perspectiva limitada. La justa revocabilidad no puede estar al albur de las tensiones interpersonales y al capricho de poderes zonales, ya que siendo un derecho socialista su ecuanimidad debe ser garantizada por el Estado, el último garante de la independencia socialista del pueblo.

EUSKAL HERRIA 16-XII-2010

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Notas

[1] Marx: “Manuscritos: economía y filosofía”. Alianza Editorial. Madrid 1969. Págs.: 147 y ss.

[2] Marx y Engels: “Manifiesto del Partido Comunista”. Obras Escogidas. Obras Escogidas. Edic. Progreso Moscú 1976 Tomo I. Pág.: 111.

[3] Marx: “El Capital”. FCE. México. 1973. Vol. I. Págs.: 259-271.

[4] Marx: “El Capital”. Ops. Cit. Págs.: 607-649.

[5] Marx: “El Capital”. FCE. México. 1973. Vol. III Pág.: 322.

[6] Marx: “El Capital”. Ops. Cit. Vol. III. Pág.: 418.

[7] Marx: “La guerra civil en Francia”. Obras Escogidas. Edit. Progreso. Moscú 1976. Vol. II. Pág.: 237.

[8] Engels: “Carta a A. Bebel”. Obras Escogidas. Ops. Cit. Vol. III. Pág..: 32.

[9] Engels: “Carta a P. L. Lavrov”. Obras Escogidas. Ops. Cit. Vol. III Pág.: 505.

[10] Engels: “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. Obras Escogidas. Ops. Cit. Vol. III. Págs.: 66-79.

[11] Lenin: “Proyecto de decreto sobre las comunas de consumo”. Obras Completas Edit. Progreso. Moscú 1986. T. 35, Págs.: 217-221.

[12] Lenin: “Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras”, Obras Completas. Ops. Cit. T. 37. Pág.: 358.

[13] N. Bujarin y E. Preobrazhenski: “ABC del Comunismo”. Fontamara. Barcelona 1977. Págs.: 312-314.

[14] N. Bujarin y E. Preobrazhenski: “ABC del Comunismo”. Ops. Cit. Págs.: 314-316.

[15] N. Bujarin y E. Preobrazhenski: “ABC del Comunismo”. Ops. Cit. Págs.: 267-268.

[16] N. Bujarin y E. Preobrazhenski: “ABC del Comunismo”. Ops. Cit. Págs.: 293-297.

[17] Lenin: “Proyecto de disposición del CCP sobre el cooperativismo”. Obras Completas. Ops. Cit. T. 37. Págs.: 483-484.

[18] Lenin: “Medidas para la transición del sistema cooperativo burgués de abastecimiento y distribución al sistema comunista proletario”. Ops. Cit. T. 37. Págs.: 486-487.

[19] Lenin: “Notas sobre el cooperativismo”. Ops. Cit. T. 38. Pág.: 437.

[20] Lenin: “Discurso acerca de las cooperativas”. Ops. Cit. T. 40. Págs.: 289-293.

[21]Lenin: “Sobre las cooperativas de consumo y de producción”, Ops. Cit. T. 43. Págs.: 253-254.

[22] Lenin: “Sobre las concesiones y el desarrollo del capitalismo”. Ops. Cit. T. 43. Págs.: 251-252.

[23] Lenin: “Tesis del informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia”. Ops. Cit. T. 44. Pág.: 8.

[24] Lenin: “Proyecto de tesis sobre el papel y las tareas de los sindicatos”. Ops. Cit. T. 44. Pág.: 354.

[25] Lenin: “La nueva política económica y las tareas de los comités de instrucción pública”. Ops. Cit. T. 44. Págs.: 180-181.

[26] Lenin: “El significado del materialismo militante”. Ops. Cit. T. 45. Pág.: 24.

[27] Lenin: “A la primera conferencia internacional de comunistas cooperativistas”. Ops. Cit. T. 45. Pág.: 271.

[28] Lenin: “Tesis sobre el Banco Cooperativo”. Ops. Cit. T. 45. Pág.: 272.

[29] Lenin: “Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú”. Ops. Cit. T. 45. Pág.: 323.

[30] Lenin: “Sobre las cooperativas”. Ops. Cit. T. 45. Págs.: 385-393.

[31] Lenin: “Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués”. Obs. Cit. T. 36. Págs.: 291-324

[32] Mao: “Informe sobre la investigación del movimiento campesino en Junan”. Obras Escogidas. Edti, Fundamentos. Madrid 1974. T. I. Págs.: 19-59.

[33] Cecilia Toledo: “Cooperativismo y control obrero de la producción. Lo que dicen los clásicos”. En “Marxismo Vivo”. Nº 7. Noviembre 2003.

[34] István Mészáros: “La teoría de la enajenación en Marx”. Ciencias Sociales. La Habana. 2005. Pág.: 174.

[35] Ernest Bloch: “El principio esperanza”. Edit. Aguilar. Madrid 1977. Vol. III. Pág.: 479

[36] Susana Neuhaus: “Discurso hegemónico: vaciamiento de la subjetividad, crisis, descomposición y recomposición de los vínculos (2002)”. En “Hegemonía y emancipación. Fábricas recuperadas, movimientos sociales y poder bolivariano”. Edic. Milenio Libre. Caracas 2006. Págs.: 112-115.

[37] Max Beer: “Historia general del socialismo y de las luchas sociales”. Edic. Siglo Veinte. Buenos Aires. 1973.

[38] Jean Chesneaux: “Las tradiciones igualitarias y utópicas en Oriente”. En “Historia General del Socialismo”. Edic. Destino. Barcelona 1976. Vol. I Págs.: 27-53.

[39] Bai Shouyi (Coord.): “Breve Historia de China. Desde la antigüedad hasta 1919”. Edic. Lenguas Extranjeras. Beijing 1984. Pág.:259.

[40] V. Zagladin (coord.):: “El movimiento obrero internacional”. Edit. Progreso. Moscú 1982. T. 2. Pág.: 517.

[41] V. Zagladin (coord.): “El movimiento obrero internacional”. Ops. Cit.. T. 3. Págs.: 480-484.

[42] I. Kriveliov: “Cristo: ¿Mito o realidad?”. AC de la URSS. Moscú 1986. Págs.: 6-70.

[43] Karl Kautsky: “Orígenes y fundamentos del cristianismo”. Edit. Latina. Págs.: 293 y ss.

[44] Franco Velásquez: “Protestantismo y poder político”. MIR. 2008. Págs.: 19-42.

[45] Norman Cohn: “En pos del Milenio”. Alianza Universal. Madrid 1981. Págs.: 186 y ss.

[46] Norman Cohn: “En pos del Milenio”. Ops. Cit. Pägs.: 198 y ss.

[47] Ramiro Guerra y Sánchez: “Manual de historia de Cuba”. Editorial Pueblo y Educación. La Habana 1985. Pág.: 7.

[48] Es mucha la bibliografía sobre las crecientes resistencias de los pueblos originarios contra el imperialismo, y muchas de ellas realizadas por pueblos que pertenecieron a sociedades, Estados e imperios que podemos incluir en lo que Marx definió como “sistemas nacionales de producción precapitalista”. Sólo como ejemplo de esta bibliografía abundante, y sin entrar en polémicas, citamos a Hugo Blanco: “Lucha indígena: en defensa de la Madre Tierra y de su organización colectivista”, en www.kaosenlared.net 9-11-2010; también: Anna Baltzer: “Resistencia indígena, desde Colombia hasta Palestina”, en www.rebelion.org 20-09-2010

[49] Jesús María Herrera Salas: “El negro Miguel y la primera revolución venezolana”. Vadell Hermanos. Venezuela 2003. Págs.: 71-93.

[50] Leoncio Cabrero Fernández: “Las culturas de la América austral”. En Historia de la Humanidad. Arlanza Ediciones. Madrid 2000. Tomo 21. Pág.: 49.

[51] Pacho O’Donnell: “El Rey Blanco. La historia argentina que no nos contaron”. Debolsillo. Buenos Aires 2004. Págs.: 125-127.

[52] Pacho O’Donnell: “El Rey Blanco…”. Ops. Cit. Pág.: 186.

[53] Sergio Guerra Vilaboy: “Breve historia de América Latina”. Ciencias Sociales. La Habana 2006. Pág.: 77.

[54] Pacho O’Donnell: “El Rey Blanco…”. Ops. Cit. Pág.: 205.

