A 40 AÑOS DEL MUNDIAL 78.

(Hernán Andrés Kruse)

En pocos días dará comienzo el Mundial de Fútbol “Rusia 2018”. Durante un poquito más de un mes buena parte de la humanidad estará pendiente de una pelota de fútbol y de 22 jugadores que en un césped de unos 110 metros de largo y 70 de ancho tratarán de meter la pelota todas las veces que puedan en un arco de 7 metros con veintipico de centímetros de largo y 2 metros con 43 centímetros de alto. También estarán pendientes, pero por otras razones, los jefes de Estado de las selecciones participantes. Se sabe desde hace mucho tiempo que el deporte de la redonda encandila a las masas, las hace olvidar de sus penurias cotidianas. Ese carácter hipnótico del fútbol se potencia durante los mundiales, lo que les garantiza a los presidentes un período de vacaciones largamente esperado.

La Argentina, un país futbolero por excelencia, lejos está de escapar a esa tradición. Los mundiales hacen olvidar al pueblo el cúmulo de malarias con las que el gobernante de turno lo agobia sin piedad. “Rusia 2018” es un momento más que propicio para recordar un Mundial muy especial para nosotros, un Mundial que sirvió para que durante unos días los argentinos y argentinas nos olvidáramos de la violencia extrema ejercida desde el anonimato nada más y nada menos que por el aparato represivo estatal. Aunque parezca mentira este mes se cumplen 40 años-sí, 40 años-del mundial que tuvo lugar en nuestro país y que le permitió al seleccionado nacional obtener su primer título mundial.

En junio de 1978 la dictadura militar estaba en su apogeo. La Junta Militar y el presidente de facto, Jorge Rafael Videla, tenían todo bajo control. Sin embargo, había un tema que los atormentaba: la imagen del régimen militar en el exterior. Desde hacía tiempo se sabía más allá de nuestras fronteras de las atrocidades que se estaban cometiendo, de los centros clandestinos, de los vuelos de la muerte y de los desaparecidos. Las denuncias eran constantes y sonantes. Por eso fue que el La Junta Militar decidió cubrirse denunciando una campaña internacional de desprestigio contra el gobierno militar y contra la Argentina. El mundial le vino, en ese sentido, como anillo al dedo. La competencia futbolística más relevante del planeta fue utilizada por Videla y compañía para lavar la cara del régimen militar, para demostrar al mundo occidental que los argentinos éramos derechos y humanos, para poner en evidencia la unión del pueblo, la existencia de una sociedad que vivía en paz y tranquilidad. En ese sentido no podía permitirse ningún atentado terrorista que pudiera empañar la magna fiesta deportiva. Por eso fue que el almirante Massera negoció en el exterior con Mario Firmenich una tregua o, si se prefiere, “la paz social” mientras durara la competencia.

Evidentemente tuvo éxito ya que durante junio de 1978 el pueblo vivió una verdadera y genuina fiesta, vivió pendiente de las atajadas del “Pato” Fillol y de los goles del “Matador” Mario Alberto Kempes. En primera ronda el equipo del “Flaco” César Luis Menotti debió competir con rivales muy importantes: Hungría, Francia e Italia. El primer rival fue el equipo magiar. La selección comenzó perdiendo pero logró remontar el resultado y con los goles de Luque y Bertoni venció 2 a 1. Luego tocó el turno de Francia, un buen equipo comandado por Michel Platini. Cuando expiraba el primer tiempo Daniel Alberto Passarella anotó de penal. En el segundo tiempo Platini empató para el equipo galo y minutos más tarde Leopoldo Jacinto Luque anotó un golazo que le permitió a la selección ganar y clasificarse para la próxima ronda. El tercer partido fue con la poderosa Italia de Enzo Bearsot. El equipo de la península contaba con grandes figuras, como Dino Zoff, Gaetano Scirea, Paolo Rossi y Roberto Bettega, autor del único gol del partido. La derrota obligó al equipo de Menotti a trasladarse a Rosario para disputar los partidos con Polonia y Brasil. El estadio de Rosario Central, apodado “El gigante de Arroyito”, había sido especialmente refaccionado para el evento mundialista. El partido contra los polacos fue duro y parejo. Los europeos contaban con la base de la selección que había hecho un gran papel en el mundial anterior (Alemania 1974). De hecho, Polonia le había ganado al equipo nacional 3 a 2. Sin embargo, cuatro años más tarde habían perdido parte de su potencial. Ese partido sirvió para que Kempes demostrara todo su poderío goleador. Con dos intervenciones suyas el equipo nacional venció 2 a 0. Pero no se puede obviar el protagonismo que tuvo la otra estrella de la selección: el “Pato” Ubaldo Matildo Fillol, el arquero más extraordinario que vi en mi vida. Dueño de unos reflejos excepcionales, Fillol evitó en más de una oportunidad que Polonia convirtiera. Fue vital para el triunfo nacional, especialmente cuando detuvo el penal de Deyna, la figura polaca. El partido con Brasil fue muy peleado y luchado. Fue, además, muy malintencionado. El equipo brasileño lejos estaba de aquel excepcional conjunto de México 1970, pero igual era de temer. Argentina pudo haber perdido tranquilamente pero en el arco estaba Fillol, quien detuvo tres mano a mano clarísimos. Mientras que el equipo de Menotti tuvo una clarísima en los pies del “Negro” Ortiz, un muy habilidoso puntero izquierdo, pero falló delante de Leao.

