#21F y #8M: ¿El peronismo como articulador?,

(Malena Ambas y Enrique de la Calle)

Si un elemento caracterizó al peronismo en sus etapas más hegemónicas tiene que ver con su sensibilidad para incorporar demandas populares heterogéneas. El gran desafío que se presenta actualmente es cómo, cuándo y a través de qué actores se hará portavoz de reclamos que en la calle no siempre coinciden.

Con una diferencia de pocas semanas (desde el 21 de febrero hasta el 8 de marzo), en la calle se expresó con contundencia una agenda social muy amplia y extendida. Los reclamos fueron desde el aumento del presupuesto para abordar la problemática de la violencia de género hasta la eliminación de la brecha salarial, freno a los despidos, paritarias libres, persecución política, precarización laboral, demandas de trabajadores y trabajadoras informales, entre tantos otros temas que se profundizan ante un escenario de ajuste económico.

La primera movilización, el #21F, fue convocada por Hugo Moyano (Camioneros) pero sumó también a sectores de la CGT (la Corriente Federal) y de la CTA. Además, se plegaron organizaciones sociales (CTEP, Barrios de Pie, entre otras) en un proceso interesante, como es el de la articulación entre trabajadores formales y de la economía popular. Moyano ya había intentado desarrollar una relación similar en tiempos kirchneristas, junto a Emilio Pérsico, pero sin mayor profundidad. Acá no hay dudas: la movilización tuvo un claro enfoque opositor y así fue tomada por el propio Cambiemos.

Además, la marcha puso sobre la mesa una agenda económica y social amplia que dio cuenta de los actores sociales articulados. Con un claro déficit: la falta de perspectiva de género en relación a la composición de cada columna que marchaba y en términos discursivos. La casi ausencia de figuras sindicales mujeres en el escenario dio cuenta de las desigualdades existentes en el sindicalismo (y también en los movimientos sociales) como así también la falta de incorporación de los reclamos del movimiento feminista dentro de las banderas de los gremios.

Al momento de las exposiciones, sólo Edgardo Castro de la CTEP, se refirió al paro de mujeres aunque desde un lugar secundario. En su discurso pidió que los varones “ayudaran” a las mujeres a participar y prácticamente no hizo referencia a las demandas del colectivo.

Por su parte, el 8 de marzo, más de 500 mil mujeres se reunieron en Capital y en diferentes puntos del país. De nuevo, con una agenda heterogénea: desde el repudio a toda forma de violencia de género, pasando por el pedido de legalización del aborto, la defensa de políticas sociales de avanzada (como la moratoria jubilatoria y el programa Ellas Hacen), hasta cuestiones laborales más específicas del ámbito laboral como el cupo femenino, el cupo trans, la desigualdad salarial, el ajuste, la precarización laboral, los despidos. De hecho, la columna principal estuvo liderada por mujeres despedidas "por las políticas de ajuste del Gobierno nacional". En un momento histórico que tiene como protagonista a los feminismos en la calle, en la tv y en el debate público, el macrismo no se quiso quedar afuera y no se opuso a la movilización. Sin embargo, en la calle y el documento de cierre se subrayó la responsabilidad y complicidad del Estado nacional en relación a las desigualdades sociales.

Es claro cómo los reclamos presentes en el 8M incluyen problemáticas que afectan al pueblo trabajador en su conjunto, con fuerte hincapié en las desigualdades de género. Sin embargo, no se observó lo mismo en la movilización del 21F, la que no terminó de hacerse eco de las reivindicaciones feministas en tanto parte de un movimiento transversal a la clase trabajadora.

Ante el escenario abierto por las dos masivas movilizaciones (que además tienen una potencia que trasciende lo que pasó en las calles), el peronismo está ante el desafío de apoyarse en ellas para articularlas políticamente, desde la incorporación de demandas a su programa hasta la inclusión de cuadros dirigenciales que le permitan renovar sus figuras (en muchos casos, muy poco representativas socialmente).

Además, el peronismo (con su lógica frentista característica) puede ser el ámbito que posibilite ese diálogo hasta ahora fallido entre el #21F y el #8M. En parte, ya tomó nota de lo que pasa en las calles al sumar dirigentes (en las listas de 2017) y temas de agenda. Pero ese diálogo debe ser profundizado. En parte, de ello dependen sus posibilidades de “volver”.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).