[55] Alberto Acosta: “El Buen Vivir en el camino del post desarrollo. Una lectura desde la Constitución de Montecristi”. Fundación Friedrich Ebert Ecuador. Octubre 2010

[56] Entrevista a Felipe Quispe “El Mallku”. www.kaosenlared.net 05.09-2009

[57] Katu Arkonada: “Debate del Buen Vivir, una solución a la crisis de la civilización moderna”. www.rebelion.org 07-04-2010, y Eduardo Gudynas: “Buen Vivir, un necesario relanzamiento”. www.rebelion.org 16-12-2010

[58] Iñaki Gil de San Vicente: “¿Qué marxismo para las Américas? Del Bicentenario a la Segunda Independencia”. Euskal Herria 16-10-2010 A libre disposición en Internet.

[59] Martín Juárez: “La Comuna de Oaxaca: un primer ensayo revolucionario”. Rev. Estrategia Internacional. Nº 23. año XIV, diciembre 2006-

[60] La Cooperativa: “Historia del cooperativismo”. www.serviccop.com

[61] Guillermo Cieza: “Borradores sobre la lucha popular y la organización”.Manuel Suárez Editor. Avellaneda. Argentina 2006. Págs.: 152.

[62] François Houtart: “Deslegitimar el capitalismo. Reconstruir la esperanza”. Edit. El perro y la rana. Caracas 2007. Págs.: 221 y ss.

[63] François Bedarida: “El socialismo inglés de 1848 a 1875”. En “Historia General del Socialismo”. Edit. Destino. Barcelona 1976. Vol. I. Págs.: 555-561.

[64]V. Zagladin (coord.): “El movimiento obrero internacional” Edit. Progreso. Moscú 1982. T. 2. Págs.: 458-459.

[65] Sadie Robinson: “La ocupación de la fábrica de automóviles de Flint: un ejemplo para hoy”. www.enlacesocialista.org 1 de septiembre de 2009

[66] Lenin demuestra que: “la única revolución consecuentemente democrática respecto a cuestiones como las del matrimonio, el divorcio y la situación de los hijos naturales es, precisamente, la revolución bolchevique. Y ésta es una cuestión que atañe del modo más directo a los intereses de más de la mitad de la población de cualquier país. Sólo la revolución bolchevique por primera vez, a pesar de la infinidad de revoluciones burguesas que la precedieron y que se llamaban democrática, ha llevado a cabo una lucha decidida en dicho sentido, tanto contra la reacción y el feudalismo como contra la hipocresía habitual de las clases pudientes y gobernantes”. En: “El significado del materialismo militante”, Obras Completas, Edit. Progreso, Moscú 1984, t. 45, Pág.: 33

[67] Susan Faludi: “Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna”, Anagrama, Barcelona 1993, Págs.: 95 y ss.

[68] Celeste Murillo: “Fábrica ocupada en Chicago”. www.ft-ci.org 12 de diciembre de 2008

[69] La historia de la lucha de clases en EEUU es una de las más silenciadas y falsificadas de todo el mundo. Sin embargo, disponemos de estudios muy buenos que muestran que en las décadas de 1960-1970 las clases y naciones explotadas, los movimientos sociales y culturales, las mujeres, las reivindicaciones de todo tipo, fueron muy potentes: Howard Zinn “La otra historia de los Estados Unidos”. HIRU, Hondarribia 1997. Págs.: 452-501. Rafael San Martin: “Biografía del Tío Sam”. Ciencias Sociales. La Habana 2006. T. II. Págs.: 312 y ss. Ya desde comienzos de la década de 1960 la burguesía yanqui era consciente de que tenía que contraatacar con más fuerzas que la simple “caza de brujas” anticomunista, y la Administración Kennedy elaboró el Infome Iron Mountain, que tenía antecedentes similares aunque no tan estratégicos. Desde aquí, la burguesía yanque multiplicó sus medidas autoritarias y antipopulares que dieron un salto con la Administración Reagan y las posteriores.

[70] Naomi Klein: “La doctrina del Shock”. Páidós. Barcelona 2007. Páhs.: 604-605.

[71] I. Garcia-Perrotes Escartin: “La huelga con ocupación de lugar de trabajo”. Akal. Madrid 1981 Págs.: 13-65.

[72] Delicque, Moser y Féliz: “¿Combatiendo al capital? El caso de la recuperación de una empresa por sus trabajadores en Argentina”. www.cubasigloxxi.org mayo 2004

[73] Julio C. Gambina: “Crisis capitalista y desafíos para el cooperativismo”. www.cubasigloxxi.org Nº XCVII Diciembre 2009

[74] Omar Moretti: “Aumentan las fábricas recuperadas por sus trabajadores”. www.rebelion.org 23-07-2009. Moretti se centra en la Argentina, país en el que la autogestión, la recuperación, el cooperativismo obrero, etc., habían resurgido con enorme durante la crisis de 2002, ascenso que no analizamos aquí por ser suficientemente conocido.

[75] Pere Rusiñol: “La crisis económica resucita la toma de fábricas”. www.rebelion.org 08-11-2009. El autor dedica especial atención a la formación de cooperativas.

[76] Enric Duran: “Cooperativismo: Ataque frontal al control del estado”. www.kaosenlared.net 11-08-2010

[77] OIT: “Cooperativas: más resistentes a la crisis”. www.kaosenlared.nert 01-09-2010

[78] Jorge Marchini: “En la crisis argentina, economía y trueque”. www.lafogata.org 7 de noviembre de 2002.

[79] Miguel Ángel Hernández Arvelo: “De nuevo sobre las cooperativas y la lucha por el socialismo”. www.aporrea.net 6-noviembre-2003

[80] El Trocódromo: “¿Cómo funciona una cooperativa de trueque?” www.rebelion.org 23-11-2005

[81] Iñaki Gil de San Vicente: “Emancipación personal, solidaridad y revolución”, a libre disposición en Internet

[82] Juan Kornblihtt: “Profetas de la autoexploración. Los límites de los micro-emprendimientos, las pymes y otras yerbas por el estilo”. En “Contra la cultura del trabajo”. Edic. RYR. Buenos Aires 2007. Págs.: 187-201.

[83] Ignacio Ramonet: “Arrebato social en Francia”, www.rebelion.org 05-11-2010. Véase también: Danièle Cobet; “Huelgas obreras: elementos para un primer balance y propuesta para un programa de acción”. Rev. Estrategia Internacional Nº 26. Marzo 2010. Págs.: 89-95.

[84] Glen Rikowski: “Combustible para el fuego vivo: ¡la fuerza de trabajo!”. En “El trabajo en debate”. Edic. Herramienta. Buenos Aires. 2009. Págs.: 215-241.

[85] Patricia Collado: “Trabajo y trabajadores. Los lugares sociales desde los cuales el trabajo resiste al capital”. Revista Herramienta. Buenos Aires. Nº 44 Junio de 2010. Págs.: 89-104.

[86] G. Ferreira, M.B. Sopransi y D. Contartese: “Desbordando la categoría trabajo desde los movimientos sociales”. Revista Herramienta. Buenos Aires. Nº 44 Junio de 2010. Págs.: 142-143.

[87] Atilio A. Boron: “Poder, “Contrapoder” y “Antipoder”. En “Contra y más allá del capital”. Edic. Milenio Libre. Caracas 2006. Pág.: 163.

[88] Roberto Massari: “Teorías de la autogestión”. Edit. Zero-Zyx Barcelona 1977. Págs.: 15-35.

[89] François Badarida: “El socialismo utópico en las primeras etapas de la era industrial”. En Historia General del Socialismo. Edc. Destino. Barcelona 1976. Vol. I. Págs.: 273-287.

[90] Ivon Bourdet: “Teoría y práctica de la autogestión”. El Cid Editor. Caracas 1978. Págs.: 49-77.

[91] Victor Alba: “Los colectivizadores”. Laertes. Barcelona 2001. Pág.: 171.

[92] AA.VV: “La autogestión a debate”. Edicions 7×7. Barcelona 1976. Pág.: 58.

[93] Ratgeb: “De la huelga salvaje a la autogestión revolucionaria”, Anagrama. Barcelona 1973. Págs.: 83-85.

[94] Mihailo Markovic: “Autogestión”. En “Diccionario de pensamiento marxista”. Edit. Tecnos. Madrid 1984. Pág.: 58.

[95] Pierre Broué: “Revolución en Alemania”, Col. Betacinco. Barcelona 1973. T. I. Págs.: 209-224

[96] CODM: “Consejos de fábrica, consejos de zona y sindicatos en Italia”. Materiales Cedos. Barcelona 1978. Págs.: 7-12.