Párrafo aparte merece el tercer y crucial partido contra Perú. Horas antes Brasil le había ganado a Polonia en Mendoza 3 a 1, lo que obligaba a la selección nacional a vencer a los incaicos por 4 goles de diferencia si pretendía acceder a la final. El estado de Central era un hervidero. Los corazones de los argentinos se paralizaron cuando un delantero peruano (creo que fue Muñante) estrelló su disparo en uno de los postes del arco defendido por Fillol. El partido recién había comenzado y un gol de Perú hubiera sido letal para el equipo del “Flaco”. Minutos más tarde Kempes marcó el primer gol y Perú se derrumbó. El segundo gol lo marcó el “Conejo” Tarantini de cabeza (la pelota se le escapó increíblemente al arquero argentino nacionalizado peruano Quiroga) y ahí el partido se terminó. En el segundo tiempo los peruanos directamente no jugaron. Los goles argentinos se sucedieron hasta arribar a la cuenta de 6. El equipo se había ganado el derecho de jugar la final contra la “naranja mecánica”. Mucho se habló de este partido. Fue tan polémico que aún hoy se lo sigue discutiendo. Hace poco Julio Velázquez, integrante de aquel equipo peruano y participante del partido contra Argentina, aseguró que varios de sus compañeros fueron a menos. Dijo que Videla había estado en el vestuario visitante en clara actitud intimidatoria. Obviamente que los jugadores argentinos siempre negaron tamañas acusaciones. Pero la verdad es que el partido siempre estuvo rodeado de un halo de sospecha. Lo cierto es que los delanteros argentinos (Kempes, Luque, Houseman, entre otros) entraban en el área peruana como si se tratara del living de su casa. Y Perú, conviene aclararlo, lejos estaba de ser un mal equipo. Obviamente que no tenía el brillo del Perú de México 1970, pero era un equipo respetable. Aún jugaba Teófilo Cubillas, un jugador exquisito. Fue, qué duda cabe, un partido “raro”, “extraño”. Los brasileños continúan masticando bronca, cabe aclarar.

La gran final (domingo 25 de junio, día frío y nublado) tuvo lugar en el estadio de River Plate, a orillas del Río de la Plata y cerca del edificio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), lugar emblemático que se había transformado en un centro clandestino de detención. La final fue contra Holanda, un duro rival que había eliminado a Austria, Italia y Alemania. Pero a diferencia del equipo subcampeón de 1974, no contaba en esta oportunidad con las figuras rutilantes de Willem van Hanegem y, sobre todo, de Johann Cruyff. El partido fue durísimo, una verdadera carnicería. Promediando el primer tiempo Kempes anotó para la albiceleste. Cuando todo parecía indicar que Argentina se imponía 1 a 0, apareció el holandés Naninga para empatar de cabeza. Faltaba poco para terminar el partido y el empate fue como un baldazo de agua fría. Cuando faltaban segundos para el final el veloz y hábil Rob Rensenbrink remató ante Fillol y la pelota se estrelló en la base del palo derecho. Hubiera sido el 2 a 1 y coronación para Holanda. El destino quiso que eso no sucediera. Hubo que jugar el alargue. Y ahí sí el equipo nacional demostró su poderío. Primero Kempes (fue un gol notable, de antología) y después Bertoni sellaron el resultado: 3 a 1. Éramos por primera vez campeones del mundo.

