¿Y ahora qué?

(Omar Dalponte)

Carente de una conducción estratégica que señale rumbos, sin liderazgos aceptados por todas las corrientes internas, sin definiciones claras tomadas por sus principales figuras y sin que haya hasta el momento una acción que garantice la unidad, una clara política de alianzas y la creación de un gran frente electoral, el Peronismo, a pesar de su enorme potencial, parcelado como está corre el riesgo de no obtener en octubre los mejores resultados. De manera que o se sacude la modorra y deja a un costado intereses mezquinos, individuales o de grupo, para volver a colocar más o menos las cosas en su sitio, o caerá en una zona gris sin esperanzas de la cual será muy difícil levantarse, recomponer fuerzas y poder regresar a sus épocas de gloria.

Cada día que pasa sin avanzar en la recomposición del Movimiento es un día perdido que pasa al rubro ganancias de los adversarios. Del lado del Peronismo sobran la pasión y el entusiasmo que se ponen de manifiesto cuando se presenta la oportunidad de concentrarnos y expresarnos en las calles y plazas de la República. Pero luego de las grandes y muy positivas movilizaciones siempre –algunos- nos hacemos la misma pregunta: ¿Y ahora qué? La dispersión continúa, el gataflorismo es moneda corriente, el adversario avanza y sobre el pueblo argentino se cierne una tormenta que puede arrasar con todo lo conquistado luego de décadas de luchas. De forma muy diferente es el comportamiento de quienes resuelven políticas en los gabinetes del poder real, lugares donde se determinan los cursos de acción que aplica el oficialismo macrista. Ahí no hay pasiones. Ahí hay frialdad en los razonamientos. Se piensa, se proyecta, se ordena y se ejecuta. Nada se realiza sin que antes esté debidamente elaborado. Por algo Mauricio Macri fue primero presidente de Boca Juniors, después Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y ahora ocupa la Casa de Gobierno. Por algo María Eugenia Vidal fue primero Vicejefa de Gobierno en la Capital y después triunfó –nada menos- con cierta comodidad en la provincia de Buenos Aires. Macri y Vidal no son producto de la casualidad. Son las personas elegidas por sus mandantes para conducir una situación política dada en un determinado momento histórico. La derecha siempre cuenta con una conducción estratégica que hoy es lo que le falta al Movimiento Nacional. Ellos tienen detrás a los que manejan las palancas de la economía y de las altas finanzas. Así pasó en su momento con Carlos Menem, cuidado por la dictadura para que luego, como personaje adecuado, en un proceso de democracia cautiva pudiera erigirse en el ejecutor de los planes y defensor a ultranza de los intereses del neoliberalismo. Vaya si cumplió!.

Equivocados estuvieron (y aún están) quienes, sin darse cuenta del poder que tenían (y tenemos) enfrente, juzgaron a Macri y a Vidal por sus apariencias. En política no siempre lo que uno ve es un fiel reflejo de la realidad. Pasa con los acontecimientos políticos. Pasa también respecto a las personas. Algo que desde las filas del campo popular nunca se reconoció totalmente y se expresara con franqueza es que, un porcentaje importante de nuestra sociedad, además de la clase alta, respalda a las políticas antipopulares de gobiernos de derecha y defiende hasta con ferocidad a quienes los castigan. No es inexplicable. Esta actitud suicida tiene su razón de ser en el egoísmo y las ambiciones estúpidas que anidan en las almas de muchos compatriotas que prefieren besarle la mano a quien les pega antes que permitir el ascenso social de los humildes. Muchos, y nos referimos al veinticinco por ciento de la sociedad que no es poca cosa, gustan mirar con admiración las vidrieras donde se exhiben los ricos (vidrieras a las que nunca tendrán acceso) en lugar de compartir con alegría la vida real con los que tienen menos ¿Nos olvidamos acaso que en el año 2003 Carlos Menem, que había devastado al país le ganó en primera vuelta las elecciones a Néstor Kirchner? En aquella oportunidad, 27 de abril de 2003, Menem cosechó 4. 740. 907 votos. O sea el 24.45 % de los votos emitidos. Kichner había superado, escasamente, el 22 % de los sufragios.

Así que no hay que sorprenderse si en estos momentos se produjo una manifestación de apoyo al gobierno de Macri como la ocurrida el sábado 1 de abril. Apoyo que le dio fuerzas al oficialismo para endurecerse más en el conflicto docente y reprimir brutalmente una manifestación opositora sobre la ruta Panamericana.

El gobierno de derecha de Mauricio Macri se va afianzando mientras que desde la oposición se sigue deshojando la margarita para ver si Cristina si o Cristina no. Y esperando que Randazzo se decida a ponerse los botines para salir a la cancha o que los intendentes peronistas encuentren al candidato soñado. En este cuadro de situación nada fácil, viene bien y saludamos con toda alegría y esperanza que en nuestro Lanús, Miguel Pedelhez haya producido una convocatoria amplia al peronismo local y que Darío Díaz Pérez siga realizando actividades desde su presidencia del PJ local. Es necesario respaldar e impulsar estas iniciativas, rodear fraternalmente a los compañeros, buscar la unidad del Peronismo y proyectar a los mejores compañeros y compañeras. Acercarnos al movimiento obrero e integrarlo en las listas futuras, rescatar las ideas de Perón, fortalecer al Partido Justicialista como dispositivo electoral, bregar porque el Movimiento Peronista vuelva a tener sus cuatro ramas históricas: sindical, política, femenina y de la juventud. Recomponer y poner en escena a las 62 organizaciones peronistas o nucleamientos similares. Los tiempos se acortan. La Argentina necesita un peronismo moderno y activo. Inteligente en la oposición, eficiente y honesto en el poder, eminentemente democrático. No hay lugar para la quietud ni para la nostalgia.

omardalponte@gmail.com