[97] Mario Moretti: “Brigadas rojas”. Akal. Madrid 2002. Pág.: 84

[98] Alessandro De Giorgi: “Tolerancia cero”. Edit. Virus. Barcelona 2005. Págs.: 138 y ss.

[99] Fernando Aiziczon: “Expropiar Zenón”. Rev. Herramienta. Buenos Aires. Nº 42. Octubre 2009

[100] Laura Meyer: “Investigación y praxis de los movimientos de resistencia”. En “Hegemonía y emancipación”. Ops. Cit. Págs.: 210-217.

[101] Laura Meyer: “Un análisis y un debate acerca de las ocupaciones de fábrica”. En Rev. Lucha de Clases Nº 2 Abril 2004.

[102] Ernest Bloch: “El principio esperanza”. Edit. Aguilar. Madrid 1979. T. II. Pág.: 189.

[103] Ernest Bloch: “El principio esperanza”. Ops. Cit. T.II. Pág.: 191.

[104] Ernest Bloch: “El principio esperanza”. Ops. Cit. T.II. Pág.: 192.

[105] Ernest Bloch: “El principio esperanza”. Ops. Cit. T.II. Pág.: 193.

[106] AA.VV: “Grissinopoll: ¿Fábrica recuperada y nuevo espacio de socialidad?. En “Hegemonía y emancipación”. Ops. Cit. Pág.: 251.

[107] Lenin: “Nuestra revolución”. Obras Completas. Edit. Progreso. Moscú 1987. T. 45. Págs.: 394-398.

[108] Carlos Lanz Rodríguez (Recop.): “Antecedentes teóricos e históricos de un debate inconcluso. Consejo de Fábricas, Construcción del Socialismo, Control Obrero, Cooperativismo, Nacionalización, Autogestión, Producción socialista… “. www.aporrea.net 01-02-2007

[109] Jabier Lertxundi: “Cooperativismo socialista en Cuba”. www.rebelion.org 5-enero-2002. La lectura de este texto debe permitirnos valorar las novedades y cambios acaecidos en estos años.

[110] Michael Lebowitz: “Lecciones de la autogestión yugoslava”. “Ponencia presentada en el panel cerca del movimiento sindical en el Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana en Caracas, Venezuela, 14 de abril de 2004”.

[111] Catherine Samary: “La autogestión yugoslava. Por una apropiación plural de los balances. Contra un entierro programado”. www.vientosur.info febrero 2010.

[112] A. Mendizabal y Anjel Errasti: “Premisas teóricas de la autogestión”. XI Jornadas de Economía Crítica. Bilbao Mayo 2008. Pág.: 11

[113] Adital: “Control Obrero y fortalecimiento del Movimiento de Fábricas Ocupadas en Brasil”. www.lahaine.org 9-08-2010

[114] Sergio Gil: “El Poder Popular, las Comunas y el Socialismo Bolivariano”. www.rebelion.org 28-06-2010

[115] Alexis Adarfio Marín: “Enemigos del control obrero”. www.aporrea.net 27-06-2010

[116] Gabriel Kessler: “El sentimiento de inseguridad”. Siglo XXI Argentina 2009. Págs.: 105-139.

[117] Erich Fromm: “El miedo a la libertad”.Planeta-Agostini, Barcelona 1985, Págs.: 128 y ss.

[118] William F. Stone: “Manipulación del terror y autoritarismo”, en Psicología Política, Valencia, Nº 23, 2001, Pág.: 8.

[119] Carlos Lanz Rodríguez: “Las operaciones de “The Rendon Group” centradas en la criminalización del Comandante Chávez”, VII Cumbre Social por la Unión Latinoamericana y Caribeña, Caracas 2008, Pág.: 13.

[120] Xosé Estévez: “Del hierro al roble”, en Historia de Euskal Herria, Txalaparta, Tafalla 1996, Tomo II Pág.: 213

[121] István Mészáros ha planteado reflexiones muy enriquecedoras sobre la necesidad de avanzar más allá de la lógica del capital para empezar a construir otra realidad siquiera en el nivel teórico pero también ene l práctico, en la medida de lo posible. Véase “El desafío y la carga del tiempo histórico” Vadell Hermanos. Venezuela 2008. Págs.: 108-206.; y en general “La educación más allá del capital”. Siglo XXI. Argentina 2008, y sobre todo “Más allá del capital”. Vadell Hermanos. Caracas. Venezuela 2001.

[122] Lenin: “Más vale poco y bueno”. Obras Completas. Ops. Cit. T. 45. Págs.: 405 y ss.

[123] Samir Amin: “Elogio del socialismo”. Edit. Anagrama. Barcelona 1978. Pág.: 6.

[124] Camila Piñero Harnecker: “Riesgos de expansión de empresas no estatales en la economía cubana y recomendaciones para evitarlos”. www.lahaine.org 26-11-2010

[125] Ernest Mandel: “El poder y el dinero”. Siglo XXI. México 1994. Págs.: 277-365.

[126] Lluís Rodríguez: “¿Decrecimiento o planificación económica con producción socialmente útil? www.lahaine.org 19-11-2010. David LListar: ¿Decrecimiento en el Sur?” Rev. Ecologista Nº 65. Verano 2010. Lucha Internacionalista: “¿Decrecimiento o revolución?” www.luchainternacionalista.org Iñaki Gil de San Vicente: “Socialismo ecologista antiimperialista: ¿ecologismo progre, ecosocialismo, decrecimiento?” 7-04-2010, a libre disposición en Internet

[127] Melanie Belanger: “En una sociedad de productores libremente asociados el ecocentrismo se impondría naturalmente”. www.rebelion.org 17-09-2010

[128] John Bellamy Foster: “Hace falta una revolución ecológica”. www.lahaine.org 24-10-2010

La filosofía de la praxis hoy

Néstor Kohan (Entrevista de la revista «La llamarada»)

15.Ago.12 :: Cultura de la rebelión

La mejor alternativa al capitalismo y la más abarcadora de todas —porque no deja a ningún movimiento social afuera e integra todas las rebeldías— es la teoría del marxismo y el proyecto político socialista-comunista.

* ¿Cómo ves el mundo contemporáneo? ¿Existe una alternativa actual al capitalismo?

En nuestra opinión, hoy en día el mercado capitalista y el “american way of life” (modo de vida norteamericano) se han impuesto y generalizado de manera brutal a escala planetaria. A pesar de la crisis aguda (todavía peor que la de 1929) que hiere al capitalismo en sus entrañas, sus propagandistas lo presentan en los medios de comunicación como el único modo de vida posible. En ese contexto, se torna más necesario que nunca repensar una alternativa para los pueblos oprimidos, para la juventud rebelde, para la clase trabajadora que resiste, en todo el mundo, pero en particular en Nuestra América. La mejor alternativa, la más viable, la más posible, la más deseable, la más potente y además la más abarcadora de todas —porque no deja a ningún movimiento social afuera e integra todas las rebeldías en un mismo arco iris anticapitalista— es la teoría del marxismo y el proyecto político socialista-comunista. No es la única alternativa, hay otras, pero en su gran mayoría, las demás son rebeldías de corto alcance, de mirada miope, de radio restringido (porque por lo general suelen dar cuenta únicamente de un tipo específico de dominación, sin mirar ni abarcar al conjunto del sistema capitalista como una totalidad). Esas otras alternativas, aunque justas y necesarias, sin embargo suelen carecer de la capacidad teórica y del proyecto político de largo alcance, estratégico, para aglutinar al conjunto de clases, capas, segmentos y movimientos sociales de los oprimidos contra la totalidad del sistema capitalista. El marxismo, en cambio, sin desconocerlas ni darles la espalda, las integra, incorpora sus reclamos, permite articularlas dentro de un horizonte mucho más radical, más ambicioso, más profundo y con un grado de solidez teórica que las demás no tienen. Por eso, en nuestra opinión, todavía no ha nacido una teoría del mismo nivel de comprensión y de la misma capacidad crítica y política del marxismo —entendido como filosofía de la praxis— que pueda llegar, quizás, a reemplazarlo o a superarlo.

* ¿A qué nos referimos cuando hablamos de filosofía de la praxis?