Apenas finalizado el partido el pueblo salió a las calles a festejar. Lo hizo con fervor y frenesí. Fue una genuina y pura demostración de júbilo popular. Claro que también festejaron Videla, Massera y Agosti, pero por motivos muy diferentes. El Mundial “Argentina 1978” pasó a la historia como el mundial de la dictadura militar. Claro que lo fue. Pero se cometería un gran acto de injusticia si obviáramos la manera como disfrutó el pueblo semejante consagración. También se cometería otro acto de injusticia si se culpara a Menotti y los jugadores de haber favorecido a la Junta militar al levantar la Copa. Ellos cumplieron con lo suyo y no hay nada que reprocharles. En última instancia, si ellos fueron funcionales a la dictadura, también lo fuimos los millones de argentinos y argentinas que, sabiendo lo que pasaba, festejamos alocadamente la conquista.

Anexo

En su edición del 2 de junio La Nación publicó artículos de Héctor M. Guyot (“¿Dónde está el peronismo racional?”) y Eduardo Fidanza (“El cisne negro del desencanto”).

Escribió Guyot: “Allí donde la mentira está naturalizada, la verdad salta por donde menos se la espera. En medio de la letanía de discursos inútiles que se desgranaron en el Senado desde la tarde del miércoles hasta la madrugada del jueves, hubo entre los oradores de la oposición alguien que se desnudó sin vueltas. “Nadie quiere que le vaya bien al Presidente”, soltó José Alperovich en medio de su alocución, en un rapto de sinceridad del que después se arrepentiría” (…) “La verdad siempre encuentra algún resquicio por donde salir. Y no es raro que elija para hacerlo lugares y personas que frecuenta muy poco” (…) “¿Cuál es ese objetivo unificador, ese bien supremo, ese fin último que ha amalgamado a las partes del todo? Ya lo dijo Alperovich” (…) “El peronismo olió sangre y se ordenó detrás de una hipocresía, de un gesto populista que no solo es un golpe para debilitar al Presidente, sino también una burla a la más elemental racionalidad política, ese bien perdido que Macri está obligado a promover. Si ha de juzgarse por lo que se vio en el Senado, eso de los tres peronismos ha sido un espejismo” (…) “El problema es que el Gobierno quedó en inmejorable posición para ser golpeado: enfrenta una crisis cambiaria que calienta la inflación, acaba de acordar con el cuco del Fondo Monetario Internacional y está obligado a hacer un ajuste serio en las cuentas públicas. Más allá de los errores propios de diagnóstico y procedimiento, lo cierto es que el déficit que padece la Argentina, incluido el desabastecimiento energético, ha sido el último regalo del último gobierno peronista” (…) “El problema, también es que Macri debe gobernar, y para hacerlo necesita interlocutores. Necesita anudar acuerdos. Tal vez esta crisis ayude al Gobierno a matizar un voluntarismo que sería prudente sazonar con una buena cuota de “real politik” (…) “Hay gente que conoce un solo idioma y eso un gobierno debe saberlo. Según enseña la realidad, hay una sola razón que los peronistas respetan siempre: la razón del poder. Ante ella, pueden actuar en forma despiadada y desleal. Pero también, si les conviene, son capaces de ir al pie, mansos y tranquilos” (…) “De todas formas, en esta disputa ya lanzada por las elecciones del año que viene, que la corporación gremial llevará en forma creciente a las calles, la respuesta última la tiene la sociedad. Allí sí es esperable, por todo lo que hemos vivido, que prevalezca una racionalidad de la buena”.