El marxismo entendido como filosofía de la praxis hace referencia a una visión política e histórica de su filosofía, es decir, una concepción del mundo y de la vida que no se restringe a un conjunto de textos para consumo universitario o un simple recetario de índole “doctrinario” con su paquete cerrado y clausurado de preguntas y respuestas, de citas permitidas y autoridades consagradas (por lo general europeas).
La filosofía marxista de la praxis ha aspirado históricamente a descentrar la filosofía, a hacerla girar sobre sus propios pies, a sacarla de su cómodo lugar (en el cual discute consigo misma sin “contaminarse” con las luchas y conflictos sociales) invitándola a buscar un sujeto social y político colectivo que pueda realizar sus sueños, proyectos y programas de emancipación. Esa aspiración le ha valido el desprecio, la sorna o la ironía de los profesores de filosofía y de toda la Academia en general ya que el marxismo resulta siempre incómodo, políticamente incorrecto y sumamente molesto. Para decirlo con una expresión sencilla y popular: el marxismo jode. No se deja encasillar en los moldes del saber universitario, en las “carreras” y en sus parcelas. El marxismo entendido como filosofía de la praxis no es “filosofía” en sentido estricto, como tampoco es “economía”, “sociología”, “historia”, “ciencia política” ni “antropología”. No es nada de eso en particular y es todo eso al mismo tiempo, superando cada uno de esos saberes cristalizados, segmentados y parcelados, convertidos en “disciplinas” supuestamente autónomas.

Al no aceptar la parcelación universitaria del saber en “factores” inconexos y aislados, el marxismo entendido como filosofía de la praxis provoca y molesta a las distintas corporaciones académicas. Le “falta el respeto” a lo ya consagrado y se vuelve un insecto molesto para todos los que pretenden monopolizar el saber según las normas y rituales del sistema de dominación.

Al emprender esa tarea, la filosofía de la praxis realiza una terrenalización de la filosofía marxista, desanudando cualquier posible lazo con las metafísicas tradicionales que tan bien calzaban en las parcelas universitarias (el “materialismo dialéctico” como saber para la disciplina filosófica, el “materialismo histórico” como teoría sociológica, la “economía marxista” como conjunto de leyes apropiadas para la disciplina económica y así de seguido…).

En realidad, el marxismo entendido como proyecto político de hegemonía socialista, concepción materialista de la historia, filosofía de la praxis y teoría crítica de la sociedad capitalista no se adapta a los saberes parcelados ni intenta acoplarse a supuestas disciplinas autónomas, separadas entre sí, despolitizadas y deshistorizadas, falsamente universales (en realidad totalmente impregnadas de eurocentrismo por sus categorías, por su objeto de estudio, por las únicas “autoridades” que se suelen usar como referencia, etc).

En ese sentido esta concepción de la filosofía de la praxis se desmarca de una manera tradicional de comprender el marxismo como “doctrina” universalizante, sin raíces propias, sin referencias concretas a nuestra historia, a nuestra tradición y a nuestra identidad colectiva como pueblos en lucha contra el colonialismo, el imperialismo y la dominación capitalista.

* ¿Qué vínculo establecería la filosofía de la praxis entre la teoría y la práctica?

Mucho se ha debatido sobre esta pregunta. Cientos de libros se han escrito al respecto. Me animaría a trazar dos analogías para responderla de manera no trillada ni repetir lugares comunes.

(a) ¿Qué vínculo hay entre “la gran teología” que manejaron siempre los intelectuales del Vaticano y el catecismo de un cura de un barrio de un país periférico?

(b) ¿Qué relación se podría establecer entre “la filosofía seria” que se enseña en la alta Academia y los libros populares de autoayuda que circulan en los shoppings?

En ambos casos, (a) y (b), se produce un proceso de terrenalización y mundanización de los planteos teóricos. Con el cura del barrio, en un plano, y con los manuales de autoayuda, en el otro, los grandes planteos metafísicos “bajan a la Tierra”, adoptan un lenguaje comprensible y popular, dejan de ser simples relatos teóricos para convertirse en normas de conducta práctica a seguir en la vida cotidiana. La metafísica (laica o religiosa) se transforma de este modo secular en ética y política orientando a las personas en el día a día.

Con el marxismo sucede algo similar. La filosofía de la praxis descentra la concepción materialista dialéctica tradicional (que generalmente discute sobre cosmología, dejando a un lado los problemas de la vida humana como si fueran secundarios bajo la errónea acusación de “subjetivismo” o incluso de “idealismo”) para terrenalizarla, desplazándola del ámbito de la especulación ahistórica, trayéndola al mundo de la vida social y de la praxis histórica revolucionaria de los pueblos oprimidos y las clases explotadas en lucha. La filosofía de la praxis de algún modo integra “la gran teoría” con las normas prácticas de vida en la cotidianeidad. En esa analogía, sería la síntesis entre la teología más refinada y abstracta del Vaticano y las normas de conducta práctica que un cura de barrio promueve entre la juventud de una parroquia de un país periférico.

Siguiendo con esa analogía, aunque comparte la terrenalización del pensamiento, una de las principales diferencias entre la filosofía marxista de la praxis, por un lado, y las concepciones del catecismo que maneja un cura de un barrio y los manuales de autoayuda, por el otro, reside en que la filosofía de la praxis no sólo cuestiona la vulgarización de las grandes concepciones del mundo que realizan los catecismos y los manuales de autoayuda. Además, la filosofía marxista de la praxis apunta a romper con las jerarquías entre la filosofía para la elite y la filosofía para las masas, tan característica de la teología por un lado y el catecismo por el otro, o entre las metafísicas universitarias, por un lado, y la autoayuda popular, por el otro. La filosofía de la praxis apunta sus cañones contra las jerarquías que separan a “los que saben” de “los que no saben”. En lugar de reforzar esa asimetría (tan característica de la Iglesia oficial del Vaticano o de la Academia universitaria) tiende a disolverla, socializando el saber y terminando con el reinado elitista de los “médicos brujos”, es decir, con el repugnante monopolio del saber en pocas manos y cerebros que presupone una escisión entre la teoría y la práctica, entre el cerebro y la mano, entre el alma y el cuerpo.

Otra diferencia importante se encuentra en que, a diferencia del catecismo y la autoayuda, la filosofía marxista de la praxis aspira a cambiar de raíz el mundo con un trabajo paciente, militante y a largo plazo. De este modo elude el tramposo atajo de las soluciones mágicas que proporcionan la falsa promesa de una felicidad inmediata, tan típica de la autoayuda, y tan característica de la obediencia a las instituciones (eclesiásticas, pero no sólo ellas) en las que el catecismo popular educa a los chicos y jóvenes.

* ¿Cuáles son las principales polémicas con otras concepciones del marxismo, como la del DIAMAT?

La filosofía marxista de la praxis no sólo polemiza y discute al interior del marxismo. Sus principales polémicas se desarrollan contra las visiones apologéticas del capitalismo, es decir, contra la derecha. Esta corriente de pensamiento critica y cuestiona desde las versiones universitarias más refinadas del posmodernismo, posestructuralismo, posmarxismo, positivismo, etc, hasta las versiones más rudimentarias de la autoayuda o el catecismo, como anteriormente te comentaba.

En nuestra opinión, la polémica con la derecha es el principal ámbito de combate teórico de la filosofía marxista de la praxis. Pero sus discusiones también tienen efecto al interior de la teoría revolucionaria y el campo popular.

La filosofía marxista de la praxis nace, precisamente, durante el siglo 19, en polémica con el materialismo ilustrado heredero de la revolución francesa de 1789 y con el idealismo de los filósofos alemanes simpatizantes de la revolución burguesa. Esas son sus primeras polémicas históricas. También polemizó con la visión metafísica de los economistas burgueses (tanto de los economistas científicos, que buscaban la verdad aunque no la podían encontrar por sus límites de clase, como de los economistas chantas, que Marx denominaba vulgares, ajenos a la búsqueda de la verdad y de la ciencia). Y al mismo tiempo polemizó con el socialismo “autogestionario” y “cooperativo” que creía ingenuamente que se podían construir islas socialistas dentro del océano capitalista, es decir, cooperativas autónomas comunistas sin trastocar el conjunto de las relaciones sociales de producción capitalistas. Por otra parte, polemizó con la vertiente gradualista y reformista que creía llegar al socialismo con créditos del Estado y con el apoyo de los gobiernos. ¡Muchas polémicas al mismo tiempo! Así nació el socialismo y el comunismo contemporáneo, en medio de debates y polémicas. Con el correr del tiempo, ya cerca del siglo 20, el marxismo desarrolló muchas otras polémicas (con la variada familia del positivismo, con el neokantismo, con distintas variantes del irracionalismo, etc). Es recién con el advenimiento del stalinismo (alrededor de 1930) cuando la filosofía marxista de la praxis discute al interior del marxismo con la versión filosófica oficial que se intentó elaborar en la Unión Soviética durante la época de Stalin (corriente bautizada, por sus inspiradores soviéticos, con el término DIAMAT que resumía el materialismo dialéctico). Recién entonces la filosofía marxista de la praxis arremete en toda la línea contra el evolucionismo, el etapismo, el economicismo y su principal fundamento filosófico, el llamado DIAMAT. Tampoco se detuvo ahí. Creemos que hoy, en el año 2012, la principal polémica teórica de la filosofía marxista de la praxis no es contra el DIAMAT en el cual ya casi nadie cree y expresa escasa circulación entre las organizaciones de izquierda. Hoy la principal tarea, ya no frente a la derecha sino al interior del propio campo popular, consiste en discutir con los derivados políticos del posmodernismo y el posestructuralismo (ambos de origen estrictamente europeo, principalmente francés) que en Argentina suelen adoptar el nombre más simpático y el envoltorio menos chocante de “autonomismo”.