Escribió Fidanza: “Las crisis súbitas, que conmueven a la gente y ocupan las primeras planas, nos abruman con los hechos inmediatos, ocultando las tendencias profundas, disimuladas por lo imperioso del día” (…) “Cuando se desata la ruina, sobreviene el estupor. Primero en las élites, que poseen mayor información y responsabilidad; luego en la sociedad, que deberá sufrir las consecuencias” (…) “La caída repentina de Rajoy y la debacle argentina de los últimos días, para poner casos próximos, comparten la misma lógica: no se las pudo anticipar, aunque los datos que las desencadenaron estaban disponibles. Luego sobrevienen las explicaciones tardías, y una certeza angustiante: la fragilidad del futuro inmediato” (…) “Más allá de la coyuntura, surgen en el caso argentino algunas preguntas perturbadoras, en la búsqueda de identificar tendencias: ¿es viable la economía del país? ... ¿Es factible ese objetivo (ajuste de gastos) sin un acuerdo político de fondo, en una cultura poco dispuesta a conciliar? ¿Alguna vez con la democracia se comerá, se educará y se sanará? ... ¿En medio de una severa disminución del bienestar será capaz la élite política de preservar la democracia liberal, aun con sus defectos, cuando la tendencia mundial de las sociedades frustradas es abrazar el autoritarismo? (…) “Después de la corrida cambiaria, los primeros indicios no son prometedores en este terreno. No obstante, permanecen ocultos, desplazados por el recuento de fuerzas del Gobierno y la oposición para la presidencial de 2019. Predomina el interés por el conflicto ocasional entre las partes, no la preocupación por la marcha del sistema en su conjunto” (…) “Traer a primer plano la responsabilidad de la clase política es una forma de recordar los requisitos de la legitimidad democrática, que se sustenta en el diálogo, la competencia racional y el liderazgo sensato” (…) “Indicios de ese desamor empiezan a surgir en los sondeos: las imágenes de Macri y Cristina tienden a converger, ambos cosechan la opinión negativa de la mitad de la población” (…) “En la Argentina se mantiene alta la creencia en la democracia, una muerte en la esfera pública constituye un escándalo, se aprecian las libertades y los derechos constitucionales. Sin embargo, eso no debe ocultar el riesgo, no advertido, que podría generar la hecatombe económica: una nueva versión del “que se vayan todos”, cuyo resentimiento habilite una deriva autoritaria” (…) “Hace dos décadas esa posibilidad no era tan evidente, hasta que las heridas de la globalización dañaron el liberalismo político. Desde entonces, la economía cerrada, el nacionalismo xenófobo, la mano dura con el delito y la represión de la oposición y los medios conforman un programa seductor para las sociedades desencantadas del planeta. Es el huevo de la serpiente que precipitó la injusticia. Debería evitarse que ese destino fuera el cisne negro de la democracia argentina al cabo del ajuste”.