* ¿Quiénes han sido los principales exponentes de la filosofía marxista de la praxis?

La lista es demasiado larga… En primer lugar, obviamente, los fundadores de esta tradición: Marx y Engels. Luego de ellos el italiano Antonio Labriola, Lenin, Trotsky, Rubin y Lunacharsky en Rusia, la judía polaca Rosa Luxemburg, Mehring en Alemania, Lukács en Hungría, Gramsci en Italia, Mariátegui en Perú, el Che Guevara en toda América Latina, Sánchez Vázquez en México, Henri Lefebvre en Francia, Karel Kosik y Jindřich Zelený en Checoslovaquia, Löwy, Konder y Coutinho en Brasil, entre muchísimas otras y otros pensadores (imposible nombrarlos a todos y recorrer todos los países). Pero si partimos de la hipótesis de que esta concepción no es sólo teórica, sino también práctica, me animaría a incluir en esa enumeración de ningún modo exhaustiva a todos y todas las militantes del marxismo revolucionario de Nuestra América y del mundo, hayan escrito o no grandes obras marxistas. ¿O nuestro Mario Roberto Santucho —sin una obra escrita comparable a Historia y conciencia de clase de Lukács o a los Cuadernos de la cárcel de Gramsci—, por su concepción política y por como la llevó a cabo, no perteneció acaso a esta tradición del marxismo revolucionario?

* ¿Cómo se desarrolló esta concepción en América Latina?

De manera desigual, accidentada y siempre sometida a un continente explosivo, marcado a fuego por los genocidios, las dictaduras militares y numerosas revoluciones, desde la mexicana y la boliviana hasta la cubana y la nicaragüense, ente muchas otras, triunfantes o fallidas. De todos nuestros pensadores marxistas sin duda el peruano Mariátegui fue el más original, acompañado por el combativo joven Julio Antonio Mella en Cuba, el salvadoreño Farabundo Martí y el erudito argentino Aníbal Ponce o el gran dirigente cordobés de la Reforma Universitaria Deodoro Roca. Años más tarde, esta concepción creadora del marxismo alcanzó su cenit con la obra, el pensamiento y la práctica política del Che Guevara y toda la corriente que en él se inspira. Corriente que no quedó sepultada en los años ’60. La insurgencia continúa hoy, en pleno siglo 21, batallando en Colombia con las FARC-EP y en varios otros países, desafiando dogmas y modas universitarias, grandes “analistas” mediáticos e inclusive pretendidos marxólogos que de manera triste, gris y mediocre citan palabritas sueltas de Marx… para oponerse a las rebeliones populares y a las insurgencias contemporáneas. Creo que esta concepción del marxismo ha sido tan rica y productiva que generó diversas creaciones originales de Nuestra América, desde la teoría marxista de la dependencia con Ruy Mauro Marini hasta la teología de la liberación, pasando por la pedagogía del oprimido de Paulo Freire entre muchos otros y otras.

* ¿Qué lecturas sugerís para iniciarse en el estudio de esta concepción?

En primer lugar leer al Che: “¿Qué debe ser un joven comunista?”, texto formidable… “El socialismo y el hombre en Cuba” y el “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, también del Che. Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana de Mariátegui; Humanismo burgués y humanismo proletario de Ponce, Poder burgués y poder revolucionario de Santucho, el Cuaderno Nº 11 de los Cuadernos de la cárcel de Gramsci, las Tesis sobre Feuerbach de Marx, el ¿Qué hacer? de Lenin; “La cosificación y la conciencia el proletariado” de Lukács… Pero también sugeriría leer a Mariano Moreno y a Simón Bolívar, conocer la historia de San Martín, Artigas y Toussaint-Louverture, conseguir la novela El recurso del método de Alejo Carpentier, mirar y discutir películas como Queimada, Los traidores, entre muchas otras…

* ¿Cuáles son las tareas que desde la izquierda deberíamos encarar para reactualizar y darle vida a esta tradición?

No tengo la bola de cristal ni me siento un profeta. Sólo tengo opiniones y ni siquiera sé si son válidas. Hay que acabar con la ingenuidad de creer que la gente que escribió o leyó libros “tiene la precisa”, aferró la verdad con sus dedos y tuvo acceso al futuro. No es así. Basta de “médicos brujos”. Simplemente pienso y siento que debemos darles la espalda a quienes nos quieren convencer que el guevarismo es algo “viejo” y “pasado de moda”, que la estrategia para la toma del poder es “autoritaria” y “vanguardista”, que para defender las luchas sociales y los movimientos de la base hay que abandonar la construcción de organizaciones que vayan más allá de las reivindicaciones del día a día. No tenemos la receta infalible (el que dice que la tiene sencillamente miente) pero sabemos que debemos mirar más a América Latina, como nos enseñó Mariátegui. Pero no sólo a las experiencias institucionales (Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia) o a los movimientos sociales (Sin Tierra de Brasil, comunidades indígenas de Chiapas, etc.). Hay que mirar Nuestra América, sí, pero en forma completa…, sin olvidarnos tampoco de la insurgencia comunista que en Colombia hoy obliga a los yanquis a desplegar 7 nuevas bases militares para aplastar el sueño de la Patria Grande de Simón Bolívar y San Martín.

Los 10 mandatos para enfrentar el capitalismo y construir la cultura de la vida

By Equipo editorial APC – December 31, 2012

MANIFIESTO DE LA ISLA DEL SOL

10 MANDATOS PARA ENFRENTAR AL CAPITALISMO Y CONSTRUIR LA CULTURA DE LA VIDA

Copacabana-Isla del Sol, 21 de diciembre de 2012

El mundo está siendo azotado por una múltiple crisis global que se manifiesta en una crisis climática, financiera, alimentaria, energética, institucional, cultural, ética y espiritual. Esta crisis nos señala que estamos viviendo los últimos días del capitalismo y de un desenfrenado consumismo, de un modelo de sociedad donde el ser humano pretende ser superior a la Madre Tierra, convirtiendo a la naturaleza en objeto de su despiadado dominio depredador.

Los ideólogos del capitalismo plantean que ante la crisis del capitalismo la solución es:

Por un lado, más capitalismo, más privatización, más mercantilización, más consumismo, más explotación irracional y depredadora de los recursos naturales y más protección a las empresas y a las ganancias privadas.

Por otro lado, menos derechos sociales, menos salud pública, menos educación pública y gratuita, y menos protección de los derechos de las personas.

Hoy, las sociedades y los pueblos de los países desarrollados viven dramáticamente la crisis capitalista creada por su propio mercado. Los gobiernos capitalistas creen que salvar a los bancos es más importante que salvar a los seres humanos, y salvar a las empresas es más importante que salvar a las personas. En el sistema capitalista los bancos tienen derechos económicos privilegiados y gozan de una ciudadanía de primera, por lo que podemos decir que los bancos valen más que la vida. En este capitalismo salvaje las personas y los pueblos no son hermanos y hermanas, no son ciudadanos, no son seres humanos; las personas y los pueblos son deudores morosos, prestatarios, inquilinos y clientes; en resumen, si las personas no tienen dinero no son nada.

Vivimos el reino del color verde. Verde como los dólares son las políticas monetarias, verde como los dólares son las políticas de desarrollo, verde son las políticas de vivienda, verde son las políticas de desarrollo humano y las políticas ambientales. Por eso, ante un nuevo ciclo de crisis del sistema capitalista, sus ideólogos se han lanzado a promover la privatización de la naturaleza a través de la llamada economía verde o el capitalismo verde.

Sin embargo, las recetas de mercado, de liberalismo y de privatización, no hacen sino generar pobreza y exclusión, hambre y marginación. Las imágenes que deja en el mundo el capitalismo salvaje son tenebrosas:

a) Más de 850 millones de hambrientos en el mundo, casi 200 millones más que los que existían hace 30 años.

b) La esperanza de vida de los más pobres en el mundo sigue siendo la misma que en el año 1977, 44 años.

c) Aproximadamente 1.300 millones de personas viven en condición de pobreza.

d) Existen cerca de 230 millones de desempleados en el mundo, 40 millones más de desempleados que hace 30 años.

e) Los países desarrollados desperdician anualmente 700 millones de toneladas de alimentos, 3 veces más de lo que produce el África Subsahariana en un año.

La crisis global del capitalismo tiene las siguientes causas estructurales:

a) La acumulación y concentración de la riqueza en pocos países y en pequeños grupos sociales privilegiados.

b) La concentración de capital en la producción y comercialización de recursos y bienes de alta y rápida generación de riqueza.

c) La promoción del consumo social masivo y excesivo de productos con la creencia de que tener más es vivir mejor.

d) La producción masiva de productos desechables para enriquecer capitales que acrecientan la huella ecológica.

e) El excesivo e insostenible aprovechamiento productivo extractivo de recursos naturales renovables y no renovables con altos costos ambientales.

f) La concentración de capital en procesos de especulación financiera para generar ganancias rápidas y abundantes.

g) La concentración de conocimientos y tecnologías en los países ricos y en los grupos sociales más ricos y poderosos.

h) La promoción de prácticas financieras y esquemas productivos extractivos y comerciales que deterioran la economía y soberanía de los Estados, en particular de los países en vías de desarrollo, monopolizando el control de los recursos naturales y de sus ganancias.

i) La reducción del rol de los Estados a débiles reguladores, convirtiendo a los grandes inversores en patrones de casa ajena y a los Estados y pueblos en servidores o socios débiles con el mito de que la inversión extranjera lo puede resolver todo.

El capitalismo ha creado una civilización despilfarradora, consumista, excluyente, clientelista, generadora de opulencia y miseria. Este es el patrón de vida, producción y consumo que tenemos la necesidad imperiosa de transformar.

El planeta y la humanidad están en grave peligro de extinción. Los bosques están en peligro, la biodiversidad está en peligro, los ríos y los océanos están en peligro, la tierra está en peligro. Esta hermosa comunidad humana que habita nuestra Madre Tierra está en peligro debido a la crisis climática.

El Estado Plurinacional de Bolivia, haciéndose eco de la voz de los pueblos del mundo, asume una obligación ética con el planeta y propone la necesidad de que el ser humano recupere el sentido de unidad y pertenencia con la Madre Tierra.

Estamos en un momento crucial para la definición del futuro de nuestro planeta. En nuestras manos y en nuestras conciencias está la responsabilidad de acordar el camino que vamos a seguir para garantizar la erradicación de la pobreza y la redistribución de la riqueza así como la creación y fortalecimiento de nuestras condiciones sociales, materiales y espirituales para vivir en armonía y equilibrio con la naturaleza.

En este marco planteamos diez mandatos para enfrentar al capitalismo y construir la cultura de la vida:

1. EN LO POLITICO: REFUNDAR LA DEMOCRACIA Y LA POLITICA, EMPODERANDO A LOS POBRES Y SIRVIENDO A LOS PUEBLOS

El mundo está viviendo una crisis de los sistemas políticos porque éstos ya no representan a los pueblos. Estos sistemas son elitistas, excluyentes, gobernados por cúpulas oligárquicas con la visión de servir al bolsillo de unos pocos y no de servir al pueblo. Las llamadas democracias son el pretexto para entregar las riquezas naturales a manos del capital transnacional. En estas falsas democracias la política se ha convertido en un instrumento de lucro y no en una vocación de servicio. Todavía perviven formas anacrónicas de gobiernos que ya no responden a las demandas que tienen los pueblos del mundo. Debemos refundar la democracia, no queremos una democracia colonial donde los políticos son una clase aristócrata y no son militantes de la causa de los pobres.

La democracia no es viable si no empodera a los pobres, a los marginados, sino responde primero y ante todo a las necesidades de los más necesitados. No es democracia aquella en que unos pocos se hacen ricos y las mayorías se hacen pobres.

Refundar la democracia, refundar los Estados y refundar la política requiere entre otras las siguientes acciones:

1. Refundar los sistemas políticos dando sepultura a todas las formas de jerarquías, monarquías, oligarquías y de la anarquía del mercado y del capital. La democracia es el gobierno de los pueblos y no de los mercados.

2. Pasar de la democracia representativa en la que el poder está al servicio de los intereses de las élites y minorías a la democracia comunal donde no existen mayorías ni minorías sino más bien las decisiones se toman por consenso, y donde se impone la razón y no el voto.

3. Promover que la acción política se constituya en un completo y permanente servicio a la vida, que es a su vez un compromiso ético, humano y moral con nuestros pueblos, recuperando los códigos de nuestros ancestros: no robar, no mentir, no ser flojo ni ser adulón.

4. El servicio a la patria no puede confundirse con el servirse de la patria como si ésta fuera una empresa; los políticos no pueden emplear los instrumentos administrativos, jurídicos y económicos del Estado para sus intereses privados y personales.

5. El pueblo por intermedio de sus organizaciones sociales y comunitarias deben tomar el poder político construyendo nuevas formas estatales plurinacionales para permitir que nos gobernemos a nosotros mismos en el marco del mandar obedeciendo.

2. EN LO SOCIAL: MAS DERECHOS SOCIALES Y HUMANOS CONTRA LA MERCANTILIZACION DE LAS NECESIDADES HUMANAS

En el mundo todavía sigue existiendo una realidad insultante y abusiva que es la de las brechas que existen entre los ricos y los pobres. Esto se debe a una desigual distribución de los ingresos pero también a un acceso desigual a los servicios básicos. El capital y los mercados no resuelven la inequidad y la pobreza, solo privatizan los servicios y se lucran con las necesidades. Ya hemos vivido dramáticamente la privatización de los servicios básicos, en especial del agua

Para resolver las graves inequidades sociales es necesario emprender entre otras las siguientes acciones:

1. Avanzar en el reconocimiento, tanto en la legislación internacional como en las normativas nacionales, de los servicios básicos, agua, electricidad, comunicaciones y saneamiento básico, como derecho humano fundamental de todas las personas en todos los rincones del planeta.

2. En particular el agua debe constituirse en un derecho humano esencial de las personas porque aporta directamente al desarrollo de la vida de todos los seres del planeta y es un insumo fundamental para la movilización de todos los procesos productivos.

3. Conjuntamente con el reconocimiento de los servicios básicos como un derecho humano se debe avanzar en la nacionalización de estos servicios ya que las administraciones privadas marginan a la mayoría de la población de su acceso a estos servicios fundamentales para la vida de las personas al darles un valor económico inalcanzable para muchos.

4. Es una necesidad concentrar más recursos económicos en los estados y crear mecanismos de distribución de esta riqueza entre las regiones y la población más necesitada y vulnerable para eliminar en el mundo en los próximos años toda forma de pobreza social, material y espiritual a través de la democratización de la riqueza económica.

5. Es necesario desarrollar la formación de un nuevo ser humano integral que no sea materialista ni consumista y que esté siempre enfocado en la búsqueda del Vivir Bien con una profunda ética revolucionaria basada en la armonía y solidaridad, reconociendo que todos los pueblos del mundo conformamos una gran familia.

6. Debemos terminar con el monopolio transnacional de la industria farmacéutica y recuperar y fortalecer nuestros conocimientos y prácticas medicinales ancestrales y naturales.