En su edición del 3 de junio Página/12 publicó un artículo de Martín Granovsky titulado “Los muchachos de Aranguren”. Escribió el autor: “Si hay derrota que no se note. Esa es la consigna implícita del Gobierno tras la apabullante victoria del antimacrismo y el no macrismo en el Congreso contra el tarifazo. Un proyecto de ley unificó mayorías nada menos que en la Cámara de Diputados, primero, y el jueves 31 de madrugada en la más compleja Cámara de Senadores. El Presidente respondió con su veto express a ver si arruinaba el sabor del triunfo. Pudo ser un gesto de autoridad. O más bien de identidad: los distribuidores de energía son tan propios del oficialismo como quienes especulan y fugan divisas” (…) “Según el jurista Marcos Rebasa, director del Observatorio de Tarifas de la Universidad Metropolitana para la Educación y el trabajo, la confirmación del tarifazo sería “una suerte de escarmiento”. “Parece que todo el tiempo tuvieran que insistir en el mensaje de que se acabó la presunta fiesta que concedía el kirchnerismo” (…) “Analizó que Macri optó por no perder prestigio ante sus seguidores y ante “el sistema internacional de instituciones del neoliberalismo, entre ellas el FMI”, y que tampoco quiso enfrentarse con las empresas eléctricas y de gas, “que dejarían de percibir ingresos ya computados” (…) “La ley para atenuar el tarifazo fue sancionada en el Senado por 37 votos contra 30” (…) “Hasta el senador Miguel Pichetto, que según el gobierno encabeza el “peronismo racional”, advirtió que “la gente no va a poder pagar las tarifas” y el gobierno “va a perder toda la conexión con su electorado y con los que tenían esperanzas de que podía encarnar un capitalismo moderno” (…) “El veto de Macri se produjo en la misma semana de un discurso que será guardado como rareza: el mensaje del Presidente el lunes 28 de mayo, cuando invitó a usar lamparitas LED” (…) “Pero el mensaje también podría apuntar a quitar de en medio a un actor social que crece: el de las organizaciones sociales o empresarias, sobre todo vinculadas a la pequeña y mediana empresa” (…) “Si los usuarios residenciales aceptaran mansamente los máximos niveles de crueldad, podrían quedarse sin luz, gas y agua, pasar frío o calor y tener problemas para cocinar. Pero en el caso de las pymes lo que está en juego es su propia existencia: la tenaza de tarifas altas y consumo deprimido las liquida. Y puede generar mayor desocupación, achatamiento de salarios, aumento de la informalidad y reducción de la capacidad negociadora de los sindicatos” (…) “Macri apuró el veto con el argumento de que la oposición no le proponía una alternativa mejor. Repar (miembro del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz) polemizó con él. Dijo que “no estaba en la cabeza de los diputados y senadores que impulsaron la ley vetada que no hubiera aumentos de tarifas”. Recordó que ponían como fecha de referencia noviembre de 2017 y no diciembre de 2015, con lo cual el proyecto convalidaba los aumentos dispuestos por Macri desde que asumió. “Iban a sufrir las empresas, no el Estado”, dijo” (…) “Opinó también que el gobierno está comprometido con un “sistema de hiperdolarización de los servicios públicos, algo que con salarios que aumentan en el mejor de los casos el 15 o el 20% anual va hacia el estallido y el no pago” (…) “La refundación planteada por Cambiemos implicaría borrar la Argentina que comenzó a ser construida por Perón, y que en algunos de sus trazos gruesos duró incluso hasta el Rodrigazo de 1975. O ir aún más atrás, hasta Agustín P. Justo. El pregonado endiosamiento macrista de Arturo Frondizi, presidente entre 1958 y 1962, quedaría incluido en la decadencia del teórico Peña (Marcos, jefe de Gabinete, quien dijo que el país está en decadencia desde hace 70 u 80 años). Lo mismo sucedería con los gobiernos radicales de Arturo Illia y Raúl Alfonsín, que reivindican los aliados del PRO” (…) “Macri da la impresión de pensar que la política que eligió es la única manera de salir de lo que, para él, es el atolladero de los precios diferenciales e internos”, señaló Repar. “Por eso el Presidente y sus funcionarios insisten tanto en que tenemos que pagar la energía por lo que realmente vale. Pero no dicen nunca cuánto. Y no se meten con los números, que ellos mismos definen por decretos o resoluciones del Poder Ejecutivo” (…) “La disputa es de poder y dinero. O sea, de transferencia de ingresos. El Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo, Oetec, que dirige Federico Bernal radiografió quiénes son hoy los dueños de la electricidad y el gas. “Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin y Rogelio Pagano concentran el 51 por ciento de los usuarios del servicio público de electricidad a nivel nacional”, informó. “Los dos primeros, además, están verticalmente integrados al controlar centrales de generación y transportistas (Transener y Transba)”. Caputo es accionista minoritario de Edesur, Mindlin además de Pampa Energía y Edenor y Pagano es el dueño de Edesa, en Salta, y de las cuatro distribuidoras en la provincia de Buenos Aires, Eden, Edes, Edea y Edelap” (…) “Los dueños argentinos del servicio público de electricidad obtuvieron ganancias en 2017, primer año pleno del tarifazo, por 11.303 millones de pesos por mes”, dijo Bernal a Página/12” (…) “En el debate, la senadora Cristina Kirchner dijo que la transferencia de recursos desde los usuarios a las empresas llegó a 16.500 millones de pesos y citó como fuente a la FIEL, la fundación de economistas conservadores” (…) “La mitad de esa cifra fue puesta por las familias argentinas”, dijo Bernal. “El gobierno de un puñado de empresarios no está dispuesto a perder cerca de mil millones de pesos mensuales de ganancia en lo poco que queda del mandato”. Su conclusión es que “acá no hay Ministerio de Energía como institución responsable de diseñar y ejecutar políticas públicas en función de la ciudadanía, sino una cámara de corporaciones y compañías que cartelizan y actúan con abuso de posición dominante, amparadas en la máxima autoridad del Poder Ejecutivo nacional, socio, pariente y/o amigo de sus respectivos dueños”.