3. EN LO CULTURAL Y ESPIRITUAL: DESCOLONIZAR NUESTROS PUEBLOS Y NUESTRAS CULTURAS PARA CONSTRUIR EL VIVIR BIEN

Estamos viviendo en una sociedad donde todo se globaliza y homogeneiza y donde las identidades culturales parecen ser parte de un pasado que todos quieren ignorar. Las culturas milenarias y ancestrales son marginadas de los procesos económicos y políticos y por lo mismo su fuerza y energía cultural y espiritual es despreciada. Esto nos ha llevado a una profunda deshumanización en el mundo y a la discriminación de una riqueza espiritual y cultural que puede darnos las fuerzas necesarias para detener la brutalidad del capitalismo. Para ello es necesario:

1. Descolonizarnos del racismo, fascismo y todo tipo de discriminación.

2. Descolonizarnos del mercantilismo, consumismo, del lujo, el egoísmo y la codicia para promover el Vivir Bien.

3. Recuperar los conocimientos y códigos de las culturas milenarias en el mundo para fortalecer la conciencia de las personas y las sociedades sobre la Madre Tierra, entendiendo de que es un ser vivo y sagrado y de que somos sus hijas e hijos y nos alimentamos de ella, respetando los ciclos de la naturaleza y entendiendo de que todo lo que existe es parte del equilibrio y de la armonía de la vida.

4. Donde existan múltiples culturas en los países es un imperativo promover la construcción de estados plurinacionales sustentados sobre un pluralismo social, económico, jurídico y cultural.

4. CON RESPECTO AL MEDIO AMBIENTE: POR LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA PARA VIVIR BIEN, CONTRA EL COLONIALISMO AMBIENTALISTA DE LA ECONOMIA VERDE

En los últimos años los ideólogos del sistema capitalista han promovido la “economía verde” como la salvación de este modelo de sociedad lo cual no significa más que la mercantilización de la naturaleza en el marco de un capitalismo verde. La economía verde es la economía de la muerte, porque en el marco de un proteccionismo de la naturaleza condena a muerte a los pueblos del mundo. Por lo mismo condenamos la economía verde como el nuevo colonialismo ambiental y capitalismo verde. Asimismo, nos preocupa la crisis climática del planeta ya que la comunidad humana que habita nuestra Madre Tierra está en inminente peligro debido a las consecuencias catastróficas de los desastres naturales en el mundo.

Para transformar el statu quo del sistema capitalista los pueblos del mundo deben impulsar las siguientes acciones:

1. Exigir a los países que han causado la crisis climática que cumplan con su responsabilidad histórica de pagar la deuda climática a los pueblos del sur reduciendo además drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero en el marco de compromisos internacionales vinculantes

2. Debemos implementar las políticas y acciones necesarias que prevengan y eviten el agotamiento de los recursos naturales asumiendo que la vida depende del sostenimiento de la capacidad de regeneración de los sistemas de vida de la Madre Tierra y del manejo integral y sustentable de sus componentes. Tenemos que tener siempre presente que el planeta puede vivir mejor sin los seres humanos pero los seres humanos no pueden vivir sin el planeta.

3. Este es el siglo de la batalla por el reconocimiento universal de los derechos de la Madre Tierra en todas las legislaciones, tratados y acuerdos nacionales e internacionales para que los seres humanos empecemos a vivir en armonía y equilibrio con la Pachamama.

4. Los países del mundo tenemos que impulsar de forma decidida y agresiva la no comercialización de las funciones ambientales y procesos naturales de la Madre Tierra así como el manejo integral y sustentable de sus componentes. No podemos vender a nuestra sagrada Madre Tierra mediante falsas ilusiones de que los mercados van a promover algún financiamiento para nuestros pueblos. Nuestros pueblos y la Madre Tierra no pueden venderse al capitalismo ni ahora ni nunca.

5. CON RESPECTO A LOS RECURSOS NATURALES: LA SOBERANIA SOBRE LOS RECURSOS NATURALES ES LA CONDICION PARA LA LIBERACION DE LA DOMINACION COLONIAL Y NEOLIBERAL Y PARA EL DESARROLLO INTEGRAL DE LOS PUEBLOS

En muchos países del mundo la principal fuente de riqueza económica se basa en el aprovechamiento de los recursos naturales. Sin embargo, en la mayoría de los países esta riqueza ha sido saqueada y apropiada por manos privadas y potencias transnacionales que se enriquecen a costa de los pueblos. Convocamos a los países a desarrollar las siguientes acciones con relación a los recursos naturales:

1. Impulsar en todos los países del mundo con recursos naturales estratégicos la puesta en marcha de procesos de nacionalización. Solamente a través de esta nacionalización se puede quebrar los procesos de colonialismo económico y garantizar el fortalecimiento del Estado con recursos económicos que a su vez permitan beneficiar a las mayorías sociales de los pueblos en vez de beneficiar a sus elites políticas y económicas.

2. Desarrollar procesos de industrialización de estos recursos naturales teniendo siempre presente la protección y el respeto a los derechos de la Madre Tierra.

6. CON RELACION A LA SOBERANIA ALIMENTARIA: SABER ALIMENTARSE PARA VIVIR BIEN IMPULSANDO EL LOGRO DE LA SOBERANIA ALIMENTARIA Y EL DERECHO HUMANO A LA ALIMENTACION

La discusión sobre los temas de la seguridad alimentaria se ha realizado en el mundo desde diferentes perspectivas y enfoques como el de la seguridad alimentaria, soberanía alimentaria y el derecho humano a la alimentación. La alimentación es una parte central en la vida de las personas y en el logro del Vivir Bien y por lo mismo los Estados y los pueblos deben promover un conjunto de acciones para:

1. Avanzar en la construcción del “Saber Alimentarse para Vivir Bien” recuperando los saberes alimenticios y tecnologías productivas alimenticias comunitarias, donde los alimentos son medicina y parte de nuestra identidad cultural.

2. Cada país debe buscar garantizar los alimentos básicos que consume su población a través del fortalecimiento de los sistemas económicos, productivos, sociales, culturales, políticos y ecológicos de los productores rurales, con énfasis en la agricultura familiar comunitaria.

3. Protección de la población respecto de la malnutrición con énfasis en el control de la comercialización de alimentos que dañan la salud humana.

4. Sanciones a la especulación financiera basada en la producción y comercialización de alimentos.

7. CON RESPECTO A LA INTEGRACION Y RELACIONES INTERNACIONALES: LA ALIANZA DE LOS PUEBLOS DEL SUR CONTRA EL INTERVENCIONISMO, EL NEOLIBERALISMO Y EL COLONIALISMO

Nuestros pueblos ancestrales siempre vivieron integrados en las culturas, en el comercio, en la solidaridad y en redes de colaboración. Hoy tenemos que construir y fortalecer nuestros acuerdos de integración entre los pueblos y comunidades, entre los Estados y gobiernos, en un marco de apoyo, colaboración y solidaridad para fortalecer la vida y la humanidad.

Ante la diplomacia de la muerte y de la guerra, del mercantilismo, de la privatización y del saqueo de los recursos naturales, debemos construir la Diplomacia de los Pueblos del Sur.

El Sur no es ni puede ser un obediente y servil peón de las potencias del Norte. No somos el depósito de la basura industrial ni nuclear del Norte, ni somos la fuente inagotable de materias primas para ellas. El Sur está emergiendo con la potencia de los pueblos y los gobiernos patriotas y soberanos y está construyendo proyectos de integración comercial, productiva, cultural, tecnológica, económica financiera y social.

Una condición para lograr la integración es contar con estados y pueblos fuertes, gobiernos nacionalistas, patriotas y socialistas, con voluntad política y con proyecciones y estrategias de alianzas regionales que configuran un Sur que construye proyectos de poder y de integración regional.

La potencia del Sur es su soberanía, el derecho al desarrollo, el apoyo y la solidaridad de los pueblos y de los estados. El Sur está fortalecido, el Sur esta hermanado. No habrá Sur fuerte si no hay soberanía, patriotismo, nacionalismo, voluntad de los pueblos y de los estados de romper las cadenas de la servidumbre colonial y neoliberal.

Para lograr la integración Sur-Sur debemos promover las siguientes acciones.

1. Conformar coaliciones y alianzas poderosas para suscribir Tratados de la Vida y compartir conocimientos, tecnología y provisión de recursos financieros y no Tratados de Libre Comercio que son tratados de la muerte para los pueblos del Sur.

2. Construir un mecanismo para el desarrollo integral y la integración entre los estados y pueblos del Sur que incluya entre otras las áreas de conocimientos, tecnologías, energía, producción de alimentos, financiamiento, salud y educación.

3. Avanzar en el hermanamiento de los pueblos del Sur con los pueblos del Norte para destruir el imperialismo y construir el horizonte civilizatorio del Vivir Bien en armonía y equilibrio con la Madre Tierra.

8. CON RESPECTO AL CONOCIMIENTO Y TECNOLOGIA: EL CONOCIMIENTO Y LA TECNOLOGÍA SON INSTRUMENTOS FUNDAMENTALES PARA LOGRAR EL DESARROLLO INTEGRAL, LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA Y DEL HAMBRE

El conocimiento y la tecnología son fundamentales para la provisión de medios de comunicación, educación, servicios básicos, para el emprendimiento industrial, los emprendimientos energéticos, la transformación de las materias primas y la producción de alimentos, en definitiva, para impulsar nuestras economías. Hoy en día los países desarrollados protegen ciegamente sus tecnologías a través de patentes y licencias y nos impiden acceder a ellas. Si queremos tecnología tenemos que entrar a sus mercados de tecnologías. No hay solidaridad, no hay complementariedad tecnológica posible con los países desarrollados. El monopolio de la tecnología es un instrumento de poder para dominar y crear dependencia a los países en desarrollo

Por ello hoy más que nunca es fundamental impulsar las siguientes acciones:

1. Construir la convergencia entre los conocimientos, saberes, técnicas y tecnologías ancestrales y comunitarias con las prácticas y tecnologías de la ciencia moderna para contribuir a la creación de condiciones para proteger a la Madre Tierra y Vivir Bien.

2. Desarrollar conocimientos y tecnologías propias rompiendo la dependencia tecnológica respecto de las potencias transnacionales del Norte.

3. Contra el egoísmo mercantilista de las potencias transnacionales del Norte construiremos la solidaridad y la complementariedad de los pueblos y los países del Sur conjuntamente con los pueblos del Norte.

9. CON RESPECTO A LA INSTITUCIONALIDAD INTERNACIONAL: DEBEMOS CONSTRUIR UNA INSTITUCIONALIDAD MUNDIAL DE LOS PUEBLOS, DE LOS POBRES, DE LA MADRE TIERRA. NO ACEPTAMOS NI PERMITIMOS EL INTERVENCIONISMO NI EL NEOLIBERALISMO DE LAS NACIONES UNIDAS Y DE LA INSTITUCIONALIDAD DEL IMPERIO DEL CAPITAL

La institucionalidad mundial colonial está diseñada para someter y engañar a los pueblos. En nombre de la libertad y la democracia, organismos como la OTAN e incluso la ONU a través de su Consejo de Seguridad invaden países, destruyen pueblos, legalizan y amparan las masacres. No se debe permitir ni admitir la construcción de bases militares e industria bélica para dominar a los pueblos con el pretexto de la seguridad nacional. Primero está la seguridad de los pueblos, la vida y la Madre Tierra. El armamentismo es el negocio de la muerte que enriquece al capitalismo y destruye el planeta.

La maquinaria institucional mundial de las llamadas Naciones Unidas está diseñada para destruir la voluntad soberana de los pueblos. Ahí trabaja una burocracia al servicio del capital y del imperialismo. Los pueblos del mundo no aceptamos que organismos internacionales se adjudiquen el derecho de la invasión y de la intervención. La ONU no tiene moral para imponer. Los pueblos del mundo no aceptamos la institucionalidad elitista de los burócratas del imperio.

De las entrañas de la ONU ha nacido la economía verde privatizadora, que nosotros entendemos como la economía negra de la muerte, y las recetas de la privatización y del intervencionismo. La ONU pareciera ser la Organización para las Naciones Ricas y Poderosas, quizás debiera llamarse ONI, Organización de las Naciones Imperialistas. Esa ONU nosotros no queremos, la desconocemos.

Esa burocracia neoliberal, la burocracia de la economía verde y de la privatización, la burocracia que promueven los ajustes estructurales, esos funcionarios del capital e ideólogos de la dominación y la pobreza, actúan con la convicción patriarcal y colonial de que los pueblos y países en desarrollo somos incapaces y estúpidos y que para salir de la pobreza debemos seguir fielmente sus recetas del desarrollo.

Para construir una nueva institucionalidad de los pueblos del mundo hacia el Vivir Bien debemos desarrollar las siguientes acciones.

1. Construir las condiciones institucionales y jurídicas para que nuestros pueblos y países vivan con dignidad y soberanía sin intervencionismo y sin bases militares extranjeras.

2. Liberarnos de las ataduras ideológicas y políticas de los organismos mundiales financieros como el BM y el FMI, y de sus intelectuales y satélites de la dominación neoliberal, construyendo nuestra propia arquitectura institucional para el diseño de políticas públicas hacia el Vivir Bien

3. Construir una Organización Mundial de los Pobres, una Organización Mundial de la Justicia, una Organización Mundial de la Soberanía de los Pueblos, una Organización Mundial de la Madre Tierra, una Asamblea de los Pueblos del Mundo.

10. EN LO ECONOMICO FINANCIERO: EL DESARROLLO ECONOMICO NO DEBE ESTAR ORIENTADO AL MERCADO, AL CAPITAL Y A LA GANANCIA; EL DESARROLLO DEBE SER INTEGRAL Y ESTAR ORIENTADO A LA FELICIDAD DE LA GENTE, A LA ARMONIA Y AL EQUILIBRIO CON LA MADRE TIERRA

El capitalismo sólo globaliza la pobreza, el hambre, la injusticia social, destruye los derechos humanos, los derechos sociales, económicos, culturales, destruye el medio ambiente. El capitalismo salvaje crea pobreza y hambre. El sistema financiero capitalista mundial es colonial e imperialista, es un arma de los países poderosos para someter a los países en desarrollo y a los pueblos, para privatizar y mercantilizar, para someternos al control de las oligarquías y a la anarquía mercantilista del capital.

Por eso, debemos desconocer y desmontar el sistema financiero internacional y sus satélites.

Llamamos a los pueblos y a los gobiernos del mundo a romper las cadenas de la esclavitud del colonialismo financiero, ya que sólo la soberanía financiera y económica podrá permitirnos decidir soberanamente nuestro futuro.

Para lograr la soberanía en lo económico y lo financiero, debemos encarar las siguientes acciones:

1. Se debe configurar un nuevo orden económico y financiero internacional basado en los principios de equidad, soberanía nacional, intereses comunes, armonía con la naturaleza, cooperación y solidaridad entre los pueblos y estados. Este nuevo orden debe estar orientado a cambiar los patrones de producción y consumo no sustentables, a disminuir sustancialmente la brecha entre ricos y pobres, y entre los países desarrollados y en vías de desarrollo.

2. Debemos construir una nueva arquitectura y sistema financiero mundial, regional y nacional que esté libre de las ataduras y de los tentáculos de poder del BM y el FMI. Una nueva arquitectura y un nuevo orden financiero de los pueblos y para los pueblos.

3. Es imprescindible construir nuevos marcos legales e institucionales en el nivel nacional e internacional y desarrollar un sistema de regulación y monitoreo del sector financiero. Los pueblos y los estados deben controlar las finanzas privadas y no someterse al servilismo colonial del gobierno financiero de los intereses privados.

4. Debemos liberarnos de esa atadura colonial llamada Deuda Externa, que sólo sirve para chantajearnos, obligarnos a entregar nuestras riquezas, privatizar nuestros recursos naturales y destruir la soberanía de los pueblos y los estados. La Deuda Externa colonial es el mecanismo de exacción y empobrecimiento que azota a los países en vías de desarrollo y limita su acceso al desarrollo. Llamamos a deshacernos de esta Deuda Externa injusta. No más inequidad., no más pobreza, es hora de distribuir la riqueza.

5. Los países en desarrollo debemos crear nuestros propios instrumentos financieros. Debemos crear el Banco Mundial de los Pobres y de los Pueblos Soberanos del Mundo. No podemos depender de los donativos y de los préstamos condicionados del sistema financiero colonial capitalista. Debemos unirnos e integrarnos, y eso implica también la construcción de nuestros propios sistemas financieros populares, comunitarios, estatales y soberanos

6. Debemos construir y fortalecer mercados regionales solidarios y complementarios, sustituyendo las políticas de competitividad promovidas por el capitalismo por políticas de complementariedad que nacen del horizonte civilizatorio del Vivir Bien

Nuestra visión del Vivir Bien está basada en los derechos y no en el mercado, está basada en la realización plena de la felicidad de la gente, de los pueblos y poblaciones, a través del cumplimiento integral de los derechos de los pueblos, las personas y la Madre Tierra, de manera complementaria, incluyente e interdependiente.

La nueva época es la del poder del trabajo, el poder de las comunidades, el poder de la solidaridad de los pueblos y de la comunión de todos los seres vivos para que juntos constituyamos la Madre Tierra y el Vivir Bien.

¡Jallalla pueblos del mundo!

¡Kausachun pueblos del mundo!